CARLOS
OQUENDO DE AMAT Y CARLOS MENESES
LOS HERMANOS DE LA CAMISA
COLORADA
Una crónica de Eloy Jáuregui
Tomado de
https://cangrejonegro.wordpress.com/
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H |
ace poco murió en Mallorca el escritor peruano
Carlos «Coco» Meneses. Tenía 91 años y fue aquel que siguió y encontró la tumba
de Carlos Oquendo de Amat y gran parte de su incombustible existencia. En 1973
había publicado su libro en España como biografía y crítica de la obra del
poeta puneño: «Tránsito de Oquendo de Amat 1905-1936». Fue Meneses –según le
contaba a Eloy Jáuregui desde 1982– quien contaba detalles de la «camisa
colorada» que Oquendo solo pudo lucir en su lecho de agonía en España. Oquendo publicó un solo poemario entre los 23 y 24 años: 5
metros de poemas. Que cierto, es una única hoja que mide
aproximadamente cinco metros, desdoblable como un acordeón y que, al abrirse,
deja ver el panorama de poemas que corren uno detrás de otro, a manera de una
película de cine y en la que cada poema es una imagen casi onírica de un mundo
extraño pero sugerente, fotogramas con escenas que se suceden de una belleza
incomparable.
1.
La existencia más desgarradora de un poeta peruano
la vivió en sus cortos 30 años Carlos Oquendo de Amat. (Puno, 1905 –
Guadarrama, España 1936). Qué no le pasó. Qué no le hicieron. De 1973 es una
foto donde aparecen los poetas Jorge Pimentel y Arturo Corcuera frente a su
tumba en España. El retrato tiene el signo del dolor, como si debajo de la
tierra, Oquendo siguiese sufriendo. Y supongo que ese tormento continúa hasta
la fecha. No obstante, está vivo. Y no dudo en afirma que su tiempo, los años
1927-1928, es el tiempo de la conformación de la literatura peruana
contemporánea. Tres son sus pilares, Oquendo de Amat en poesía, Martín Adán en
poesía y José Carlos Mariátegui en ensayo. Fecha del apogeo del vanguardismo
peruano y de la esfera hispánica de las vanguardias.
Oquendo de Amat vivió entre las ciudades de Puno, Moho, Juli, Arequipa y Lima. Así, fue un adelantado desarraigado. Socialista, amigo de José Carlos Mariátegui, Martín Adán, José María Eguren y Alberto Guillén, a los 19 años lee a Rimbaud, Mallarme y los poetas ultraístas españoles: De ahí sus versos “desde el tranvía/ el sol como un pasajero/ lee la ciudad”. Hace uso de la libertad para la imaginación y conquista de espacios necesarios para la expresión no solo vanguardista sino también de la época. Luego se hace un fanático del cine pero en ninguno de sus trabajos –de amanuense o profesor–, recibe un salario moderado. Así vivía ajustado, durmiendo en pensiones o casa de sus amigos. De su alimentación ni hablar, su dieta, un par de Chancay y su Agua de tilo y sin repetición. Sin embargo, le sobraba energía para poesía, la chilla, el hormonal espíritu para la revuelta.
A los 13 años murió su padre. Más que sorpresa,
había comenzado sus desgracias. Así supo del hambre, el más jodido. Luego
fallece su mamá y todo se derrumbó. Aquella que era una mujer bellísima terminó
sus últimos años en las garras del alcoholismo y otras enfermedades. Pero
Oquendo de Amat no dejó de escribir poesía. Estando en La Paz Bolivia lo meten
preso dizque por sus ideas políticas pero ya en 1932 lo nombran responsable en
Arequipa del partido que fundara Mariátegui. Así se enfrenta a las feroces
dictaduras militares de Luis Sánchez Cerro y Oscar Benavides. En 1934 es
desterrado a Panamá. Luego viaja como polizonte a Costa Rica y México.
2.
Fue una vez acabado el Mundial de España de 1982
que conocí a Carlos Meneses. Él ya era un reconocido escritor peruano radicado
en Palma de Mallorca y yo apenas un incipiente periodista que había sido
premiado con un vuelo a Europa. Como en aquellos tiempos nuestra amistad se
labró a punta de cartas van y cartas vienen. Meneses era muy curioso, me
enviaba recortes, poemas, cintas y otros objetos en unos sobres abultados que
más parecían encomiendas interprovinciales. Y así siempre terminábamos
escribiéndonos sobre Oquendo. Y qué de cosas no sabía Meneses del poeta puneño
y trataré de sintetizar.
En 1936 para sus amigos peruanos, el poeta había
desaparecido y temían lo peor. Pero de pronto llega una carta donde cuenta que
necesitaba viajar a Europa. Entonces lo ayudan. Le envía dinero y así parte a
Francia. Oquendo quería defender la República Española en plena Guerra Civil.
