lunes, 1 de junio de 2026

PROCESO ELECTORAL PERUANO: ENFOQUES SOBRE HECHOS Y CIRCUNSTANCIAS DE PATENTE ACTUALIDAD

 LAS ARMAS DEL ENEMIGO

Por Gustavo Espinoza M.

D

os hechos políticos ocurridos en los últimos días, han servido para elevar la temperatura electoral y han colocado a la derecha en un ángulo oscuro: La masiva movilización del 30 de mayo convocada por los colectivos ¡NO A KEIKO! y que fuera básicamente ignorada por la Televisión local y la “Prensa Grande”; y el debate presidencial del domingo 31, que marcó una diferencia notable entre la voluntad positiva de Roberto Sánchez y la errática conducta de su opositora Keiko Fujimori.

La Marcha del 30 de mayo tuvo lugar en Lima, pero se sintió en todo el país y repercutió incluso en el exterior. La televisión francesa, española, argentina, uruguaya, brasileña, rusa y otras, acogieron con interés las tomas captadas en nuestra capital y las trasmitieron comentándolas como la expresión de una firme voluntad ciudadana en demanda de justicia y de respeto a los Derechos Humanos,

Pero las redes en nuestro país cubrieron ampliamente la información recogida en calles y avenidas de Lima Metropolitana saludando la expresión ciudadana como como el reflejo de una demanda nacional que no ha desaparecido de la conciencia de los peruanos.

Y es que, en efecto, ese fue el sentido esencial de una marcha en la que se puso en evidencia el repudio multitudinario a la conducta del fujimorismo a partir de Alberto, pero proyectado también en su hija Keiko, aspirante a nueva dictadora en estas tierras de Micaela Bastidas y Tomasa Tito Condemayta.

El que hubiese habido quienes cerraron los ojos ante esta realidad no descalifica la acción. Al contrario, la enaltece, porque la coloca muy por encima de la mezquindad y el odio de la clase dominante que se obstina en esconder la realidad como si fuese posible tapar la luz del sol con un dedo.

Por eso, ocultar este significativo episodio cívico constituye un error para la misma causa que enarbolan quienes actuaron de ese modo: puso en evidencia su pequeñez de miras y su absoluta orfandad de valores; pero también su estrechez mental y su ausencia absoluta de espiritualidad.

Y de alguna manera eso se reflejó también en el debate presidencial del día siguiente, que mostró una Keiko adocenada y opaca, anímicamente herida y sin reflejos, que perdida en la lectura de textos inocuos, no fue capaz, siquiera de mantener la imagen de “generosidad” y “amplitud” que había tratado afanosamente de cultivar desde los inicios de la presente campaña.

Eso quizá explique que una importante encuesta hecha en torno a la opinión ciudadana respecto al debate haya arrojado una proporción concluyente: el 82% de los encuestados sostuvo que Roberto Sánchez ganó esa noche, en tanto que apenas un 18% consideró vencedora a la lideresa de Fuerza Popular.

En ese marco, la Mafia sólo tiene la posibilidad de alentar el uso de dos recursos de los que ya se ha venido valiendo: el anticomunismo y el dinero.

El anticomunismo no tiene ninguna base seria. Es muy claro que Roberto Sánchez no es comunista y que su partido -Juntos por el Perú- tampoco es un Partido Comunista. El “peligro” de que el Perú “amanezca rojo” a partir del 8 de junio; es apenas un infundio, cuando no una simple estupidez.

El anticomunismo se basa apenas en el atraso, y en la ignorancia más absoluta. Puede entenderse, quizá, que alguien con estos signos distintivos, se rehúse a votar por Sánchez arguyendo que “no quiere saber nada con los rojos”, pero una expresión así no será fruto del razonamiento ni de la cultura, Será apenas la muestra de un primitivismo incompatible con la evolución de la sociedad de nuestro tiempo.

El dinero, es otra cosa. Efectivamente, la Mafia ha vendo moviendo millones de dólares en esta campaña, pero invertirá aún más en los últimos días de ella. En un país en el que lo que abunda, es la pobreza; los poseedores del capital pueden, en efecto, comprar muchas adhesiones incluso electorales.

Lo vimos cuando Keiko llenó 4 ómnibus y trasladó a Huancayo a más de 200 personas con todos sus gastos pagados para que le sirvieran de “claque” en una presentación que finalmente resultó frustrada por el masivo repudio de la población local

Pero lo vemos también en vivo y en directo con los medios de comunicación y “periodistas” -como Mavila Huerta, Guillermo Thorndike o Milagros Leiva, para citar solo a algunos- El afán de riqueza los devora y su peor pesadilla estriba en considerar que un gobierno progresista y democrático “cambie” el Programa Económico de la Constitución vigente y les quite algunos reales, no a ellos, sino a sus patronos. Es eso lo que les quita el sueño.

De todos modos, es claro que el anticomunismo puede hacer cierto daño en sectores muy atrasados de la vida nacional. Esos, curiosamente, no están en las zonas rurales, donde puede no haber gente “instruida” pero si muy experimentada y sensata; sino en la misma capital y en otras ciudades más o menos “calificadas” de la costa peruana. Allí les hicieron el cuento de las “vírgenes que lloran” y hoy les pueden hacer otro: la de “los comunistas que roban niños”.

Pues bien, esas son ahora las armas a las que recurre el enemigo. Las únicas que le quedan. En lo que a “Juntos por el Perú se refieren, lo que habrá de servirle es confiar en el pueblo y cerrar su campaña en ritmo de victoria. <>

ASUNTOS DE CIENCIA POLITICA

 DEMOCRACIA:

“SE HACE CAMINO AL ANDAR” 1

Por Jorge Rendón Vásquez

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a democracia es un sistema por el cual los ciudadanos de un Estado–nación, considerados iguales ante la ley, deciden por su voto la forma de gobierno que quieren darse y eligen a quienes habrán de aprobar las leyes y administrar el Estado. Es, según una definición ya clásica, el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo (Abraham Lincoln, Gettysburg, 1863). El pueblo es el conjunto de ciudadanos.

La democracia como noción

La noción de democracia ha sido plasmada en la ley fundamental del Estado o Constitución que todos están obligados a acatar como la condición de su pertenencia al Estado–nación.

