EDITORIAL TITIKAKA PUNO (1926-1930). LA PRODUCCIÓN
EDITORIAL EN EL PERÚ
Ulises Juan Zevallos
Aguilar
OHIO STATE UNIVERSITY (Estados Unidos)
os estudios literarios han descuidado el hecho de que
el Boletín Titikaka dirigido por Gamaliel Churata [Arturo
Peralta] (Arequipa, 1897-Lima,
1969) nació como el vocero de una recién fundada editorial que hacía
publicidad de la producción de sus
libros. En su estrategia de difusión y ventas decidieron enviarlos a
periódicos, revistas y escritores consagrados peruanos y
extranjeros.1Publicaron un medio propagandístico que reproducía gacetillas y
otas periodísticas sobre su primer libro: Ande(1926) de
Alejandro Peralta. Del mismo modo daban a conocer comentarios de
cartas personales dirigidas tanto a Churata, el editor principal, como a Alejandro
Peralta, autor del poemario. Los responsables de este proyecto editorial no esperaban
la gran recepción que
iban a alcanzar. Escritores extranjeros
pertenecientes a la vanguardia
histórica como Oliverio
Girondo (Argentina), Enrique
González Martínez (México), Juana de Ibarburu (Uruguay), Ramón Gómez de
la Serna (España), Hugo Mayo
(Ecuador), Lucio Diez
de Medina (Bolivia),
Carlos Medinaceli (Bolivia) escritores
peruanos como César
Vallejo, Luis Alberto Sánchez, José
Encinas, José María
Eguren, Luis E.
Valcárcel, Magda Portal, Armando
Bazán, Alberto Guillén y Alberto Ureta escribieron notas o acusaron recibo del envío.2 En pocas
palabras, Ande fue publicado en el lugar y el tiempo preciso. Salió a la luz en la ciudad de Puno en la segunda
mitad de los
años veinte, una época favorable al desarrollo de los regionalismos y
las políticas de Estado que hicieron
intentos de tomar
en cuenta las
provincias. Del mismo modo, propagaron
un libro que todo el mundo estaba
esperando. En efecto, dieron a conocer Ande (1926), considerado
el libro más
representativo del
indigenismo vanguardista (Vich,
2000; Lauer, 2001).
En él tenía
lugar la representación de
temas locales indígenas
con procedimientos de
la literatura vanguardista. De esta forma, el indigenismo-vanguardismo
dejó de
ser un sistema literario
invisible que tenía vida propia en el sur peruano, el occidente boliviano y el
noroeste argentino (Kaliman, 1994). Los responsables de Editorial Titikaka
pasaron a integrar un sistema literario latinoamericano e internacional (Wise,
1984; Vich, 2000; Zevallos, 2002; Pulido, 2017)
Esta inesperada y favorable recepción los impulsó a
engarzar su empresa editorial con un proyecto cultural más amplio. De ser el simple
vocero de una editorial, se
convirtió en una
revista cultural que
entró en diálogo
con las propuestas de vanguardia
de la época a nivel nacional e internacional. Por eso, los responsables del
vocero de la Editorial Titikaka se vieron en la necesidad de cambiar de nombre
luego de publicar 25 números, entre agosto de 1926 y agosto de 1928.
Su publicación se llamó Boletín Titikaka desde diciembre de 1928 hasta
1930. También modificaron el tamaño de la publicación. Los primeros 25 números
de Editorial Titikaka medían 32 x 22 centímetros. El tamaño de los diez números
siguientes del Boletín Titikaka aumentó a 44 x 34.5 centímetros, para dar cabida
a ensayos, entrevistas,
relatos y crónicas.
Su impresión y periodicidad fueron
erráticas. El primer número
fue impreso en
Tipografía Comercial, del segundo al duodécimo en Talleres Tipográficos
del Eco de Puno, y del décimo tercero al trigésimo quinto en Tipografía
Fournier. Fue publicado como mensuario hasta agosto de 1929. El último número
salió en junio de 1930 (Esteba, 2013: 82).
Lo único que se mantuvo de manera permanente fueron las ocho páginas. Ambiciones
más grandes de
los miembros del
grupo Orkapata y el
deterioro de su
situación económica y
política coadyuvaron al
descuido del proyecto editorial.
No publicaron libros prometidos. Anunciaron publicar FALO de Emilio Armaza, TOJJRAS de Gamaliel
Churata, con el
aviso “Próximamente Tojjras Gamaliel
Churata” (B.T. [2],
p. 2), y
comunicaron las gestiones
en marcha para publicar los libros inéditos de la escritora peruana
Magda Portal y el escritor chileno Enrique Díaz Casanueva (B.T. [3], p.1).
