miércoles, 14 de octubre de 2026

COMENTARIO MUY INERESANTE Y HALAGADOR SOBRE NUESTRA REVISTA

 ALTIPLANIA RESCATA LA IDENTIDAD AYMARA CON HISTORIAS QUE VALE CONOCER

https://perunews.com/patrimonio-cultural/post/1702

L

a revista Altiplania se ha convertido en un espacio importante para difundir la historia, la cultura y la identidad del Altiplano peruano. Sus publicaciones acercan al público temas relacionados con el pueblo aymara, el patrimonio regional y la memoria colectiva, promoviendo el conocimiento de una herencia cultural que durante muchos años recibió poca atención en los medios nacionales.

La revista Altiplania fortalece el conocimiento sobre la cultura aymara

Altiplania es una publicación cultural que reúne artículos sobre historia, literatura, tradiciones y patrimonio del Altiplano. Su objetivo es acercar estos temas a estudiantes, investigadores y lectores interesados.

Entre sus contenidos destacan investigaciones sobre los pueblos aymaras, sus costumbres, su organización social y los acontecimientos históricos que marcaron el desarrollo de la región de Puno.

Gracias a un lenguaje accesible y al aporte de diversos autores, la revista facilita la comprensión de procesos históricos que ayudan a valorar la riqueza cultural del sur del Perú.

Los aportes de Altiplania para preservar la memoria del Altiplano peruano

Cada edición recopila estudios, ensayos y relatos que rescatan personajes, festividades, expresiones artísticas y hechos históricos poco difundidos fuera de la región altiplánica.

Este trabajo contribuye a conservar conocimientos que forman parte de la identidad regional y permite que nuevas generaciones descubran el legado de las comunidades aymaras y quechuas.

Además de difundir información histórica, la revista incentiva el interés por investigar el patrimonio cultural y comprender la importancia de proteger las tradiciones locales.

La importancia de difundir el legado histórico y cultural de los aymaras

El pueblo aymara posee una historia milenaria que sigue presente en su idioma, su organización comunal, sus expresiones culturales y su estrecha relación con el lago Titicaca.

Publicaciones como Altiplania ayudan a reducir el desconocimiento sobre esta cultura mediante contenidos que explican su evolución histórica con un enfoque educativo y cercano.

Promover la lectura de este tipo de revistas fortalece el respeto por la diversidad cultural del Perú y fomenta una valoración más amplia del aporte histórico de los pueblos originarios.

https://drive.google.com/file/d/170ODzBV35hT5A-NxY8myERe4SEoJ7q6W/view?usp=sharing

Por qué Altiplania es una fuente útil para estudiantes e investigadores

La revista reúne información elaborada por historiadores, escritores y especialistas que analizan diferentes etapas del desarrollo social y cultural del Altiplano peruano.

Sus artículos sirven como punto de partida para conocer temas específicos sobre Puno, la cultura aymara y el patrimonio regional antes de consultar investigaciones académicas más especializadas.

Esta combinación de divulgación y contenido histórico convierte a Altiplania en un recurso valioso para fortalecer el aprendizaje dentro y fuera de las aulas escolares.

El valor educativo de conocer la historia del Altiplano y sus culturas

    A prender sobre la historia del Altiplano permite comprender mejor la diversidad cultural que caracteriza al Perú y reconocer el aporte de los pueblos originarios al país.

La revista Altiplania contribuye a ese objetivo mediante contenidos claros que despiertan el interés por la investigación, la lectura y la conservación del patrimonio cultural.

Difundir este tipo de publicaciones fortalece la identidad regional, promueve el respeto por las culturas ancestrales y acerca a más personas al conocimiento del legado aymara.

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Roberto Revoredo Castro Mg UNMSM Periodista Colegiado CPP / Editor / Historiador / Conferencista Internacional Director de SPP / Sociedad Peruana de Prensa


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TEMATICA EN DEBATE: HISPANISMO O INDIGENISMO

 FUIMOS COLONIA, Y NO NOS COMPADEZCAN

En los últimos años, el neohispanismo ha ganado terreno en las redes sociales con una tesis que busca presentar los territorios americanos como reinos integrados en igualdad de condiciones a la Monarquía Hispánica. En este artículo, Joseph Dager desmonta los argumentos de esta corriente y explica cómo el revisionismo histórico pretende borrar la violencia de la conquista, la explotación económica y la subordinación de las poblaciones indígenas para construir una imagen idealizada del pasado colonial. Reconocer que fuimos colonia no significa asumir una condición de víctimas, sino comprender críticamente las huellas de ese pasado en el Perú actual. (Rodrigo Espinoza)

 

Joseph Dager Alva*

E

n los últimos años, una ola de revisionismo histórico ha inundado las redes sociales. Este neohispanismo está muy interesado en convencer que no fuimos colonias, sino reinos.

Como todo revisionismo busca alterar el consenso histórico establecido. Pero en sus objetivos hay más de convicciones ideológicas con intereses políticos que una seria investigación histórica con descubrimientos tales que permitirían cuestionar la verdad vigente. Es en realidad negacionismo pues pretende borrar la violencia del proceso colonial y, más bien, reemplazarla por una narrativa de "obra civilizadora". Omite sistemáticamente el colapso demográfico indígena y su sometimiento forzado, así como la esclavitud de las poblaciones de origen africano.

De los exponentes del neohispanismo, especialmente provocadores son los latinoamericanos, entre los que hay de todo, desde profesionales en humanidades, pasando por abogados e ingenieros, hasta quienes se creen héroes, con traje incluido; una mise en scène que, paradójicamente, nos envía el mensaje de que todo su discurso disfraza los verdaderos deseos ideológicos. Con una mezcla de nostalgia imperial y vulgarización (nunca mejor utilizada la palabra) digital, insisten en una tesis que presentan como "revolucionaria": que América nunca tuvo colonias, sino "reinos autónomos" integrados en igualdad de condiciones a la Monarquía Hispánica. Según esta corriente, las Leyes de Indias y los privilegios de la nobleza indígena probarían que el Perú o México eran tan España como Castilla o Andalucía.