La humanidad llegó a esta noción luego de milenios de creer que el poder de mandar en los imperios, reinos, principados y otras circunscripciones territoriales pertenecía a los reyes y a la nobleza por derecho divino, reconocido o santificado por los altos jerarcas de las iglesias. Las leyes y otras disposiciones obligatorias, casi todas arbitrarias, emanaban de estos personajes, y los miembros del gobierno que ellos designaban las hacían cumplir de la manera más brutal, sobre todo cuando las aplicaban a las personas de más baja condición social. Casi todos los habitantes en esos tiempos creían que esa forma de gobierno era normal y que así debía ser, y colaboraban con los reyes, nobles, Iglesia y fuerzas represivas en la aplicación de las decisiones de estos, aunque fueran en su perjuicio.

Llegar a la implantación de las nociones de igualdad de todos ante la ley y de gobierno del pueblo por el pueblo en una parte creciente del pueblo le tomó a la intelectualidad burguesa europea, a la que se ha denominado el Iluminismo, más de doscientos años, luego de lo cual sus partidarios asumieron el poder del Estado y desde allí las aprobaron como leyes. En adelante, el Estado aseguró esta forma de ser social. Hacia fines del siglo XVIII, los países donde esta revolución tenía lugar fueron las colonias inglesas de América del Norte, convertidas en los Estados Unidos, y Francia. A estas nociones se asoció en Francia la vindicta de las clases subyugadas contra los reyes, nobles y sus sujetos que los habían tiranizado, resultante de su odio acumulado durante siglos, que entre 1789 y 1793 hizo rodar más de 50,000 cabezas.

Luego, tras décadas de lucha, práctica y retrocesos en esos y otros Estados, la noción de democracia se generalizó en el mundo.

El funcionamiento de la democracia

Por pequeña que sea la población de un Estado no es posible reunir a sus ciudadanos en asambleas.

Tampoco es posible la nominación directa por los ciudadanos de las personas que quieran los representen. Han surgido para ello los partidos políticos con la función de presentar a los candidatos por los cuales deberán votar los ciudadanos para la conformación de los poderes Legislativo y Ejecutivo y de los gobiernos regionales y municipios.

Deben haber, por lo tanto, ciertos órganos estatales encargados de la identificación y el registro de los ciudadanos, del reconocimiento de los grupos o partidos políticos, de la organización de los comicios y de la solución de las controversias.

Además, en muchos países se ha hecho obligatorio el voto por la necesidad de fundar la dirección del Estado en la voluntad colectiva de los ciudadanos y porque la democracia no solo atribuye derechos sino también obligaciones, y una de las más importantes es la de participar en la conformación de los órganos electivos del Estado.

Sin embargo, en la realidad, la democracia no se comporta tan esquemáticamente. Hay ciertos hechos que la distorsionan, dando lugar a la elección casi cautiva de ciertos candidatos cuyas intenciones difieren de las de sus votantes y, en muchos casos, son inconvenientes o perjudiciales para estos.

Uno de ellos consiste en que la noción de democracia en los ciudadanos no es unívoca. Depende de lo que cada uno crea que ella es y de la manera como considere que él deba o pueda intervenir. Y esto es muy variable: va desde la ausencia de esa noción en numerosos ciudadanos y del impacto de la alienación que les impone ciertas creencias y hábitos hasta un conocimiento teórico y práctico muy completo en algunos. Esto implica que la mayor parte de ellos decide su voto por la obligación de votar y, en gran medida, por la propaganda de los partidos más organizados y con un gran financiamiento.

La realidad histórica demuestra que la mayor parte de ciudadanos, luego de las declaraciones de derechos del fines del siglo XVIII, se fueron sumiendo en el desconocimiento de la democracia, en la indiferencia ante ella y en la impotencia, y dejaron actuar a los grupos que asumieron el poder político o se quedaron en él más allá de los períodos legales, contra las leyes y la voluntad popular o respaldados por las armas del ejército y la policía. Tales fueron los casos emblemáticos de Napoleón Bonaparte, quien se coronó él mismo como emperador en 1804, y de los reyes en Francia en 1815 y 1830, y de los innumerables dictadores de América Latina y otras latitudes.

Los dos momentos de la democracia

En la práctica de la democracia hay dos momentos: el preelectoral y el de la actuación de las personas elegidas.

Los actores del primer momento son los partidos políticos inscritos y los electores.

Los partidos son los titulares de la facultad de seleccionar a los candidatos, inscribirlos en los registros pertinentes y organizar las campañas de propaganda para tratar de convencer a los electores de que voten por ellos. Legalmente, los partidos son conjuntos de ciudadanos que cumplieron los requisitos para obtener la personería política; en nuestro país, acreditar cierto número de afiliados, contar con un número determinado de comités y locales, y tener un ideario o programa y una dirección. En realidad, los partidos son creaciones de algunos grupos de las clases sociales para acceder al poder del Estado y, desde este, aprobar las leyes y otras disposiciones convenientes a los intereses de sus miembros, incluida la corrupción en algunos partidos. Como el costo de su funcionamiento, en organización, empleados, locales, viajes, hoteles, pago de derechos, propaganda y otros, es, por lo general, muy elevado, son los grupos de mayor poder económico los que pueden promoverlos y financiarlos. En cambio, a las clases sociales dependientes o a los grupos salidos de estas o identificados con ellas no les es posible, por lo menos hasta ahora en el Perú, ni siquiera convencer al número de ciudadanos requerido para la inscripción de un partido político y, menos aún, para que cubran el pago de los gastos, con lo cual quedan fuera de la lid electoral. Los electores de las clases sociales de menores recursos con cierta conciencia política lo advierten y optan por otras opciones legalmente posibles que consideran menos malas.

En consecuencia, el primer momento de la democracia se caracteriza por las campañas de propaganda de los partidos políticos para convencer a los electores de que voten por sus candidatos.