Quizás refiriéndose a la inminencia de la publicación de estos tres libros
salió otro aviso: “Editorial Titikaka publicará en breve tres libros de la
mayor importancia” (B.T. [13] p. 4). Sin embargo, sólo sacaron al mercado un
libro de los prometidos. Este fue Falo.
Síntesis del imaginador(1926) de
Emilio Armaza. Tojjras de Gamaliel Churata sigue
inédito y no
se sabe del
destino de los
otros libros. Salvo
los poemas “Tojjras. Parábola de la alegría” que salieron en Amauta (Año
III, 1928 nro. 18, pp.
21-29), la revista
dirigida por José
Carlos Mariátegui, y los
publicados en la
revista Kuntur (Monasterios,
2015) no se
ha hallado el manuscrito completo. Pese a cumplir la
promesa de la publicación del poemario de
Armaza, tampoco continuaron con
su estrategia publicitaria
de reproducir notas y gacetillas
favorables publicadas en medios impresos. Se puede especular que no fue bien recibido
el poemario de Armaza o empezaron los celos poéticos. Armaza se alejó del grupo
Orkopata y muchos años después declaraba que nunca perteneció a éste a
pesar de la
existencia de numerosos
testimonios sobre su participación en actividades del colectivo
intelectual y artístico.3 Finalmente, el Boletín Titikaka dejó de editarse en
1930.
El surgimiento y caída del proyecto alternativo de
Editorial Titikaka no fue el único. En
la década de
1920-1930, en Lima
y muchas provincias, simultánea o sucesivamente, surgieron
varias agrupaciones culturales responsables de
publicaciones literarias, culturales
e informativas. Entre
ellas establecieron un fluido intercambio de cartas, creaciones artísticas
y artículos de diversos tipos que
trataban de abordar
desde una perspectiva
crítica la problemática nacional
y continental. Los responsables de este nuevo conjunto de revistas,
en su mayoría
pertenecientes a una
nueva clase media
emergente provinciana,
crearon un circuito
alternativo progresista cuya
finalidad más perceptible fue la
de interpelar a los nuevos sujetos sociales que participaban en las publicaciones
y la de
vehicular sus nuevos
proyectos ideológicos estéticos.4
Este circuito alternativo progresista donde era difícil
distinguir las propuestas del APRA
de Víctor Raúl
Haya de la
Torre, el Partido
Socialista de José
Carlos Mariátegui tuvo dos grandes componentes. Uno establecido por las
revistas con sede en Lima
y el otro
por las revistas
regionales producidas en
capitales de provincias.
Las revistas publicadas en la capital se pueden dividir
en dos grupos. En el primer grupo se encuentran las revistas limeñas de poesía
vanguardista: Flechas (1924-1926) de Magda Portal y Federico Bolaños,
Guerrilla(1926) de Blanca Luz Brum, Hurra(1927) de Carlos Oquendo de Amat,
Jarana (1928) de Jorge Basadre y Adalberto Varallanos, Poliedro (1927) de
Armando Bazán, y Trampolín, Hangar, Rascacielos yTimonel(1927) dirigidas por
Magda Portal, Serafín del Mar y Juan José Lora. Era la misma revista, pero
salía con un nombre distinto en cada número (Portal, 1979). En el segundo grupo
se encuentran las publicaciones vanguardistas
de amplio espectro.
En un mayor número de páginas,
además de material literario, traían textos políticos, ensayos históricos,
sociológicos y antropológicos. Las que alcanzaron mayor difusión fueron Amauta
(1927-1930) y La Sierra(1927-1930). En el
segundo componente están
las revistas de provincias Atusparia(Ancash, 1927-1928), Chirapu
(Arequipa, 1927-1928) de Antero Peralta Vásquez, Hélice(Huancayo, 1925) de
Julián Petrovick, Kuntur(Sicuani, 1927), Boletín Titikaka (Puno,
1926-1930),Kuntur(Cusco, 1927-1929)
de Román Saavedra
y Julio Enrique
Torres que llevan
como subtítulo “arte, cultura, política, ensayo y problemática regional”
y muchas más revistas, de las cuales sólo se conoce el título mas los
ejemplares no se encuentran en
ninguna biblioteca pública
conocida. El nexo
más visible entre
estos dos componentes era
José Carlos Mariátegui
y su revista Amauta. Casi
todos los intelectuales y
artistas de las revistas de provincias publicaron en la publicación del fundador
del socialismo peruano.
Su epistolario confirma
la fluida interacción entre
ellos (Mariátegui, 1984).