Aunque en su momento se abusó mucho de las implicancias del concepto "herencia colonial", basta apenas repasar los inicios del Perú republicano, o las relaciones entre latifundistas y campesinos, o la discriminación que vimos tan presente en el conflicto armado interno, y que volvimos a padecer en la represión a las movilizaciones sociales de diciembre 2022 y enero 2023, para concluir que resulta innegable la presencia de una herencia. ¿Este Perú racista y "cruel" —al decir de Basadre— que vivimos es sólo producto del pasado colonial? Claro que no: en la República pusimos nuestra cuota para explicar lo que somos hoy, también negamos la heterogeneidad, la diversidad que nos era constitutiva, a veces de modo aún más discriminador ¿No será, en parte, porque aquel presente mostraba claras huellas de un pasado colonial? 

Para desnudar al negacionismo no basta con indignarse ni apelar al sentido común; hay que recurrir a la historia conceptual. Reinhart Koselleck (1993) explicaba que los conceptos poseen una profunda historicidad. No son fijos, son estructuras dinámicas cuya carga semántica depende de su época, actuando como horizontes que concentran la experiencia vivida y configuran la realidad: registran el cambio social a la vez que lo impulsan.

El negacionismo comete un anacronismo al desvincular las palabras de su tiempo. Un análisis riguroso de la trayectoria y mutación de los conceptos "colonia" y "reino" bajo el examen de sus estructuras materiales demuestra que, en la práctica semántica y política de la época, el Perú operó como una colonia. Durante los siglos XVI y XVII, la burocracia de Madrid prefirió el término "reino" en su sentido teológico para dotar al Rey de una legitimidad providencial ante sus súbditos y, en especial, ante la Iglesia Católica.

Asumir que fuimos colonia no es un acto de autocompasión, sino un ejercicio de madurez que acepta la historicidad de nuestra propia historia. No se trata tampoco de negar nuestra realidad occidental actual. Pero ello es parte de nuestra riqueza, no el único ingrediente.



El Perú es producto, sin duda, del contacto de esas tres grandes culturas que fueron la andina, la occidental y la africana. Pero eso no niega, ni la violencia inicial (o prolongada) ni el estatus de facto de colonia, aunque nos llamaran reino, ni las huellas de una mentalidad que se creía superior a las poblaciones originarias. La fecha de nacimiento del Perú debe hacernos reconocer el innegable aporte hispánico a nuestra cultura: idioma, universidades, iglesias, pinturas; y también dominación, extracción y organización social en repúblicas supuestamente sin contacto, o en una sociedad de castas. Por si acaso, para los negacionistas, nuestro concepto actual de república no tiene mucho que ver con aquel de república de españoles y república de indios.

El andamiaje de este hispanismo pop se tambalea cuando es confrontado por la academia seria. En su tan magnífica como demoledora reseña, el historiador peruano José Carlos de la Puente Luna expone las falacias metodológicas de Rafael Aita en Los Incas hispanos. De la Puente Luna (2025) equipara los argumentos de ese negacionismo con un truco de magia infantil donde se le pide al espectador "creer para ver". Muestra cómo se descontextualizan las fuentes, o se las toma descuidadamente de internet, siendo que el neohispanismo termina reduciendo el pasado a un absurdo. La asimilación de ciertos nobles incas al orden virreinal no fue una muestra de igualdad democrática avant-la-lettre, sino una estrategia colonial de cooptación. Presentar a los "incas hispanos" como el centro de una idílica fusión espiritual es de una profunda deshonestidad intelectual que inventa una fantasía, que manipula una media verdad, antes que estudiar a los actores históricos con sus tragedias, contradicciones y también agencias y logros.

Aunque hayan existido incas católicos, ello no alcanza para negar la situación colonial del tiempo virreinal. En el Perú, fuimos un Virreinato, es imposible negarlo; pero no fuimos un reino, más allá de lo que podamos leer en algún testamento, decreto o real cédula. El neohispanismo da cuenta de una enorme ingenuidad (en el peor sentido de la palabra) a la hora de leer las fuentes primarias. Las cree a pie juntillas, cuando eso conviene a sus intereses. No hay una mínima crítica heurística, si el documento afirma una cuestión, se la da por verdadera, sin siquiera preguntarse si se trata de una fuente oficial o de las que se llaman voluntarias. Si una ordenanza del siglo XVII hablaba del reino del Perú, se lo cree en la definición que se le da hoy al término; si a los curacas se los nombra como "nobles vasallos", se asume que eran iguales en derechos, ignorando el contexto de conquista y de subordinación colonial.

La metodología y teoría histórica enseña desde hace mucho que no podemos -ni debemos- conformarnos con descubrir lo que está en la superficie del texto. Ya Johann Gustav Droysen advertía, desde mediados del siglo XIX, que el conocimiento histórico exige ir más allá del documento, pues los hechos no habitan pasivamente en las fuentes, obligando al historiador a reconstruir interpretativamente el pasado (Dager, 2004). Es sobre esa base que adquiere pleno sentido acudir al enorme hermeneuta que fue Hans Georg Gadamer:

“Ahora veo que no es sólo cuestión de criterio como creí en Verdad y Método. La historia no es mera filología a escala mayor. (…) El texto y especialmente el texto literario es para el filólogo una magnitud fija. El historiador en cambio ha de reconstruir su texto fundamental: la realidad histórica” (Gadamer, 2000, p. 26).

Justamente esa realidad es la que nos indica que no fuimos un reino como entendemos ahora el concepto y, lo que es más, tampoco tuvimos la misma situación política y económica de los reinos europeos en el Imperio hispánico. La historiografía clásica define a este tejido estatal bajo la categoría de monarquía compuesta o de agregación (Elliott, 1992), un sistema donde una sola corona gobernaba diversos territorios que conservaban sus leyes e instituciones contractuales, como sucedía en Aragón, Navarra o Nápoles.

Sin embargo, como el propio Elliott (2006) analiza al examinar la configuración de los imperios atlánticos, el propósito material y el trato político dado a Europa fue diametralmente distinto al de América. Mientras en el viejo continente los monarcas estaban obligados a convocar a las Cortes o Parlamentos territoriales para negociar los tributos con capacidad de veto local, en los más de tres siglos de dominio virreinal americano jamás se convocaron Cortes.

