domingo, 16 de junio de 2013

PUEBLOS PUNEÑOS: PAUCARCOLLA

Desarrollo institucional del Corregimiento de Paucarcolla
Escribe: Néstor Pilco Contreras
La Hoya del Titicaca en los Andes es uno de los más importantes centros de civilización antigua en América, albergó decenas de formaciones y sociedades complejas como Uros, Puquinas, Aymaras y Quechuas. Con la influencia ibérica, el orden social, económico, político e ideológico se trasformó creándose en lo político, circunscripciones territoriales coloniales llamados corregimientos. Durante el virreinato del Perú existieron 48 corregimientos. La provincia colonial de Paucarcolla, comprende desde 1565 hasta 1784, año en que se implanta el sistema de intendencias.
 Paucarcolla es un distrito de Puno, ubicado en la ribera noroccidental del Lago Titicaca. Su toponimia proviene de dos vocablos: “Paucar”, que significa guerrero, en puquina y “Colla” hierba o remedio curativo, en aymara. Según Romero (1999:35) significaría “lugar donde pelearon los Collas”. Lo cierto Paucarcolla fue la segunda cabecera del señorío etnohistóricamente llamado Colla (1 100 d.n.e. - 1 450 d.n.e.), principal centro administrativo, después de Atuncolla. Dentro de la configuración espacial circunlacustre, según ha advertido Bouysse Cassagne, pertenece al ámbito de Orcosuyu que se identifica con lo masculino, lo socialmente ordenado y con predominio de población aymará.
Luego de implantarse el régimen de dominio español, iniciada en 1534, la población indígena del Altiplano (de los tres señoríos Colla, Lupaca y Pacaje) quedó dividida en “encomienda de indios” así, los “Collas de Orcosuyo” fueron divididos en 13 encomiendas. Uno de ellos fue Paucarcolla, adscrito a la jurisdicción de la Paz, siendo uno de sus poseedores más antiguos el encomendero Gomes de Rojas y que luego mediante cédula fechada en 24 de abril de 1560, el virrey Márquez de Cañete cedió el repartimiento a favor de Francisco Méndez. Es conocido que hacia 1561 este grupo aborigen brindaba al encomendero Méndez una renta anual de 1.500 pesos. (Hampe, 1979: 87).
Posteriormente al imponerse las nuevas jurisdicciones administrativas y políticas, se creó el corregimiento de Paucarcolla, que es equivalente a una provincia actual, fue un pueblo de Indios, que estaba conformado por tres zonas territorialmente discontinuas: a) al norte, la zona de Huancane, Vilque [chico], Moho y Conima; b) al centro, la zona de Coata, y Capachica; y c) al sur, la zona de Paucarcolla, Tiquillaca -también conocido con el nombre de San Francisco de Puna- y Puno e Ichu. Eclesiásticamente pertenecía al Obispado de Charcas y tuvo una parroquia en Paucarcolla, y dos viceparroquias Icho y Chiaraque, en la etapa media colonial.
Documentos burocráticos: Las visitas
El imperio ibérico, una vez consolidado el dominio en el altiplano surandino llevó a cabo una
sistemática administración burocrática, basado en documentos legales, como visitas, censos y empadronamientos; con un fin primordialmente económico. Gracias a estos documentos conocemos sobre el número de habitantes con la aptitud de tributar y sobre la capacidad económica, la dinámica social interna de los grupos locales, la organización laboral y de sus mecanismos de producción.
En este marco, en el pueblo de Paucarcolla en particular, y en el altiplano andino, en general, se llevó visitas y censos. En el pueblo de Paucarcolla se realizaron tres “censos”. El primero, en la época de la “visita General” del Virrey Francisco de Toledo [1569 - 1581], a cargo del Caballero Fray Pedro Gutiérrez, en 1573, teniendo una población de 1.003 tributarios, de los cuales 711 eran Aimaras y 292 Uros (proporción de 70.9 por 100 y 29.1 por 100 respectivamente); a ellos se agregaba 205 viejos e impedidos, 1059 muchachos y 2.319 mujeres, formando en total una colectividad de 4586 personas. (Hampe, 1985:210).