Los electores, personas mayores de edad, cumplen la función de elegir a los candidatos que prefieran el día señalado para el acto electoral, momento en el que se expresa su decisión elaborada a partir de ciertas nociones que pueden ir desde un conocimiento profundo de la necesidad del acto electoral y de los candidatos y sus ofertas hasta el desconocimiento de la noción de democracia y de los candidatos y sus propuestas. La experiencia demuestra que la mayor parte de electores adopta su decisión llevada por la alienación y los procedimientos correlativos de manipulación. El resultado es la elección mayoritaria de los candidatos de los partidos representativos de los grupos económicos con mayor poder económico. El caso más aberrante de esta manera de decidir de los electores fue el de Alemania en 1933 que invistió a Adolfo Hitler de la plenitud de poderes del Estado, decisión con la que él y su partido nazi precipitaron al mundo a la Segunda Guerra Mundial y al asesinato de más de seis millones de judíos por las tropas de las SS y del ejército.

En el segundo momento de la democracia, los políticos que asumen la dirección de los órganos del Estado proceden a operar según los intereses de los grupos que los postularon o, desvinculándose de estos, de otros grupos o de sus conveniencias y ventajas personales, puesto que, según la Constitución, ellos representan a la Nación y no hay normas que ciñan ese mandato a los intereses y preferencias de quienes votaron por ellos. En otros términos, los políticos elegidos reciben una autorización para legislar y gobernar como quieran, como si por el voto se les expidiese una carta en blanco y sin la obligación de responder por sus decisiones si transgreden sus compromisos y promesas y las normas constitucionales.

En este momento, los electores pierden totalmente protagonismo. Su opinión queda en su fuero interno y, por lo tanto, carece absolutamente de influencia sobre los gobernantes. La contienda verbal en los órganos colegiados del Estado y en los medios de prensa tiene como actores a los políticos elegidos y a los periodistas, opinólogos y otros personajes que los sirven, que se atacan, malquistan, injurian y defienden: un espectáculo permanente que llena las páginas de los diarios y revistas y los espacios de la TV, y que se vende con los chismes de la farándula, el fútbol y la crónica policial. Tales ataques y contrataques, críticas y diatrivas carecen de efectos legales y, políticamente, solo pueden suscitar curiosidad, asombro, indiferencia y en algunos una opinión que podría manifestarse en su voto en las elecciones siguientes. Como la titularidad de quienes gobiernan procede de los electores, es obvio que los políticos elegidos y sus partidos jamás culpan a estos por haber votado por sus adversarios. Este es un tema tabú que no se toca por una suerte de convenio tácito de los partidos políticos. Por lo tanto, luego de las elecciones, los electores ya son nadie, y solo algunos los imaginan como remotos o fantasmagóricos testigos que declararán por sus votos en el próximo proceso electoral, aunque ya se sabe que en este la manipulación podrá imponer a otros candidatos.

En muchos países subdesarrollados económica y culturalmente a esa manera de ser de la democracia se agregan las transgresiones a la Constitución, disfrazadas con atuendos legales. Por lo demás, siempre les es posible a muchos políticos elegidos convalidar sus ilegalidades, y sobre todo su enriquecimiento ilícito y el de sus parientes y amigos a expensas de los caudales del Estado, puesto que para eso postularon, y valiéndose de los órganos judiciales y electorales proclives a apartarse de la ley y al impulso de abogados fértiles en sofismas.

¿Qué hacer, entonces?

La democracia podría avanzar hacia estadios de mayor conciencia en las mayorías electoras y de perfeccionamiento del mandato recibido por los políticos elegidos. El factor fundamental de la vigencia real de la democracia es la conciencia que de ella tenga la mayor parte de la ciudadanía. Pero para ello deben concurrir varios factores: una educación acendrada y extensa de los niños y adolescentes; una información veraz y ausente de manipulación por los medios de prensa; un sistema de formación profesional compatible con el progreso material e intelectual de nuestra sociedad; una labor pedagógica del Estado, los partidos políticos democráticos y las organizaciones que se creen para este fin sobre el significado y el funcionamiento de la democracia; y una visión más realista en los intelectuales y estudiantes universitarios.

Los programas políticos deberían orientarse a la promoción de la economía, el aumento de la riqueza, la necesidad de dar empleo, una distribución más equitativa del producto, el equilibrio presupuestal, la eliminación de la corrupción, disponer de servicios públicos más extendidos y mejores, incluida una solución rápida y ajustada a las leyes de los conflictos legales, sin lugar para las utopías, sino solo para los cambios que la realidad social requiera.

Addenda

En nuestro país hay una grave anomalía concerniente a los partidos políticos y a los candidatos que ellos presentan. Luego de ser estos elegidos nada obsta para que se aparten del partido al que pertenecen o que desacaten sus disposiciones, no obstante que sin la postulación por ese partido no habrían podido competir, y perdiéndose de vista que son los partidos las agrupaciones con personería política y no sus candidatos. En todo caso, queda entendido que estos se comprometen a promover el ideario y los proyectos de sus partidos en el ejercicio de la función legislativa, ejecutiva, regional o municipal que decidieron a los electores darles su voto. Una exclusión del representante elegido del partido que lo postuló, por renuncia o causa grave legalmente definida, debería implicar su retiro de la función legislativa y su reemplazo por el accesitario declarado. Sería esta una manera de establecer orden y limpieza en el funcionamiento de la democracia en nuestro país.

Además, por la importancia de las funciones electivas, se debería sancionar penalmente a los políticos elegidos que infrinjan la Constitución con sus votos y hechos.

(Comentos, 2/3/2024)

 

1 Del poemario de Antonio Machado Campos de Castilla, Proverbios y cantares (XXIX), 1912.

 Caminante, son tus huellas

el camino y nada más;

Caminante, no hay camino,

se hace camino al andar.

Al andar se hace el camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.

Caminante no hay camino
sino estelas en la mar.

domingo, 31 de mayo de 2026

PROCESO ELECTORAL: VERGONZOSA DESINFORMACIÒN Y PARICIALIDAD DE LA PRENSA PERUANA

EN CAMPAÑA

Ahora la llamada “prensa chocha” está dedicada frenéticamente a hinchar por Fuerza Popular. ¡todo vale en el empeño!

