martes, 29 de septiembre de 2026

AMÉRICA LATINA FRENTE A LA DOCTRINA DE TRUMP

 SOBERANÍA PARA QUIÉN:

Por: Juan Pari

https://www.efectividat.com/post/

D

onald Trump dijo ante las Naciones Unidas algo que América Latina no debería pasar por alto, Estados Unidos, afirmó, que no permitirá que las amenazas contra su país encuentren espacio en ningún lugar del hemisferio y, si fuera necesario, utilizará su poder militar para proteger sus “intereses nacionales vitales”. La afirmación es importante no solo por su dureza, sino porque expresa con extraordinaria claridad la manera en que Washington vuelve a mirar a nuestra región: el hemisferio forma parte de su seguridad nacional y, por tanto, también de la defensa de sus intereses estratégicos. 

No se trata de una frase aislada. La Estrategia de Seguridad Nacional estadounidense habla expresamente de un “Corolario Trump” a la Doctrina Monroe y plantea restaurar la preeminencia de Estados Unidos en el hemisferio occidental, asegurar el acceso a posiciones estratégicas e impedir que competidores extrarregionales controlen activos considerados vitales. La propia Casa Blanca ha ido todavía más lejos al sostener que el hemisferio occidental está nuevamente bajo la “protección y control” de Estados Unidos. 

Estados Unidos está definiendo con bastante precisión qué entiende por defender su soberanía y sus intereses en el hemisferio. La pregunta que corresponde hacernos desde este lado del continente es si nosotros tenemos una definición igualmente clara, visto desde nuestros intereses como región o como país. 

Ahí comienza el verdadero debate sobre el Escudo de las Américas.

El Gobierno de Keiko Fujimori ha presentado nuestra incorporación como una respuesta frente al narcotráfico, la minería ilegal, el lavado de activos, el tráfico de armas, la trata de personas y las redes criminales que operan atravesando fronteras y que requieren cooperación internacional. Ningún Estado puede enfrentarlas completamente solo y el Perú tiene razones suficientes para buscar inteligencia, tecnología y coordinación con otros países. Este argumento parece solido si se ve solo una parte del Escudo de la Americas. 

El Escudo de las Américas no está construido únicamente alrededor de la lucha contra el crimen. La declaración conjunta establece tres pilares: economía, seguridad y coordinación multilateral. Y no es un detalle que el primero sea precisamente el económico. Allí aparecen la revisión de inversiones, la protección de cadenas de suministro de minerales críticos mediante fuentes diversificadas y confiables y la regulación de proveedores considerados confiables para infraestructura digital. 

Entonces la pregunta surge sola: si estamos construyendo una alianza para enfrentar cárteles y organizaciones criminales transnacionales, ¿qué tienen que ver con esa tarea la revisión de inversiones, los minerales críticos, las cadenas de suministro y los proveedores de infraestructura digital? 

No es una pregunta retórica. Un mecanismo de revisión de inversiones no persigue narcotraficantes. Definir qué empresas pueden proporcionar infraestructura digital tampoco. Y asegurar cadenas de suministro de minerales críticos pertenece claramente al terreno económico, industrial y geoestratégico. 

La propia Casa Blanca elimina cualquier ambigüedad al definir al Escudo como la mayor alianza hemisférica de seguridad económica y nacional. El orden de las palabras importa menos que su asociación: para Washington, economía y seguridad forman parte de una misma concepción estratégica. 

Es ahí donde el debate deja de ser solamente sobre criminalidad y pasa a ser sobre poder. 

Porque Estados Unidos parece haber comprendido algo que nosotros discutimos muy poco: en el siglo XXI la soberanía no termina en la frontera. También depende de quién controla tecnología, quién procesa minerales, quién financia infraestructura, quién domina cadenas de suministro, qué inversiones ocupan posiciones estratégicas y cuánto depende un país de decisiones económicas tomadas fuera de su territorio. 

Vista desde Washington, esa lógica es perfectamente comprensible. Estados Unidos no quiere depender de sus competidores para aquello que considera indispensable para su seguridad y su economía. Quiere cadenas de suministro confiables, acceso a minerales críticos, infraestructura segura y capacidad para impedir que potencias rivales controlen activos que considera estratégicos. Eso es exactamente lo que su Estrategia de Seguridad Nacional dice que quiere del hemisferio. 

El problema no es que Estados Unidos tenga intereses. Por supuesto que los tiene. El problema comienza cuando los intereses de Estados Unidos pretenden presentarse como los intereses naturales del hemisferio. 

Porque el hemisferio no es un Estado. No tiene una sola economía, una sola sociedad ni un único interés nacional. Estados Unidos tiene intereses estadounidenses. Brasil tiene intereses brasileños. Perú tiene —o debería tener— intereses peruanos. Podemos coincidir en combatir un cartel y discrepar profundamente sobre una inversión, un puerto, una empresa tecnológica o el destino de nuestros minerales. 

Y ahí aparece una contradicción que merece mucha más atención de la que ha recibido hasta ahora. El Escudo habla de defender la “soberanía hemisférica” y la “soberanía económica”. Pero ¿quién define concretamente el contenido de esa soberanía? 

Si Washington considera que determinada inversión china amenaza la seguridad del hemisferio, pero el Perú considera que esa inversión resulta conveniente para su desarrollo, ¿qué criterio prevalece? Si Estados Unidos considera que determinado proveedor de infraestructura digital no es confiable y el Estado peruano, después de evaluarlo, llega a otra conclusión, ¿quién decide? Si Washington necesita nuestros minerales para asegurar sus cadenas industriales y nosotros queremos utilizarlos para desarrollar procesamiento, proveedores e industria nacional, ¿qué interés debe tener prioridad? 

Ahí se prueba la soberanía. No cuando los intereses coinciden, sino cuando divergen.Y la pregunta no es abstracta. Marco Rubio ha vinculado públicamente la relación estratégica con el Perú no solo con seguridad, sino también con crecimiento económico, inversiones en sectores estratégicos y minerales críticos. Al mismo tiempo, ha contrapuesto las inversiones estadounidenses con proyectos respaldados por China que, según la posición de Washington, plantean preocupaciones sobre transparencia, seguridad de datos y otros aspectos. 

Podemos compartir o discutir esa evaluación estadounidense. Lo que ya no podemos hacer es fingir que China no forma parte de la ecuación. La competencia económica y geopolítica con Beijing está presente en la manera en que Washington piensa el hemisferio y también en la manera en que está construyendo su relación estratégica con el Perú. 