La constitución de este nuevo circuito tuvo una base
material sólida. A grandes
trazos,
en
el
territorio
peruano
la
aparición
de
estas
revistas
ocurre
a partir de un mejoramiento y crecimiento del aparato editorial que
formó parte del
proyecto
de
modernización
emprendido
por
el
gobierno
de
Augusto
B. Leguía (1919-1930).
Para poder llevar adelante su proyecto populista llamado “Patria
Nueva”
el
gobierno
del
oncenio
inició
un
proceso
de
sustitución
de importaciones e hizo crecer el sistema de educación pública. En lo
que respecta a la industria editorial se facilitó la importación de impresoras
que mejoraban la calidad, la rapidez en la producción y aumento del formato de
librosy revistas.5
Los
historiadores
José
Deustua
y
José
Luis
Rénique en
“Expansión
cultural
e intelectualidad
regional:
Perú
1900-1930”
confirman
cómo
la
expansión
del sistema
educativo
más
la
renovación
del
aparato
editorial
coadyuvaron
al aumento
de
publicaciones
impresas.
Señalan
que
en
1918
se
publicaron
167 periódicos y revistas. Hubo un aumento progresivo que llegó a un
punto máximo de
457
en
1929
para
luego
empezar
a
declinar
en
1930
(Deustua
y
Rénique, 1984:
2).
La
nueva
generación
vanguardista
indigenista
que
se
organizaba
en grupos
intelectuales y culturales fundó en Lima y provincias empresas editoriales que
editaron libros y revistas claves donde tuvieron lugar relecturas de la
realidad peruana.
Del mismo
modo,
estas
empresas
también
se
constituyeron
en distribuidoras
de
publicaciones
extranjeras. José Carlos
Mariátegui creó la empresa alternativa más importante y exitosa de la época.
Aníbal Quijano afirma que
Mariátegui
“funda
la
Editorial
Minerva
para
publicar
una
serie
de
libros nacionales
y
extranjeros
destinados
a
desarrollar
la
atmósfera
intelectual
y anímica que permita
romper la influencia ideológica oligárquica sobre la nueva generación de
intelectuales y artistas” (Mariátegui, 1979: xxxv).6
A manera de recuento, dentro del nuevo campo editorial
alternativo se fundaron en Lima,
entre las más
destacadas, empresas como la
Imprenta y Editorial Minerva
(1925) de los hermanos Julio César y José Carlos Mariátegui, quienes editaron
la célebre revista Amauta(1926-1930); el quincenario obrero Labor
(1928-1929);Tempestad en los andes(1927) de Luis E. Valcárcel y Los siete
ensayos de la realidad peruana(1928) de José Carlos Mariátegui, así como varios
libros de poesía vanguardista.7También en la capital del Perú se creó la
Editorial La Sierra
(1926) de los
hermanos cuzqueños J.
Guillermo y Luis
V. Guevara, quienes publicaron
la revista La Sierra(1926-1930) y
el libro Hacia indolatinia(1928)
de Víctor J. Guevara en el cual se incluye el muy conocido artículo hacia
una supranacionalización de la prensa.
En el Sur
Andino florecieron también un grupo de editoriales. En Arequipa el grupo
“Los zurdos” edita su vocero Chirapu(1928). En Puno, el grupo Orkopata fundó
Editorial Titikaka (1926) que edita el poemario Ande(1926) de Alejandro
Peralta, Falo(1926) de Emilio Armaza y publica el conocido Boletín Titikaka
(1926-1930). En Sicuani, capital de la provincia de Canchis del departamento
del Cusco, se creó la Editorial Kuntur (1926) que editó la revista Kuntur
(1926) y el libro Un chullo de poemas (1928) del poeta arequipeño Guillermo
Mercado. Asimismo, aumentaron sus actividades editoriales
ya constituidas como
H. G. Rozas (Cusco) que editó El nuevo indio:
ensayos indianistas sobre la sierra sur-peruana(1930) de
José Uriel García,
y la imprenta
y editorial Fournier
(Puno) que imprimió la
mayoría de los
números del Boletín Titikaka y
otros libros de la
intelectualidad puneña.
En general la aparición de una revista estuvo muy
asociada a la fundación de una editorial y a la organización de un grupo
intelectual como se ha visto en el caso del Boletín Titikaka(Vich, 2000 y
Zevallos, 2002) y Chirapu (Kapsoli, 1984). Por otro lado, la actividad
editorial iba de la mano con la distribución de libros de
autores peruanos y
extranjeros que para
la época significaban
lo más avanzado del pensamiento
occidental. Por ejemplo, Editorial Minerva también distribuía las
principales obras del
psicoanalista austriaco Sigmund
Freud, las novelas del escritor
rumano Panait Istrati y la Revista de Occidentedel filósofo español José
Ortega y Gasset.
