UN COMISARIO REGIO
Por Gustavo Espinoza M.
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15 de
marzo 2026
ecientemente Radio Programas del Perú (RPP), cumpliendo
la función que siempre ha tenido, invitó al embajador de los Estados Unidos,
Bernie Navarro a una extensa entrevista para que hable de diversos temas, desde
la política exterior de Donald Trump, hasta las funciones que cumplirá el
diplomático recientemente llegado al país, al frente de la embajada USA.
No sorprende, por cierto, la actitud de la emisora
que en los años del fujimorato recibía gruesas sumas de dinero desde los
servicios de inteligencia peruanos por dosificar su información al servicio de
la dictadura-
Después de todo, siempre fue ese su papel: servir
de altavoz para que la prédica del Imperio llegue sin interferencia alguna a
los más recónditos rincones de la patria, para que los peruanos crean que sus
angustias, son también materia de preocupación en la Casa Blanca dado que el
Perú y los Estados Unidos “cultivan una amistad sincera”
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| Bernie Navarro |
Un Informe Secreto de la administración
norteamericana publicado por el New York Time en 1992 –el así llamado “Informe
Wolfowitz”- contenía un párrafo que en su momento reveló el sentido general de
la política norteamericana en el mundo contemporáneo:
“Debemos desalentar -decía- que otras naciones
industrializadas desafíen el liderazgo norteamericano, y debemos cuestionar el
orden político y económico establecido. Debemos conservar una supremacía
militar tal que disuada a los rivales potenciales, de aspirar a un mayor papel
global o regional”.
James Petras, que cita la frase en su libro
“Imperio con imperialismo” alude también al Proyecto de un Nuevo Siglo
Norteamericano en el que se sostiene que “La Pax Americana debe mantenerse
durante todo el siglo XXI” y “El orden mundial debe fundarse con firmeza en una
indiscutible superioridad militar norteamericana”.
Dos conceptos estrechamente vinculados entre sí.
Por un lado, la idea de afirmar la superioridad mundial de los Estados Unidos.
Y por otro, la noción clara de asegurar que ella se exprese a partir de un
poderío militar inigualado por otras potencias.
Esta, que es una manera de apreciar el escenario
de nuestro tiempo en el que las fuerzas del Gran Capital, tienen vigencia
preeminente en América Latina, donde la capacidad económica y militar de los
Estados Unidos con respecto a los países de la región, es simplemente abismal.
Los expertos aseguran que las relaciones entre el
Imperio y el Tercer Mundo en nuestro tiempo, nunca fueron tan unilaterales, es
decir, tan beneficiosas para el primero y tan perjudiciales para el segundo,
como en América Latina. Un torrente de cifras, podría confirmarlo
En los tres primeros años de la década de los
ochenta del siglo pasado, por ejemplo, las empresas transnacionales
norteamericanas obtuvieron 15 millardos de dólares de ganancia por operaciones
en América Latina.
Ese bien podría ser apenas el punto de partida de
ganancias de todo tipo que fortalecieron la boyante economía de las grandes
empresas y debilitaron cada vez más las exiguas posibilidades de desarrollo de
los países de nuestra
región.
Como recuerda la historia, en 1823 James Monroe
declaró que América Latina formaba parte de “la esfera de influencia de los
Estados Unidos”. Esa idea se convirtió en doctrina, y normó las relaciones
permanentes entre las autoridades norteamericanas y los gobiernos situados más
allá de las fronteras a lo largo de todo el continente. Estados Unidos actuó en
los hechos como cancerbero de nuestros países y dueño de nuestro destino. Como
se ve, esta historia, tiene larga data.
Y se expresa con viva claridad con relación a
nuestro país, al que Mr. Navarro considera “clave”, “por su ubicación
geográfica” y por su “riqueza natural”. factores ambos decisivos, por cierto,
para que la Casa Blanca -tan desprendida y generosa- lo tenga entre ojos.
El Perú, ha dicho Mr. Navarro, tiene asegurado un
futuro esplendoroso apenas con la condición de que tenga un gobierno bueno, que
goce de estabilidad y garantice seguridad. Cada uno de estos giros idiomáticos
tiene un contenido concreto: un gobierno bueno será aquel que sea amigo de los
Estados Unidos, en cuyo caso gozara de estabilidad que le será asegurada por su
poderoso socio del norte, a condición -claro está- que brinde a su vez,
seguridad para los inversionistas norteamericanos, vale decir, las empresas
estadounidenses que “se arriesguen” a “invertir” en el Perú.
Eso es lo que explica la preocupación de su embajada, y la suya personal mostrada desde su arribo al Perú acompañado de su esposa -una dama peruana- y sus hijos de doble nacionalidad. Él, peruano entonces casi integralmente, siente lo que ocurre en nuestro país casi a flor de piel. Y es eso lo que lo induce a hablar.
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| Soldados estadounidenses, van por el mundo explorando petróleo |
No es “injerencismo” como dicen los enemigos de la
democracia y la paz, sino apenas sensibilidad humana por el bienestar de un
país que es “como suyo”. Pues sí, pareciera que a Mr. Navarro lo nombraron -o
se nombró- “Comisario Regio” de estas tierras, como eran en siglos coloniales
los enviados del Monarca.
Es claro que Mr. Navarro no llega a considerarnos
“parte de una región”. Por eso no “nos compara” con otros países que tienen “otros
problemas”. Prefiere vernos aislados, solos. Así, seremos más digeribles. Pero,
además, ricos, es decir, poseedores de todo lo que ellos necesitan y que “les
pertenece” porque ellos simbolizan “la fuerza de América”, esa fuerza -ergo-
que tiene toda esa riqueza: oro, cobre, plata, lirio, petróleo, hoya amazónica,
biodiversidad.
En su momento lo dijo también Laura Richardson la
Generala, antigua jefa del Comando Sur de los Estados Unidos, de visita por
este próspero rincón del mundo.
Eso confirma la desmedida voracidad de la Casa
Blanca, cuyo apetito no cesa y cuyo afán de riqueza no tiene límite. Por ahora,
busca seducir a los peruanos con palabras, pero pronto habrá de pasar a la
acción. No por gusto, Mr. Navarro es algo así como el Comisario Regio del
Imperio. <>




















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