sábado, 9 de mayo de 2026

COSTUMBRES DE MI TIERRA

 ALASITAS:

FIESTA DE FE Y FANTASÍA.

Liliana Quinto Laguna*

A

lasita en el idioma aymara significa: Cómprame.

La fiesta de las Alasitas se celebra cada año en la ciudad de Puno, en el mes de mayo, siendo el tres el día central. Está cohesionada con la celebración ritual de la Cruz que se encuentra en la capilla del barrio Bellavista, a la cual se acercan los devotos para sus oraciones con productos adquiridos en la feria. Esta festividad cuenta con alferados que se comprometen a cumplir con la ritualidad, tradición y costumbres, lo cual se realiza también en diversas provincias de la Región de Puno.

En mayo, la ciudad de Puno se viste de color y creatividad, gracias a la exposición de diversos objetos elaborados en miniatura con el empleo de diferentes materiales como yeso, arcilla, vidrio, cuero, hojalata, hierro, madera, tela, lana, entre otros. Esta es también la feria de la creatividad donde los artesanos hacen gala de su arte, habilidad y paciencia para la elaboración de productos en miniatura, que dejan admirados a quienes los adquieren, gracias a lo meticuloso y a la belleza de sus acabados, convirtiéndose de ese modo en verdaderas obras de arte, muchas de ellas coleccionables.

La fantasía y la fe se abren paso; es esa capacidad humana de imaginar, idealizar, representar mentalmente lo que tanto se anhela con la seguridad o con la confianza de lograrlo; es un sentimiento firme que se asocia con creencias religiosas ya sea en deidades o doctrinas; todo ello aunado con la certeza de ver plasmado en la realidad lo que se aspira gracias al trabajo constante y esfuerzo indesmayable. Y es precisamente en la Feria de las Alasitas en la que el poblador ve posibilidades para lograr sus sueños. Por eso, con ansias y ternura busca los objetos anhelados, tales como casitas, carritos, negocitos, mueblecitos, trajecitos, titulitos (en los que hacen consignar sus nombres) fajos de dinerito, costalitos de alimentos, entre muchos otros objetos en miniatura. Uno de los trabajos de arte que sobresale por su representación y belleza en su elaboración, es el torito de Pukará.

Los productos adquiridos con emoción y fe posteriormente son bendecidos y sahumados por los vendedores. Para el sahumerio queman hierbas o maderas aromáticas para purificar, aromatizar o limpiar energéticamente objetos; práctica ancestral para liberar energías negativas y elevar vibraciones. Luego de esta ritualidad la persona llega a su hogar con el ánimo y anhelo de lograr su real objetivo.

Estas prácticas inmersas en la ritualidad se transmiten de generación en generación, muchos de ellos conservan celosamente los ritos ancestrales.

El personaje central de esta festividad de las alasitas es el Ekeko, un personaje de tez clara, regordete, bonachón en apariencia, de amplia sonrisa y con los brazos abiertos ataviado con traje andino, con ojotas y chullo, cubierto de variedad de cosas y productos, como dinero, objetos de construcción, alimentos, etc. Este personaje representa la fortuna y abundancia. En varios lugares collavinos, hay familias que tienen por costumbre hacerle fumar en determinados días del mes, ya que de esta manera fortifican su fe e ilusión para obtener logros en sus deseos. En algunos hogares se siente regocijo y bienestar con el Ekeko entronizado, esperando así, éxitos y bonanzas.

Para este año la Municipalidad Provincial de Puno junto a la comisión organizadora de Alasitas, convocaron al segundo concurso de miniatura artesanal, con el objetivo de promover, preservar y revalorar el arte en miniatura artesanal puneña, en el marco de esta tradicional festividad de las alasitas. Para próximos años se espera mayor planificación y orden de stands con la premisa de que es una feria exclusivamente para productos en miniatura.

Y que continúe la magia de ilusión y ternura con el niño o niña que todos llevamos dentro. <:>


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* Texto y fotografías: Liliana Quinto Laguna

PROCESO ELECTORAL PERUANO: ANALIZANDO LA COYUNTURA POLITICA

 EL ASCENSO DE LA IZQUIERDA REGIONAL

Y EL NUEVO MAPA DE PODER EN EL PERÚ

Paulo Vilca

LA REPÚBLICA, 8MAY26

E

sta izquierda se caracteriza por carecer de grandes pretensiones ideológicas, optando por un populismo militante enfocado en la "soberanía del bolsillo".

El proceso electoral del 2021 no debe entenderse simplemente como el ascenso accidental de un profesor chotano, sino como el síntoma de una transformación estructural en la representación política del país. La llegada de Pedro Castillo a la presidencia trajo consigo el mayor número de parlamentarios de izquierda desde la década de 1980. Agrupados inicialmente en Perú Libre y, en menor medida, en Juntos por el Perú, marcaron una ruptura política y sociológica con el pasado.

En contraste con periodos legislativos anteriores, donde la izquierda peruana estaba vinculada o era liderada por actores con trayectorias en el establishment limeño —proveniente de la academia y las clases medias ilustradas—, la representación de 2021 fue mayoritariamente provinciana. Nombres entonces poco conocidos como Guido Bellido, Silvana Robles o Jaime Quito, irrumpieron en escena con un denominador común: su distancia de los círculos de poder de la capital y su arraigo en las dinámicas regionales.