Por otro lado,
Editorial Minerva divulgaba
sus publicaciones periódicas y libros en una red de distribución integrada coincidentemente por
los editores y
directores de las
revistas vanguardistas
indigenistas de provincias.
Esta red de
distribución se mantuvo
activa porque compartían, en palabras
de Raymond Williams, una “estructura de sentimiento” constituida por
la amistad, una
visión crítica de
la realidad, gustos
literarios comunes e interés en el pensamiento mundial de su época
(Williams, 2003). El grupo Orkopata replicó este modelo en la ciudad puerto de
Puno.
Si bien la producción
de la Editorial
Titikaka se distribuía
de manera eficiente no dejó de
tener problemas. Tan rápido ocurrieron sus iniciativas que se presentaron
malentendidos en su administración. Hubo confusión sobre atribuciones y
derechos de propiedad
que corresponden a
una editorial y una imprenta.
El dueño de la tipografía “Comercial” que imprimió el primer número de la hoja
propagandística de Editorial Titikaka, sólo por el hecho de imprimir ANDE de Alejandro
Peralta y FALO de Emilio
Armaza se consideraba
poseedora del sello editorial y empezó a imprimir otros libros con ese
nombre. Frente a esta situación Gamaliel
Churata rompió el
convenio con Tipografía
Comercial: “Hacemos presente que
el propietario de
Tipografía Comercial, que
debido a convenio aparecía
gestando esta empresa, ha dejado de tener parte en ella” (B.T. [2], p.1).
Más tarde, frente
a la insistencia
en seguir utilizando
el nombre Editorial Titikaka para
otras publicaciones, Gamaliel Churata inició una acción judicial: “Nos
sorprende la circulación
de una manual
sobre técnica marinera, impreso en la tipografía indicada e
indebidamente puesto bajo la responsabilidad de la Editorial Titikaka. El
delito que encierra este hecho, vario en sus aspectos jurídicos, comporta
sobre todo uno
ordinario contra el
derecho de propiedad, derecho que
nos corresponde por
ser autores y organizadores de
la Editorial, precaria y
aparentemente representada por la persona a que aludimos, como se comprobará en
el curso del juicio q’tenemos iniciado” (B.T. [3], p.1).
El grupo
Orkopata y grupos
de otras provincias
en sus papeles
de distribuidores de la
revista Amauta también
enfrentaron obstáculos. El epistolario de
Mariátegui nos proporciona
información sobre compradores
al crédito de la revista Amauta8 que tardaban en pagar sus deudas, la
tardanza en el pago de libros
comprados al crédito
por problemas personales
de los mismos distribuidores,9 confiscaciones de
la revista10 y apresamientos
de miembros del grupo.11 Debido a la derechización del
gobierno de Leguía, la crisis económica, el golpe de estado de Luis Miguel
Sánchez Cerro en 1932 y la imposición de su dictadura quebraron
librerías y cerraron
las editoriales que
formaban parte de este
circuito.12 En efecto, el
fracaso de la
política económica de Leguía, la persecución política
y el exilio
de los jóvenes
vanguardistas demostraron su fragilidad
e impidieron el
mejor desarrollo del
vanguardismo-indigenismo. Prueba
de ello es
que las tres
publicaciones que tuvieron
mayor duración —Amauta, La sierra
y el Boletín Titikaka—dejaron de publicarse el mismo año, 1930. La única empresa de esta época que sobrevivió
hasta 2015 fue la que fundó José Carlos Mariátegui
junto con su
hermano. Ésta mantuvo
su actividad editorial gracias a
la diversificación de sus actividades comerciales. Sus herederos
administraban Editorial Minerva
y la Empresa
Editora Amauta, fabricando cuadernos, imprimiendo formularios
y libros. Así publicaron la obra completa de
José Carlos Mariátegui,
libros sobre su
obra y figura
y el Anuario mariateguiano. Luego los
distribuían en una
cadena de librerías
llamadas también Minerva. Algunas
de las imprentas
en provincias, que
se animaron a entrar
en la actividad
editorial, todavía continúan
en actividad, pero
son pequeñas empresas dedicadas
a la venta
de artículos de
escritorio, libros
comerciales y hacen
impresiones menores como
boletos, capillos, papeles
y diversos tipos de tarjetas.
Gamaliel Churata y otros miembros del grupo Orkopata
pudieron crear Editorial Titikaka y publicar el Boletín Titikaka gracias a que
fueron educados en la escuela
primaria 881 de
José Antonio Encinas.
En su revolucionaria pedagogía para
la época, los
niños aprendían varias
habilidades prácticas.
