LA GRAN DIABLADA DE LOS SIKURIS DEL BARRIO MAÑAZO.
Omar Aramayo
|
S |
i
usted quiere ver algo realmente original, auténtico, genuino, imposible de
repetirse, tiene que ver y escuchar, vivir la sensación y emoción del Conjunto
de Sicuris del Bario Mañazo, de Puno. Como el Centenario Conjunto de Sikuris
Del Barrio Mañazo, no hay caso.
Es
un Conjunto viejo, expresión de uno de los barrios más antiguos de la ciudad,
ubicado en la parte alta, como en un balcón sobre la herradura de la bahía
interior de Puno, desde donde se puede avistar el gran Lago en todas las horas
y en todas sus conductas.
Entonces
es imposible no ser un artista, un tocador, un danzante, un poeta, si se
amanece con el Lago en el pecho y aun en la noche se puede atisbar ese fondo
oscuro donde murmura la gran masa de agua, o quedar hipnotizado cuando el
plenilunio llega con todo su resplandor sobre el agua.
El
Conjunto fue fundado en 1892, y es la raíz del folklore citadino de Puno. Si
alguien quiere elaborar el árbol genealógico de los conjuntos de danzas, tiene
que arrancar de aquí nomás, de aquí mana el agua que beben los puneños, que se
sepa no hay otro más antiguo, de aquí se desprendió la Morenada de Orkapata, y
de ella todas las morenadas de Puno y las diabladas y cuantos conjuntos hay.
Del Mañazo emigraron sus tocadores de siku para fundar otros conjuntos, algunos
de ellos magníficos, como el Lacustre, o el Altiplano; sin embargo, pocos de
ellos conservan el estilo de su música. También se forman conjuntos por
oposición, con propuestas diferentes, que han enriquecido el cosmos sicuriano
de Puno. De tal modo que el Mañazo es el emblema del folklore de Puno.
En
los años 20, a iniciativa de los militantes y simpatizantes del PC, se fundó el
Obrero y después Panaderos, con parecidas características, sobre todo en el
toque de los platillos y de el redoblante, y hasta en el paso de sus
danzarines, pero con los años decayeron, se levantaron, desparecieron, y por
ahí andan entre las cañas y el viento. En cambio el Mañazo es exultación
permanente. El 15 de agosto, que de acuerdo al calendario agrícola debe nevar,
en el cerro Cancharani, donde ahora se ha establecido un concurso de sicuris,
desde antaño Obreros y Mañazos, como en un pacto misterioso se sueldan y tocan
en la tarde nevada, en un paisaje realmente ultraórbico.
El repertorio del Mañazo, sobre todo en la memoria de los mayores, es un verdadero cofre de joyas musicales. Por lo general cada año se crean una o dos melodías, para ser estrenadas el día 2 de febrero, día de la Virgen y aniversario del Conjunto. Algunas veces son reelaboraciones pero por lo general son melodías singulares, todas del mismo estilo, del mismo sabor, de gran dulzura y al mismo tiempo marciales, aunque en absoluto llegan a ser marchas; solamente son dulces y solemnes, extraña mezcla, aleación única, son wayños definidos y definitivos, con la característica que cada cuatro frases musicales ofrece una síncopa, un silencio, una nota musical que no se ejecuta y que al bailarín le ofrece una paradita. Es una expresión de elegancia, de inteligencia musical, diría yo, deja sobreentendido un sentimiento, una sensación. Es el impulso contenido, sugerente. Lo que no se dice pero que se entiende.
![]() |
| Directivo emblemático Ángel Francisco Macedo Juárez |
Este
wayño dulce, sincopado, que se inicia con una entrada como para el paseo de un
torero, de aliento telúrico, que dibuja el alba de cada día, seguido de un
wayño sincopado, que luego de cuatro vueltas de la melodía, o las necesarias,
se acelera hasta hacerse in crecendo. Esa es la estructura del género musical
llamado Sicuri, con la síncopa, cuya finalidad musical es quebrar la simetría,
con elegancia. Digo que no es simétrico (por la síncopa)
En
esa música se refleja la danza del diablo puneño, en esas aguas de Lago azul,
que la brisa teje y agita suavemente. El paso ad libitum, como en el jazz o en
la Danza del Fuego, de Turquía, marcado y homogenizado (para todos los
bailarines) por la síncopa, es su característica más destacada. Es una especie
de desplante, como en el cante honde, como el desafío del torero. Qué lejanas
reminiscencias recoge, no se sabe de dónde vienen, así la hizo el tiempo, el
alma colectiva, así sus músicos, hermosa y compleja elaboración.