La descentralización de facto y el nuevo perfil dirigencial

Si bien la llegada de "actores periféricos" se ha observado también en grupos de centro o derecha, es en la izquierda donde este fenómeno ha permitido avizorar una recomposición real del poder. Estamos ante una suerte de "descentralización política de facto". El contraste es nítido: frente a la izquierda capitalina cosmopolita y mesocrática, se erige una nueva ola de raigambre popular y regional.

A diferencia del Humalismo de 2006 y 2011 y del Frente Amplio de 2016, que integraron a intelectuales y tecnócratas progresistas en sus filas legislativas, la izquierda de 2021 presentó una identidad sindicalista y magisterial. Estos nuevos parlamentarios no eran rostros frecuentes en los comités directivos de las organizaciones de sociedad civil ni ocupaban espacios de opinión en los grandes medios de comunicación. En su mayoría eran dirigentes y operadores locales de sindicatos y organizaciones sociales de base con conocimiento del territorio y una capacidad de movilización que superaban con creces los sofisticados discursos ideológicos de sus antecesores.

Independientemente de las críticas sobre su desempeño, los resultados del 2026 han ratificado esta tendencia. La representación electoral de la izquierda se ha desplazado de forma irreversible fuera de Lima, favoreciendo a cuadros que antes eran sistemáticamente ignorados o considerados periféricos por las élites. El ascenso de Castillo y la consolidación de figuras como Roberto Sánchez no son accidentes históricos, sino evidencias claras de un cambio en la estructura de la agencia política nacional.

El pragmatismo de Roberto Sánchez: política en tiempos de crisis

En este panorama, la figura de Sánchez emerge como un actor central que a menudo pasó desapercibido frente al protagonismo de Castillo y Vladimir Cerrón. El 2021 nos trajo al médico huancaíno, al profesor cajamarquino y al psicólogo huaralino, que ha demostrado ser un político versátil para los tiempos de crisis que vive la democracia peruana: lidera un partido con historia desde inicios de siglo, logró ser el ministro más longevo del gabinete de Castillo, preservó una bancada parlamentaria y eludió las acusaciones que buscaron su desafuero.

Para las elecciones de 2026, Sánchez forjó una alianza estratégica que unió las distintas vertientes del castillismo con actores como Antauro Humala, colegas parlamentarios y un nutrido grupo de dirigentes sociales. Su perfil refleja fielmente a esta izquierda periférica cuyo arraigo social y económico está más cerca de los puestos de mercado que de las cafeterías y universidades privadas. No vienen de las ONG o los think tanks, sino del pliego de reclamos, la huelga y la gestión pública subnacional.

Esta izquierda se caracteriza por carecer de grandes pretensiones ideológicas, optando por un populismo militante enfocado en la "soberanía del bolsillo". Actúa con pragmatismo negociador y prefiere canjear la "revolución imposible" por mejoras laborales para sus agremiados o un nuevo régimen de concesiones mineras. Además, mientras otros reniegan de Pedro Castillo, Sánchez y sus aliados se reclaman sus herederos y reivindican el legado histórico que significa haber tenido un campesino ocupando la silla presidencial. El sombrero cajamarquino se convierte en un símbolo de identidad, lucha y victoria popular.

Las vicepresidentas y la nueva representación femenina

La transición hacia esta izquierda popular también se manifiesta en las figuras de Analí Márquez y Brígida Curo, vicepresidentas de Juntos por el Perú. Ellas personifican el paso de la "segunda línea" dirigencial al protagonismo nacional, aportando una carga simbólica que la izquierda tradicional ha intentado articular discursivamente pero que ellas encarnan de forma orgánica. Asimismo, rompen el molde del feminismo urbano y académico que predominaba en la representación izquierdista durante los últimos años.

Antauro y Roberto
Su presencia muestra que la participación femenina en este nuevo esquema debe ir acompañada de una representatividad territorial real. No basta con cumplir con la cuota de género, se requiere una identidad ligada al territorio. La procedencia de ambas candidatas aleja la oferta política de los discursos tecnocráticos y conecta directamente con las demandas anticentralistas del sur peruano. Y en el caso de Curo la variable identitaria indígena se vuelve un eje esencial, elevando a quienes antes se consideraban secundarios a las esferas más altas del Poder Ejecutivo.

El análisis de las demandas de la izquierda de la periferia muestra una brecha crucial con la izquierda tradicional. Mientras esta última se enfoca en reformas institucionales, derechos civiles progresistas y conservación ambiental; la primera prioriza la redistribución de recursos, el control de los recursos naturales y mantiene una agenda social conservadora. Sin embargo, existen puntos de consenso ineludibles: la convocatoria a una Asamblea Constituyente, el fortalecimiento del rol del Estado en la economía y la regulación estricta de la actividad empresarial privada.

Sobre la voluntad antidemocrática del último mensaje de Pedro Castillo -que para muchos analistas es la prueba irrefutable de un golpismo latente-, los grupos de esta izquierda emergente mantienen una visión distinta: consideran dicha medida como la acción desesperada de un maestro rural acorralado por sus enemigos políticos, más que un intento serio de instaurar un régimen autoritario.

