sábado, 28 de marzo de 2026

ESTAMPAS DEL ARTE POPULAR MUSICAL Y COREOGRAFICO EN PUNO

 LA HERENCIA DANCISTICA Y MUSICAL NEGRA EN EL ALTIPLANO PUNEÑO

LOS "PHUSA-MORENOS" Y "SIKU-MORENOS"

Ignacio Frisancho Pineda

En, NEGROS ESCLAVOS EN EL ALTIPLANO PUNEÑO, Lima, 2002 pp 142 y ss.

M

ás de tres siglos de permanencia y trajín, por las heladas pampas del Altiplano Puneño, las cresterías de las cordilleras que lo circundan y por los valles trasandinos de las provincias de Sandia y Carabaya tenían que dejar, y dejaron, la impronta de su permanencia o de su paso por toda la región del Altiplano del Titicaca. Esto es más notorio en el lado boliviano donde aún existen un buen número de descendientes de los antiguos esclavos.

Debemos tener en cuenta que, desde su inicio, la presencia de los negros era muy notoria en medio de la gran masa de nativos "indios'', más aún porque algunos de estos negros resultaron, para sus dueños, sus personas de confianza que les servían para controlar el trabajo de los indios y de los esclavos comunes, tanto en las minas, las sementeras, el recojo de la coca en los "Yungas", los obrajes donde los nativos, particularmente las mujeres, eran encerradas y obligadas a hilar lana para confeccionar los tejidos y la ropa, y otras actividades, dándoseles el nombre de "Caporales" o "Capataces", desempeñando las tareas propias de un hogar: como mayordomos, cocineras, amas, carpinteros, gasfiteros, etc., etc.

Enamoradizo, a falta de mujeres de su mismo color, muchas de las cuales eran amantes de sus amos, buscaban y encontraban en las indias nativas un sustituto amatorio, procreando "zambahigos o zambaygos" además de los mulatos hijos de los españoles.

A los negros que iban llegando y asentándose, con sus amos, en los pueblos y lugares de trabajo del Altiplano Puneño, el nuevo paisaje les resultaba todo lo contrario a lo que ellos estaban acostumbrados. De una naturaleza exuberante en que habían nacido se encontraron con dilatadas pampas sin bos­ques, con una exigua vegetación de pequeños pastos que servían de alimento a los numerosos hatos de llamas, alpacas y vicuñas que allí habitaban.

Sin embargo, encontraron que los andinos eran amantes de la música y las danzas. Que cada pueblo poseía danzas y música diversas y variadas. Pero los instrumentos musicales que uti­lizaban: quenas, pinquillos, tarqas, pututos y, sobre todo, las flautas de Pan, llamadas por los pobladores de las zonas que­chuas "phusas" mientras que en las zonas de población aymara se las denominaba "sikus", no se asemejaban a los que ellos estaban acostumbrados a usar, exceptuando los tambores y los bombos o "Wankaras" que sí podían reproducir el rítmico “"tun tun tun", o el "tam tam tam", tan agradable a sus oídos y tan apropiado para llevar el compás de sus danzas, con un acompañamiento musical casi siempre monótono y de no muy rica melodía.

La afición extrema de los negros a sus danzas casi siem­pre eróticas y voluptuosas, desde siempre, ha sido reconocida. Y, para confirmar ésto, bástenos reproducir un par de frecuen­tes apreciaciones: así, José Luis Lanuza en su testimonial li­bro "Morenada" (1), escribe, quizás exagerando un poco aunque no mucho, refiriéndose a los negros:

"Por cualquier lado que vayan, llevan su música y sus bailes, porque los negros y su batuque son inseparables. Bailan para alegrarse, para diluir su desesperación. Aún encadenados en el barco negrero, bailan.

Arreados como recua de animales, cantan. Cantan para acompasar el movimiento de los remos. Cantan para acompañar el trabajo. Antes de pelear bailan. Si están descansados, bailan. Y si están cansados bailan para descansar. Bailan para evocar a los demonios y para ahuyentarlos. El baile es una manera de rezar. Si están de duelo, bailan. Bailan para enamorar. Bailan porque sí. Su lenguaje es el baile.

"Por cualquier lado que vayan, el aire se puebla de extrañas percusiones, ritmos apenas entendidos, que pueden transformarse de pronto en movimientos. Toda América se va llenando de sus ruidos y de sus gestos. Desde el Misisipi hasta el Río de la Plata. En el centro de las selvas y en las orillas de las ciudades. En todas partes resuenan sus instrumentos, traídos de lejos o improvisados en el continente. Suenan las maracas y las marimbas en los candombes."