LA ESPADA. Genocidio
El Perú no poseía parlamentos soberanos; estaba gobernado de forma vertical desde Madrid por el Consejo de Indias con un diseño enfocado en la extracción de recursos y la movilización de mano de obra forzada a través de la mita. Incluso la naturaleza jurídica de los cargos marcaba la asimetría: en los reinos europeos las leyes exigían el nombramiento de naturales, mientras que en América estuvo expresamente prohibido nombrar a los "hijos de la tierra" en el cargo de Virrey. Hubo sí muchos criollos como Oidores o Corregidores, es decir, los descendientes de quienes expropiaron el poder a las élites originarias. Con ellas, la Monarquía hispánica no sostuvo un pacto horizontal.

El mayor equívoco del hispanismo de redes es sostener que la prueba de que no fuimos colonia es el acceso de los indígenas a derechos y tribunales. No es un error inocente; es vaciar de contenido la capacidad de acción de la población andina para atribuir fraudulentamente sus logros a una supuesta Corona generosa. No es casual que varios de estos hispanistas sean creyentes convencidos de las bondades actuales de la monarquía como sistema de gobierno.

Historiadores fundamentales de la etnohistoria, como Franklin Pease G.Y. (1992), mostraron que la población andina no estuvo conformada por víctimas pasivas. Los curacas y las comunidades reconfiguraron sus propias estructuras y utilizaron activamente los tribunales de justicia para resistir los abusos y defender sus tierras comunales. Pero Pease (2012) destacó precisamente la existencia de esos abusos, y cómo la instauración del Virreinato significó una transformación, no exenta de violencia, de los patrones andinos; no fue una asimilación pacífica. Esta inmensa capacidad de agencia ha sido profundizada recientemente por Jorge Cañizares-Esguerra y Adrian Masters (2026). Su tesis de la "movilización constitucional desde abajo" no es una celebración de la benevolencia de la Corona, aunque el hispanismo digital intente distorsionarla de ese modo.

Lo que Cañizares-Esguerra y Masters demuestran es que el derecho indiano fue una conquista que los indígenas, plebeyos y esclavos le disputaron al Imperio a través de un litigio masivo. La población andina inundó las audiencias con millones de peticiones escritas no porque viviera en un paraíso de igualdad jurídica, sino porque operaba dentro de una estructura colonial, asimétrica y de castas que la amenazaba constantemente.

La agencia indígena consistió en apropiarse del lenguaje burocrático de la Corona para “hackear” el sistema desde adentro, convirtiendo el papeleo en un escudo de resistencia. Este asedio legal masivo no valida la justicia del orden virreinal; por el contrario, demuestra que los subalternos obligaban al aparato colonial a negociar para evitar su propio colapso.

Como ha señalado la historiadora Gabriela Ramos (2010), la integración de las poblaciones originarias al sistema legal y religioso católico fue, en última instancia, un mecanismo de dominación colonial sumamente efectivo que buscaba asimilar las conciencias al nuevo orden. Ello operó sobre una base económica concreta: la Corona respetó algunos privilegios de clase de las élites nativas a cambio de que sirvieran como intermediarios para un fin estrictamente colonial, que consistía en asegurar de manera eficiente el cobro del tributo y el envío de miles de mitayos a los socavones de Potosí, un entramado mercantil y legal que José Carlos de la Puente Luna (2016) ha desnudado con rigor. La romantización de los nobles incas como engranajes de una fusión espiritual se estrella contra esta dura realidad material.

Y volviendo a las herramientas de la historia conceptual, en el siglo XVIII ocurre un giro semántico definitivo, cuando el propio Imperio español abandonó el uso eufemístico de "reinos" para América. Con el ascenso de la dinastía borbónica, las Indias fueron claramente entendidas como un territorio subordinado políticamente y explotado económicamente, es decir, con la carga semántica del concepto "colonia".

Los propios ministros de la Corona española, como José del Campillo y Cosío en su obra Nuevo sistema de gobierno económico para la América, empezaron a hablar abiertamente de "las colonias" y de la urgencia de extraer de ellas el máximo rendimiento (Campillo, 1789). En ese mismo sentido, el notable historiador británico John Lynch (1976) llamó con justa razón a las reformas borbónicas la "segunda conquista de América".

No deja de ser sintomático que los monarquistas neohispanistas de hoy, idealicen y reivindiquen un supuesto estilo de gobierno que no puede asimilarse en nada al que mostró la familia dinástica que actualmente ejerce la Corona española. No son sólo conservadores, sino reaccionarios. Este fenómeno no es un mero pasatiempo digital, sino un síntoma preocupante de nuestra época, tan dada al autoritarismo. Como explica Jason Stanley (2025), las corrientes neofascistas de alcance global operan bajo un patrón metodológico común: asaltan los consensos académicos para desmantelar la memoria de las luchas sociales. El negacionismo histórico es, en esencia, la herramienta predilecta del autoritarismo contemporáneo, del neofascismo. Neutralizar un pasado asimétrico y colonial pretende suprimir la capacidad crítica de los ciudadanos, preparando el camino para el control político del futuro, nada democrático, por cierto.


LA CRUZ . bautismo obligado

Aceptar que fuimos una colonia no significa abrazar el papel de víctimas, sino el de agentes de nuestra propia historia. La riqueza cultural, legal y social de América brotó a pesar de las estructuras de dominación y gracias a la creatividad política de criollos, mestizos, indígenas y afrodescendientes, no por una supuesta hermandad institucional transatlántica. Hay, en efecto, evidencia de millones de documentos de los sectores subalternos que con enorme esfuerzo se iban adaptando al sistema, para sobrevivir y mantener, en contra de la corriente, algunas tradiciones originarias. Y hubo, también, millones que no lo lograron.