La segunda visita, se llevó a más de un siglo después de la Visita General, cuando subsistió los efectos de la sistemática política de reorganización colonial impuesta por Toledo, generando un doble fenómeno social en la población andina: una concentración y dispersión. La concentración se dio en los “pueblos nuevos” o reducciones, que fueron más que verdaderos ´cárceles sin rejas´, mientras la dispersión fue consecuencia de las duras condiciones impuestas de trabajo, de tal
suerte surgió la denominación de indios originarios y forasteros. Razón por la cual ante tan situación adversa de la población andina y con el propósito de dar una estructura mas expedita, el Virrey Duque de la Plata [1681 - 1689] determinó llevar acabo una numeración general de los indios del Perú que concluyó con la imposición de nuevas tasas tributarias y obligaciones laborales. Con este objetivo en 1684, se realizó un censo de los habitantes de Paucarcolla a cargo del Almirante - General Don Pedro Díaz Zorrilla quien registró en este pueblo 267 tributarios de procedencia forastera y 89 originarios (proporción 75 por 100 y 25 por 100 respectivamente).
La tercera visita se realizó en el siglo XVIII, a razón de la dura condición de servidumbre impuesta por los ibéricos que originó una catástrofe demográfica que sumado a una hecatombe, una grave epidemia llamada peste grande que apareció hacia 1720, diezmó y dejó en el peor ostracismo y pobreza a la población indígena. Por esta razón, una vez más, el Virrey Márquez de Castelfuerte [1724 - 1736] ordenó un empadronamiento de los indios originarios y forasteros de Paucarcolla, acción que se realizó durante los días 25 a 27 de febrero de 1728, dirigido por el capitán de infantería Manuel Benero de Valera. Por la visita se conoce que Paucarcolla estuvo dividido en 9 ayllus, 3 estancias y 2 ingenios, contó con una población de 753 habitantes de los cuales 574 originarios, 95 varones tributarios, 70 aymaras y 25 Uros. Y 179 indios forasteros de los cuales 43 tributarios (no se distingue tributarios aymaras ni uros).
Situación económica: los tributos
La gruesa población andina a condición de súbditos debido al sometimiento violento, tenía la obligación de tributar con especies y monedas, según la composición sociolingüística (aymaras y uros) y la naturaleza poblacional (indios originarios y forasteros). Así los “aymaras” debían pagar un promedio de 6 pesos anuales, mientras que los “Uros” pagarían la mitad, 3 pesos, debido a la peculiar condición de vida, estimados como una casta pobre, de inferior nivel de civilización. El primer grupo obtenía sus ingresos de acceso a tierras de cultivo así como a tierras de pastoreo; debían tejer ropa de lana, y trabajar en la mita a Potosí. Los “uros”, al no tener acceso directo a tierras ni ganados, debían acudir a la mita a Potosí, tejer ropa y tributar con pescado seco en arrobas.
En tanto el grupo de tributarios de categoría originaria y forastera se debió a las condiciones infrahumanas de explotación. Sánchez Albornoz señala que el delegado del pueblo de Paucarcolla don Juan Apaza denunció que los españoles les quitaron sus propiedades y les impedía salir aduciendo que debían dinero. “De tal suerte los indígenas no tienen en qué sembrar ni pastear sus ganados, y por eso huyen a otras partes”. Por esa situación los forasteros tributaban 5 pesos cuando los originarios pagan 9 pesos, en 1684; y en 1728 los forasteros tributaban 20 reales al tercio, 5 pesos al año y no otra cosa.
Los conflictos sociales: vascos y andaluces
Durante la década de 1650 se descubre los asientos de minas de San Juan de Álva y San José. Asimismo, hacia 1567 el minero español José Salcedo “descubrió” las minas de Laycakota en tiempos del virrey Luís Henríquez de Guzmán, Conde de Álva de Liste (1655 - 1661) y junto a ella creció una regular población y se le dio el nombre de San Luís de Alva; que en seguida se convirtió en la capital del Corregimiento de Paucarcolla. Tan pronto, en menos de una década de su existencia, se alzó en fama y opulencia hasta convertirse en un emblemático conglomerado social principal centro de actividades económicas.