Pero su vida estaba marcada por el infortunio. Atacado de tuberculosis, apenas
podía caminar. No obstante, viajó a España a enrolarse en las tropas
republicanas. Fue imposible, su cuerpo había perdido su otra guerra, la
interior. En estado de delirio, cuentan, falleció el 6 de marzo de 1936 en el
hospital de Navacerrada. Afuera, comenzaban a oírse las primeras explosiones de
la sangrienta Guerra Civil Española.
¿Y cómo era Oquendo? Alberto Tauro nos dice: «Recuerdo
a Carlos Oquendo de Amat como un personaje singular, inconfundible. De mediana
estatura, delgado; sus hombros caídos afectaban una compleja actitud, que por
igual trasuntaba cansancio o timidez; y siempre lucía pulcramente, aunque su
atuendo mostraba las huellas del uso… A todos era evidente que su vida
cotidiana transcurría entre dificultades. Muchos la reputaban desordenada, y
más o menos envuelta en los delirios artificiales de la bohemia; otros se
limitaban a juzgar que había algún misterio en su falta de ubicación precisa,
así como en el nimbo trashumante de sus apariciones y ausencias»
“Cinco metros de poemas” fue el único libro
publicado por Oquendo de Amat en 1927. La obra sorprendió a todos. Se trataba
de un conjunto de poemas de intensos versos (escritos entre 1923 a 1925)
publicados en una sola hoja plegada en un listón que debía, según su consejo,
leerse “como quien pela una fruta”. Para mucho parecía una rollo de papel
higiénico de los de ahora o un contómetro de 24 centímetro de ancho y que a lo
largo medía 5 metros y 16 centímetros en aquella primera publicación de la
Editorial Minerva. Como todo lo bueno. Los señorones de la crítica ocultaron el
libro aduciendo que se trataba de una chifladura. Así fue olvidado por décadas
y hoy se le considera entre los más importantes libros de las vanguardias
mundiales y a Oquendo de Amat como un poeta magistral.
3.
Todavía resuenan las palabras del joven Mario
Vargas Llosa, quien se inspiró en el poeta para su famoso discurso: «La
literatura es fuego» con ocasión de agradecimiento al recibir el premio Rómulo
Gallegos de 1967. Dijo esa vez nuestro Nobel: “Hace aproximadamente treinta
años, un joven que había leído con fervor los primeros escritos de Breton,
moría en las sierras de Castilla, en un hospital de caridad, enloquecido de
furor. Dejaba en el mundo una camisa colorada y «Cinco metros de poemas» de una
delicadeza visionaria singular».
Quienes no conocen la biografía de Oquendo de Amat
se equivocan al afirmar que su cosmopolitismo proviene de una serie de lecturas
o de fotos de ciudades europeas. No, su cultura universal le viene por la vía
de su padre. “No es nada novedoso entonces que un hijo inteligente con un padre
que vivió en París ampliara en su juventud sus imaginarios viajes y nombrara ciudades
como Nueva York, Viene, Amberes, lo que además, confirma que el padre le
suministró una información fresca y permanente de su estadía en Europa” (JLA).
Oquendo no es pues el provinciano hambriento que deambula por el Mercado
Central de Lima, es más bien un poeta que a través de su imaginación estuvo en
varios ligares a la vez, virtuosismo cosmopolitano en el que expresa su visión
del mundo mediante el cual la magia de la poesía, lo hace posible viajar sin
siquiera dar un paso.
Oquendo fue un peruano singular. Sí, como advierte
Tulio Mora, este es el país de las grandes oportunidades perdidas y sus mejores
hombres son inválidos o los asalta la muerte prematura: Mariátegui, Oquendo de
Amat, Vallejo, Heraud, Arguedas, Flores Galindo, Javier Diez Canseco. Ese sino
es permanente en las letras peruanas. Es sabido que el padre del poeta, el
médico Carlos Oquendo Álvarez, instaló su consultorio en ese inmueble y que en
otra época sirvió también como los talleres del periódico “El Siglo”. Pero aquí
viene la cosa. Como me contó el también poeta puneño, José Luis Ayala, quien
mejor conoce la vida y obra de Oquendo. “Que el Dr. Oquendo había enfrentado a
terratenientes locales y al clero reaccionario quienes lo tildaron de ser un
liberal doctrinario y masón confeso. Así lo atacaron vejaron y hasta mandaron
quemar el local. Por aquella razón, en 1908, el médico Oquendo y toda su
familia se ve obligado a abandonar Puno”.
4.
Pero quién es Carlos Oquendo de Amat y por qué
tanto alboroto. Simple, es nuestro poeta vanguardista por antonomasia. Escribió
un solo libro descomunal de solo 18 poemas. Sus analistas consideran que es:
“un libro tan vivo y actual, lúcido y torrencial, cineástico y sintético que
sigue irradiando su sobrecogedora belleza”. Es pues un libro acordeón y con
música callada incluida. Con páginas desplegables horizontalmente, que se
extienden como una película. Bien, ahora que sabemos de su enorme trascendencia
estoy seguro que su obra influyó definitivamente en el “Pez de Oro”, la
descomunal novela-río de Gamaliel Churata, otro escritor monumental de la zona
del Alto Perú. Cierto y no lo dudo. Y vaya, no es poca cosa.
