viernes, 5 de junio de 2026

PROCESO ELECCIONARIO EN EL PERU. ENFOQUES DE COYUNTURA POLITICA

DECIRLE NO A UNA MAFIA

César Hildebrandt

En HILDEBRANDT EN SUS TRECE Nº 785 6JUN

H

e escuchado a Yehude Simón, que alguna vez alentó al MRTA desde la más absoluta irresponsabilidad, hablar de que los nuevos tiempos demandan olvidos y perdones. Era un mensaje que incitaba a votar por Fuerza Popular en nombre del sosiego y la aper­tura de miras. Y lo lanzaba en RPP, que es desde hace décadas la emisora oficial del fujimorismo.

El gran problema es que no hay cómo reconciliamos con quienes no quieren al frente iguales sino súbditos, mandados, vasallos de planilla. Hay una superioridad delirante en los mensajes de la secta que lidera la señora que dijo en Harvard que no sería como su padre y que ahora lo pinta como el héroe a seguir: nosotros haremos lo que otros no pueden, obtendremos lo que los demás ni imaginaron, triunfaremos donde todos los demás fracasaron.

Pero lo cierto es que Fujimori arregló la economía con los mismos ajustes que el FMI había exigido a otros países y que él había jurado que no aplicaría jamás. Las izquierdas lo apoyaron por eso y fueron recompensadas con la traición. El señor Fujimori impuso la reforma neoliberal sin anestesia, entronizó la informalidad y el sálvese quien pueda y malbarateó las empresas públicas. Después gobernó para los empresarios. Y en cuanto al terrorismo, la captura de Guzmán fue obra de una policía que llevaba trabajando desde marzo de 1990 y se logró tras un seguimiento silencioso hecho a espaldas de Montesinos y Fujimori.

Encaminar la economía significó la entronización de un modelo económico que empequeñeció al trabajador y lo lanzó al autoempleo. El comienzo del fin del terrorismo le permitió al patriarca crear una autocracia basada en el éxito de la pacificación, un régimen que devoró al país entero, malogró sus instituciones, abolió la separación de po­deres y creó un clientelismo mísero que votaba agradecido por obras que el Estado debía haber hecho décadas atrás.

Es muy difícil dialogar con quienes creen que les debes la vida, el país, tu futuro. Y cuando crees que los fujimoristas han cambiado un poco, que un aspecto de la decencia los ha tentado, que una luz los rozó, entonces los escuchas y te das cuenta: son iguales o peores que sus predecesores, que ya eran horrendos.

Miki Torres, por ejemplo, es hijo del abogado servil que inventó eso de “la interpretación auténtica” para que Fujimori postulara a la ilegítima re-reelección del año 2000. Pero Carlos Torres y Torres Lara, siendo patético, no habría llevado docenas de rollos de papel higiénico a la Keiko Fujimori encarcelada. Miki superó a su apá y ahora, después de sus dichos sobre la conjura que terminó con el gobierno de Castillo, debe tener una relación especialmente intensa con el papel íntimo.

Alberto Fujimori tenía una poderosa inclinación por la vileza, pero no habría traicionado a sus hermanas Juana y Rosa cuando se supo, gracias a Susana Higuchi, que ambas robaban donaciones llegadas del Japón. Fujimori las defendió tribalmente, del mismo modo que lo habría hecho si alguno de sus hijos hubiese requerido su auxilio. Keiko Fujimori ha ido mucho más allá, como es notorio, y ha demostrado tener la sensibilidad moral de una katana.

He intentado explicarme al fujimorismo muchas veces y he llegado a esta seguramente poco novedosa conclusión. Terminando el siglo XX, el Perú sufrió dos experiencias apocalípticas: la salvaje guerrilla de Sendero, emanación de esa izquierda idiota que terminaría apoyando a Fujimori, y la megainflación devastadora del aprismo ladrón del 85 al 90. El Perú, entre las torres derribadas y los coches bomba y la experiencia de un dinero que nada valía, fue la República de Weimar andina. Y así como la República de Weimar incubó el nazismo, el Perú azotado de los 90 estuvo listo para un experimento extremo. Eso fue el fujimorismo, que propuso purgas y venenos, extirpaciones y mutilaciones, regímenes de excepción para un país hecho pedazos. Admitámoslo: algunas medidas radicales surgieron de las condiciones en que nos hallábamos, del drama que vivíamos. Por eso fueron aplaudidas y recibidas con esperanza.

La desgracia es que cuando dejamos el abismo, Fujimori decidió que la concentración de poder que había solicitado para enfrentar la crisis debía continuar. Y no sólo prosiguió, sino que se acentuó. Lo que estaba destinado a salvar al paciente moribundo se convirtió en tratamiento crónico. Y fue así que llegamos a la prensa comprada, al poder judicial esclavizado, a la Fiscalía manejada como banda armada, al Congreso como mesa de partes, a los militares como jefes de compras pestilentes, al Tribunal Constitucional amordazado. Así fue como llegarnos a la salita del SIN, a los hijos de Fujimori estudiando con dinero negro salido del presupuesto, a la prensa chicha y a la televisión de Laura Bozzo.

El fujimorismo nació para la crisis. Por eso creó esta, que nos roe desde el 2016. Por eso vuelve a proponer jueces sin rostro, militares armados en las calles, presos que tengan que ganarse la comida, criminalización de la protesta. Es la vieja fórmula del fascismo: la democracia que yo hice inservible con mis leyes procrimen y la concentración del poder debe ser abolida porque ya no sirve. Es la canallada tautológica.