Eloy Marchán

En HILDEBRANDT EN SUS TRECE Nº 784, 29MAY26

L

a prensa limeña ha vuelto a las andadas. Como en el 2021, hace campaña por Keiko Fuji­mori y trata de destruir a su adversario. “El Comercio” ha improvisado una “Unidad de Investigación” dedicada exclusivamente a escarbar en el pasado de Roberto Sán­chez y su entorno.

RPP presenta como “analista independiente” al asesor ex­tranjero que tiene la candidata de Fuerza Popular, mientras que Panamericana Televisión invierte todos sus esfuerzos en advertir que las “garras del comunismo” atraparán el país de ganar Sánchez.

“Juntos por el Perú choca con su propio plan económi­co”, “Roberto Sánchez no se desmarca de Antauro y habla de la salida de Julio Velarde”, “El plan económico de Juntos por el Perú repite las recetas fallidas de Venezuela y Bolivia”, “Carranza expone peligros e incongruencias en el plan de JP” y “Antauro Humala asegura que mantiene alianza con Sánchez y minimiza a Francke”. Son los cinco titulares que esta última se­mana “El Comercio” le dedicó al “adversario”.

En su interior el decano no disimula. Ocho de los últimos quince editoriales del diario que todavía le pertenece a la familia Miró Quesada han sido contra Sánchez.

El del viernes 22 se tituló “No es moderación, es artima­ña”. El del domingo último fue un ataque a Sánchez por pro­mover el cambio de la Constitu­ción. El del martes, post debate técnico, acusó a Juntos por el Perú de tener “doble discurso”. Y el del último miércoles dijo que Sánchez le tiene miedo a Antauro Humala.

Y cuando no son editoria­les, son reportajes de la “Uni­dad de Investigación” con “destapes” sobre Sánchez o su circulo. El miércoles 21 presentaron un informe cuyo titular decía que los cuatro ase­sores más cercanos del candi­dato presidencial de JP tenían un “oscuro historial”.

Tres de los consejeros de Sánchez tenían sus carpetas fiscales archivadas. Del cuarto, Pablo Quiroz Vásquez, jefe de campaña de JP en Lima, afir­maron que tenía “una acusa­ción por violencia” del 2020. ¿Cuál fue el acto de violencia de Quiroz? Llamar “payaso” a un ciudadano venezolano.

El terruqueo ha servido de coartada para apoyar la candidatura de Fujimori. El 21 de abril, cuando se sabía que Sánchez iba a ser el rival de Fujimori, su “Unidad de Investigación” sacó una nota titulada ‘Vicepresidenta de Roberto Sánchez tiene pro­ceso en curso en la fiscalía antiterrorismo”.

La víctima de “El Comercio” es Brígida Curo y la carpeta fiscal a la que referían fue la que se abrió porque, como dirigente de la Federación de Campesinos de Puno, parti­cipó de las protestas contra el régimen de Dina Boluarte.

Los Miró Quesada también están usando las redes socia­les de sus diarios para hacer campaña por el fujimorismo. Desde hace dos semanas es­tán subiendo videos de los columnistas de “El Comercio” pidiendo votar por Fujimori. La campaña se llama “Lo que se juega el Perú” y ya han des­filado Federico Salazar, Jaime de Althaus, Élmer Cuba y Adriana Tudela.

La línea de “El Comercio” la siguen los otros diarios del holding. “Correo” lleva una semana entera sacando por­tadas contra Sánchez. En su primera plana del domingo dijeron que el candidato de JP se está poniendo el “disfraz de cordero para ganar votos”. En la portada de ayer jueves acusaron a JP de querer dividir al país.

Hasta “Gestión” y “Trome”, tabloides que no son políticos, están en la campaña pro-Fujimori.

Ayer jueves “Gestión” tituló que las inversiones están en pausa por la posibilidad de que gane Sánchez. El lunes titu­laron que las propuestas en agroexportadón de JP ponen en riesgo 900 mil empleos, lo que es una extravagante in­exactitud.

Desde hace un mes “Trome” pone en portada de su edi­ción de domingo a un entre­vistado para que hable mal de Sánchez. El último domingo fue Carlos Espá diciendo que Sánchez traerá el comunismo y la miseria para el Perú. El anterior fue Víctor Andrés García Belaunde diciendo: “Sánchez y Antauro son tóxicos y vene­nosos”.

La obsesión de “Perú 21” y de su directora Cecilia Valen­zuela se llama Antauro Humala. Solo en la última semana Valenzuela ha puesto en por­tada cinco veces al autor del “Andahuaylazo”. La primera plana más irreverente fue la del sábado, donde querían dar a entender que Sánchez envió al Vaticano al excanciller Manuel Rodríguez Cuadros para que consiga el apoyo del Papa León XIV. También señalaron que el catolicismo de Sánchez era una farsa porque él prego­na la “religión Tawantinsuyana” de Antauro.

La campaña de los Miró Quesada y Valenzuela por Fujimori ha convertido a “Expreso” en un diario mo­derado. “Expreso” solo ha dedicado dos portadas en la última semana contra Sánchez y ha abordado temas como el “fraude electoral”, el caos en el TC y el fenómeno de El Niño.

El pasado viernes 15 este semanario publicó en portada que Keiko Fujimori tenía como nuevo asesor al cubano nortea­mericano Carlos Díaz-Rosillo. Cuatro días después RPP tuvo en su programa estelar “Am­pliación de noticias” a Díaz-Rosillo y lo presentó como un analista independiente.

Díaz-Rosillo, como era de esperarse, se la pasó alaban­do a Fujimori y atacando a Sánchez. “Sánchez quiere una economía parecida a la cubana y venezolana”, dijo el estadounidense. “Yo creo que hay que ver mucho la persona­lidad de Keiko. Es una persona que ha dado la cara a pesar de que fue acusada injustamen­te”, añadió.

Díaz-Rosillo se paseó luego por Canal N donde repitió el mismo estribillo.

El domingo del debate téc­nico, Diana Seminario tuvo como invitado al economista pinochetista Carlos Adrianzén, quien tuvo que reconocer que Pedro Francke y Gustavo Guerra García tuvieron un mejor manejo, pero a continua­ción dijo: “¿A qué juegan? ¿A engañar o realmente el señor Sánchez va a firmar casi de ro­dillas una hoja de ruta? Sus patrones no lo van a dejar”.

