sábado, 14 de marzo de 2015

VISIONES DE PUNO EN 50 AÑOS

VISIONES DE PUNO EN 50 AÑOS
Walter Paz Quispe Santos | LOS ANDES 9MAR15
¿Qué ocurrirá con Puno de aquí a cincuenta años? Esta una pregunta pertinente en nuestros tiempos. Proyectar escenarios futuros de nuestra región implica analizar el presente. ¿Cómo estamos? ¿Cuál será nuestro devenir al ritmo como vamos en la economía regional? Por lo pronto, las cifras no son alentadoras y vivimos la realidad de una región estancada. La visión que tienen muchos sobre la región Puno es que se trata de una sociedad que ha dejado de ser antigua, clásica, primitiva, pero que no ha llegado a incorporarse a la cultura industrial ni mucho menos a la era de la información y el conocimiento. Vivimos sus atisbos.
La agricultura y la ganadería son las que sostienen nuestra economía de la sobrevivencia, una economía paralizada por planes cortoplacistas y falta de visión de los gobernantes de turno, que están más instruidos para estirar la mano y mirar las migajas del canon minero. Sin las precondiciones para un despegue económico, la región Puno no tiene ni clase política ni élites intelectuales, menos económicas. La región Puno es la suma de frustraciones de generaciones sumidas en la sociedad del consumo. Así no somos ni siquiera una sociedad regional en transición. Hace dos décadas atrás las teorías de las etapas del desarrollo económico nos daban algunas esperanzas, ahora ni los chamanes auguran nada para los siguientes cincuenta años.
Hace poco, la Universidad del Pacífico publicó el libro futurológico de ensayos “Cuando despertemos en el 2062”, editado por Bruno Seminario, Cynthia Sanborn y Nicolai Alva, que muestran las proyecciones multidimensionales del país para los cincuenta años. Sin duda, en el texto se ensayan las líneas maestras sobre las que discurren los grandes procesos económicos y sociales. ¿Y cuáles son las nuestras, es decir, en el ámbito regional? No hay nadie, detrás de los tejidos de nuestro desarrollo regional de Puno. ¿Qué hay de nuestros entornos regionales? ¿Se puede hablar de hipercompetencias en la región Puno? ¿Cuáles son las implicancias de la globalización en la región? ¿Cómo convertir las aspiraciones regionales en obligaciones? ¿Cómo pasar de las ventajas comparativas a las competitivas? ¿Hay concentración de la riqueza regional? No, no tienen respuesta. Entérense incrédulos de Puno: nuestra región no tiene ni un plan de competitividad. ¿Y cuál es el futuro de la micro, pequeña y mediana empresa? Sólo los dioses lo saben.
El análisis prospectivo y de estudios del futuro regional son disciplinas relativamente recientes. Estos ejercicios de imaginar de manera razonada el futuro son siempre el primer paso para empezar a construirlo. Pero no hay ni un sentimiento puritano de culpabilidad del Gobierno Regional, al menos para descubrir el subdesarrollo; se sigue, pues, confundiendo la necesidad con la posibilidad. Es urgente repensar nuestras categorías del desarrollo como potencia y posibilidad.
Hay dos tipos de sociedad, una dominante y desarrollada, y otra subdesarrollada (aunque algunos no quieran usar esas categorías) y subordinada, en franca confrontación y competencia. El sujeto de la era del conocimiento y del desarrollo industrial que nos mira a los puneños como primitivos exóticos, pobres y paradisíacos, y por el otro existe el ser puneño que sueña con incorporar a su existencia la estabilidad y los adelantos científico–tecnológicos. ¿Cómo salir de este atolladero de acomplejados?
También hay dos ideas de progreso: la indefinida, perfectible y creciente, muy lenta y pasiva-sumisa a la administración de un centralismo limeño; y la otra, activa, en la que la transformación de la sociedad regional no debe ser sólo estimulada sino provocada y acelerada, a la que ahora la sociología la llama “cambio social”. ¿En cuántos años alcanzaremos un cambio social regional? Ni el plan bicentenario, ni otro plan nos asegura nada para los cincuenta años.
En la lógica de los colegas de la Universidad del Pacífico, ¿Qué ocurrirá cuando despertemos el 2062 en Puno? Ojalá que el 2062 no sea la fotocopia del presente 2015. Y reactualicemos el mito del marginado. Aquel que se encuentra en la frontera de lo aceptable como a lo que está más allá de ese límite, y repitiendo el mismo discurso para subdesarrollados.


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