El hispanismo digital quiere vendernos píldoras de un supuesto orgullo, pero el laboratorio en el que las produce es artificial, y sus técnicos no tienen bata, sino disfraz. Fuimos el "corazón de un imperio global". Y, antes, la única civilización al sur del globo. Pero, la historia no está para hacernos vivir de la nostalgia ni para absolver responsabilidades, sino para ayudarnos a comprender las huellas de un pasado que debemos superar. Está para entender por qué existen rastros de un racismo estructural en nuestra mentalidad, dependencia económica y modernización desigual. ¿Es todo "culpa" únicamente de nuestro pasado colonial? No, ya lo dije. Y, sin embargo, esas huellas indican que fuimos colonia. Aceptarlo es el camino para construir una mirada verdaderamente soberana sobre nuestro pasado.

"Ni hispanismo ni indigenismo", solía sentenciar el gran José Antonio del Busto (1998); él optaba firmemente por el peruanismo. Mientras las otras tendencias son fuerzas ideológicas que dividen, el peruanismo une y cicatriza. Es decir, si cicatriza es porque se acepta que hay heridas, entonces cura esas heridas que a la comunidad imaginada que somos le ha dejado tanta violencia, colonial y republicana; deudas históricas que aún hoy, en pleno siglo XXI, nos corresponde seguir saldando.

Referencias

Campillo, J. del. (1789). Nuevo sistema de gobierno económico para la América. Imprenta de Benito Cano.

Cañizares-Esguerra, J., & Masters, A. (2026). The Radical Spanish Empire: How Paperwork Politics Remade the New World. Harvard University Press.

Dager, J. (2004) “La Historik de J.G. Droysen: un puente entre la investigación empírica y la fundamentación teórica del conocimiento histórico”. En: Memoria y Civilización (Navarra), número 7, p. 197-242.

De la Puente, J. C. (2016). Andinos entre dos mundos: Curacas, litigantes y el tribunal del rey. Instituto de Estudios Peruanos.

De la Puente, J. C. (2025, 2 de agosto). “Creer para ver: a propósito de Los incas hispanos”. Trama Crítica. (tramacritica.pe).

Del Busto, J. A. (1998). Tres Ensayos Peruanistas. Lima: Instituto Riva-Agüero

Elliott, J. H. (1992). “A Europe of composite monarchies”. Past & Present, (137), 48–71.

Elliott, J. H. (2006). Imperios del mundo atlántico: España y Gran Bretaña en América (1492-1830). Taurus.

Gadamer, H. G. (2000) Verdad y método II. Salamanca. 2000. Ediciones Sígueme

Koselleck, R. (1993). Futuro pasado: Para una semántica de los tiempos históricos. Paidós.

Lynch, J. (1976). Las revoluciones hispanoamericanas, 1808-1826. Ariel.

Pease G.Y., F. (1992). Curacas, reciprocidad y riqueza. Pontificia Universidad Católica del Perú.

Pease G.Y., F. (2012). Los Incas en la Colonia: Estudios sobre los siglos XVI, XVII y XVIII en los Andes (N. Domínguez, Comp.). Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú.

Ramos, G. (2010). Muerte y conversión en los Andes: Lima y Cusco, 1532-1670. Instituto de Estudios Peruanos.

Stanley, J. (2025). Borrar la historia: Cómo los fascistas reescriben el pasado para controlar el futuro. Blackie Books.

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* Doctor en Historia por la Pontificia Universidad Católica de Chile e historiador por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Profesor del Departamento de Humanidades de la PUCP desde 1997.

martes, 13 de octubre de 2026

MATON APARECE EN SENADO PERUANO PLANTEANDO INTERROGANTES SOBRE EL FUTURO DE LA LUCHA POLITICA EN ESE ORGANO LEGISLATIVO

 LAS BRAVUCONADAS DEL RÉGIMEN 

Por Gustavo Espinoza M. 

E

n la medida que se confirma la incapacidad del régimen para enfrentar los problemas del país, crecen las bravuconadas del oficialismo. En los últimos días Keiko y algunos de sus voceros han alzado la voz descalificando a la oposición en tanto que otros han optado por guardar un púdico silencio. La diferencia es obvia: mientras unos se han sentido aludidos por criticas parlamentarias, otros han preferido silbar de costado con la esperanza que no les llueva nada. También en las filas del oficialismo hay quienes optan por el silencio. Es cuestión de conveniencia. 

La agresividad se ha mostrado, sin embargo, desde el más alto nivel. Sin artificios literarios que la amparen, Keiko llamó “perros” a los Senadores de la Oposición porque Ruth Luque puso en evidencia la corrupción existente en el plano de las fuerzas policiales y el Senador Maravi se quejó porque la parlamentaria de “Ahora Nación” era indebidamente interrumpida.  

No se necesita ser un escrupuloso observador de la política para darse cuenta de que el ministro Astudillo perdió los papeles cuando le dijeron que tenía miedo de enfrentar la corrupción policial. Muy valiente -valientísimo, sin duda- murmuró algunas imprecaciones contra la Senadora Luque y le exigió al congresista Maravi que “se calle la boca” cuando este protestó por la interrupción a su compañera. Lo demás fue gráfico: el corpulento Senador Giampietri metió su inmensa humanidad en el pleito y desafió procazmente a Maravi, un hombre ya cargado en años, a “salir a la calle”.

 Fue el incidente mayor que ha ocurrido en lo que va de la función legislativa del flamante Senado. El hecho sirvió para que algunos recordaran al señor Giampietri la suerte de la brigada de jóvenes paracaidistas que se vio afectada por su culpa, y hasta por la desaparición de uno de ellos, hecho del cual nunca dio cuenta.   

Keiko Fujimori, en el marco de su evocación canina, se “solidarizó” con el titular del Interior a quien consideró “intocable”. Recordemos -dijo- que “es un héroe”. No se refirió a la condena por enriquecerse vendiendo gasolina del Ejército, ni a procesos abiertos por otros delitos. Aludió apenas al rescate de los rehenes en 1997, sin recordar siquiera que Astudillo no ingresó a ese lugar en aquella circunstancia. No le importó. Astudillo, es su héroe. 

Lo que le importa es haber creado un así llamado “Comando Unificado” para derrotar al crimen. Es claro que este “Comando…” no es sino una frase pomposa, un rótulo formal. Y nada hará para enfrentar con soldados, cañones, aviones de guerra y submarinos de la armada a los extorsionadores ni a los sicarios, que tienen un accionar mucho más efectivo y práctico. Aunque exista el “Comando”, igual seguirán muriendo transportistas, moto taxistas, pasajeros y transeúntes. Todos lo saben.  