El escenario parlamentario

En el Parlamento elegido el 12 de abril de 2026, esta tendencia no se limita a Juntos por el Perú, sino que abarca a sectores de Obras. Ambos grupos comparten orígenes provincianos, trayectorias dirigenciales y lenguaje nacionalista radical. Temas como la nacionalización del gas o la defensa de Petroperú son ejes centrales de su discurso en sintonía con el antaurismo.

No está de más mencionar que a diferencia del Perú Libre de 2021, la experiencia de los últimos cinco años los ha hecho más conscientes de sus limitaciones y tampoco se ven a sí mismos como la única y verdadera izquierda. Por supuesto, nada de lo dicho implica que en el ajetreo de la vida parlamentaria y la crisis política, dicha agenda sea abandonada y algunos repitan los extremos oportunistas del “fujicerronismo” o acaben como Guido Bellido buscando la reelección en el partido de José Luna, compartiendo militancia y spot de campaña con Daniel Urresti.

La nueva reconfiguración

El futuro mostrará si esta reconfiguración política se confirma como una tendencia consolidada. Por ahora queda claro que el Congreso ya no es un espejo de la élite política limeña. La izquierda que sobrevive y se expande es aquella que "camina por el territorio". Es una izquierda que ha comprendido que para llegar a la Plaza Bolívar no necesita el visto bueno de la capital, sino el respaldo que alcance en las calles y plazas del interior del país. <=>

viernes, 8 de mayo de 2026

MÀS SOBRE EL GOLPE MILITAR "DEMOCRATICO" ANTE LA POSIBILIDAD DEL TRIUNFO DE LA IZQUIERDA

 EL GOLPE AVISA

Ricardo Velasco

En HILDEBRANDT EN SUS TRECE Nº 781. 8MAY26

La posibilidad de que Roberto Sánchez derrote a Keiko Fujimori ha agitado un avispero que amenaza con una “intervención militar controlada” y se llena de frases patrióticas y lanza vaticinios sobre una presunta guerra civil que está a la vuelta del conteo. 

L

a idea de que Roberto Sánchez se convierta en el panetón 2026 ha empeza­do a generar pánico entre las facciones de la derecha radical. Un grupo de mili­tares en retiro y de streamers están promoviendo la instalación de un gobierno militar que desconozca los resultados de la primera vuelta y organice nuevas elecciones. El objetivo úl­timo es evitar que Sánchez se enfunde la banda presi­dencial.

El general del Ejército en retiro Roger Zevallos Rodríguez, jubilado desde el 2017 tras 40 años de servicio, señala:

“Mi alternativa de so­lución es un ‘golpe militar democrático’. Es una figura que escapa a la Constitución y la ley. Es tomar el poder por un año y convocar a elecciones justas y trans­parentes. Existen dos vías para realizarlo: una pacífi­ca, que sería a través de la negociación, y la otra vio­lenta, por la presión con las armas. He conversado con compañeros que están en actividad y en retiro. Hay quienes están a favor y otros en contra”.

Zevallos Rodríguez parti­cipó en la operación “Chavín de Huántar” y fue jefe de inteligencia del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas. En la década pasada la Policía y la revista Caretas denunciaron que regentaba dos clubes nocturnos donde se ejercía la prostitución.

“No voy a negar que he tenido bajo mi cargo un nightclub con todas las autorizaciones legales, si eso es un pecado moral, que me disculpen los moralistas”, dice.

Por estos días no lo se­duce la noche sino un go­bierno de botas y fusiles:

 “El tema del golpe surgió cuando las irregularidades electorales se convierten en un fraude desde mi punto de vista. Abrigué la esperanza de que se realizaran eleccio­nes complementarias, pero el Jurado Nacional de Elec­ciones (JNE) dijo que no se harían por falta de tiempo. Entonces repasé los golpes en la historia que fueron breves y restablecieron la tranquilidad de la pobla­ción. Así llegué al concepto del ‘golpe militar democrá­tico’ acuñado por el abogado turco Ozan Varol”, precisó.

La propuesta incluye clausurar el Congreso. “Se gobernaría por decreto. Se desactivaría la ONPE para hacer una purga general y solicitaríamos lo mismo para el JNE”, dice el oficial retirado.

Zevallos asegura que no defiende “ningún color po­lítico”, pero que el modelo electoral favorece a Sán­chez. “Si el ganador fuera Sánchez, ya tenemos como ejemplo lo que vivimos con Pedro Castillo. Creo que la población que no comulga con el socialismo y el comu­nismo podría reaccionar con violencia”, dice.

Otro militar jubilado que anda en las mismas es el coronel EP (r) Alejandro Cacho Acosta. “Un ‘golpe de Estado democrático’ va a ser un acto legítimo de salvación nacio­nal”, dice. Cacho asegura que no simpatiza políticamente con nadie, pero que hay una suerte de boicot sistemáti­co contra la candidatura de Keiko Fujimori.

“Es la cuarta vez que Keiko está postulando con un partido que quiere salir adelante y la izquierda no la deja. Hay venezolanos y cubanos metidos en esto. Sánchez quiere desaparecer a la iglesia y al capitalismo. Quiere sacar a Julio Velarde para apoderarse de las reser­vas”, dice.