Por todo esto, no votar por Keiko Fujimori será este domingo un gesto de dignidad. Los peruanos hemos cometido muchos errores a lo largo de nuestra historia, pero premiar con la presidencia a la hija del hombre que vomitó sobre el honor de este país es demasiado. Y abrirle la puerta de Palacio a la señora que ya controla el Congreso, la Junta Nacional de Justicia, el Tribunal Constitucional, la Fiscalía de la Nación y la Defensoría del Pueblo sería un suicidio multitudinario. El fujimorismo se convirtió en mafia con el dinero del presupuesto general de la república. Decirle NO a una mafia que quiere doblegamos otra vez es puro instinto de sobrevivencia. <+>

jueves, 4 de junio de 2026

PROCESO ELECCIONARIO EN EL PERU: ENFOQUES ANALITICOS DE COYUNTURA

 7 DE JUNIO:

EL DEBER NO TIENE PRECIO

Por: Jorge Luis Choque

C

ada 7 de junio, el aparato oficial del Estado se viste de gala. Políticos con procesos abiertos por corrupción, autoridades cuestionadas y altos mandos militares se acomodan los fajines y las medallas ante las cámaras. Con el rostro impostado, recitan discursos solemnes frente al monumento de Francisco Bolognesi. Sin embargo, detrás de la fanfarria y el protocolo, se esconde la manifestación más pura de lo que la academia y la Real Academia Española definen como patrioterismo: un alarde vacío, superficial y una exaltación superflua que oculta una absoluta falta de compromiso real con el país.

Como bien advertía el filósofo Voltaire: “Todos los sobornos se amparan en la patria”. En el Perú contemporáneo, los mismos sectores que debilitan las instituciones y saquean las arcas públicas utilizan los símbolos patrios como un escudo de impunidad. Se envuelven en la bandera no por amor al suelo, sino, en palabras del columnista Carlos Gómez Gil, como un “patriotismo de pacotilla” que sirve para criminalizar al que piensa distinto, crispar a la sociedad y convertir la identidad nacional en un campo de batalla.

Para comprender la hipocresía de la clase dirigente actual, es imperativo mirar hacia el pasado. En mayo de 1880, la guarnición peruana en Arica se encontraba en un estado de abandono absoluto: hombres mal alimentados y con escasas municiones. No fue una fatalidad del destino, sino el resultado de un cálculo político nefasto.

Tras dar un golpe de Estado a finales de 1879, el dictador Nicolás de Piérola priorizó sus recelos partidarios por encima de la defensa nacional. Los historiadores Rubén Vargas Ugarte y Mariano Felipe Paz Soldán coinciden en señalar que Piérola dejó intencionalmente en el abandono al Ejército del Sur, considerándolo un enemigo político leal al depuesto presidente Mariano Ignacio Prado. Impensable para el dictador enviar ayuda; prefirió, como señala la crónica histórica, dejarlos morir a manos del ejército rival.

El desgarrador telegrama enviado por el coronel resuena hoy como un grito atrapado en el tiempo: “Apure, Leiva. Todavía es posible hacer mayor estrago en enemigo victorioso. Arica no se rinde y resistirá hasta el sacrificio”. Pero los 3,000 hombres del coronel Segundo Leiva jamás llegó. La orden venía de Palacio de Gobierno (Piérola). Se envió a Bolognesi y a sus hombres a la muerte con engaños y con una gran ceremonia popular desde el Callao, un desfile pomposo que solo sirvió para maquillar la negligencia de los gobernantes.

El propio Bolognesi plasmó esta indignación en la célebre carta a su esposa el 22 de mayo de 1880, donde desnudó con estremecedora actualidad la miseria de la élite de la época. En ella, desnudó la miseria de la élite de la época con una claridad que estremece por su actualidad: “Dios va a decidir este drama en que los políticos que fugaron y los que asaltaron el poder tienen la misma responsabilidad, unos y otros han dictado con su incapaz conducta, la sentencia que nos aplicará el enemigo”.

Bolognesi no solo enfrentaba las armas del adversario; enfrentaba la corrupción y la deserción moral de su propia dirigencia. Su decisión de cumplir sus “deberes sagrados... hasta quemar el último cartucho” fue una lección de dignidad frente a la podredumbre alta y oficial. Su grandeza se sella con un mandato ético inalcanzable para los políticos de hoy: “Nunca reclames nada para que no crean que mi deber tuvo precio”.

Frente a la farsa, emerge el patriotismo genuino. Maurizio Viroli lo define como aquel que “combate la tiranía, el despótico, la opresión y la corrupción”, basándose en la solidaridad social y el sentido de pertenencia. Ese afecto real no está en los discursos del Congreso, sino en la resistencia diaria de los humildes pobladores, trabajadores independientes y emprendedores que sacan adelante al país con honestidad.

Las madres de las ollas comunes, los agricultores, los microempresarios y quienes madrugan en el transporte público encarnan hoy el espíritu del Morro de Arica. Ellos sostienen la nación a pesar de sufrir un abandono sistémico en salud, seguridad y educación que guarda un paralelismo trágico con la guarnición de 1880. El ciudadano de a pie es el Bolognesi moderno, resistiendo con escasos recursos en su propio peñasco cotidiano.

Como escribió Jorge Luis Borges: “Nadie es patria porque lo somos todos”. La patria no le pertenece a una cúpula que la saquea de lunes a sábado y le rinde homenajes hipócritas los domingos; es el esfuerzo de su gente honrada. El mejor homenaje a Bolognesi no es recitar su frase de memoria, sino ejercer una ciudadanía con la honestidad intransigente de quien sabe que la dignidad no tiene precio. <+>

 

A LAS PUERTAS DE UN DESENLACE POLITICO PARA LA HISTORIA DEL PERU

 LA HORA DE LAS DEFINICIONES

 Por Gustavo Espinoza M. 

B

ien podría decirse que los comicios del 7 de junio están “a la vuelta de la esquina”, Es decir, tendrán lugar en muy pocos días, razón por la cual se incrementan las acciones de los grupos golpistas, asustados ante la posibilidad real de verse envueltos en una nueva y catastrófica derrota. 

