lunes, 23 de diciembre de 2013


PINCELADA MUSICAL
Testimonio vivencial del mágico mundo de la música puneña

Por: Javier Salas Avila

Artículo incluido en la publicación “PUNO 345 ANIVERSARIO”,
 producida, editada y publicada por JOLUCAVA Import Export EIRL
y dirigida por María Elena Catacora Valdez
Noviembre 2013. Impresa en Lima.

 La impresionante Mese­ta del Collao, a cuyos extremos se erigen las Cordilleras Occidental y la de Carabaya, con­figuran el espacio geográfico donde a través de la historia se han desa­rrollado muchas culturas que dieron fundamento al proceso de desarrollo cultural de las etnias altiplánico po­blantes.
Puno, región de preponderantes tem­peraturas frías, ha sido por el contra­rio, un espacio excepcional para ha­llar calidez en materia de producción intelectual y artística.
Las Gestas Vilcapazinas, el ideario educacional de Encinas, la elocuen­cia de More, el pincel Humarediano, la Música de los Valcárcel, los versos de Choquehuanca, han dado brillo y majestad al pensamiento puneño y han hecho de esta tierra, la singu­laridad expresa de la majestuosidad idiosincrática, en el intermitente ca­mino de la historia de los pueblos del altipampa.
El arte, jamás ajeno al latido vivencial de las colectividades humanas, también ha hecho residencia vital en la cosmografía puneña.
Foto: José Catacora Valdez
Es conocido que sus antecedentes se encuentran en las civilizaciones preincas como Nazca, Paracas, Mo­che, pero por razones no del todo fundamentadas, a medida que pasa­ban los años, esta rica modalidad de expresión musical, ha tenido mayor arraigo, profusión y desarrollo, en la zona circunlacustre al lago Titicaca. Lo más singular y relievante en el contexto de esta filosofía musical, es como todos sabemos, la particulari­dad de la música dialogal y que lleva implícita la óptica que tiene el habi­tante kollavino respecto del mundo en el que vive.
Datan de mucho tiempo, referencias relacionadas a que grupos de dan­za y música lugareños, visitaban la imagen de la Virgen de la Candela­ria durante su fiesta, desde finales del siglo XIX, y entre los que más destacaban, eran agrupaciones sikurianas que con su gesta musical, co­adyuvaban decididamente al ámbito devocional y de empoderamiento cada vez más importante de su estilo ancestral.
El Departamento de Puno, ha sido testigo de conocidas agrupaciones sikurianas que forjaron tradición con su presencia en el panorama festivo tradicional altiplánico; en el rubro de varios bombos, la afamada agrupa­ción Qantati Ururi, marco época con su inconfundible sello y sabiduría, y guarda el privilegio de pertenecer al estilo más antiguo en relación a las propuestas citadinas como los Siku- morenos, entre los segundos, están de otro lado, el Conjunto de Sikuris Obrero y el del Barrio Mañazo, que son colosales muestras de tradición, y que a lo largo de su existencia, han delineado todo un estilo trascenden­tal que ha servido como un espejo de proyección continua hacia diversas latitudes.
Hoy en día, decenas de jóvenes de ambos sexos, integrando numerosas agrupaciones, ponen su esmerada cuota de arte, y hacen que la tradi­ción musical sikuriana sobrepuje a su historia y vuelva redimida a pro­pulsar desde las orillas del mágico lago, un mensaje subliminal, que sepa a aromas de cactus, viento y granizo, ahí están: Juventud Obrera, Zampoñistas del Altiplano, Zampoñistas Lacustre, entre muchos otros, y en la modalidad de varios bombos, AJP 27 de Junio, 27 de Junio Nueva Era, Ujmaya, Fuerza Joven etc. entre otros, que hacen de la ciudad lacustre, la rica vertiente inagotable de la aerofonia autóctona con ritmos de reciedumbre y fortaleza espiri­tual.
A lo largo y ancho del departamento, se oirá el sonido de los Sikus o Phu- sas, en cualquier momento del año, pero será en la Fiesta de la Candela­ria, donde todas las agrupaciones se vistan de gala, para hacer retumbar los espacios kollas con el ritmo sin­copado de su estirpe sikuriana.