Cacho preside la Asocia­ción Civil Patriotas Unidos en Defensa del Perú. Trabajó como jefe de seguridad del Congreso entre el 2019 y el 2020. “En la asociación so­mos unas 40 personas, entre militares retirados y civiles. Todos son de derecha, mili­tan en Fuerza Popular o en Renovación Popular. El gru­po nació cuando fue elegido Pedro Castillo en el 2021”, señala.

Cacho sirvió 35 años en el Ejército hasta que pasó al retiro en el 2019. Está con­vencido de que la extrema izquierda y los simpatizantes de Sendero Luminoso han “tomado” el control de todas las instituciones estatales.

Cacho precisa:

 “Tenemos un presidente de la izquierda radical, un Poder Judicial y un Ministerio Público con magistrados prosenderistas que se niegan a aplicar las leyes de amnistía para los militares y hasta un Congreso donde llegó gente ideologizada como Guillermo Ber­mejo, que ahora está preso. También han invadido los 18 ministerios y por eso los organismos electorales no están funcionando y la Policía no tiene seguridad jurídica para actuar. Las au­toridades que son de Sen­dero Luminoso y el MRTA lo han tomado todo”, dice Cacho.

Para concretar el golpe propone que “Lima se pa­ralice y todos acudan al cen­tro de la ciudad para exigir nuevo presidente y nuevas elecciones, sacar a Balcázar y constituir un gobierno cí­vico militar”. Los planes de este oficial también inclu­yen intervenir “el Poder Judicial para limpiarlo y sacar a toditos los de la ONPE”.

Otro militar en retiro que apoya la idea es Augusto Arenas Ávalos, un tenien­te que sirvió durante once años en el Ejército. Es uno de los fundadores de “Arica no se Rinde”, un colectivo de ultraderecha que ha ido ganando adeptos. Según sus cálculos, tiene algo de mil integrantes. “Si las cosas se ponen peor, tenemos una reserva de gente con la que tendremos que reunirnos para tomar acciones”, dice.

La semana pasada Arenas colgó un video amenazando a las autoridades con tomar las armas.

Dice Arenas a esta revista:

 “¡Si ustedes se atreven a condonar este fraude vamos a luchar en la forma en que nos enseñaron y en la que estamos entrena­dos. El comando nunca deja de ser comando. Todo nues­tro entrenamiento, nuestro conocimiento lo tenemos. Así que ya saben ustedes izquierdistas, socialistas, que están ahí apañando toda esa miserablada (sic)!”, se le escucha decir en el video.

“Nosotros tenemos una posición clara, el general Zevallos salió proponiendo lo del golpe militar y somos muchos los que le hemos dado nuestro respaldo. Hay un plan del Foro de Sao Pau­lo para imponer un gobierno autoritario. Sánchez quiere acomodar oficiales afines en el alto mando y ahí sí nos olvidamos de la democracia y la libertad”, manifestò.

El general (r) Zevallos señala:

“Yo avizoro que ni el fujimorismo ni los seguidores de Sánchez van a aceptar los resultados de segunda vuelta. Más aún si la fuerza de derecha es la que gana. Esto puede hacer que la población se enfrente en mar­chas violentas, convulsión generalizada y posiblemente una guerra civil”.

Cacho dice:

“El JNE, la ONPE y hasta el RENIEC están ejerciendo un poder opresor. Al tratar de dirigir el voto popular es­tán creando un caos político y una disputa que lleve al fi­nal a una guerra civil. El país está dividido entre norte y sur”.

Arenas añade:

“La métrica en Whats-App, YouTube e Instagram muestra que el 85% de la población estaría de acuerdo con que se haga un ‘golpe militar democrático’. No tendríamos que restringir la libertad”, dice Zevallos. “Yo camino todos los días por la calle y la mayoría de gente está a favor de un go­bierno de transición y que este cuente con el apoyo de las Fuerzas Armadas”.

En esa misma línea opina el periodista Mario Bryce, exconductor de América Televisión y Canal N. Justificatoriamente Bryce señala:

El fastidio puede durar unas semanas, pero luego todo se tranquilizará porque el país tiene que seguir andando. Esta medida sería como para dar un ajustón”.

Tras archivarse una in­vestigación fiscal en su contra por racismo, aho­ra conduce el podcast “La Política no se mancha”. El lunes pasado se pronunció apoyando la idea del golpe. En su cuenta de “X”, Bryce escribió:

 “La segunda vuelta debería ser anulada y convocarse a nuevas elecciones. Si el JNE no lo hace, lo harán los mili­tares. Anulen las elecciones o va a ser peor”. … Creo que las FF.AA. son las que defienden al país y creo que, o por la razón o por la fuerza, si nadie se pone los pantalones para poner orden, tienen que entrarlos militares por el bienestar del Perú”, agregó.

En la misma línea está Diego Acuña, conductor del programa Edición Especial, trasmitido por YouTube. La semana pasada, en ese pro­grama, dijo que:

“el proceso electoral no merece ningu­na credibilidad. Las marchas tienen que ser agresivas. Yo me mostré abierto a un golpe militar y que nos go­bierne una junta de notables militares”.

