domingo, 11 de agosto de 2019

AREQUIPA Y PUNO


LECTURAS INTERESANTES Nº 910
LIMA PERU            12 AGOSTO 2019
¿ACASO AREQUIPA
ES UNA ALDEA?
Alfredo Quintanilla NOTICIAS SER.PE, 2019-08-10
U
n domingo, cuando estaba aprendiendo a leer los titulares de los diarios, mi madre, con contenida emoción, en una banca del Parque Universitario, me hizo leer: “Olmedo ganó ayer la Copa Davis”. Entendí su alegría: Olmedo era arequipeño, como nosotros. Ella me leyó la noticia entera, subrayando que provenía de un hogar humilde y había ido a estudiar a Estados Unidos, que formó parte de su equipo de tenis y que allá le apodaban “el Cacique” por su piel oscura y sus pelos parados, como los míos. Acabábamos de migrar a Lima y durante ese año mi madre estuvo pendiente de sus hazañas, como que ganó luego el Grand Slam de Australia y el torneo de Wimbledon. Supimos del gran recibimiento que tuvo en el Estadio Nacional y la multitud que fue al aeropuerto de Arequipa. Fue la primera vez que los “ccalas” del Club Internacional aplaudían a un “loncco” color marrón, que conocieron como al hijo del jardinero, al recogebolas de las canchas de tenis.
Crecí en tierra extraña con el orgullo de ser arequipeño como Olmedo, o como el presidente -en esos años - de la Corte Internacional de Justicia, doctor Bustamante y Rivero. Leí a Vargas Llosa desde su primera novela y me alegré como todos por su Premio Nobel y que se reconociera como arequipeño. Pero siempre tuve en cuenta la frase de Olmedo cuando, entrevistado luego de ganar el torneo de Wimbledon, dijo: “Espero ganar otros galardones para mi querido Perú”. Por eso, la broma de la llamada “República Independiente de Arequipa”, extendida desde fines del siglo pasado, la tomé como eso, sin mayores preocupaciones.
Ahora, compruebo que, al acercarse el 479° aniversario de la fundación de la ciudad, el ambiente está que arde, pues se han exacerbado todas las tensiones, de una ciudad ancha, diversa y plural, a raíz de la huelga decretada el lunes 5 en respaldo de los agricultores del valle de Tambo contra las pretensiones de la empresa Southern Perú Copper Corporation. Y han aparecido, como en ocasiones anteriores, grupos que diferencian a los “verdaderos arequipeños”, de quienes han llegado a realizar sus sueños a Arequipa pero no han nacido allí. Y, al acercarse el 15 de agosto, un segregacionismo disimulado y hasta un racismo abierto contra “los indios” puneños y cusqueños, que atraviesan clases sociales y todos los grados de instrucción, parecen extenderse imparables en las redes sociales.
Resulta patético leer diatribas e insultos contra “los indios que ni el castellano hablan bien” a los mismos que están orgullosísimos de los arequipeñismos recopilados por el sociólogo Juan Carpio Muñoz, hijo ilustre de Arequipa, recientemente fallecido. ¿Y qué son los arequipeñismos? Pues quechuismos y aymarismos incrustados en el castellano.
A esos que cantan por estas fechas a pecho henchido los yaravíes de Mariano Melgar, hay que recordarles que él murió fusilado luego de la batalla de Umachiri, junto a indios puneños y cusqueños, tratando de liberarnos del yugo español. Y a los que se solazan de las eximias acuarelas de Luis Palao, decirles que el artista vive a gusto entre indios, para retratarlos. Y a los que celebran cada galardón internacional del caricaturista Omar Zevallos, recomendarles que lean su reciente artículo “Arequipeños insoportables”.
Ahora, resulta que el conflicto de Tía María ha terminado alineando a la mayoría de los “verdaderos arequipeños” a favor del proyecto, mientras que la mayoría de los arequipeños recién llegados (aunque vivan 40 años en la ciudad, para los discriminadores son recién bajados), se solidarizan con los agricultores de Tambo, ya sea por convicción o por reacción frente a los discriminadores. A ello ha contribuido la postura beligerante del neoindigenista Cáceres Llica que ganó la gobernación regional con un discurso posero, engañoso y demagógico como el que en su momento usó “el cholo” Toledo. Pero la política es así: nunca tenemos enfrente a los candidatos ideales y siempre vamos a correr riesgos al elegir. Los de uno y otro bando usan el discurso de la tradición rebelde de los arequipeños para atacar a Vizcarra o a Cáceres Llica, según sea la posición asumida.


Y hasta la revista Caretas, de los hijos de Zileri, en su último número agita el cuco de Antauro Humala –como si fuera el manejador de los tirapiedras de las calles de Arequipa y del valle de Tambo- para vacunar a las mayorías contra una izquierda sensata que asoma en el horizonte de mediano plazo como una posible alternativa al caos. No le importa que se hayan descubierto tirapiedras que una vez denunciados en las marchas de protesta, se pasan rápidamente al bando policial donde los acogen y les dan chaleco antibalas y casco.
Sólo habría que decirles a mis paisanos discriminadores que se creen auténticos y modernos, habitantes de una metrópoli, que, en verdad, son aldeanos, pues es en las aldeas donde todos se conocen, la endogamia es bienvenida y temen al extraño y tratan de expulsarlo. Y es, más bien, en las ciudades contemporáneas, cosmopolitas, donde convergen y se mezclan diversas etnias y pueblos para formar con apertura y tolerancia una nueva cultura, como fue la síntesis de la Arequipa mestiza del siglo XX, como varias veces lo ha escrito nuestro comúnmente admirado Vargas Llosa. Él seguramente está escandalizado del discurso indigenista de Cáceres Llica, como del discriminador de los “auténticos y verdaderos”. Y aunque apoya la inversión extranjera y seguramente al proyecto Tía María, jamás se le ocurriría hacer la ecuación: ‘opositores al proyecto = indios atrasados’.


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