Por lo pronto se conoce incluso de iniciativas de orden legal orientadas a anular el proceso electoral próximo, arguyendo asuntos que no resisten el menor análisis. Lo que ocurre simplemente es que la DBA –“la Derecha Bruta y Achorada”, como la llamò en un momento de desesperación uno de sus integrantes- no sabe qué hacer, dónde ponerse ni cómo encarar lo que se le viene. 

Ella tiene en sus manos todos los resortes del Poder, Durante cinco años ha trabajado empeñosamente en la tarea de capturar una a una todas las instituciones del Estado: El Congreso de la República, el Tribunal Constitucional, el Ministerio Público, la Defensora del Pueblo, el Consejo Nacional de Justicia, la Contraloría; en fin, todo lo que de alguna manera pudiese incidir en el escenario electoral que hoy se presenta ante los ojos de los peruanos. 

Por esa misma vía ha logrado presencia decisiva en la ONPE, el Jurado Nacional de Elecciones y otros organismos afines a la estructura electoral porque está convencida que, teniendo bajo su control la organización del Estado, lucirá imbatible.  Por lo demás, así se lo han hecho creer los medios de comunicación a su servicio, las organizaciones empresariales, la cúpula militar, las altas esferas de las dependencias públicas y hasta las cuotas que han logrado asegurar en el Poder Judicial donde hasta hoy maniobran para intimidar a sus opositores y acallarlos. 

Seguramente solo en el Perú se ha dado el caso de que por vía parlamentaria se ha suspendido en sus derechos políticos por diez años a personas solo por asomar en la vida peruana con una aparente posibilidad de postular con posibilidades a la presidencia de la República, Así, han inhabilitado o simplemente encarcelado a personas como como Martín Vizcarra o Guillermo Bermejo, que podrían derrotar fácilmente a Keiko Fujimori en primera vuelta. 

Uno de los pocos -quizá el único- que se les escapo en esta sorprendente “razzia” de castigos, fue Roberto Sánchez por una circunstancia fortuita: Quien lo hubiese reemplazado en el caso de una sanción así, era una persona señalada como transexual. Y eso no podía tolerarlo el puritanismo hipócrita de la ultraderecha más conservadora y medioeval.    

Pero ahora, cuando Roberto Sánchez se agiganta y asoma como el que les quitará la victoria largamente ambicionada, entonces le abrieron Procesos, le pusieron una diligencia judicial el 27 de mayo y tendrá otra el 4 de junio a ver si escarmienta, o se intimidan sus electores. 

En todo caso, ya sabrá -si sale electo- que tendrá la espada de Damocles sobre el cuello para “vacarlo” en la primera de abastados, porque como lo dijo la señora Yarrow, “ya lo hicimos con Castillo y ahora lo haremos con Sánchez”. En otras palabras, en este país, los únicos que tienen derecho a gobernar, son ellos, los “vacadores”. 

Las cosas no están saliendo como ellos quieren. Incluso se supo ya, por parte de los estudiosos en temas de encuestas, que el 20% de quienes votaron en primera vuelta por López Aliaga, de Renovación Nacional, votarán esta vez por Sánchez porque no soportan a la señora Keiko, a la que su Jefe llamó con inusitado desprecio: “vaga de porquería”. 

Se ha dicho, y es verdad, que un pueblo en las condiciones más adversas, cuando se enfrenta a enemigos muy poderosos y rugientes, tiene dos armas   letales: el instinto y la memoria.  Ambas le resultan decisivas y juegan un papel fundamental en todas las circunstancias. 

El Instinto ayuda al pueblo a percibir el peligro y enfrentarlo hasta vencerlo. Y la memoria, le sirve para sustentar las razones de su triunfo. Y el pueblo peruano, que ha demostrado su instinto para derrotar las imposiciones del Neoliberalismo incluso desde las elecciones de 1990, habrá de confirmarlo en esta circunstancia porque a su instinto le suma su memoria, esa que le hará recordar todo lo que significa el fujimorismo en la historia nacional. 

Así veremos ante nuestros ojos a los 15 mil desaparecidos; los asesinatos de Barrios Altos, La Cantuta, El Santa y muchos más: la muerte de Pedro Huilca; el despido de millones de trabajadores; la destrucción del aparato productivo del Estado. El robo de seis mil millones de soles del patrimonio nacional; el remate de las empresas públicas; las violaciones a los Derechos Humanos; los calabozos del SIN; los videos de la corrupción; y todo lo que hemos podido ver a lo largo de los años y que Keiko ha resucitado con sus desorbitadas ansias de Poder. 

En la hora de las definiciones, como decía Vallejo “hay hermanos muchísimo que hacer”. <*>

lunes, 1 de junio de 2026

PROCESO ELECTORAL PERUANO: ENFOQUES SOBRE HECHOS Y CIRCUNSTANCIAS DE PATENTE ACTUALIDAD

 LAS ARMAS DEL ENEMIGO

Por Gustavo Espinoza M.

D

os hechos políticos ocurridos en los últimos días, han servido para elevar la temperatura electoral y han colocado a la derecha en un ángulo oscuro: La masiva movilización del 30 de mayo convocada por los colectivos ¡NO A KEIKO! y que fuera básicamente ignorada por la Televisión local y la “Prensa Grande”; y el debate presidencial del domingo 31, que marcó una diferencia notable entre la voluntad positiva de Roberto Sánchez y la errática conducta de su opositora Keiko Fujimori.

La Marcha del 30 de mayo tuvo lugar en Lima, pero se sintió en todo el país y repercutió incluso en el exterior. La televisión francesa, española, argentina, uruguaya, brasileña, rusa y otras, acogieron con interés las tomas captadas en nuestra capital y las trasmitieron comentándolas como la expresión de una firme voluntad ciudadana en demanda de justicia y de respeto a los Derechos Humanos,

Pero las redes en nuestro país cubrieron ampliamente la información recogida en calles y avenidas de Lima Metropolitana saludando la expresión ciudadana como como el reflejo de una demanda nacional que no ha desaparecido de la conciencia de los peruanos.

