martes, 14 de julio de 2026

HISTORIANDO A LA SEÑORA FUJIMORI

 KEIKO FUJIMORI O EL VUELO DE LA CIGARRA

 Por Gustavo Espinoza M.

Julio 13, 2026

E

sopo, el escritor griego del siglo VI de la Era Cristiana narró con ingenio la fábula de la Cigarra y la comparó con la hormiga. La Cigarra no gustaba de trabajar. Prefería vivir tocando música y cantando al tiempo que era mantenida por quienes laboraban para ella. Sólo en su edad adulta tomaba vuelo y mostraba una imagen distinta a la anterior, placentera y acomodada.  No es necesario decir que se parecía a ciertas personalidades del escenario político peruano que adolecen de las mismas penalidades y que hoy aspiran a tomar vuelo a la sombra del drama nacional. Veamos:  

Hubo un tiempo en el que los panegiristas del fujimorismo buscaron relegar el apellido Fujimori y aludir a Keiko invocando solamente su nombre de pila. Fueron esos los años iniciales del siglo XXI., después que en noviembre de 2000, el mandatario de la “Década Dantesca” huyó del país y encontró refugio en el Japón de sus ancestros. Ese legado resuena aun hoy. Mucha más gente habla de “Keiko” a solas, y olvida consciente o inconscientemente, que apellida Fujimori. 

En la etapa más recientemente, cuando ya fallecido el dictador fue sepultado casi con honores de jefe de Estado. Keiko resolvió tímidamente, retomar su identidad inicial aludiendo al apellido de su padre e incluso revindicó “las partes buenas” de su gestión gubernativa. 

Ya recuperado su acceso al Poder, la ex primera dama ha retomado con fuerza su ya vieja identidad y se hace llamar “la señora Fujimori” sin ningún resuello. De ahora en adelante se le conocerá entonces como “La ¨presidenta Fujimori”. Con el tiempo, “Keiko” será sólo para sus íntimos 

Los inicios de una larga carrera 

No hay que olvidar, sin embargo, que la señora en cuestión tiene una larga carrera política.  Por lo demás, nacida en 1975, vivió desde el fin de su adolescencia, entre los oropeles del Poder, fue seducida por ellos y luchó siempre por respirar los  aromas palaciegos de los que, finalmente, podrá deleitarse en el próximo periodo político peruano,

El inicio de todo fue en 1990 cuando el padre, un oscuro ingeniero y profesor universitario, derrotó en las elecciones presidenciales al escritor Mario Vargas Llosa quien prometía aplicar un Shock Neoliberal para “recuperar” la economía de los peruanos afectada por una administración populista de la etapa anterior. 

Como se recuerda, el “chinito de la yuca”, como también se le conocía al ingeniero elegido ese año, libró en la etapa electoral, una campaña efectista contra ese latigazo económico, que él mismo aplicaría con entusiasmo una vez ungido como Mandatario. 

Keiko, que ya no era una niña -frisaba en ese entonces los 17 años- pudo percibir el cambio camaleónico de su padre que justificó la voltereta asegundando que la política de “Shock” era más efectiva que la que originalmente él había propuesto. 

Ese gesto, que no era una rectificación generosa sino un cambio radical de opción política llevó al presidente Alberto Fujimori a congraciarse con el Fondo Monetario Internacional, los inversores extranjeros y la clase dominante de un país ya severamente afectado por la corrupción y el engaño.  Con certeza, Keiko pudo conocer y apreciar ese “cambio de rumbo” que le mostró cómo podían servirle giros de ese corte en sus años por venir. 

En abril de 1992 Alberto Fujimori tomó el control absoluto del Poder gracias un Golpe de Estado que pudo impulsar asociándose con los núcleos más conservadores de la sociedad y la cúpula castrense que se aupó a su sombra en busca de beneficios y privilegios. 

Pocas semanas más tarde, a fines de abril y comienzos de mayo se produjo la primera crisis en la pareja conyugal y Susana Higuchi -la esposa de Fujimori- fue secuestrada, detenida, conducida a los calabozos del Servicio de Inteligencia y brutalmente torturada. Keiko siguió atentamente los hechos y al año siguiente, en 1993. Aceptó reemplazar a su madre en el puesto de primera dama de la Nación, del que fuera despojada Susana. 

Siete años cumplió esa función a la sombra de su padre.  En ese lapso, ocurrieron muchos hechos: la persecución a opositores, la detención de periodistas, el avasallamiento de las libertades principales, la destrucción del aparato productivo del país, el remate de las empresas públicas, la corrupción generalizada, los operativos del Grupo Colina y numerosas masacres en el interior del país.  Ella adquirió su “madurez política” a la sombra de esos acontecimientos. 

En esos años también ella y sus hermanos estudiaron en el exterior y el país gastó en su educación alrededor de 1 millón 350 mil dólares cancelados a Universidades de Nueva York y Boston, en los Estados Unidos. Ella administró esos recursos que le fueron entregados en moneda extranjera de manera directa por el jefe real del Servicio de Inteligencia y asesor de su padre, Keiko diría luego que ella “aconsejó “a  su padre alejar a ese asesor de su entorno y renunciar, en el año 2000 a postular a una tercera reelección presidencial. No hay prueba alguna que eso haya sido así. 

Sí hay prueba, sin embargo, de la negativa de Keiko a aceptar la realidad cuando su padre huyó del país y desde Tokio envió por Fax su carta de renuncia a la Presidencia de la República. Forzada por las circunstancias, fue finalmente obligada a abandonar las instalaciones de Palacio de Gobierno en noviembre del 2,000, lo que hizo con gran pesar. Después´ de ese hecho, y de un “descanso reparador” en los Estados Unidos, volvería al Perú para iniciar aquí su propia “carrera política”. 

