martes, 29 de noviembre de 2011

CONDORAQUE, EL LUGAR DONDE LAS AGUAS QUEMAN.



PUNO: PASIVOS AMBIENTALES QUE CONTAMINAN RÍOS Y LAGUNAS DESDE HACE 35 AÑOS. LUGAR DONDE LOS CAMPESINOS ENFERMAN Y LOS ANIMALES MUEREN




Publicado en MUQUI Nº 1 , 29 de noviembre de 2011 (encarte del diario La República)




El agua sana es incolora, inodora e insípida. Pero en Condoraque (Puno), a más de 4600 metros de altitud, donde la atmósfera es de un azul intenso y el viento gélido corta la cara, el agua es de un turbio color anaranjado y el lodo de sus orillas huele a azufre.
No es un fenómeno natural. Es la consecuencia de los más de 30 años de explotación minera de la Compañía Regina Palca 11 S.A, subsidiaria de Avocet Mining ING (con sede en Canadá y Reino Unido) y propiedad del Grupo Arias, en la zona. El visible fruto de la despiadada labor de extracción del tungsteno que necesitaban en Estados Unidos, Europa y Japón (lugares dónde exportaba el 100% del mineral) para poder fabricar los filamentos de sus focos, sus tubos de rayos X, sus municiones para penetrar blindajes o sus palos de golf. Y es que hoy, en Condoraque, el agua ya no es buena para el riego ni para el consumo de los animales. Mucho menos para el de los humanos. Lo dicen los pobladores de la zona.

Los ríos que atraviesan los terrenos de esta comunidad aymara llevan en su seno “aguas muertas que queman”. Y saben de lo que hablan. El líquido elemento, tanto en la laguna Choquene como en los ríos Condoraque, Tocotoco, Putina, Huancané y Ramis, tiene el PH tan ácido que es imbebible. Y no sirve para nada. Tampoco tiene vida, las partículas de mineral que arrastra elevan la temperatura del agua y
disminuyen el nivel de oxígeno. La vegetación a su alrededor aparece quemada. Es, además, altamente dañino.

RÍOS QUE YA NO SE CRUZAN
Las ovejas, tras aplacar su sed en el río, mueren de polio, con los pulmones hinchados. Y las alpacas lo hacen debido a los severos cuadros de diarreas, dejando sus cadáveres un intenso olor a azufre. Las que sobreviven no lo pasan mucho mejor.

Muchas de ellas padecen la pereda, un salpullido similar a la sarna por el que a veces pierden sus pezuñas, que se les desprenden del cuerpo. Curiosamente la insana es la única parte de su cuerpo que tiene contacto con el agua, pues los animales deben atravesar el cauce del río Condoraque en su habitual pastoreo.

Para los campesinos es mucho peor. Ellos también sufren de diarrea, problemas respiratorios, tos, dolores de cabeza y dolores de tipo reumático en las manos y en los pies. Y si quieren tratar sus dolencias deben caminar una distancia de 20 kilómetros hasta la única posta médica de la comunidad, atendida de forma habitual por una enfermera y una obstetra. El médico sólo llega hasta allí una vez el mes.

Menos aún pueden comer carne. Huele a azufre y les enferma. Y no pueden hacer mucho para evitar sus males porque, al no contar con servicios básicos, la única agua que consumen es la de los riachuelos.

UN DESASTRE SIN RESPONSABLE
Que el agua está contaminada es palpable. Pero es un hecho demostrado, además, por un reciente informe de la Dirección General de Salud Ambiental (DIGESA) en base a unas muestras de agua tomadas en el mes de agosto de 2010 en el efluente de la bocamina y la laguna Condoraque, que concluye que las aguas se encuentran impactadas negativamente por altas concentraciones de cadmio, cobre, plomo y zinc que exceden los estándares de calidad ambiental. Una resolución con la que todos -Estado, empresa, minera y campesinos- están de acuerdo, pero de la que nadie quiere hacerse responsable.

La causante de todo, la Compañía Regina Palca 11 S.A, ya no está en la zona desde hace cinco años. Dejó el balón en el techo de la Empresa Minera Sillustani S.A., accionista de MINSUR, que es quien trabaja ahora en las 240 hectáreas de proyecto, gracias a un contrato de compra-venta firmado en abril de 2006. Y es a ella a quien el Estado, como titular de la concesión, le reclama la obligación de habilitar el área contaminada con más de un millón 200 mil toneladas de relaves, que conforman uno de los veinte más grandes Pasivos Ambientales Mineros (PAM) de los más de 5 mil que hay en todo el territorio nacional: El llamado Plan de Cierre para Remediar los PAM, aprobado por Resolución Nº 154-2009-MEM-AAM del 10 de julio de 2009, que a día de hoy aún no se ha puesto en marcha. La Empresa Minera Sillustani ya ha dejado claro que se niega a hacerlo. Entiende el problema, pero alega que al no ser la causante del mismo no es quien debe resolverlo. Es decir, incumple el Plan de Cierre ordenado por el Estado.

