domingo, 26 de abril de 2026

RECUERDOS DEL AYER: GRANDES CULTORES DE LA MUSICA ANDINA

 LA FAMILIA RODRIGUEZ

QUENAS, ZAMPOÑAS… ECOS DEL IMPERIO

Por: Miguel Castillejo Zolezzi

Revista MENSAJES Nº 26, Lima 1984

L

a influencia de la música sobre el hombre, en todas las épocas y en to­dos los pueblos, está presente des­de el nacimiento hasta la muerte.

Esta presencia que, naturalmente, tie­ne características especiales en cada lu­gar del mundo, cobra en nuestra Zona Andina rasgos particulares por su varie­dad, colorido y temática.

En el Cuzco, magnificente corazón del Imperio Incaico, se conjugaron las ex­presiones más importantes del arte mu­sical y de la danza, su hermana indesligable, como consecuencia de sus mani­festaciones autóctonas, así como la llegada de los pueblos sojuzgados.

Posteriormente, la Colonia aporta ma­nifestaciones propias, españolas, que progresivamente introduce a la gama pentafónica indígena los semitonos, des­conocidos por los músicos incaicos, así como nuevos instrumentos, elementos que son asimilados por los artistas na­tivos. Ello dio nacimiento a una nueva variedad de música y danza, es decir, al folklore cuzqueño actual.

La riqueza musical que desde tiempos ancestrales han adquirido los cuzqueños, tienen entre sus intérpretes a celebra­dos artistas. Entre ellos destaca un con­junto integrado por todos los miembros de una familia compuesta por Alberto Rodríguez y Dina Núñez de Rodríguez, los padres, y ocho hijos, tres varones y cinco mujeres: Moisés, Dina, Marcia, Gabriel, Ramón, Irma, María Jesús y Maritza, cuyas edades van de los siete a los 23 años... hasta el momento, por­que en breve se incorporarán Alberto y Francisco, de cuatro y dos años respec­tivamente.

Los esposos Rodríguez son descen­dientes de antiguas familias cusqueñas. Alberto es oriundo de la Pampa de An­ta, ubicada a 25 kilómetros de la Ciu­dad Imperial y Dina nació en el célebre Barrio de San Blas. Alberto manifiesta con énfasis, que su vocación por la mú­sica y la de su esposa e hijos, obedece en gran medida a un factor hereditario. “No puede ser de otra manera -señala- puesto que tanto mi familia como la de Dina han tenido, desde siempre, una es­pecial predilección por la música”. To­dos, abuelos, padres, hermanos, domi­nan por lo menos un instrumento. “La música ennoblece al hombre, por eso es­toy muy orgulloso de la inclinación de mis hijos por la música”, afirma con to­da razón Alberto Rodríguez.

Es así que el amor por la música en general y por los instrumentos andinos nacionales, llevaron a dos de sus hijos, Ramón y Moisés, a estudiar y desarrollar la tradicional zampoña que normalmente tienen seis y siete tubos de carrizo, creando el “Perúfono” que es una gran zampoña de 37 tubos que reproduce exactamente la escala del piano, con la cual se puede ejecutar todo tipo de música.

Aquello de “nacidos para el arte” co­bra en esta familia legítima certeza, puesto que los esposas Rodríguez se co­nocieron durante un concurso musical organizado con motivo de la Semana Ju­bilar del Cuzco, en 1957, ocasión feliz en la que ambos obtuvieron el primer premio, cada uno en su especialidad. Dina como vocalista solista y Alberto co­mo Director de Estudiantinas.

Acuciosos recopiladores y composito­res del folklore de su departamento, la familia Rodríguez interpreta con gran fidelidad, asimismo, las manifestaciones musicales regionales del País. Sin em­bargo, refiriéndose a la amplitud y va­riedad del acervo cuzqueño, Alberto afirma que toda una vida dedicada exclusivamente a la recopilación no alcan­zaría para compendiarla, debido a que pueblos separados por apenas cinco o siete kilómetros, tienen manifestaciones muy propias y absolutamente diferentes.