La construcción de su propio proyecto 

Fue más precisamente en el 2006 que Keiko inició la tarea de construir su propia opción política. En ese entonces, su padre estaba en Japón, donde había recuperado su nacionalidad nipona para postular al Senado de ese país y contraído nupcias con una japonesa millonaria, la señora Naomi Kataoka, que lo abandonaría poco después.    

Keiko encaró su tarea con desgano.  Ya se había habituado al papel de protagonista, vale decir, primera agonista de una lucha singular. No le acomodó ser una más entre 130 parlamentarias, con poca voz y ninguna iniciativa. Por eso no se registra un solo proyecto de ley presentado por ella. Tampoco ninguna propuesta legislativa. Permaneció callada y sin apremios buena parte del periodo que comprendió su gestión parlamentaria. Pero esta no fue completa. Se tomó la libertad de pedir 500 días de “licencia”. En ese lapso, se fue a los Estados Unidos donde terminó de estudiar y encontró a Mark Vitto Villanela quien sería su esposo, un ciudadano norteamericano del que se divorciaría en el 2024. 

Fue en este periodo que se inicio contra Keiko Fujimori una seria investigación por parte del Ministerio Público. Fue acusada de la comisión de diversos delitos: cohecho, lavado de activos, falsedad genérica y otros. Como consecuencia de ello, fue encarcelada en tres oportunidades por un total de 500 días, Finalmente, y ya en e  el último tramo de la política -en el 2025- el Tribunal Constitucional a su servicio, la liberó de todos  los procesos. Ojo.. No la declaró inocente de nada, ni la absolvió de acusación alguna. Simplemente decidió que no debía iniciarse un proceso en su contra ni investigarse a ella. Y eso, por mayoría de votos en el TC. Se trataba entonces de habilitarla a cualquier precio para que pudiese ser candidata el 2026. Cuando topo eso pudo concretarse, vino la venganza: los fiscales que tuvieron a su cargo la acusación, fueron echados del Servicio Público y sometidos a una dura campaña difamatoria.  l 

Llevada por su afán de figuración y una creciente ambición de Poder, Keiko postuló a la presidencia de la república el 2011, explotando dos leyendas: la “recuperación económica” y “la derrota del terrorismo”, ambas atribuidas a tu padre por la propaganda de la clase dominante. Basado en ellas y en una furiosa campaña anticomunista, logró alcanzar la más alta votación en la primera vuelta electoral, pero fue derrotada en la segunda por un uniformado, el coronel Ollanta Humala, que levantó algunas banderas progresistas, pero luego siguió aplicando el “modelo” neoliberal heredado de Alberto Fujimori y aplicado también dócilmente por los mandatarios siguientes; Alejandro Toledo y Alan García. 

Keiko no estaba acostumbrada a la derrota. Pero eso desconoció los resultados, gritó “fraude” lo más fuerte que pudo y acusó a todos sus adversarios de haberse coludido para perjudicaría, aunque finalmente debió rendirse ante los hechos y aceptar que había perdido. Se retiró a sus “cuarteles de descanso” no sin antes asegurar su liderazgo en Fuerza Popular y garantizar un “aporte parlamentario” procedente de sus congresistas, que le permitiría vivir sin trabajar como hasta ese momento lo venía haciendo. 

El periodo 2016-2021 fue particularmente complejo y difícil para el país. Gracias a la mayoría parlamentaria alimentada por los 5 congresistas del APRA, Fuerza Popular tuvo mayoría absoluta y por tanto pudo hacer y deshacer a su antojo. Lo que hizo, fue destruir. Censuró ministros, amenazó la estabilidad política del país, diseñó modelos de gestión autoritarios y por ultimo se empeñó en declarar la vacancia de la presidencia de la República para expulsar a PPK del Gobierno, En el extremo, el presidente renunció en marzo del 2018 en el marco de un escenario convulso. 

Lo curioso fue que uno de los motivos de la confrontación entre el presidente y Keiko fue el tema de la libertad de Alberto Fujimori, que en el 2008 había sido procesado y condenado a 20 años de prisión. El antiguo mandatario, que permaneció en Tokio hasta el 2007 optó por volver al Perú, pero terminó en Chile donde fue detenido a solicitud de las autoridades peruanas y finalmente enviado al país para ser juzgado. En todo ese lapso, Keiko guardó silencio, pero cuando el 2017 PPK habló de la posibilidad de otorgarle un Indulto, Keiko se opuso. 

Ya había ocurrido algo similar el 2011 siendo presidente Alan García, quiso indultar a Fujimori al termino de su gestión, por lo que convoco a Keiko y a Ollanta Humala -las dos primeras votaciones en los comicios de ese año- a fin de recabar su opinión. Ollanta aceptó la idea, pero Keiko la rechazó. Se negaba a aceptar la libertad de su pudre porque quería disponerla ella. Y para eso, necesitaba ser presidenta. El 2017 fue su hermano Kenyi quien gestionó y pactó la libertad de Alberto Fujimori a cambio de apoyo político a la gestión presidencial. Keiko lo expulsó del Partido y lo hizo sancionar por el Congreso. Por muy poco se libró de ir preso. 

El vicepresidente de entonces -Martin Vizcarra- asumió el gobierno ante la renuncia de PPK. Contó inicialmente con la venia de Keiko, pero ella luego quiso imponerle ministros, lo que no aceptó, por lo que ella le declaró la guerra. Un primer paso, fue el cierre del Congreso por parte de Vizcarra. Y uno segundo, fue la vacancia de Vizcarra. El tercer paso, fue la inhabilitación política de Vizcarra. Su procesamiento y su condena a 15 años de cárcel. Ahí se encuentra. 

Este es un procedimiento usado por el fujimorismo: a quienes se le opusieron, los acusó de cualquier cosa y los condenó. Hoy todos están presos: Toledo.  Humala, Vizcarra, Castillo. En el íntimo de Keiko sé abrigó una idea: ustedes me encarcelaron, ahora los encarcelo a todos. Y así va. 