En lo dicho por Keiko hay otro elemento más peligroso: presentó una disyuntiva falsa: elegir entre la democracia y el terrorismo, Fue un modo de darle al asunto una connotación “política”. No es así, la disyuntiva que el país tiene planteada es otra, entre la ley y la delincuencia. Esa a la que el gobierno no sabe enfrentar porque está coludida con ella. 

En su momento, la presidente fue acusada de liderar una organización criminal. Y el caso nunca fue juzgado. La presión de la clase dominante hizo que, finalmente, fuera cerrado antes de su trámite legal. Pero quedaron pendientes las acusaciones, las pruebas, los testimonios y los cargos. Nada fue materia de juicio.  Para salvar el pellejo, el fujimorismo dictó las leyes “pro - crimen”, que nunca quiso derogar, aunque se comprometió a “revisar”, lo que tampoco hizo. Esas leyes, objetivamente, sirven hoy a las mafias para ponerse a buen recaudo y eludir sus penas. 

Como una manera de encubrir fu política sinuosa referida a la inseguridad ciudadana, el gobierno insiste en el tema de “los Penales”.  Como no puede -o no quiere- capturar a los que “están afuera”, se dedica a atormentar a “los que están adentro”: les priva de luz, agua y alimentos, de visitas y de posibilidades absolutas de comunicación incluso con sus familiares más directos. El argumento es baladí: se ha “demostrado” -dice- que las llamadas previas a los delitos provienen de los penales. Muestran entonces tres o cuatro llamadas presuntamente “interferidas”, y las consideran “pruebas”. Admitamos por un momento eso como una “verdad”, pero ¿cuántas llamadas han sido “descubiertas” para ese fin?  3, 4, 100, 500, incluso 1000, pero ¿cuántos presos hay en los penales? 104 mil.  ¿Se puede castigar bárbaramente a 104 mil personas por la acción de algunas decenas de ellas? ¿Eso puede hacerlo un gobierno que se llame “democrático”? Hoy los Penales están abarrotados. En celdas para 2 o 3, viven 7 u 8 presos, En El Milagro, de Trujillo, concebido para 1,600 presos, viven 6,000. Y ahora a Keiko no se le ocurre otra idea sino construir más cárceles. Pareciera que lo que se busca es desesperar a “los de adentro” para provocar un motín carcelario y “meter mano dura” -como se hizo antes- Habrá muertos, claro, pero ni importa: “era delincuentes”.

Y es que este gobierno habrá de ser recordado no por construir escuelas, hospitales, o fábricas, sino cárceles. Y necesitará muchas más al paso que va. Por lo pronto, Keiko exige a los jueces que no liberen a nadie de los que detenga la policía, como si la policía tuviera en sus manos decidir quién es delincuente y quién no. 

Objetivamente muchas personas detenidas -o incluso condenadas- o son inocentes, o no merecen las penas que recibieron.  Pero muchas más serán detenidas por “sospechosas” de la comisión de delitos, Y no se les podrá liberar. Si un juez lo hace dirán que es cómplice del crimen, o a lo mejor del terrorismo, o del Movadef. Se trata entonces de imponer la ley del Fujimorato: los detenidos serán culpables mientras no logren probar su inocencia. Las liebres detrás de las escopetas.

Por ahora, Keiko busca militarizar su gobierno. Y para “darle forma a la idea” asiste a todos los eventos castrenses, se luce con los uniformados y aparece en fotos flanqueada por soldados encapuchados con arma en ristre. Parafernalia completa, sin duda.    

Otro tema preocupante son los incendios forestales que afectan gran parte del territorio nacional y que son insuficientemente combatidos por el Estado bajo el argumento que “no hay recursos”, Por eso el gobierno pidió un “crédito suplementario” de 8 mil millones de soles, Lo que dijo es que 1,800 millones se irán ya USA por el pago de aviones F-16 que vendrán en tres años; pero 200 servirán para pagar a la “Prensa Grande”  y otros para financiar gastos de viaje de Keiko y comitiva.   

Keiko Fujimori ya viajó en busca de instrucciones y lucimiento personal, a Estados Unidos. En los próximos días viajará a El Salvador y luego a España.  En Centroamérica hará turismo penitenciario. Y en Europa rememorará experiencias románticas. 

No le importa saber, sin embargo, que Nagyb Bukele está sindicado como uno de los mandatarios más vinculados al narcotráfico ni que oculte tras sus gigantescas prisiones gruesos desaguisados que pronto habrán de salir a luz. 

Tampoco le importa la reunión Ibero Americana que tendrá lugar en España. Su interés, es otro. <>

CREACION DE IA : EL CENTRALISMO LIMEÑO NO ACOSTUMBRA RECONOCER EL ARTE POPULAR DE LAS MAYORIAS NACIONALES

Que lindo sería un justo homenaje a nuestro Kajelo


lunes, 12 de octubre de 2026

IMPORTANTE CONTRIBUCION A LA HISTORIOGRAFIA DE LA REGION PUNEÑA




El Instituto de Estudios Peruanos IEP acaba de lanzar el libro HISTORIA MINIMA DE PUNO, escrito al alimón por Nicanor Dominguez Faura, notable investigador de la historia del Perú con acento en temática altiplánica- quien nos privilegia con su amistad y colaboración, especialmente con nuestra revista ALTIPLANIA; y, por el reconocido historiador sanmarquino Alex Loayza.

Con cargo a la difusión comentada del contenido de este interesantísimo volumen, nos limitamos por ahora a reproducir las notas que aparecen en la contratapa y solapa del bienvenido libro.





"Historia mínima de Puno

Puno es mucho más que un territorio de imponentes monu­mentos y fascinantes danzas. Durante miles de años ha sido un espacio de encuentro en el que han confluido pueblos, lenguasy formas de vida procedentes de distintos rincones de los Andes. Desde la prehistoria, su estratégica geografía favoreció estos intercambios, pero también convirtió el Altiplano en escenario de disputas, proyectos políticos contrapuestos y una persisten­te defensa de la autonomía regional frente a los impulsos centralizadores incas, españoles y republicanos.

