viernes, 12 de junio de 2026
ANALIZANDO EL PROCESO ELECTORAL EN EL PERU
LA AMENAZA EXTERIOR
*Una crónica sobre cómo se
fue armando la narrativa de que los votos de los peruanos en el extranjero
voltearían la tortilla presentada por Ipsos-Transparencia en el conteo rápido
Eloy
Marchán
|
E |
l lunes en la mañana, luego de la jomada electoral,
en Fuerza Popular todo era nervios y caras de preocupación. Los números que
manejaban en el búnker fujimorista de San Isidro coincidían con el conteo rápido
de Ipsos.
Keiko Fujimori perdía por cuarta vez consecutiva una
segunda vuelta presidencial.
Entonces se puso en marcha un operativo, ordenado
por la misma Fujimori, que consistía en vender la idea de que remontarían
gracias a los votos del exteriory que la ventaja que en ese momento le sacaba
Sánchez era pasajera. Así lo cuentan tres informantes naranjas con los que
conversó este semanario. Y los medios de comunicación empezaron a repetir el
estribillo.
Entre el lunes y miércoles, mientras Fujimori
invocaba en público a ‘esperar hasta el final” y decía que “respetará los
resultados”, en privado mandaba a su equipo de campaña a hacer circular
mensajes y audios diciendo que ellos tenían todas las actas y que su conteo
los daba como ganadores.
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| Intenso trabajo en consulados |
Este semanario accedió a cinco audios de dirigentes
fujimoristas ejecutando el operativo. Dos son de Chlimper y uno de Dyer. ‘Ya se terminaron de procesar todas las
actas en poder del data center nuestro.
Lo que viene a continuación son cifras duras y no estimaciones. Keiko, cuando
cierre la operación, va a ganar con 59,850 votos”, dice Chlimper en un audio que circuló el
miércoles por la mañana. La información, por supuesto, es falsa.
“No hay que tener mayor
preocupación. A partir del cierre de la última acta de La Convención (Cusco),
con todas las actas que aparezcan del extranjero comenzará a reducirse la
brecha. En el extranjero hay un panorama bastante alentador. El resultado será
en favor de Keiko de 50,02 sobre 49 puntos y tantos de Sánchez”, se escucha en otro audio atribuido a Dyer que dio
vueltas el martes en la tarde.
Al operativo fujimorista le cayó como anillo al dedo
la aparición en redes sociales de supuestos especialistas en estadísticas
electorales que daban ganadora a la señora K. Los canales de televisión no
tardaron en ponerles cámaras y micrófonos.
El “tour de medios” confirma lo denunciado por la
Misión de Observación Electoral de la Unión Europea que, en el informe
presentado esta semana, da cuenta del sesgo
de los canales de señal abierta y de los diarios que se jugaron por Keiko
Fujimori.
“El operativo de imponer la narrativa de que Keiko iba a ganar pese a
que los primeros resultados eran adversos ha sido bastante positivo. Gracias a
eso tenemos un pie y medio en Palacio de Gobierno. En el 2016 y 2021 los caviares
nos sacaron ventaja en la batalla comunicacional y eso les permitió que fueran
preparando el terreno para que la ONPE los dé como ganadores”, cuenta un asesor de la señora K.
La rutina de Fujimori a lo largo de esta semana ha sido salir de su casa de San Borja a las 9 de la mañana, dar declaraciones llamando a la tranquilidad y luego irse a su oficina de San Isidro. En el búnker naranja se quedaba hasta pasadas las 8 de la noche. Según fuentes de su entorno, cada dos horas recibía los reportes actualizados de la ONPE.
A diferencia de las elecciones pasadas, este año el
fujimorismo tuvo colaboradores extranjeros para su conteo de los votos. Son
jóvenes argentinos que trabajan con Femando
Cerimedo, el marquetero digital que ha asesorado a Jair Bolsonaro, Rodrigo Paz
y Javier Milei. El equipo de Cerimedo también supervisó la campaña de las
redes sociales de Fuerza Popular.
En el búnker fujimorista ha llamado la atención la presencia de un argentino de nombre “Gerardo”, de unos 60 años aproximadamente, con el que Fujimori solo habla en inglés y se van a almorzar juntos. “Gerardo”, según los informantes, es economista y trabaja para el Fondo Monetario Internacional (FMI).
Neutralizar digitalmente las denuncias de irregularidades en las votaciones de los peruanos en el exterior fue uno de los encargos que Fujimori les dio a los argentinos. “Como el voto del extranjero iba a definir todo, no debía tener manchas de fraude. Esa fue la orden”, dice un informante.
Este semanario accedió a tres videos grabados por peruanos en Génova, California y Salt Lake mostrando irregularidades, pero que ningún medio peruano ha rebotado. En el de Génova se ve a un señor con la camiseta de la selección peruana de fútbol pegando en el local de votación cédulas marcadas en favor de Fujimori.
En el de California se observa a una señora
reclamando que el presidente de su mesa de votación le dijo que marque la K
cuando le entregó su cédula. En el video de Salt Lake City se ve a una miembro
de mesa diciendo a los electores marcar una equis en la cara de Fujimori.
Al cierre de esta edición y con el conteo de la ONPE
al 98,2% y 1,623 actas aún en revisión en los jurados electorales especiales,
Fujimori tiene una preocupación que aún no logra resolver: las protestas que
habrá contra ella en los próximos días.
La señora K cree que el gobierno de José María
Balcázar no tiene la firmeza para controlar a los ciudadanos que no votaron
por ella y que se manifestarán en las calles en contra suya.
El miércoles Fujimori pidió a sus congresistas y al
alcalde interino de Lima, Renzo Reggiardo, que presionen a Balcázar para que
declare en estado de emergencia la capital y salgan los militares para
intimidar a los manifestantes.
Reggiardo, excongresista fujimorista, resultó
bastante obediente. Ayer jueves envió una carta al mandatario pidiéndole
declarar emergencia por 60 días en Lima Metropolitana debido al “clima de
incertidumbre y amenazas de violencia”. <■>
PROCESO ELECTORAL PERUANO: UN FINAL METICULOSAMENTE PLANEADO
César Hildebrandt
En HILDEBRANDT EN SUS TRECE Nº 786, 12JUN26
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C |
on casi todas las instituciones raptadas y el aparato empresarial y mediático batallando a su favor, la señora Fujimori no pudo ganar como sus financistas esperaban. Si lo logra finalmente, será un triunfo mísero y discutible.
Pero
llegaron las elecciones de la segunda vuelta y resultó que Sánchez ganó en los
dos conteos rápidos y luego sobrepasó a la señora Fujimori en las sumas de la
ONPE y llegó a sacar más de 40,000 votos de ventaja. Entonces apareció Alfredo
Torres con cara de abusado y dijo que su conteo no valía y que en los
escenarios preparados por otros especialistas lo más probable es que ganara la
señora Fujimori.