El 2021, la última derrota 

El 2021 fue la última derrota de Keiko.  Y para ella, fue lo último que le podría ocurrir. De ahí para adelante, nunca más. Y lo dijo en un acto partidario_ “nunca no los volverán a hacer”. El 2021 también se negó a aceptar los resultados. No sólo alegó fraude. También recurrió a los organismos internacionales, a la OEA. En el extremo, envió emisarios a los Estados Unidos para “explicar a su gobierno, la gravedad de la situación peruana si se permitía que asumiera la presidencia un comunista como Pedro Castrillo” Rafael López Aliaga, colaborador de Keiko, pidió expresamente el envío de Infantes de Marina de los Estados Unidos para impedir se consumara el hecho. 

Finalmente tuvo que allanarse a la asunción de Castillo, como el proceso electoral de ese año lo dispuso.  Pero desde el primer día conspiró para derribar a su gobierno. 

Lo primero que hizo, fue constituir un bloque de oposición uniendo a todas las fuerzas de la derecha peruana. Logró así mayoría parlamentaria. Luego, gracias a la mayoría parlamentaria, fue tomando una a una las instituciones públicas.  Así se apoderó de la Fiscalía de la Nación, de la Contraloría de la República, de la Corte Suprema, del Jurado Nacional de Elecciones, de la Oficina Nacional de Procesos Electorales, de la Junta Nacional de Justicia, del Banco Central de Reserva, de la Superintendencia de la Banca y Seguros, del Tribunal Constitucional y hasta de la Defensoría del Pueblo. 

Para este “asalto” a las entidades del Estado fue posible “ganó” para su causa a Perú Libre, el Partido de Vladimir Cerrón, que se proclama de Izquierda, socialista y aún Marxista Leninista. Para “ganar” a ese partido. Le dio una Vicepresidencia del Congreso a Waldemar Cerrón, hermano de Vladimir, quien desempeñó esa función por tres años consecutivos, y la Defensoría del Pueblo, que tiene voz, pero que carece de poder real. Surgió así lo que el común de la gente llama “la Mafia gobernante”. 

A ella se debe todo: las conocidas leyes “pro crimen” que benefician a los delincuentes y favorecen sus acciones, los nombramientos de ministros y la remoción de los mismos, la designación de funcionarios en las entidades del Estado, las concesiones, los contratos y las “buenas Pro” otorgadas en provecho de los suyos, las partidas, los presupuestos, las iniciativas legislativas y todas las disposiciones emanadas de un Poder omnímodo que sin embargo acumuló  el desprecio masivo de la ciudadanía.  Ese Congreso conto en los últimos dos años, con apenas el 5% de aceptación pública, Pero la etapa decisiva de su gestión se circunscribió a un periodo inicial, el comprendido entre julio del 2021 y diciembre del 2022, cuando finalmente fue derribado Castillo. 

La caida de Castillo y la consolidación de Keiko 

Finalmente, el 7 de diciembre del 2022 la Mafia pudo derribar a Pedro Castillo y hacerse plenamente de todos los resortes del Poder. Usó como argumento una presentación del Mandatario quien mediante un mensaje televisado disponía el cierre del Congreso, para detenerlo, destituirlo y vacarlo en apenas dos horas.  La cosa fue tan precipitada, que no se respetó procedimiento alguno. Como lo dijimos en ese entonces, Pedro Castillo no podía ser detenido porque gozaba en ese instante de la Inmunidad Presidencial, pero se le interceptó en la vía pública usando patrullas armadas y se le condujo a un establecimiento restringido donde fue detenido. Poco después fue confiando en una prisión. 

En el Congreso no se discutió ninguna moción de vacancia ni se hizo uso de ningún procedimiento parlamentario. Ni siquiera se admitió una moción de Orden del día para actuar, Simplemente se puso a votación un pedido de dos parlamentarios para destituirlo del cargo, cuando él ya estaba detenido. Un procedimiento como ese, era completamente ilegal. De todos modos, en un caso extremo, podría hacerse, pero sólo con el respaldo de las 4/5 del legislativo, es decir 104 votos, cifra que nunca se alcanzó. Por lo demás, no se concedió a Castillo el más mínimo derecho a la defensa, Todo fue un procedimiento irrito. 

El mismo día, en su reemplazo fue designada su vicepresidente, Dina Boluarte, quien ya estaba coludida con la Mafia para la operación así ejecutada. Dina Boluarte gobernó hasta octubre del 2025 en estrecho contacto con Keiko Fujimori y completamente sometida a los designios de la mayoría parlamentaria que continuó su tarea “legislativa” destituyendo jueces y fiscales críticos al fujimorismo. Entretanto, con todos los resortes del Poder en sus manos, Keiko postuló una vez más a la presidencia de la República en los comicios del 2026. 

A la segura 

Con todos los organismos del Estado bajo su control, contando con endoses millonarios de dinero depositados por las grandes empresas, y con la adhesión de la cúpula militar y el apoyo de la policía nacional; Keiko Fujimori postuló por cuarta vez en el 2026. Esta vez, ganó.  Su “victoria” es ciertamente muy discutible. Ella perdió en la votación que se hizo en el Perú. Perdió también en 15 de las 24 regiones del país y por lo menos en el 75% del territorio nacional. 

Solo “ganó” en la votación en el exterior, y más precisamente en los Estados Unidos. Pero allí no se cumplieron los requisitos establecidos en la norma puesta en marcha al convocarse las elecciones: no se digitalizó la votación en mesa, como estaba previsto. Se obvió ese procedimiento de tal modo que, cuando las actas llegaron con dos días de retraso, nadie supo cual había sido el resultado de la votación en mesa. 

Sospechoso resulta el hecho que eso haya ocurrido en las mesas situadas en los Estados Unidos, que las actas hayan llegado con tanto retraso por vía consular, que personal del Jurado Electoral no haya participado, si no que hayan sido los Cónsules los encargados del traslado de los cómputos no digitalizados. Nada de eso, sin embargo, ha sido admitido por el Jurado Electoral que ha declarado simplemente “sin lugar” los recursos presentados en torno al tema. 