Los mandarines de la burocracia cultural en el
Perú han ignorado olímpicamente la obra de Oquendo de Amat. Y ya lo dije, del
Ministerio de Cultura no hablo. Para huachimanes de momias, ya hay suficientes.
Pero me indigna esa falta de aprecio por la poesía que orquesta esa costra del
clan de los regios de la DBA enquistada en esas oscuras oficinas donde,
supongo, están cómodos los fantasmas de Kafka. La Biblioteca Nacional mantiene
su revista “Libros & Artes” y cumple ¿Y el resto? Yo recuerdo publicaciones
como “Cultura y pueblo” gracias al esfuerzo de Arguedas y luego la revista
“Textual”. Hoy solo producen trípticos y del Qhapaq Ñan no pasan. Que Oquendo
de Amat era un ilustre desconocido para el canon de los poetas quisquillosos,
es cierto. No obstante, los esfuerzos por devolverle su potencia creadora
existen pero están enterrados en uno de los sótanos de ese elefante blanco de
la Av. Javier Prado.
5.
Lizandro de Amat Machicao, primo hermano del poeta
y quizá la única persona tuvo un trato intenso con él antes de que viajase a
Europa, dejó este testimonio: “Carlos no era un escritor ortodoxo. Una vez le
pregunté porque es que no había publicado otro libro. Me contestó más o menos
así, que la poesía para él era un trabajo de alquimista, de arquitecto del
universo, de una especie de viajero que en muchos lugares iba escribiendo
alguna palabra. Me sorprendí cuando me dijo que no le interesaba la cantidad de
libros y poemas que publicara un poeta, lo importante es –dijo—‘los metros de
poesía porque había poetas que publicaban muchos poemas pero que su poesía
alcanzaba unos centímetros apenas. Le pregunté sobre los poetas puneños,
especialmente de Alejando Peralta, Dante Nava y Aurelio Martínez, sonrío y en
su sonrisa pude ver el hecho de abstenerse de opinar para no comprometerse en
un juicio valorativo”.
Magda Portal cuenta lo siguiente: «El
poeta puneño después de haber recorrido todo Lima y hecho la venta de sus
‘bonos’, entregó a Julio César Mariátegui parte del costo total de
la edición de su libro. El poeta aunque tenía una terrible condición económica,
sin embargo era incapaz de gastar un céntimo en su alimentación, amarrado
en un pañuelo guardaba el dinero para su libro. En cierta ocasión llegamos
a la pensión donde vivíamos varios poetas vanguardistas, el caso es que
faltó un poco de dinero para completar la compra de carne y hacer una
parrillada, le pedimos a Oquendo que pusiera la cuota que le correspondía
y Oquendo se negó: Primero la poesía y después la carne-dijo».
Finalmente diré que de mi biblioteca no me
regodeo. Hay lo justo y necesario. Ahí, en un lugar protagónico luzco un libro:
“Carlos Oquendo de Amat” de los autores Omar Aramayo y Rodolfo Millas
(Editorial Cultura Peruana. Limas 2005). El pretexto es el homenaje al
centenario del nacimiento del poeta y contiene una selección de 19 textos de
los llamados ‘reputados’ publicados por aquí y por allá. Figuran el conocido de
Vargas Llosa y Rosa Arciniega junto a testimonios de los profesores Tauro del
Pino, José Varallanos, Emilio Adolfo Westphalen (entrevistado por Milla),
Aparecen también semblanzas del hallazgo de su tumba gracias a Carlos Meneses,
José Antonio Bravo, Esteban Pavletich, amén de los críticos José Luis Ayala,
Monguió, Coyné, Belli, Ortega y otros. Termino, Oquendo de Amat dejó sus 5 metros
de poemas. Hoy, nos queda sus millones de poesías ilustradas por el resplandor
del tiempo.
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*Carlos Meneses (Lima, 1930 – Mallorca 2020) Estudió Filosofía y Letras, especialidad Literatura, en la Universidad de San Marcos, de Lima, y Periodismo, en la Escuela de Periodismo, de Madrid. Ha publicado teatro, novela, cuento y ensayo, tanto en España como en el Perú y en México. Ha obtenido varios premios como el nacional de teatro del Perú en 1958; el Blasco Ibáñez, de Valencia, a su novela Edén Moderno (2002) o el Peñíscola de cuentos por Lo que puede un pianista. Ha sido periodista en Lima, Santiago de Chile, Buenos Aires, Montevideo, Río de Janeiro, Madrid y Palma de Mallorca, ciudad en la que reside desde l964. De sus biografías destacan las de Oquendo de Amat, Borges, J. Guillén, Miguel A. Asturias y Rafael Barrett. Ha sido crítico de libros entre los años 70 y 90.




















