domingo, 18 de diciembre de 2011

Mario Vargas Llosa sobre dos puneños: Martín Chambi y Oquendo de Amat


Fotos: Chambi y Oquendo de Amat.


Escribe: Jesús Mojo López | LOS ANDES 11 dic 2011

El premio nobel peruano; alabado y endiosado por algunos y, despreciado y repugnado por algunos que no comparten su visión liberal y conservadora de la política, además de ellos su visión hedonista y derrotera de la vida y sus sucesos que amasa en su literatura pagana y laica; hace años se había propuesto escribir sobre dos puneños extraordinarios, implantando su visión sobre estos personajes de trascendencia. Pero a pesar de que nadie duda de la impresionante genialidad de Vargas Llosa, este implanto una visión matizada de desprecio y colocando sobre ellos un epitafio final sobre los que intenta poner punto final a la opinión sobre ellos y subjetivamente, sin decirlo, trata de hacer creer al lector que él (egocentrismo) es mucho más frente a ellos.

Pero la literatura y la política han sido mundos distanciados entre sí, aunque la primera ha tratado de amasar las formas ideales de política, pero Vargas Llosa no lo entiende así, sino mas bien implanta una visión universal de que lo todo puede caber en un minúsculo artículo o un comentario nada macerado, por ello en esos pequeños escritos resalta la angustia por borrar de la memoria a estos dos personajes, comentando sobre ellos de una manera fatalista, desde esa otra perspectiva en que lo provinciano no sobresale generalmente. Vargas Llosa aunque lo niegue un millón de veces tendrá siempre ese carácter racista contra todo lo provinciano nacido en ese otro Perú en el que la realidad se vive, se siente de otro modo, quizá mas profunda y mas enraizada.

Vargas Llosa tiene un carácter particular sesgado de ver y analizar la realidad, siempre afincado desde su endiosada tribuna literaria, pero creemos que se siente y se piensa mejor la realidad desde la condición ensimismada de la realidad y no conociendo la realidad solo por fotos o revistas, en tal sentido vamos a descifrar las palabras para con dos puneños extraordinarios.

Martin Chambi y Carlos Oquendo de Amat, el primero pintor y el segundo literato vanguardista, pero más realista que soñador, son dos puneños que trascendieron mas allá de las fronteras de este altiplano que es un submundo de la cultura, pero que a pesar de la época y sus circunstancias supieron con gran destreza superar esa realidad hosca, atascada y cerrada a los conocimientos.

Martin Chambi fue mucho mas que un fotógrafo, fue un innovador de ella, a pesar de que la fotografía era por entonces todavía casi desconocida entre los pobladores andinos de entonces, él supo introducirse con astucia en ese universo, colgando en brazos su camarita que retrataría ese otro verdadero rostro del Perú , de modo que gravo para siempre una infinidad de momentos que quedaron estáticas para toda una eternidad, como muestra de que existió ese Perú frustrado y aislado, pero mas que fotografías fueron el pleno retrato del Perú de entonces que pasaba al olvido, había en él un inmenso amor por lo peruano.

Vargas Llosa en su libro “Diccionario del Amante de América Latina” dice acerca de Martin Chambi: «Maestro de la fotografía. Martín Chambi realizo su obra monumental (unos treinta mil negativos) en una provincia de la sierra peruana, supliendo con su esfuerzo, su imaginación y su destreza –con su genio- las limitaciones que ello significaba. Fue pionero con cuya obra el arte de la fotografía de su país adquirió ciudadanía internacional. Nacido en 1891, en una aldea (Coaza) del altiplano puneño, en el seno de una familia campesina, un azar feliz lo llevo a trabajar, cuando era aun niño, a una mina en las alturas de Carabaya, donde sin duda vio por primera vez (en manos de un empleado de la empresa) una cámara fotográfica. (…) pero su carrera comenzaría a todo fuego en el Cuzco, donde se instalo a comienzos de 1920 (…) Sin duda, en sus imágenes Martin Chambi desnudo la complejidad social de los andes (…) cabe decir que en esos treinta años y pico de labor no dejó rincón del universo cuzqueño sin apropiárselo e inmortalizarlo» Luego de esta descripción bella y maratónica sobre Martin Chambi, pone un punto final a las consideraciones y rubrica un triste y enterrador epitafio final de la manera mas inusitada, tratando de reservarse un lugar para sí mismo; y continua: «Madrasta de sus hijos, escribió del Perú el Inca Garcilaso. Con Martin Chambi, uno de los más grandes artistas nacidas en su suelo, lo ha sido. Una madrasta ingrata, olvidadiza, al extremo de que pocos de sus compatriotas sabes quien fue y por qué se lo debe recordar y admirar» Y con la sonrisa a flor de labio se ríe del destino nada glorioso de Martín Chambi, dedicándole palabras de entierro y solo un apenas grave consuelo. Pero mas que ello escribe desde la perspectiva de un extranjero mas no peruano, ¿de su país? ¿pocos de sus compatriotas? No se le entiende bien a Vargas Llosa, de manera subjetiva uno puede pensar que Vargas Llosa niega su nacionalidad, o es que el Nobel Vargas Llosa piensa que Puno es otro país aislado y ajeno al Perú.

En el mismo libro Vargas Llosa comenta de manera despectiva acerca de Oquendo de Amat: «Hace aproximadamente treinta años, un joven que había leído con fervor los primeros escritos de Breton, moría en las sierras de Castilla, en un hospital de caridad, enloquecido de furor. Dejaba en el mundo una camisa colorada y cinco metros de poemas de una delicadeza visionaria singular. Tenía un nombre sonoro y cortesano, de virrey, pero su vida había sido tenazmente oscura, tercamente infeliz. En Lima fue un provinciano hambriento y soñador que vivía en el barrio del Mercado, en una cueva sin luz, y cuando viajaba a Europa, en Centroamérica, nadie sabe por qué, había sido desembarcado, encarcelado, torturado, convertido en una ruina febril. Luego de muerto, su infortunio pertinaz, en lugar de cesar, alcanzaría una apoteosis: los cañones de la guerra civil española borraron su tumba de la tierra, y, en todos estos años, el tiempo ha ido borrando su recuerdo en la memoria de las gentes que tuvieron la suerte de conocerlo y de leerlo. No me extrañaría que las alimañas hayan dado cuenta de los ejemplares de su único libro, enterrado en bibliotecas que nadie visita, y que sus poemas, que ya nadie lee, termine muy pronto trasmutados en “humo, en viento, en nada”, como la insolente camisa colorada que compro para morir» Una vez mas Vargas Llosa se ríe del fatal destino de Oquendo de Amat, qué alegría suena en las palabras del Nobel peruano, ya que Oquendo fue probablemente el mas grande poeta peruano del siglo XX, quizá su gloria hubiera crecido mas que del suyo propio o del universal poeta peruano Cesar Vallejo. Además de ello cree que la gloria de Oquendo de Amat se borrara con el tiempo y eso le pone loco de alegría ya que con menos obstáculos, algún día quiere ser recordado como el más grande literato peruano, cosa que probablemente lo esta logrando después de la carnicería y constante brutalidad expresiva contra otros literatos como José María Arguedas.

Que ansia y que obsesión por saber el día en que nadie lea y nadie recuerde a Oquendo de Amat y vaticina que el único libro de Amat algún día será solamente polvo o nada.

Por tanto, no solamente en la política o en la guerra existe la estrategia del desacreditar al enemigo sino también en la literatura, en el que se minimiza y ridiculiza la obra de algún otro que sobresale, y Vargas Llosa lo sabe a la perfección.

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