Y sospechoso resulta también el trajín del embajador de USA en el Perú, Bernie Navarro, quien se hizo acreditar como “veedor internacional” de las elecciones y tuvo diversas entrevistas con cada uno de los altos funcionarios del sistema electoral peruano hasta acabar recibiendo “como invitado de honor” al presidente del JNE en la recepción que ofreciera el 1 de julio celebrando los 250 años de la existencia de los EE.UU.   La injerencia norteamericana fue evidente. 

Todo el mecanismo electoral estuvo “arreglado” para garantizar una victoria inobjetable de Keiko Fujimori. Ella alcanzó apenas el 10% de los votos en la primera vuelta, pero le reconocieron un 17% añadiéndole los votos nulos y blancos y con ese porcentaje fue considerada “ganadora de la primera ronda” y pasó a la segunda en tal condición. En la segunda no alcanzó el 50% más uno como lo proclamó el JNE, sino solo el 33%, pero con el mismo juego de cifras, le añadieron los votos nulos y blancos para “regularizar” su victoria final. 

Esto resulta más llamativo si se toma en cuenta la votación parlamentaria. Con el 10% de votos en la lista de un Senado de 60 miembros, debió obtener 6 Senadores, pero le adjudicaron 22.  Y en una Cámara de Diputados de 130 miembros, debió corresponderle una cifra tope: 13 diputados. No obstante, le admitieron 41. 

Esa proporción fue admitida así para garantizarle no solamente la victoria, sino también una representación parlamentaria que le permita gobernar o incluso cogobernar en el hipotético caso de no poder alcanzar el triunfo en los comicios. En otras palabras, quienes urdieron la elección, se pusieron en las dos variantes posibles para garantizar que ella no perdiera. 

En el escenario continental 

La elección peruana forma parte de los procesos electorales celebrados en América Latina en los últimos 18 meses, más precisamente desde la victoria de Donald Trump en los Estados Unidos. El presidente norteamericano “metió las narices”  en Honduras para asegurar la victoria del presidente Nasfura; en Argentina para ayudar a Javier Milei; en Chile para respaldar a José Antonio Kast; en Ecuador para afirmar el Poder de Noboa, en Bolivia para respaldar al Demócrata Cristiano Paz, en Perú y en Colombia.  En otras palabras, para asegurar un “viraje” continental en respaldo a su política de dominación y a su estrategia guerrerista en el concierto mundial. 

Doblegando a la Venezuela Bolivariana, incrementando el bloqueo criminal contra Cuba, aislando a Nicaragua y esperando derrotar a Lula en Brasil, la administración norteamericana busca “cerrar” el continente para enfrentar la presencia económica y política de China en América Latina. 

La perspectiva peruana 

En este marco general, la perspectiva peruana se perfila ciertamente preocupante. Aunque en teoría es posible que “sectores moderados” de la derecha clásica puedan influir para “convencer” a Keiko Fujimori de hacer una gestión gubernativa formalmente democrática y respetuosa de las libertades formales precisamente para quitarle la imagen de una dictadura siniestra, es poco probable que esa sea la ruta por la que opte Keiko Fujimori. 

Ella no está acostumbrada a un escenario democrático. Ni siquiera a admitir debates internos o disidencias políticas. En eso, tiene definido el perfil de su padre y opta por un corte radical que acabe con la tolerancia.. Dirá entonces que lo que se necesita es “avanzar” y si para eso hay que reprimir, debe hacerse. Tiene todo el aparato preparado para ello. 

Por lo demás, está rodeada íntimamente por los núcleos más autoritarios. Por un lado, Williams Zapata, el general que encabezara el Comando Chavín de Huántar y antes las patrullas “Lince” en la sierra centra; por otro por Rafael López Aliaga, que propone crear campos de concentración en la selva peruana para recluir allí a “los terroristas” . De esas corrientes vienen sus principales “asesores” que, por lo demás, fueron los mismos asesores de Dina Boluarte cuando asesinó a 80 peruanos en el sur andino entre el 2022 y el 2023 y los que cumplieron la misma función con Jerí hace poco tiempo. 


Racionalmente no es previsible esperar entonces una gestión de corte democrático más adelante. Por el contrario, lo previsible es que se vaya afirmando una dictadura oprobiosa desde un inicio. Por lo pronto, ya Keiko sostuvo la necesidad de pedir “facultades legislativas delegadas” al Congreso para tomar las medidas “urgentes” que juzgue indispensable. Pero pensando que aun eso sería insuficiente, anunció ya que gobernaría con “Decretos de urgencia”, licencia constitucional para situaciones de emergencia. 

La situación, entonces, se torna particularmente delicada. Para hacerle frente será indispensable promover la más amplia unidad popular, organizar activamente a los trabajadores y a las masas populares, politizar a las grandes mayorías nacionales y promover y alentar las luchas. 

La fábula de Esopo tiene actualidad. A la Cigarra le encanta vivir plácidamente, pero ahora deberá volar. Pero ese será su ocaso. <>

 

lunes, 13 de julio de 2026

DATOS CLAVES PARA LA INVESTIGACION SOCIAL

 CENSO PARA REFLEXIONAR

Escribe: Milcíades Ruiz

M

olesto vuestra atención, para mostrar algunos resultados del último censo de población y vivienda llevado a cabo el año pasado, a fin de estimular la reflexión y análisis correspondiente.

Como resultado del último censo de población y vivienda, el INEI ha establecido que al 2025, el Perú tiene ya, 34.2 millones de habitantes, siendo la mayoría, mujeres (50.6%), pero en una situación de postergación en todo aspecto, sobre todo en el área rural y de raíces nativas. Esto, nos lleva a pensar que, esta injusticia debe ser subsanada.