“Panorama”, el dominical de Panamericana Televisión, el canal de Jimmy Pflucker, está exclusivamente dedicado a atacar a Sánchez. Paname­ricana, incluso, ha montado un programa llamado “Pulso Electoral”, conducido por. el atrabiliario Hugo Guerra. Guerra, exsubdirector de “El Comercio” y recordado por manipular en el 2016 un audio del piloto Jesús Vásquez para beneficiar a Keiko Fujimori, se la pasa atacan­do a Sánchez y diciendo que tiene vínculos orgánicos con Movadef.

“Cuarto Poder” también está alineado. El domingo pasado hicieron un informe sobre los candidatos a vice­presidentes, donde atacaron a las de Sánchez y limpiaron a Luis Galarreta de la denuncia por comprar ocho inmuebles mientras fue congresista.

Punto Final”, cuya Uni­dad de Investigación solía sacar buenas primicias, ha hecho reportajes mostrando a Fujimori como la “candidata del diálogo” y entrevistando a los ciudadanos que no votaron por ella, pero que en la segun­da vuelta marcarán la K.

El legendario periodista Edmundo Cruz señala que la cobertura que estamos viendo de los grandes medios es “ses­gada y contradictoria” y busca favorecer a la candidata de los grupos de poder.

Estamos en un momento muy parecido a los noventa. La campaña no es solo con­tra la verdad, sino contra el honor de las personas. Todo esto me hace recordar a los diarios chicha. Ahora los me­dios tienen un alcance mayor y más rápido. Estamos ante una situación perversa”, dice el ganador del Premio María Moors Cabot.

Cruz señala que en el caso de la minería ilegal sirve para ejemplificar cómo los grandes medios usan el tema sólo para atacar a Sánchez: “Lo critican porque dicen que está cerca de la minería ilegal, pero no dicen que Keiko Fujimori desde el Congreso ha promovido esa actividad”.

“Todo esto obedece a una campaña intencional que contradice los principios básicos del periodismo, de informar con verdad y co­herencia”, dice Cruz. <> 

PROCESO ELECTORAL PERUANO: HECHOS DESTACABLES

 LAS ENCUESTAS

Y EL VOTO BLANCO/VICIADO

Ezio Macchione

30MAY26

S

e están difundiendo sondeos —otra vez, nada casuales— que instalan un dato enorme sobre el voto blanco y viciado: Datum, publicado por El Comercio, habla de 24,9% sumando ambas opciones; CPI, según Infobae, registra 22,6%. No estamos ante una cifra menor: estamos ante la construcción mediática de un bloque electoral gigantesco, presentado como si fuera una tendencia natural, espontánea, casi inevitable. 

Y ahí empieza mi desconfianza. Porque en el Perú las encuestas electorales no han sido precisamente un monumento a la precisión. En 2011, Datum daba a Keiko Fujimori por delante de Ollanta Humala pocos días antes de la segunda vuelta; ganó Humala. En 2016, a ocho días de la votación, las principales encuestadoras ponían a Keiko adelante sobre PPK; ganó PPK. En 2021, Reuters reportaba en la víspera un sondeo de Ipsos con Keiko ligeramente por encima de Castillo; terminó ganando Castillo. Demasiadas “fotografías del momento” que luego se parecen muy poco a la película real. 

Que después lo llamen margen de error, volatilidad del electorado o limitación metodológica. Para mí, hay algo más: cálculo político. Las encuestas no solo miden; también ordenan, empujan, instalan climas, crean sensación de mayoría, normalizan conductas. Y cuando hoy se le da tanto cuerpo al voto blanco y viciado, cuando se lo presenta como una masa enorme, respetable y casi inevitable, la pregunta es obvia: ¿a quién le conviene?

Mi apuesta queda escrita desde ahora: entre voto blanco y voto viciado no llegarán ni al 7%. Y cuando eso ocurra, lamentablemente tampoco servirá —como no ha servido antes— para que muchos entiendan que estos sondeos funcionan demasiadas veces como instrumentos de presión política, no como simples mediciones neutrales de la realidad.

Porque seamos serios: la mayoría de quienes hoy coquetean con viciar el voto no son fujimoristas. Son personas que rechazan al fujimorismo, pero que tampoco quieren votar por la otra opción. Y justamente ahí está la trampa. En una elección así, esa neutralidad no cae en el vacío: desactiva sobre todo votos antifujimoristas y deja el camino más libre al poder que ya está organizado, blindado y listo para capturar formalmente el Estado.

El fujimorismo no necesita convencer a todos. Le basta con que una parte del antifujimorismo se retire de la cancha, se lave las manos, anule su voto y crea que hizo una protesta elegante. Matemáticamente el voto viciado no se suma a Keiko, claro. Pero políticamente puede servirle, porque reduce la resistencia efectiva contra su llegada a Palacio.

Y esa es la contradicción brutal: muchos dicen que viciarán el voto porque rechazan al fujimorismo, pero en la práctica pueden terminar facilitando que el fujimorismo obtenga el poder formal que durante años ya ejerció sin tener la presidencia. No hablamos de un partido cualquiera. Hablamos de una maquinaria que ha bloqueado gobiernos, condicionado Congresos, capturado instituciones y empujado al país hacia este régimen congresual mediocre, blindado e ingobernable.

Entonces la pregunta no es si el voto viciado es limpio, digno o moralmente cómodo. La pregunta real es mucho más incómoda:

¿A quién le sirve?

Y cada vez queda más claro que, en esta elección, le sirve exactamente al poder que muchos dicen combatir, pero que podrían terminar ayudando por omisión. <>

viernes, 29 de mayo de 2026

EN CONMEMORACION AL ANIVERSARIO DE SU NACIMIENTO

 LA ESCUELA NUEVA EN EL PERÚ Y EL LEGADO DE JOSÉ ANTONIO ENCINAS

 

"El maestro debe luchar a brazo partido porque los gobiernos no se dediquen a imponer la desigualdad y la injusticia; en todo caso, el maestro será siempre abanderado de la justicia social".