Y es que, en efecto, ese fue el sentido esencial de una marcha en la que se puso en evidencia el repudio multitudinario a la conducta del fujimorismo a partir de Alberto, pero proyectado también en su hija Keiko, aspirante a nueva dictadora en estas tierras de Micaela Bastidas y Tomasa Tito Condemayta.

El que hubiese habido quienes cerraron los ojos ante esta realidad no descalifica la acción. Al contrario, la enaltece, porque la coloca muy por encima de la mezquindad y el odio de la clase dominante que se obstina en esconder la realidad como si fuese posible tapar la luz del sol con un dedo.

Por eso, ocultar este significativo episodio cívico constituye un error para la misma causa que enarbolan quienes actuaron de ese modo: puso en evidencia su pequeñez de miras y su absoluta orfandad de valores; pero también su estrechez mental y su ausencia absoluta de espiritualidad.

Y de alguna manera eso se reflejó también en el debate presidencial del día siguiente, que mostró una Keiko adocenada y opaca, anímicamente herida y sin reflejos, que perdida en la lectura de textos inocuos, no fue capaz, siquiera de mantener la imagen de “generosidad” y “amplitud” que había tratado afanosamente de cultivar desde los inicios de la presente campaña.

Eso quizá explique que una importante encuesta hecha en torno a la opinión ciudadana respecto al debate haya arrojado una proporción concluyente: el 82% de los encuestados sostuvo que Roberto Sánchez ganó esa noche, en tanto que apenas un 18% consideró vencedora a la lideresa de Fuerza Popular.

En ese marco, la Mafia sólo tiene la posibilidad de alentar el uso de dos recursos de los que ya se ha venido valiendo: el anticomunismo y el dinero.

El anticomunismo no tiene ninguna base seria. Es muy claro que Roberto Sánchez no es comunista y que su partido -Juntos por el Perú- tampoco es un Partido Comunista. El “peligro” de que el Perú “amanezca rojo” a partir del 8 de junio; es apenas un infundio, cuando no una simple estupidez.

El anticomunismo se basa apenas en el atraso, y en la ignorancia más absoluta. Puede entenderse, quizá, que alguien con estos signos distintivos, se rehúse a votar por Sánchez arguyendo que “no quiere saber nada con los rojos”, pero una expresión así no será fruto del razonamiento ni de la cultura, Será apenas la muestra de un primitivismo incompatible con la evolución de la sociedad de nuestro tiempo.

El dinero, es otra cosa. Efectivamente, la Mafia ha vendo moviendo millones de dólares en esta campaña, pero invertirá aún más en los últimos días de ella. En un país en el que lo que abunda, es la pobreza; los poseedores del capital pueden, en efecto, comprar muchas adhesiones incluso electorales.

Lo vimos cuando Keiko llenó 4 ómnibus y trasladó a Huancayo a más de 200 personas con todos sus gastos pagados para que le sirvieran de “claque” en una presentación que finalmente resultó frustrada por el masivo repudio de la población local

Pero lo vemos también en vivo y en directo con los medios de comunicación y “periodistas” -como Mavila Huerta, Guillermo Thorndike o Milagros Leiva, para citar solo a algunos- El afán de riqueza los devora y su peor pesadilla estriba en considerar que un gobierno progresista y democrático “cambie” el Programa Económico de la Constitución vigente y les quite algunos reales, no a ellos, sino a sus patronos. Es eso lo que les quita el sueño.

De todos modos, es claro que el anticomunismo puede hacer cierto daño en sectores muy atrasados de la vida nacional. Esos, curiosamente, no están en las zonas rurales, donde puede no haber gente “instruida” pero si muy experimentada y sensata; sino en la misma capital y en otras ciudades más o menos “calificadas” de la costa peruana. Allí les hicieron el cuento de las “vírgenes que lloran” y hoy les pueden hacer otro: la de “los comunistas que roban niños”.

Pues bien, esas son ahora las armas a las que recurre el enemigo. Las únicas que le quedan. En lo que a “Juntos por el Perú se refieren, lo que habrá de servirle es confiar en el pueblo y cerrar su campaña en ritmo de victoria. <>

ASUNTOS DE CIENCIA POLITICA

 DEMOCRACIA:

“SE HACE CAMINO AL ANDAR” 1

Por Jorge Rendón Vásquez

L

a democracia es un sistema por el cual los ciudadanos de un Estado–nación, considerados iguales ante la ley, deciden por su voto la forma de gobierno que quieren darse y eligen a quienes habrán de aprobar las leyes y administrar el Estado. Es, según una definición ya clásica, el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo (Abraham Lincoln, Gettysburg, 1863). El pueblo es el conjunto de ciudadanos.

La democracia como noción

La noción de democracia ha sido plasmada en la ley fundamental del Estado o Constitución que todos están obligados a acatar como la condición de su pertenencia al Estado–nación.

La humanidad llegó a esta noción luego de milenios de creer que el poder de mandar en los imperios, reinos, principados y otras circunscripciones territoriales pertenecía a los reyes y a la nobleza por derecho divino, reconocido o santificado por los altos jerarcas de las iglesias. Las leyes y otras disposiciones obligatorias, casi todas arbitrarias, emanaban de estos personajes, y los miembros del gobierno que ellos designaban las hacían cumplir de la manera más brutal, sobre todo cuando las aplicaban a las personas de más baja condición social. Casi todos los habitantes en esos tiempos creían que esa forma de gobierno era normal y que así debía ser, y colaboraban con los reyes, nobles, Iglesia y fuerzas represivas en la aplicación de las decisiones de estos, aunque fueran en su perjuicio.