Phusa morenos en Juliaca 1930
Por otra parte nos recuerda, el mismo Lanuza, las impre­siones que tuvo el cusqueño don Calixto Bustamante, autor del "Lazarillo de ciegos caminantes desde Buenos Aires hasta Lima", allá por el año de 1773. Nos dice que las estridencias y los ruidos de los negros lo irritaron. Debió oírles cerca del Cuzco (o de Puno), porque a esa altura de los capítulos intercala su conocida descripción. ¿0 es que allí oyó a los indios, y por contraste agrega a la descripción de su música la referencia a la de los negros?. Dice:

"Las diversiones de los negros bozales son las más bár­baras y groseras que se puede imaginar. Su canto es un aúllo. De ver sólo los instrumentos de su música se inferirá lo desa­gradable de su sonido. La quijada de un asno, bien descarnada, con su dentadura floja, son las cuerdas de su principal instrumento, que rascan con un hueso de carnero, asta de buey u otro palo duro, con que hacen unos altos y tiples, tan fastidiosos y desagradables que provocan a tapar los oídos o correr a los bu­rros, que son los animales más estólidos y menos espantadizos. En lugar del agradable tamborillo de los indios, usan los ne­gros un tronco hueco y a los dos extremos les ciñen un pellejo tosco. Este tambor lo carga un negro, tendido sobre su cabeza, y otro va por detrás, con dos palitos en la mano, en figura de zancos, golpeando el cuero con sus puntas, sin orden y con el solo fin de hacer ruido."


Se le escapaban, sin duda, los ritmos negros al cuzqueño, que completa su descripción despectivamente:     

"Los demás ins­trumentos son Igualmente pulidos, y sus danzas se reducen a menear la barriga y la cadera con mucha deshonestidad, que acom­pañan con gestos ridículos, y que traen a la imaginación la fiesta que hacen al diablo los brujos en los sábados."

En esta misma época, mediados del siglo XVIII, que está dentro del período de mis investigaciones, tal como lo comenta el mismo Lanuza (2), el Benedictino francés Antonio José Pernetty, detalla la coreografía de una danza africana de 1763 o 64, en los siguientes términos:

"…Hay, sin embargo, un baile muy entusiasta y lascivo que se baila algunas veces en Montevideo; se llama calenda, y a los negros lo mismo que a los mulatos, cuyo temperamento es fogoso, les gusta con furor. Este baile ha sido llevado a América por los negros del reino de Ardra, en la costa de Guinea."

"La calenda se danza al son de instrumentos y voces. Los actores se disponen en dos líneas, la una frente a la otra, los hombres cara a cara con las mujeres. Los espectadores ha­cen un círculo alrededor de los danzantes y de los instrumen­tistas. Uno de los actores canta una canción cuyo refrán es repetido por los espectadores, que baten palmas. Todos los danzantes tienen los brazos semilevantados, saltan, dan vueltas, hacen contorsiones, (...), se aproximan a dos pies los unos de los otros, y retroceden a compás, hasta que el son del instrumento o el tono de la voz les advierte que deben aproxi­marse de nuevo. Entonces se golpean el vientre los unos contra los otros dos o tres veces seguidas, y se alejan después ha­ciendo piruetas para recomenzar el mismo movimiento con gestos sumamente lascivos, tantas veces como les indiquen los instru­mentos o las voces. De tiempo en tiempo entrelazan los brazos y hacen dos o tres vueltas, persistiendo en sus golpes de vientre y en darse besos, pero, sin perder el compás."

En el Altiplano del Collao, a inmediaciones del gran Lago Titicaca, al faltar o ser escasos los materiales para cons­truir sus instrumentos musicales, por no tener a la mano los gruesos troncos que ahuecados producían el básico Tan tan o tum tum, ni cocoteros de los cuales obtener los cocos para, golpeándolos unos con otros, llevar el compás de sus bailes, se vieron seducidos por el danzar de los grupos de "phusiris" y "sikuris" andinos, aprendiendo a tañer las antaras,      phusas o sikus y también la técnica de componer piezas musicales en base a estos instrumentos.

Es así como, en los pueblos y ciudades de cierta importancia, como fueron, por ejemplo, la Ciudad de Chucuito y la Vi­lla de Puno, donde había buen número de esclavos negros, y de morenos hijos de blancos con negras o de negros con indias, y esclavos libertos, se fueron formando grupos de músicos y danzantes de "PHUSA-MORENOS" y de "SIKU-MORENOS, que sallan, en las grandes fiestas religiosas a competir con los grupos de "PHUSIRIS" y "SIKURIS".

Analicemos un poco las diferencias entre estas dos clases de agrupaciones dancísticas y musicales.

LOS "PHUSA-MORENOS" Y "SIKU-MORENOS"

Origen de la Danza   

En sus inicios, en la Época Colonial, eran agrupaciones de músicos danzantes, "negros" y "morenos" tañedores de "phusas" o "sikus", "zampoñas" o "antaras" que, con todos estos nombres se conocen estos instrumentos musicales, conformados por cuatro, cinco o más cañas, y de diversos tamaños según el tipo de melodías que hayan de ejecutar los músicos.

Estas agrupaciones de músicos danzantes, en las principa­les fiestas religiosas solían rendir su homenaje a los Santos Patronos de los pueblos, sirviendo de acompañamiento en sus procesiones, compitiendo con los nativos conjuntos de "Phusiris" y "Sikuris".

