domingo, 5 de julio de 2015

ACTUALIDAD Y OPINIÓN

GROBER CUTIPA ARRASA SINTONÍA
CUENTA HISTORIAS EN QUECHUA Y AYMARA
LOS ANDES 7JUN1515.- Pocos citadinos saben que el auténtico fenómeno radial de los últimos tiempos son los dramas sonoros hablados en quechua y aymara, cuya audiencia, en sus mejores momentos, solo es superada por los noticieros de alcance regional.
El enorme éxito de producciones que tienen como tema la vida de Pedro Vilcapaza, Úlico, las historias basadas en la vida de Manuel Z. Camacho, el educador José Antonio Encinas y una gran cantidad de cuentos andinos, es indudable.
En sus mejores momentos, su sintonía solo es superada por el de los noticieros regionales, tal como se comprobó en algunos estudios de audiencia. Notando su preferencia, los comerciantes no dudaron en piratear estas producciones y algunas emisoras del medio rural también las difundieron, muchas veces sin la autorización de sus productores.
El secreto de su sintonía lo tiene el productor radial Grober Cutipa Huarcaya, un hombre tímido, amante de la literatura, que elude preguntas personales; pero que cuando uno le pregunta sobre cómo se arman sus historias, se abre y le sobran las palabras.
¿Cómo logra conquistar a las audiencias? Será tímido, pero se le nota seguro: “Si hay buena investigación, entonces la historia va a ser buena”. Claro que uno debe saber encantar a los que escuchan. El sexo y el humor siempre van a jalar”, explica.
Por ejemplo, en su historia sobre Pedro Vilcapaza, me cuenta, el atractivo también estaba en que la esposa del héroe era codiciada por muchos terratenientes. “Eso debe haber en una historia, de lo contrario nos sale un documental o un reportaje y las personas se aburren”, refiere.
En “Úlico”, narró la historia de un joven proveniente de un pueblo que estudia en la universidad, pasa una serie de aventuras y regresa a su pueblo, donde logra el éxito. Como todo personaje, Úlico es una uma de varias personas y un poco de él mismo, también, pues, al acabar la universidad, muchos jóvenes se preguntan qué hacer y a dónde ir.
Esas preguntas se las hacía en 1999, cuando luego de culminar sus estudios en Ciencias de la Comunicación, se integra a radio Onda Azul como practicante. Desde niño era aficionado a las radionovelas producidas por San Gabriel de Bolivia. ¿Por qué no se puede hacer eso aquí?, se preguntaba, y él mismo se respondió, grabando la historia de Manuel Z. Camacho, su primera producción en esa emisora.
Luego de mudarse a Radio Pachamama, produjo la historia de Pedro Vilcapaza, una de sus producciones más ambiciosas. Fueron 5 años cocinando la historia, investigando, escribiendo. Se necesitaron alrededor de 50 personas que prestaron su voz a distintos personajes. Fue difícil hallar la voz del héroe, pero finalmente un rondero dio la talla. 150 mil nuevos soles fue el presupuesto y su éxito fue rotundo.
Las ficciones tienen el poder de crear identidad, producir convicciones e influir en la creación de un lenguaje, porque todo ello se da mientras uno se divierte y no se da cuenta en absoluto.
“En mis producciones contrabandeo mensajes y siempre le pongo algo comercial. No puedo cometer el error de hacer algo 100% educativo. Tengo que poner algo que le gusta a la gente, pero de contrabando; hay mucha ideología, mucho de lo que pensamos”, dice Grober, quien en su reconocimiento habló de realizar una película. A lo mejor se anima y se la regala a su público

JÓVENES MIGRANTES DEL SUR ANDINO Y NUESTRA IDENTIDAD CULTURAL
Roxana M. Carpio Almonte | LOS ANDES 3 JUL15
Un (a) joven de nuestro sur andino amazónico, que migra –por ejemplo- a Lima y empieza sus estudios en la Universidad Católica, tiene dos opciones en cuanto a su identidad cultural: la primera, enorgullecerse, reafirmarse y caminar con los suyos, es decir, con los elementos culturales propios de su lugar. La segunda opción es negar y avergonzarse de su propia cultura, para perderse entre los demás, imitando la vestimenta, la música, la alimentación, etc. Del mismo modo, desde esta segunda opción, dar la negación de su lengua quechua o aymara, aplicando así un proceso de cambio cultural contundente. Esto es a lo que llamamos pérdida de identidad cultural.
Esta segunda opción es elegida y practicada por muchos jóvenes migrantes. Es una percepción del día a día que tengo como joven universitaria. Y no se trata de culparlos, sino de encararnos con una realidad que tenemos que enfrentar y superar.
Desde algunos conceptos del antropólogo Enrique Rivera Vela, tengo por conclusión que la pérdida de identidad cultural en los jóvenes migrantes nace, básicamente, por un trabajo pobre en el desarrollo de sentimientos de pertenencia hacia su cultura originaria. Entonces, este ‘encontrón’ que se da de la zona rural a la urbana -en el caso de nuestra región Puno- se torna más alienante, claro, con la compañía clave de medios de comunicación (más que todo la televisión), la globalización de la cultura occidental, una educación alienante y
otros.
No es pretender ser fundamentalistas en cuanto a nuestra cultura, pero tampoco debemos ser unos alienados. José Luis López, en Cuadernos Interculturales “Caminar”, afirma que la adaptación se debe considerar positiva, en tal sentido que pueda adaptarse en otro ambiente, pero sin perder la identidad cultural propia, sino considerarla como una oportunidad de vivir la interculturalidad. Vale decir, ‘adaptar’ nuestra cultura a distintas situaciones.
Ante todo lo sustentado, los jóvenes debemos caer en cuenta de que la identidad cultural no es vana y de que tiene, más bien, un papel trascendental en el desarrollo de nuestros pueblos. Sencillamente, no queramos ser flores sin raíces, porque moriremos sin haber dado los frutos que necesitan los nuestros.
El escritor Amin Maalouf, en su ensayo “Identidades Asesinas”, señala que: “la identidad no viene dada de una vez por todas, sino que se construye y transforma a lo largo de la existencia”. Si los jóvenes andino-amazónicos, en menor o mayor cuantía, hemos perdido nuestra identidad cultural, tomemos en cuenta que la identidad es un proceso moldeable que debemos reconstruir con firmeza, tomando en cuenta que lo nuestro vale tanto como lo otro. ¡No podemos permitir que nuestra cultura sea ninguneada y mucho menos por nosotros mismos!

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