Llegar a la implantación de las nociones de igualdad de todos ante la ley y de gobierno del pueblo por el pueblo en una parte creciente del pueblo le tomó a la intelectualidad burguesa europea, a la que se ha denominado el Iluminismo, más de doscientos años, luego de lo cual sus partidarios asumieron el poder del Estado y desde allí las aprobaron como leyes. En adelante, el Estado aseguró esta forma de ser social. Hacia fines del siglo XVIII, los países donde esta revolución tenía lugar fueron las colonias inglesas de América del Norte, convertidas en los Estados Unidos, y Francia. A estas nociones se asoció en Francia la vindicta de las clases subyugadas contra los reyes, nobles y sus sujetos que los habían tiranizado, resultante de su odio acumulado durante siglos, que entre 1789 y 1793 hizo rodar más de 50,000 cabezas.

Luego, tras décadas de lucha, práctica y retrocesos en esos y otros Estados, la noción de democracia se generalizó en el mundo.

El funcionamiento de la democracia

Por pequeña que sea la población de un Estado no es posible reunir a sus ciudadanos en asambleas.

Tampoco es posible la nominación directa por los ciudadanos de las personas que quieran los representen. Han surgido para ello los partidos políticos con la función de presentar a los candidatos por los cuales deberán votar los ciudadanos para la conformación de los poderes Legislativo y Ejecutivo y de los gobiernos regionales y municipios.

Deben haber, por lo tanto, ciertos órganos estatales encargados de la identificación y el registro de los ciudadanos, del reconocimiento de los grupos o partidos políticos, de la organización de los comicios y de la solución de las controversias.

Además, en muchos países se ha hecho obligatorio el voto por la necesidad de fundar la dirección del Estado en la voluntad colectiva de los ciudadanos y porque la democracia no solo atribuye derechos sino también obligaciones, y una de las más importantes es la de participar en la conformación de los órganos electivos del Estado.

Sin embargo, en la realidad, la democracia no se comporta tan esquemáticamente. Hay ciertos hechos que la distorsionan, dando lugar a la elección casi cautiva de ciertos candidatos cuyas intenciones difieren de las de sus votantes y, en muchos casos, son inconvenientes o perjudiciales para estos.

Uno de ellos consiste en que la noción de democracia en los ciudadanos no es unívoca. Depende de lo que cada uno crea que ella es y de la manera como considere que él deba o pueda intervenir. Y esto es muy variable: va desde la ausencia de esa noción en numerosos ciudadanos y del impacto de la alienación que les impone ciertas creencias y hábitos hasta un conocimiento teórico y práctico muy completo en algunos. Esto implica que la mayor parte de ellos decide su voto por la obligación de votar y, en gran medida, por la propaganda de los partidos más organizados y con un gran financiamiento.

La realidad histórica demuestra que la mayor parte de ciudadanos, luego de las declaraciones de derechos del fines del siglo XVIII, se fueron sumiendo en el desconocimiento de la democracia, en la indiferencia ante ella y en la impotencia, y dejaron actuar a los grupos que asumieron el poder político o se quedaron en él más allá de los períodos legales, contra las leyes y la voluntad popular o respaldados por las armas del ejército y la policía. Tales fueron los casos emblemáticos de Napoleón Bonaparte, quien se coronó él mismo como emperador en 1804, y de los reyes en Francia en 1815 y 1830, y de los innumerables dictadores de América Latina y otras latitudes.

Los dos momentos de la democracia

En la práctica de la democracia hay dos momentos: el preelectoral y el de la actuación de las personas elegidas.

Los actores del primer momento son los partidos políticos inscritos y los electores.

Los partidos son los titulares de la facultad de seleccionar a los candidatos, inscribirlos en los registros pertinentes y organizar las campañas de propaganda para tratar de convencer a los electores de que voten por ellos. Legalmente, los partidos son conjuntos de ciudadanos que cumplieron los requisitos para obtener la personería política; en nuestro país, acreditar cierto número de afiliados, contar con un número determinado de comités y locales, y tener un ideario o programa y una dirección. En realidad, los partidos son creaciones de algunos grupos de las clases sociales para acceder al poder del Estado y, desde este, aprobar las leyes y otras disposiciones convenientes a los intereses de sus miembros, incluida la corrupción en algunos partidos. Como el costo de su funcionamiento, en organización, empleados, locales, viajes, hoteles, pago de derechos, propaganda y otros, es, por lo general, muy elevado, son los grupos de mayor poder económico los que pueden promoverlos y financiarlos. En cambio, a las clases sociales dependientes o a los grupos salidos de estas o identificados con ellas no les es posible, por lo menos hasta ahora en el Perú, ni siquiera convencer al número de ciudadanos requerido para la inscripción de un partido político y, menos aún, para que cubran el pago de los gastos, con lo cual quedan fuera de la lid electoral. Los electores de las clases sociales de menores recursos con cierta conciencia política lo advierten y optan por otras opciones legalmente posibles que consideran menos malas.

En consecuencia, el primer momento de la democracia se caracteriza por las campañas de propaganda de los partidos políticos para convencer a los electores de que voten por sus candidatos.

Los electores, personas mayores de edad, cumplen la función de elegir a los candidatos que prefieran el día señalado para el acto electoral, momento en el que se expresa su decisión elaborada a partir de ciertas nociones que pueden ir desde un conocimiento profundo de la necesidad del acto electoral y de los candidatos y sus ofertas hasta el desconocimiento de la noción de democracia y de los candidatos y sus propuestas. La experiencia demuestra que la mayor parte de electores adopta su decisión llevada por la alienación y los procedimientos correlativos de manipulación. El resultado es la elección mayoritaria de los candidatos de los partidos representativos de los grupos económicos con mayor poder económico. El caso más aberrante de esta manera de decidir de los electores fue el de Alemania en 1933 que invistió a Adolfo Hitler de la plenitud de poderes del Estado, decisión con la que él y su partido nazi precipitaron al mundo a la Segunda Guerra Mundial y al asesinato de más de seis millones de judíos por las tropas de las SS y del ejército.