A partir de las investigaciones arqueológicas e históricas más recientes, Nicanor Domínguez y Alex Loayza recorren esa larga trayectoria, desde los primeros pobladores hasta el presente, para mostrar cómo se formaron las primeras sociedades puneñas, de qué manera la región se articuló con el resto del mundo andino y por qué las relaciones entre Puno y el Estado perua­no solo pueden entenderse desde una perspectiva de larga duración.


Nicanor Domínguez

Es historiador y fue docente de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Especialista en el sur andino, sus inves­tigaciones se centran en los procesos económicos, sociales y políticos del Altiplano desde la época colonial hasta la República. Ha desarrollado una amplia labor de investigación sobre la región puneña, contribuyendo al conocimiento de su trayectoria histórica y de su papel en la formación del espacio surandino.

Alex Loayza

Es historiador y docente de la Universi­dad Nacional Mayor de San Marcos. Sus investigaciones se centran en la historia política e intelectual del Perú de los si­glos XIX y XX, la formación del Estado, las identidades regionales y la historiografía peruana. Ha publicado diversos estudios sobre cultura política, nación y pensa­miento histórico, combinando el análisis de procesos nacionales con una pers­pectiva regional. Entre otros, es editor de La independencia peruana como repre­sentación: historiografía, conmemora­ción y escultura pública (Lima, IEP, 2016)


 

sábado, 10 de octubre de 2026

OTORGAN DISTINCIÓN PÓSTUMA DE PERSONALIDAD MERITORIA DE LA CULTURA A ROSENDO HUIRSE

                                             RESOLUCIÓN MINISTERIAL

N° 000359-2026-MC

San Borja, 30 de setiembre de 2026

VISTOS: El Oficio N° 100-2026-MDSR-A de la Municipalidad Distrital de Santa Rosa; el Informe Nº 000534-2026-DGPC-VMPCIC/MC de la Dirección General de Patrimonio Cultural; el Memorando N° 000736-2026-DGIA-VMPCIC/MC de la Dirección General de Industrias Culturales y Artes; el Informe N° 000771-2026-OGAJ-SG/MC de la Oficina General de Asesoría Jurídica; y,

CONSIDERANDO:

Que, el literal d) del artículo 7 de la Ley N° 29565, Ley de creación del Ministerio de Cultura, prevé como función exclusiva de este ministerio, convocar y conceder reconocimientos al mérito a los creadores, artistas, personas y organizaciones que aporten al desarrollo cultural del país;

Que, el acápite 5.1.3 del numeral 5.1 del artículo V de la Directiva N° 002-2016-MC, Directiva para el Otorgamiento de Reconocimientos del Ministerio de Cultura, aprobada por Resolución Ministerial N° 107-2016-MC, establece que Personalidad Meritoria de la Cultura es el reconocimiento que otorga el Ministerio de Cultura a personas naturales o jurídicas, públicas o privadas, inscritas o no en los registros públicos, así como a organizaciones tradicionales, que han realizado un aporte significativo al desarrollo cultural del país;

Que, el numeral 6.3 de la Directiva establece que, excepcionalmente, el Ministerio de Cultura, por razones debidamente justificadas, puede otorgar reconocimientos póstumos a propuesta del órgano competente de la entidad;

Que, mediante Oficio N° 100-2026-MDSR-A, la Municipalidad Distrital de Santa Rosa, provincia de Melgar, departamento de Puno, solicita al Ministerio de Cultura el reconocimiento póstumo como Personalidad Meritoria de la Cultura del señor ROSENDO ALBINO HUIRSE MUÑOZ, destacando su trayectoria y sus contribuciones al desarrollo, preservación, difusión y puesta en valor de las expresiones musicales tradicionales de la región Puno, así como su incidencia en la promoción y fortalecimiento de la identidad cultural de dicha región;

Que, mediante Informe N° 000534-2026-DGPC-VMPCIC/MC, la Dirección General de Patrimonio Cultural hace suya la opinión contenida en el Informe
N° 000347-2026-DPI-DGPC-VMPCIC/MC, sustentado en el Informe N° 000018-2026-DPI-DGPC-VMPCIC-PRM/MC de la Dirección de Patrimonio Inmaterial, mediante el cual se evalúa y analiza la trayectoria, los aportes y la relevancia de la persona propuesta para acceder al reconocimiento de Personalidad Meritoria de la Cultura;

Que, mediante Memorando N° 000736-2026-DGIA-VMPCIC/MC, la Dirección General de Industrias Culturales y Artes traslada el Informe N° 001166-2026-DIA-DGIA-VMPCIC/MC, que recoge la opinión contenida en el Informe N° 000162-2026-DIA-DGIA-VMPCIC-EMB/MC de la Dirección de Artes, mediante el cual se concluye que resulta procedente otorgar la distinción propuesta;

Que, el señor ROSENDO ALBINO HUIRSE MUÑOZ destacó por su trayectoria como músico, compositor, educador y promotor cultural en el departamento de Puno, desarrollando una labor orientada a la creación, formación y difusión musical. En dicho ámbito, participó en la fundación del Centro Literario Musical Ayaviri y del Centro Musical Puno, así como en la creación de la Sociedad Musical Lira Carolina, la Escuela Nacional de Música, contribuyendo al fortalecimiento de espacios de formación y difusión de la música puneña. Asimismo, desarrolló actividad vinculada al ámbito educativo y periodístico, promoviendo la difusión de noticias, obras literarias y composiciones musicales, con incidencia en la preservación y difusión de las expresiones culturales y musicales de Puno. Su producción musical incorporó elementos y géneros propios de las tradiciones musicales del altiplano, entre ellos el huayno, la marinera puneña, el sikuri y el k’ajelo, contribuyendo a la conformación y difusión de un repertorio representativo de la tradición musical puneña y del ámbito andino;

Que, a través del Informe N° 000771-2026-OGAJ-SG/MC, la Oficina General de Asesoría Jurídica señala que la distinción se sustenta en la trayectoria de la persona que se propone, a partir de la evaluación y análisis que han realizado los órganos competentes respecto de los importantes aportes para la cultura;