Por eso resulta insuficiente presentar nuestra incorporación al Escudo fundamentalmente como una decisión para combatir el crimen organizado. El crimen es real. La necesidad de cooperación también. Pero el instrumento va bastante más allá de lo que piensa o decide los voceros gubernamentales. Y es precisamente allí donde la posición asumida por el gobierno de Keiko Fujimori necesita mayor escrutinio, es el interés de la patria o es el alineamiento a los intereses norteamericanos 

La presidenta ha dicho que el Perú ingresa al Escudo con “gran determinación y gran entusiasmo”, ha reconocido el liderazgo de Trump en la creación de la coalición y ha colocado como argumento principal la necesidad de enfrentar organizaciones criminales que no respetan fronteras. 

Pero un Estado no define su política exterior por entusiasmo. La define por intereses. Si el primer pilar del Escudo es económico, el Gobierno debería explicar también su dimensión económica. ¿Qué significa para el Perú participar en mecanismos de revisión de inversiones? ¿Qué criterios se utilizarán? ¿Quién determinará qué proveedor tecnológico es confiable? ¿Qué significa proteger cadenas de suministro de minerales críticos y qué lugar ocupará el Perú dentro de esas cadenas? ¿Seremos principalmente proveedores de recursos o existe una estrategia para desarrollar procesamiento, tecnología e industria nacional? 

Y existe una pregunta todavía más delicada: ¿qué ocurrirá cuando la estrategia estadounidense hacia China no coincida con el interés económico peruano? No son preguntas contra Estados Unidos. Tampoco contra el gobierno de Fujimori. Son las preguntas mínimas que debería hacerse cualquier país que se considere soberano antes de incorporarse con entusiasmo a una arquitectura estratégica impulsada por una gran potencia. 

Porque Trump, al menos, no deja dudas sobre aquello que está defendiendo Estados Unidos. Y quizá esa sea precisamente la lección que deberíamos tomar de Washington. 

Estados Unidos considera que depender de otros países para minerales procesados, tecnología, infraestructura estratégica y cadenas de suministro puede transformarse en una vulnerabilidad nacional. Por eso quiere reducir esas dependencias. Por eso busca asegurar recursos. Por eso observa quién controla activos estratégicos. Por eso relaciona economía con seguridad. 

Si esa lógica es válida para Estados Unidos, ¿por qué habría de ser irrelevante para nosotros? ¿Por qué aquello que Washington considera dependencia peligrosa cuando le ocurre a Estados Unidos debería parecernos integración económica cuando nos ocurre al Perú? 

Esa es una discusión que el Escudo abre, quizá incluso a pesar de sí mismo. Tenemos cobre, pero eso no significa que controlemos la cadena económica construida alrededor del cobre. Tenemos minerales estratégicos, pero buena parte de la tecnología, el financiamiento y los eslabones de mayor valor se desarrollan fuera de nuestras fronteras. Construimos grandes puertos, pero todavía tenemos que preguntarnos qué estructura productiva estamos construyendo alrededor de ellos. 

Poseer recursos no es lo mismo que poseer poder. La soberanía económica comienza cuando un país tiene capacidad real para decidir qué hace con esos recursos. Eso significa exportar, pero también procesar. Atraer inversión, pero utilizarla para desarrollar capacidades nacionales. Participar en cadenas globales, pero disputar eslabones de mayor valor. Construir puertos, pero también industria y servicios alrededor de ellos. Vender minerales, pero convertir una parte creciente de esa riqueza en conocimiento, tecnología y empleo productivo. 

La racionalidad de una potencia no tiene por qué ser la racionalidad de nuestro desarrollo. Estados Unidos puede necesitar minerales peruanos para asegurar sus cadenas de suministro. China puede necesitarlos para alimentar las suyas. Ambas cosas pueden generar comercio, inversión y oportunidades para el Perú. Pero ninguna de ellas responde automáticamente a la pregunta que debería preocuparnos: ¿qué estructura productiva queremos construir nosotros con nuestros propios recursos? 

Ese es el contenido material de la soberanía que demasiadas veces olvidamos. Un país puede tener bandera, Constitución, elecciones y territorio propio y seguir dependiendo de otros para transformar sus minerales, financiar su infraestructura, producir tecnología y acceder a determinados mercados. Jurídicamente será soberano. Materialmente, su margen de decisión será bastante menor. 

Y aquí la posición expresada por Lula en la misma Asamblea de Naciones Unidas introduce un contrapunto importante. Brasil, dijo, “no cabe en el patio trasero de nadie”. También advirtió, desde su perspectiva, sobre el recrudecimiento de “tentaciones hegemónicas” en la región. 

No necesitamos convertir a Lula en portavoz de América Latina ni asumir todas sus posiciones para reconocer el problema que plantea. Pero quizá tengamos que llevar su frase un poco más lejos. No basta dejar de ser patio trasero si seguimos siendo cantera. 

Porque podemos rechazar la subordinación política a Washington y continuar dependiendo económicamente de Beijing. Podemos cambiar una relación de dependencia por otra y llamarla multipolaridad. Podemos exportar minerales hacia el este en lugar de hacia el norte y continuar importando la tecnología que esos mismos minerales ayudan a producir. 

Cambiar de potencia no significa cambiar de posición. La autonomía que América Latina necesita no debería consistir en escoger quién ocupará el lugar dominante, sino en aumentar nuestra propia capacidad de decisión. Relacionarnos con Estados Unidos, China, Europa y Asia, atraer inversión y participar en cadenas internacionales, pero hacerlo desde estrategias nacionales y regionales que definan qué queremos obtener de esas relaciones. 

Y ahí aparece otra pregunta incómoda. Estados Unidos piensa hemisféricamente sus cadenas de suministro. China piensa globalmente sus inversiones e infraestructura. Europa identifica y protege sectores estratégicos. ¿Por qué América Latina continúa negociando tantas veces fragmentada, país por país, puerto por puerto, mineral por mineral? 

Tenemos minerales, energía, alimentos, biodiversidad, agua, puertos, océanos, mercados y capacidad científica. Pero recursos fragmentados entre países que negocian aisladamente no equivalen a poder regional. 

Por eso la integración latinoamericana debería dejar de ser una frase ceremonial para convertirse en una estrategia económica. Integración de infraestructura, energía, cadenas productivas, minerales, investigación, tecnología y financiamiento. También cooperación contra el crimen organizado, precisamente porque las organizaciones criminales sí comprendieron hace tiempo aquello que nuestros Estados todavía encuentran difícil: las fronteras nacionales no impiden construir redes regionales. 

