LULA: GRAN VICTORIA POPULAR
Por
Miguel Muñante
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a victoria de Luiz Inácio Lula da Silva es mucho más
que un triunfo electoral: representa una derrota de la extrema derecha
brasileña, un respaldo a la soberanía nacional y un acontecimiento de enorme
trascendencia para América Latina y el equilibrio mundial. Con el 51,79 % de los
votos y más de 64 millones de sufragios, Lula derrotó a Flávio Bolsonaro,
revirtiendo los resultados de la primera vuelta. En un continente sometido a
crecientes presiones políticas, económicas y geopolíticas, Brasil se consolida
como un importante contrapeso frente a las pretensiones de hegemonía
estadounidense.
La analista política Laura Arroyo identifica tres
enseñanzas fundamentales de este triunfo que merecen especial atención.
La
primera es la radicalidad política.
Lula no renunció a su identidad ni ocultó su
vinculación histórica con los trabajadores. Su campaña demuestra que la disputa
electoral exige confrontar proyectos políticos, defender convicciones y
recuperar la iniciativa ideológica, en lugar de asumir que toda victoria
depende de desplazarse hacia el centro.
La segunda es la tecnopolítica.
En tiempos en que las plataformas digitales constituyen
escenarios decisivos de confrontación ideológica, la izquierda no puede
abandonar las redes a la manipulación informativa, los algoritmos y las campañas
de desinformación. La movilización digital desempeñó un papel importante en la
remontada electoral brasileña.
La
tercera es la militancia popular.
Ninguna victoria nace exclusivamente de una campaña
publicitaria. Detrás del triunfo estuvieron las organizaciones sociales, los
movimientos populares, los estudiantes y miles de militantes que trabajaron en
las calles, los barrios y las redes. La organización colectiva sigue siendo una
fuerza insustituible para transformar la realidad.
El
significado geopolítico de esta victoria.
La continuidad de Lula fortalece la participación de
Brasil en los BRICS y su apuesta por un orden internacional multipolar. En un
escenario dominado por la confrontación económica y tecnológica entre China y
Estados Unidos, el país reivindica su derecho a mantener relaciones con ambas
potencias sin aceptar imposiciones ni subordinaciones.
Los BRICS representan una oportunidad para ampliar la
cooperación Sur-Sur, diversificar los mecanismos financieros y comerciales y
reducir la dependencia de las estructuras tradicionales del poder económico
mundial. No constituyen todavía una alternativa homogénea al orden dominante,
pero expresan el surgimiento de nuevos espacios de negociación internacional.
Brasil posee, además, una posición estratégica para intervenir diplomáticamente
en las tensiones comerciales entre Washington y Pekín. Su fortaleza económica,
sus recursos naturales y sus relaciones internacionales pueden contribuir a
ampliar los márgenes de autonomía latinoamericana.
La lección fundamental es clara: la soberanía nacional
exige organización popular, independencia económica y voluntad política.
También que es posible resistir la ofensiva de la extrema derecha, pero también
plantea un desafío histórico: que América Latina debe de convertirse en sujeto
de su propio destino, no basta con ganar elecciones: es necesario transformar
las relaciones de poder que perpetúan la dependencia, la desigualdad y la
subordinación de nuestros pueblos. <>
