martes, 3 de febrero de 2026

PARADOJA ELECTORAL. ELECCIONES GENERALES 2026

 MÁS PARTIDOS, MENOS REPRESENTACIÓN

Por: Jorge Luis Choque

Perú: 16/01/2026

E

l panorama político peruano hacia las elecciones de 2026 presenta una fragmentación sin precedentes en la historia republicana del país. Con un total de 43 partidos políticos inscritos ante el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) y 36 fórmulas presidenciales que han solicitado su inscripción, la oferta electoral se encuentra atomizada al extremo. Estamos ante una paradoja peligrosa, mientras el sistema nos ofrece 36 opciones para elegir, casi la mitad del país no elige a ninguna. Este desinterés —o desafección— se traduce en que hoy el voto de rechazo supera a cualquier candidato, confirmando que la población se siente huérfana de líderes reales. Según mediciones recientes, el voto blanco y viciado alcanza aproximadamente el 24.5%, mientras que la indecisión o el rechazo total a las opciones actuales suma un 43% del electorado. Este escenario no solo dificulta la consolidación de mayorías, sino que sitúa al país en un estado de incertidumbre donde la legitimidad del futuro mandatario nacerá, previsiblemente, de un respaldo popular mínimo en primera vuelta.

Estructuralmente, la crisis de representación se ve agravada por un sistema electoral que, según analistas como Luis Benavente, facilita la participación de figuras con antecedentes cuestionables. La normativa actual, validada por un Congreso con altos niveles de desaprobación, permite que la oferta política esté compuesta por candidatos que muchos sectores consideran "impresentables", alimentando un ciclo de corrupción que ha llevado a siete presidentes a enfrentar procesos judiciales o prisión en menos de una década. Este desajuste entre la oferta política y las expectativas de integridad de la población genera una barrera de desconfianza que impide que las demandas de justicia y bienestar social sean canalizadas a través de las instituciones democráticas tradicionales.

Diario EL COMERCIO
Desde una perspectiva sociocultural, el antropólogo Ramón Pajuelo advierte que el conflicto electoral trasciende lo económico para situarse en el diseño mismo del Estado. Existe un choque fundamental entre propuestas que buscan mantener la lógica de acumulación y exclusión, y sectores históricamente marginados —especialmente en el sur andino— que exigen transformaciones profundas que atiendan la discriminación estructural. La falta de un proyecto ideológico consolidado en las opciones de cambio no disminuye la potencia del "voto de rechazo", el cual podría detonar salidas antisistema o propuestas radicales. El resentimiento social se nutre así de la percepción de que el crecimiento macroeconómico no se traduce en servicios básicos eficientes, sino en el enriquecimiento de una clase política percibida como parasitaria.

En el ámbito macroeconómico, las implicancias de esta volatilidad son críticas. El exministro Luis Miguel Castilla señala que la incertidumbre electoral suele provocar una fuga de capitales y una depreciación del tipo de cambio, similar a lo ocurrido en el año 2021. La desconfianza del inversor, sumada a la debilidad de los partidos políticos, genera un entorno donde el dólar y la inversión privada reaccionan negativamente ante la posibilidad de un gobierno sin cuadros técnicos o con agendas de ruptura económica. Esta fragilidad financiera expone al país a una crisis de estabilidad que podría profundizar la pobreza y reducir aún más el margen de maniobra para cualquier reforma social necesaria.

Finalmente, el escenario hacia 2026 se define como una encrucijada entre la continuidad de un sistema capturado por intereses particulares y la emergencia de una insurrección electoral o social. Mientras el fujimorismo y sus aliados mantienen el control del aparato estatal y el Congreso, la brecha entre la "superestructura" política y la realidad de las masas trabajadoras se ensancha. Sin liderazgos capaces de unificar las demandas de democratización efectiva y reconocimiento de derechos, el Perú se encamina a un proceso electoral donde el mayor protagonista no será un candidato, sino el rechazo consciente a un sistema que parece haber agotado su capacidad de respuesta ante la ciudadanía. <:>

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