BRÍGIDA CURO
ANTE LOS EMBATES DEL CLASISMO Y EL RACISMO
Por
Nury García* 17/04/2026
“Cuando se es mujer, y del sur, comunera,
agricultora, indígena, el castigo es más rápido, más duro y más cargado de
desprecio. Pero esto no es solo respecto a Brígida Curo, es sobre quiénes podemos
entrar a la política sin ser consideradas intrusas porque no cumplimos cierto
“perfil social””.
17
de abril, 2026.- Los calificativos que se hacen sobre Brígida Curo, segunda
vicepresidenta de R. Sánchez refleja un profundo clasismo y racismo. Allí no
vemos una discusión sobre la preparación que se debiera tener para cargos tan
altos sino la selectiva reacción de una candidata o candidato del mundo rural o
popular, sin estudios “superiores”: “¿Cómo va a gobernar a alguien así?”. Es decir:
“gente como ella no deberían estar ahí!”.
Para
muchos, salirse de “su” lugar justifica las burlas por su nivel educativo,
sospechas por sus ingresos, desprecio por venir de regiones como Puno, por no
hablar como se esperaría, por no haberse “blanqueado” con los diplomas de
rigor.
Esa
es la cuestión de fondo, que cuando aparece alguien con una trayectoria fuera
de los circuitos tradicionales, el debate deja de centrarse en su capacidad
real y se desplaza hacia su “nivel”. Eso no es una crítica política, es la
muestra de una política degrada.
Una
cosa es esperar cierta preparación, experiencia, capacidad de gestión,
conocimiento del Estado; otra cosa es que ello sea un filtro social en que el
título vale más que la trayectoria, el lenguaje pesa más que la experiencia, el
origen define la supuesta capacidad.
De
ese modo, ya no se evalúa quién puede gobernar sino quién merece hacerlo. Y tal
“merecimiento” sigue orientando y perpetuando jerarquías muy claras, como lo
urbano sobre lo rural, Lima sobre regiones, una élite “formada” sobre el mundo
popular. Entonces, no es casual que se tolere más a “políticos” con
estudios, pero incompetentes o corruptos y miserables
Además,
cuando se es mujer, y del sur, comunera, agricultora, indígena, el castigo es
más rápido, más duro y más cargado de desprecio. Pero esto no es solo respecto
a Brígida Curo, es sobre quiénes podemos entrar a la política sin ser
consideradas intrusas porque no cumplimos cierto “perfil social”.
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* Nury
García es socióloga, educadora popular, marxista defensora de la comunidad.
¿SOLO LOS INSTRUIDOS?
Eland
Vera
Es
muy positivo que se discuta si las personas sin instrucción profesional, de
procedencia rural, de status social bajo o de identidad indígena, merezcan
acceder a funciones de representación política. Y es que, se pone en debate el
núcleo de la representación y nuestra capacidad para respetar e interpelarnos
ante el otro.
Se
afirma que los ciudadanos deben "estar preparados" para gobernar. E
inmediatamente asociamos preparación a instrucción profesional. Evidentemente,
es una parte de la preparación, pero a mi juicio, hay factores superiores al
título universitario. Como la capacidad de dirigir/liderar voluntades, como la
velocidad de reacción ante la incertidumbre, como la inteligencia para elegir
alternativas, como el sentido ético de las funciones, como la capacidad de
escuchar y aprender del humilde y el sabio, como la capacidad de trabajo sin
desmayo, como la astucia en las decisiones. Y las dos capacidades que más
valoro: ser más para servir mejor, y trabajar por desterrar la injusticia.
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NOS PREFIEREN CHOROS, NO CHOLOS.
Por:
Chola soy
Hay
algo que no estamos queriendo admitir.
Cuando
una mujer andina, quechua, campesina, indígena (como Brígida Curo) decide
entrar a la política, se rompen varios esquemas al mismo tiempo, de quién
“debería” gobernar, de cómo “debería” verse el poder y de quiénes han tenido
siempre la palabra.
No
es que sorprenda una candidatura. Lo que incomoda es quién la encarna.
Brígida
Curo, ni muchas de nosotras respondemos a ese molde tradicional.
Durante
años hemos visto pasar autoridades con discursos técnicos, hojas de vida
impecables y trayectorias que parecían incuestionables. Y aun así, eso nunca
generó la misma duda o cuestionamiento como ahora.