La versatilidad musical y la destreza en la ejecución de sus instrumentos tra­dicionales —charangos, quenas, guita­rras, zamponas, bombo—, así como un serio y constante estudio artístico, ha permitido a la Familia Rodríguez ampliar considerablemente su panorama inter­pretativo, logrando ejecutar con gracia y propiedad, ancestral música autóctona, es decir, las expresiones musicalizadas de costumbres, ritos, creencias, leyendas, fábulas, recibidas por transmisión oral desde la época del Imperio Incaico que subsisten hasta hoy, por tradición.

Igualmente, la música mestiza espa­ñola-peruana, que se produce y practica desde la Colonia, y con influencia, en menor escala, de otros países, así como las más representativas piezas del fol­klore latinoamericano.

El constante desarrollo artístico de la "Familia Rodríguez", —patrocinada por la Asociación Festivales Culturales del Pacífico, que dirige el periodista Oc­tavio Gálvez Gamboa, y que ha merecido el reconocimiento del Ministerio de Relaciones Exteriores, que auspicia la presentación semanal del espectáculo "Folklore del Perú y del Mundo", en la Asociación de Artistas Aficionados (AAA), así como en otros locales cultura­les, embajadas, etc.— se expresa, en la entrega adicional en cada programa, de ejecuciones de mayor envergadura, co­mo ser la música culta, interpretando be­llas y clásicas composiciones como la Marcha Turca, de Mozart y Guillermo Tell, de Giacomo Rossinni, entre otras, empleando solamente instrumentos an­dinos tradicionales como el charango, quenas y bombo. Sin embargo, pese a lo insólito de los instrumentos para este género musical, el resultado es de gran belleza y propiedad. El entusiasta aplau­so del público así lo corrobora.

Alberto Rodríguez señala con modes­tia, que ello se debe a la nobleza de los instrumentos creados por nuestros ante­pasados, como por ejemplo, el charango, pequeño guitarrín que puede ser fabri­cado íntegramente de madera o de ma­terial mixto; en este caso usando como caja de resonancia la caparazón del ar­madillo o "quirquincho". El afinamiento del charango, o "charanguito", dulce di­minutivo que le dan los músicos andinos, es más complicado que el de la guita­rra, pues consta de 10 cuerdas, templa­das por pares y cruzadas. Este afina­miento o temple es un desafío del mú­sico andino a la guitarra española, dice sonriente Alberto Rodríguez.

Para el público que aprecia emocionado las actuaciones de la “Familia Rodríguez”, es el virtuosismo de sus intérpretes el factor fundamental de su éxito. Una familia unida en un solo propósito: cultivar el arte y difundirlo.  <>

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Miguel Montesinos Lujan, en su libro “Brisas del Titicaca. Génesis”  Ed. Brisas del Titicaca, Lima 2023, p. 178, dice: PEÑA FOLKLORICA DE LA FAMILIA RODRIGUEZ.-  Hablar de la familia Rodríguez, es hablar de un grupo musical que marcó toda una época. Con sus melodiosas voces interpretaban música peruana y latinoamericana, cautivando a todo el país.

El año 1979, la Familia Rodríguez administraba una especie de peñita los fines de semana (viernes y sábado) los asociados ‘invadieron la casa con alrededor de 50 personas; entonces ellos abrieron las puertas como si estuviéramos en nuestro propio hogar, degustando los deliciosos chicharrones que preparaba mamá Dina.

En las noches, la Familia en pleno cantaba y tocaba sus instrumentos musicales, luego hacían un ‘recorrido’ por los tres ambientes de la casa a semejanza de un pasacalle; era una verdadera serenata y fiesta, mientras nuestra Estudiantina ACBT interpretaba música puneña. También era parte del espectáculo la música criolla al piano, interpretado por el músico y compositor don Jorge Huirse Reyes.

Durante el año 1978, papá Alberto visitaba el local de Brisas de Jesús María, en el mes de julio de aquel año, toda la familia realizó una presentación musical nocturna que suscitó una gran aceptación y asistencia de socios e invitados. El ilustre músico don Jorge Huirse deleitaba a los asociados con música puneña y criolla los fines de semana, en aquel piano que estuvo en uno de los ambientes del local de Av. Santa Cruz en Jesús María.