El hecho de haber ignorado, nuestros folklorólogos y aún nuestros historiadores, el intenso comercio de esclavos que hubo, en la época colonial, en la región del Altiplano Puneño, pues, por primera vez dí a conocer el intenso comercio de es­clavos negros que hubo en la región del Altiplano Puneño, que tuve la oportunidad de investigar, y cuyos resultados los da a la publicidad en mi pequeño folleto "Negros en el Altiplano Puneño" -(Edit. Samuel Frisancho Pineda - Puno - 1983), que salió en tiraje muy limitado, siendo aún ahora muy poco conocido, ha permitido, a quienes lo han leído, comprender este co­mercio evitando malinterpretar el origen de nuestras danzas altiplánicas de origen negro, como se ha venido haciendo.

Así, para Portugal Catacora, las danzas de los "Morenos”, la "Morenada" y aún la "Diablada", "en el fondo son la misma danza que tiene diversos nombres" (3); Leónidas Cuentas Gamarra (4), distingue con muy buen criterio la diferencia que hay entre "Siku-morenos" y "Morenada", pero sin atreverse a indi­car su origen; Américo Valencia Chacón evade, también, inter­pretar el término "moreno", debido a que hasta que yo pude encontrar suficientes documentos sobre el intenso comercio de esclavos que hubo en la antigua Villa de Nuestra Señora de la Concepción y San Carlos de Puno, nada se sabía al respecto, pero indica algunas valiosas diferencias de los "Siku-Morenos" , citadinos, con los "Sikuris" o "Phusas" de las comunidades campesinas. (5)

Valencia Chacón nos dice:  

Siku morenos
"Los phusamorenos son denomina­dos también sikumorenos, mistisicus y zampoñadas. Aunque es posible que estos conjuntos de sikuris precolombinos que se especializaban en música más ligera y menos ceremoniosa, apta para la diversión en las fiestas; lo cierto es que en la actualidad, estos conjuntos han sido adoptados por los mistis (mes­tizos) o vecinos de los pueblos, y constituyen, por lo tanto la expresión mestiza del uso del siku altiplánico. Es posible que antaño, los sikuris primigenios campesinos fueran emulados por los habitantes de los pueblos, mestizos e indígenas urba­nos que conformaron sus propios conjuntos, dándoles su sello característico que podría en la actualidad resumirse en lo siguiente: 1. reducción del tamaño de los sikus, 2. Reducción del número de sikus usados, 3. Reducción del número de bombos, 4. Inclusión de otros instrumentos de percusión, 5. adopción de una vestimenta de gala, y 6. inclusión de un cuerpo coreográfico”.

Las características que anota Valencia Chacón confirman mi tesis sobre el origen negro de los "Phusa-Morenos" y 'Siku -Morenos". En efecto, los negros y "morenos", en la época co­lonial, Vivian en los pueblos y ciudades, unos como miembros de la servidumbre en las casas de sus amos y otros como los zambos y negros libertos, ejerciendo diversos oficios. Ellos, como ya lo dijimos, aprendieron a tocar las zampoñas o sikus y formaron sus conjuntos, prefiriendo tañer los sikus más pequeños, por ser más apropiados para sus pulmones, todavía no bien aclimatados a los cerca de 4.000 metros sobre el nivel del mar, sobre todo debiendo tocar y danzar al mismo tiempo, durante casi todo el día, como acostumbran los conjuntos altiplánicos.

Como bien observa, Valencia Chacón, la primera caracte­rística anotada funciona como interesante índice de mestizaje del conjunto, pero no entre mestizos e indios citadinos como él cree sino entre negros citadinos e indios campesinos, de ahí que, los sikus utilizados serán más reducidos por requerir menos esfuerzo, lo cual tiene que ver, también, por supuesto, con el movimiento más ligero y alegre de la música.

La reducción del número de sikus utilizados es probable que haya ocurrido debido al no muy grande número de negros o morenos" tañedores, disponibles para La conformación de estos conjuntos.

La tercera característica, es decir la reducción del número de bombos, debe haber tenido la misma razón anterior.

La inclusión de algunos otros instrumentos de percusión fué, a no dudarlo, consecuencia de la natural inclinación de los negros y "morenos" a este tipo de instrumentos musicales que sirven mejor para llevar en ritmo.

Atuendos

La adopción de una vestimenta de gala (trajes de toreros o algunos de la nobleza española) se debió a que como estos conjuntos de "siku-morenos” o "phusa-morenos) tenían el apoyo de sus amos o patrones, éstos para mantener su "estatus" que­rían que ellos se lucieran de la forma más elegante posible.

Mientras que los conjuntos de "Phusiris" y de "Sicuris" vestían sus trajes autóctonos, los grupos de "Phusa-Morenos" y "Siku-Morenos", con el apoyo de sus amos españoles, que que­rían, como ya dijimos, demostrar y mantener su estatus social, vestían trajes de luces de toreros o trajes de nobles españo­les, todo bordados con hilos dorados y plateados, incluso con el agregado de falsas joyas, con sus sombreros adornados con grandes plumas de colores (probablemente éstos eran trajes que estaban a medio uso o destinados para ser desechados pero que eran arreglados para el lucimiento de los esclavos, lo cual redundaba en el lucimiento de sus amos).

Por otro lado, como ya vimos, en el siglo XVIII, había un buen número de esclavos libertos y zambos y mulatos ricos, gracias al apoyo de sus padres, muchos de ellos hidalgos, y su habilidad en ciertos oficios y trabajos. Así que, cuando ellos eran quienes formaban sus comparsas trataban de igualar o superar en elegancia a los conjuntos formados por esclavos con el apoyo de sus amos.