La valiosa cordofonía, con aires foráneos
La mayoría de formas musicales y danzarías que han tomado esencia del sincretismo cultural, han perfi­lado su desarrollo, a partir de la se­gunda mitad del siglo XIX, y en ese sentido, los estilos de música cordofónica venidos de occidente, fueron adoptados sometiéndose a procesos de regionalización bien definidos en cuanto a la usanza interpretativa, más conocida como "estilo".
Las estudiantinas tuvieron mucha vigencia en los salones de la Lima de finales del siglo XIX e inicios del siglo XX, y como toda actividad po­tenciada en la capital, la consecuen­cia inmediata es su rápido reflejo en el interior del país.
Es así que desde entonces cada re­gión y espacio citadino del interior del país, tomó ejemplo de las nuevas corrientes musicales del momento y engarzó a este nuevo estilo, sus vi­vencias, sus querencias, su idiosin­crasia, etc. de donde empezaron a fluir el ritmo  puneño que luego se hiciera peculiar y característico de la tradición citadina.
Mucha agua ha corrido bajo el puente desde entonces, y se lee en las páginas de la historia sonora puneña, nombres de indeleble hue­lla como, Eladio Quiroga, Alberto Rivarola, Rosendo y Jorge Huirse, Víctor Cuentas, Víctor Masías, etc, que configuraron con su maestría el sello característico que significaría la madurez plena del estilo musical pandillero.
Charanguista Erick zubieta
Les siguen, otra brillante genera­ción de autores e intérpretes, Néstor Molina, Carlos Rubina, Castor Vera, Augusto Portugal, Augusto Masías, Julián y Virgilio Palacios, que defi­nieron estilos y consolidaron la ma­jestad de la Marinera y la pandilla Puneñas.
Son dignas de mencionar agrupa­ciones que sirvieron para perennizar la amplia temática altiplánica, Los Intimos, La Lira Puno, el Centro Musical y de Danzas Theodoro Valcárcel, El Conjunto Orquestal Puno, El Centro Musical Ayaviri, la Agru­pación de Arte Azángaro, Los Chiri­guanos de Huancané, El Centro Musical Puno, El Centro Musical Juli, el Centro Musical Yunguyo, el Centro       Musical Unión Juliaca, el Centro Musical llave, el Centro Musical Acora, El Centro Musical Macusani, la Estudiantina Chucuito, Centro Musical Rodolfo Montes de Oca, entre muchos otros, que tuvieron en sus filas a preclaros instrumentistas de la música mestiza puneña.      
Tanto la despensa filosófica musical del sikuri, como la música mestiza cordofónica, se han patentado como los símbolos de la "Marca Puno", y no existe latitud alguna en el mundo adonde llegue un puneño, que no tenga el testimonio vivencial de estas dos modalidades de expresión musical y que por lo tanto, lo distingan entre otros, de ser el portador de esta singular y valiosa herencia cultural.       
La fiesta de la Candelaria y la presencia de las Bandas de música.
Las Bandas de música y su presencia en el escenario musical del Departamento de Puno son posteriores, y su desarrollo ha estado íntimamente ligado al proceso de crecimiento de la Fiesta de la Virgen de la Candelaria. Fue aproximadamente en la década del 50 del siglo pasado, que estas en­tidades musicales van tomado forma y presencia en nuestro ámbito.
El impacto que significó por aquella época, la fuerte expansión musical de las Big Band americanas, hizo que se despertara en la colectividad musical, el deseo de sumarse al do­minio de los instrumentos de viento de metal y de caña, a esta coyuntu­ra, se sumaron otras "modas" del momento como la aparición de la Sonora Matancera o el Conjunto de Dámaso Pérez Prado, o el caso de los mariachis en las películas mexi­canas. Este auge comercial influye para que en muchas zonas del país, se vaya cambiando el ropaje instru­mental de muchos conjuntos, y es el caso en el valle del Mantaro en que se incluyó el saxofón, y el clarinete que se sumaban al arpa y el violín, tomando además, el nombre de Or­questas Típicas, en alusión o copia directa, de los conjuntos formados en Argentina para interpretar el tan­go.