Churata, en especial,
aprendió tipografía y
habilidades administrativas. Una manera de enseñar estas habilidades en
acciones concretas y utilizar talentos fue la
puesta en escena
de obras de
teatro. Si bien
Churata no fue
actor, estaba encargado de la
impresión de las entradas y los carteles en una pequeña imprenta que poseía
la escuela. Luego también
hacía la contabilidad
de cuánto dinero habían recaudado con las entradas
(Encinas, 1932). Estas habilidades
aprendidas de niño, les sirvieron para que consiguiera trabajo como tipógrafo
en Puno y en Bolivia a partir de los catorce años. De modo que para él no fue
un gran desafío crear Editorial Titikaka y fundar su boletín informativo cuando
tenía 28 años. Poseía las habilidades
y los conocimientos
necesarios para poder
iniciar estas empresas. Quizás
a estas razones
se debe que
Editorial Titikaka haya
tenido cuatro años de
vida en una
época bastante convulsa
que alcanzó su
punto de quiebre en 1930 con el
crashde Wall Street que afectó a todo el mundo.
Luego del inventario y esbozo de las condiciones
materiales para que se publicaran las revistas alternativas de izquierda, se
hace evidente la necesidad y urgencia
de continuar con
la publicación de
ediciones críticas, anotadas
y facsimilares. Tengo la seguridad de que se está en una carrera contra
el tiempo. En un país
donde no está bien
desarrollada la conciencia
de conservación del patrimonio bibliográfico, es
urgente publicarlas por
el riesgo de
destrucción, deterioro y desaparición de estas fuentes primarias. La
destrucción es inevitable por el uso
de papel ácido
y los escasos
recursos que tienen las
bibliotecas para darle el debido
tratamiento. El deterioro de los originales es cada vez más notorio por el
excesivo uso y poco cuidado en su conservación. Las colecciones cuentan
cada vez
con menos números
debido al vandalismo,
robo sistemático de las
bibliotecas públicas o extravío de revistas. La Biblioteca Municipal de Puno es
la que tenía mayores problemas.
Por ejemplo, toda
la información referida
a las sangrientas sublevaciones
indígenas de principios del siglo XX en la colección de periódicos y
revistas locales ha
sido cortada por
un investigador que
quiere mantener la exclusividad
de esta información
o alguna persona
interesada en desaparecer
evidencias que puedan restaurar derechos y obligaciones. José Luis Ayala también
ha denunciado que la colección
de esta misma
biblioteca fue reordenada con el
propósito de disponer mayor espacio dedicado a oficinas de sus dependencias. Así,
la nueva administración municipal
no respetó la clasificación y catalogación técnica
anterior en el sistema Dewey, sino que hizo agrupar los libros por tamaño y
colores para que cupieran el mayor número de ellos en los estantes
(Churata, 1984: 15).
La posibilidad de
completar estas colecciones con
originales que se
encontraban en bibliotecas
privadas se hace cada
vez menos factible.
La mayor parte
de los protagonistas
de la vanguardia están muertos y sus familiares son
reacios a dar acceso a sus bibliotecas privadas, las cuales muchas veces han
sido vendidas al peso a vendedores de libros usados.
La publicación de ediciones críticas y facsimilares de
libros y revistas no demandaría
mayor inversión. Hubo
dos iniciativas que
lo demuestran. La Pontificia Universidad Católica del Perú
ha publicado reproducciones de libros vanguardistas de
los años veinte.13
Del mismo modo,
existen dos ediciones facsimilares de Ande(Peralta, 2006a
y Peralta, 2006b) y dos del Boletín Titikaka (Callo, 2004 y Editorial Titikaka,
2015). Aparte de sus dos facsímiles el Boletín Titikaka tiene una
intervención donde se ha utilizado
color (Boletín Titikaka, 2016).14 En el caso de las revistas puede resultar
mucho más fácil. La mayor parte tuvieron pocas páginas, periodicidad irregular
y corta duración. Tan factible era su publicación facsimilar que existía el
proyecto dirigido por Antonio Melis para Empresa Editora Amauta, la empresa de
los herederos de José Carlos Mariátegui, en los ochenta. Lamentablemente este
proyecto todavía no se ha hecho realidad. Si sigue vigente tendrá que ser
dirigido por otra persona ya que Antonio Melis falleció el 2016 en La Paz,
Bolivia.
Las
ediciones facsimilares son
imprescindibles, ya que
estas revistas contribuyeron a
que sus lectores
conocieran a los
indígenas que eran “invisibles”15 y las trastierras que estaban siendo
integradas en las dos primeras décadas del siglo XX en una economía de enclave.