Se trata de dejar de presentarnos solos frente a quienes negocian con nosotros desde posiciones de poder muy superiores. Trump ha sido claro. Estados Unidos defenderá sus intereses nacionales, asegurará sus cadenas de suministro, protegerá los sectores que considera estratégicos y disputará la presencia de otras potencias en el hemisferio. No hay ingenuidad en esa política: hay una definición de intereses y una estrategia para defenderlos. 


El problema, por tanto, no es que Estados Unidos actúe como una potencia y piense primero en Estados Unidos. El problema es que el Perú ingrese a una arquitectura concebida desde esos intereses sin explicar con la misma claridad cuáles son los intereses peruanos que está dispuesto a defender. 

Por eso el Escudo de las Américas no puede evaluarse únicamente por su capacidad para combatir el narcotráfico. Si incorpora revisión de inversiones, minerales críticos, cadenas de suministro e infraestructura digital, estamos ante una decisión que toca directamente nuestra política económica, nuestra relación con China y nuestra capacidad futura de decidir sobre sectores estratégicos. Allí el Gobierno de Keiko Fujimori tiene una responsabilidad que no se resuelve con entusiasmo ni con fotografías junto a Trump: debe demostrar que la participación peruana fortalece nuestra soberanía y no convierte las prioridades estratégicas de Washington en prioridades automáticas del Perú. 

Y esta discusión tampoco se resuelve cambiando de potencia. América Latina no gana soberanía si deja de mirar a Washington para depender de Beijing. No queremos ser el patio trasero de Estados Unidos, pero tampoco la cantera estratégica de China ni el proveedor de materias primas de las disputas industriales de otros. Cambiar de dependencia no es conquistar autonomía. 

Nuestra respuesta tiene que ser otra: convertir minerales en industria, inversión en capacidades nacionales, infraestructura en desarrollo productivo, integración regional en poder de negociación y cooperación internacional en una relación entre Estados que conservan el derecho efectivo a decidir. Esa es la soberanía que importa, porque una soberanía que existe solamente en la Constitución, pero carece de capacidad económica, tecnológica y productiva para sostenerse termina siendo una soberanía limitada por la dependencia. 

Estados Unidos ya tiene una doctrina para defender sus intereses en el hemisferio. El Perú y América Latina necesitan una estrategia para defender los propios. No una doctrina contra Estados Unidos. No una doctrina contra China. Una doctrina de autonomía latinoamericana, capaz de negociar con ambos sin subordinarse a ninguno y de convertir nuestros recursos en poder económico propio. 

Porque, finalmente, el debate que abre el Escudo no es si debemos cooperar con Estados Unidos. Debemos hacerlo cuando nuestros intereses coincidan. El verdadero límite aparece cuando dejan de coincidir. Y allí no debería existir ninguna ambigüedad: los intereses del Perú no pueden ser definidos en Washington, Beijing ni en ninguna otra capital. Se definen en el Perú. 

Esa es la diferencia entre participar en una alianza y entrar en una esfera de influencia. Cooperación, sí. Subordinación, no. Socios, sí. Tutores, ninguno. <>

ESCRITORES PUNEÑOS. IN MEMORIAM

 CARLOS CALDERÓN FAJARDO

El VUELO INTERRUMPIDO

José Luis Ayala Olazával

Diario UNO. Lima, 27 de setiembre del año 20216

U

no de los escritores peruanos muy queridos por Desirre Lieven era el narrador Carlos Calderón Fajardo, quien por accidente nació en Juliaca en 1946. Falleció a causa de haber sufrido un accidente cuando trasladaba sus libros a su nueva biblioteca. Desirée decía que se trataba de un joven peruano dotado de un gran talento, estando en París conoció a Julio Ramón Riveyro cuando fungía de izquierdista, hasta que su mujer le consiguió un trabajo en la UNESCO.

Carlos conoció a Helba Huara en la chambre de Desirée, sita en la rue de Beaux Art, cerca al bulevar San Michel de Pres en París. Desireé recordaba a Carlos como un joven callado y permanente interesado en la precaria vida de Vallejo. Precisamente “Noche humana”, es un relato destinado a registrar un pasaje de la vida parisina de un grupo de intelectuales que vivían en intensamente la vida.

Helba Huara acogió a Carlos varias veces en su pequeño departamento donde vivía con su hija llamada Elsa Enríquez, quien era dibujante e ilustraba los libros de poesía de Jaques Prevert. Cuando conocí a Helba Huara ya no podía comunicarse debido a que había quedado sorda, debo decir que no conocí a Anais Nin, pero si he leído todos sus libros, cada uno de ellos me ha producido ricos como inolvidables orgasmos.

Carlos estudió sociología en la PUCP. En 1974 ganó el primer premio en el concurso de cuento José María Arguedas. En 1981 ganó el concurso Unanue con la novela La colina de los árboles. En 1984 el premio Gaviota Roja de novela con Así es la pena en el paraíso. En 1985 el premio Hispamérica de cuento, convocado por la Universidad de Maryland, siendo jurados Roa Bastos, Mario Vargas Llosa y Julio Cortazar. En el 2006 fue finalista del Premio Tusquets de novela en España con el texto El fantasma nostálgico.

Fue docente en la Universidad Nacional de Ingeniería durante 25 años. Desde el año 2006 publicó tres libros al año. Es decir que había alcanzado la plenitud de su talento de un escritor dotado. En realidad no se consideraba juliaqueño, decía que tenía grandes recuerdos de Huancané, debido a que su padre fue un militar que sirvió en el Batallón de Infantería B.I. 21. Falleció el 29 de abril de 2015, a los 73 años.