La inclusión de un cuerpo coreográfico adicional al de los músicos danzantes, considero que fué bastante posterior, comenzando por las figuras del "Viejito Encomendero Español" y del "Viejo Negro Caporal" muy elegantemente vestidos pero llevando en sus diestras sendos zurriagos como símbolos de su poder.

Siku morenos JUVENTUD OBRERA, Puno 2010

Personajes y Coreografía

Los únicos personajes que, en sus inicios, intervenían en la danza eran los propios músicos danzantes, con sus trajes de luces como ya dijimos, guiados en sus movimientos y evolucio­nes coreográficas por el cabeza de grupo que era quien ordena­ba las correspondientes evoluciones, ya sea formando círculos o filas ondulantes.

Al integrarse algunas otras figuras, como la de los viejitos, éstos bailaban al compás de la música que se ejecutaba que, en general eran "Wayños" sikurianos, de origen aymara o quechua según la región en que actuaban.

El "Viejo Encomendero Español", es la representación de los dueños de encomiendas y haciendas. Señores de horca y cu­chillo. Está representado con su costoso y elegante traje de levita, todo recamado con hilos plateados. Sus manos llevan guantes blancos y en su diestra sostiene un gran zurriago de cuero trenzado o algunas veces un fuete. Su máscara representa un rubicundo español: viejo, bigotón, ya con arrugas, cuyas facciones no han sido mayormente deformadas.

El "Viejo Negro Caporal", representa a un negro "caporal" controlador del trabajo de los indios, que a pesar de ser esclavo tenia mando sobre ellos que no lo eran. Se supone es un es­clavo de mucha confianza del encomendero, que gozaba de gran aprecio por parte de éste, pues, su traje es casi tan elegante como el de su dueño. Su máscara, que es una caricatura, resalta las principales características de los rostros de los negros. Sostiene entre sus labios, grandemente deformados, de modo que su labio inferior le rebalsa de la boca hasta cubrir toda su mandíbula inferior, una pipa, recordándonos la gran afición que tenían, y aún tienen los negros, a fumar ciga­rros. En su mano derecha, igual que el encomendero, sostiene un gran zurriago, con que solía exigir un mayor rendimiento en el trabajo de los indios.

Ambito geográfico

El area geográfica en que mayormente se presentan los conjuntos de "Phusa-Morenos" y "Siku-Morenos" son las provincias de Puno, Chucuito, Huancané y Lampa, que justamente fueron las provincias de mayor población de negros y morenos.

ENFOQUES SOBRE EL PROCESO ELECTORAL EN CURSO

 EN LA RECTA FINAL

Por Gustavo Espinoza M.

 A pocos días de los comicios nacionales de abril, cabe formular algunas apreciaciones, no con el ánimo de inducir el voto, sino tan sólo con la idea de ayudar a los lectores a reflexionar en torno a los retos que tenemos por delante. Veamos:

 Objetivamente, y aunque parezca una exageración desmedida, podemos afirmar que entre los 36 candidatos presidenciales, no encontramos uno que garantice un cambio real y sustantivo en la sociedad peruana.  Quizá eso explique la duda que fluye de las encuestas, y que marca un porcentaje inusualmente elevado.  

La chicha está fermentando
Aun la gente no sabe por quién votar, aunque el grueso del electorado sí sabe contra quién votar. En otras palabras, se afirma el voto en negativo porque los peruanos repudiamos a unos, pero no confían lo suficiente en nadie que asome hoy en el escenario nacional. Y es que la experiencia vivida, ha sido dura. El hecho -lamentable, por cierto- no nos exime de la responsabilidad de votare, y lo haremos por alguien que no represente los intereses de la Mafia.  

 Hay que considerar que este proceso eleccionario se desarrolla en el marco de una violencia particularmente aguda: el incremento del sicariato y la extorsión, el crimen institucionalizado, y también la impunidad. Este rasgo no es nuevo. Asoma en el contexto de todos los procesos. En los anteriores, era el terrorismo, el que levantaba la cabeza para intimidar a la ciudadanía. Y entonces asomaban los “antiterrorista” que pedían todo: la pena de muerte, la cadena perpetua, el exterminio de los terroristas- Y. sobre todo “el orden”. La lucha antiterrorista se convertía en una bandera altamente rentable en materia de votos. Y usualmente acumulaba más preferencias el que ofrecía acabar con estos especímenes de la violencia en el más corto plazo.

 Acabado el proceso, se atenuaba el tema, aunque no desaparecía del todo. Parecía que los terroristas levantaban temporalmente su tienda para volver a abrirla en los próximos comicios.  Y entonces asomaba una tregua. En víspera de la nueva elección volvía y casi con idéntica figura: un choque armado en el VRAE con uniformados muertos. “Sendero vive” era el aullido de la Mafia.  

 Como esa imagen ya fue usada más de una vez, ahora asoma con una modalidad cambiado. Ya no son necesariamente los “terroristas”, sino más bien los sicarios y los extorsionadores, que se valen de motos lineales, disparan a mansalva, matan choferes, cobradores y transeúntes, y asustan a toda la sociedad porque sus acciones resuenan en los medios con persistencia creciente.