— José Portugal (1988)

Por: Jorge Luis Choque

Perú: 29/05/2026

 

L

a obra Un ensayo de escuela nueva en el Perú de José Antonio Encinas constituye uno de los pilares más importantes del pensamiento educativo latinoamericano del siglo XX. En ella, el autor no solo teoriza, sino que articula una crítica mordaz al modelo escolar tradicional —memorístico, autoritario y alienado de la realidad— para proponer una reforma integral y activa. El valor de su propuesta radica en que no importó pasivamente las corrientes europeas de la Escuela Nueva, sino que las reinterpretó desde las venas abiertas de la realidad peruana, cruzada por la desigualdad y el abandono de la escuela rural.

José Antonio Encinas
Para Encinas, la educación de su tiempo padecía de un divorcio crónico con la vida del estudiante. Criticó con firmeza la mecanización de la enseñanza y la indiferencia social ante la improvisación docente, una denuncia que mantiene una alarmante vigencia frente a la mercantilización educativa actual: “La sociedad castiga mediante la ley el ilegal ejercicio de la profesión de curar [...] pero permanece impasible e indiferente con quienes están encargados de dirigir el espíritu de sus hijos. Rechaza al charlatán y al leguleyo, pero admite al maestro empírico e ignorante”.

Asimismo, fue un enemigo acérrimo del "comercialismo" y de las instituciones que prometían formar educadores en cursos exprés de tres meses. Para el pensador puneño, la docencia no podía reducirse a un frío manual técnico, pues "el magisterio es ante todo un apostolado que exige una permanente agitación espiritual".

Frente al viejo paradigma, Encinas propuso una escuela “democrática, utilitaria y libre”, donde el conocimiento se construya a partir de la experiencia, el trabajo, la comunidad y la cultura del niño. Sin embargo, advirtió que ninguna reforma pedagógica real puede ser superficial; debe transformar estructuralmente tres ejes fundamentales: “Para que cualquier reforma funcione tenemos que tener en cuenta tres elementos: Maestro, escuela y estudiante”.

Bajo este enfoque humanista, el estudiante se convierte en el centro del proceso educativo, la escuela en un espacio vivo y conectado con el entorno, y el saber en una herramienta útil para la emancipación social.

En la pedagogía de Encinas, el docente abandona el rol de simple transmisor de datos para convertirse en guía y ejemplo moral. Su conocida y a veces malinterpretada máxima lo define con claridad: “El maestro debe ser un político”. Con esto, Encinas no se refería a la militancia partidaria, sino al compromiso ético ineludible del educador con la justicia social y la transformación de su comunidad.

Esta visión de la educación como un territorio de lucha y transformación fue compartida por otros intelectuales de la época. Gamaliel Churata, sintonizando con el espíritu de Encinas, sentenció con la misma fuerza: “La escuela debe mantenerse en un estado latente de revolución. ¡Triste destino el de los profesores que comprendiendo este deber ejercen su ministerio con holgura paquidérmica! [...] Si hay una responsabilidad ante la naturaleza y la civilización, esa responsabilidad es la del maestro”.

A décadas de su publicación, Un ensayo de escuela nueva en el Perú no es una pieza de museo pedagógico, sino un espejo incómodo para el presente. Los problemas que Encinas denunció —la desigualdad en el acceso, la desatención del mundo rural y la deshumanización de la enseñanza— siguen siendo tareas pendientes en la agenda educativa nacional.

El legado de José Antonio Encinas sobrevive como una referencia indispensable. Nos recuerda que la educación no es mera instrucción técnica ni un negocio de mercado, sino el instrumento más potente para construir una sociedad más justa, humana, inclusiva y transformadora.

Referencias

1.    Encinas, J. A. (s.f.). Un ensayo de escuela nueva en el Perú.

2.    José Antonio Encinas, maestro de maestros. (29 de mayo de 2020). La Patria.

3.    Un ensayo de escuela nueva en el Perú: análisis y reflexiones. (s.f.). Estudio.

4.    Un ensayo de escuela nueva en el Perú. (s.f.). Librería El Virrey.

5.    Un ensayo de escuela nueva en el Perú. (s.f.). Casa del Corregidor.

PROCESO ELECTORAL PERUANO: LA HORA DE LOS OPINOLOGOS

KEIKO PRESIDENTA

César Hildebrandt

En HILDEBANDT EN SUS TRECE Nº 784, 29MAY26

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stamos ante el peligro inminente de caer plenamente en las manos de la mafia fujimorista. Empleo el adverbio plenamente con deliberada justeza. Porque ya estamos parcialmente en manos del lumpen. El triunfo electoral de la jefa de esa organización que reclama la herencia de Alberto Fujimori significará la ocupación de todo el aparato del Estado y la instauración de un régimen que nos hará maldecir haber nacido en el Perú.

Han vuelto y están aquí. Tienen la sonrisa del triunfo, la avidez en la mirada, la angurria precoz de quienes saben que, si es necesario, matarán mejor que nadie y que, como es su hábito, robarán como ninguno. Seremos, por fin, esclavos sin intermediaciones del humor de una psicópata obsesionada con mandar sobre nuestras vidas y tratamos como lo hizo su padre. Y estaremos a merced de una maquinaria que ama la grisura, alienta la sumisión, organiza el oportunismo.

Gobernarán para sus dadores y crearán alianzas clientelistas que dependerán del presupuesto público y del grado de obedien­cia que demuestren alcaldes y gobernadores. Una vasta red de agradecimientos maliciosos volverá a prevalecer mientras que el empresariado dado al parasitismo -no el que crea, no el que innova, no el que pelea cada día para mantenerse formal y diur­no- pagará a sus lobistas congresales.

Seremos otra vez el país que Alberto Fujimori pu­drió hasta el tuétano y habrá los que abran champa­ñas cuando su hija lo recuerde apologéticamente en Palacio. Será la recaída.