Hay un texto escrito por Carlos que grafica de modo excelente uno de los pasajes más intensos de su fecunda vida, se refiere al Primer encuentro furtivo con Vargas Llosa. “Es el otoño de 1963 en París Julio Ramón Ribeyro me dice: quiero que conozcas a alguien. Cada vez que Julio Ramón me decía algo así yo entraba en pánico. Yo tenía a la sazón 17 años y él siempre quiso formarme a su imagen y semejanza, pero sabía que si lo lograba yo no iba a triunfar como escritor, y por eso que se preocupaba de que conociera escritores importantes y tuviera roce socio-literario. Cuando me decía quiero que conozcas a alguien se me paraban los pelos en punta porque yo era enfermizamente tímido. En casa de Ribeyro conocí a mucha gente, entre ellos a escritores que hablaban mucho, como Donoso y Jorge Enrique Adoum, que me dejaron aún más mudo de lo que ya era. Pero esta vez la persona que quería presentar era ni más ni menos que Vargas Llosa. Él estaba en París y cuando Ribeyro me dijo que había organizado una comida en su casa para presentármelo, de un minuto al otro me convertí en un hombre muy pequeñito y asustado. La cita era en la casa de Julio Ramón en su departamento de la rue de la Reunion. Hasta la calle se llamaba “reunión”. En la reunión íbamos a estar solo los tres, me asusté mucho. Un día me bajé en el metro Nation, y nunca llegué a la cita, me fui al cementerio de Pere Lachiase que quedaba a unas cuadras de la casa de Ribeyro donde estaban enterrados Proust y Oscar Wilde, al que la gente seguía rayando con obscenidades su tumba de mármol blanco. O quizás ni fui al cementerio y me quedé en el bistró de la esquina de la casa de Julio Ramón. La memoria me falla. A veces me acuerdo de mi primer encuentro con Vargas Llosa, que acepté ir cuando Ribeyro me convenció que dos tímidos son más poderosos que un extravertido. Recuerdo que no abrí la boca ni una sola vez, que Vargas no me miró nunca ni me habló. Lo cierto es que aquella ocasión no era que yo no quería conocer a Vargas Llosa, sino quería que este encuentro se produjese cuando yo tuviera suficiente cultura y fama literaria para que no se decepcione de mí. Hasta ahora no lo conozco. Y he perdido ya la esperanza de conocerlo algún día. Y sin embargo siento que lo conozco mucho que ha sido mi amigo desde que empecé a escribir”.

Los libros publicados por el novelista Carlos Calderón Fajardo, son entre otros: El viaje que nunca termina (la verdadera historia de Sarah Ellen). La novia de Corinto. La conciencia del límite último. La colina de los árboles, Noche humana. El fantasma nostálgico, etc. etc. Se ha dicho que preparaba un libro referido a Desireé y Vallejo frente a la guerra civil española, ojalá alguna vez podamos leer ese texto.

Así era Carlos, sin pretensiones de creerse un gran escritor, nunca reclamó al Estado una chamba de diplomático ni agregado, fue docente y escritor. Desgraciadamente murió cuando tenía 74 años y estaba preparado sin duda para escribir grandes libros, como singulares aportes a la literatura latinoamericana. <>



lunes, 28 de septiembre de 2026

ANALISIS DEL PROCESO ELECTORAL AD PORTAS

 EL PANORAMA ELECTORAL Y SUS VARIANTES

 Por Jorge Rendón Vásquez

E

n el Perú, para intervenir en las elecciones políticas de 2026 se inscribieron 43 partidos de los cuales en la primera vuelta participaron 36, un elevado número expresivo de la dispersión de los electores propia de una evolución política caracterizada por la ausencia de ideologías y programas coherentes con las necesidades de la población y del país.

Los resultados fueron los siguientes: 


En la primera vuelta, los candidatos ganadores obtuvieron una votación muy reducida: Keiko Fujimori 17.19% y Roberto Sánchez 12.03%, expresivas para ambos de su escasa influencia en el electorado. En la segunda vuelta Keiko Fujimori sobrepasó a Roberto Sánchez solo por el 0.28% constituido por los votos de peruanos en el extranjero que se impusieron a la mayoría en el Perú, sobre todo en los departamentos del Sur y de la Sierra, favorables a Roberto Sánchez.

La derecha declarada, conformada por los grupos de Keiko Fujimori y Rafael López Aliaga, que obtuvieron representación en las cámaras legislativas, solo recibieron en conjunto en la primera vuelta 29.1% de los votos (17,19% + 12.03%). En la segunda vuelta, añadieron el voto de otros grupos afines: 21.04%.

La izquierda de Roberto Sánchez y los tres grupos de centro izquierda, también con representación parlamentaria, de Jorge Nieto, Ricardo Belmont y Alfonso López Chau, que en la primera vuelta habían obtenido en conjunto el 40.34%, recibieron el 9.52% de otros grupos opuestos a la derecha.

En consecuencia, el resultado de la elección en la segunda vuelta estuvo determinado por una diferencia inferior al 1%.

A esta situación se agrega la minoría de Fuerza Popular en el Congreso de la República.

En la Cámara de Diputados solo tiene 41 miembros que sumados a los 15 del grupo de López Aliaga hace 56 de 130. Los diputados de los grupos de Roberto Sánchez, 32, Jorge Nieto 18, Ricardo Belmont 14 y Alfonso López Chau 10 suman 74.

En la Cámara de Senadores los grupos de Keiko Fujimori 22 y Rafael López 8 hacen 30, y los de Roberto Sánchez 14, Jorge Nieto 7, Ricardo Belmont 5 y Alfonso López Chau 4, 30.

Para neutralizar la igualdad de votos en la Cámara de Senadores y reducir la mayoría de los grupos de izquierda y centro  en la Cámara de Diputados, el procedimiento podría ser estimular las deserciones, una de cuyas primeras manifiestaciones fue el voto de una representante de izquierda que llevó a un miembro de Fuerza Popular a la presidencia de la Cámara de Senadores. En esto cuenta mucho el comportamiento de los representantes de la izquierda y de centro en los períodos parlamentarios precedentes que cambiaban de camiseta al son del tintineo de las bolsas de monedas.

Efecto del resultado electoral es la debilidad política de la nueva presidenta de la República, puesto que se halla en el Poder Ejecutivo por el voto de una mayoría que no es suya, debilidad reflejada en su primer gabinete ministerial constituido por un variopinto e inestable conjunto de políticos de diferentes tiendas y personajes que solo se representan a sí mismos.

La distribución de las fuerzas políticas en otros países de América Latina no difiere mucho de la del Perú. En las recientes elecciones en Bolivia, Chile y Colombia los resultados en la primera vuelta fueron determinados por los votos de cada grupo interviniente de magnitud diversa según su tradición, calidad ideológica, ofertas y, lo más importante, el grado de alienación ejercido sobre sus votantes; pero, en la segunda vuelta, que da acceso al Poder Ejecutivo, prevaleció cierta afinidad de propósitos y rechazos que no importan una adhesión confiable y que, finalmente, solo interesan a los efectos de ganar. No es diferente la situación en otros países con regímenes democráticos. 