 La policía nunca está. Siempre llega después, y captura a cualquier “sospechoso” al que presenta espectacularmente como cabecilla de una “banda” siniestra. En los últimos 36 meses ya se deben haber “desmantelado” más de 1800 “bandas” gracias a la extraordinaria labor policiales, según nos dicen. Pareciera que el Perú es fabricante de bandas delictivas dado que el “modelo” neoliberal no nos permite producir ni siquiera un tornillo.

 Los debates electorales han servido para que se presenten propuestas -y no programas-. Ellas han servido para conocer realmente a esos candidatos.

 Rafael López Aliaga, por ejemplo, ha tenido una idea general: reducir los ministerios a 6. Es decir, cerrar 12 ministerios porque “no sirven”. ¿Nadie le ha dicho que eso implicará el despido de un millón de trabajadores? ¿A dónde irán? ¿Al comercio ambulatorio, o al mercado de taxistas?  El promotor de esta “idea” debe pensar en su mamá porque ese millón de nuevos despedidos se la habrán de recordar varias veces cada día. Es lo menos que le podría ocurrir.

 Ronald Atencio, ha tenido otra brillante idea: ha propuesto crear un Escuadrón de Aniquilamiento para acabar con los delincuentes. Y lo ha dicho muy orondo: habrá de reclutar a los 500 más destacados policías para convertirlos en asesinos de la noche a la mañana. Y para no quedarse en pequeño, estará él a la cabeza de ese “comando de aniquilamiento”. ¿Sabrá lo que está diciendo? Un Comando de aniquilamiento lo que hace es aniquilar, es decir, matar a los que tiene al frente. Así fue el Grupo Colina, aunque Atencio diga que no será igual.

Nieto. Apunta a la segunda vuelta
 Los candidatos han evitado referirse a la Política Exterior -que es facultad del presidente de la República-. Puestos en la disyuntiva varios de ellos se habrían mostrado como son: áulicos de Trump. Habrían justificado el atentado alevoso contra la Soberanía de Venezuela y el secuestro del Presidente Maduro y su esposa Celia Flores, Y hasta “justificado” el bloqueo genocida contra Cuba.  Pero ¿Los de izquierda?  ¿Han dicho algo?. Es bueno recordar, sin embargo, que no se necesita “ser rojo” para defender la soberanía de un Estado, la Independencia de una Nación o los derechos de un pueblo. Basta tener sentido común y no ser sirviente del Imperio.

 Por lo pronto, López Chau, en enero atacó a Venezuela y a Maduro, al que proclamó “dictador”, como lo llamarían a él si ganara las elecciones y quisiera dar un paso -siquiera uno- a favor del pueblo. Pero no se atrevió a llamar dictador a Donald Trump que inició una guerra salvaje contra Irán sin siquiera informar de eso al Senado de su país, y que busca hundir a Cuba en el mar con todos sus habitantes.  

 Luego, en cambio, tuvo otro desliz descomunal. Hablando de dictadores, puso en ese saco a Hitler y Stalin. Ni siquiera reparó en él mismo, en su propia existencia.  Ël, está vivo porque Stalin ganó la II Guerra Mundial. Si Hitler hubiese ganado, ni López Chau ni sus padres ni sus hijos estarían con vida. Habrían sido reemplazados por una estirpe germana que habrían “recuperado” estas tierras para su raza selecta.

López Chau tiene sus méritos, como los tiene Atencio, Sanchez o Jorge Nieto. Y en sus listas parlamentarias hay algunos que valen. Pero hay que buscarlos. En realidad, estos candidatos presidenciales no saben lo que dicen. Y muchas veces dicen cosas no porque crean en ellas, sino simplemente porque alguien les dijo que eso “electoralmente les ayuda”, les “da votos” , o “para que no les digan rojos”. Es el oportunismo, el que habla, no la convicción.

 En este contexto es difícil orientarse. En primera vuelta hay que impedir caer en la trampa. Ninguno de la Mafia vigente debe pasar a segunda vuelta y menos ganar los comicios. En la recta final habrá que despejar el camino echando la basura en la basura como se dijo cuando cayó la dictadura.  El pueblo tiene memoria. <+>

viernes, 27 de marzo de 2026

PROCESO ELECCIONARIO 2026: PRIMER DEBATE PRESIDENCIAL

 PENAS DE MUERTE

César Hildebrandt

M

En HILDEBRANDT EN SUS TRECE Nº 775, 27MAR26

e pongo a tono con la retórica patibu­laria de los debates: pena de muerte para los idiotas.

Pido más, guadaña en mano, babean­do de gusto anticipado: cadena perpetua para los candidatos que demuestren serias deficiencias en su funcionamiento cerebral.

Pero no basta: campos de concentración de pan y agua en remotos lugares de la selva para los que hagan propuestas esperpénticas.

Y más: jueces sin rostro, como los que reimplantará la Fuji­mori, para los que construyan partidos que son siglas vacías y se presenten a las elecciones para hacer el ridículo.

