TAMBOPATA O
LA EPOPEYA AYMARA
Por: Ernesto More
Tomado
de CULTURA Y PUEBLO Nº 7-8 JULIO-DICIEMBRE DE 1965 – LIMA
Hace
55 años Ernesto More escribió este histórico artículo en el que relata los asimismo
históricos avatares iniciales del proceso de colonización del Alto Tambopata
por aimaras omasuyos de Conima. En ese lugar de la ceja de selva puneña están los
cultivos de café que mantienen la heredad de los descendientes de los pioneros protagonistas
de lo que More llamó “la epopeya aimara”, que en recites décadas ha dado y da
repetidos triunfos como el mejor café del mundo. (GVC)
E |
ste
artículo está dedicado, especialmente a todos aquéllos que perseveran en la
creencia de que los indios peruanos, sean quechuas o aymaras, son seres
inferiores que no sirven pera gran cosa. He conocido gentes que han vivido tada
su vida del trabajo del indio, sin poner ellos esfuerzo alguno, y no se han
cansado, sin embargo, de afirmar que el indio es flojo, ocioso, mentiroso e
incapaz. En una palabra, que está muy cerca de las bestias. De esta suerte,
nunca pusieron amor ni comprensión al tratarlos. De esta manera, asimismo,
justificaban ante su propia conciencia el trato inhumano que acostumbraban dar
a la gente india que vivía bajo su responsabilidad.
Considero
que esa mentalidad, tan saturada de injusticia, 'ha sido y sigue siendo un
factor sumamente negativo en el proceso evolutivo del Perú. Es una forma de
inercia de la conquista. Viene a ser la recidiva de la colonia.
Vencida |
Antes
se llamaba Willallunga (Calderón dijo antes como si se refiriese a una edad
determinada). Con ese nombre era conocido por los aymaras. El primera que se
aventuró en ir a Willallunga, o sea Tambopata, fue Rafael Mamani Coronel. Eso
ocurrió en 1930, antes de la guerra del Chaco.
La
vida de los campesinos era muy difícil. la propiedad se había reducido a
proporciones inverosímiles, en Conima más todavía que en Moho. Había familias
que sólo tenían veinte metros cuadrados de tierra. Por eso, muchos campesinos
emigraban a Bolivia, donde trabajaban en las Yungas, especialmente en Coroico.
la represión que se produjo en Huancané, motivada por la sublevación de Huancho,
y que redujo a pavesas a toda esta comunidad, penetró profundamente en el ánimo
de todos los campesinos. Había poca tierra y mucho temor. El hambre se
confundía con el miedo. Felizmente, los campesinos pueden caminar mucho. Saben
también entretener el hambre. Rafael Mamani Coronel fue pues, el primer
explorador de Tambopata. El primer explorador para los fines de sustento y de
amparo que buscaban los campesinos aymaras. Pero Mamani Coronel murió en el
camino. Murió en Lusini, que está más allá de Sina, cuando regresaba. Era de
Conima, del ayllu Sullcata, palabra que en aymara, significa "semilla
menor". Tendría en ese entonces 32 o 33 años. Había llegado de la zona de
Coroico, en Bolivia, donde era cafetalero; y como tuvo ciertas dificultades con
sus hermanos por cuestión de tierras, confiado seguramente en sus
conocimientos, decidió aventurarse en busca de una región que estuviese en su
propio país, el Perú. Es posible que hubiese encontrado algunas dificultades en
Bolivia, que lo obligaron a descubrir en su patria una nueva despensa.
No
sé por qué, Mamani Coronel optó por emprender solo esta aventura. los campesinos
no tienen mapas ni planos, pero tienen un instinto ancestral que se van
comunicando unos a otros, de generación en generación, a través de la tierra.
Caminar solo en esas pampas desoladas y atravesar esa gran cordillera que
ingresa por Bolivia, toda dentellada de nevados, es aventura sumamente peligrosa.
Mamani Coronel confiaba en su resistencia, en sus conocimientos de montaña, en
su instinto para descubrir senderos en la puna. Había hecho muchos viajes a las
Yungas de Bolivia y seguramente había escuchado decir que en el Perú había
también una montaña feraz y deshabitada, no muy lejos de Conima, donde sus
paisanos podrían trabajar con menos esfuerzo y con más seguridad que en
Bolivia, y producir alimentos para sus familias. Pero como ya he dicho, este
valiente pionero murió cuando estaba ya de regreso. Allí donde cayó, Lusini, no
sé sabe quién o quiénes lo cubrieron con un nicho de piedra y barro, en que
pusieron esta inscripción: "Has muerto por venir solo". En esta
inscripción tan sencilla, hay una gran enseñanza. No había viajado en vano
Mamani Coronel y su sacrificio solitario en Lusini, estaba ya mostrando la
manera de coronar la empresa.
