domingo, 29 de enero de 2017

DIARIO CORREO. SUPLEMENTO SOBRE LA CANDELARIA


Cada febrero, la ciudad de Puno se viste de gala por un acontecimiento único en el país: la festividad de la Virgen de la Candelaria. Inscrita en la lista representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO, esta no solo es una expresión de fe a la Virgen María, sino un desborde cultural que ha crecido hasta contagiar a, prácticamente, todo el país. Esto significa que la fe no se ha quedado dentro de los templos, en la altiplanicie, sino que la creencia en las divinidades inunda calles con música y bailes diversos. Bien dicen que se trata de una fe en movimiento, una expresión que acompaña a todo un pueblo en torno a la imagen de la Mamita Candelaria para agradecer por la vida o para rogar para que se acaben los tormentos.

En Puno, la adoración tiene como lenguaje a la música y danza. Sin temor a equivocarnos, la celebración debe mover al menos 100,000 danzarines y otro tanto de músicos. Eso trasciende a la religiosidad o folclor para alcanzar asuntos sociales, económicos y hasta políticos, razón por la que la UNESCO la considera dentro de los certámenes de valoración mundial.
La fiesta también es un sincretismo entre lo occidental y andino, pues es aquí donde se puede apreciar las tradiciones más profundas de la nación mezcladas con lo aprendido del evangelio europeo. Por eso se dice que la Virgen de la Candelaria es el rostro moderno de la Pachamama, la Madre Tierra, tan acentuada en el hombre de los Andes. Con todo esto, Puno acoge al Perú y el Perú se resume en Puno cada año. Por ello, si hay una ocasión que merezca oficializarse como una fiesta nacional, esa es la de la Mamita Candelaria

CORREO Prensmart p.9



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