Como consecuencia de los malos manejos gubernamentales de los partidos políticos de derecha que, sucesivamente se han turnado en la conducción del país, mucha gente huye de las zonas de pobreza rural, se cobija en el área urbana y, pugnan por el empleo. La oferta laboral es mayor que la demanda y la pobreza urbana también aumenta. Esto se agrava con la invasión de más de un millón de migrantes venezolanos.

La población rural también sigue creciendo sin que aumenten y mejoren las condiciones de vida. Viven en el área urbana el 80.6% de la población. La superficie urbana no llega ni al 1% del territorio nacional. En cambio, solo la superficie en la que viven y trabajan los productores agropecuarios y campesinos, es el 30% del territorio nacional. Sin embargo, nunca, los partidos políticos gobernantes han tenido una estrategia de desarrollo rural frente a este desbalance.


 En esta deformación de la sociedad peruana, tenemos los siguientes resultados que se muestran en el gráfico siguiente. Como se verá, solo en algunos departamentos de la región sierra, sobre todo en el sur, la ruralidad de la población es alta, siendo Huancavelica el más rural, con el 67.4% de su población. Por el contrario, son los departamentos de la costa los de menor ruralidad. Esto nos da una idea de la situación de la población nacional, cuya reivindicación deberíamos enarbolar políticamente.  


 Según región natural, la situación es dramática para la sierra. Durante décadas, la migración es incesante en dos vías: Hacia la costa que aumenta su población y, hacia la selva por nuevas tierras y los atractivos del narcotráfico que ofrece altos precios por el cultivo de coca. Nada de esto, conmueve a los partidos políticos gobernantes.


 No es casual que la población analfabeta siga creciendo. Desde el anterior censo ha aumentado en más de 35 mil personas, sobre todo en la sierra y entre las mujeres mayormente. Por eso, es importante plantear soluciones como banderas de lucha contra tanta injusticia.


 Los departamentos con mayor analfabetismo entre su población son los de la serranía y claro, en el área rural y entre las mujeres. Huancavelica que es el de mayor ruralidad, tiene la tasa más alta de analfabetismo.


En cuanto a los peruanos ancestrales, tenemos un mestizaje alto pues, el 62% de la población peruana se identifica como cholo o, mestizo, aunque muchos no quieren ser considerados “indios” o, de la población nativa, para no ser despreciados. Pero los que se identifican sinceramente como de origen quechua y aimara, constituyen alrededor de la quinta parte de la población peruana. En el área rural los de origen nativo suman el 44.2% de la población, entre quechuas, aimaras y naciones originarias de la selva.

Esto nos hace ver la importancia de considerar las reivindicaciones de la población nativa en nuestra plataforma política. La población afroperuana es el 6%. Pero ninguno de estos sectores tiene una representación equivalente en el poder gubernamental.

Bueno pues, se espera que lo mostrado a grandes rasgos, conmueva las consciencias, se reflexiones y, se asuma una posición política de equidad. Brindo este servicio voluntario esperanzado en que ustedes reaccionen, para ver si vale la pena continuar.

10 julio/ 2026




domingo, 12 de julio de 2026

URGEN PREVISIONES PARA ENCARAR CALAMIDADES QUE TRAERA EL ANUNCIADO FENOMENO CLIMATICO

 EL NIÑO Y LOS PRESIDENTES

Carlos Cabanillas León

En PERU21 12JUL26

H

ay un Niño antes y después de Ia descentralización. Ahora hay más presupuesto pero también más burocracia. Una diferencia clave con el vertical centralismo de los 80 y 90.

Fue el más terrible, más desastroso, más letal. No es exagerado decir que El Niño se trajo abajo al segundo gobierno de Fernando Belaunde. Eco nómica y popularmente hablando. El fenómeno fue llamado "la madre de todos los Niños". Fue uno de los diez grandes eventos lluviosos ocurridos en los últimos cinco siglos. Y fue el segundo gran Niño de los tres que hubo en el siglo XX en la costa norte peruana.

El bíblico diluvio arrasó el Perú de noviembre de 1982 a febrero de 1983. Hubo que expropiar casas para construir una defensa ribereña en Piura y Tumbes. Y ambos departamentos quedaron incomunicados. No había acceso por aire, mar o tierra. Las lluvias arrasaron los puentes y activaron varias quebradas de lodo. Los techos de las casas sucumbieron. El chapuzón también destruyó la Panamericana Norte. Hubo más de 1,700 casas inhabitables. Fue la crisis climatológica más grande de la que se tenga memoria. Aún peor que El Niño de1972-1973, que -según la hemeroteca- fue tan brutal que acabó con la preciada pesca de anchoveta. Hubo lluvias torrenciales, huaycos imposibles, inundaciones y maretazos. Y, luego del diluvio, llegaron las enfermedades de siempre. El dengue, las aguas servidas, el cólera. Según la crónica de la época, hubo un decrecimiento de hasta 13% del PBl.

Niño milenario

El fenómeno de El Niño ya azotaba los templos y colapsaba el sistema agrícola de la cultura moche, allá por el siglo Vl d.C. Y a pesar de ello, la prevención ha sido históricamente mínima frente a este flagelo desde que se tiene uso de razón. Algo improbable, considerando que en estas tierras no solo llega El Niño costero, sino también El Niño global. El Niño costero se forma por condiciones atmosféricas locales frente a Ecuador y el norte del Perú. El Niño global, en cambio, implica que se calienta todo el Pacífico sur, desde Australia hasta Sudamérica, y tiene devastadores efectos a escala mundial. Ambos Niños han marcado gravemente la historia política peruana contemporánea. Para este 2026-2027, los pronósticos no son los mejores. Se prevé que el fenómeno de El Niño costero ingrese a una fase de mayor intensidad. Y que coincida en los próximos meses con el desarrollo de El Niño global en el Pacífico central. Esto configuraría un escenario de calentamiento generalizado que podría extenderse por todo 2027. Y esta suma consolidaría un mega-Niño que crearía la tormenta perfecta.