Como fuera, el proceso de desarrollo de las bandas de música se acrecentó y Puno, no podía ser la excepción, hacia 1964 el empresario Ernesto Núñez trae por vez primera a un con­junto de diablada boliviana a la Fies­ta de la Candelaria, se crea tal expec­tativa que se copia el molde exacto de los pasos, y el ritmo en allegro de la nueva música que a su vez, tiene la base rítmica de una forma popular europea. Entre las bandas más famosas provenientes de Bolivia están La Pagador de Oruro y la Primo Aranda de La Paz, esta última vino por primera vez a Puno en 1965 contratados por la única morenada de entonces, la Morenada Orkopata.
El avance de las bandas de música peruanas en la fiesta, fue lento, las bandas de Bolivia, eran las preferidas por los conjuntos participantes de la fiesta, no solo por la "moda", sino que también, por la notable calidad en materia del dominio de la técnica instrumental; esta situación fue cambiando poco a poco, por la intervención, entre otros, de los siguientes factores:
Desarrollo de la Especialidad de Vientos en las Escuelas de Música de Puno, Juliaca y Pilcuyo, además de la creación de la Escuela de Arte de la UNA Puno. En su momento, la auspiciosa presencia de la Diablada Amigos de la Policía nacional, permitió que su banda de músicos, reforzada con instrumentistas de Arequipa y Cusco, hicieran i demostración técnica de cómo puede mejorar el aspecto de la interpretación, y entonces al ser ellos, banda ganadora del año 1995, de algún modo coadyuvaron el empoderamiento de las bandas peruanas la fiesta más fastuosa del Perú.
Actualmente, podemos mencionar con satisfacción el concreto avance de las agrupaciones musicales que tienen efectiva presencia en nuestra fiesta mayor, destacan con luz propia entre otras: Banda Orquesta "Liberal", y la "Súper Impacto" de Puno, la "Real Majestad" y los "Reyes Jachas" de Juliaca, a las que se suma famosa "Súper Andino" de Pilcuyo, todas estas entidades, han alcanzado niveles de desarrollo técnico cada vez más apreciables.
La Música de otros formatos, en manos de puneños
El vivir en Puno, hace que quienes transitamos por sus callecitas solariegas, al abrigo de los cerros tutelares, seamos participes y testigos de innumerables jornadas de creación, recreación e interpretación musical, bajo formas distintas de las expuestas líneas arriba, no eran solo las estudiantinas que se enseñoreaban los 3 de noviembre por la noche, venidos de cada capital de provincia, o en carnavales; tampoco eran solamente las bandas que con sus potentes sonoridades inundaban de frenético ritmo las calles de la ciudad, la segunda semana de febrero.
También había puneños prestos a pulsar un charango, o percutir una pandereta, o digitar una guitarra eléctrica, son añorables los años en que por alguna fiesta en el Club Kuntur o en el Club Unión, o aun en el coliseo, podíamos oír y disfrutar de la música de los Jocker's con Julio Masías, Fuego Caliente con Víctor Catacora, los Raybans de Alex Delgado, los Fenders de Daniel Bailón, o los Tebano de Daniel Becerra, más adelante, los Triax de Germán Humpiri, y actualmente, entre otras agrupaciones nuevas, la Orquesta Zeta Show.
Tampoco la ciudad se pudo sustraer, al inmenso arraigo de la música llamada latinoamericana, muchos recordarán, a Color Viento de los hermanos Bueno Ramírez, Tierra Nueva de los Bolaños, y uno de los más populares en la ciudad los K'ana Jallu, más adelante el Grupo Expresión de los hermanos Coacalla y posteriormente Kaphia de los hermanos Mengoa, al que se suma actualmente el grupo Nayjama.
