domingo, 4 de octubre de 2026

PUEBLOS PUNEÑOS

 200 AÑOS DE LA CREACIÓN POLÍTICA DE HUANCANÉ 

José Luis Ayala Olazával. 

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a palabra Huancané proviene del término waqani, que en lengua  aymara significa, lugar donde hay una waqa, un lugar sagrado, waqa (o huaca) en aymara nombra a un sitio donde hay una construcción de carácter religioso, de veneración, de poder religioso o espiritual, en la cosmovisión andina. 

    El español Polo de Ondegardo y Zárate llegó al Perú en 1543, enviado por Hernando Pizarro para administrar, ordenar sus intereses económicos en territorios invadidos por los españoles. Los informes de Polo de Ondegardo son determinantes para escribir la Historia de Huancané.

      En el texto Relación de los fueros de los indios: Conocido como Notables daños de no guardar a los indios a sus fueros (1571), se refiere a costumbres de los pobladores originarios peruanos, señalando además “sus errores y equivocaciones”.

      El cronista quedó admirado no solo por el gran tamaño de la waqa, sino por la cantidad de oro y plata que tenía. Varios años más tarde los curas españoles decidieron destruir la waqa para hacer construir un templo de barro y ponerle el nombre de Santiago. Todavía es posible como signo de vergonzosa coloniedad, ver a un “un indio” bajo las patas del caballo blanco del sanguinario apóstol español Santiago.

        Hasta 1950 cerca a la torre de barro había una waqa donde los campesinos le rendían homenaje a los apus tutelares. El cura fascista español Luciano Cuestas, la mandó a dinamitar. Posteriormente los curas Merynoles, mandaron a destruir la torre que albergaba a la campaña llamada María Angola, se dice que está en un convento de La Florida, EE.UU.   

         Huancané perteneció a la administración colonial del Perú y Argentina, por eso es que quienes quieran estudiar su historia, tienen que acudir a los archivos de Buenos Aires. No es posible escribir una historia de Huancané, sino se recurre a la documentación que hay en Sucre (Bolivia), donde se ha concentrado parte de la documentación del virreinato del Alto Perú.  

     En lo que se refiere a la fundación del distrito de Huancané, todo empieza con el Decreto Supremo firmado por el Libertador Simón Bolívar, emitido el 21 de junio de 1825, bajo el amparo de la Constitución Política de 1823. Dos años más tarde, el 19 de septiembre de 1827, Huancané fue elevado a la categoría de provincia por el presidente José de La Mar. 

       No es posible escribir una Historia de Huancané, si no se discute la mentalidad colonial. Todo empieza con Polo de Ondegardo, Garcilaso de Vega, Huaman Poma de Ayala, Alonso Ramos Gavilán, Modesto Basadre, Juan Bustamante, Santiago Giraldo, Emilio Romero, Augusto Ramos Zambrano, Andrés Espinoza Cordero, Luis Gallegos Arriola y Gilberto Salas Perea. Son distintos los casos académicos de Hernán Amat Olazával, Pablo Macera y Rodolfo Cerrón Palomino,

    Todos los nombrados son personas carentes de una adecuada formación académica, expresan el registro de la memoria colonial y ausencia de instrumentos de análisis. No responden a tres preguntas básicas: ¿Qué hemos sido? ¿Qué somos? ¿Qué debemos o podemos ser? Estamos a la espera entonces de un historiador (a), que descolonice la idea dominante, que nos devuelva la memoria secuestrada, la esperanza de reconstruir una sociedad escindida, rescatar la memoria y el derecho a ser nosotros mismos.

      No se trata de citar a algunas personas aficionadas a la historia, sino de discutir la mentalidad coloniedad, que tanto daño nos ha hecho. Ni pensar en tomar en cuenta muchas tesis de las universidades de Puno, en referencia a la cultura hispano quechua, aymara, escrita por quienes carecen de instrumentos de análisis. Todos los textos están escritos con una mentalidad sumisa y atrapada absolutamente en la sujeción de la concepción intelectual colonial dominante.       

    Huancané tiene una historia que no ha sido hasta ahora estudiada, analizada y menos meditada de acuerdo a los aportes de las ciencias sociales, destinadas a liberarnos de un pasado anclado en el pensamiento colonial. La descolonización es una crítica doctrinaria al Eurocentrismo, es una reflexión en la búsqueda de independencia, es decir, ser auténticos.

      Frantz Fanon inició un proceso de reflexión, luego llegaron Walter Mignolo, Enrique Dussel, Paulo Freire, Aníbal Quijano, etc. Hay una frase famosa de Enrique Dussel: «El que no se atreve a ser inteligente, se hace político». Otra cita referida al pensamiento crítico frente al poder, señala: «La inteligencia filosófica nunca es tan veraz, pura y precisa como cuando parte de la opresión y no tiene privilegios que defender, porque no tiene ninguno».      

¿Cuál es el rol de historiador? Devolvernos la conciencia colectiva secuestrada, la esperanza de construir una sociedad donde impere la justicia social. La teoría central de Enrique Dussel es la Filosofía de la Liberación, un pensamiento crítico y anticolonial destinado a liberar a los pueblos dominados por el sistema en América Latina, frente al dominio del eurocentrismo y el capitalismo brutal. 

        La idea es no repetir las falsedades que ya se han dicho. ¿Es posible escribir la Historia de Huancané a la luz de los nuevos instrumentos de análisis? Por supuesto. Esta es la oportunidad. Ahora o nunca. <>

 

sábado, 3 de octubre de 2026

ENFOQUES DE COYUNTURA

 LA IRA DESATADA Y UN SALTO AL VACÍO. 