Entonces,
¿qué es lo que realmente está en discusión?.
He
visto demasiados comentarios intentando bajarle el peso a la candidatura de
Brígida Curo. Que si no tiene estudios superiores, que si “no da la imagen”,
que "cómo alguien así va a representar al país". ¿Alguien así cómo?.
Porque
cuando una persona es blanco, de ciudad, con título universitario, nadie
cuestiona si “se ve” como autoridad. Nadie duda si pertenece a ese espacio.
Pero cuando es una mujer y es indígena, quechua, campesina, marrona, ahí sí
aparecen todos los filtros.
Y
lo más evidente: la vara no es la misma para todos.
Ahí
tienen a Rafael López Aliaga soltando frases con contenido sexual, comentarios
racistas y clasistas… y el nivel de indignación no es ni de cerca el mismo. No
se le cuestiona si “representa bien” al país por cómo habla o por lo que dice.
No se pone en duda su lugar en la política.
Pero
a Brígida Curo y a las mujeres indígenas, andinas, quechuas y campesinas, sí.
Se
nos mide por nuestro origen, nuestro acento, nuestra apariencia, por no haber
pasado por los espacios que históricamente han sido privilegio de unos pocos y
lo disfrazan de “exigencia”, de “preparación”, de “nivel”.
No
necesitamos normalizar nuestra presencia. Nuestra presencia ya es legítima.
Este
país ha tenido de sobra políticos con maestrías, doctorados y apellidos
reconocidos… y eso no evitó corrupción, racismo, clasismo, abuso de poder.
Entonces
no, no es un tema de títulos.
Es
cómo nos ven.
De
dónde venimos.
Qué
idioma hablamos.
Es
racismo.
Es
clasismo.
Y
mientras no se diga así de claro, se va a seguir repitiendo lo mismo: cholear,
terrukear, excluir, minimizar y ridiculizar a quienes no encajamos en ese molde
tradicional de poder.
Una
mujer indígena, quechua, aymara, campesina en política no “debería sorprender”.
Lo
que debería incomodar e indignar es que, en pleno siglo XXI, todavía haya
quienes miran con extrañeza que ocupemos espacios que siempre nos han
pertenecido tanto como a cualquiera.
Todavía
hay quienes nos relacionan con el delito antes que con el poder.
Porque
claro, nos prefieren choros, no cholos. <>
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𝐏𝐑𝐎𝐍𝐔𝐍𝐂𝐈𝐀𝐌𝐈𝐄𝐍𝐓𝐎
𝐈𝐍𝐒𝐓𝐈𝐓𝐔𝐂𝐈𝐎𝐍𝐀𝐋
𝐄𝐋
𝐑𝐀𝐂𝐈𝐒𝐌𝐎
𝐍𝐎
𝐄𝐒
𝐎𝐏𝐈𝐍𝐈Ó𝐍: 𝐄𝐒
𝐔𝐍
𝐃𝐄𝐋𝐈𝐓𝐎
𝐘
𝐔𝐍𝐀
𝐇𝐄𝐑𝐈𝐃𝐀
𝐇𝐈𝐒𝐓Ó𝐑𝐈𝐂𝐀
𝐋𝐎𝐒 𝐇𝐄𝐂𝐇𝐎𝐒
Entre
el 15 de abril de 2026, en el contexto de las Elecciones Generales del Perú, el
streamer Cristopher Puente Viena ("Cristorata"), con cerca de 700 mil
seguidores, lanzó en vivo ataques racistas y discriminatorios contra la
población de Puno, Cusco y Ayacucho. Sus expresiones incluyeron términos como
"serranos de mi***a", "andinos burros", "por la altura
no les llega el oxígeno al cerebro", además de la amenaza de enviar una
bomba contra nuestros pueblos y el anuncio de que dejaría de consumir mote y
cuy como expresión de desprecio hacia nuestra cultura.
En
ese mismo contexto digital, Jorge Alexander Quispe ("Bebote" /
"Esbebote"), también con presencia masiva en redes, emitió
comentarios calificados como racistas y discriminatorios hacia los votantes de
las regiones andinas. Estos hechos no son aislados: en redes sociales
circularon durante esos días múltiples expresiones de odio contra la población
andina del sur del país por parte de otros usuarios y creadores de contenido,
evidenciando un patrón de racismo estructural que se activa cada vez que el
voto del sur andino incomoda a ciertos sectores.