![]() |
| Juan Mamani Salas |
Hay
melodías que han sido creadas por el Mañazo, que recorren por el mundo como
anónimas, o como bolivianas, Dios mío. En 1963, el Centro Musical y de Danza
Teodoro Valcárcel grabó un LP, que ha viajado por los caminos de la música
universal y sobre todo latinoamericana, en su repertorio estaba el Sicuri n 1,
lo reprodujeron desde los Karkas hasta los Quilapayún, entre otras melodías
mañaceñas y puneñas. Hay otros sicuris bellísimos y memorables como Santa Rosa
de Juli, captado por don Julián Palacios, o los que vienen de Juli o Yunguyo, y
que en los labios de los tocadores mañaceños son verdadera ambrosía, manjar de
dioses. Hay sicuris clásicos, propios, como el Jukucha Karitamanta, o Lucho, de
autoría de Lucho Yucra, el famoso sicuri del Cacharpari, todo un himno, y otros
tantos, captados por americanos y europeos, chilenos y bolivianos, y que se
pierden en la noche del anonimato o inauguran el record de algún nuevo
compositor, a quien hemos tenido el gusto de recibir.
La
figura principal de su danza es el caporal o diablo mayor. El caporal luce con
esplendor el paso sincopado, alambicado, barroco, un arabesco donde el
espectador puede demorarse buen momento para descifrarlo, sin lograr
reproducirlo al menos mentalmente. Es el personaje principal, si falta el
caporal falta algo que es su esencia. Garbo, elegancia y donosura, evocación
subyacente del señor feudal, el caporal es un señor, un señor colonial. El
diablo es colonial, su imagen es colonial, y eso no entra en discusión. Es más,
este diablo es español, imaginado por el alma aymara. Un delicado filing, una
sutil percepción nos hace ver que el rey de los infiernos es la encarnación de
algo más de lo que parece, detrás de él hay personaje social, la huella de una
época, la feudalidad, que en Puno fue muy fuerte. Lo común es ver cinco o seis
parejas de caporales, aunque hay años que llegan hasta veinte. Y luego vienen
los diablos menores, ligeros por la ausencia de capa, ligeros en el paso y a
veces ligeros como el viento.
Hay
bailarines que jamás serán borrados de la memoria, como el Viejito José de la
Riva, el caporal Héctor Garnica, las chinas diablas Julio Arenas Pineda o Juan
Meneses, posteriormente el popular y trágico Volvo Montesinos, Tomasito, la
reinita Evelin Peñaranda, todos dueños de un paso propio, singular, tendríamos
que hacer un listado largo de caporales. Recuerdo de manera muy especial a un
danzarín que vivía en la parte alta del Barrio, tenía tres disfraces y pasos
diferentes, cada año alternaba con uno: murciélago, toro, chancho. Efraín
Quiroga, que bailaba en el Centro Musical y de danzas Teodoro Valcárcel, tenía
un disfraz y paso soberbio de León, muy gracioso. Los negritos arrieros, es una
figura que se ha extinguido, eran testimonio de una época.
Hay
que pensar que la danza es una escritura social, entraña contenidos y
contextos, identidades y semejanzas, carencias y excelsitudes. El conjunto no
puede prescindir de sus pieles rojas, ágiles y caricaturales, tan caros a los
natos del Barrio, es imposible no citarlos ¿Qué es lo que quieren decir? Ahí va
el cuento, se requiere de una lectura que recorre de Young a la antropología
social. Y las chinitas, niñas y adolescentes mañaceñas que han figurado un paso
colectivo, homogéneo, obligatorio como la necesidad de ser mañaceña por
siempre. Las figuras que acompañan al conjunto son variadas, aparecen y
desaparecen con los años, algunas dejan una huella imborrable.
¿De dónde vienen los danzarines del Mañazo? Del pasado remoto. La leyenda dice que los primeros danzarines se llamaban Canllas, eran los elegidos a quienes les había caído el rayo, y era con esa autorización que bailaban, como los danzantes de tijeras, o los wakones del valle del Mantaro, danza sagrada que guarda un hilo conductor con la naturaleza. La danza es un vehículo para encontrar un significado; una danza de emotividad tan compleja no puede ser un fruto repentino, es maduración, proceso, como Mariátegui reclamaba; la variedad de sus figuras, la fanfarria espectacular, el color, viene del siglo XX, y eso es lo menos importante; lo sustancial, lo misterioso, es la base de la música y de la danza que nos estremece.
Entre
enero y marzo de 1781 las tropas de Diego Cristóbal Túpac Amaru, por el norte,
y las de Julián Túpac Katary, por el sur, asediaron a la ciudad de Puno en el
afán de tomarla y extinguir a sus habitantes, españoles criollos y mestizos.
Los encuentros fueron terribles, murió mucha gente de uno y otro lado. Se han tejido
muchas leyendas alrededor de los insurgentes y la Virgen, algunas con base de
verdad otras de fantasía, lo cierto, sí, es que el Barrio Mañazo fue uno de los
epicentros de los combates, el cacique de esta etnia mandó a fundir para
defensa del barrio un cañón, que se instaló en lo que ahora es la esquina de
Puno y Circunvalación. Como se sabe, solamente la etnia de los Mañazos y la de
los Ichus fueron pro hispánicas. Se diga lo que se diga, en abril de 1781,
Diego Cristóbal tomó y asoló Puno; tendrá que pasar al menor un año para
repoblar la ciudad, con el regreso de los españoles, y la reconciliación que
con los años vino, se modeló el mestizaje que ha producido algunas expresiones
geniales como el Conjunto de Sicuris del Barrio Mañazo. <>