Yo, como tantos, viví esa época en la que la Corte Suprema se trasladó a la oficina del Servicio de Inteligencia, donde Montesinos decidía quién ganaba y cuánto y cuál era la causa prioritaria y el vocal clave en la dirimencia decisiva. Vi el susto en la cara de los periodistas, el disimulo en los pronunciamientos de los gremios, el susurro de los abogados cuando admitían -sólo en privado- que lo hecho por el régimen era inaceptable. Fui testigo de las disenterías que producía el pánico y de las complicidades del racismo limeño cuando de tratar al cholerío se trataba. Vi a mi país con su peor alma bajo el brazo y pensé: este es el país que hizo huir a Vallejo, el que mató a Arguedas, el que hizo más triste aún a Juan Gonzalo.

Ese era el país de Alberto Fujimori. Y ahora su hija está probablemente a punto de ganar la presidencia que su padre convir­tió en shogunato. Volveremos a ser el Perú donde el orgulloso Manuel Delgado Parker, fundador de RPP, iba a dar consejos políticos y a concertar políticas informativas con Montesinos y donde su hermano, el orgullosísimo Genaro Delgado Parker, le pedía al jefe del SIN que torciera a su favor el juicio por millones de dólares que mantenía con parte de su familia. Y Montesinos aceptaba, a cambio de que Genaro me borrara de la pantalla, cosa que sucedía de modo inexorable. Volveremos a ser el país en que los militares robaban en cada tajada de suministros y donde las mayorías del Congreso podían obtenerse chantajeando a quienes previamente se había grabado -en video o en audio- en circuns­tancias comprometedoras.

Pese a los agoreros, el triunfo se acerca
-Pero ahora no hay Montesinos- me dirá alguien.

Keiko Fujimori no necesita a Vladimiro Montesinos, que sigue llamándola, familiarmente, “la chica”. Ella es su padre y Montesinos a la vez. Lo demostró cuando liquidó a su herma­no, cuando gobernó inconstitucionalmente desde el Congreso, cuando ordenaba a su bancada darle “aplausos protocolares” a Vizcarra, cuando denunció un fraude inexistente creyendo que el JNE la secundaría. Ella es Alberto y Vladimiro en una sola entidad revuelta y dominada por el odio. Y, claro, los tiempos han cambiado. Tampoco necesita prensa chicha porque con la que cuenta es más que suficiente. Y tampoco requiere comprar contenidos en las televisiones porque las televisiones se acuestan con ella de un modo tan voluntario como ardoroso. De igual modo, ya no necesita convocar a una Blanca Nélida Colán porque tiene a Tomás Aladino Gálvez, alias Fiscal de la Nación. Ni requiere asustar al Tri­bunal Constitucional con eso de “la interpretación auténtica” porque el TC actual salió de su sistema digestivo. Ni está en la obligación de buscar al chino Rodríguez Medrano porque la Junta Nacional de Justicia es antro de su pertenencia. Hasta se dará el lujo de no poner dólares en el bolsillo de algún parlamentario porque, con los votos de su porcino aliado, ya tiene mayoría en el Senado (que será su comparsa).

De modo que allá vamos. Estamos a punto de elegir a la heredera del crimen y a hacerle monumentos y solemnes desagravios al hombre que huyó del Perú, renunció por fax y quiso ser senador japonés. El Perú se casará en segundas nupcias con el más vulgar de sus verdugos. <->

miércoles, 27 de mayo de 2026

COMO NOS VEN DESDE EL EXTERIOR: ESPAÑA

PERÚ: ELECCIONES

AL FILO DE LA NAVAJA

Renzo Gómez Vega

Diario EL PAIS, may25

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n su novela Al filo de la navaja, publicada en 1944, William Somerset Maugham retrató el drama interior de un individuo desalentado por el derrumbe del mundo en que vivía. El momento en que debió optar entre quedar atrapado en un pasado que ya no existía o saltar hacia un futuro imprevisible quedó grabado en el título de la obra. Dicha imagen pasó luego al uso coloquial para describir esa situación límite e inevitable frente a la que solo resta decidir, sin saber a ciencia cierta cuál será el resultado.

La escena política peruana de estos días muestra un dilema parecido. La primera vuelta electoral del pasado 12 de abril dejó unas elecciones empañadas por dificultades organizativas, retrasos, desánimo y hasta denuncias de fraude. Tras la borrasca electoral, la situación parece haber vuelto a la normalidad. Pero no a la normalidad de un clima de estabilidad democrática capaz de procesar unos comicios difíciles. Ocurre más bien lo contrario. Lo habitual en el Perú no es la vigencia de las instituciones y las reglas de juego democráticas, sino una crisis política permanente, acompañada de inestabilidad al límite y deterioro acelerado. Ese cóctel pone en riesgo hasta lo elemental. El funcionamiento mínimo de un régimen político basado en la legitimidad de la alternancia electoral, por ejemplo.

La segunda vuelta del próximo 7 de junio, zanjará unas elecciones sujetas a las reglas de juego impuestas por el Congreso, como parte de un pacto de mutuas conveniencias entre agrupaciones políticas coludidas para mantener el control del poder. El principal beneficiario es Fuerza Popular, agrupación heredera de la dictadura que encabezó Alberto Fujimori durante la década final del siglo pasado. Debido al modo de distribución de escaños, el fujimorismo obtendrá mayoría relativa tanto en diputados como en senadores. La novedad será la reinstalación de una cámara alta tres décadas y media después de haber sido suprimida por la autocracia fujimorista. Pero el nuevo senado no responde al objetivo de incrementar la representatividad, sino más bien al interés del fujimorismo y sus aliados para ganar cupos laborales y concentrar influencia política. Será un superpoder mediante el cual el Legislativo buscará seguir controlando a un Ejecutivo maniatado.

El telón de fondo es una crisis de representación endémica que ha derruido en gran medida el tejido de mediación política. La recuperación democrática de este siglo no cuajó en la instalación de un nuevo sistema de partidos. Estos terminaron reemplazados por redes políticas de distinto tamaño y orientación ideológica: redes obedientes al mandato de dueños y caudillos que resultan ser hábiles empresarios políticos empeñados en ganar poder y otros beneficios. Los partidos programáticos del pasado simplemente brillan por su ausencia.