Bolivia, elecciones de 2025:

 

Candidato presidencial

% 1ra. vuelta

% 2da. vuelta

Rodrigo Paz

derecha

32.06

54.96

Jorge Quiroga

derecha

26.70

45.04

                                Chile, elecciones de 2025:

Candidato presidencial

% 1ra. vuelta

% 2da. vuelta

José Antonio Kast, derecha

23.93

58.17

Jeannette Jara, izquierda

26.85

41.83

                              Colombia, elecciones de 2026: 

Candidato presidencial

% 1ra. vuelta

% 2da. vuelta

Abelardo de la Espriella, derecha

43.75

49.66

Iván Cepeda, izquierda

40.90

48.70

Con tales resultados en la segunda vuelta los grupos ganadores en el control del Poder Ejecutivo disponen de un limitado poder por el contrapeso de los grupos perdedores y por la opinión de sus propios votantes que no es homogénea. En efecto, cada grupo, se compone de dirigentes, afiliados y votantes que no acuerdan a quienes han colocado en el poder el ciento por ciento de aprobación a sus actos o propósitos. En cada grupo hay un núcleo duro de fidelidad y confianza rodeado por círculos concentricos de aprobación cada vez menor hasta llegar a la indiferencia o al rechazo. En realidad, el juego de los partidos se concentra en el pensamiento, propósitos y deseos de sus dirigentes y en los de sus representantes en los poderes del Estado, que se modelan por las conveniencias de los grupos económicos a los que representan, por sus negociaciones con otros grupos o por sus apetencias personales que, por lo general, son non sanctas. Desde este punto de vista, no hay mucha diferencia entre los grupos de derecha, centro o izquierda y lo que han hecho, hacen y pueden hacer. El sistema económico y las clases que lo conforman prevalecen, y las cosas, incluido el Estado, siguen como son, evolucionando apenas por su propio movimiento a las que los políticos en el gobierno aportan solo cambios menores en una u otra dirección según sean de derecha, centro o izquierda, frente a los votantes que ya no pueden intervenir y son nada políticamente hasta el siguiente proceso electoral. El resultado de las elecciones en el siguiente período depende de la intención de los grupos minoritarios que abandonan sus preferencias pasadas por las contrarias o diferentes, según sus esperanzas en ciertos cambios ofrecidos que los favorezcan o por su descontento por ciertas medidas que no fueron de su agrado o ciertas esperanzas que se frustraron. Las grandes masas de votantes, en su mayor parte trabajadores y sus familias, aferradas a los derechos sociales conseguidos por la lucha de sus antepasados y casi siempre sumidas en el conformismo, ingresan en esta categoría y son el objeto preferido de la alienación por la propaganda.

(Comentos, 27/9/2026)

 

HISTORIA IDEOLOGICO-POLITICA DEL PERU

 LAS IDEAS DE MARIÁTEGUI

EN LA REVISTA AMAUTA 

Por Gustavo Espinoza M,

E

s conocido el hecho que la revista Amauta, fundada por José Carlos Mariátegui en septiembre de  1926, tuvo dos etapas definidas en el plano de las concepciones ideológicas. 

La primera de ellas comprendió dos momentos. Se inició en septiembre del año de su fundación, y se extendió hasta junio de 1927, al llegar al número 9 de su edición, cuando se vio interrumpida la publicación por efecto de una arbitraria clausura impuesta por el gobierno de Leguía.  Silenciada bajo el pretexto de un supuesto “complot comunista”, vio la luz -en un segundo momento- en su edición número 10 correspondiente a diciembre del mismo año, y se prolongó hasta el número  17, correspondiente a septiembre de 1928. 

Bien puede considerarse que en estos dos momentos, se registra una publicación cuya esencia política estuvo signada por la idea del Frente Único, como objetivo de clase. En sus páginas se reflejaron dos corrientes de corte antiimperialista y liberador, al tiempo que se fueron definiendo conceptos y madurando posiciones. 

El segundo periodo, a partir del número 17 -septiembre de 1928- corresponde más bien a una orientación socialista. Y estuvo asociada a la ruptura entre Haya y Mariátegui, que se registrara n junio de 1928 y se extendiera en meses sucesivos. 

La presentación de Amauta 

Mariátegui define Amauta como la expresión de un movimiento de renovación.  Y le adjudica una connotación pluralista en la que admite discrepancias formales, algunas diferencias, pero que se muestra básicamente unida por una voluntad común: crear un Perú Nuevo dentro del Mundo Nuevo. 

No precisa cuál es el mundo nuevo al que se refiere. Pero alude a él a partir de su propia experiencia: “Yo vine de Europa con el propósito de fundar una revista” dice, revindicando de ese modo su periplo en el viejo continente. 

En él, Mariátegui pudo vivir de manera directa tres procesos que se desarrollaron en paralelo ante sus ojos inquietos: El ascenso de la clase obrera asimilando  el mensaje encarnado en la Revolución Rusa de 1917 y que diera lugar a  “la Ola Revolucionaria de los años 20”; el proceso de formación de los Partidos Comunistas y Obreros signado sobre todo por el nacimiento del Partido Comunista Francés luego del Congreso de Tours celebrado en 1920 y del Partido Comunista Italiano, después del Congreso de Livorno, en enero de 1921 y ante el cual fuera acreditado en su condición de periodista; y en contra partida, el surgimiento del fascismo  cuya primera expresión de Poder fuera la Marcha sobre Roma, en octubre de 1922 que derivara en el ascenso de Benito Mussolini a la conducción del Estado Italiano en colusión con la débil Monarquía de Víctor Manuel.   

Fueron estos tres procesos los que le permitieron dar forma a la incipiente concepción socialista que portaba desde el Perú a partir de la influencia del bolchevismo y la vigorosa lucha obrera por la Jornada de las 8 horas librada en enero de 1919. Como un tributo a ese legado, fue que Mariátegui resolvió crear la primera célula comunista peruana en el exterior -más precisamente en Italia-, integrándola con el diplomático Palmiro Maquiavelo, el médico Carlos Roe, el periodista César Falcó y el propio Mariátegui. 

Como se recuerda, José Carlos retornó de Europa en marzo de 1923. Según sus plane, la revista debió haber visto la luz en 1924, pero los problemas de salud que lo agobiaron ese año, retrasaron la publicación, y ella solo pudo concretarse dos años más tarde. 

La ventaja -según se señaló en la nota editorial- es que gracias a ese “retraso”, dejó de ser una publicación de corte personal, para convertirse en la voz de un Movimiento, o, como él mismo lo llamara, “de una generación”. 

Esta “generación”, no era homogénea. En ella existían también -al lado de “algunos buenos”, otros “fluctuantes y “desganados”, que “por ahora coquetean con el vanguardismo, pero que apenas éste les demande un sacrificio, se apresurarán a dejarlo”. A la revista le dejó la tarea de deslindar posiciones y separar a unos de otros. 