Wilson Sucaticona, el primero
en alzarse con un 1er premio mundial
LA
SEGUNDA TENTATIVA
No
se desalentaron los conimeños al no tener noticias de Mamani Coronel, a quien y
con razón, suponían muerto. Pasaron algunos años, y por fin, el 37, tres
conimeños salieron nuevamente a la conquista. También fueron a pie. Se llamaban
León Vilca, Juan Cayo y Raymundo Hancco. Eran del ayllu de Huatasani. La empresa
no era fácil, pues murieron dos. Sólo Raymundo Hancco regresó a Conima. Llegó, en
realidad, para morir. Había adquirido la terciana. Sin embargo, el retorno de
Raymundo y lo que dijo de sus experiencias, fueron sumamente útiles para la
conquista de la montaña peruana por indios aymaras.
Muerto
Raymundo, surgieron sus hermanos, los Hancco, en torno de los cuales se formó
un grupo de 50 personas. Eran todos del ayllu de Cupisaya, de la estancia Mililaya.
Vale la pena remarcar que los tres ayllus mencionados están a la orilla del
Lago. Este grupo hizo mejores preparativos. Tomaron nota de la experiencia que
les comunicó el agonizante Raymundo, en lo relativo al camino, al clima, a los
alimentos y a los peligros que aparecían por todas partes, pues además del
cansancio y de la falta de alimentos, estaba el frío en el paso de la
cordillera, y los animales salvajes en la cabecera de montaña.
El
grupo fue dirigido por los hermanos Hancco, vengadores de Raymundo. Se llamaban
Cipriano, Paulina y Genaro. También fue con ellos Miguel Ccahuapasa Romero, del
ayllu Checcasaya. Casi todos ellos viven. Hay que decir que los hermanos Hancco
y los demás eran baquianos en asuntos de montaña, pues habían estado varias
veces en las Yungas. Sabían inclusive, el manejo de las armas, y tenían
algunas. los expedicionarios aymaras, todos jóvenes, llevaron para la empresa
machetes y hachas; y como alimento, un pedazo de charqui, sal, cebada molida y
quinua también molida. No podían olvidar la coca y teñían un poco de cigarrillos.
La carga que cada uno llevaba a las espaldas, pesaba más o menos tres arrobas,
lo que obligaba a estos expedicionarios, que iban a pie, a hacer un esfuerzo
considerable, ya que tenían que subir desde las orillas del Titicaca a 3,800
metros, hasta el paso del cuello de Sina, que debe tener 4,800 metros, y quizá hasta
un poco más, pues se pasa junto a la nieve perpetua.
JORNADA
Puestos
en marcha, se iban ayudando unos a otros. Hasta en el camino trabajaban y se
comportaban en ayni, o sea cooperativamente. La jornada duró ocho días. No me
acuerdo la fecha en que partieron, pero eso debió haber sido entre mayo y
octubre, o sea en los meses en que cesa la lluvia y en que el paso por la
cordillera es más fácil. En la montaña llueve, es cierto, casi todo el año,
pero ellos iban ya preparados para eso. Lo más grave es el paso por la
cordillera, donde las nevadas con viento producen el "pucu", que,
cierra en un momento los horizontes, cubre los caminos y el caminante no puede
ver ni a tres metros de distancia. Si a un caminante lo agarra el "pucu"
en la cordillera, lejos de algún refugio, ya está perdido. A veces nieva
durante dos o tres días seguidos, haciendo imposible caminar a los mismos
animales, pues la nieve se aglutina en los cascos de las mulas o caballos,
formándose pelotas que les impide seguir adelante.
MUSICA
Olvidaba
decir que ninguno de los conimeños expedicionarios olvidaron de poner en su
impedimenta su zampoña, su quena o su pinquillo. Al hacer sus pascanas, luego
de satisfacer siquiera en parte el apetito, soplaban en sus cañas. Esa música
suave, que tiene mucho del viento, les trae siempre el recuerdo de su casa y de
su pueblo, y por eso les inspira fuerza. Hay que imaginarse cómo soplarían
gustosos sus zampoñas cuando descansaban bajo alguna peña, en la impresionante
soledad de la puna.
Una
vez tramontado el cuello de Sina, el camino, aunque áspero siempre, se hace más
fácil, porque es de bajada. En pocas horas de marcha se nota el cambio de temperatura.
A poco comienza a percibirse la presencia de una vegetación poderosa. De
repente aparecen los primeros helechos, que a medida que se baja, son más
grandes, hasta llegar a entrelazarse unos con otros formando túneles arbóreos.
Pero
entonces, cuando ya no existe el peligro del frío, sobreviene el peligro de las
fieras. Tigrillos y jaguares solían rondar por esa naturaleza que todavía no había
sido hollada por el hombre. Desde que fueron abandonados los gomales, ya nadie
había ido por allí. Todo había remontado. Todo era nuevamente virgen. Como todo
les era hostil, los expedicionarios se veían obligados a dormir trepados en los
árboles, a fin de protegerse de un ataque sorpresivo de esos animales vivaces y
de gran agilidad.