𝐍𝐔𝐄𝐒𝐓𝐑𝐀 𝐏𝐎𝐒𝐈𝐂𝐈Ó𝐍
Desde
IDECA rechazamos de manera categórica e irrevocable estos actos de racismo y
discriminación. Lo que ocurrió no es crítica política ni ejercicio de la
libertad de expresión: es discriminación racial agravada, tipificada como
delito en el Artículo 323 del Código Penal peruano, con penas de hasta cuatro
años cuando se usan plataformas digitales o medios masivos. Lo respaldan
también el Convenio 169 de la OIT, la Declaración de la ONU sobre Derechos de
los Pueblos Indígenas y el artículo 2, inciso 2 de nuestra Constitución.
Las
disculpas públicas no extinguen la responsabilidad penal. No son suficientes.
Las
poblaciones quechuas, aymaras y uros no somos ciudadanía de segunda. Nuestro
voto, nuestra lengua, nuestra alimentación, nuestra cosmovisión y nuestra
identidad no son motivo de vergüenza ni de burla. Son la memoria viva de este
país. Insultarnos por cómo votamos o por lo que somos reproduce siglos de
colonialismo. No lo vamos a normalizar.
𝐋𝐎 𝐐𝐔𝐄 𝐄𝐗𝐈𝐆𝐈𝐌𝐎𝐒
Exigimos
a la Fiscalía Penal Especializada en Derechos Humanos acumular todas las denuncias
presentadas, investigar a todos los involucrados —incluyendo a Jorge Alexander
Quispe ("Bebote")— e identificar a quienes emitieron expresiones
similares en redes, hasta alcanzar una sentencia condenatoria que siente
precedente.
Exigimos
a la Defensoría del Pueblo pronunciarse de manera urgente y específica sobre
estos hechos, y convocar al Comité Nacional de Lucha Contra el Racismo y toda
Forma de Discriminación. Su silencio hasta hoy resulta inaceptable.
Exigimos
al Congreso de la República legislar con urgencia sobre discursos de odio en
plataformas digitales, estableciendo responsabilidades claras para creadores de
contenido con audiencias masivas.
Exigimos
a las plataformas digitales —Kick, YouTube, TikTok y otras— aplicar mecanismos
efectivos de moderación y sanción del contenido racista en español, con
sensibilidad hacia las realidades andinas e indígenas.
Exigimos
al Estado peruano garantizar políticas públicas de reparación simbólica y
valorización de las identidades y culturas de los pueblos originarios.
𝐀 𝐋𝐀𝐒 𝐂𝐎𝐌𝐔𝐍𝐈𝐃𝐀𝐃𝐄𝐒 𝐃𝐄 𝐏𝐔𝐍𝐎 𝐘
𝐃𝐄𝐋 𝐒𝐔𝐑 𝐀𝐍𝐃𝐈𝐍𝐎
A
nuestros hermanos y hermanas quechuas, aymaras y uros, y a todos los pueblos
del sur andino: no estamos solos. Lo que se vivió no fue un simple insulto en
internet, fue racismo. Un racismo que sigue presente entre nosotros y que no
podemos seguir ignorando.
Nuestro
voto, nuestras lenguas, nuestras montañas y nuestros lagos son parte de lo que
somos como país. Señalar el racismo, decir quién lo ejerce y hacernos responsables
como sociedad, es necesario para que no se repita.
¡𝐉𝐚𝐥𝐥𝐚𝐥𝐥𝐚 𝐏𝐮𝐧𝐨!
¡𝐊𝐚𝐮𝐬𝐚𝐜𝐡𝐮𝐧 𝐏𝐮𝐧𝐨!
¡𝐏𝐮𝐧𝐨 𝐬𝐞 𝐫𝐞𝐬𝐩𝐞𝐭𝐚!
¡𝐁𝐚𝐬𝐭𝐚 𝐝𝐞 𝐫𝐚𝐜𝐢𝐬𝐦𝐨!
Instituto
de Estudios de las Culturas Andinas — IDECA Puno, Perú
18
de abril de 2026
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