La elección presidencial se definirá entre dos candidaturas contrapuestas que, en conjunto, acaban de conseguir menos del 30% del total de votos válidos en la primera vuelta. Keiko Fujimori, convertida luego de un conflicto intestino con su hermano en única dueña de la herencia electoral del exdictador, por cuarta vez consecutiva busca llegar a la presidencia. En realidad, controla muchas cosas desde 2016, cuando obtuvo 73 escaños parlamentarios de un total de 130, pasando a ejercer un poder desmesurado que desató una tremenda inestabilidad presidencial sin visos de acabar pronto. Perú exhibe el triste récord de haber tenido nueve presidentes en la última década, con solo dos elegidos directamente en las urnas. El manejo mafioso del actual Congreso muestra la cara inversa del fin del presidencialismo que caracterizó al Estado peruano desde su creación republicana, a inicios del siglo XIX.

La campaña fujimorista se basó en la promesa de recuperar el orden. En un país asolado por la criminalidad, la informalidad y la pérdida de confianza, dicho mensaje capitalizó la memoria de eficacia y mano dura vinculada a la imagen de Alberto Fujimori. Pero ese cóctel discursivo busca ocultar el legado de corrupción, autoritarismo y violaciones a los derechos humanos que dejó su régimen. Con su discurso del orden, Keiko Fujimori ha asegurado el pase a la segunda vuelta, junto al control de la primera de las minorías electorales actualmente existentes en la política peruana. En medio de la extrema fragmentación política, reflejada en 35 candidaturas presidenciales, el fujimorismo ha podido rearticularse y reaparecer con cierto aparato y presencia territorial. Sin embargo, también sigue generando fuerte oposición y rechazo, los cuales resultarán decisivos en la segunda vuelta.

La opción opuesta la encarna Roberto Sánchez, actual congresista de izquierda y exministro durante el gobierno de Pedro Castillo. Su candidatura proviene de la alianza pragmática de varios grupos de izquierda y nacionalistas interesados en alcanzar alguna cuota de poder. Jalando a su favor el respaldo popular que Castillo obtuvo en los comicios de 2021, consiguió irrumpir como sorpresa electoral, sacudiendo el tinglado político en el último tramo de la primera vuelta. Con buen cálculo electoral, Sánchez impulsa su campaña llevando el sombrero típico que Castillo exhibió en la elección anterior, ofreciendo liberarlo e impulsar un cambio de rumbo estructural en el país. Esto le permitió captar el voto provinciano, rural y campesino, en lo que ha sido visto como una repetición de los resultados electorales de 2021. Pero dicho voto no es una simple réplica de los resultados obtenidos anteriormente por Castillo.

El gobierno castillista fue una exhibición de falta de rumbo, ineficacia e improvisación, que debió enfrentar, además, la arremetida del Congreso. El triste corolario ocurrió el 7 de diciembre de 2022, cuando Castillo decretó un golpe de Estado que nadie obedeció, regalando a sus opositores del Congreso el motivo perfecto para destituirlo y enviarlo a la cárcel. Posteriormente, a pesar del descrédito de su gobierno, Castillo pasó a convertirse en una víctima, una suerte de mito movilizador que, desde los ojos de sus votantes, tiene que ser reivindicado en las urnas. El factor que explica esto se halla en la avalancha del pacto congresal que defenestró a Castillo, así como en el nefasto gobierno de quien fuera su exvicepresidenta y sucesora, Dina Boluarte. Prestándose a ser la herramienta de los enemigos de Castillo, Boluarte asumió la presidencia sin imaginar que ello desataría un estallido social de protestas en exigencia de su renuncia. La respuesta fue una represión estatal brutal causante de medio centenar de muertos, la gran mayoría de origen provinciano e indígena.

Roberto Sánchez
Tras pasar a la segunda vuelta, imitando a Castillo, Sánchez necesita ampliar el respaldo político que ya ha conseguido, articulando las expectativas de cambio y rechazo al fujimorismo y la derecha. Esto en medio de un escenario que muestra una fuerte fragmentación socio territorial del voto, pues con el derrumbe del sistema de partidos, las ánforas ya no expresan horizontes programáticos o partidarios, sino más bien expectativas subjetivas que mezclan temores y anhelos sobre el presente y futuro. La división territorial de las preferencias electorales muestra el empalme de las diferencias clasistas, étnico-culturales y políticas vigentes en la sociedad peruana. En Lima, la parte costera del Norte y la Amazonía urbana predomina un sentido conservador que busca mantener el modelo de desarrollo neoliberal, expresándose en el respaldo al fujimorismo y la derecha. En cambio, en las zonas rurales y provincianas, especialmente en el sur andino, prevalece una demanda de cambio y rechazo al fujimorismo, que se expresa en un voto contestario y de izquierda. Este clivaje socio territorial es el que definirá quién será el ganador en las elecciones.

El mayor perdedor de la primera vuelta ha sido Rafael López Aliaga, exalcalde de Lima y candidato de extrema derecha, a quien Sánchez superó por poco más de 20 000 votos. Tras denunciar un presunto fraude, López Aliaga cuestionó a los organismos electorales y promovió movilizaciones para obligarlos a anular los comicios o realizar elecciones complementarias, donde se presentaron dificultades para instalar las mesas de votación. Su rabieta incluyó, además, la exigencia de anular el voto de centros poblados alejados de Lima, mayoritariamente rurales e indígenas. Esto evidencia el racismo y clasismo de la nueva derecha peruana, con el respaldo de parte de la élite empresarial y mediática, alarmada por los resultados de las urnas.

Puestas así las cosas la campaña de segunda vuelta recién parece activarse, faltando apenas dos semanas para los comicios. La interrogante que plantea el desempeño político ya conocido de Keiko Fujimori es hasta qué punto, y de qué forma, buscará concentrar el poder y dar nuevo impulso al modelo de desarrollo neoliberal autocrático legado por su padre. En el caso de Roberto Sánchez, la gran pregunta es si podrá llevar adelante sus promesas de cambio de ese modelo, sacudiéndose de sus antecedentes políticos pragmáticos e inescrupulosos, para asumir la representación de un bloque popular y de izquierda suficientemente amplio. Lo que queda de la democracia peruana parece sucumbir frente a dicho dilema. La polarización en las urnas, otra vez, refleja la encrucijada de unas elecciones situadas al filo de la navaja, entre el riesgo de la regresión al pasado autoritario o el simple salto al vacío. <->