martes, 12 de junio de 2012

Gobierno Regional de Puno: De la retórica a la gestión


Por: Eland Vera
SER, 11/06/2012
El principal desafío del proceso de regionalización es que puso, pone y seguirá poniendo a prueba a las elites políticas y burocráticas del interior del país. Presidentes, consejeros, gerentes, funcionarios, asesores y profesionales nos confiesan todos los días, a través de su perfomance pública, si están o no preparados para conducir el desarrollo. Cada día, sin darse cuenta, nos recuerdan las consecuencias prácticas del centralismo estatal producido por casi doscientos años de tutela a las provincias, y mucho más si contamos la dominación colonial.
El caso de Puno es una clara demostración, tanto como lo puede ser cualquier otro departamento-región. El entusiasmo electoral cargado de retórica reivindicativa que agita pasiones e ilusiones da paso al encontronazo con la cruda realidad de la gestión pública. No es que falten técnicos calificados que ostenten grados académicos (que parecen títulos nobiliarios), sino que la modesta experiencia en el aparato estatal tiene que enfrentarse con la complejidad socio-política de los procesos, la presión clientelista de los simpatizantes de sus movimientos, los parámetros y estándares del MEF y la odiosa comparación con otros departamentos-regiones que avanzan sin dilaciones.
Huamaní, AQUÍ y el “nuevo” rumbo
Un hecho grafica esta situación. Alcides Huamaní, un correcto ingeniero economista, profesor de la Universidad Nacional del Altiplano de Puno, asumió la gerencia general del gobierno regional en su condición de miembro prominente del movimiento político AQUÍ (ganador de las elecciones regionales) y principalmente como representante de una generación de técnicos calificados comprometidos con el desarrollo de Puno. Un año y tres meses después renunciaba vergonzosamente al cargo como responsable de que ocupemos el último lugar en ejecución presupuestal. Lo preocupante fueron las confesiones posteriores.
Huamaní reconoció las dificultades para constituir un trabajo en equipo debido a las “diferentes formaciones” del entorno de trabajo. Podría suponerse que se refería a diferentes profesiones, niveles formativos, expectativas o intereses. Lo cierto es que era su responsabilidad superar o dado el caso corregir las “diferencias” entre sus colaboradores, ¿acaso no podía? ¿O había fuerzas superiores que le impedían capitanear una gerencia técnica? Lo más probable es que se trataba de compromisos políticos pre-electorales y clientelares que imponían su lugar en el aparato regional. Para confirmar la hipótesis, el presidente regional Mauricio Rodríguez confesó los errores en la elección de profesionales.
Contrariando colosalmente el ideario del movimiento AQUÍ, que planteaba la participación de profesionales puneños (quechuas y aimaras) en los puestos clave, el presidente regional optó por encargar la gerencia regional a un técnico foráneo. Elmer Monteblanco es un economista formado en Argentina, consultor de proyectos públicos, con experiencia en contrataciones con el Estado peruano y manejo de fondos de cooperación internacional; es decir, la antípoda de Huamaní y también de AQUÍ.
¿Más izquierda señorial?
Mauricio Rodríguez ha sido uno de los periodistas radiales con mayor aceptación y credibilidad en la región Puno. Fue conocido en su época juvenil por integrar uno de los míticos grupos folklóricos puneños de música latinoamericana; luego su comprometida vinculación con la iglesia del sur andino le sirvió de back ground formativo y entorno para la acción. Nadie puede dudar que ambos antecedentes lo ubiquen dentro de una postura progresista de clara opción por las mayorías, casi un lugar común para los líderes puneños.
Entonces, jamás llamó la atención su decidido cuestionamiento a las tropelías estatales, la crítica ácida a las actividades extractivas en la región y la colocación del factor cultural como piedra de toque de la actividad política. Al formar su membresía electoral, el Proyecto Político AQUÍ (Aymaras y Quechuas Integrados), el desborde afirmativo de algunas ideas que apostaban por la reivindicación de la identidad etnocultural se mostraba mucho más elaborado que anteriores dispositivos de retórica política como el federalismo de Hernán Fuentes o el autonomismo de David Jiménez.