En el caso de la música de tuna, relacionada evidentemente con la reapertura de la Universidad Nacional del Altiplano, en 1968 Virgilio Palacios Ortega, funda la Tuna Universitaria de Puno, entidad musical que albergó a muchas generaciones de estudiantes aficionados a la música, que marcaron una época de oro para esta prestigiosa agrupación estudiantil, a partir de 1993, cuando toma el nombre de Tuna mayor, me nombran como director musical, para dirigir la que fuera la última producción discográfica, atesorando recuerdos de cinta y capa en memorables noches de ronda.

En el caso de la música coral, no fuimos muy prolíficos, la historia habla de los coros escolares que organizaba Don Carlos Rubina, todos así lo recuerdan, recientemente casos notables son el Coro Adventista de Chullunquiani en Juliaca y el Coro del Instituto Pedagógico de Puno bajo la dirección del destacado maestro Félix Zambrano Velásquez, quien supo inculcarme el amor al arte coral. Debo mencionar aquí a Nelvar Ticona y Jorge Bueno, permanentes exponentes de este arte en nuestra tierra. En lo personal, tuve la ocasión de dirigir la "Coral Moroni" de la Estaca Puno de la Iglesia de Jesucristo, además del Coro Polifónico del Gobierno Regional y el Coro de la Gerencia Departamental del Seguro Social de Puno.
Cerraré esta sección, haciendo mención a conjuntos de música criolla, como el recordado Trio Masías, el Dúo Puno de Nazario Ticona y Alejandro Tejada, a su vez, el mejor instrumentista de guitarra popular en la historia musical de Puno, el Trío del Recuerdo de Claudio Aguirre, el Trio Azul de Luis Pari Chevarria y Walter Yupanqui, el Trió Universitario, y el afamado Conjunto Fantasía Criolla de Waldo Vera, Juan Palao, Edgardo Rodríguez y Dulio Trigos.
La Academia en la Música puneña Mariano Béjar Pacheco, músico melgarino (Nuñoa) nacido en 1893, fue de los primeros músicos académicos, autor de las obras "El Pueblo del Sol" "Andinola Aymara" y de la ópera "Melgar", importante investigador e instrumentista de violín.
Víctor Cabrera Echave, otro singular maestro de la música, pianista, el inventor de la Echavina, de 17 cuerdas que el interpretaba magistralmente, es autor de la Suite Puneña N° 1 entra otras importantes obras.
Rosendo Huirse Muñoz, nació en Santa Rosa de Melgar el 29 de febrero del880, dirigió las Estudiantinas "Centro Musical Literario Ayaviri", el Centro Musical Puno y la Sociedad Musical Lira Carolina, es autor del Himno a Puno, Ondas del Titicaca, Paja Brava, la Fandanguera, etc.
La figura de Jorge Huirse Reyes,    es un caso notable y excepcional, nace en Puno, un 30 de agosto de 1920, se constituye en uno de los más brillantes pianistas de la música popular latinoamericana y acompaña con solvencia a los mejores cantantes de tango en Argentina y de música criolla como los Trovadores, María de Jesús Vásquez, el Dúo Irma y Oswaldo, etc. Dirige la Orquesta Sinfónica del Teatro Colón de Buenos Aires y en Lima la Orquesta de la Guardia Republicana, se le reconoce como uno de los mejores arreglistas para formato a gran orquesta de la música popular.
Theodoro Valcárcel Caballero, Puno, 19 de octubre de 1900, uno de los más insignes maestros de la música universal nacido en Puno, toda una genialidad en el manejo de los recursos técnicos en la producción musical académica, El año de 1927, una comisión especial de altos representantes de la cultura española, formularon la iniciativa de echar los ojos a iberoamérica a fin de averiguar el nivel, status y la producción artística en el nuevo mundo y viajó un comisionado especial, para invitar a lo más selecto de los artistas de los países latinos, a fin de que se congregaran en Sevilla dentro del marco de la exposición internacional del año de 1929. Dicha comisión seleccionó a Theodoro Valcárcel Caballero para representar al Perú y el maestro dejo a Suray Surita, embelesar Europa, con la fineza entretejida de sus brillantes notas emergidas del majestuoso lago, rodeado de níveas cumbres. Sevilla se rindió a la majestuosidad kollavina y el Perú entero, tuvo a su mejor representante.