Por Gustavo Espinoza M. 

A

ntes de irse a Naciones Unidas, en un acto celebrado  el 20 de septiembre en la Plaza de La Bandera, Keiko Fujimori estalló en ira y amenazó a más de la mitad del país -es decir a todos sus opositores-  con usar “la mano dura” para imponer sus políticas. En la ONU, en un discurso pequeño y aldeano orientado apenas a limpiar el rostro de los asesinos, repitió la misma monserga recibiendo a cambio el aplauso caluroso de los 8 diplomáticos peruanos que trabajan en las oficinas de nuestro país en ese organismo.   

En realidad, su pistola verbal estaba cargada desde antes. Y se había puesto en acción desde el 8 de septiembre cuando Donald Trump anunció al mundo que había decidido incorporar al Perú al “Escudo de las Américas”, lo que fuera ratificado por su secretario de Estado desde Caracas al día siguiente e informado oficialmente al país por Keiko Fujimori en agradecimiento por haberla hecho “presidente constitucional de las República” violentando los comicios el 7 de junio. 

El poder real está detrás de la presidenta
Pasados ya más de 60 días de ese hecho luctuoso, la mandataria peruana no tiene un solo punto que mostrar a la sociedad peruana como éxito de su gestión. Igual -o incluso peor que antes- cada día matan transportistas o se consuman crímenes de todo orden en una sociedad atosigada por la violencia y atravesada por la sangre. 

Quienes quieren poner en evidencia la incapacidad del régimen para cambiar ese escenario, suelen recordar que la señora había prometido que “desde el primer día” cambiaría la situación peruana e impondría el orden y la ley. Nada de eso ha ocurrido. 

Lo único que se ha registrado ha sido un alza de decibeles en los gritos de la precaria inquilina de Palacio, que no puede contener la furia ante cada despropósito que fluye de su gestión gubernativa, a la par que un alza desmesurada de precios de los alimentos y artículos de primera necesidad en los mercados. 

Y es que cada día la realidad le da un portazo en la cara y pone al descubierto sus mentiras y precariedades. Ella dijo, por ejemplo, que “El Escudo de las Américas” era apenas un compromiso internacional para combatir el crimen y la delincuencia. 

Así lo sustentó, además, el funcionario de la embajada de los Estados Unidos, que funge hoy como Canciller peruano y lo elogió Bernie Navarro, el embajador USA, que cada día mete su cuchara en cuanto plato encuentra.   

Después se ha confirmado lo que era obvio: que se trataba de un “acuerdo” económico y productivo que compromete toda nuestra riqueza -incluido el cobre, el oro y el litio- además de las “tierras raras” que la administración yanqui busca obsesivamente por contener minerales que requiere con urgencia para la fabricación de armas de destrucción masiva y otras similares. 

Expulsado recientemente de Afganistán y obligado a salir con el rabo entre las piernas de Irak, el gobierno de los Estados Unidos cae en una desesperación galopante y se proclama dueño de todo el continente americano. Por eso apunta hacia la minería, pero también a nuestra biodiversidad y nuestra riqueza acuífera.   

Por si eso fuera poco, el acuerdo alude también al TIAR, el tristemente célebre Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, que es un convenio militar, de muy ingrata recordación y que diera lugar a convalidar intervenciones militares norteamericanas contra Estados Soberanos de nuestro continente. 

Consciente de su debilidad, el gobierno yanqui agita un cotarro alborotado como si fuera un gallinero. En él, Donald Trump pretende cumplir el papel de la mamá gallina en tanto sus polluelos -Nasfura, Noboa, Milei, De la Espriella, Katz y Fujimori- buscan perpetuarse bajo una ala protectora que hace agua ahora que caen sus alfiles más preciados: Cerimedo, Diaz-Rosillo,  Damián Valenzuela y otros. 

Y claro, ahora Keiko se siente montada sobre el TIAR -engendro siniestro de los más duros años de la “guerra fría”- y alza la voz para “advertir” al pueblo peruano que ya “se le acaba la paciencia”. En verdad, es al pueblo al que se le acaba la paciencia. 

La primera señal de ello, lo dio recientemente la población de Loreto que desarrolló durante varios días una masiva huelga contra el régimen sin arrancarle sino tan sólo débiles paliativos. En las próximas semanas habrá nuevas expresiones de la repulsa ciudadana a la política oficial. Por lo pronto, se inició en Jicamarca cuando el pretendió desalojar de sus viviendas a modestos pobladores de la zona. 

En su desesperación el régimen recurre a la clásica escopeta de dos cañones. Por un lado “negocia” con sectores vacilantes de la oposición para “salvar” a sus ministros más cuestionados, como los titulares del Interior, Defensa y Educación, sobre los que pende mociones de censura que habrá de ser en cualquier momento reactivados.  Por otro, busca callar a Cesar Hildebrandt lanzando contra él denuncias infames. Vano empeño, sin duda. 

Prensa calla en cien idiomas ante el caso Hildebrandt
Porque eso lo sabe, hoy pretende leer la historia de una manera deformada, declarando inocentes a los asesinos y ocultando sus crímenes como si estos no hubiesen ocurrido nunca. La vida es más real que la leyenda que se pueda usar para contarla. 


Por lo demás, Accomarca,  Umaro, Bellavista, Llocllapampa, Cayara, Pomatambo, y otros lugares, son tan reales y viven tanto en la memoria de los pueblos como el Grupo Colina y las matanzas de Barrios Altos, La Cantuta, El Santa. Pativilca y los Penales en 1985, 1986 y 1992. 

