miércoles, 25 de enero de 2017

MAS SOBRE EL ENEMIGO NUMERO UNO DEL PERU (Continuará)

BOLIVAR Y EL PERU
“La dominación de Santa Cruz fue el instante en el cual las dos naciones gemelas, Perú y Bolivia, parecieron comprender y remediar el error de su separación, y se reu­nieron para constituir una vasta y poderosa república federal. Geográficamente y étnicamente unidos ambos paí­ses, hasta el extremo de que quizá no haya en la historia ejemplo de división más arbitraria, el Alto y el Bajo Perú tienen como profunda base común el indestructible ele­mento indígena, la vieja nacionalidad incaica, sobre la cual se asientan al cabo, y mal que nos pese, como sobresecular cimiento. La organización de los Incas se arraigó y perdura en ellos con fuerza incomparablemente mayor que la que alcanzó en el Ecuador actual, con el que siempre ha sido y es tan flojo y débil, por no decir nulo, el lazo de la hermandad india. Vino a continuar y consolidar ésta la íntima unión colonial, porque durante más de dos siglos y medio de dominación española la Audiencia de Charcas —marco administrativo del cual surgió en la Independencia el estado de Bolivia— estu­vo comprendida dentro del virreinato peruano, del pro­pio modo y con iguales títulos que lo estuvo más tarde en él la Audiencia del Cuzco, y en el mejicano la de Guadalajara. Sólo a fines de la colonia, en 1776, cuando la creación del virreinato de Buenos Aires, fue desmembra­do el Alto Perú del Bajo, y unido a las comarcas del Río de la Plata, con las que no tenía ninguna afinidad natu­ral. Al iniciarse el movimiento de Emancipación todo pa­recía indicar que Charcas se incluiría en la gran nacio­nalidad que había de formarse con el Virreinato de La Plata o, que cediendo a sus históricas tendencias, gravi­taría de nuevo hacia el Bajo Perú, hasta reincorporarse en él. Esto era muy hacedero todavía en 1825; pero Bolívar, hombre funesto para nuestra patria, consintió, con el fin de debilitar al Perú, en la constitución de las provincias altas como una república independiente que llevara su propio nombre para su consagración, del mismo mo­do que había fomentado y realizado poco antes la segregación de Guayaquil. Y así, al paso que reunía en el Norte países tan heterogéneos e inasimilables, como Ve­nezuela y Nueva Granada, para satisfacer su personal ambición megalómana, permitía aquí la separación de lo homogéneo é idéntico, para evitar toda competencia a la Gran Colombia. Quedó Bolivia constituida…”
 “Para los peruanos que conservamos la conciencia de la nacionalidad y de sus seculares destinos, la República Bo­liviana, el Alto Perú, es el país fraterno por excelencia, amada duplicación del nuestro, la hermana predilecta y gemela con quien nos ligan los más íntimos, indestructibles y sagrados vínculos… nuestras patrias son recíprocamente viva prolongación la una de la otra... Los dos Perúes, fueron uno solo en el alborear de las culturas precolombinas, en el magnífico Tahuantinsuyu de los Incas… Las Audiencias de Lima y Charcas eran, entre todas las americanas, las más relacionadas y solidarias entre sí. Y cuando ya en las postrimerías de la edad de la Colonia, en el último cuarto del siglo XVIII, exi­gencias bélicas de remotas fronteras orientales nos separa­ron en dos virreinatos distintos, gobernadores perspicaces y experimentados protestaron con ardor contra esa disgre­gación artificial, que contrariaba evidentes mandatos de la economía y la política. La fuerza de las cosas se sobrepuso a las arbitrarias disposiciones legislativas; y en la Independencia y la época republicana volvieron a reunirse las dos fracciones del gran Perú tradicional, con la Confedera­ción del insigne Santa Cruz, y los tratados, por desgracia efímeros, de Pando y de Terrazas.”
José de la Riva Aguero
“OBRAS COMPLETAS Tomo VII: La Emancipación y la Republica.
Ed. PUCP, Lima 1971 p. 197 y ss.y Págs. 213-214:





“Cuando el Libertador, hace más de un siglo, acogió las ideas de algunos políticos de la época y trazó sobre el mapa una línea que dividiera el Gran Perú, en Perú y Bolivia, —línea que posteriormente pretendió borrar el gran caudillo Kholla Mariscal Andrés de Santa Cruz—, no imaginó siquiera el formidable daño que su actitud causaba, desde todo punto de vista, a una tierra que se hallaba estrechamente unida por los vínculos de la prehistoria, la raza, las costumbres y, especialmente, por el alma de sus pueblos.
No intento profundizar en los motivos que determinaron esa división, que constituye el más grave error de la política sudamericana de todos los tiempos y que tantas y tan funestas consecuencias ha tenido para el Gran Perú. Hoy mutilado, para su cultura, su bienestar político, social y económico… Algún día, — que ojalá no se halle lejano —, aparecerá en el horizonte político de América el gran caudillo que, a manera de cirujano, unirá este cuerpo dividido y mutilado, este Gran Perú partido por el mismo corazón, que en una mitad se llama Perú y en la otra Bolivia, y que en épocas pasadas, hace miles de años, era un país cuya influencia cultural, política y social se extendía a ambos hemisferios…”

Arthur Posnansky
“PASADO HISTORICO DEL GRAN PERU”.

Ed.: Universidad Mayor de San Andrés, La Paz, Bolivia. 1940 p. 7

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