¿Cómo?
¿No era que los conteos rápidos de Ipsos eran infalibles, como lo sostuvo un
jactancioso aviso institucional publicado cuando se confirmaron las cifras de
la primera vuelta? ¿No era que en las cifras lanzadas la noche del domingo 7 ya
estaba incluido el voto de los peruanos en el exterior?
Pues
no. No era así. Ahora resultaba que todo podía pasar. Podía pasar, por ejemplo,
que los votos en el exterior no se digitalizaran, como lo observó la OEA, y que
estuvieran bajo custodia de una cancillería al mando de un personaje
notoriamente afín a Fuerza Popular. Podía suceder -y sucedió- que el manejo de
muchas mesas de votación en el extranjero fuera dudoso y que, como se documentó
en varios testimonios grabados y vertidos en las redes, las protestas de
algunos votantes no fueran escuchadas.
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| Torres: Todo estaba previsto de antemano |
Medio
país le ha vuelto a decir que no a la señora que esperaba ser encumbrada de
modo fulminante. Y que Roberto Sánchez tampoco crea que la mitad saludable que
lo ha acompañado ha votado por sus virtudes. Ese 50% de peruanos ha vuelto a
rechazar lo que Fujimori representa, el sindicato criminal que la acompaña, el
conservadorismo mercenario y sin bandera que la banca.
Medio país ha optado por la indignidad de elegir a quien se proclama orgullosa heredera de un señor que huyó del país y quiso ser senador del Japón. Ese sigue siendo el Perú que premió a Manuel Prado, hijo del traidor Mariano Ignacio Prado, con dos presidencias. Ese sigue siendo el Perú que combatió junto a Chile en contra de la Confederación Perú-boliviana. Ese sigue siendo el país que anuló las elecciones de 1936 cuando Eguiguren, el candidato apoyado por el Apra, las iba ganando claramente. Ese sigue siendo el país que aduló a Bolívar hasta la náusea y luego, en su ausencia, renegó de él hasta la cobardía. Ese sigue siendo el país que ha permitido que Miguel Iglesias, armado y dirigido por un ejército de ocupación, esté en el Panteón de los Proceres. Es el viejo Perú del disimulo y el agachamiento.
La
señora Fujimori ya gobernaba. Tiene bajo su control todas las instituciones que
debían haber conservado su soberanía, como lo demuestra el hecho de que la
podrida Junta Nacional de Justicia haya suspendido por seis meses al juez
Richard Concepción Carhuancho y como lo confirma el retorno de Víctor Rodríguez
Monteza, implicado en el proceso Cuellos Blancos, al ámbito de los fiscales
supremos que actúan en banda junto a Tomás Aladino Gálvez, alias Fiscal de la
Nación.
La
señora Fujimori irá a Palacio a desatar sus iras y a vengarse de aquel medio
Perú que sigue nombrándola con repulsión.
Se vienen tiempos más que recios. En lo que a nosotros respecta, está claro qué debemos esperar. Pero está clarísimo que no cambiaremos. No dejaremos de luchar porque siempre hemos creído que nuestra lucha es justa y elemental: luchamos porque la decencia prevalezca. Así de breve y sencillo.
En estos días el oportunismo empieza a tocar puertas y ventanas. Voces de la tele que parecían independientes se alinean ahora con el fujimorismo inminente. Escribidores que habían mantenido cierta cautela, expresan su disfrute. Y la vieja derecha muestra lo peor de sus odios, lo más rancio de su esterilidad. Han vuelto a ganar. Gobernaban sin haber ganado y ahora han sido premiados. Sienten que tienen patente de corso. No saben qué furias pueden despertar otra vez. Lo que sí saben es que si necesitan disparar, darán la orden sin vacilaciones. <☻>
0PINIONES SOBRE PROCESO ELECTORAL AUN EN MARCHA
PERÚ: DOS PAÍSES EN EL MISMO TERRITORIO
Por: Jorge Luis Choque
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P |
ara entender el Perú actual no hace
falta revisar teorías abstractas; basta con observar sus calles. En un lado de
la acera, un edificio empresarial de cristal en San Isidro conectado a los
mercados globales financieros; en la otra, un vendedor ambulante en la avenida
Abancay que sobrevive el día a día sin seguro, sin CTS y sin un Estado que lo
respalde. La macroeconomía nos dice con orgullo que el país crece, pero la
realidad nos grita que ese crecimiento camina sobre una falla geológica
histórica. El Perú no es una nación a ritmos distintos; son dos mundos
colisionando en un mismo suelo.
Mariátegui recordó
que lo social, lo nacional y lo cultural son inseparables: “No hay programa
verdaderamente nacional si no es también social”. Por eso, las cifras de
crecimiento son vacías si no atienden las raíces culturales y raciales de la
exclusión; el verdadero cambio debe enfrentar las estructuras coloniales que
convierten la pobreza en estigma y deciden quién merece ciudadanía plena. Esta brecha no es un
accidente. Es el resultado de un diseño político y económico donde una minoría
oligárquica utiliza a la clase gobernante como brazo ejecutor para garantizar
que las reglas del juego nunca cambien.
José María Arguedas lo
advirtió con nitidez: "El Perú es, en efecto, dos naciones
profundamente distintas y hasta contrarias: una, la indoamericana... y la otra,
la occidental, que es la minoría, pero la que ha ejercido hasta ahora el
poder". Aníbal Quijano denominó a esto la "colonialidad del
poder", una matriz que empuja sistemáticamente a las mayorías andinas
y amazónicas a la periferia del desarrollo. Fernando Tincopa define el colapso
institucional actual: "Tenemos dos Perú: uno con ciudadanos que acceden
a derechos básicos y otro con población marginada del Estado".
Todo esto, es el síntoma de
la exclusión. José Matos Mar lo decodificó como el choque entre el "Perú
Oficial" (el Estado, la banca, las leyes de escritorio) y el "Perú
Marginado" (los ambulantes, los talleres clandestinos). Al verse excluidas
del Perú oficial, las mayorías inventan su propia economía.
Efraín Gonzales de Olarte
detalla este divorcio: "Tenemos dos Perú económicos: un Perú moderno
con empresas formales, tecnología y acceso al crédito; y otro Perú informal con
microempresas, precariedad y sin acceso a servicios financieros". Las
consecuencias son catastróficas: el 60% de la población trabaja en la
informalidad y solo el 25% tiene acceso a seguridad social. Si enfermas o
envejeces en el Perú desprotegido, estás solo.
¿Por qué la clase política
perpetúa este escenario? Manuel Burga y Alberto Flores Galindo explican que "el
sistema oligárquico fue un régimen de exclusión social y política, en el que
las mayorías del país fueron marginadas y explotadas para mantener los
privilegios de la minoría gobernante". Para ello, la oligarquía
demostró una enorme "capacidad de adaptación" controlando el
Estado mediante "el fraude electoral, la corrupción, la manipulación de
la justicia y el uso sistemático de la violencia".