De 1982 a 1997

Si en la costa de 1982 hubo diluvios, en la sierra hubo sequías. Y eso produjo desabastecimiento de productos de primera necesidad. En el mar también se perdieron temporalmente algunas especies. Como la temperatura subió 7 grados centígrados, aparecieron tiburones y cachalotes. Y hubo lobos marinos varados en la playa. El 28 de julio de 1983, Belaunde hizo un balance de los daños en pleno mensaje presidencial. Se contabiliza ion al menos 1'330,000 damnificados y 512 muertos Al final del desastre hubo pérdidas económicas por US $  3,000 millones. Y un saldo de 545,000 damnificados. Belaunde sentenció que el país se vio afectado por el mayor desastre natural en el presente siglo.

La crisis televisada

Nevada en alturas puneñas
Para 1997,Los científicos pronosticaron un cruce entre El Niño costero y El Niño global. Un desastre monstruoso, solo comparable al de 1982. La lección fue aprendida. Y Alberto Fujimori aseguró que la historia no volvería a repetirse. Seis meses antes de la llegada del diluvio, la prevención fue clave, pero siempre con cámaras de televisión presentes. 

Alpacas en medio de la nieve
Fujimori se puso las botas de jebe, se subió al helicóptero y se tomó miles de fotos en el teatro de operaciones. Se embarró los zapatos, se remangó la camisa y acompañó a los deudos. Fue un presidente mediático. Supo aprovechar como nadie los flashes para centralizar todas las acciones en su figura política. Es innegable que su instrumentalización autoritaria del desastre creó escuela, pero también dio resultados tangibles. Ante el inminente caos, la estrategia presidencial combinó tres políticas de emergencia, eficiencia en la prevención, clientelismo y compras de emergencia. Por un lado, repartió plata y se jaló a muchas autoridades locales para manejar los órganos ejecutores. Elaboró un plan pensando como ingeniero, pero con un ojo más puesto en su ilegal segunda reelección. Llevó a cabo sus medidas imponiéndolas al caballazo, aprovechando el centralismo autocrático. Hubo pérdidas por US $ 3,500 millones. Murieron 354 personas, hubo 112 desaparecidos y 746 heridos en todo el país. Se destruyeron 944 kilómetros de carreteras, 350 puentes,200 colegios y 70 centros de salud. Y el Estado invirtió US $ 219 millones.

A pesar del desastre generalizado, el resultado fue palpable. El gobierno repuntó ante la opinión pública porque Fujimori efectivamente redujo el impacto destructivo del mega-Niño, "Por cada US $1 invertido en prevención se ahorrarían US $ 10 en reconstrucción", dijo en su momento, aunque no lo cumplió al pie de la letra. Su conducta vertical y clientelista no fortaleció las capacidades estatales para prevenir y reconstruir. No hubo legado institucional y la sociedad quedó tan expuesta como siempre. Sin embargo, visto a la distancia, ese centralismo vertical y autoritario sin duda sería el mal menor frente a las caóticas respuestas de otros gobiernos.

PPK y Boluarte

PPK afrontó un Niño costero. Le delegó la responsabilidad a la tecnocracia. No enfrentó ia reconstrucción pensando en reducir los riesgos ante un nuevo Niño. La crisis no fue tan devastadora, en parte porque El Niño fue bastante menor al de 97. Aquel 2017 el PBI solo crecería 3% a causa de esos estragos. PPK fue más paliativo económicamente y re activo mediáticamente. Marketeó su campaña de #Una Sola Fuerza y repartió bonos a mansalva. Finalizada la crisis, anunció que el Estado invertiría S/7,000 millones en la reconstrucción del norte. Un total de 13 regiones fueron afectadas por el fenómeno de El Niño costero. Su famosa "reconstrucción con cambios" trató de subsanar los efectos de El Niño.

En El Niño de 2123-2034, Dina Boluarte anunció una inversión de S/. 1,769 millones para prevención por el fenómeno de El Niño. Como PPK, su rol se redujo a dotar de recursos preventivos y paliar económicamente las consecuencias del desastre. Y encima, el Ejército apuró el contrato millonario con una empresa para reparar helicópteros rusos.

En cuanto a El Niño, hay un antes y un después de la regionalización. Ante el cambio en las reglas de juego burocráticas, el Gobierno central delega presupuestos y deja las facultades en manos de los gobiernos regionales y municipales, que son finalmente quienes lidian con el caos. Hay más presupuesto, pero también más burocracia. Una diferencia clave con el centralismo de los 90. <>

sábado, 11 de julio de 2026

LO QUE TRAJO EL MUNDIAL DE FUTBOL 2026

 


Solo pienso en ti 






Adiós Egipto



Tambien paradita de pecho







































Gooooooool...!

TEMAS DE LA REALIDAD GLOBAL AMERICANA

 PREDOMINANCIA DERECHISTA

Escribe: Milcíades Ruiz

H

asta ahora, siete de los 10 países que componen Sudamérica (Sin considerar las pequeñas Guyana, Surinam y Guayana francesa), tienen gobiernos de derecha, bajo la férula de EE UU. ¿Es una casualidad, tendencia o, estrategia de un sistema de dominación? Todos, han sido colonias y, arrastran desde los inicios republicanos la predominancia de poder neocolonial que ha prolongado la sumisión de la población mayoritaria.

No es un problema solo de Perú. Tampoco es un problema de ahora. La historia registra que, cada vez que un gobierno se atreve a mejorar las condiciones de vida popular, acogiendo las demandas sociales, la derecha con el apoyo de EE UU y sus aliados, desarrollan planes para socavarlo y propiciar el restablecimiento del orden establecido por la dominación. Si los medios políticos no son suficientes, utilizan los medios militares para proceder de facto. Es un círculo vicioso en espiral.