Otro incitador al golpe es el periodista Fabricio Escajadillo. A finales de abril, desde su programa Resurge TV dirigido al sector evangé­lico, el periodista entrevistó al general (r) Zevallos. “General, usted me habla de un patriotismo que espero aun haya (sic) patriotas, sobre todo en las Fuerzas Armadas. Un patriota que diga “esto se acabó”, dijo el conductor durante la entrevista. Ninguno de los dos quiso participar en este reportaje. <>

jueves, 7 de mayo de 2026

PROCESO ELECTORAL PERUANO: ANALISIS DE HECHOS SALTANTES DE LA COYUNTURA POLITICA

EN BUSCA DEL

GOLPE DE ESTADO

Por: Gustavo Espinoza M.

M

arcel Proust, el eximio escritor francés del siglo pasado, dedicó buena parte de su vida a escribir sugerentes reflexiones referidas a su tiempo, que publicó bajo el título de “En busca del tiempo perdido”. En cambio los fascistas criollos de aquí dedican su esfuerzo a buscar obsesivamente un Golpe de Estado, que anhelan sea como el que consumara Augusto Pinochet en septiembre de 1973 y que regara Chile de sangre y muerte.

Bien podría decirse, aludiendo en todo caso a lo perdido, que promover y alentar un Golpe de Estado de corte fascista en el Perú de hoy, es también un tiempo perdido. incluso en el caso de que lograsen ejecutarlo. 

El ejemplo más claro lo tuvimos recientemente en el propio país araucano. Allí, cuando se recordaba el 51 aniversario de la decisión del gobierno militar de entonces de ”desaparecer al Partido Comunista, la organización política creada por Luis Emilio Recavarren en 1912, obtuvo en los últimos comicios nada menos que cinco millones de votos, por lo que habría que haberle dicho al jefe militar chileno: “los muertos que vos mataste, gozan de buena salud”.

Y es que acabar con un Partido Comunista -o con un pueblo rebelde- es como pretender vaciar el océano sacándole el agua con una cuchara, como se lo dijera al mismo Pinochet otro héroe del pueblo chileno, el “chino” Díaz, de permanente recordación.

En realidad, lo que ocurre es que los fascistas criollos están aterrados porque una vez más han perdido. Y eso, cuando menos lo esperaban.  Estaban seguros de ganar claramente en la contienda del 12 de abril. Daban por descontado, en todo caso, que entre Keiko y López Aliaga se disputaría la segunda vuelta y que entre una y otro existía identidad de propósitos y objetivos.

Las cosas no les salieron, y entonces la vida los puso ante una confrontación -la del 7 de junio- que tiene todos los visos de configurar una nueva derrota para la costa corrupta.

Juegan con fuego los que hoy alientan un Golpe de Estado. Hoy, con la mayor desfachatez, cuando clamaban para que Pedro castillo “se pudriera en la cárcel” por intentar “un golpe e Estado” el 7 de diciembre del 2022, ellos lo piden.

Hablan de “un golpe militar democrático” y lo comparan con el de Pinochet, como si hubiese sido democrático el zarpazo de la hiena del sur, y como si creyeren en su infinita ingenuidad que es posible concebir “un fascismo con rostro humano”.

Lo que les importa no es la democracia, sino la muerte, la de sus adversarios, claro, que como es natural, son los que luchan en defensa de los intereses del país y de los trabajadores.

Es bueno que les advirtamos, entonces, algunas cosas: Roberto Sánchez, no es comunista. Y Juntos por el Perú no es tampoco un Partido Comunista, Y eso, lo sabemos muy bien los comunistas, que podemos asegurarlo sin engañar a nadie.

Roberto Sánchez y sus compañeros ofrecen, en todo caso, un gobierno popular, democrático y progresista. Quizá incluso antiimperialista en la medida que habrán de defender -si son consecuentes con sus promesas- la Independencia y la Soberanía del Estado Peruano, acosado también por la insaciable voracidad de los Estados Unidos. 

Es claro que los comunistas peruanos lo apoyaremos. Y eso no es sólo lógico, sino también natural. No sería sólo un derecho, el hacerlo, sino también un deber y una responsabilidad ante nuestro pueblo y ante la historia de nuestro continente. 

¿De qué otra manera podría ser nuestra conducta? ¿Podríamos los comunistas peruanos enfrentarnos y combatir a un régimen patriótico, democrático y antimperialista? Eso sería simplemente absurdo.

Y ese apoyo no sólo seria de los comunistas. Sería de todo el pueblo porque marcaría un verdadero hito en la historia de nuestro país, en el que se han sucedido gobiernos oligárquicos, reaccionarios y proimperialistas que han destruido la vida nacional y dejado en el hambre y la miseria a millones de peruanos.

Si hoy el Perú vive una crisis “sin salida”, si campea la violencia y el crimen, si reina el desgobierno, el caos, el abuso y la impunidad; si se impone el terror desenfrenado, la corrupción galopante y el asesinato impune e institucionalizado: eso no es culpa ni de los comunistas, ni del pueblo peruano. Esa es culpa directa e inequívoca de lo que Velasco llamara sabiamente “una oligarquía envilecida y en derrota”.