El segundo concepto básico que desarrolla Mariátegui en la presentación de la revista es considerar que “no existe una cultura y un arte   agnósticos”. El aboga por una opción definida, clara, concreta, es decir, rotunda, A José Carlos no le gustan los “intermedios”, los “indecisos”, los vacilantes. Los juzga simplemente oportunistas. A partir de esa idea, enfrenta firmemente a quienes pregonan “la tolerancia de las ideas”.  Para nosotros -dice- “hay ideas buenas e ideas malas”.  Rechaza, por tanto, todo lo que es contrario a su ideología.

Esta es una definición importante. Contraviene el falso democratismo que subraya la necesidad de “aceptar todas las ideas”, como si tal opción constituyera una “expresión democrática”. 

Objetivamente la concepción de Mariátegui se conjuga con la realidad y se comprueba en la vida práctica.  Hoy día, por ejemplo, combatimos el Neoliberalismo y rechazamos sus concepciones. Creemos que  ”sus ideas”, son malas y que generan daño inmenso a los pueblos y a la humanidad entera. El que admitamos que el Neoliberalismo porta ideas, no significa que las admitamos ni que las toleremos. Significa simplemente que las combatimos y enfrentamos. Y esa realidad se extiende a otros planos y temas. Hay ideas que se suscriben, y hay ideas que se rechazan. 


Para hablar en términos concretos rechazamos, por ejemplo, las ideas sionistas de Israel y que se orientan a aniquilar al pueblo Palestino. Y repudiamos la política genocida de Donald Trump contra Cuba, país hermano al que quiere vilmente   asfixiar.  

Otra objeción de fondo que formula la revista Amauta tiene que ver con una “costumbre” muy extendida en ciertos planos de la política nacional, incluso en el área de la izquierda. Ella sostiene la necesidad de fundar acciones en “un programa”. 

Así, hemos conocido múltiples “programas” que han dado lugar a acuerdos y alianzas que seguramente se habrían producido igual sin necesidad de tales esfuerzos. 

El afán de “tener programas” bien podría considerarse una deformación intelectual de la política, más que una herramienta básica para sustentar luchas. Baste recordar que el Programa de Lenin para la Revolución Rusa de 1917, contó apenas con 4 palabras: Pan, Paz, Tierra y Libertad.  No necesitaba más. Ese Programa, para usar palabras de Mariátegui, señalaba un destino, un objetivo. Y era eso lo único que resultaba indispensable.                                                                                    

El nombre de la revista es para Mariátegui motivo de explicación. La toma como una “muestra de homenaje al incaísmo” es decir como el respeto al legado histórico de los Incas, pero sólo allí. Mariátegui se empeña en crear de nuevo esa palabra. Darle un significado propio, un contenido específico.    

Un tercer principio ideológico de  importancia es el sentido internacionalista de la revista. Está destinada -dice Mariátegui- a plantear, esclarecer y conocer los problemas peruanos; pero considerando siempre al Perú dentro del panorama del mundo. “Todo lo humano es nuestro” dice parafraseando la cita de Marx, quien recurre a la frase del cartaginés Terencio precisamente para perfilar el sentido de sus preocupaciones esenciales: “Nada de lo humano, me es ajeno” . 

Es por estas concepciones ideológicas y de principio, que Mariátegui asegura, al presentar “Amauta”, que en el Perú está naciendo “una revista histórica”. Definirla de ese modo, le asiste razón. 100 años después estamos evocando esta revista histórica. 

Segundo acto 

Es conocido el hecho que en junio de 1927 ocurrió la clausura de la revista “Amauta” por acción del gobierno de Leguia. 

El incidente ocurrió como consecuencia de dos hechos que se sucedieron en aquellos días. En junio de ese año, en efecto, había visto la luz el número 9 de la revista y en él se insertó un vigoroso articulo suscrito por Jorge Basadre, quien entonces era apenas un joven de 23 años interesado en conocer los entretelones de la historia, 

El artículo titulado “Mientras ellos se extienden”, aludía a la penetración norteamericana en Centroamérica y su creciente injerencia en el Perú. En le circunstancia, el embajador de los Estados Unidos en el Perú elevó en forma inmediata una queja al gobierno peruano por dicha publicación y exigió el cierre de la revista. Como resultaba demasiado burdo clausurar una revista a pedido del embajador de ese país, el presidente Leguia y su equipo de gobierno optó por idear y denunciar la existencia de un “complot comunista” orientado a derribar al gobierno, y culpó del mismo a Mariátegui por lo que dispuso la ocupación policial de su vivienda, la detención de José Carlos y sus colaboradores y la clausura de la publicación editada por ellos. 

Eso ocurrió el viernes 8 de junio y constituyó el primer caso de una provocación policial urdida al más alto nivel, pero estuvo precedido por ataques a la sede de la Federación Obrera Local, el 5 de junio, y otras acciones menores. 

En total fueron detenidas algo más de 50 personas entre las que se destacaron Basadre, Cesar Miró, el dirigente sindical Portocarrero y otros, que fueron confinados en la colonia penal de la Islas San Lorenzo.  Mariátegui, ya privado de su libertad, fue conducido al hospital militar de San Bartolomé, dado su estado de salud, y desde allí, en una memorable carta dirigida al diario “La Prensa” desbarató cada una de las acusaciones formuladas en su contra, dejando en evidencia la falsedad de cargos contra una revista “que representa un movimiento ideológico no sólo peruano sino continental”. 

Quizá si el elemento principal, desde el punto de vista ideológico, que Mariátegui valida en esa controversia con el gobierno de entonces, tuvo que ver con el núcleo central de la acusación vertida contra él: la tesis del “complot”.  En torno al tema, la posición de Mariátegui es clarísima: “soy extraño a todo género de complots criollos de los que aquí puede producir todavía la vieja tradición de las conspiraciones. La palabra Revolución tiene otra acepción y otro sentido”  

Amauta volvió a salir en diciembre del mismo año, cuando el propio gobierno no tuvo capacidad para fundamentar ni sostener la falaz acusación que había esgrimido contra Mariátegui y sus compañeros. 

Al reaparecer, en su número 10. Se publicó un editorial titulado “segundo acto” en el que el autor desestima la palabra “resurrección”, y sostiene que la revista “no podía morir”. Asegura que para muchos, Amauta no había vivido nunca tanto como en estos meses de silencio forzado. 