En el segundo momento de la democracia, los políticos que asumen la dirección de los órganos del Estado proceden a operar según los intereses de los grupos que los postularon o, desvinculándose de estos, de otros grupos o de sus conveniencias y ventajas personales, puesto que, según la Constitución, ellos representan a la Nación y no hay normas que ciñan ese mandato a los intereses y preferencias de quienes votaron por ellos. En otros términos, los políticos elegidos reciben una autorización para legislar y gobernar como quieran, como si por el voto se les expidiese una carta en blanco y sin la obligación de responder por sus decisiones si transgreden sus compromisos y promesas y las normas constitucionales.

En este momento, los electores pierden totalmente protagonismo. Su opinión queda en su fuero interno y, por lo tanto, carece absolutamente de influencia sobre los gobernantes. La contienda verbal en los órganos colegiados del Estado y en los medios de prensa tiene como actores a los políticos elegidos y a los periodistas, opinólogos y otros personajes que los sirven, que se atacan, malquistan, injurian y defienden: un espectáculo permanente que llena las páginas de los diarios y revistas y los espacios de la TV, y que se vende con los chismes de la farándula, el fútbol y la crónica policial. Tales ataques y contrataques, críticas y diatrivas carecen de efectos legales y, políticamente, solo pueden suscitar curiosidad, asombro, indiferencia y en algunos una opinión que podría manifestarse en su voto en las elecciones siguientes. Como la titularidad de quienes gobiernan procede de los electores, es obvio que los políticos elegidos y sus partidos jamás culpan a estos por haber votado por sus adversarios. Este es un tema tabú que no se toca por una suerte de convenio tácito de los partidos políticos. Por lo tanto, luego de las elecciones, los electores ya son nadie, y solo algunos los imaginan como remotos o fantasmagóricos testigos que declararán por sus votos en el próximo proceso electoral, aunque ya se sabe que en este la manipulación podrá imponer a otros candidatos.

En muchos países subdesarrollados económica y culturalmente a esa manera de ser de la democracia se agregan las transgresiones a la Constitución, disfrazadas con atuendos legales. Por lo demás, siempre les es posible a muchos políticos elegidos convalidar sus ilegalidades, y sobre todo su enriquecimiento ilícito y el de sus parientes y amigos a expensas de los caudales del Estado, puesto que para eso postularon, y valiéndose de los órganos judiciales y electorales proclives a apartarse de la ley y al impulso de abogados fértiles en sofismas.

¿Qué hacer, entonces?

La democracia podría avanzar hacia estadios de mayor conciencia en las mayorías electoras y de perfeccionamiento del mandato recibido por los políticos elegidos. El factor fundamental de la vigencia real de la democracia es la conciencia que de ella tenga la mayor parte de la ciudadanía. Pero para ello deben concurrir varios factores: una educación acendrada y extensa de los niños y adolescentes; una información veraz y ausente de manipulación por los medios de prensa; un sistema de formación profesional compatible con el progreso material e intelectual de nuestra sociedad; una labor pedagógica del Estado, los partidos políticos democráticos y las organizaciones que se creen para este fin sobre el significado y el funcionamiento de la democracia; y una visión más realista en los intelectuales y estudiantes universitarios.

Los programas políticos deberían orientarse a la promoción de la economía, el aumento de la riqueza, la necesidad de dar empleo, una distribución más equitativa del producto, el equilibrio presupuestal, la eliminación de la corrupción, disponer de servicios públicos más extendidos y mejores, incluida una solución rápida y ajustada a las leyes de los conflictos legales, sin lugar para las utopías, sino solo para los cambios que la realidad social requiera.

Addenda

En nuestro país hay una grave anomalía concerniente a los partidos políticos y a los candidatos que ellos presentan. Luego de ser estos elegidos nada obsta para que se aparten del partido al que pertenecen o que desacaten sus disposiciones, no obstante que sin la postulación por ese partido no habrían podido competir, y perdiéndose de vista que son los partidos las agrupaciones con personería política y no sus candidatos. En todo caso, queda entendido que estos se comprometen a promover el ideario y los proyectos de sus partidos en el ejercicio de la función legislativa, ejecutiva, regional o municipal que decidieron a los electores darles su voto. Una exclusión del representante elegido del partido que lo postuló, por renuncia o causa grave legalmente definida, debería implicar su retiro de la función legislativa y su reemplazo por el accesitario declarado. Sería esta una manera de establecer orden y limpieza en el funcionamiento de la democracia en nuestro país.

Además, por la importancia de las funciones electivas, se debería sancionar penalmente a los políticos elegidos que infrinjan la Constitución con sus votos y hechos.

(Comentos, 2/3/2024)

 

1 Del poemario de Antonio Machado Campos de Castilla, Proverbios y cantares (XXIX), 1912.

 Caminante, son tus huellas

el camino y nada más;

Caminante, no hay camino,

se hace camino al andar.

Al andar se hace el camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.

Caminante no hay camino
sino estelas en la mar.

domingo, 31 de mayo de 2026

PROCESO ELECTORAL: VERGONZOSA DESINFORMACIÒN Y PARICIALIDAD DE LA PRENSA PERUANA

EN CAMPAÑA

Ahora la llamada “prensa chocha” está dedicada frenéticamente a hinchar por Fuerza Popular. ¡todo vale en el empeño!

Eloy Marchán

En HILDEBRANDT EN SUS TRECE Nº 784, 29MAY26

L

a prensa limeña ha vuelto a las andadas. Como en el 2021, hace campaña por Keiko Fuji­mori y trata de destruir a su adversario. “El Comercio” ha improvisado una “Unidad de Investigación” dedicada exclusivamente a escarbar en el pasado de Roberto Sán­chez y su entorno.