Hoy la oligarquía controla
redes financieras, fusiones y adquisiciones. Germán Alarco, César Castillo y
Favio Leiva (Riqueza y Desigualdad en el Perú) exponen la gravedad de
esta concentración patrimonial: "Al 2014, la riqueza de ocho familias
era equivalente al ingreso que tienen 7 millones 62 mil peruanos... Al 2017, ya
eran seis las familias que poseían la misma riqueza que 8,2 millones de
peruanos, es decir, la inequidad aumentó".
La desigualdad peruana no es
un bache técnico corregible con programas asistenciales. El crecimiento
económico reciente no distribuyó la riqueza, sino que multiplicó su
concentración en la cúspide.
Esta asimetría extrema es la muerte lenta de la
democracia. Mientras el "Perú Oficial" siga gobernando para blindar
los privilegios de unos cuantos apellidos, el "Perú Marginado"
acumulará una indignación histórica legítima. Si no somos capaces de desmontar
esta matriz colonial, el desborde popular dejará de ser una advertencia teórica
y volverá a ser nuestro destino inevitable. <☻>
Perú: 12 de junio de 2026
jueves, 11 de junio de 2026
PROCESO ELECTORAL PERU: REMONTADA DE LA FUJIMORI CON MUCHAS DUDAS
PLANES GOLPISTAS DE LA REACCIÓN
Por Gustavo
Espinoza M.
|
P |
oniéndose
a tono con el mundial de fútbol y como si estuviéramos en una competencia
deportiva local, la ultraderecha peruana, que perdió en la cancha, el partido
que jugara el 7 de junio busca revertir em mesa los resultados de la contienda.
El
punto de partida de lo que ocurre hoy, fue la “encuesta” a
boca de urna que difundiera la televisión local a las 5 de la tarde del domingo
pasado y que otorgaba la victoria a Keiko Fujimori al igual que en el 2011, el
2016 y el 2021.
Después,
el retraso con el que se entregó el “conteo rápido” previsto
originalmente para las 8 de la noche y que solamente se diera a conocer poco
antes de las 1. Este, corregía la versión y ponía las cosas en su lugar: Pedro
Sánchez ocupaba el primer lugar en el escrutinio y ganaba la elección por algo
más de 40 mil votos.
A partir de allí comenzaron las maniobras, los cubileteos y los enjuagues electores orientados a cambiar el rostro del proceso: Como se ha dicho, a ganar en mesa lo que Keiko perdió en cancha.
Aunque
formalmente se admitió la información del domingo en la noche, se buscó desde
un inicio atenuar sus efectos, asegurando que eso apenas reflejaba “un
empate estadístico” del que no podía deducirse ningún ganador. Luego
asomaron los “argumentos” orientados a justificar “la esperanza” de los
perdedores.
Se
dijo que “el computo no había concluido”, que faltaban “plazas
fuertes” del fujimorismo. Cuando pese a cambios puntuales en cifras
episódicas, no se modificaba el cuadro general, se sostuvo que “faltaba
el cómputo del voto en el exterior”, aunque la propia ONPE debió
admitir que ya había introducida la votación de importantes ciudades como Nueva
York, Nueva Jersey, Roma, Oslo y otras, en los resultados entregados.
Después
se supo que, en Londres y Madrid, Keiko Fujimori no había obtenido el respaldo
electoral que esperaba; y finalmente se ingresó a la recta final del “voto
de afuera”.
En
el 98% del cómputo oficial, se sumó un nuevo argumento: las boletas impugnadas,
arguyendo que las de Lima y Callao “favorecían largamente” a
Keiko.
De
por medio -por si fuera necesario- se agitó el demonio del anticomunismo de
manera frenética, para “ambientar” lo que cínicamente se llama “la defensa
de la democracia”. Y es que. si todo eso finalmente fallara, el último
recurso sería el Golpe de Estado: Un gobierno militar que arrase con todo.
Gestándolo,
desde distintas trincheras se habla ya de un “Golpe Militar
Democrático”, que “salve al Perú del comunismo”. Por
lo pronto, pareciera que el Comando Conjunto de la Fuerza Armada se habría
comprado el pleito. Y es que asumió un “pronunciamiento” asegurando
que actuaría contra cualquier amenaza que pusiera en riesgo “el orden
constitucional” .
Es
bueno que se recuerde que el anticomunismo es una vieja y sucia bandera usada
en el plano mundial por las fuerzas más reaccionarias del planeta. En nuestro
país sirvió siempre para defender los privilegios de la clase dominante y
apañar los abusos inmisericordes contra los pueblos. El APRA hizo aquí el gran
negocio con ese “discurso”.
El
propio Haya de la Torre enarboló la bandera del anticomunismo para lograr para
sí el respaldo de Washington. Demostrar a Estados Unidos que era “el
muro de contención” contra “la amenaza roja”, le
sirvió para lograr el respaldo de la Casa Blanca en los comicios del 62 y de
allí para adelante.
La
descomposición del APRA, llevó a Keiko a tomar esa bandera. Y ahí la tienen
señalando que “el enemigo del Perú es la Izquierda” a la que teme
porque le sabe todas, y porque está cada vez más unida y organizada, y
dispuesta a derribar su Poder, precario y poco consistente.
Por
lo pronto, verá al país convertido en una llaga abierta. El pueblo no aceptará
la maniobra extradeportiva que pretende usar Fuerza Popular ´para quebrar la
voluntad ciudadana. La llama de la resistencia está encendida y alumbrará el
camino de millones de peruanos.
Y
Keiko deberá saber si eventualmente llegara a asumir la presidencia de la
República, que no será reconocida en la inmensa mayoría de ciudades y poblados
de nuestro territorio. Ni siquiera podrá convocar libremente una concentración
ciudadana en Puno, Cusco, Apurímac, Huancavelica, Ayacucho y muchas
otras ciudades del país.
No
podrá, entonces, ejercer autoridad alguna, salvo que busque ganarla “a
la fuerza”. Pero eso implicaría recurrir a la violencia extrema- En
otras palabras, al fascismo. Los planes
golpistas, finalmente, serán derrotados <->
miércoles, 10 de junio de 2026
CALLES DE PUEBLO CON PINCELES DE PINTORES PUNEÑOS
martes, 9 de junio de 2026
PROCESO ELECTORAL PERUANO: FASE DE CONTEO DE VOTOS
50 / 50
Christian Reynoso
|
L |
a espera desespera, suelen decir. Pero en el Perú
ya estamos acostumbrados a esperar. Los resultados de la ONPE, tras el proceso
electoral de la segunda vuelta, se hacen esperar, tal vez más de la cuenta,
aunque se supone que dentro de lo razonable. Poco a poco, en horarios
indistintos, se va actualizando el conteo, en tanto que el porcentaje se va
acercando al 100% de las actas contabilizadas. En este momento, en que escribo
estas líneas, se muestra al 95.977% (11.16 a.m. del 9/6/26), con 50.057% para
Roberto Sánchez y 49.943% para Keiko Fujimori.