Finalmente, el Congreso resolvió delegar facultades legislativas al Ejecutivo en dos materias definidas: la inseguridad ciudadana y las acciones para enfrentar “El Niño”. Puso fin así a la trampa urdida por el gobierno para favorecer ilegalmente a sus “allegados” y cómplices, devolviendo favores electorales. 

Que no se alegre el oficialismo, esa no es ninguna victoria de Keiko sino apenas una licencia para dictar disposiciones que serán revisadas luego.    

El peligro, es otro, el que deriva de la exaltación de los temores por parte del régimen. Eso bien puede derivar en un salto al vacío. El pueblo no habrá de tolerarlo. <>

viernes, 2 de octubre de 2026

DESDE EL GOBIERNO FUJIMORISMO CONTRA ATACA A PERIODISTA INDEPENDIENTE

 DEFENSA Y JUSTICIA

César Hildebrandt

En HILDEBRANDT EN SUS TRECE Nº 800 2OCT26

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os exponentes del peor periodismo en un canal que es fango puro, auxiliados por documentos que no prueban nada sino su mala fe, lanzan un presunto reportaje “que será el fin de César Hildebrandt”.

Después hacen un conversatorio autofágico donde fin­gen que el contenido ha sido decisivo para decretar nuestra defunción moral. Yacemos, según ellos, en tierras sin mi­sericordia.

Erasmo Wong, a quien le hemos dedicado más de una nota en relación a sus trampas empresariales y financieras, aplaude en nuestro imaginado velorio.

Los fujimoristas, más de negro que nunca, se regocijan.

Los innumerables reclusos de nuestras cárceles de papel de cada viernes celebran y cuentan chistes.

Hace fiesta y añade mugre propia el débil mental vocero del gobierno criminal de los Estados Unidos. El emisario del pedófilo que ensucia la Casa Blanca se mete en el asun­to como si fuera barra brava del gobierno de Keiko Fujimo­ri. Está seguro de que el Escudo de las Américas le da un estatuto comparable al de virrey de la India. Es el imperia­lismo en traje de tetudo.

La chusma de las redes sociales reverbera el mensaje y lo convierte en epitafio.

La embajada israelí de seguro que está alegre. El hombre del spa, también. El homófono Garlitos Espá debe haber fe­licitado a su jefe.

La gentita a la que hemos descubierto en estos años de investigaciones y rastreos cree poder asesinarnos simbóli­camente. Es el Plan Bermuda en versión excrementicia.

Pero aquí estamos. Más limpios que nunca. Viejos en el arte de la resistencia. Ilesos. Dis­puestos a enfrentar con hechos, documentos, correos electrónicos y cuentas entregadas a la SUNAT cualquier investigación que quiera em­pezar Tomás Aladino Gálvez y su equipo al ser­vicio del gobierno.

Siento decepcionar a algunos coleguitas que, siempre atormentados por el color panza de burro de sus largas ca­rreras, han simulado compadecerse de nosotros.

No aparenten condolencias, coleguitas. Cuánto quisie­ran, en el fondo, que este semanario tuviera las manchas de vuestros periódicos y las hilachas de vuestros fustanes.

La verdad es sencilla. El señor Fernando Guerra Sotelo, el contador que nos presta servicios externos porque no podemos pagar a alguien estable, no cumplió debidamen­te su rol y le entregó, intermitentemente, cinco boletas de pago a una persona en quien parecía confiar. No lo hizo para evadir impuestos porque se pagó hasta el último centa­vo de los montos que figuran en esos documentos, sino por­que, encimado ante los plazos después de estar a punto de incumplirlos por desidia, nece­sitaba reunir esos montos bajo un solo nombre en vez de tra­mitar las decenas de boletas de los agentes que habían hecho los depósitos correspondientes. Pero eso es todo. Allí aca­ba el asunto: los impuestos fueron honrados escrupulosa­mente y eso consta en documentos que tiene en su poder la SUNAT. Que la persona en quien confió el señor Guerra hiciera lo que hizo, es un asunto que atañe al señor Guerra.

Expiar la extrema ingenuidad y la suma dejadez demora un poco. Y hacer las cosas a espaldas del semanario es algo que no enriquecerá su hoja de vida. En todo caso, nos acusan de “simular una venta” por la que pagamos todos los im­puestos que esa operación suponía y en donde los montos procedían, como consta en registros, de liquidaciones rea­les de los canillitas. ¿Qué lógica tiene eso? Y nos remiten a cinco boletas, pero no hablan de las decenas de miles que, a lo largo de estos 16 años, tuvimos que emitir.

Erasmo Wong
Esta es una campaña detrás de la cual está el go­bierno. Dolosos allegados a “Willax” se están jactando de que el Ministerio Público ya ha abierto una investigación en contra nuestra ¡y por lavado de activos! Sí: el mismo cargo del que ha sido exonerada la actual presidente de la república. Y los malandrines a cargo de las vociferaciones mayores han insinuado que “lavado de activos” es poco, que se trataría de “organización criminal”. Nos quieren en la cárcel, como estuvo su lideresa, como acabarán ellos cuando la decencia regrese a la política de este país con vo­cación de estercolero.

Quieren hacer con nosotros lo que hicieron con Javier Diez Canseco, a quien acuchillaron por un proyecto de ley que, remotamente, hubiera favorecido a su hija, poseedora de unas míseras acciones de Backus.


No podrán, pero se les va la vida en el esfuerzo. Somos un medio de prensa que la mafia política desea sacar del camino. Tenemos un juicio por millón y medio de dólares, una incursión de SUNAFIL que se frustró porque no en­contraron nada irregular, y ahora viene esto.