RPP presenta como “analista independiente” al asesor ex­tranjero que tiene la candidata de Fuerza Popular, mientras que Panamericana Televisión invierte todos sus esfuerzos en advertir que las “garras del comunismo” atraparán el país de ganar Sánchez.

“Juntos por el Perú choca con su propio plan económi­co”, “Roberto Sánchez no se desmarca de Antauro y habla de la salida de Julio Velarde”, “El plan económico de Juntos por el Perú repite las recetas fallidas de Venezuela y Bolivia”, “Carranza expone peligros e incongruencias en el plan de JP” y “Antauro Humala asegura que mantiene alianza con Sánchez y minimiza a Francke”. Son los cinco titulares que esta última se­mana “El Comercio” le dedicó al “adversario”.

En su interior el decano no disimula. Ocho de los últimos quince editoriales del diario que todavía le pertenece a la familia Miró Quesada han sido contra Sánchez.

El del viernes 22 se tituló “No es moderación, es artima­ña”. El del domingo último fue un ataque a Sánchez por pro­mover el cambio de la Constitu­ción. El del martes, post debate técnico, acusó a Juntos por el Perú de tener “doble discurso”. Y el del último miércoles dijo que Sánchez le tiene miedo a Antauro Humala.

Y cuando no son editoria­les, son reportajes de la “Uni­dad de Investigación” con “destapes” sobre Sánchez o su circulo. El miércoles 21 presentaron un informe cuyo titular decía que los cuatro ase­sores más cercanos del candi­dato presidencial de JP tenían un “oscuro historial”.

Tres de los consejeros de Sánchez tenían sus carpetas fiscales archivadas. Del cuarto, Pablo Quiroz Vásquez, jefe de campaña de JP en Lima, afir­maron que tenía “una acusa­ción por violencia” del 2020. ¿Cuál fue el acto de violencia de Quiroz? Llamar “payaso” a un ciudadano venezolano.

El terruqueo ha servido de coartada para apoyar la candidatura de Fujimori. El 21 de abril, cuando se sabía que Sánchez iba a ser el rival de Fujimori, su “Unidad de Investigación” sacó una nota titulada ‘Vicepresidenta de Roberto Sánchez tiene pro­ceso en curso en la fiscalía antiterrorismo”.

La víctima de “El Comercio” es Brígida Curo y la carpeta fiscal a la que referían fue la que se abrió porque, como dirigente de la Federación de Campesinos de Puno, parti­cipó de las protestas contra el régimen de Dina Boluarte.

Los Miró Quesada también están usando las redes socia­les de sus diarios para hacer campaña por el fujimorismo. Desde hace dos semanas es­tán subiendo videos de los columnistas de “El Comercio” pidiendo votar por Fujimori. La campaña se llama “Lo que se juega el Perú” y ya han des­filado Federico Salazar, Jaime de Althaus, Élmer Cuba y Adriana Tudela.

La línea de “El Comercio” la siguen los otros diarios del holding. “Correo” lleva una semana entera sacando por­tadas contra Sánchez. En su primera plana del domingo dijeron que el candidato de JP se está poniendo el “disfraz de cordero para ganar votos”. En la portada de ayer jueves acusaron a JP de querer dividir al país.

Hasta “Gestión” y “Trome”, tabloides que no son políticos, están en la campaña pro-Fujimori.

Ayer jueves “Gestión” tituló que las inversiones están en pausa por la posibilidad de que gane Sánchez. El lunes titu­laron que las propuestas en agroexportadón de JP ponen en riesgo 900 mil empleos, lo que es una extravagante in­exactitud.

Desde hace un mes “Trome” pone en portada de su edi­ción de domingo a un entre­vistado para que hable mal de Sánchez. El último domingo fue Carlos Espá diciendo que Sánchez traerá el comunismo y la miseria para el Perú. El anterior fue Víctor Andrés García Belaunde diciendo: “Sánchez y Antauro son tóxicos y vene­nosos”.

La obsesión de “Perú 21” y de su directora Cecilia Valen­zuela se llama Antauro Humala. Solo en la última semana Valenzuela ha puesto en por­tada cinco veces al autor del “Andahuaylazo”. La primera plana más irreverente fue la del sábado, donde querían dar a entender que Sánchez envió al Vaticano al excanciller Manuel Rodríguez Cuadros para que consiga el apoyo del Papa León XIV. También señalaron que el catolicismo de Sánchez era una farsa porque él prego­na la “religión Tawantinsuyana” de Antauro.

La campaña de los Miró Quesada y Valenzuela por Fujimori ha convertido a “Expreso” en un diario mo­derado. “Expreso” solo ha dedicado dos portadas en la última semana contra Sánchez y ha abordado temas como el “fraude electoral”, el caos en el TC y el fenómeno de El Niño.

El pasado viernes 15 este semanario publicó en portada que Keiko Fujimori tenía como nuevo asesor al cubano nortea­mericano Carlos Díaz-Rosillo. Cuatro días después RPP tuvo en su programa estelar “Am­pliación de noticias” a Díaz-Rosillo y lo presentó como un analista independiente.

Díaz-Rosillo, como era de esperarse, se la pasó alaban­do a Fujimori y atacando a Sánchez. “Sánchez quiere una economía parecida a la cubana y venezolana”, dijo el estadounidense. “Yo creo que hay que ver mucho la persona­lidad de Keiko. Es una persona que ha dado la cara a pesar de que fue acusada injustamen­te”, añadió.

Díaz-Rosillo se paseó luego por Canal N donde repitió el mismo estribillo.