Eso lo sabe también la clase dominante. Por eso, su anticomunismo es falso. Simplemente se esgrime como un pretexto porqué lo que quiere es golpear al pueblo, quebrar la resistencia de los trabajadores, doblegar a los campesinos, humillar a las mujeres, desorientar a los jóvenes y, sobre todo, destruir a todos los que cuestionan el “modelo Neoliberal, que es el negocio de los ricos, y que anhela perpetuar. 

No obstante, tentar un Golpe de Estado para eso, es más bien algo así como abrir una Caja de Pandora. Fue la curiosidad la que llevó a la hija de Zeus a abrirla para conocer su contenido. Hoy, no sería la curiosidad, sino el miedo el que podría incitar a los explotadores a actuar como la grácil doncella de la mitología griega. Pero las consecuencias, serían similares: Todos los males se abatirían sobre la sociedad peruana y los primeros que tendrían que pagar por eso serían los mismos golpistas. Que nadie lo dude. <> 

miércoles, 6 de mayo de 2026

EN EL DIA DE LA DANZA, UNA ESTAMPA DEL ARTE COREOGRAFICO POPULAR DE LA MESETA COLLAVINA.

“KULLAWA” o “KUALLAWADA”

Por: Luperio Onofre Mamani


Una de las danzas tradicionales de la región del altiplano es la “kullawa” o “kullawada”, cuyo nombre es de origen aymara y proviene de la palabra “kullaka” que etimológicamente significa “hermana”. Por tanto, ésta danza típica forma parte de la cultura aymara que representa a los hilanderos e hilanderas enamorados.

Es una danza prehispánica que preserva una expresión simbólica muy trascendente y que forma parte de la cultura y la cosmovisión aymara. En el mundo aymara la danza no es únicamente diversión, alegría o fiesta, es la expresión de la espiritualidad, precisamente en algunas comunidades o pueblos del altiplano se baila en honor a las divinidades tutelares andinas.

Es más, la danza de la “kullawada” o “kullawa” tiene un carácter comunitario, por lo tanto, exterioriza el colectivismo tanto a nivel de los danzantes, los músicos, e inclusive entre las personas que son los anfitriones.

La principal característica de esta danza es que se baila en pareja, y ésta costumbre en la cosmovisión aymara representa el símbolo de la dualidad andina, es decir, la filosofía del “chachawarmi” (hombre – mujer).

Esta danza representa el encuentro simbólico entre el pasado y el presente, por ejemplo, el Wapur o Huaphor (viejo) y la Awila (vieja) representan a los antepasados, y que se hacen presente a través de la danza, es decir, la danza es el contexto festivo donde se da el encuentro entre el pasado y presente.

Antiguos danzantes de Kullahua
Algunas veces la “awila” es personificada por un varón. Este intercambio simbólico de los roles de género también es típico de la cultura andina, es más, esta pareja a través de sus lisonjas expresan la moralidad que deben obrar las parejas, tal es así que cuando el “wapur” se comporta mujeriego y conquistador, la “awila” se encargará de corregir estas malas conductas.

Asimismo, mediante la presentación de la danza de la “kullawada” o “Kullawa” se realizan una serie actos rituales que tiene directamente relación con el cortejo a la pareja, y finalmente el emparejamiento y la conformación de la pareja llamada “chachawarmi”.

También cabe señalar que antiguamente la indumentaria era muy diferente, una prueba de ello son las fotos que se publicaron en la obra de Alfonsina Barrionuevo. La indumentaria consistía o estaba caracterizada por el uso de las ojotas y medias tejidas, asimismo pantalón de bayeta, una montera bordada y un poncho de pastor. En la actualidad el traje de los danzantes ha recibido una fuerte influencia europea y moderna.

La coreografía original también ha cambiado, su patrón original era cadenciosa y ritual, en cambio ahora se ha incluido los movimientos más dinámicos para conseguir únicamente la espectacularidad y exhibicionismo.

La música de la “kullawa” formaba parte de sus ceremonias religiosas, principalmente se danzaba para solicitar a las divinidades tutelares la reproducción de los animales y la abundante cosecha.

Finalmente, algo importante a saber, es que la danza de la “Kullawa” en la actualidad es una expresión de arte, belleza e identidad aymara. <>


Altoperuanita




domingo, 3 de mayo de 2026

ASPECTOS SALTANTES DE LA REALIDAD SOCIAL PERUANA

 RACISMO EN EL PERÚ

Por: Moisés Suxo Yapuchura

Introducción

La historia de la migración interna en el Perú es también la historia de la lucha por el reconocimiento. Miles de personas de origen andino, muchas de ellas hablantes de lenguas originarias como el aimara o el quechua, migraron a las ciudades en busca de mejores condiciones de vida. Pero lo que encontraron fue, muchas veces, un país que no los reconocía como parte legítima de su identidad nacional.

Este artículo presenta y analiza dos testimonios de abuelos migrantes aimaras: Jacobo, quien vivió la experiencia migratoria en la década de 1950, y Pablo, cuya experiencia es de la década de 1960. A través de sus voces, podemos comprender no solo los efectos del racismo estructural, sino también la evolución de las formas de resistencia y afirmación identitaria en el Perú.

