MÁS PARTIDOS, MENOS REPRESENTACIÓN
Por: Jorge Luis Choque
Perú: 16/01/2026
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panorama político peruano hacia las elecciones de 2026 presenta una
fragmentación sin precedentes en la historia republicana del país. Con un total
de 43 partidos políticos inscritos ante el Jurado Nacional de Elecciones (JNE)
y 36 fórmulas presidenciales que han solicitado su inscripción, la oferta
electoral se encuentra atomizada al extremo. Estamos ante una paradoja
peligrosa, mientras el sistema nos ofrece 36 opciones para elegir, casi la
mitad del país no elige a ninguna. Este desinterés —o desafección— se traduce
en que hoy el voto de rechazo supera a cualquier candidato, confirmando que la
población se siente huérfana de líderes reales. Según mediciones recientes, el
voto blanco y viciado alcanza aproximadamente el 24.5%, mientras que la
indecisión o el rechazo total a las opciones actuales suma un 43% del
electorado. Este escenario no solo dificulta la consolidación de mayorías, sino
que sitúa al país en un estado de incertidumbre donde la legitimidad del futuro
mandatario nacerá, previsiblemente, de un respaldo popular mínimo en primera
vuelta.
Estructuralmente,
la crisis de representación se ve agravada por un sistema electoral que, según
analistas como Luis Benavente, facilita la participación de figuras con
antecedentes cuestionables. La normativa actual, validada por un Congreso con
altos niveles de desaprobación, permite que la oferta política esté compuesta
por candidatos que muchos sectores consideran "impresentables",
alimentando un ciclo de corrupción que ha llevado a siete presidentes a
enfrentar procesos judiciales o prisión en menos de una década. Este desajuste
entre la oferta política y las expectativas de integridad de la población
genera una barrera de desconfianza que impide que las demandas de justicia y
bienestar social sean canalizadas a través de las instituciones democráticas
tradicionales.
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| Diario EL COMERCIO |
En
el ámbito macroeconómico, las implicancias de esta volatilidad son críticas. El
exministro Luis Miguel Castilla señala que la incertidumbre electoral suele
provocar una fuga de capitales y una depreciación del tipo de cambio, similar a
lo ocurrido en el año 2021. La desconfianza del inversor, sumada a la debilidad
de los partidos políticos, genera un entorno donde el dólar y la inversión
privada reaccionan negativamente ante la posibilidad de un gobierno sin cuadros
técnicos o con agendas de ruptura económica. Esta fragilidad financiera expone
al país a una crisis de estabilidad que podría profundizar la pobreza y reducir
aún más el margen de maniobra para cualquier reforma social necesaria.
Finalmente,
el escenario hacia 2026 se define como una encrucijada entre la continuidad de
un sistema capturado por intereses particulares y la emergencia de una
insurrección electoral o social. Mientras el fujimorismo y sus aliados
mantienen el control del aparato estatal y el Congreso, la brecha entre la
"superestructura" política y la realidad de las masas trabajadoras se
ensancha. Sin liderazgos capaces de unificar las demandas de democratización
efectiva y reconocimiento de derechos, el Perú se encamina a un proceso
electoral donde el mayor protagonista no será un candidato, sino el rechazo
consciente a un sistema que parece haber agotado su capacidad de respuesta ante
la ciudadanía. <:>

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