Si bien en los textos literarios se trataba de representar los dialectos del
español locales, lenguas amerindias, las maneras de
pensar y actuar
de los indígenas,
en abundantes xilografías
que ilustran las páginas
de las revistas
se hacían representaciones de
fisonomías de personas y
paisajes propios de
una cultura visual
local. De esta
manera, se proporcionaría una
nueva fuente de imágenes a un campo de estudios que está en desarrollo
con trabajos pioneros
como los de
Natalia Majluf.16Además, en estas
revistas vanguardistas se
experimentaba con colores
planos y la diagramación. El trabajo de Alfonso
Castrillón sobre la iconografía de Amauta es una muestra de las potencialidades
que tiene este tipo de estudios. Demás está decir que,
en la publicación
de los poemas,
los escritores vanguardistas experimentaban visualmente con
el espacio bidimensional del papel y diferentes texturas en libros objeto. Las
máquinas impresoras más grandes permitieron la impresión en formatos
inusuales, tipos de
letras de varias
picas y papeles
más gruesos. Tanto Ande de Alejandro Peralta como Falo de Emilio Armaza
miden aproximadamente 27 x 23 centímetros y no olvidemos la extensión de casi
cinco metros del poemario Cinco metros de poemas de Carlos Oquendo de Amat.
En la elaboración
de las ediciones
críticas de las
publicaciones vanguardistas-indigenistas hay que
tener especial cuidado.
El editor o los
miembros del equipo
editorial deben cumplir
varios requisitos indispensables. Primero, deberían tener
conocimientos de quechua y aymara y los aportes de la lingüística andina para
entender lo que querían decir estos autores en su español andino que incorpora
léxico y formas sintácticas de lenguas amerindias. Además, este conocimiento
les permitiría ver el real alcance de las propuestas de alfabeto y escritura
para el quechua y el aymara que se hacían en estas revistas. Segundo, debían
tener un conocimiento multidisciplinario. Sobre todo, son indispensables
conocimientos específicos sobre las culturas e historias locales para entender
los ensayos sociológicos y antropológicos que se publicaban en estas revistas.
La vanguardia peruana fue objeto de una primera ola de
estudios durante la década del 80. Los libros de Raúl Bueno, Esther Castañeda y
otros ayudaron a entender su especificidad. Sin embargo, está pendiente una
exploración desde los nuevos prismas de los años noventa hacia el presente. Los
estudios literarios y culturales están
preocupados en investigar
la situación de
la literatura en la
globalización, concebida como
un fenómeno cultural,
económico y social inédito. La publicación de ediciones
facsimilares y críticas está demostrando que durante los
años veinte se
inició la globalización
actual o una
primera globalización,
emprendida por los
Estados Unidos de
Norteamérica, que fue desafiada
y resistida en
ámbitos locales. Roberto
Fernández Retamar fue el
primero en darse cuenta de que luego del modernismo literario, sobre todo los
poetas vanguardistas latinoamericanos habían logrado una gran
“intercomunicación” que puso los ojos en lo nuestro y fue reconocido en Europa
(Fernández, 1972). A esta intercomunicación, Nelson
Osorio, en su
artículo “Para una caracterización histórica del vanguardismo literario
hispanoamericano” resume la renovación de los estudios vanguardistas, la llama
internacionalización. Pero, en vez de enfatizar el carácter homogeneizador de
la internacionalización, Osorio se
preocupa en reflexionar
sobre la respuesta
y reacción a este fenómeno a partir de coordenadas locales. Así, Osorio
crítica a la historiografía
tradicional que consideraba
a la vanguardia
latinoamericana una copia, un
epifenómeno de la vanguardia europea y más bien señala que ambas vanguardias afrontan
las mismas condiciones
históricas internacionales que produce
el capitalismo hegemónico
norteamericano en el
periodo de entreguerras (Osorio,
1981).
De esta manera,
la vanguardia peruana
en particular y la vanguardia latinoamericana en
general rompieron las
barreras de los
géneros literarios, disolvieron
las dicotomías cosmopolitismo/nacionalismo, vanguardismo/nativismo,
arte/política, y creó un archipiélago en Latinoamérica y Europa habitado por
latinoamericanos vanguardistas. David Wise, a diferencia de Osorio
que centró su
reflexión en las
obras de autores
canónicos latinoamericanos que residían en capitales de países
latinoamericanos o europeos concebidas como islas grandes del archipiélago,
aplicó las propuestas de Nelson Osorio al estudio de Boletín Titikaka. Otra
vez, utilizando la metáfora espacial del archipiélago, demostró que la ruptura
de los géneros literarios, la superación de
las dicotomías y
el carácter internacional
de la vanguardia
latinoamericana también se podían encontrar en los lugares más remotos
del Perú, como la ciudad de Puno, que él denominó “islas pequeñas del
archipiélago vanguardista” (Wise, 1984).