1. Testimonios

Jacobo en su testimonio señaló que “En esos años, 1956, hablar de aimara era un poquito vergonzoso a veces porque también el trato era un poco diferente, que tú vienes es como cualquier cosa, que serrano, entonces te evitas, ya no aceptas. Muchas veces los paisanos se pasan, dicen yo soy arequipeño, soy de Tacna, así hacían esos, se avergonzaban... Antes era arrinconado, marginado, había marginalidad, por ejemplo, en Lima, los huarochiranos en La Parada cuando entré a trabajar en los negocios: ¡serranos! ¡llamas!, decían.”

Este testimonio revela una época marcada por el racismo abierto y estructural entres los propios migrantes. Jacobo experimenta la discriminación lingüística, geográfica y étnica. El solo hecho de hablar aimara, o ser identificado como "serrano", era motivo de burla y marginación. La respuesta de muchos migrantes fue ocultar su origen, adoptando identidades regionales más aceptadas por la sociedad limeña.

Por otro lado, Pablo dijo que “Con los compañeros de trabajo éramos como amigos. Como somos ya grupo, entonces ya, un mes, un mes así por ahí no más he trabajado yo en el campo (jardinería), después a la oficina. Sí, así he trabajado yo. Ya, ahí, entonces, de ahí he salido ya. No, no, no he tenido ningún problema.” Prosiguió: “En el trabajo me encontraba con personas de Cajamarca, Huancayo, Cerro de Pasco... Cada uno con su propia forma de ser. Algunos no sabían quién fue Atahualpa, otros no conocían Puno, ni Huancho, ni Huancané. Yo sí les decía: ‘Soy puneño, de cerca de Bolivia’. Y ya, así nos conocíamos, nos entendíamos hablando castellano.”

El relato de Pablo representa una realidad distinta y más integradora. Aunque persisten las diferencias culturales y geográficas entre migrantes, no hay una experiencia directa de discriminación. Pablo afirma su identidad puneña con orgullo, y señala una convivencia más horizontal en el entorno laboral limeño.

2. Análisis comparativo

2.1. Migración como choque cultural

Ambos testimonios reflejan la experiencia común de la migración interna en el Perú. Personas de los Andes, hablantes de lenguas originarias como el aimara, se trasladan a Lima en busca de trabajo. Sin embargo, al llegar, se enfrentan a una sociedad urbana que no los reconoce y muchas veces los discrimina.

• Jacobo vivió la migración en la década de 1950, cuando hablar aimara era motivo de vergüenza.

• Pablo, aunque en un tiempo después, 1960, también experimenta esa diversidad, pero desde una perspectiva más integradora.

Ambos casos revelan cómo la migración reconfigura las relaciones sociales y pone en tensión las identidades regionales, lingüísticas e históricas.

2.2. Identidad: de la vergüenza al orgullo

• Jacobo muestra cómo el racismo obligaba a los migrantes a negar su identidad para sobrevivir. Hablar aimara era motivo de burla, y muchos fingían ser de otras regiones más aceptadas. Su experiencia está marcada por vergüenza, ocultamiento y exclusión.

• Pablo, en cambio, representa un contexto donde hay más apertura. Aun cuando existe desconocimiento cultural, él afirma con orgullo su identidad puneña. Rechaza el silencio y defiende su origen andino sin conflictos aparentes.

Mientras que en el pasado la identidad andina era algo que debía ocultarse para evitar la exclusión, en el testimonio de Pablo se muestra como un orgullo cultural, aunque siga siendo una minoría frente al predominio del castellano y la cultura costeña. Esto habla de un cambio de paradigma generacional, aunque no necesariamente de la desaparición del racismo.


2.3. Lengua y memoria como fronteras

La lengua aimara aparece en los dos casos como un marcador identitario importante. Mientras que para Jacobo el aimara lo marginaba, para Pablo, el castellano es la lengua común entre migrantes, aunque ello implique cierta pérdida del aimara.

Ambos coinciden en que los migrantes llegan con referencias geográficas e históricas distintas, lo que genera desconexión. No todos conocen figuras como Atahualpa, ni ubican Puno o Huancané. Esto deja en evidencia que el Perú sigue siendo un país fragmentado culturalmente, donde las regiones aún no se reconocen entre sí. La migración interna hace visibles esas diferencias, forzando a los sujetos a redefinirse y posicionarse culturalmente.

2.4. Relaciones laborales: de la hostilidad al compañerismo

• Jacobo denuncia violencia verbal directa, estigmatización ("¡serrano!", "¡llama!"), y una ciudad hostil hacia los migrantes.

• Pablo, en contraste, destaca la amistad y la convivencia en el trabajo: "con los compañeros éramos como amigos", dice, y enfatiza que no tuvo ningún problema en su entorno laboral. Incluso experimentó movilidad, pasando de la jardinería a la oficina.

Esto podría mostrar una transformación en las relaciones laborales y sociales entre migrantes en la ciudad: de una lógica de discriminación excluyente (Jacobo) a una de coexistencia y cierta integración (Pablo). Sin embargo, también puede ser que las formas de racismo hayan mutado, volviéndose más sutiles o menos explícitas.