Sabíamos que la llegada del fujimorismo al poder signi­ficaría para nosotros la tormenta perfecta y estamos pre­parados. Los miles de lectores que acceden al semanario y los cientos de miles que ven nuestro podcast saben que no somos asustables y que seguiremos en nuestra modesta tarea. Nuestro trabajo es sencillo: publicar lo que sea digno de saberse siempre y cuando sea verdad. Eso duele y crea rencores armados y fobias de baja estofa.

Y han querido enlodar a Rebeca Diz, que es la persona más fanáticamente escrupulosa que conozco. Por eso, cuando se enteró de la fal­ta de prolijidad del contador, pegó un grito de 6 grados en la escala gallega de la ira.

Rebeca es editora, gerente y todóloga en este semanario que sobrevive gracias a ustedes. Es una persona maravillo­sa y no hay derecho para que una tropa infecta de difama­dores intente mancillar su imagen. Lo diría así no fuera la esposa que me cayó del cielo. <>

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LO SOCIAL-POLITICO EN NUESTRA REALIDAD ACTUAL

 LA MAQUINARIA MEDIÁTICA

QUE BLINDA LA CORRUPCIÓN Y CRIMINALIZA LA PROTESTA

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Por: Jorge Luis Choque

a pasividad de la población peruana ante la corrupción, la inseguridad y la complicidad policial con organizaciones criminales no es un fenómeno casual, sino el resultado de una operación social deliberada. Casos como las declaraciones de delincuentes sobre vínculos con la policía (“Los Pulpos”, “La Jauría”, el “Monstruo”) evidencian una red de complicidades que el gobierno ignora con una indiferencia que huele a connivencia. Esta inacción no es incapacidad: es estrategia.

El modelo de propaganda de Chomsky demuestra cómo los medios masivos, concentrados en pocas corporaciones, filtran la información para fabricar consenso en favor de las élites. A través de la propiedad, la publicidad, las fuentes oficiales, el flak y la ideología dominante, la prensa monopólica peruana valida el accionar gubernamental y satura la agenda con nota roja para desinformar y neutralizar a la ciudadanía. Desde la pedagogía crítica, Paulo Freire y el pensamiento latinoamericano confirman que estos medios actúan como aparatos de dominación oligárquica y transnacional: difunden mitos alienantes mediante una comunicación vertical que subyuga a los oprimidos y distorsiona la realidad al servicio del poder.

Antonio Gramsci aporta la noción de hegemonía cultural: el poder no se sostiene solo por la coerción económica o militar, sino principalmente por el consenso que logra la clase dominante al imponer su visión del mundo a través de instituciones como la escuela, la religión, los partidos y, de manera clave, los medios de comunicación. La hegemonía es ética-política y económica: el grupo dirigente ejerce una función decisiva en el núcleo de la actividad económica y, a la vez, dirige culturalmente a la sociedad. Los medios fijan los contornos ideológicos del orden hegemónico, elevando el mercado y el consumo a instancias máximas de representación de intereses, y contribuyen a conformar el imaginario social.

Joseph Goebbels, como ministro de Ilustración Pública y Propaganda del Tercer Reich (1933–1945), encarna el uso extremo de la información como instrumento de dominación política y social. Su ministerio controló prensa, radio, cine, teatro, literatura, música y artes plásticas; nada se publicaba ni emitía sin su aprobación. Las técnicas de manipulación incluían repetición de mensajes simples, apelación a emociones, creación de un enemigo común, mezcla de verdades parciales con mentiras, exageración, desfiguración y silenciamiento de lo inconveniente. Goebbels ilustra cómo un aparato estatal de propaganda puede transformar la información en un instrumento de control total, facilitando crímenes masivos al alterar la percepción de la realidad.

Aldous Huxley, en Un mundo feliz y en Brave New World Revisited, describe una sociedad donde la tecnología, el consumo y el entretenimiento se usan deliberadamente como instrumentos de política para evitar que la población preste atención a las realidades sociales y políticas. Las distracciones continuas mantienen a la gente ocupada, complaciente y estabilizada, impidiendo la reflexión crítica y la búsqueda de libertad. Huxley advierte que el avance tecnológico y el aumento del tiempo libre no conducen automáticamente a más cultura o felicidad; pueden ser usados para pacificar y controlar a la población, distrayéndola de su realización genuina. Su visión es complementaria a la de Chomsky: mientras el modelo de propaganda enfatiza la selección y omisión de noticias, Huxley subraya el papel del entretenimiento masivo como mecanismo de despolitización.

Nicolás Maquiavelo, en El Príncipe, analiza cómo los gobernantes deben usar la apariencia, el engaño y la astucia para llegar al poder, mantenerse y conservar el Estado, incluso obrando contra la moral convencional cuando la “necesidad” lo exige. No es necesario poseer realmente todas las virtudes; es más importante parecer virtuoso, porque “todos ven lo que pareces, pero pocos tocan quién eres verdaderamente”. Sun Tzu, en El arte de la guerra, sostiene que “el supremo arte de la guerra consiste en someter al enemigo sin combatir” y que el engaño es un elemento central de la estrategia militar y política. La indiferencia del gobierno peruano, la campaña del terruqueo contra cualquier forma de oposición y el apoyo de la prensa monopólica que difunde cotidianamente noticias morbosas sobre bandas criminales para luego propagar hechos orientados a la diversión, como si estuviéramos en el país de las maravillas, obedecen a esta lógica. No caigamos en la indiferencia: la historia nos enseña que el silencio cómplice es el primer paso
hacia la tiranía.
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Perú: 9/10/2026

jueves, 1 de octubre de 2026

ARTE POPULAR COREOGRAFICO PUNEÑO: LOS PULIS

LOS PULIS, MUSICOS Y DANZARINES

Por: José A. Frisancho Loayza.