Grande fue la sorpresa cuando los pergaminos y los antecedentes colisionaron con un hecho definitivo. La inconsistencia y debilidad frente al levantamiento antiminero en las zonas norte y sur. Rodríguez, sencillamente, no dio la talla. Ni para un lado, ni para el otro. Walter Aduviri se enseñoreó como el líder antiminero y en la práctica sus acciones lo colocaron por momentos como el “presidente de facto” de Puno. El discurso postmoderno (al menos eso creíamos) que encumbra la acción política como sinónimo de pueblos indígenas que era el baluarte de Rodríguez quedó desinflado. Luego de las evidencias, se confirma que la retórica “culturosa” era una impostación. El movimiento AQUI, el delirante federalismo de Fuentes y MARQA (movimiento del ex presidente Jiménez) terminan siendo manifestaciones de lo mismo: cultura política señorial de neo-caciques entornillados en el corto plazo y la argolla clientelista.
El horizonte cerca al cielo
Podrán exhibirse buenas y fundamentadas intenciones, obras de infraestructura (tan necesarias y apreciadas por los ciudadanos de los departamentos-regiones), cambios de timón (así traigan abajo el ideario político), generosa publicidad política enfocada en el caudillo paternalista y hasta nuevo escudo y bandera como estrategia simbólica de integración; pero lo que queda claro es que la población de Puno, como tantos otros departamentos-región, vive en medio de elevadísimas expectativas de desarrollo y sus líderes requieren de una abundante dosis de visión de largo plazo y reacción ante la coyuntura.  
Solo que a veces el largo plazo es confundido con ensoñaciones románticas que nada tienen que ver con el rumbo claro y contundente que merecen los peruanos más peruanos de la patria. Ponerse al frente del censo agropecuario, desear comodidad y alegría a los burócratas regionales, marchar por la cultura de prevención de sismos (tan poco probables en el altiplano), participar con mesura en los rituales del poder y apostar por la cultura del Buen Vivir son acciones loables y bonachonas, pero la dedicación nuclear son los proyectos estratégicos (el lugar común más exigido por el sentido común). Ese debe ser el pan diario de Mauricio Rodríguez si quiere entrar en la historia, pues, valgan verdades, entre el señorial y mañoso Jiménez y el delirante Fuentes, el actual presidente regional performa la silueta más cercana al líder democrático.
En el caso de la coyuntura, al parecer la información calificada y estratégica que requiere el presidente regional para decidir, se encuentra filtrada, desordenada y en los volúmenes inapropiados. En el fondo es el asunto de asesores, funcionarios y militantes de la membresía AQUI. Tal vez el desafío más grande de Rodríguez y de sus (pocos) colaboradores sensatos es lidiar desde adentro. Quebrar algunos usos y costumbres de la política puneña (y peruana por extensión) que coloca por encima de todo los dones y contradones clientelares, la práctica del patrimonialismo cuando se alcanza la cúspide del poder y la tentación omnipresente de la corrupción. Todas manifestaciones de una mentalidad de corto plazo alojada en la cotidianeidad de la micropolítica puneña, tan ansiosa de puestos de trabajo y tajadas para los parientes, compadres, ahijados, simpatizantes y tantos otros que conforman la argolla. Aquí se impone una sólida argumentación ante el entorno y el ejemplo propio.
El desafío siempre será enorme, pero los ciudadanos puneños son generosos dando oportunidades y reconociendo los logros cuando se alcanzan con las manos limpias y pensando en las futuras generaciones. Rodríguez tiene todo servido, pese a los recodos en el camino, depende de él transitar de la retórica a la gestión. Eso esperamos.
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Artículo publicado en la revista CABILDO ABIERTO Nro 64. Junio 2012. Puno. Asociación SER.
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