Por otra parte, el resultado del Conteo rápido de
la encuestadora Ipsos, que, de acuerdo con el historial de las últimas cinco
elecciones, ha sido exactamente igual o solo diferente por algunas décimas, en
comparación con el resultado al 100% de la ONPE, esta vez, ha dicho su
presidente ejecutivo, podría cambiar. ¿Cómo así, por qué? No me queda claro.
Con ello, la tendencia de los resultados que apuntaba a una victoria de Sánchez
tras el Conteo rápido, podría no ser así. Esto ha provocado la sensación de
estar frente a un ambiente enrarecido, con más incertidumbres que certezas.
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| Dicen que el Perú se ha partido en un lado y en su opuesto |
Está claro que cualquiera de los dos candidatos que gane lo hará con un pequeño margen sobre el otro. Pero este 50/50 que se observa en la votación, también expresa lo que ocurre en el país: dos maneras distintas de concebir la política y lo que se espera de su ejercicio, y en el modo de sentirse representados. Aunque ello no debería ser una anormalidad en un estado democrático, en nuestro país genera más bien una polarización exacerbada, colmada de insultos, racismo, difamación, ignorancia, mirada vertical y el delirio de la etiqueta ideológica, que ponen en cuestión el respeto, pero al mismo tiempo develan el alma de cada quien. Por lo menos el alma política.
Tal vez sucede que entre peruanos no nos
conocemos, o nos conocemos demasiado bien, y por eso nos resulta difícil
dialogar y entendernos, y encontrar un proyecto común de país más allá del
apuro de la sobrevivencia del día a día. 50/50, mita mita, fifty-fifty, en este
contexto, está lejos de sugerir el equilibrio y lo equitativo. No queda más que
esperar, seguir esperando. Casi un deporte nacional. Esperar a que el Perú
cambie alguna vez, sin corrupción, sin pobreza, con educación, con paz. <:>
__________________
NOTAS
DEL DIFUSOR
1. LAS MESAS EN ESTADOS UNIDOS DEBEN SER
VIGILADAS PARA EVITAR UNA IRREGULARIDAD EN ESTE PAÍS, ya que el voto en el
exterior lo controla la cancillería peruana (favorable al fujimorismo) y no el
poder electoral. (Resumen de la Situación Electoral 09/06/2026)
2. HILDEBRANDT
SOSPECHA ALGO TRAS LAS REVELACIONES DEL DIRECTOR DE IPSOS SOBRE UNA POSIBLE
VICTORIA DE KEIKO FUJIMORI BAJO FUERTE PRESIÓN POLÍTICA
César Hildebrandt volvió a pronunciarse
en medio de la tensión electoral y recordó que los conteos rápidos de IPSOS
históricamente han mantenido un elevado nivel de precisión en las elecciones
presidenciales. Por ello, diversos sectores consideran que cualquier escenario
distinto al reflejado inicialmente por esas cifras deberá ser explicado con
absoluta transparencia.
La polémica aumentó luego de que el
director de IPSOS, Alfredo Torres, afirmara que, según todos los algoritmos
matemáticos y escenarios posibles, Keiko Fujimori terminaría imponiéndose a
Roberto Sánchez por una diferencia mínima, pese a que el conteo oficial seguía
mostrando una disputa extremadamente ajustada.
A ello se suman las filtraciones, audios
y especulaciones que han circulado durante las últimas horas sobre las actas
observadas y el peso del voto extranjero, alimentando las dudas y recordando a
muchos ciudadanos otros momentos polémicos de la historia electoral peruana.
En una de las elecciones más reñidas de los últimos años, la exigencia de millones de peruanos sigue siendo una sola: que se respete la voluntad popular expresada en las urnas y que el resultado final esté acompañado de total transparencia y confianza ciudadana.
3. TORRES DE IPSOS SE TRAE ALGO BAJO LA MANGA.-
El diputado electo por Lambayeque, Ernesto Zunini, lanza una dura crítica hacia
el jefe de Ipsos, “Es muy “extraño” que el Sr. Alfredo Torres de Ipsos salga a
desmentirse a sí mismo, a despreciar su propio estudio ¿desde cuándo la
estadística dejó de ser ciencia? ¿Qué opina sobre esto Transparencia?
lunes, 8 de junio de 2026
ENFOCANDO NUESTRA REALIDAD SOCIAL
RACISMO EN EL PERÚ
Por: Moisés Suxo Yapuchura
Introducción
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L |
a
historia de la migración interna en el Perú es también la historia de la lucha
por el reconocimiento. Miles de personas de origen andino, muchas de ellas
hablantes de lenguas originarias como el aimara o el quechua, migraron a las
ciudades en busca de mejores condiciones de vida. Pero lo que encontraron fue,
muchas veces, un país que no los reconocía como parte legítima de su identidad
nacional.
Este
artículo presenta y analiza dos testimonios de abuelos migrantes aimaras:
Jacobo, quien vivió la experiencia migratoria en la década de 1950, y Pablo,
cuya experiencia es de la década de 1960. A través de sus voces, podemos
comprender no solo los efectos del racismo estructural, sino también la evolución
de las formas de resistencia y afirmación identitaria en el Perú.
1. Testimonios
Jacobo
en su testimonio señaló que “En esos años, 1956, hablar de aimara era un
poquito vergonzoso a veces porque también el trato era un poco diferente, que
tú vienes es como cualquier cosa, que serrano, entonces te evitas, ya no
aceptas. Muchas veces los paisanos se pasan, dicen yo soy arequipeño, soy de
Tacna, así hacían esos, se avergonzaban... Antes era arrinconado, marginado,
había marginalidad, por ejemplo, en Lima, los huarochiranos en La Parada cuando
entré a trabajar en los negocios: ¡serranos! ¡llamas!, decían.”
Este testimonio revela una época marcada por el racismo abierto y estructural entres los propios migrantes. Jacobo experimenta la discriminación lingüística, geográfica y étnica. El solo hecho de hablar aimara, o ser identificado como "serrano", era motivo de burla y marginación. La respuesta de muchos migrantes fue ocultar su origen, adoptando identidades regionales más aceptadas por la sociedad limeña.
Por
otro lado, Pablo dijo que “Con los compañeros de trabajo éramos como amigos.
Como somos ya grupo, entonces ya, un mes, un mes así por ahí no más he
trabajado yo en el campo (jardinería), después a la oficina. Sí, así he
trabajado yo. Ya, ahí, entonces, de ahí he salido ya. No, no, no he tenido
ningún problema.”