Pero le pide al mismo permiso para poder reutilizar y reaprovechar los PAM que no quiere limpiar, pues en los desmontes y en los relaves aún hay minerales que pueden extraer con los que se puede lucrar. Si el 0,60% de cada tonelada de relave, como promedio, es tungsteno, y este está a un precio de 17,600 dólares por tonelada,

Sillustani podría obtener por los PAM de Condoraque una ganancia superior a los cien millones de dólares. Pero de momento no puede. Dos procesos judiciales se lo impiden. Uno administrativo y otro penal.

DENUNCIAS Y APELACIONES
El administrativo llega de la mano del Organismo Supervisor de la Inversión en Energía y Minería (OSINERGMIN), que decidió sancionar por el incumplimiento del Plan de Cierre a la empresa. Una decisión ya apelada por Silllustani que, sin embargo, ha desencadenado la voluntaria suspensión temporal de sus actividades por parte de la minera, al menos hasta que los ánimos se calmen.

El penal, por su parte, responde a una denuncia formal a la Fiscalía Especializada en Materia Ambiental del Distrito Judicial de Puno por el Delito contra los Recursos Naturales y el Medio Ambiente, en su modalidad Contaminación al Medio Ambiente, mediante la cual se solicita que la empresa minera presente el EIA y el Certificado de Viabilidad Ambiental que respalda sus actividades en la zona, así como que cumpla con el Plan de Cierre de los PAM que la Compañía Minera Regina Palca 11 S.A. dejó
hace 35 años. El proceso está en fase de investigación.

Las Naciones Unidas también están enteradas del caso. La Oficina de Derechos Humanos y Medio Ambiente de Puno les informó del mismo en la XVIII Periodo de Sesiones de la Comisión de Desarrollo Sostenible realizada entre el 3 y el 14 de mayo de 2010, y esta le envió un cable a la Dirección General de Medio Ambiente de la Cancillería para que se elaborara un informe sobre el tema. Aún no han obtenido respuesta.

El problema de contaminación de Condoraque ya está en boca de todos. De OSINERGMIN, del Poder Judicial, de Cancillería y hasta de las Naciones Unidas.

Pero en el caso de las 45 familias que viven en esta comunidad aymara de las alturas de Puno el problema, además de en su boca, está en su piel. En sus animales. En sus plantas. En su vida. Porque hoy, 35 años después de que una mina decidiera asentarse en sus territorios sin consultarles para extraer el mineral de sus entrañas, aún no pueden beber el agua de sus riachuelos sin enfermarse. Y nadie parece querer ayudarles a recuperar lo que siempre tuvieron. Un agua incolora, inodora e insípida. Un agua, en definitiva, sana.

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Texto editado por Carolina Martín, con información de Red Muqui Sur (Oficina de Derechos Humanos y Medio Ambiente de Puno, FEDERH Puno, Vicaría de Sicuani, CADEP Cusco, CooperAcción e ISAIAS)

PUNO, REGIÓN POLIMETÁLICA Y AURÍFERA
En los últimos años Puno ha venido experimentando un incremento acelerado de las concesiones mineras. Tan sólo en 2010, casi un quinto de las que se pidieron en todo el país fueron para esta región
del altiplano que posee casi 7 millones de hectáreas de tierras agrícolas, pastos naturales y forestales no agrícolas. La región es una zona polimetálica y aurífera.
Actualmente, el número de concesiones que se tramitan en el INGEMMETPuno es de 2,262 concesiones mineras, entre minería artesanal, pequeño productor minero y de régimen general, ocupando más de un millón de hectáreas de tierra. La presencia de las minas y de sus campamentos, cerca de las comunidades campesinas de la región, vulneran muchas veces los derechos de las mismas, ya que nunca fueron consultadas, así como pone en peligro su salud y su diversidad biológica, ocasionando en algunos casos el desplazamiento de poblaciones enteras.
El riesgo de la contaminación es latente. Muchas mineras abandonan después de los años sus áreas de extracción dejando muchos y peligrosos Pasivos Ambientales Mineros (PAM). Tan sólo en Huancavelica, Apurímac, Ayacucho, Cuzco y Puno existen 152 minas abandonadas que han contaminado las cuencas hidrográficas de estas regiones. Pocas son sancionadas y menos aun cumplen la sanción.
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