Los medios políticos utilizados por la dominación son de amplitud diversa. La red incluye prensa, medios diplomáticos, organismos internacionales, fondos financieros internacionales, apoyo económico a actividades y movimientos políticos opositores, sobornos, etc. Lo sucedido con el gobierno de Allende en Chile, lo que pasó con el gobierno del Gral. Juan Velasco y otros casos en Latinoamérica, son una clara demostración de esto. En esta misma dirección va lo que se hace con Cuba y Venezuela. Toda opción popular es considerada una amenaza al sistema imperante y todo vale para la dominación con el fin de evitar el empoderamiento popular

Si esta apreciación es válida, nos llevaría a replantear nuestra conducta política. No solo mirar la coyuntura política, sino ampliar el panorama con sus antecedentes. Nuestro desempeño sería mejor si tenemos consciencia política de las causas y no enfocarnos solo en las consecuencias. El sistema ha creado mecanismos invisibles que hacen a nuestro pueblo, marchar a la derecha. La población alienada, no logra ver las trampas electorales, ni la democracia del dinero. Muchos caen en la trampa.

En nuestro caso, no solo se trata de un candidato perdedor, ni de un solo partido. Es toda la izquierda la que está debilitada, lo que favorece a su lado contrario que, se ha fortalecido. Esa es nuestra disyuntiva. Si la izquierda decepciona, pierde la confianza del pueblo y pierde peso político. “Perú Libre”, ganó las elecciones generales en el 2021, pero su aberrante conducta política le hizo perder la fe de sus votantes, a tal punto que ha quedado fuera por la escasa votación.

No siempre la derecha tiene la culpa de nuestro fracaso y, si cometemos errores de gobierno, damos motivos para que la oposición los aproveche a su favor. Durante dos décadas, la izquierda gobernó en Uruguay, Argentina, Brasil, Venezuela, Chile y Bolivia, pero su desempeño no ha sido satisfactorio para las masas electorales. Esto facilita la estrategia de la dominación continental. 

Entonces se produce un viraje hacia la derecha. Si la izquierda no desarrolla una estrategia de crecimiento, volveremos a lo mismo de siempre. Si un gobierno de izquierda no aprovecha la oportunidad para cambiar las reglas electorales para una democracia directa sostenible en vez de la democracia del dinero, habrá siempre el peligro de retroceder.

La dialéctica de la sociedad, se cumple en su dimensión local, nacional e internacional tanto en el pasado, como en el presente y proseguirá en el futuro. El predominio es determinante y, condiciona muchas situaciones materiales y mentales. En toda situación, predominan las fuerzas de mayor poder. La predominancia la podemos observar en la economía, en la política, cultura, deporte y, en todo campo, porque todo depende de ella, aunque con las particularidades de cada caso.

Podemos comprobar esto con los colores de las cosas, pues si uno de ellos tiene predominancia sobre los demás, le dará una tonalidad que le cambiará el aspecto al conjunto. Hablaremos entonces de una coloración verduzca o, rojiza, con lo cual ya estamos señalando una tonalidad predominante. Entonces vemos que la predominancia define una característica, y así, podríamos decir que la población peruana es predominantemente joven, lo cual es determinante para ciertos planes de fortalecimiento popular.

El movimiento estudiantil en el pasado, fue la fuente de nuevos liderazgos. En la década de 1960, había en la juventud, una predominancia revolucionaria. Salía a luchar y hacía paro universitario hasta por el aumento de los pasajes urbanos, logrando el medio pasaje para estudiantes. Con motivo de la visita del vicepresidente de Estados Unidos Richard Nixon, en mayo de 1958, el estudiantado salió a protestar junto a la población. Hubo protestas masivas y hechos violentos, siendo el momento más crítico en el Parque Universitario cuando los estudiantes impidieron su ingreso a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

Pero también los escolares de secundaria en Huanta, se enfrentaron a la brutalidad militar, protestando con sus padres, contra la eliminación de gratuidad de la enseñanza y la multa de cien soles de la época, por desaprobar el año escolar. Hubo muchas muertes, pero hicieron retroceder la medida del gobierno militar. De esa época proviene el canto de “La flor de retama” que siempre escuchamos en los eventos y reuniones populares.

Es conocida la predominancia de la lucha popular en el Valle de Tambo (Arequipa), que hizo retroceder la predominancia de poderosos inversionistas depredadores, coludidos con la corrupción gobernativa. Pero la predominancia política de la derecha condiciona nuestra historia, porque el régimen político de democracia representativa exclusivo para los partidos políticos, deja de lado la participación directa de los sectores socioeconómicos. La población se siente suplantada por una representación que no la reconoce como suya.

El enfoque dialéctico de la predominancia también nos hace modificar el concepto que tengamos de los acontecimientos, pues al cambiar las características de la predominancia, la apreciación varía. Es lo que sucede con los partidos políticos que gobiernan con mucha predominancia electoral, pero terminan siendo repudiados. El carácter del Estado nacional, depende de la predominancia posesionada del gobierno nacional. La índole de la predominancia política condiciona la vida nacional.

Hay actualmente una predominancia derechista en Latinoamérica y en nuestro país. Pero una fuerza predominante puede ser contrarrestada, atenuada, desviada y anulada si se le interponen resistencias apropiadas. El predominio de la derecha es mayor, si no encuentra resistencia. El Parlamento cesante ha dictado leyes arbitrariamente escandalosas porque lo hemos permitido, sin salir a las calles a protestar. Nuestra combatividad está en un nivel muy bajo.

En cambio, podríamos hablar de la predominancia política popular a fines de la década de 1990, con “La marcha de los cuatro suyos”, cuando la resistencia popular desbordó sobre la represión, con una predominancia mayor a la del gobierno, haciendo huir a los cabecillas del régimen fujimorista. Pero también podemos ver la predominancia fujimorista en el Parlamento actual. Imponen su predominancia aprobando leyes de impunidad a los crímenes de lesa humanidad.