Prosiguió:
“En el trabajo me encontraba con personas de Cajamarca, Huancayo, Cerro de
Pasco... Cada uno con su propia forma de ser. Algunos no sabían quién fue
Atahualpa, otros no conocían Puno, ni Huancho, ni Huancané. Yo sí les decía:
‘Soy puneño, de cerca de Bolivia’. Y ya, así nos conocíamos, nos entendíamos
hablando castellano.”
El
relato de Pablo representa una realidad distinta y más integradora. Aunque
persisten las diferencias culturales y geográficas entre migrantes, no hay una
experiencia directa de discriminación. Pablo afirma su identidad puneña con
orgullo, y señala una convivencia más horizontal en el entorno laboral limeño.
2. Análisis
comparativo
2.1. Migración como
choque cultural
Ambos
testimonios reflejan la experiencia común de la migración interna en el Perú.
Personas de los Andes, hablantes de lenguas originarias como el aimara, se
trasladan a Lima en busca de trabajo. Sin embargo, al llegar, se enfrentan a
una sociedad urbana que no los reconoce y muchas veces los discrimina.
•
Jacobo vivió la migración en la década de 1950, cuando hablar aimara era motivo
de vergüenza.
•
Pablo, aunque en un tiempo después, 1960, también experimenta esa diversidad,
pero desde una perspectiva más integradora.
Ambos
casos revelan cómo la migración reconfigura las relaciones sociales y pone en
tensión las identidades regionales, lingüísticas e históricas.
![]() |
| Brigida Curo candidata a vicepresidenta |
•
Jacobo muestra cómo el racismo obligaba a los migrantes a negar su identidad
para sobrevivir. Hablar aimara era motivo de burla, y muchos fingían ser de
otras regiones más aceptadas. Su experiencia está marcada por vergüenza,
ocultamiento y exclusión.
•
Pablo, en cambio, representa un contexto donde hay más apertura. Aun cuando
existe desconocimiento cultural, él afirma con orgullo su identidad puneña.
Rechaza el silencio y defiende su origen andino sin conflictos aparentes.
Mientras
que en el pasado la identidad andina era algo que debía ocultarse para evitar
la exclusión, en el testimonio de Pablo se muestra como un orgullo cultural,
aunque siga siendo una minoría frente al predominio del castellano y la cultura
costeña. Esto habla de un cambio de paradigma generacional, aunque no
necesariamente de la desaparición del racismo.
2.3. Lengua y
memoria como fronteras
La
lengua aimara aparece en los dos casos como un marcador identitario importante.
Mientras que para Jacobo el aimara lo marginaba, para Pablo, el castellano es
la lengua común entre migrantes, aunque ello implique cierta pérdida del
aimara.
Ambos
coinciden en que los migrantes llegan con referencias geográficas e históricas
distintas, lo que genera desconexión. No todos conocen figuras como Atahualpa,
ni ubican Puno o Huancané. Esto deja en evidencia que el Perú sigue siendo un
país fragmentado culturalmente, donde las regiones aún no se reconocen entre
sí. La migración interna hace visibles esas diferencias, forzando a los sujetos
a redefinirse y posicionarse culturalmente.
2.4. Relaciones laborales:
de la hostilidad al compañerismo
•
Jacobo denuncia violencia verbal directa, estigmatización
("¡serrano!", "¡llama!"), y una ciudad hostil hacia los
migrantes.
•
Pablo, en contraste, destaca la amistad y la convivencia en el trabajo:
"con los compañeros éramos como amigos", dice, y enfatiza que no tuvo
ningún problema en su entorno laboral. Incluso experimentó movilidad, pasando
de la jardinería a la oficina.
Esto
podría mostrar una transformación en las relaciones laborales y sociales entre
migrantes en la ciudad: de una lógica de discriminación excluyente (Jacobo) a
una de coexistencia y cierta integración (Pablo). Sin embargo, también puede
ser que las formas de racismo hayan mutado, volviéndose más sutiles o menos
explícitas.
A
continuación, se presenta un cuadro comparativo resumido.
Ver
Cuadro "eje temático"
3. Conclusión
Los
testimonios de Jacobo y Pablo no solo nos cuentan sus vidas, sino que también
nos permiten pensar en el Perú como una sociedad profundamente marcada por el
racismo, la desigualdad y la lucha por el reconocimiento.
Jacobo representa una época de marginación abierta, donde los migrantes eran empujados a ocultar su cultura. Pablo, en cambio, muestra un momento de mayor afirmación, donde se puede decir con orgullo "soy puneño", aunque el desconocimiento entre peruanos persista.
Ambas
voces revelan que la migración interna no es solo un fenómeno económico, sino
también una historia emocional, cultural y política, que sigue vigente.
4. Llamado a la
acción
¡Nunca
más vergüenza por ser quienes somos!
“Antes
era arrinconado, marginado... Ahora digo con orgullo: soy puneño.”
Los testimonios de Jacobo y Pablo son una memoria viva del racismo y la resistencia. Hoy, te invitamos a construir una sociedad plural, intercultural y distinta.
¿Qué
podemos hacer?
•
Valorar todas las culturas del Perú —no solo las dominantes.
•
Denunciar el racismo y la exclusión, en cualquier forma.
•
Educar en interculturalidad desde las escuelas, medios y familias.
•
Escuchar a los migrantes, no como "otros", sino como parte de
“nosotros”.
_____________________
Referencia
Suxo
Yapuchura, Moisés: RAÍCES AIMARAS EN LIMA. DOS HISTORIAS DE VIDA/ LIMA MARKANA
AYMARA SAPHINAKA: PAYA JAKAÑA SARNAQÄWI. (En prensa).
Moisés Suxo Yapuchura, es magister en Planificación y
gestión de la educación intercultural bilingüe por la Universidad Mayor de San
Simón de Bolivia. Egresado de Antropología de la Pontificia Universidad
Católica del Perú.
sábado, 6 de junio de 2026
PARA LA HISTORIA DE LA POLITICA PERUANA DE PRINCIPIOS DEL PRESENTE SIGLO
RECORDEMOS EL FRAUDE ELECTORAL DEL FUJIMORISMO EN EL AÑO 2000
Por
Nicanor
Domínguez Faura
‘El Salmón” 5 de junio de 2026
En el debate presidencial del pasado
domingo 31 de mayo, la candidata Keiko Sofía Fujimori Higuchi afirmó: “A nosotros
nos preocupa de sobremanera lo que ocurrió en la primera vuelta. Hemos
respaldado las denuncias de otros grupos políticos. Hemos saludado, sí, también
las decisiones del Jurado Nacional de Elecciones de ampliar los horarios y
ampliar la votación hasta el día siguiente”.