COLONIZACION
A
los ocho días de marcha, mermadas considerablemente las vituallas, los
cincuenta expedicionarios aymaras llegaron a la quebrada que se llama hoy
Tambopata, propicia para establecer allí una colonización. Y decidieron acampar
allì para iniciar sus primeros trabajos. La primera sorpresa que tuvieron los
pioneros fue el encuentro de una familia aymara establecida allí. Era la
familia Noa. El hombre era seguramente boliviano. La mujer era de Huata
(Conima) ... Era una pareja que vivía enteramente sola. Es seguro que luego de
haber sido abandonada la explotación de la goma, esa pareja decidió permanecer
en la zona. Es justo decir que la mayor parte de los que explotaban la goma
eran bolivianos.
La
primera labor que hubo que hacer, fue, como es comprensible, la de rozar o
desmontar. Todos los conimeños trabajan igual, siempre atenidos al aymi, o sea
con espíritu cooperativo. Dos dìas de trabajo dedicaban todos a cada uno.
Después de haber hecho el roce, salieron, pero habìan dejado expedito el
terreno para la agricultura. Al regreso, a comienzos de septiembre, quemaron el
desmonte y abonaron con esas cenizas el campo, de por si feraz. Cultivaron lo
que había de darles alimentos inmediatos, o sea el maíz y la yuca, que rinden a
los tres meses. Sembraron luego zapallos, plátanos y café. Este último tarda
tres años para fructificar, pero constituye la base misma del negocio. Lo otro
es la despensa para ellos mismos y para sus familias de Conima. Poco a poco se
fue estableciendo entre Conima y Tambopata un va y viene vivo, una lanzadera de
trabajo. Todo se hacía silenciosamente. Era un pueblo que se movía como la
arena en el viento. Nada sabían de ello las autoridades. Nada decían tampoco
los periòdicos. Pero ya en Tambopata creció luego la papa japonesa, tan útil
para alimentar prestamente a los que no tienen despensa. Luego, los
expedicionarios y otros conimeños trajeron de las Yungas de Bolivia la hualusa,
una especie de papa japonesa muy sabrosa, alimenticia y de cultivo pronto. En
esta forma, la salvaje quebrada de antaño se convirtió poco a poco en un
tablero de chacras. Se fueron construyendo casas, primeramente muy rústicas, hasta
llegar a la ciudad que hoy es Tambopata, donde hay como 15 campesinos que
poseen su camión propio y tienen casa con calamina. Se ha organizado un Frente
Cívico, cuyo presidente es Waldo Calderón Pacoricona. Fungió de alcaide mucho
tiempo, e hizo construir locales para el Concejo, el Colegio y el Núcleo
Escolar. Hoy, casi todos los conimeños tienen su cafetal.
LA
MUJER
Las
mujeres de Conima comenzaron a viajar a Tambopata a partir del año 42 o 43.
Ellas tejen, cocinan y ayudan también en las tareas del campo. El tránsito por
Sina ha debido ser sumamente penoso para las mujeres, por mucho que la aymara
es extraordinariamente resistente y sufrida. Hoy en día, casi ya nadie va por
Sina, ese camino histórico de los pioneros. Se entra en camión por la carretera
de Sandia, que prácticamente ha llegado ya a San Juan del Oro, esa Tierra
Prometida que produce 100 mil quintales de café al año.
Vicentina Phocco Palero y familia. Premios recibidos por mejor café a nivel mundial |
REFLEXIONES
Según
expresi6n del ingeniero centro americano, señor Quesada, que trabajó en el Perú
años atrás en un organismo de las Naciones Unidas, no conocía en nuestro país
ningún esfuerzo de colonización de la ceja de montaña, que pudiera compararse
al desplegado por los aymaras en Tambopata, pese a que hicieron esta obra
admirable, sin ayuda del Estado, en condiciones espantosas, aguijoneados por el
hambre y conducidos por esa brújula que les concedió la naturaleza y_la
tradición ancestral.
Ahora
bien, lejos de haberse construido la carretera por Sina, como lo deseaban los
pioneros que cumplieron la obra, ella ha sido construida por el lado de Sandia,
teniéndose más en cuenta los intereses creados en este. último lugar que el
esfuerzo realizado por los colonizadores y las necesidades mismas de Huancané.
En fin, el camino está construido, y se acabó, pero conviene recalcar la poca
estimación que se tiene por la obra indlgena; el campesino trabaja y realiza,
pero su voz no es escuchada.
Y,
finalmente, refiriéndonos a la cita que encabeza este artículo, a manera de epígrafe,
vemos que las condiciones de los campesinos puneños en la actualidad, no han
variado gran cosa desde hace cerca de cuatro siglos. Y si se ha modificado en
algo positivamente, ello se debe a ese esfuerzo que tiene caracteres de
epopeya, mediante el cual se ha conquistado para el Departamento de Puno y para
el Perú, una extensión apreciable de tierra feraz, en la que viven y trabajan
más de veinte mil personas, en forma permanente. <>
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