El domingo del debate téc­nico, Diana Seminario tuvo como invitado al economista pinochetista Carlos Adrianzén, quien tuvo que reconocer que Pedro Francke y Gustavo Guerra García tuvieron un mejor manejo, pero a continua­ción dijo: “¿A qué juegan? ¿A engañar o realmente el señor Sánchez va a firmar casi de ro­dillas una hoja de ruta? Sus patrones no lo van a dejar”.

“Panorama”, el dominical de Panamericana Televisión, el canal de Jimmy Pflucker, está exclusivamente dedicado a atacar a Sánchez. Paname­ricana, incluso, ha montado un programa llamado “Pulso Electoral”, conducido por. el atrabiliario Hugo Guerra. Guerra, exsubdirector de “El Comercio” y recordado por manipular en el 2016 un audio del piloto Jesús Vásquez para beneficiar a Keiko Fujimori, se la pasa atacan­do a Sánchez y diciendo que tiene vínculos orgánicos con Movadef.

“Cuarto Poder” también está alineado. El domingo pasado hicieron un informe sobre los candidatos a vice­presidentes, donde atacaron a las de Sánchez y limpiaron a Luis Galarreta de la denuncia por comprar ocho inmuebles mientras fue congresista.

Punto Final”, cuya Uni­dad de Investigación solía sacar buenas primicias, ha hecho reportajes mostrando a Fujimori como la “candidata del diálogo” y entrevistando a los ciudadanos que no votaron por ella, pero que en la segun­da vuelta marcarán la K.

El legendario periodista Edmundo Cruz señala que la cobertura que estamos viendo de los grandes medios es “ses­gada y contradictoria” y busca favorecer a la candidata de los grupos de poder.

Estamos en un momento muy parecido a los noventa. La campaña no es solo con­tra la verdad, sino contra el honor de las personas. Todo esto me hace recordar a los diarios chicha. Ahora los me­dios tienen un alcance mayor y más rápido. Estamos ante una situación perversa”, dice el ganador del Premio María Moors Cabot.

Cruz señala que en el caso de la minería ilegal sirve para ejemplificar cómo los grandes medios usan el tema sólo para atacar a Sánchez: “Lo critican porque dicen que está cerca de la minería ilegal, pero no dicen que Keiko Fujimori desde el Congreso ha promovido esa actividad”.

“Todo esto obedece a una campaña intencional que contradice los principios básicos del periodismo, de informar con verdad y co­herencia”, dice Cruz. <> 

PROCESO ELECTORAL PERUANO: HECHOS DESTACABLES

 LAS ENCUESTAS

Y EL VOTO BLANCO/VICIADO

Ezio Macchione

30MAY26

S

e están difundiendo sondeos —otra vez, nada casuales— que instalan un dato enorme sobre el voto blanco y viciado: Datum, publicado por El Comercio, habla de 24,9% sumando ambas opciones; CPI, según Infobae, registra 22,6%. No estamos ante una cifra menor: estamos ante la construcción mediática de un bloque electoral gigantesco, presentado como si fuera una tendencia natural, espontánea, casi inevitable. 

Y ahí empieza mi desconfianza. Porque en el Perú las encuestas electorales no han sido precisamente un monumento a la precisión. En 2011, Datum daba a Keiko Fujimori por delante de Ollanta Humala pocos días antes de la segunda vuelta; ganó Humala. En 2016, a ocho días de la votación, las principales encuestadoras ponían a Keiko adelante sobre PPK; ganó PPK. En 2021, Reuters reportaba en la víspera un sondeo de Ipsos con Keiko ligeramente por encima de Castillo; terminó ganando Castillo. Demasiadas “fotografías del momento” que luego se parecen muy poco a la película real. 

Que después lo llamen margen de error, volatilidad del electorado o limitación metodológica. Para mí, hay algo más: cálculo político. Las encuestas no solo miden; también ordenan, empujan, instalan climas, crean sensación de mayoría, normalizan conductas. Y cuando hoy se le da tanto cuerpo al voto blanco y viciado, cuando se lo presenta como una masa enorme, respetable y casi inevitable, la pregunta es obvia: ¿a quién le conviene?

Mi apuesta queda escrita desde ahora: entre voto blanco y voto viciado no llegarán ni al 7%. Y cuando eso ocurra, lamentablemente tampoco servirá —como no ha servido antes— para que muchos entiendan que estos sondeos funcionan demasiadas veces como instrumentos de presión política, no como simples mediciones neutrales de la realidad.

Porque seamos serios: la mayoría de quienes hoy coquetean con viciar el voto no son fujimoristas. Son personas que rechazan al fujimorismo, pero que tampoco quieren votar por la otra opción. Y justamente ahí está la trampa. En una elección así, esa neutralidad no cae en el vacío: desactiva sobre todo votos antifujimoristas y deja el camino más libre al poder que ya está organizado, blindado y listo para capturar formalmente el Estado.

El fujimorismo no necesita convencer a todos. Le basta con que una parte del antifujimorismo se retire de la cancha, se lave las manos, anule su voto y crea que hizo una protesta elegante. Matemáticamente el voto viciado no se suma a Keiko, claro. Pero políticamente puede servirle, porque reduce la resistencia efectiva contra su llegada a Palacio.

Y esa es la contradicción brutal: muchos dicen que viciarán el voto porque rechazan al fujimorismo, pero en la práctica pueden terminar facilitando que el fujimorismo obtenga el poder formal que durante años ya ejerció sin tener la presidencia. No hablamos de un partido cualquiera. Hablamos de una maquinaria que ha bloqueado gobiernos, condicionado Congresos, capturado instituciones y empujado al país hacia este régimen congresual mediocre, blindado e ingobernable.

Entonces la pregunta no es si el voto viciado es limpio, digno o moralmente cómodo. La pregunta real es mucho más incómoda:

¿A quién le sirve?

Y cada vez queda más claro que, en esta elección, le sirve exactamente al poder que muchos dicen combatir, pero que podrían terminar ayudando por omisión. <>