E

n el año 2017 se declaró patrimonio cultural de la nación a la danza Q'arapuli o Quena quena, la cual es una de las variedades de varias danzas que tienen al término "pulis" como su común sufijo: Pulipulis, Chatrapulis, Llipipulis, Aukipulis y el Q'arapulis en mención.

Siguiendo a Luperio Onofre en la línea de investigación "etnográfica", o indirecta, junto con la observación de videos y otros materiales, el haber visto hace varios años en directo estas danzas, e incluso haber participado en algunas danzas similares -donde los bailarines ejecutan también la música utilizando instrumentos de viento y percusión– me permito transmitir algunas descripciones y reflexiones, incidiendo en la comparación de los Puli pulis –que es la versión más difundida del grupo danzario antes mencionado– y los Q'arapulis danza que se baila específicamente en Juli. Además, consigno comentarios sobre otras danzas relacionadas en proceso de extinción.

Una característica importante de estas danzas –en general- es el uso de una quena grande o larga llamada “qinachu” (quenacho). Suele usarse esta palabra también para designar a quien lo toca o interpreta. Hay también quenas grandes o largas, medio curvas conocidas como “lawa k'umu” (palo encorvado) que se usan en Acora en la danza carnavalesca llamada "chacareros" en la que se emplean picarescas canciones en aimara.

Otra característica importante es el uso de unos "faldellines" blancos por los varones y que llegan más abajo de las rodillas, en el atuendo, los que dan mayor vistosidad durante el trote (de los ejecutantes). Éstos también se usan en otras danzas o grupos musicales colectivos como los "sikuris de varios bombos" (o sikuris estilo umasuyos). En el Q'arapuli de Juli este faldellín está ausente, lo cual es una diferencia notable.

En los Puli pulis también es característico un tocado de plumas multicolores de ave, algunas veces muy suntuoso, elaborado y vistoso por su especial altura. Los Q'arapulis de Juli simplemente llevan un sombrero negro. Los gorros de lana (ch'ullu) siempre están presente en ambos casos.

Otra característica es el paso que es simple, es prácticamente un "trote", no hay movimientos elaborados a los costados, a la derecha e izquierda del danzante, o saltos, inclinaciones, levantamientos de rodilla, etc. Simplemente se sigue una especie de pausado "paso ligero" con contoneos suaves mientras se ejecuta el “qenacho”. En este sentido el Q'arapuli de Juli es más elaborado, ya que los ejecutantes de la danza inclinan el cuerpo a ratos al ritmo de la melodía, así como hacen contoneos suaves a ambos lados mientras ejecutan el instrumento. En los Puli pulis generalmente hombres y mujeres bailan separados los primeros se desplazan en fila. En cambio en los Q'arapulis lo hacen intercalados. Los Puli pulis son de la zona quechua como de la aimara.

MOSHO: Kusillo 10
Es remarcable que el nombre Puli pulis se usa en ambas zonas. Los hay en los distritos de Taraco y Pusi en la provincia de Huancané, Samán en Azángaro, Caracoto en San Román, Calapuja en Lampa, en la zona quechua, aunque en Pusi que está a orillas del lago, también se habla aimara.

Otra característica es la presencia, bufones andinos que siempre van enmascarados, acompañan a los danzantes de manera libre, sin una coreografía especial; actúan de manera espontánea, a veces imitando los pasos de la danza. Su función principal es divertir a la gente con sus ocurrencias o travesuras, y se expresan fingiendo la voz en un tono agudo. A esos bufones de les llama "k'usillu", palabra esta que en quechua y aimara designa al mono.  La vestimenta de los bufones de los Puli pulis y los Q'arapulis difieren, pero su comportamiento es similar y comparten algunos elementos como los pañolones, pecheras y el látigo. Este último difiere en su material; "reatas" hechas de lana en los Puli pulis y "chicotes" de cuero en los Q'arapulis.

Respecto al origen de la palabra Q’arapuli, se ha tratado de explicar en base a la palabra aimara "q'ara" (pelado). Sin embargo, existe también el homónimo "q’ara" que designa de manera despectiva a un español o persona blanca. Incluso en el hablar "loncco" arequipeño hay la palabra "caroso" (de q’aroso) con un significado similar y es derivada del aimara.

Por otra parte, es significativo que esta danza, al menos antes, la bailaban exclusivamente personas entradas en años, mayores de 65 años. Puede ser una exageración, recuerdo a parejas que estarían a finales de sus cincuentas haber visto bailar, hace muchos años.

Según las indagaciones de Luperio Onofre "antiguamente se danzaba el "Q´arapuli" y estaría relacionada con la caza de felinos andinos, lo cual se explicaría por el uso de la característica "montura" que portan sobre los hombros, cubierta de la piel de estos animales, en especial del Uturunco o jaguar.

El "Choqela” es una danza relacionada a la caza de la vicuña y proviene de la cordillera o zonas altas.