Mariátegui considera lo ocurrido como “un incidente de poca monta”, pero no deja de asegurar que “el trabajo intelectual cuando no es metafísico sino dialéctico, es decir histórico, tiene sus riesgos” 

Para José Carlos, el caso fue fortuito, circunstancial, episódico. No obstante, se repitió se expresó en distintas modalidades sobre todo en los últimos años del “oncenio” leguiista, y afectó severamente a Mariátegui que, como se sabe, pensó en la posibilidad de viajar a Buenos Aires y radicarse en Argentina para continuar su obra, lo que no pudo hacer. 

Aniversario y balance 

El Numero 17 de la revista, correspondiente a septiembre de 1928 coincidió con el segundo aniversario de la publicación pero también con el deslinde de posiciones con el APRA luego de la ruptura con Haya de la Torre. 

En paralelo, se puede afirmar que coincidió también con el fin del periodo de búsqueda de opciones en los marcos del Frente Único. Es decir, constituyó una etapa nueva, de definición ideológica, que culminó con la adhesión plena al idea socialista, Por eso, en este editorial se recogen las formulaciones ideológicas más avanzadas y mejor logradas. Trataremos de sintetizarlas.    

Aludiendo a la crisis ocurrida en 1927 cuando Amauta estuvo en riesgo de perecer, Mariátegui insiste en el criterio de don Miguel de Unamuno: la historia, es duración, Y como la historia es creada y vivida por los hombres, de esa simbiosis extrae una premisa: de hombres y de ideas, es nuestra fuerza. 

A partir de ella, Amauta se impuso una obligación: durar. Y así fue.  No obstante que la revista bajo la dirección de Mariátegui sólo llegó a salir hasta marzo de 1930, lo real es que vive hasta hoy. Dura hasta nuestro tiempo, Ya cumplió cien años. Y todos sabemos que seguirá alumbrando los caminos del Perú en los años venideros. Y es que aquí se cumple aquello que más vale la acción constante y persistente que el grito espontáneo, por elocuente que fuere. 

Esa acción constante estuvo, durante dos años, buscando un ideal dado que no era ni un juego ni una diversión. Era una toma de posición seria en busca de un destino para un país sin rumbo. En esa búsqueda, había llegado a su meta encontrando finalmente su objetivo de clase: el socialismo. 

El tema del socialismo, lo aborda desde distintas aristas. Por un lado, arriba a él admitiendo que el mundo conoce de la existencia de una lucha esencial entre dos sistemas, uno de los cuales es precisamente el socialismo, opuesto al aun sistema de dominación capitalista. Por otro, recoge la esencia misma del socialismo como expresión neta de la vida de los pueblos. Por una u otra vía, llega a la misma conclusión:   No podemos ser neutrales ni aspirar a un tercer camino ni a una “ruta propia”. 

Por eso el editorial del número 17 perfila una muy clara adhesión al socialismo. Y recusa la idea de quienes buscan añadirle términos:   “antimperialista”, “agrarista”, ”democrático”, “nacionalista”, “revolucionario”,  “popular”: en el entendido real que la palabra Socialista engloba a todas. 

Admite, por cierto, que la concepción socialista no es propiamente una expresión nativa, sino europea, aunque reconoce que el socialismo está en la tradición americana: “La más avanzada organización comunista que registra la historia, es la inkaika”,  No obstante, para él es claro que las ideas no tienen Pasaporte, ni fronteras. Responden al ideal humano. Y eso las acredita.

Aun así, subraya el originalísmo de su concepción construyendo una frase que ha hecho historia y que ha sido usada no siempre en un buen sentido: “No queremos ciertamente que el socialismo sea en América calco y copia. Debe ser creación heroica.  Tenemos que dar vida con nuestra propia realidad, en nuestro propio lenguaje, al socialismo indo-americano. He aquí una misión digna de una generación nueva”. 

Es bueno considerar en qué contexto, y rebatiendo a quién, es que Mariátegui acuña esta frase.  Lo hace en el marco de la ruptura con el APRA cuando el “cargo principal” que le hace Haya de la Torre a Mariátegui, es el de ser “europeísta”. Y más precisamente, de tratar de “calcar” la experiencia europea y trasladarla a América. En ese marco, Haya acusa también a Mariátegui de pretender “copiar” la experiencia rusa. En contra partida, él mismo Haya se proclama como exponente del “socialismo indoamericano”. 

Es enfrentando ese ataque, que Mariátegui precisa el sentido de su lucha.  Y si alguien tiene aún duda de esa realidad, es bueno recordar que expresamente en el mismo editorial, Mariátegui, al hablar del Socialismo. señala:  “Con este lema afirmamos nuestra absoluta independencia frente a la idea de un Partido Nacionalista, pequeño burgués y demagógico”. 

 Se trata, por cierto, de una muy clara alusión al APRA que precisamente ese año se había propuesto fundar ese Partido pluri clasista para participar en elecciones con Haya de la Torre como candidato presidencial, lo que sólo podría concretar tres años más tarde, en 1931. 

No fue entonces un deslinde con otros comunistas partidarios sí de “copiar” y “calcar” la experiencia rusa, que tuvo Mariátegui tal deslinde.  Hoy la frase es usada por algunos que pretenden ver a un Mariátegui “heterodoxo”, “iconoclasta”, “contestatario”, “alejado de Moscú”, “excomulgado por la IC”, “atacado por los comunistas”.  A los que de buena fe piensen en algo así, les recomendamos que lean a Mariátegui en su contexto y tomen en cuenta siempre cuándo y dónde escribió lo que dijo. 

Por lo demás, ni en Amauta ni es ninguna parte de su obra, encontrarán en Mariátegui una sola palabra contra los comunistas, de crítica a la URSS, de rechazo a la IC, de toma de distante con respecto a Lenin o a los lideres soviéticos de la época. Para Mariátegui -y eso lo acredita diáfanamente la revista Amauta- el mundo está dividido en dos grandes opciones: el capitalismo y el socialismo. 

El capitalismo tiene como expresión más gráfica, el Imperialismo con su política de guerra y su voracidad letal, que lo convierte en el enemigo principal de los pueblos. Y el socialismo que, si bien ha sufrido contrastes, vive y lucha en todos los países y en diversos continentes, y que hoy sigue siendo la esperanza de millones. <>

sábado, 26 de septiembre de 2026

ANTE LA PROXIMIDAD DE POSIBLES CALAMIDADES

 POLÍTICA DESPIADADA

Escribe: Milcíades Ruiz

L

os políticos y medios de prensa centran su atención solo en los probables “huaycos” por exceso de lluvias ocasionado por el mal llamado “El Niño”. No entienden que el anómalo trastorno climático es causado por la actividad solar y afecta a todos los planetas del sistema. Entonces, no se les ocurre pensar en los daños en los ecosistemas del territorio nacional alterando los procesos de vida, en los hábitats de humanos, animales y plantas, incluyendo los seres vivos en el subsuelo y atmósfera.