La lógica cultural de los pueblos andinos circunlacustres prehispanos, indica que los metales, el oro y la plata no se usaron con propósitos comerciales, sino más bien ceremoniales; así un paralogismo: pues, sin controles el oro y la plata no tienen valor alguno. Al fin, el “Muki” dios de la mina, o guardián de los socavones, el duende ambiguo reveló a los Salcedo tan riqueza, pero quizá se enojó e hizo de Laicacota el epicentro sangriento de conflicto. Aun en el siglo XVIII, en el informe de Manuel de Portillo Haedo, corregidor de la provincia de Paucarcolla y de la Villa de la concepción y San Carlos de Puno, firmado el 3 de noviembre de 1753, se constata sobre la magnitud de riqueza. Hubieron 8 minas, con 1 a 2 vetas, en los cerros aledaños a la ciudad de Puno.
A raíz de los descubrimientos mineros “la rebelión de Laicacota” o “rebelión de los hermanos Salcedo” comprendió cuatro años de violento conflicto de dos nacionalidades ibéricas: vasco-andaluz ocurrido en las minas de Laicacota (1665 - 1668). Fue un fenómeno por la heterogeneidad de una sociedad compuesta por tantos segmentos étnicos y diferenciaciones sociales y tantas historias de vida diferente, generaron contradicciones insolubles entre sectores e individuos, y favorecieron el clima de permanente inestabilidad al Virreinato. Según Domínguez Faura, fueron las migraciones laborales de descorporatizacion y mestizaje no biológico que ayudaron a desarrollar una “identidad mestiza” entre los trabajados tan altamente móviles. Otro factor fue las “alianzas espúreas” los indígenas con los agentes españoles con pretensiones políticas.
De San Luís de Álva a la Villa de San Carlos
Mucho se ha polemizado sobre el advenimiento de las riquezas de Laycakota y con ella sobre la Fundación de Puno, una de las historias que ha quedado impregnada en la memoria colectiva de los Puneños, es la versión narrada por el Maestro José A. Encinas. Sin embargo tanto la riqueza y la fama de San Luís de Álva se esfumó, con la intervención Virreinal de Conde de Lemos trasladándose a la Villa de San Carlos de Puno el 9 de setiembre de 1668, siendo la población de Concepción y San Carlos la nueva capital de la provincia de Paucarcolla el 4 de noviembre de 1668.
A tenor de lo expuesto, considero que el desarrollo histórico institucional del corregimiento de Paucarcolla basado en sucesos o hechos políticos y coyunturales -también Jurisdiccionalmente, tanto en lo civil y eclesiástico - , en los siglos XVII y XVIII, principalmente, puede ser dividida en los siguientes tres periodos cronológicos relativos y sociopolíticos llamados:
- 1573 a 1657 del Patrimonio de la Corona y el auge minero y la rebelión de Laycakota;
- 1657 a 1720 de San Luís de Alva y la Villa San Carlos de Puno y
- 1720 a 1784 de la catástrofe demográfica y la revolución Burguesa anticolonial, mas concretamente hasta 5 de junio de 1784, fecha en que se crea la intendencia de Puno.
Finalmente debo señalar que a la luz de tanta polémica y debate, ante la falta de un documento fehaciente que demuestre la fundación española de Puno, no se si sean actos deleznables o “tradiciones inventadas” las celebraciones de una efeméride con tanta pomposidad, desfiles gallardos, cada 4 de noviembre de todos los años, lo cierto es que Puno, es tradición e historia, una posibilidad histórica de desarrollo, esa es la razón para seguir viviendo para hacer realidad la esperanza, la utopía con conciencia y compromiso. En fin lo innegable e indiscutible es que, Paucarcolla, es capital histórica de Puno.
 
 
 
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