El Chatripuli es una danza muy vistosa que aun la danzan los comuneros de Sihuayro en Juli. Se ha dicho de ella que es “una danza ancestral y ritual originaria del altiplano peruano (especialmente de la región Puno, en zonas como Zepita e Ilave) que rinde homenaje a las etapas de cultivo y maduración de la quinua”. <>

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VER TAMBIÈN:

Leónidas Cuentas Gamarra PULI PULIS Fragmento del folleto de su autoría “LA FESTIVIDAD DE LA SANTÍSIMA CRUZ DE HUANCANÉ”

David  Frisancho Pineda: LA DANZA DE LOS "PULI-PULIS" Y SUS VARIANTES. Revista del Instituto Americano de Arte N° 12, Puno noviembre 1978 pp. 42 a 49

Alfonsina Barrionuevo LOS PULI PULIS BAILARINES DE LA KINUA

Elizabeth Uribe Soto LOS Q’ARAPULIS O QINA-QINA DE JULI, en JULI ETERNO N° 27 

martes, 29 de septiembre de 2026

AMÉRICA LATINA FRENTE A LA DOCTRINA DE TRUMP

 SOBERANÍA PARA QUIÉN:

Por: Juan Pari

https://www.efectividat.com/post/

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onald Trump dijo ante las Naciones Unidas algo que América Latina no debería pasar por alto, Estados Unidos, afirmó, que no permitirá que las amenazas contra su país encuentren espacio en ningún lugar del hemisferio y, si fuera necesario, utilizará su poder militar para proteger sus “intereses nacionales vitales”. La afirmación es importante no solo por su dureza, sino porque expresa con extraordinaria claridad la manera en que Washington vuelve a mirar a nuestra región: el hemisferio forma parte de su seguridad nacional y, por tanto, también de la defensa de sus intereses estratégicos. 

No se trata de una frase aislada. La Estrategia de Seguridad Nacional estadounidense habla expresamente de un “Corolario Trump” a la Doctrina Monroe y plantea restaurar la preeminencia de Estados Unidos en el hemisferio occidental, asegurar el acceso a posiciones estratégicas e impedir que competidores extrarregionales controlen activos considerados vitales. La propia Casa Blanca ha ido todavía más lejos al sostener que el hemisferio occidental está nuevamente bajo la “protección y control” de Estados Unidos. 

Estados Unidos está definiendo con bastante precisión qué entiende por defender su soberanía y sus intereses en el hemisferio. La pregunta que corresponde hacernos desde este lado del continente es si nosotros tenemos una definición igualmente clara, visto desde nuestros intereses como región o como país. 

Ahí comienza el verdadero debate sobre el Escudo de las Américas.

El Gobierno de Keiko Fujimori ha presentado nuestra incorporación como una respuesta frente al narcotráfico, la minería ilegal, el lavado de activos, el tráfico de armas, la trata de personas y las redes criminales que operan atravesando fronteras y que requieren cooperación internacional. Ningún Estado puede enfrentarlas completamente solo y el Perú tiene razones suficientes para buscar inteligencia, tecnología y coordinación con otros países. Este argumento parece solido si se ve solo una parte del Escudo de la Americas. 

El Escudo de las Américas no está construido únicamente alrededor de la lucha contra el crimen. La declaración conjunta establece tres pilares: economía, seguridad y coordinación multilateral. Y no es un detalle que el primero sea precisamente el económico. Allí aparecen la revisión de inversiones, la protección de cadenas de suministro de minerales críticos mediante fuentes diversificadas y confiables y la regulación de proveedores considerados confiables para infraestructura digital. 

Entonces la pregunta surge sola: si estamos construyendo una alianza para enfrentar cárteles y organizaciones criminales transnacionales, ¿qué tienen que ver con esa tarea la revisión de inversiones, los minerales críticos, las cadenas de suministro y los proveedores de infraestructura digital? 

No es una pregunta retórica. Un mecanismo de revisión de inversiones no persigue narcotraficantes. Definir qué empresas pueden proporcionar infraestructura digital tampoco. Y asegurar cadenas de suministro de minerales críticos pertenece claramente al terreno económico, industrial y geoestratégico. 

La propia Casa Blanca elimina cualquier ambigüedad al definir al Escudo como la mayor alianza hemisférica de seguridad económica y nacional. El orden de las palabras importa menos que su asociación: para Washington, economía y seguridad forman parte de una misma concepción estratégica. 

Es ahí donde el debate deja de ser solamente sobre criminalidad y pasa a ser sobre poder. 

Porque Estados Unidos parece haber comprendido algo que nosotros discutimos muy poco: en el siglo XXI la soberanía no termina en la frontera. También depende de quién controla tecnología, quién procesa minerales, quién financia infraestructura, quién domina cadenas de suministro, qué inversiones ocupan posiciones estratégicas y cuánto depende un país de decisiones económicas tomadas fuera de su territorio. 

Vista desde Washington, esa lógica es perfectamente comprensible. Estados Unidos no quiere depender de sus competidores para aquello que considera indispensable para su seguridad y su economía. Quiere cadenas de suministro confiables, acceso a minerales críticos, infraestructura segura y capacidad para impedir que potencias rivales controlen activos que considera estratégicos. Eso es exactamente lo que su Estrategia de Seguridad Nacional dice que quiere del hemisferio. 

El problema no es que Estados Unidos tenga intereses. Por supuesto que los tiene. El problema comienza cuando los intereses de Estados Unidos pretenden presentarse como los intereses naturales del hemisferio. 

Porque el hemisferio no es un Estado. No tiene una sola economía, una sola sociedad ni un único interés nacional. Estados Unidos tiene intereses estadounidenses. Brasil tiene intereses brasileños. Perú tiene —o debería tener— intereses peruanos. Podemos coincidir en combatir un cartel y discrepar profundamente sobre una inversión, un puerto, una empresa tecnológica o el destino de nuestros minerales. 

