LA “DESIDEOLOGIZACIÓN”
COMO
IDEOLOGÍA DEL PODER
Por: Jorge Luis Choque
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a derecha
internacional más radical utiliza la acusación de “terrorismo” para
deslegitimar a quienes cuestionan sus intereses económicos y geopolíticos,
compartiendo —al igual que el trumpismo y el nacionalismo autoritario— la
lógica de dividir el mundo entre un “nosotros” legítimo y un “ellos” convertido
en amenaza, un mecanismo que, según el filósofo Jason Stanley, caracteriza a la
política fascista mediante el culto al líder, la promesa de restauración
nacional y la construcción de enemigos como minorías u opositores (Stanley,
2018); dicha tensión quedó expuesta en la Asamblea General de la ONU, donde el
presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, rechazó la injerencia
extranjera y advirtió que “Brasil no es patio trasero”, mientras que el mandatario
iraní, Masoud Pezeshkian, afirmó que son víctimas y no terroristas, respaldando
su denuncia con imágenes de niños asesinados por proyectiles en escuelas y
polideportivos de Minab y Lamerd.
Esta matriz
política encuentra eco en América Latina. En el Perú, durante las últimas
campañas electorales, términos como “zurdo”, “rojo” o “terrorista” han sido
utilizados para estigmatizar cualquier posición divergente, con la colaboración
de medios y plataformas digitales que, en lugar de examinar las pruebas, reproducen
etiquetas destinadas a producir miedo. El politólogo Steven Levitsky ha
advertido que el autoritarismo contemporáneo no siempre destruye de inmediato
las instituciones democráticas: puede conservar elecciones y parlamentos
mientras manipula las reglas, captura a los árbitros y reduce las libertades
civiles (Levitsky, citado en NPR, 2025). En ese contexto, la propaganda no es
un elemento secundario, sino una herramienta para transformar a la oposición en
una amenaza y convertir la concentración del poder en una supuesta defensa de
la democracia.
Esta operación, se pone de manifiesto con el anuncio del Ministro de Educación, José Antonio Chang, de “desideologizar” el currículo escolar. La pretensión es contradictoria, pues, toda selección de contenidos supone una interpretación de la realidad y, por tanto, una determinada concepción de sociedad, ciudadanía e historia. Como ha señalado el historiador José Ragas, “no realmente” existe una educación sin ideología, porque toda enseñanza parte de una manera de comprender el mundo (Ragas, entrevista en La República, 2026). Aníbal Quijano explicó que la modernidad capitalista se constituyó junto con una clasificación racial y jerárquica de la población mundial; por ello, la supuesta neutralidad puede ocultar relaciones históricas de dominación (Quijano, 2000). La “desideologización” no elimina una ideología: impone la del grupo que pretende presentarse como neutral.
La narrativa del
supuesto “resurgimiento terrorista” cumple una doble función. En el plano
internacional, permite presentar a determinados gobiernos, organizaciones
sociales o movimientos de oposición como amenazas a la seguridad y justificar
intervenciones militares. En el plano interno, sirve para criminalizar la
protesta social y habilita la represión estatal. La advertencia de Stanley
resulta pertinente: “la política fascista busca separar a la población entre un
‘nosotros’ y un ‘ellos’” (Stanley, 2018). Cuando la etiqueta de terrorista se
aplica sin pruebas a cualquier adversario, la excepción reemplaza a la
democracia y los derechos humanos pasan a ser tratados como obstáculos para el
orden.
La ofensiva contra
el Lugar de la Memoria, la interculturalidad y la diversidad forma parte de una
disputa por controlar el pasado y legitimar una jerarquía social presentada
como tradición nacional; por ello, la supuesta “neutralidad” curricular puede
convertirse en una estrategia de reescritura histórica favorable al
autoritarismo (Ragas, citado en La República, 2026; Lugones, 2008). El
objetivo no es solo modificar los contenidos escolares, sino formar una
ciudadanía sin memoria crítica y tolerante con la impunidad; frente a ello,
corresponde defender los derechos humanos, la educación intercultural bilingüe,
la libertad académica y la investigación histórica independiente, fortaleciendo
desde la sociedad civil una cultura democrática capaz de examinar críticamente
todas las versiones del poder.
Perú: 25/09/2026

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