Largas condenas en prisiones sin ventanas para los que su­den mientras hablan y organicen frases ininteligibles y lleguen a conclusiones falsas y recomienden solu­ciones inverosímiles.

Que mueran el Pac­to de San José, la Con­vención de Palermo, la Corte Interamericana de Derechos Hu­manos la Corte Penal Internacional y hasta las Naciones Unidas con tal de encarcelar sin debido proceso y sin presunción de inocencia a quienes demostraron en los debates recientes que la crisis del Perú vie­ne de abajo y décadas atrás.

Multiplicar cárceles, militarizar las calles, disparar a discre­ción y sin rendir cuentas, crear un Estado lumpen: eso fue lo que oímos. Y, con algunas excepciones, lo que vino después fue una lista de prodigios que se harían en cien días, una retahíla de promesas enormes que pacificarían el país y nos devolverían la grandeza que nunca tuvimos.

Para decirlo de una vez: me dio vergüenza ajena escuchar tal avalancha de estupideces y mentiras. Me dio escalofríos imaginar que el bobo que me hablaba, sin el menor propósito de convencerme, era fundador de un partido que la autoridad electoral había acogido.

Claro que hubo excepciones, pero fueron muy pocas. Aun los mejor dotados se dejaron impregnar por la demagogia vo­ciferante, aunque está claro que Marisol Pérez Tello, Alfonso López Chau y Jorge Nieto evitaron el abismo y mantuvieron posiciones coherentes.

Keiko Fujimori debe haber desilusionado hasta a sus adictos más duros. Y lo mismo debe haber pasado con Rafael López Aliaga, que se dedicó a leer con la cabeza gacha la paporreta de sus próximas grandezas.

Mesías Guevara hizo lo que pudo y se enfrentó al fujimorismo, del mismo modo que Nieto, que situó el tema de la corrupción en su justo marco: no se la derrotará si no se aca­ba con el pacto mañoso y congresal, dominado por el fujimorismo, que nos gobierna de modo clandestino.

Rafael Belaunde demostró que es un avión que no despega y el decente Roberto Chiabra entendió que el carisma es tesoro elusivo y que él es uno de los desahuciados.

Roberto Sánchez sube sostenidamente en las encuestas
En el territorio de los casi punibles destacó José Luna, que habló de la podredumbre congresal como si de su fundo se tratara. Y Alfonso López Chau, más allá de algunas frases rescatables, perdió una buena oportunidad para demostrar que tiene el liderazgo que reclama. Femando Olivera fue fiel a sí mismo, con todo lo que eso significa, y José Williams dio la impresión de haberse resignado a meter a unos cuantos parlamentarios. Grozo, que era la galopante revelación de la derecha, se evaporó con las charre­teras puestas mientras Lescano hizo todo lo que en los años 90 hubiera impresionado al auditorio. Carlos Espá volvió con un dis­curso que no asume vitalmente y Rober­to Sánchez, desde la izquierda, fue quizá la mayor desilusión: habló para la gente que quiere creerle y reforzó todas las ideas tribales que lo pueden distan­ciar de cualquier entendimiento con el centro. Lo mismo pasó con Ronald Atencio, sin una sola idea-fuerza digna de ser recordada. Enrique Valderrama estuvo impecable en el dis­currir de sus intervenciones pero daba la impresión de haber ensayado mil veces y tener una memoria digna de un examen de grado. Lanzó una lista de lavandería de ofrecimientos que demandarán varios pre­supuestos nacionales. Tenor de la afasia, divo indiscutible del patetismo involuntario fue César Acuña, quien demostró ser también analfabeto oral.

En resumen, el debate sirvió para exhibir la miseria de nuestra política y la poca seriedad de muchos de los que irrumpieron, desde su merecida nada, en las elecciones. Nadie habló de las dificultades de la gestión pública, de la necesidad penosa de concertar con quienes estarán al acecho de sabotear al próximo gobierno y de los problemas que el tsunami de la inflación mundial nos habrá de traer.

Yo preparo, mientras tanto, mi paredón, mi horca, mi garrote vil, mi silla eléctrica, mi inyección mortal. Me voy poniendo a tono. ■

martes, 24 de marzo de 2026

NECESIDAD DE CONOCER A IRAN

 ¿SE PUEDE ANIQUILAR UNA CIVILIZACIÓN

EN NOMBRE DE LA DEMOCRACIA?

por Thierry Meyssan

Red Voltaire | París (Francia) | 24 de marzo de 2026

A

unque nuestros medios de difusión nos llaman a creerlo, la República Islámica de Irán no es un régimen totalitario, en todo caso no más que nuestros propios regímenes occidentales. Irán es una civilización mucho más antigua que Occidente. Sus habitantes tienen virtudes que nosotros no tenemos. No sólo nadie debe sentir orgullo por tratar de acabar con ellos sino que incluso deberíamos escucharlos.

Estamos asistiendo, estupefactos, a una guerra de nuevo tipo y sin entenderla. La intensa sucesión de fenómenos oscurece nuestro entendimiento:

• Por un lado, seguimos hipnotizados por la superioridad militar de Occidente, el factor que hizo que nuestros países dominaran el mundo durante cinco siglos. Somos incapaces de reconocer que pueblos que aún caminan descalzos pueden ser más civilizados que nosotros. Pero a los iraníes no les interesan nuestras comodidades ni nuestro lujo. No por ello dejan de ser lo que son desde mucho antes que nosotros, un pueblo de ingenieros, con una educación científica mucho más profunda que la nuestra.