Evidentemente hacía referencia a
las escandalosas e infundadas denuncias del candidato de ‘Renovación Popular’, Rafael
López-Aliaga Cazorla, quien pretendió por casi seis semanas desconocer el
resultado de la primera vuelta de las elecciones de este año 2026, pues resultó
en tercer lugar y sin opción a pasar a la segunda vuelta. Esta campaña
“fraudista” de López-Aliaga ha causado un serio desprestigio de los organismos
electorales: la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) y el Jurado
Nacional de Elecciones (JNE).
La candidata hizo también referencia
a su “Campaña Defensores del Perú”, el intento de reunir 100 mil personeros de ‘Fuerza
Popular’ para la segunda vuelta: “Hacemos un llamado a la población para
defender el Perú y hacemos esta convocatoria para que todos los ciudadanos se
inscriban como personeros no solo en Fuerza Popular, también en el otro grupo político.
Los observadores internacionales serán claves porque lo que tenemos que hacer
es fortalecer la democracia”.
Lo que no ha mencionado ella es
que --tanto en la primera vuelta de este año 2026 con López-Aliaga, como en la segunda
vuelta del año 2021, cuando el fujimorismo intentó desconocer su derrota
electoral con la campaña del supuesto “fraude en mesa”-- todos los observadores
internacionales han coincidido en rechazar el “fraudismo” de la derrotada y revanchista
derecha peruana, respaldando la labor de los organismos electorales. Recordemos
que no ocurrió lo mismo hace un cuarto de siglo, cuando los observadores internacionales
concluyeron que las elecciones del año 2000 en el Perú habían sido
extremadamente irregulares. Y, para la mayoría de los peruanos de entonces,
abiertamente fraudulentas.
* * *
La idea de perpetuarse en el poder
mediante sucesivas elecciones y llevar adelante una “democracia dirigida” por
una coalición cívico-militar se expresó hace casi 40 años en el llamado “Plan
Verde”, elaborado en los años 1988-1989, al final del caótico primer gobierno
de Alan García Pérez (1985-1990). Las Fuerzas Armadas, jaqueadas por el avance
de los movimientos subversivos (‘Sendero Luminoso’, MRTA) y afectadas como todo
el país por la hiperinflación de los años 1988-1990, encargaron a un “grupo de
trabajo”, con la participación de tecnócratas civiles anti-Apristas, elaborar
un “Plan de Gobierno”. Inspirados en el ejemplo chileno de la dictadura de
Pinochet (1973-1990), era una apuesta por incrementar la represión y por
promover el neoliberalismo económico: “para llevar al país al siglo XXI” y “alcanzar
un nivel de país desarrollado”.
En 1990 el “asesor” del electo
presidente Alberto Kenya Fujimori Fujimori, el ex-capitán expulsado del Ejército
y abogado de narcotraficantes, Vladimiro Lenin Montesinos Torres, recibió copia
del “Plan Verde” y lo utilizó después como guía en el “fuji-golpe” del 5 de
abril de 1992. Desde el Servicio de Inteligencia Nacional (SIN), el “asesor” Montesinos
no solo buscó corromper y controlar a los mandos militares, sino penetrar las
instituciones judiciales y electorales, para mantenerse indefinidamente en el
poder. Sin necesitar de un golpe militar abierto, el control de las elecciones podía
garantizar la continuidad de este proyecto político fuji-montesinista.
La Constitución fujimorista de
1993 abrió la posibilidad prologar el régimen, pues estableció que: “El mandato
presidencial es de cinco años. El presidente puede ser reelegido de inmediato
para un período adicional. Transcurrido otro período constitucional como
mínimo, el expresidente puede volver a postular, sujeto a las mismas condiciones”
(artículo 112). En el libro del politólogo japonés Yusuke Murakami se incluye
una útil cronología (pp.601-615), que permite seguir el desarrollo de las
sucesivas acciones del gobierno de Fujimori, en su constante intromisión para
controlar el resultado de los procesos electorales de 1995 y, especialmente, el
del año 2000.
La modificación de las reglas (1996-1997):
Tras haber sido reelegido en 1995,
Fujimori declaró a un medio de prensa internacional que la nueva Constitución
le prohibía postular en las siguientes elecciones presidenciales, programadas
para el año 2000 (16 de febrero, 1996). Pero, seis meses después, la bancada
del oficialismo en el Congreso, la alianza ‘Nueva Mayoría-Cambio90’, forzó la
aprobación de la “Ley de Interpretación Auténtica” sobre la reelección
presidencial (20 de agosto). Se argüía que: “del artículo 112 se deduce que el
período 1990 [a 1995] no se considera, al ser previo a esa Constitución, y que,
por tanto, sólo hay que tomar en cuenta el que se inició en 1995, razón por la
cual Alberto Fujimori puede postular de nuevo en el 2000” (Ley 26657, 23 de agosto
de 1996).
La oposición denunció en el
Congreso la ilegalidad de esta primera manipulación (de una posible tercera
candidatura de Fujimori), y reclamó ante el Tribunal Constitucional (TC), cuyos
siete miembros habían sido recientemente instalados (21 de junio, 1996). Esta
instancia de control constitucional sentenció que la “Ley de Interpretación
Auténtica” no era legalmente aplicable en favor del presidente que ya ejercía un
segundo mandato (16 de enero, 1997). La mayoría oficialista en el Congreso votó
por destituir a los tres miembros del TC --Manuel Aguirre Roca, Guillermo Rey
Terry y Delia Revoredo Marsano-- que habían apoyado la sentencia de inaplicabilidad
de la Ley 26657 a Fujimori (28 de mayo). El presidente del TC, Ricardo Nugent López-Chávez,
renunció a la presidencia en solidaridad con sus colegas (29 de mayo). Por tres
años y medio, desde mayo de 1997 hasta noviembre del 2000, el Perú no tuvo un
Tribunal Constitucional autónomo y plenamente en funciones que pudiera regular
los excesos legislativos del Congreso.
El bloqueo del referéndum (1996-1998):
El ‘Foro Democrático’ fue creado como
respuesta de la sociedad civil al “fuji-golpe” del 5 de abril de 1992, buscando
promover acciones ciudadanas que confrontaran el autoritarismo del gobierno y
permitieran volver a un sistema político representativo de base democrática. Así,
al mes siguiente de la promulgación de la “Ley de Interpretación Auténtica”, iniciaron
una campaña de recolección de firmas para oponerse a la re-reelección de
Fujimori (setiembre 1996). El objetivo era utilizar una innovación de la Constitución
de 1993, el referéndum o consulta popular (que ya había sido utilizado para la aprobación
de la propia Constitución en octubre de 1993).
Además de la supresión de la
consulta popular promovida por el ‘Foro Democrático’, otros dos hechos importantes
ocurrieron en la segunda mitad del año 1998. El “triunvirato” en el poder desde
el “fuji-golpe” de 1992, conformado por Fujimori, Montesinos y por el jefe del
Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas y Comandante General del Ejército,
general Nicolás Hermoza Ríos, llegó a su fin tras más de seis años de cogobierno.