Con los vistos del Viceministerio de Patrimonio Cultural e Industrias Culturales, de la Dirección General de Patrimonio Cultural, de la Dirección General de Industrias Culturales y Artes, de la Dirección de Patrimonio Inmaterial, de la Dirección de Artes y de la Oficina General de Asesoría Jurídica;

De conformidad con lo establecido en la Ley N° 29565, Ley de creación del Ministerio de Cultura y la Directiva N° 002-2016/MC, Directiva para el otorgamiento de reconocimientos del Ministerio de Cultura, aprobada por la Resolución Ministerial N° 107-2016-MC;

SE RESUELVE:

Artículo 1.- Otorgar la distinción póstuma de Personalidad Meritoria de la Cultura al señor ROSENDO ALBINO HUIRSE MUÑOZ, por su destacada labor en la promoción, difusión y creación de la tradición musical puneña, materializada en la fundación de numerosas asociaciones musicales, así como por su difusión a través de los medios educativo y periodístico y, en general, por su obra musical, coherente con la reivindicación cultural planteada a lo largo de su labor institucional y educativa.

Artículo 2.- Remitir copia de la presente resolución a la Oficina de Comunicación e Imagen Institucional para los fines pertinentes y notificarla a la Municipalidad Distrital de Santa Rosa, provincia de Melgar, departamento de Puno.

Artículo 3.- Disponer la publicación de la presente resolución en la sede digital del Ministerio de Cultura (www.gob.pe/cultura) el mismo día de su publicación en el diario oficial El Peruano.

Regístrese, comuníquese y publíquese.

ALBERTO ISMAEL BEINGOLEA DELGADO

Ministro de Cultura

2561199-1

ESCRITORES PUNEÑOS EN LA MEMORIA COLECTIVA

 107 AÑOS DEL NACIMIENTO DE

LUIS GALLEGOS ARRIOLA

Eduardo H. Paredes Chukiwanka.

U

n 10 de octubre de 1919, Luis Gallegos Arriola vio la primera luz de la vida, en el tradicional y legendario Barrio Santa Bárbara de la ciudad de Ilave, siendo sus padres don Justo Gallegos Bermejo y doña Maximiliana Arriola, quienes a Luis y sus 6 hermanas brindaron en sus primeros años de vida todo su cariño y abnegación. Lucho quedó huérfano de Padre a los 8 años de edad, hecho doloroso que menguó el espíritu de Luis, pero lo formó con temple para superar las adversidades de la vida.

El 10 de octubre de 2019, la Municipalidad Provincial de Puno, la Dirección Desconcentrada de Cultura de Puno y el Colectivo Cultural, Puno, Cultura y Folklore, ofrecieron un homenaje en vida a Luis Gallegos Arriola, al cumplirse el Centenario de su nacimiento, fue un día memorable, en el cual Don Lucho estaba muy lúcido, alegre y contento de ver como no sólo los Directivos e integrantes de las instituciones organizadoras, sino además Autoridades, Directivos de organismos culturales, gremiales, educativos, se adhirieron junto a lo más selecto de la población puneña al homenaje que se ofrecía a un centenario escritor, profesor, periodista, funcionario público y gran amigo de todos.

Ese 10 de octubre de 2019 fue una digna celebración de fructífera vida, donde todos expresamos los sentimientos afectuosos y admirativos a don Luis Gallegos y que nos reunimos a su alrededor, en armonioso grupo, que con goze intenso del espíritu virbrábamos para saludarlo por 100 años de vida y su bien apreciada producción literaria y que con especial Maestría utilizaba las palabras más expresivas de nuestro idioma, para dar a conocer los sentimientos, expresiones y anhelos de los puneños.

A don Luis Gallegos lo conocía a través de sus artículos periodísticos, libros y referencias de amigos, pero cuando por razones de reestrcturación de instituciones estatales, él se incorporó al Ministerio de Agricultura - Región Agraria Puno, donde yo laboraba, iniciamos una relación cordial indestructible que superó las fronteras laborables y solo se interrumpió cuando próximo a cumplir los 101 años de vida, voló a la inmensidad donde moran los inmortales.

Lucho tenía relación y amistad, con personalidades del mundo literario, cultural, científico, político, profesional y debido a esa relación personal de Luís, yo también pude conocer y en casos tener amistad con eminentes personajes, como el sabio Antúnez de Mayolo, él poeta Cholo Nieto, el abogado Julio Mendoza, el investigador y sociólogo António Rengifo, el Antropólogo y Economista japonés Yoshiky Kobayashi, el historiador Juan José Vega, el historiador José Tamayo, el Director del Instituto Indigenista del Perú, etcétera.

Fuimos compañeros inseparables en los periplos, ya sea por fértiles pampas, cumbres escabrosas, en la calurosa selva, ya sea a pie, a caballo o en vehículos diversos. Los viajes y estadías campestres se hacían más alegres y divertidos, por su chispa siempre hilarante. En uno de esos viajes, ya casi a media noche y cuando el sueño nos vencía, me dice "Eduardito, hoy por fin estoy gozando de un gran deseo, me encuentro muy contento en cama y puedo ver directamente la luna recorriendo el cielo y yo contando las estrellas del firmamento", yo le contesté: "deberías estar cansado y no contento", porque luego de varias horas de caminata llegamos a un lugar, donde había 4 paredes y un poncho, que pusimos como puerta de nuestro dormitorio, habíamos acampado en una cabaña de la lejana Corani y el techo, si es que se podía decir así, de nuestro hospedaje, era un resto de pajas de ichu, esparcidas y que permitían estar en cama y ver el bello firmamento, aunque el frío nocturno e invernal nos congelaba.

Luis o Luchito, como me permitió llamarlo, fue un árbol de un bosque encantado, cuyas hojas han trasmitido sus cuentos, sus novelas, sus artículos periodísticos, sus investigaciones sociales y antropológicas, que con el viento altiplanico de Puno, se han dispersado por el Perú y el mundo.

Ése arbol estaba cargado de frutos de voces caudalosas, polifónicas y eternas y donde hubo nidos de los kellunchos, que en sus cuentos saludaban a la mañana y al lucero y se alejaban a las cumbres cordilleranas andinas.