La civilización de los iraníes se caracteriza, primeramente, por una voluntad individual de hierro, que no podemos ni siquiera imaginar. En los museos iraníes se ven obras que son fruto de toda una vida de trabajo. Eso no existe en Occidente, donde se suele creer que creación y concentración son incompatibles. Los iraníes perciben el tiempo sólo desde la perspectiva de la duración, nunca en su brevedad. La segunda característica de su civilización es más común: ellos organizan su vida alrededor de la percepción de realidades espirituales. Así estaban organizadas las sociedades occidentales al final de la Edad Media y en tiempos del Renacimiento. Hoy no es así y en Occidente creemos que en eso consiste el progreso. Ellos no. Esas dos características de su civilización, los hace valorar la conciencia más que la ebriedad.

Por supuesto, entre los iraníes existen los mismos vicios que en Occidente. Por ejemplo, en Irán hay tantos drogadictos como en Occidente. La diferencia está en el hecho que, en Occidente, la drogadicción se ve como algo tan banal que el público ni siquiera reacciona cuando los políticos consumen cocaína, algo inconcebible para los iraníes.

• Occidente está tan imbuido de su supuesta “superioridad” que ignora la cultura iraní. Pero Irán es una gran civilización, desde el primer milenio antes de nuestra era, mucho antes de que existiera la Atenas de Pericles, desde los tiempos en que los europeos no eran más que más que un puñado de tribus dispersas. En cierto sentido, es incluso normal que los occidentales ignoren esa civilización ya que en nuestras escuelas sólo se habla de su cultura cuando se mencionan las “guerras medicas”, o guerras “greco-pérsicas”. Hemos oído hablar vagamente de las batallas de Maratón, de las Termópilas y de Salamina… y eso es todo. Sentimos orgullo, con razón, cuando nos cuentan la victoria de los griegos, por su unidad y su astucia, y no vamos más allá.

La civilización de los iraníes está, en sí misma, profundamente marcada por su contacto con la civilización china. En el siglo V antes de nuestra era, ya había estatuas chinas en el gran palacio de Persépolis. Pero lo más importante es que la civilización de los iraníes dio origen a la civilización árabe. Los grandes matemáticos árabes, los grandes astrónomos árabes, los grandes médicos árabes, los grandes poetas de la lengua árabe no eran árabes sino persas. Algunos de los iraníes de hoy conservan incluso cierto sentimiento de superioridad en relación con los árabes.

En el siglo XVI, Irán era un imperio musulmán sunnita, pero la dinastía safávida quiso dar a su imperio una identidad diferente a la de su rival, el imperio otomano. Fue así como la dinastía safávida convirtió su población al islam chiita. El reinado de Ismail I estuvo marcado por una guerra de religión cuyo objetivo fue imponer el chiismo mediante el uso de la fuerza. Para instaurar el islam chiita, Ismail I se apoyó en los ulemas chiitas del sur del Líbano.

Eso significa que la relación entre Irán y el Hezbollah libanés no es lo que se cree en Occidente. Todavía hoy los estudiantes de teología iraníes viajan a Líbano para perfeccionar sus estudios. En Líbano, cuando el Hezbollah me albergó en una de sus residencias, la mayoría de las personas albergadas allí eran ulemas iraníes.

Habitualmente se explica la diferencia entre los musulmanes sunnitas y los chiitas como un pleito por la sucesión, pero en realidad se trata de dos mundos diferentes. En el mundo islámico, cada región tiene su propia cultura. El islam africano no se parece al islam de China. Los iraníes construyen sus mezquitas en lugares bajos y con pocas ventanas abiertas. Dentro de ellas, en una semi penumbra, las paredes se recubren de pedazos de espejos, creando una atmósfera que invita a la meditación, a la reflexión sobre uno mismo.

• Tampoco se entienden en Occidente los lazos que unen a los chiitas árabes con Irán. El mensaje del imam Khomeiny, el padre de la revolución islámica iraní, los transformó a todos. Algunos no siguieron después al “sucesor” institucional de Khomeiny, el ayatola Alí Khamenei, cuando este último redefinió el Velayat-e faqih, o sea el papel de “los sabios” en el gobierno de la gente. Contrariamente a una creencia muy extendida, hombres como el jeque Mohammad Hussein Fadlallah, el padre espiritual del Hezbollah, nunca siguieron al ayatola Khamenei en su sueño de autoridad sobre todos los chiitas.

El Irán revolucionario ejerció una verdadera fascinación, no sólo entre los chiitas del mundo entero sino también entre los demás musulmanes e incluso entre los no musulmanes. Su mensaje era que es posible, a fin de cuentas, liberar a los pueblos del colonialismo y vivir con justicia, en un océano de injusticia, sacrificando su propia vida por ese ideal. A los chiitas que abrazaban ese ideal, Irán les enseñó a seguir el ejemplo del imam Khomeiny. Bajo los presidentes Hachemi Rafsandyani y Mohammad Khatami, Irán pensó en defenderse apoyándose en sus admiradores extranjeros. Aquella fue la época de los “proxis”, como los llaman los anglosajones. Pero aquel periodo terminó con la llegada al poder del presidente Mahmud Ahmadineyad y, sobre todo, con el general Qassem Soleimani. Hoy se puede decir que Irán ya no tiene “proxis”, diga lo que diga la propaganda occidental. Aunque reciban armamento de Irán, cada grupo es ahora independiente.