Y ahí aparece una contradicción que merece mucha más atención de la que ha recibido hasta ahora. El Escudo habla de defender la “soberanía hemisférica” y la “soberanía económica”. Pero ¿quién define concretamente el contenido de esa soberanía? 

Si Washington considera que determinada inversión china amenaza la seguridad del hemisferio, pero el Perú considera que esa inversión resulta conveniente para su desarrollo, ¿qué criterio prevalece? Si Estados Unidos considera que determinado proveedor de infraestructura digital no es confiable y el Estado peruano, después de evaluarlo, llega a otra conclusión, ¿quién decide? Si Washington necesita nuestros minerales para asegurar sus cadenas industriales y nosotros queremos utilizarlos para desarrollar procesamiento, proveedores e industria nacional, ¿qué interés debe tener prioridad? 

Ahí se prueba la soberanía. No cuando los intereses coinciden, sino cuando divergen.Y la pregunta no es abstracta. Marco Rubio ha vinculado públicamente la relación estratégica con el Perú no solo con seguridad, sino también con crecimiento económico, inversiones en sectores estratégicos y minerales críticos. Al mismo tiempo, ha contrapuesto las inversiones estadounidenses con proyectos respaldados por China que, según la posición de Washington, plantean preocupaciones sobre transparencia, seguridad de datos y otros aspectos. 

Podemos compartir o discutir esa evaluación estadounidense. Lo que ya no podemos hacer es fingir que China no forma parte de la ecuación. La competencia económica y geopolítica con Beijing está presente en la manera en que Washington piensa el hemisferio y también en la manera en que está construyendo su relación estratégica con el Perú. 

Por eso resulta insuficiente presentar nuestra incorporación al Escudo fundamentalmente como una decisión para combatir el crimen organizado. El crimen es real. La necesidad de cooperación también. Pero el instrumento va bastante más allá de lo que piensa o decide los voceros gubernamentales. Y es precisamente allí donde la posición asumida por el gobierno de Keiko Fujimori necesita mayor escrutinio, es el interés de la patria o es el alineamiento a los intereses norteamericanos 

La presidenta ha dicho que el Perú ingresa al Escudo con “gran determinación y gran entusiasmo”, ha reconocido el liderazgo de Trump en la creación de la coalición y ha colocado como argumento principal la necesidad de enfrentar organizaciones criminales que no respetan fronteras. 

Pero un Estado no define su política exterior por entusiasmo. La define por intereses. Si el primer pilar del Escudo es económico, el Gobierno debería explicar también su dimensión económica. ¿Qué significa para el Perú participar en mecanismos de revisión de inversiones? ¿Qué criterios se utilizarán? ¿Quién determinará qué proveedor tecnológico es confiable? ¿Qué significa proteger cadenas de suministro de minerales críticos y qué lugar ocupará el Perú dentro de esas cadenas? ¿Seremos principalmente proveedores de recursos o existe una estrategia para desarrollar procesamiento, tecnología e industria nacional? 

Y existe una pregunta todavía más delicada: ¿qué ocurrirá cuando la estrategia estadounidense hacia China no coincida con el interés económico peruano? No son preguntas contra Estados Unidos. Tampoco contra el gobierno de Fujimori. Son las preguntas mínimas que debería hacerse cualquier país que se considere soberano antes de incorporarse con entusiasmo a una arquitectura estratégica impulsada por una gran potencia. 

Porque Trump, al menos, no deja dudas sobre aquello que está defendiendo Estados Unidos. Y quizá esa sea precisamente la lección que deberíamos tomar de Washington. 

Estados Unidos considera que depender de otros países para minerales procesados, tecnología, infraestructura estratégica y cadenas de suministro puede transformarse en una vulnerabilidad nacional. Por eso quiere reducir esas dependencias. Por eso busca asegurar recursos. Por eso observa quién controla activos estratégicos. Por eso relaciona economía con seguridad. 

Si esa lógica es válida para Estados Unidos, ¿por qué habría de ser irrelevante para nosotros? ¿Por qué aquello que Washington considera dependencia peligrosa cuando le ocurre a Estados Unidos debería parecernos integración económica cuando nos ocurre al Perú? 

Esa es una discusión que el Escudo abre, quizá incluso a pesar de sí mismo. Tenemos cobre, pero eso no significa que controlemos la cadena económica construida alrededor del cobre. Tenemos minerales estratégicos, pero buena parte de la tecnología, el financiamiento y los eslabones de mayor valor se desarrollan fuera de nuestras fronteras. Construimos grandes puertos, pero todavía tenemos que preguntarnos qué estructura productiva estamos construyendo alrededor de ellos. 

Poseer recursos no es lo mismo que poseer poder. La soberanía económica comienza cuando un país tiene capacidad real para decidir qué hace con esos recursos. Eso significa exportar, pero también procesar. Atraer inversión, pero utilizarla para desarrollar capacidades nacionales. Participar en cadenas globales, pero disputar eslabones de mayor valor. Construir puertos, pero también industria y servicios alrededor de ellos. Vender minerales, pero convertir una parte creciente de esa riqueza en conocimiento, tecnología y empleo productivo. 

La racionalidad de una potencia no tiene por qué ser la racionalidad de nuestro desarrollo. Estados Unidos puede necesitar minerales peruanos para asegurar sus cadenas de suministro. China puede necesitarlos para alimentar las suyas. Ambas cosas pueden generar comercio, inversión y oportunidades para el Perú. Pero ninguna de ellas responde automáticamente a la pregunta que debería preocuparnos: ¿qué estructura productiva queremos construir nosotros con nuestros propios recursos? 