La huella señera que dejo el gran Theodoro, fue sabiamente transitada por Edgar Valcárcel Arze, el sobrino más talentoso de la dinástica familia, el maestro Edgar fue nuestro amigo personal, recuerdo bien cuando lo invité a acompañarnos a la Paz Bolivia, siendo yo director de la Tuna Mayor de la Universidad Nacional del Altiplano, con el objeto de grabar nuestro CD en Discolandia, él nos acompañó en dicho viaje, y conocimos de cerca su decencia, docencia, humildad y modestia extremas, cuando estuvimos grabando dicha producción innumerables personas empezaron a preguntar por el maestro, entre estos dignos visitante se encontraban Alberto Villalpando y Ramiro Soriano, insignes músicos bolivianos que querían departir con el maestro y ofrecerle una grata estadía en su país.
Rosendo Huirse
 Las salas de mayor prestigio en el mundo, saben de la valía del maestro y su mensaje composicional basado siempre en el repertorio de altipampa, demostraron que el amor que sintió por Puno fue más grande y fuerte que cualquier adversidad, y su alma noble, conjugó lazos con los vientos vesperales, acaso siempre testigos de su mensaje infinito.
Hoy, con el elevado despliegue de los grandes maestros, se yergue imponente la nueva figura trilógica de los Valcárcel, Fernando Valcárcel Pollard hijo del maestro Edgar y actual director titular de la Orquesta Sinfónica Nacional del Perú.
Herencia, tradición y sentimientos
Desde la tarea pedagógica llevada a cabo en las aulas de la Escuela Nacional  Superior de Folklore José María Arguedas, he visto la apremiante necesidad de entender los hilos conduc- tores que determinan las precisiones y características propias de los esti¬los de la música de las diferentes re¬giones del país. No hubo, pero debe¬ría de haberla, una escuela que a mí me enseñara a interpretar una Mari¬nera Puneña, con ese propósito pro¬pulsé, organicé y asumí la creación de la Escuela de Arte de la U.N.A. Puno, pero una vez más, tras mi par¬tida a Lima, los alienados, buscaron ansiosamente, darle la espalda al universo pedagógico de la música popular. Sin desmedro de lo univer¬sal, hay que apostar por preservar, y cautelar nuestra música tradicional.
La música puneña la construimos intérpretes de diversas generaciones, en el hogar, en la calle, en carnavales, en los cumpleaños y demás fiestas, la manera exacta de tremolar la mandolina la aprendí de mi padre, Juan José Salas Mendoza y de la mano directa de Augusto Masías, mi maestro de música en la Gran Unidad San Carlos, de Don Castor    Vera Solano, cuando mi padre me llevaba a los ensayos del Conjunto Orquestal Puno, aprendí también por transmisión directa de Don Ricardo García Núñez, en el Centro Musical Puno, esa fue la escuela inalterable del estilo musical pandillero, donde se gesta la personalidad intrínseca de   nuestra música. Usualmente se llega a reconocer en la historia musical de los pueblos a los compositores y/o directores de mayor trascendencia, pero mayormente quedan en el olvido los intérpretes, los verdaderos cultores del quehacer musical y hablando de la escuela estilística  asumida en las calles de la sabiduría permanente, quisiera mencionar nombres de ilustres amigos que mantuvieron con celo la majestad sonora y aromática de los aires musicales kollavinos; Darío Manzanares, Félix Carrión, Dulio Trigos, Waldo Vera, Huberto Hinojosa, Víctor Catacora, Vicente Lezano, Simón Miraval, Francisco Carrión, Fernando Montes, Gualberto Bolaños, Oswaldo Aguilar, Javier Fuentes, Edgardo Rodríguez, Juan y Armando Palao, Julio Masías, Hernán Soaña, Graciano Rubín de Celis, Julio Salas, Dante y Arcadio Frisancho, Alejandro Tejada, Raúl Montesinos, Jorge "Coco" Candía, Pedro Málaga, Fidel Mendizábal, Elisbán Ramos, Percy, Coco y Oscar Bueno, Leónidas Calvo, entre muchos otros valiosos interpretes con quienes trasuntamos el espacio vital del universo musical puneño.
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