En fin, hay mucho que decir en esta temática. Pero lo deseable es que, la izquierda reflexione sobre la situación actual, incluyendo la nuestra. Escalar posiciones de predominancia es nuestra consigna. La tarea no es fácil, pero peor es dejar las cosas están. Se hace necesario una renovación en todos los aspectos, en concordancia con el momento histórico que nos ha tocado vivir. Tenemos que acercarnos al seno popular para recoger sus demandas. La desvinculación nos hace postular medidas de gobierno que no responden a las necesidades y sufrimiento de nuestro pueblo.

Salvo mejor parecer.

10 de julio/2026

TEMAS DE LA REALIDAD GLOBAL AMERICANA

 FASCISMO GLOBAL, NARCOTRÁFICO

Y DISPUTA POR LOS RECURSOS NATURALES EN AMÉRICA LATINA

Por: Jorge Luis Choque

L

a reconfiguración internacional —marcada por el avance de derechas radicalizadas, nacionalismos excluyentes y nuevas formas de autoritarismo— debe leerse también como una disputa por hegemonía, es decir, por la capacidad de imponer sentidos comunes, alianzas sociales y formas de tutela estatal que normalizan determinados proyectos económicos y políticos. Esta idea, retomada de Antonio Gramsci, ayuda a comprender por qué la extrema derecha contemporánea, según Enzo Traverso, no es una réplica literal del fascismo histórico sino una configuración adaptada al neoliberalismo y a las crisis de las democracias formales.[1][2]

La "coca nostra"
América Latina sigue ocupando un lugar estratégico por sus minerales, hidrocarburos, biodiversidad y rutas comerciales. Eduardo Galeano lo resumió con crudeza al señalar que “la división internacional del trabajo consiste en que unos países se especializan en ganar y otros en perder”. Esa frase sigue describiendo una estructura de dependencia en la que la región produce riqueza, pero muchas veces no decide sobre su destino. En ese contexto, la presión externa y las élites internas convergen para preservar modelos de acumulación que privilegian la exportación de materias primas y el control político de los territorios.

Leer el narcotráfico como un fenómeno solo criminal empobrece el análisis; mejor entenderlo como un componente de la lucha por hegemonía donde actores ilícitos se insertan en redes políticas, económicas y sociales para disputar consentimiento y coerción. El concepto de “narcopolítica” —empleado por investigadores como Jaime Antezana Rivera— describe ese entrelazamiento y cómo el dinero ilícito penetra campañas, gobiernos locales y redes de poder, transformando a veces a las mafias en actores integrados al bloque dominante. Cuando las estructuras del Estado y la sociedad civil son débiles, la guerra por la hegemonía se libra tanto en el terreno de la fuerza como en el de la construcción de sentido; es decir, mediante la combinación de coerción abierta y manufactura de consenso.[4]

A ello se suma la expansión de economías ilegales —minería clandestina, lavado de activos, contrabando— que no solo compiten por recursos, sino por la capacidad de crear nuevas bases sociales de apoyo local. Robert Dahl advertía que la democracia conserva su forma, pero pierde contenido; cuando esas instituciones son capturadas, la forma democrática puede permanecer mientras su contenido se erosiona. Desde la perspectiva gramsciana, hablamos de una hegemonía que conserva apariencias institucionales, pero desactiva la soberanía efectiva y la representación real.[5][1]

En América Latina, la retórica de la “mano dura” suele reaparecer cuando crecen la violencia y la frustración social. Sin embargo, la historia demuestra que la promesa de orden no siempre se traduce en fortalecimiento institucional; muchas veces sirve para consolidar poderes concentrados, militarizar la vida pública y justificar abusos. El autoritarismo se presenta entonces como solución, pero termina funcionando como un mecanismo de protección de intereses económicos y políticos que necesitan un Estado débil, selectivo o capturado.[6][1]


El Perú es un caso especialmente delicado. La fragmentación política, crisis de representación y la penetración de economías ilícitas han reducido la capacidad estatal para ejercer decisiones soberanas sobre recursos. La captura parcial del Estado no siempre adopta la forma de una narcodictadura abierta; pero es eficaz al corroer la capacidad de decidir, cooptar partidos y normalizar arreglos clientelares; en términos gramscianos, erosiona la batalla por la hegemonía cultural y política desde adentro. Estudios sobre narcotráfico, corrupción y gobernabilidad muestran cómo estas dinámicas producen un statu quo donde las formas democráticas existen, pero el poder real está parcial o totalmente desplazado.[4][5] 

Por eso, la disputa central en la región no es solo quién gobierna, sino qué intereses representan los gobiernos y si los Estados conservan capacidad real para decidir sobre sus riquezas. La defensa democrática exige enfrentar el crimen organizado, pero también resistir cualquier proyecto que use la seguridad como pretexto para restringir derechos o normalizar el autoritarismo. En América Latina, el desafío de fondo sigue siendo el mismo: convertir la política nuevamente en un instrumento de soberanía, justicia social y control democrático de los recursos.

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 Notas y referencias

1.     Gramsci, Antonio. Selections from the Prison Notebooks. Edited and translated by Quintin Hoare and Geoffrey NowellSmith. London: Lawrence & Wishart, 1971 (edición canónica en inglés para citas sobre hegemonía, intelectuales orgánicos y guerra de posición/movimiento)..[7][3]

2.     Enzo Traverso, Las nuevas caras de la derecha radical (Barcelona: Pasado y Presente, 2019) y entrevistas posteriores sobre las formas contemporáneas de la extrema derecha.[2]

3.     Eduardo Galeano, Las venas abiertas de América Latina (Montevideo: Siglo XXI Editores, 1971).[3]

4.     Jaime Antezana Rivera, análisis sobre narcopolítica, financiamiento ilícito y captura institucional en el Perú (selección de artículos y ensayos).[4]

5.     Robert A. Dahl, La democracia y sus críticos (Buenos Aires: Paidós, 1992), y Poliarquía: Participación y oposición (Madrid: Tecnos, 1989) sobre condiciones institucionales de la democracia.[5]

Perú: 10/07/2026