Luchito, no solo laboró en Puno, también en Lima y en el centro de Perú y en los departamentos de La Paz, Cochabamba, Oruro y Potosí del ahora Estado Plurinacional de Bolivia.

Algunos de los cuentos que escribió, fueron: Barlovento, Cuentos de Qoññi K'ucho, Las voces del viento, Las minas del diablo, Las plagas y el olvido, Tiempos de amores en Saucamarca, El Cojudiometro y los mejores cuentos. Entre las novelas biográficas: Manuel Z. Camacho y su escuela de Utawilaya, Lorenzo Cotillo y su tiempo, La fiesta de la tía Braulia, El coronel de la espada virgen, Memorias de un profesor, Agonía y muerte de José Salcedo, Los Paredes y la fiesta de las vicuñas, El camarada Vicente, Pasaron las gaviotas - violencia y muerte en el altiplano puneño.

El 20 de agosto 2020, se apagó la vida de Luis Gallegos Arriola. Mi permanente recuerdo y homenaje a un amigo muy apreciado, que debe estar en el cielo, novelando a los personajes que moran ahí, aunque él me decía: No comprendo por que todos quieren ir al cielo, allí se las pasan de rodillas y rezando, sin distracción, mientras que en el infierno están las mejores artistas de cine y de los cabarets, siempre bailando y gozando y sus ocupantes viendo y participando de esas fiestas.

Luchito me dijo que, le le pasaron el dato que, en el infierno están muchos mineros informales, pero que no pierden el tiempo, siempre están abriendo zanjas, cavando túneles, buscando los minerales preciosos y que tienen la ayuda de los alojados en el infierno, quienes ayudan a los mineros a profundizar las zanjas, pero con la intención de debilitar las nada lujosas instalaciónes del infierno, con la finalidad de que pudieran colapsar, de tal forma que sean inhavitables y tendrían que desocupar y tenían la esperanza que los llevarían al purgatorio, donde es más soportable y continuar con su actividad minera.

10 de octubre 2026

viernes, 9 de octubre de 2026

ENFOQUES SOBRE LA COYUNTURA POLITICA PERUANA

 NECESITÀBAMOS UN GOBIERNO DE EMERGENCIA

César Hildebrandt

En HILDEBRANDT EN SUS TRECE Nº 801, 9OCT26

L

a señora anuncia un comando unificado y la prensa de la pauta gorda lo celebra.

¿Qué unifica ese comando? Respuesta: un ejército que no sabe cómo luchar contra la criminalidad organizada y una política atravesada por la corrupción y sin el equipamiento ni mística de trabajo.

Pero la señora alza la voz, se pone en plan discurso de velada escolar y da a entender que hasta aquí hemos llegado, que el nuevo país ha empezado.

Todo es una farsa porque el fujimorismo es eso: el opio del palabreo, la promesa de lo que no se va a cumplir, el anuncio del plan que es puro titular.

La señora que jugaba palitroques con presidentes y minis­tros no sabe gobernar. Sus asesores la empujan a levantar la voz, a dar una imagen enérgica. La señora obedece y cree que eso es suficiente. El problema no es el tono de jaladora de microbús que use sino el contenido. Y el contenido es cero.

Mientras la señora se desgañita para dar la apariencia de lideresa norcoreana, el fujimorismo trabaja en el Congreso siguiendo la tradición patriarcal: pre­parando la próxima trampa.

Para hoy viernes 9 de octubre el pre­sidente de la Comisión de Constitución, Reglamento y Relaciones Exteriores del Senado, Carlos Mesía Ramírez, ha cita­do a una sesión no ordinaria en la que se evaluarán informes preparados por consultores legales que, en general, proponen una interpre­tación laxa en torno a lo que la llamada “cámara alta” puede hacer al revisar lo decidido en Diputados.

La invitación a seis ministros para que se pronuncien sobre los alcances de las facultades acordadas da una idea del pro­pósito de crear un clima político que someta a los diputados a una enorme presión. Para eso está la prensa concertada y las redes sociales anegadas de lúmpenes.

Eso sí es gobernar como el padre. Y la señora es quien ha dado la orden de proceder de esa manera.

De modo que el fujimorismo vuelve a su origen y el país de las palabras vacías está de regreso.

A mí me preocupa El Niño, pero más me preocupa la señora. Gente que la conoce dice que a ella le basta con haber llegado a la presidencia, que con eso cree haber limpiado el apellido porque su gran meta era la redención de la familia.

¿Gobernar? Eso es un asunto de ministros y de la telaraña burocrática que funciona hace años en piloto automático.

Pero el problema es que estamos ante circunstancias extraor­dinarias. Desde la plaga de Sendero Luminoso y las brutalidades que produjo, no teníamos ciudades en jaque, miedo extendido, números de sangre y apagones de la convivencia social. El se­gundo asunto de esta excepcionalidad es lo que se viene con el Niño-Godzilla, que ya ha reducido las expectativas de crecimiento y que puede crear desabastecimientos y repunte de la inflación. Y el tercer aspecto es el crecimiento de la pobreza (la monetaria y la multidimensional), el deterioro del sistema de salud y el desasosiego social que todo eso puede generar. Ya no hay sitio para más informales en esta economía en la que la capacidad de compra de las grandes masas se agrieta cada día más.

Este escenario exigía un gobierno febril de gente decidida a pelear contra la adversidad y hacerlo de modo concertado. Pero no. Lo que tenemos es esta lasitud, esta planilla de ministros adu­ladores que festejan las frases propagandísticas de la presidente y que, como ella, están a la expectativa de ver cómo hacen para favorecer a las empresas de siempre, a los banqueros donantes, a los intereses norteamericanos. No saben que trabajar exclusivamente para el statu quo es sabotear el futuro. ¿No saben que el Perú es no viable si persiste en ser esta caricatura de país, esta nación negada, esta plutocracia obsesionada con los dividendos, esta informalidad que es nuestro verdadero Leviatán?

Necesitábamos un gobierno de emergencia. Tenemos un episodio más de esta democracia atónita, de esta república enamorada del fracaso. <>