En términos actuales,
los responsables de
las revistas de
provincias, parafraseando la interpretación de George Yúdice sobre la
estrategia de Jorge Luis Borges, en vez de naturalizar un repositorio universal
de valor, el cual podía estar localizado
fuera de ellos
o de su
esfera de influencia,
minaron el centro
de la vanguardia estirándolo
hasta el infinito, ya que un centro no se puede mantener como tal si sus
periferias se expanden hacia el infinito (Yúdice, 1999: 53).
En
cualquier caso, las
revistas literarias y editoriales contribuían
a conformar la totalidad
del archipiélago vanguardista;
ya sea coexistiendo simultáneamente o
sucediéndose en períodos
continuos de tiempo
con el intercambio de cartas,
canje de libros y revistas, diálogos y debates sobre temas vanguardistas con
intelectuales afines.17 Asimismo,
se mantenía el
“espíritu nuevo” de la vanguardia luego de desaparecer temporal o
definitivamente por la censura de los
gobiernos o por
decisión de sus
editores. Las revistas
que sobrevivían mostraban su adhesión a los movimientos sociales que se
enfrentaban al “imperialismo yanqui”, así como su solidaridad con las víctimas
de gobiernos que reprimían a la juventud renovadora o publicaban a los autores
que se habían quedado sin voceros
propios. Por esta
particular configuración es
imposible entender el dinamismo
de la vanguardia
y aun las
obras literarias de
autores consagrados si no
se leen estas
revistas pequeñas. En
estas publicaciones se encuentran
poemas desconocidos de
escritores vanguardistas canónicos,
los mismos que ayudan
a entender mejor
sus posiciones estéticas
y políticas. El hallazgo de “Poemas rojos”, donde Jorge
Luis Borges se adhiere al comunismo, encontrados por el investigador peruano
Carlos Meneses en revistas españolas no canónicas (Meneses, 1978); o el
descubrimiento del historiador Wilfredo Kapsoli del poema desconocido “Canción
de la niña de Mayo” de Carlos Oquendo de Amat,
en la revista Chirapu (Kapsoli, 1984),
nos demuestran facetas desconocidas de estos dos grandes
poetas.
Para terminar, quiero señalar que es imprescindible
estudiar la dimensión material de la cultura, como se ha visto en el caso de
Editorial Titikaka de los hermanos Peralta y la publicación del Boletín
Titikaka. Su empresa se entronca en una modernización del país. Sin la llegada
de nuevas máquinas de impresión, el abaratamiento y mejoramiento del sistema de
correos, expansión del sistema educativo y mejoramiento del estatus de las
clases medias hubiese sido imposible su realización. Del mismo modo tenemos la
tarea urgente de publicar las revistas vanguardistas en
el contexto actual
de la teoría
y la crítica
literaria latinoamericana. Las vanguardias
latinoamericanas están siendo
nuevamente estudiadas desde las
perspectivas relacionadas a
teorías de la
globalización de Arjun Appadurai,
la de hibridez
de Néstor García
Canclini, sistema mundo moderno de Immanuel Wallerstein y
“planetarismo” de Edmundo Dussel. Estos estudios están
elaborando otra vez
topografías, cartografías y
mapas de las vanguardias latinoamericanas. A
diferencia de la
geografía, arqueología y geología, que tratan inductivamente con la
mayor cantidad de estudios de caso para darle mayor validez a sus teorías, los
estudios literarios siguen operandode manera deductiva. Es decir, en la mayoría
de los estudios emprendidos se están releyendo
los textos canónicos
vanguardistas y aplicando
otra vez grandes generalizaciones a
las vanguardias latinoamericanas. Creo
que una de las
principales razones para operar de esta manera es la carencia de las ediciones
de esa otra vanguardia que muy pocos han estudiado.
Worthington, 10 de Enero del 2020
________________________________________
1
Causa sorpresa que los hermanos Peralta
tuvieron la capacidad económica para solventar los franqueos nacionales e
internacionales de la correspondencia que enviaban. En el presente, muy pocos
editores y autores tienen presupuesto para hacer esta cantidad de envíos. Por
eso, se deduce que el sistema de correos era eficiente y barato en los años
veinte.
2
Elizabeth Monasterios reproduce y
clasifica los comentarios sobre Andeen el tercer capítulo de su libro La
vanguardia plebeya (2015)
como punto de
partidapara conceptualizar el “vanguardismo indígena”.
3 “No pertenecí
al grupo Orkopata.
Considero indispensable
decir esto para
rectificar aseveraciones equivocadas que se han incorporado a textos de
historia de la literatura peruana” (Armaza “El panindigenismo de Churata”
(Churata, 1973: 474).