Ese es el contenido material de la soberanía que demasiadas veces olvidamos. Un país puede tener bandera, Constitución, elecciones y territorio propio y seguir dependiendo de otros para transformar sus minerales, financiar su infraestructura, producir tecnología y acceder a determinados mercados. Jurídicamente será soberano. Materialmente, su margen de decisión será bastante menor. 

Y aquí la posición expresada por Lula en la misma Asamblea de Naciones Unidas introduce un contrapunto importante. Brasil, dijo, “no cabe en el patio trasero de nadie”. También advirtió, desde su perspectiva, sobre el recrudecimiento de “tentaciones hegemónicas” en la región. 

No necesitamos convertir a Lula en portavoz de América Latina ni asumir todas sus posiciones para reconocer el problema que plantea. Pero quizá tengamos que llevar su frase un poco más lejos. No basta dejar de ser patio trasero si seguimos siendo cantera. 

Porque podemos rechazar la subordinación política a Washington y continuar dependiendo económicamente de Beijing. Podemos cambiar una relación de dependencia por otra y llamarla multipolaridad. Podemos exportar minerales hacia el este en lugar de hacia el norte y continuar importando la tecnología que esos mismos minerales ayudan a producir. 

Cambiar de potencia no significa cambiar de posición. La autonomía que América Latina necesita no debería consistir en escoger quién ocupará el lugar dominante, sino en aumentar nuestra propia capacidad de decisión. Relacionarnos con Estados Unidos, China, Europa y Asia, atraer inversión y participar en cadenas internacionales, pero hacerlo desde estrategias nacionales y regionales que definan qué queremos obtener de esas relaciones. 

Y ahí aparece otra pregunta incómoda. Estados Unidos piensa hemisféricamente sus cadenas de suministro. China piensa globalmente sus inversiones e infraestructura. Europa identifica y protege sectores estratégicos. ¿Por qué América Latina continúa negociando tantas veces fragmentada, país por país, puerto por puerto, mineral por mineral? 

Tenemos minerales, energía, alimentos, biodiversidad, agua, puertos, océanos, mercados y capacidad científica. Pero recursos fragmentados entre países que negocian aisladamente no equivalen a poder regional. 

Por eso la integración latinoamericana debería dejar de ser una frase ceremonial para convertirse en una estrategia económica. Integración de infraestructura, energía, cadenas productivas, minerales, investigación, tecnología y financiamiento. También cooperación contra el crimen organizado, precisamente porque las organizaciones criminales sí comprendieron hace tiempo aquello que nuestros Estados todavía encuentran difícil: las fronteras nacionales no impiden construir redes regionales. 

Se trata de dejar de presentarnos solos frente a quienes negocian con nosotros desde posiciones de poder muy superiores. Trump ha sido claro. Estados Unidos defenderá sus intereses nacionales, asegurará sus cadenas de suministro, protegerá los sectores que considera estratégicos y disputará la presencia de otras potencias en el hemisferio. No hay ingenuidad en esa política: hay una definición de intereses y una estrategia para defenderlos. 


El problema, por tanto, no es que Estados Unidos actúe como una potencia y piense primero en Estados Unidos. El problema es que el Perú ingrese a una arquitectura concebida desde esos intereses sin explicar con la misma claridad cuáles son los intereses peruanos que está dispuesto a defender. 

Por eso el Escudo de las Américas no puede evaluarse únicamente por su capacidad para combatir el narcotráfico. Si incorpora revisión de inversiones, minerales críticos, cadenas de suministro e infraestructura digital, estamos ante una decisión que toca directamente nuestra política económica, nuestra relación con China y nuestra capacidad futura de decidir sobre sectores estratégicos. Allí el Gobierno de Keiko Fujimori tiene una responsabilidad que no se resuelve con entusiasmo ni con fotografías junto a Trump: debe demostrar que la participación peruana fortalece nuestra soberanía y no convierte las prioridades estratégicas de Washington en prioridades automáticas del Perú. 

Y esta discusión tampoco se resuelve cambiando de potencia. América Latina no gana soberanía si deja de mirar a Washington para depender de Beijing. No queremos ser el patio trasero de Estados Unidos, pero tampoco la cantera estratégica de China ni el proveedor de materias primas de las disputas industriales de otros. Cambiar de dependencia no es conquistar autonomía. 

Nuestra respuesta tiene que ser otra: convertir minerales en industria, inversión en capacidades nacionales, infraestructura en desarrollo productivo, integración regional en poder de negociación y cooperación internacional en una relación entre Estados que conservan el derecho efectivo a decidir. Esa es la soberanía que importa, porque una soberanía que existe solamente en la Constitución, pero carece de capacidad económica, tecnológica y productiva para sostenerse termina siendo una soberanía limitada por la dependencia. 

Estados Unidos ya tiene una doctrina para defender sus intereses en el hemisferio. El Perú y América Latina necesitan una estrategia para defender los propios. No una doctrina contra Estados Unidos. No una doctrina contra China. Una doctrina de autonomía latinoamericana, capaz de negociar con ambos sin subordinarse a ninguno y de convertir nuestros recursos en poder económico propio. 

Porque, finalmente, el debate que abre el Escudo no es si debemos cooperar con Estados Unidos. Debemos hacerlo cuando nuestros intereses coincidan. El verdadero límite aparece cuando dejan de coincidir. Y allí no debería existir ninguna ambigüedad: los intereses del Perú no pueden ser definidos en Washington, Beijing ni en ninguna otra capital. Se definen en el Perú. 

Esa es la diferencia entre participar en una alianza y entrar en una esfera de influencia. Cooperación, sí. Subordinación, no. Socios, sí. Tutores, ninguno. <>