Hermoza fue destituido (agosto 1998), “con lo que Montesinos llegó a completar
el control sobre la cúpula militar” (Murakami p.497). Los dos últimos años del régimen
fueron plenamente fuji-montesinistas.
El segundo hecho importante fue la
realización de las elecciones municipales (11 octubre). En ellas el gobierno promovió
a una nueva agrupación pro-fujimorista, ‘Vamos Vecino’, organizada por el ingeniero
agrónomo cajamarquino Absalón Vásquez Villanueva. Aunque el candidato a la alcaldía
de Lima, Juan Carlos Hurtado Miller, perdió (32.7%) y el entonces alcalde Alberto
Andrade fue reelegido (58.8%), ‘Vamos Vecino’ ganó en 76 de 194 provincias a
nivel nacional (39%), y en 597 de los 1622 distritos del país (36.8%). Esto convenció
a Fujimori de la utilidad y eficiencia de Vásquez como operador político para
las elecciones venideras.
Debe anotarse aquí también que el
contexto de la re-reelección de Fujimori fue el del estancamiento de la
economía peruana a partir de 1998, tras casi un quinquenio de espectacular
crecimiento (1993-1997). Esto se debió a los efectos del fenómeno de “El Niño”
(1997-1998), agudizados por las repercusiones locales de la crisis financiera
rusa y asiática a nivel internacional.
El año 1999:
A lo largo de todo el año 1999 los
partidos opositores intentaron conformar una candidatura presidencial
unificada. El ‘Foro Democrático’ ya había propuesto realizar elecciones
primarias con este fin (15 de diciembre, 1998). También se emitieron
comunicados conjuntos oponiéndose a la tercera postulación de Fujimori (20 de
abril, 1999), y hasta catorce agrupaciones opositoras firmaron un “Pacto de Gobernabilidad”
(25 de noviembre). Sin embargo, las principales fuerzas opositoras desistieron finalmente
de elegir a un candidato único (5 de enero, 2000).
El gobierno de los Estados Unidos,
presidido por el político demócrata Bill Clinton (1993-2001), toleró en términos
generales el autoritarismo de Fujimori. Pero a finales del año 1999, tanto la Cámara
de Diputados (4 de octubre), como la de Senadores (3 de noviembre), del
Congreso norteamericano aprobaron sendas resoluciones expresando su “preocupación
por el retroceso de la democracia en el Perú”.
A fines de noviembre de 1999
fueron convocadas oficialmente las elecciones generales para el año 2000. Un
mes después, Fujimori anunció su tercera postulación a la Presidencia de la República
(27 de diciembre). Entonces explicó que: “la decisión se debía a que no había
encontrado ningún sucesor confiable, tanto en el oficialismo como en la
oposición; y a que en la alianza oficialista, las Fuerzas Armadas y otros
sectores, hubo muchas voces que reclamaban la continuidad del gobierno”
(Murakami p.511).
El gobierno norteamericano expresó
que sería neutral respecto de los resultados electorales del año venidero, pero
exigió que el proceso “sea libre, justo y transparente” (28 de diciembre). En paralelo,
la oposición presentó 18 observaciones demandando la nulidad de la candidatura
fujimorista, dada su inconstitucionalidad por ser una tercera postulación
consecutiva, pero el JNE desestimó el reclamo. Se hizo así evidente la
parcialidad del ente electoral.
El Jurado Nacional de Elecciones
aceptó oficialmente la tercera candidatura de Fujimori (30 de diciembre). Era
el candidato de la ‘Alianza Perú 2000’, formada por ‘Cambio 90-Nueva Mayoría’ (en
el poder desde 1995) y dos movimientos liderados por Absalón Vásquez (vinculado
directamente a Montesinos): ‘Vamos Vecino’ (creado en 1998) y el novísimo ‘Frente
2000’.
La Primera Vuelta del año 2000:
Las principales candidaturas de
oposición --del alcalde de Lima, Alberto Andrade Carmona, y del ex-jefe del
IPSS, Luis Castañeda Lossio--, fueron sistemáticamente atacadas desde fines de
1999 por los llamados “diarios chicha” (‘El Mañanero’, ‘El Chino’, ‘El Men’,
‘La Chuchi’, ‘El Chato’, ‘Diario Más’), financiados por Montesinos desde el
SIN. Cuando el candidato Alejandro Toledo Manrique empezó a subir en las
encuestas, a inicios del año 2000, se convirtió en blanco de similares ataques.
El análisis del accionar de esta “prensa basura” del fuji-montesinismo ha sido
hecho por la periodista Jacqueline Fowks.
Pero la avasalladora campaña del
oficialismo sufrió un sorpresivo revés a principios del año de las elecciones. El
‘Frente 2000’, agrupación componente de la alianza oficialista ‘Perú 2000’, había
presentado el año anterior alrededor de 2’100,000 firmas para su inscripción. El
diario ‘El Comercio’ denunció que se habían falsificado masivamente alrededor
de un millón de firmas para esa inscripción (29 de febrero). Ante el escándalo,
el ‘Frente 2000’ terminó apartándose de ‘Perú 2000’. La manipulación encubierta
del gobierno en el proceso electoral se hizo visible.
Pocos días después la ‘Misión de
Observación Electoral’ de la Organización de Estados Americanos (MOE-OEA), presidida
por el guatemalteco Eduardo Stein, comenzó sus actividades en Lima (3 de marzo).
Sus preguntas sobre el uso del padrón electoral para la falsificación de las
firmas de ‘Perú 2000’, tema que el poder judicial no estaba investigando, y sobre
las condiciones del sistema informático que la ONPE utilizaba, no fueron respondidas.
Sin embargo, los observadores de la OEA registraron los problemas de la
desigual cobertura informativa del proceso electoral (favorable al gobierno), el
dudoso manejo de fondos públicos (en favor de la campaña de Fujimori), y la
difusión (restringida) de la publicidad de los candidatos de la oposición.
Poco más de dos semanas antes de
las elecciones, la misión de observación estadounidense (Centro Carter e Instituto
Nacional Demócrata), advirtió: “El ambiente electoral en Perú se caracteriza
por la polarización, la ansiedad y la incertidumbre. No se han establecido las
condiciones para una campaña electoral justa. Ya se han hecho daños
irreparables a la integridad del proceso electoral, pero aún se pueden y se
deben hacer mejoras porque los candidatos y los partidos están compitiendo, los
ciudadanos participan en el proceso y los resultados electorales no están
asegurados” (24 de marzo).
El día de las elecciones generales,
el domingo 9 de abril del 2000, los principales candidatos fueron Alberto
Fujimori, de la alianza ‘Perú 2000’ (obtuvo oficialmente 49.87% de los votos válidos);
Alejandro Toledo de ‘Perú Posible’ (40.23%); Alberto Andrade de ‘Somos Perú’ (3%);
y Luis Castañeda Lossio del partido ‘Solidaridad Nacional’ (1.8%).