4 Estas
iniciativas pueden formar parte del “circuito popular de la cultura de
imprenta” propuesto por Javier García Liendo en su libro El intelectual y la
cultura de masas (2017). Coincido con García
Liendo en la
existencia de una
cultura de imprenta
inclusiva, democratizadora, pero todavía
es necesario investigar
sobre la autonomía
del “circuito popular”
respecto al Estado
y grupos de poder. Por esa razón, señalo la aparición de un circuito
alternativo progresista en los años veinte en el Perú.
5
Luis Alberto Castillo explora la
relación entre la renovación de tecnologías de impresión y los cambios de la
poesía peruana en su libro La máquina de hacer poesía: [imprenta, producción
y reproducción de poesía
en el perúdel
siglo xx](2019).Le dedica
un capítulo a Amautay
la Editorial Minerva.
6
Fernanda Beigel en su libro La epopeya
de una generación y una revista: Las redes editoriales de José Carlos
Mariátegui en América Latina(2006), luego de un estudio en archivos,
reconstruye la “red editorial” y “red partidaria” que construyó Mariátegui con
su editorial y publicaciones.7La bibliografía y antología crítica de Hubert
Pöppelregistra los títulos y autores de estos libros.
8
Valcárcel, en carta del 20 de febrero
de 1929: “A partir del próximo número, voy a optar por vender ‘Amauta’ al
contado, sin darlo ya a comisión, por el mal éxito que esta tiene” (Mariátegui,
1984: 517).
9 Gamaliel
Churata, en carta
del 24 de
abril de 1929
le escribió a
Mariátegui: “Esta la
razón [muerte de su esposa Brunilda] porque no di inmediata respuesta a
su cariñosa carta, y porque, sobre todo, no he cumplido con pagar lo que debo”
(Mariátegui, 1984: 550).
10
Gamaliel Churata en carta que envía el 2 de Julio de 1927 a Mariátegui señala:
“El noveno número de Amauta se pone recién hoy a la venta. Cuando llegó la
noticia de su apresamiento, me
aseguran los vendedores
que fueron amenazados
por la policía y
yo en previsión
de un incautamiento, suspendí la
venta hasta hoy” (Mariátegui, 1984: 295).
11
Gamaliel Churata en carta del 30 de Julio de 1928 a Mariátegui apunta: “ahora
estoy esperando recibir personalmente la remisión de Amauta, pues a nuestro
querido Mamani lo ensoquillaron en Cuartel, so pretexto de servicio de
movilizables durante seis meses, con maniobras de llapa (sic)” (Mariátegui,
1984: 403).
12
Por ejemplo, en la ciudad del Cusco se fundó la Librería Los Andes que tuvo que
cerrar por falta de compradores de libros y mala administración. Valcárcel, en
carta del 20 de febrero de 1929 a Mariátegui dice: “¡Velasco está atingido de
deudas, la librería es un fracaso en el Cusco! y pide
todavía que lo
esperemos” (Mariátegui, 1984:
517). En carta
del 15 de
abril de 1929: “...estamos balanceando
la librería ‘Los
Andes’ que resulta
con una pérdida
de Lp. [libras peruanas] 400
en un año...
Yo dí un
pequeño capital para
ayudar al amigo
Oyaque, pero no habrá razón de trampa y embrollo”
(Mariátegui, 1984: 542).
13
La serie Manantial Oculto contiene reproducciones incluyendo los colores planos
de Andede Alejandro Peralta, A la
Rosade Martín Adán, El
silencio que nos
nombrade Enrique Peña Barrenechea, Cinco metros de poemasde
Carlos Oquendo de Amat, La rosa escritade Xavier Abril.
14
La edición facsimilar
de Ande fue publicada por
la Universidad Nacional
del Altiplano. El Boletín
Titikakatiene una edición
facsimilar encargada por
la Universidad San Agustín de Arequipa y existe una edición intervenida
en tapa dura y donde las xilografías en blanco y negro fueron impresas a todo
color por Lluvia Editores.
15
La autogestión indígena, en las primeras décadas del siglo XX, hizo que se
despertara un gran interés en conocer
su cultura cuando
se establecían en
las ciudades. Analizo este
cambio de invisibilidad a
visibilidad en mi
artículo “Las múltiples
caras de la
identidad andina...”..
16
Consultar la bibliografía
17
Gamaliel Churata en el ensayo “Septenario”, que aparece en el Boletín Titikaka n°
10 (1927), 4 se pronuncia en contra de las apreciaciones sobre la vanguardia de
César Vallejo aparecidas en su célebre artículo “Contra el secreto profesional”
que es reproducido parcialmente