3. Conclusión

Los testimonios de Jacobo y Pablo no solo nos cuentan sus vidas, sino que también nos permiten pensar en el Perú como una sociedad profundamente marcada por el racismo, la desigualdad y la lucha por el reconocimiento.

Jacobo representa una época de marginación abierta, donde los migrantes eran empujados a ocultar su cultura. Pablo, en cambio, muestra un momento de mayor afirmación, donde se puede decir con orgullo "soy puneño", aunque el desconocimiento entre peruanos persista.

Ambas voces revelan que la migración interna no es solo un fenómeno económico, sino también una historia emocional, cultural y política, que sigue vigente.

4. Llamado a la acción

¡Nunca más vergüenza por ser quienes somos!

“Antes era arrinconado, marginado... Ahora digo con orgullo: soy puneño.”

Los testimonios de Jacobo y Pablo son una memoria viva del racismo y la resistencia. Hoy, te invitamos a construir una sociedad plural, intercultural y distinta.

¿Qué podemos hacer?

• Valorar todas las culturas del Perú —no solo las dominantes.

• Denunciar el racismo y la exclusión, en cualquier forma.

• Educar en interculturalidad desde las escuelas, medios y familias.

• Escuchar a los migrantes, no como "otros", sino como parte de “nosotros”.

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Referencia

Suxo Yapuchura, Moisés: RAÍCES AIMARAS EN LIMA. DOS HISTORIAS DE VIDA/ LIMA MARKANA AYMARA SAPHINAKA: PAYA JAKAÑA SARNAQÄWI. (En prensa).

Moisés Suxo Yapuchura, es magister en Planificación y gestión de la educación intercultural bilingüe por la Universidad Mayor de San Simón de Bolivia. Egresado de Antropología de la Pontificia Universidad Católica del Perú.

sábado, 2 de mayo de 2026

PROCESO ELECTORAL EN EL PERU: ESPECULANDO SOBRE RESULTADOS EN SEGUNDA VUELTA

 EL MAPA DEL VOTO: EL PUEBLO RURAL CONTRA EL PODER MEDIÁTICO EN ENCUESTA DEL IEP 

Oscar Condori Calizaya



L

os datos de la encuesta de IEP revelan con crudeza la fractura política y social del país.

A nivel nacional, Roberto Sánchez (32%) y Keiko Fujimori (31%) aparecen prácticamente empatados, con un alto porcentaje de votos blancos/nulos (24%) y un sector indeciso (13%) que será decisivo.

Pero lo más revelador es la brecha territorial: mientras Lima Metropolitana se inclina hacia Fujimori (41% frente a 22%), el Perú rural se levanta con fuerza detrás de Sánchez (44% frente a 18%).

Este contraste no es casualidad. Lima concentra los grandes medios de comunicación, los poderes económicos y las narrativas de miedo que buscan instalar la idea de que el cambio es caos.

En cambio, el Perú rural, históricamente marginado y olvidado, reconoce en Sánchez una voz que defiende el voto popular y la soberanía nacional. Allí, donde la democracia se vive con más precariedad y exclusión, la esperanza se traduce en respaldo masivo.

El Perú urbano, con 34% para Sánchez y 29% para Fujimori, refleja un terreno en disputa: sectores que sienten el peso de la crisis económica y la corrupción, pero que aún son bombardeados por la campaña mediática de desprestigio.

La conclusión es clara: LA SEGUNDA VUELTA SERÁ UN CHOQUE ENTRE EL PODER MEDIÁTICO Y EL VOTO POPULAR. Lima y los grandes medios intentarán imponer miedo y división, mientras el Perú rural y urbano buscan abrir paso a un proyecto democrático y soberano.

El orden fujimorista, por supuesto (Chillico)
Amèrico Zambrano, en “Hildebrandt en sus trece” de 1 mayo, agrega que:

“Ambos candidatos cargan con niveles altos de antivoto. Millones de peruanos dicen que no votarían por ninguno, que anularían su voto o que todavía no se han decidido. En ese bloque, más grande que el de cualquiera de los dos, se ju­gará la elección.

Fujimori concentra su res­paldo en Lima y en sectores urbanos. Sánchez lo hace en el interior, sobre todo en la sierra y en zonas rurales. Dos bases claras, pero también dos te­chos. Con poco margen para crecer, ambos se verán obli­gados a cambiar el tono y la estrategia para atraer a quie­nes hoy no quieren a ninguno.

Después de tres derrotas consecutivas, Fujimori, la candidata conservadora de Fuerza Popular, llega a esta segunda vuelta en una posi­ción distinta. No parte desde atrás ni enfrenta, al menos en el inicio, la presión de una remontada.

Su respaldo se concentra en Lima y en una base más esta­ble. El 89% de quienes votaron por ella en primera vuelta ase­guran que repetirían su voto, según un reciente sondeo del Instituto de Estudios Perua­nos (IEP).

Sánchez, candidato de izquierda por Juntos por el Perú, tiene un mapa distinto. Su apoyo crece fuera de la ca­pital, en el interior no urbano capitalino y en las zonas que le dieron la victoria a Pedro Castillo en 2021. Pero en esas mismas regiones también se concentra hoy la indecisión y el voto en blanco o nulo, de acuerdo con Ipsos y el IEP”. <:>