Las encuestas de boca de urna, después
del cierre de la votación a las 4 pm, dieron la delantera a Toledo (Datum 48.5%,
CPI 46.7%, Apoyo 45.2%), aunque el segundo puesto de Fujimori entraba dentro
del margen de error (Apoyo 43.6%). Precipitadamente, Toledo anunció su
“triunfo” en la primera vuelta, por lo que fue criticado por el gobierno y la
prensa afín, así como por los observadores internacionales. Sin embargo, horas más
tarde, el conteo rápido de ‘Transparencia’ dio a Fujimori 48% y a Toledo 42%. El
conteo rápido de la OEA confirmó la tendencia, concluyendo que habría segunda vuelta.Sin
embargo, en los
días siguientes, los lentos conteos parciales de la ONPE hacían temer que
Fujimori podría llegar a superar el 50% de la votación, ganando así en primera
vuelta (como había ocurrido en 1995). El secretismo de la ONPE multiplicó las acusaciones
de manipulación de los resultados. Los Estados Unidos exigieron públicamente
que el proceso electoral continuara y que la segunda vuelta fuese “transparente
y justa” (lunes 10 de abril). Los resultados finales fueron recién anunciados tres
días después de las elecciones por José Portillo, jefe de la ONPE (miércoles 12
de abril): oficialmente Fujimori y Toledo pasaban a segunda vuelta.
El padrón oficial para las
elecciones del año 2000 registró a 14’567,467 electores. En la primera vuelta
la abstención llegó a 2’501,239 votantes (17.17% del padrón). Los votos nulos
sumaron 708,617 (4.86%) y los votos blancos fueron 271,742 (1.86%). Por tanto,
los votos válidos fueron 11’085,870 (76.10% del padrón). La alianza fujimorista
‘Perú 2000’ obtuvo oficialmente 5’528,568 votos (49.87% votos válidos); el
mayor respaldo se obtuvo en Lima y en el norte del país. El partido ‘Perú
Posible’ registró 4’460,895 votos (40.23% votos válidos); su mayor votación la consiguió
en el sur del Perú, particularmente en Arequipa, Cusco y Puno, así como en el Oriente,
sobre todo en Loreto.
La alianza oficialista obtuvo 52 de
los 120 escaños del
Congreso, no alcanzando mayoría (como sí la había obtenido en 1995). Por eso Montesinos
se dedicó, literalmente, a comprar a una docena de congresistas elegidos por
los partidos de oposición. Uno de ellos fue Luis Alberto Kouri Bumachar, cuyo “vladi-video”
en la salita del SIN, del 5 de mayo, fue presentado a todo el país poco más de cuatro
meses después, el jueves 14 de setiembre, precipitando con ello la crisis final
del régimen fuji-montesinista.
La Segunda Vuelta del año 2000:
La campaña para la segunda vuelta comenzó
después de Semana Santa. La MOE-OEA presentó un informe sobre la primera vuelta,
evitando utilizar el término “fraude”, aunque señalando “irregularidades” y “anomalías”
(11 de mayo). Al día siguiente, la ONPE anunció el cambio del programa informático
usado en la primera vuelta por uno nuevo (12 de mayo). La MOE-OEA pidió postergar
la fecha de la votación, para poder verificar el nuevo sistema de cómputo (18
de mayo).
El candidato Toledo, que había continuado
en campaña mientras insistía en denunciar un fraude electoral en marcha, decidió
renunciar a participar en la segunda vuelta (18/19 de mayo). Pidió a sus
electores abstenerse de votar, aunque días después llamó a votar en blanco. Como
en el caso del dictador civil Augusto B. Leguía (durante el “Oncenio”, 1919-1930),
en las elecciones de 1924 y 1929, o del dictador militar Manuel A. Odría (durante
el “Ochenio”, 1948-1956), en la elección de 1950, Fujimori era ahora el
candidato único. Ya no podía perder.
La asociación civil ‘Transparencia’
anunció que: “al no existir condiciones técnicas mínimas para llevar a cabo una
competencia libre y limpia, se abstendrá de observar las elecciones” (23 de mayo).
El pedido de postergación hecho por la MOE-OEA fue rechazado por el JNE (25 de mayo).
La misión de la OEA anunció su retiro del país. Su presidente, Eduardo Stein, consignó
en su informe final las preferencias pro-fujimoristas de los canales de televisión
(especialmente ‘América’ y ‘Latina’) y las limitaciones impuestas para revisar
el sistema de cómputo electoral, concluyendo que: “De acuerdo a los estándares
internacionales, el proceso electoral peruano está lejos de [poder] ser
considerado como libre y justo”.
En la segunda vuelta, el domingo 28
de mayo, votaron 11’800,310 personas (81% del padrón) y la abstención fue de
2’767,157 (19%). Los votos blancos fueron solo 140,773 (0.96%), pero los votos
viciados alcanzaron los 3’531,637 (24.24% del padrón, 29.93% de los votos
emitidos, el porcentaje más alto de rechazo electoral registrado en todo el
siglo XX). Los votos válidos fueron 8’127,900 (55.79% del padrón, 68.88% de los
votos emitidos).
Pese a que había renunciado a su candidatura, Toledo obtuvo el apoyo de 2’086,215 ciudadanos (14.32% del padrón, 17.68% de los votos emitidos, 25,67% de los votos válidos). Fujimori, candidato único, obtuvo oficialmente 6’041,685 votos (41.47% del padrón, 51.20% de los votos emitidos, 74.33% de los votos válidos). Sumó 513,117 votos más que en la primera vuelta. Pero fue una victoria pírrica, pues su legitimidad era ampliamente cuestionada dentro y fuera del país.
* * *
Preguntada repetidas veces por el
periodismo si respetará los resultados de la votación del domingo 7 de junio,
Keiko Fujimori ha declarado un par de días antes de la elección: “Seré
absolutamente respetuosa de la voluntad popular (…) Estamos tomando las medidas
para tener personeros en todas las mesas del país e invocamos a los
observadores para que estén atentos, pero por supuesto que vamos a respetar,
como siempre lo hemos hecho, la voluntad popular”.
¿Cómo siempre lo han hecho? Ojalá
que en esta cuarta oportunidad, de ser nuevamente derrotada, la candidata del
fujimorismo no se desdiga y vuelva después a someter al país entero a una
infundada campaña de “fraude en mesa”, como en el año 2021. Ni entonces, ni
ahora, los observadores internacionales respaldarán sus truculentos e injustificables
reclamos. ¡Basta ya!
_________________________________
Referencias:
<https://web.archive.org/web/20331210002149/https://www.scribd.com/embeds/310286817/content>












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