El verdadero fenómeno de “El Niño” llegará el 21 de diciembre como todos los años, iniciando al solsticio de verano. Lógicamente, será un verano asfixiante porque se suma al calentamiento planetario, que ha ocasionado muchas muertes en Europa. Pero las consecuencias de esta anomalía climática se sentirán dramáticamente en todo espeto de la vida nacional. En la economía, salud, empleo, industria, etc., pero sobre todo en la alimentación de la población. Los más indefensos sufrirán enormemente.

Es que, los ecosistemas, son unidades integrales de vivencia y, en nuestro país, los tenemos en todos los pisos altitudinales de la costa, sierra y selva, con sus variantes en el norte, centro y sur. Exceso de lluvias en el norte por su cercanía a la zona ecuatorial del planeta y, carencia de lluvias en el sur por su ubicación geográfica. El exceso de lluvias ahoga la vida en el subsuelo donde habitan muchos organismos benéficos para la agricultura. También los ecosistemas marinos están afectados, lo que repercute en menor producción alimentaria.

Pero son mayores los daños en la vida sobre la superficie. El exceso de calor hace declinar la reproducción de los seres vivos de los cuales nos alimentamos. El exceso de humedad en el suelo hace caer la floración en frutales y otros cultivos. Si no hay floración no hay fructificación. Pero también de las plantas, viven aves y mamíferos de leche y carne que, serán afectados por el estrés calórico. Sufrirán y nos harán sufrir por la cadena alimentaria. Si no hay pastos por inundación o, por sequía, ganaderos, transportistas y comerciantes lo lamentarán con desesperación.



Recién estamos empezando la temporada de siembras en la campaña agrícola 2026-2027 y ya, los reportes anuncian caída en el crecimiento agropecuario. Las cosechas, en pronóstico reservado, vendrán después de seis meses de la siembra y para entonces, la situación será muy grave, porque no hay condiciones climáticas para que prosperen las inversiones campesinas. El calentamiento atmosférico genera condiciones para la proliferación de plagas y enfermedades que destruyen los cultivos. Ya en julio pasado se advirtió una caída del 19,6% respecto al mismo mes del año anterior en las cosechas de papa proveniente de la pasada campaña agrícola que, ya estaba afectada por la falta de frío.

Una disminución del abastecimiento de alimentos e insumos industriales procedentes del agro, elevarán los precios y costos, ocasionando inflación. También las personas sensibles al calor y a la radiación excesiva sufrirán los efectos. Según estimaciones del Climate Impact Lab de la Universidad de Chicago, habrá muchas muertes en varios países de Sudamérica. Este verano podría ser terrible.

Para el trimestre octubre – diciembre de 2026, los pronósticos de las entidades científicas internacionales meteorológicas, prevén el fortalecimiento de las anomalías cálidas que se extienden desde México hasta Chile. Los eventos extremos permanecerán hasta el siguiente año. Se pronostica un evento caluroso de magnitud muy fuerte hasta diciembre superando registros históricos desde 1950.

En el mapa ilustrativo se puede apreciar la predicción de zonas lluviosas en color verde y las zonas de reducción de lluvias en color marrón que, afecta a la selva y al sur.

El Banco Central de Reserva, en su Reporte de Inflación de septiembre. “Panorama actual y proyecciones macroeconómicas 2026 – 2027” calcula las pérdidas en el PBI, a causa de este problema, como se muestra en el siguiente cuadro:

Para el sector agropecuario, el BCRP advierte de un crecimiento negativo del 1,5% y una caída de -30,7 % para el sector Pesca. Proyecta también una inflación mayor al 4% para el 2026, pero creo que se queda corto, para no alarmar a la gente. También el MEF pronostica menor crecimiento, este año y el siguiente.

 En medio de todo esto están más de dos millones de familias que trabajan en el campo sin recibir salarios, ni gratificaciones ni beneficios sociales. Trabajan hasta morir porque no tienen jubilación. Sus ingresos y alimentos provienen de los cultivos y crianzas en condiciones climatológicas favorables, pero ahora hay peligro. ¿se está pensado en lo que pasará con ellos, si los ecosistemas se atrofian y sus actividades pierden el sustento de vida? ¿De qué, van a vivir estos compatriotas? El peligro de sequía en el sur andino sigue latente, lo que ocasionaría muerte por inanición de camélidos y otras especies ganaderas ante la falta de agua y pastos. Los campesinos se quedarán sin capital al tener que deshacerse de sus animales para no perderlo todo.

Pero el desastre agropecuario está ligado a los negocios en otros sectores en el ámbito rural, lo que repercute en la economía regional y nacional. Ser agorero no es bueno, pero es mejor prevenir que lamentar. Lo ideal sería que las autoridades que deciden en el gobierno nacional, regional y distrital, tomen consciencia de esta situación y actúen a su debido tiempo. ¿Cuánto se destina a obras coimeras para prevenir huaycos, y cuánto, para atender este problema humano? ¿Es más importante, el “Escudo de la Américas” que el “Escudo económico de la población nacional”?

En el presupuesto estatal, se ha consignado S/ 167 millones para donaciones a entidades particulares que no tienen esta emergencia, pero nada para atender la situación campesina. Se ha consignado S/ 508 millones para la irrigación CHAVIMOCHIC en favor de las corporaciones transnacionales extranjeras de la agro exportación y, para las obras del metro 1 y 2 de Lima S/ 1,944 millones. Sería bueno hacer algunos recortes para destinarlos a la emergencia de la población rural.

Pero, por la experiencia histórica, sabemos que los partidos gobernantes no atienden el clamor popular si no se lucha para ello. Nada es fácil para los oprimidos en un sistema de dominación social. De allí, el proverbio popular “El que no llora, no mama”. Dicho de otra manera: “El que no lucha, no se liberará de las injusticias”. En este caso se requerirá mucho esfuerzo, persistencia y entrega decidida para obtener los logros deseados. Sin lucha, no hay victorias.

Nada conmueve a los indiferentes. ¿Es vuestro caso? Disculpen la insistencia.

26 septiembre/2026