Conocemos muy poco del pueblo iranì
Hoy en día, por ejemplo, el Hezbollah libanés no lucha contra Israel por solidaridad con Irán sino porque Israel ocupa militarmente parte del Líbano, en violación del acuerdo de alto al fuego del 26 de noviembre de 2024.

• En Occidente se acepta que los líderes iraníes sean asesinados. Los occidentales ven esos asesinatos como un “mal necesario”. Ven a Irán como un país “totalitario” que oprime a las mujeres. Pero esa es una manera de interpretar una parte de lo que vemos sin tratar de entender todo el conjunto.

No cabe duda de que Irán está siendo gobernado por una generación que no entiende a su juventud. Pero en Occidente interpretamos ese problema generacional como una discriminación hacia las mujeres y creemos que el gobierno les cierra el acceso a los cargos de responsabilidad. No se tiene en cuenta que Irán sufrió una guerra impuesta por Irak y que en esa guerra Irán perdió gran parte de sus hombres. Como en la Europa posterior a la Primera Guerra Mundial, Irán tuvo que aceptar una mayoría de mujeres en la administración. Hoy las mujeres están presentes en todos los niveles de la sociedad iraní. Es cierto que no dirigen los rituales religiosos ni las fuerzas armadas, pero en Occidente las mujeres tampoco son precisamente numerosas en ese tipo de actividades.

En Occidente también se considera extraño que las mujeres tengan que usar el velo islámico, pero no tenemos en cuenta que los hombres iraníes también están obligados a dejarse crecer la barba. También ignoramos el hecho que numerosos políticos iraníes –principalmente el presidente Mahmud Ahmadineyad– trataron de dejar atrás esos comportamientos y creemos que la imposición del velo a las mujeres es lo que define al gobierno de Irán. Ignoramos que la indumentaria negra que porta una parte de las mujeres iraníes –indumentaria por demás similar a la que portan las religiosas cristianas– no es una muestra de sumisión sino parte de un código. En la administración iraní, las mujeres vestidas de negro son tan numerosas como los hombres que portan traje de dos piezas y corbata en las administraciones occidentales.

Occidente ignora el nivel intelectual de los iraníes en general. Por ejemplo, lejos de ser un individuo obcecado por un diabólico deseo de oprimir el pueblo, el asesinado Alí Larijani era un filósofo, especializado en la obra de Kant, interesado en el estudio de los criterios –¿lógica o intuición?– que llevan una persona a aceptar o rechazar una proposición. ¿Cuántos dirigentes así tenemos en Europa?

• Para terminar, digamos algo sobre la violencia en Irán. En todas las épocas, Irán ha vivido en una cultura sangrienta. Todas las organizaciones de defensa de los derechos humanos han reconocido que, en los años 1960, el régimen del shah Mohamed Reza Pahlevi era el más represivo del planeta. Pero, como pueblo, los iraníes siempre han sido contrarios a los castigos colectivos. Es cierto que la República Islámica ha recurrido con frecuencia a la pena de muerte, pero nunca a castigos contra familias ni contra grupos de personas.


En Occidente se afirma que en Irán los homosexuales son enviados a la horca, eso no es cierto. En cambio, los violadores de niños sí son condenados a la horca. Y la cultura popular iraní sigue asimilando la homosexualidad a la pedofilia, como sucedía en Europa hace sólo una treintena de años. Yo mismo soy testigo de que algunos iraníes ven con desprecio a los homosexuales iraníes, pero también soy testigo de que ese prejuicio es menos frecuente en Irán que en Europa y de que los homosexuales iraníes ciertamente no hacen ostentación de lo que son… pero tampoco se esconden.

Los iraníes son como nosotros. Capaces de mostrarse puritanos en el ámbito público siendo liberales en privado, lo cual hace decir a quienes no los entienden que son un pueblo de hipócritas. En realidad, sólo difieren de nosotros en su definición de la libertad y de las conveniencias.

Cuando Khomeiny, en reacción al uso de gases tóxicos por parte de Irak, declaró que la moral prohibía que Irán recurriese al uso de armas de destrucción masiva, no fue difícil para él lograr que los iraníes aceptaran su fatwa en ese sentido. Y si la guerra duró un año más fue precisamente porque la República Islámica se había impuesto a sí misma aquella limitación. Ese hecho de la historia reciente de Irán hace que sean absurdas las acusaciones de que los iraníes esconden un hipotético programa nuclear de carácter militar. Además de que el concepto de taqiyya (disimulación) no tiene absolutamente nada que ver con el islam chiita, esas acusaciones occidentales ignoran otro aspecto esencial de la cultura iraní: la responsabilidad individual. Irán rechaza toda forma de castigo colectivo. <>