viernes, 12 de junio de 2026

IMPORTANTE ENCUENTRO ARTISTICO


 

ANALIZANDO EL PROCESO ELECTORAL EN EL PERU

 LA AMENAZA EXTERIOR

*Una crónica sobre cómo se fue armando la narrativa de que los votos de los peruanos en el extranjero voltearían la tortilla presentada por Ipsos-Transparencia en el conteo rápido

Eloy Marchán

E

l lunes en la mañana, luego de la jomada electoral, en Fuerza Popular todo era ner­vios y caras de preocupación. Los números que maneja­ban en el búnker fujimorista de San Isidro coincidían con el conteo rápido de Ipsos.

Keiko Fujimori perdía por cuarta vez consecutiva una segunda vuelta presidencial.

Entonces se puso en mar­cha un operativo, ordenado por la misma Fujimori, que consistía en vender la idea de que remontarían gracias a los votos del exteriory que la ventaja que en ese momento le sa­caba Sánchez era pasajera. Así lo cuentan tres informantes naranjas con los que conversó este semanario. Y los medios de comunicación empezaron a repetir el estribillo.

Entre el lunes y miércoles, mientras Fujimori invocaba en público a ‘esperar hasta el final” y decía que “respe­tará los resultados”, en privado mandaba a su equipo de campaña a hacer circular mensajes y audios diciendo que ellos tenían todas las ac­tas y que su conteo los daba como ganadores.

Intenso trabajo en consulados
José Chlimper, de vuelta en el núcleo más íntimo de Fujimori, y Luis Dyer Fer­nández, jefe de personeros de Fuerza Popular, se encargaron de cumplir con la or­den. Ellos enviaron mensajes haciendo números y pidiendo no dejarse llevar por lo que había sacado Ipsos ni lo que reportaba la ONPE.

Este semanario accedió a cinco audios de dirigentes fujimoristas ejecutando el ope­rativo. Dos son de Chlimper y uno de Dyer. ‘Ya se termi­naron de procesar todas las actas en poder del data center nuestro. Lo que viene a conti­nuación son cifras duras y no estimaciones. Keiko, cuando cierre la operación, va a ga­nar con 59,850 votos”, dice Chlimper en un audio que circuló el miércoles por la mañana. La información, por supuesto, es falsa.

“No hay que tener mayor preocupación. A partir del cierre de la última acta de La Convención (Cusco), con todas las actas que aparezcan del extranjero comenzará a redu­cirse la brecha. En el extranje­ro hay un panorama bastante alentador. El resultado será en favor de Keiko de 50,02 sobre 49 puntos y tantos de Sánchez”, se escucha en otro audio atribuido a Dyer que dio vueltas el martes en la tarde.

Al operativo fujimorista le cayó como anillo al dedo la aparición en redes sociales de supuestos especialistas en estadísticas electorales que daban ganadora a la señora K. Los canales de televisión no tardaron en ponerles cámaras y micrófonos.

El “tour de medios” confir­ma lo denunciado por la Mi­sión de Observación Electoral de la Unión Europea que, en el informe presentado esta semana, da cuenta del sesgo de los canales de señal abierta y de los diarios que se jugaron por Keiko Fujimori.

“El operativo de imponer la narrativa de que Keiko iba a ganar pese a que los primeros resultados eran adversos ha sido bastante positivo. Gra­cias a eso tenemos un pie y medio en Palacio de Gobierno. En el 2016 y 2021 los cavia­res nos sacaron ventaja en la batalla comunicacional y eso les permitió que fueran pre­parando el terreno para que la ONPE los dé como gana­dores”, cuenta un asesor de la señora K.

La rutina de Fujimori a lo largo de esta semana ha sido salir de su casa de San Borja a las 9 de la mañana, dar declaraciones llamando a la tranquilidad y luego irse a su oficina de San Isidro. En el búnker naranja se queda­ba hasta pasadas las 8 de la noche. Según fuentes de su entorno, cada dos horas reci­bía los reportes actualizados de la ONPE.

A diferencia de las eleccio­nes pasadas, este año el fujimorismo tuvo colaboradores extranjeros para su conteo de los votos. Son jóvenes argenti­nos que trabajan con Feman­do Cerimedo, el marquetero digital que ha asesorado a Jair Bolsonaro, Rodrigo Paz y Javier Milei. El equipo de Ce­rimedo también supervisó la campaña de las redes sociales de Fuerza Popular.

En el búnker fujimoris­ta ha llamado la atención la presencia de un argentino de nombre “Gerardo”, de unos 60 años aproximadamente, con el que Fujimori solo habla en inglés y se van a almorzar juntos. “Gerardo”, según los informantes, es economista y trabaja para el Fondo Mo­netario Internacional (FMI).

Neutralizar digitalmente las denuncias de irregularida­des en las votaciones de los peruanos en el exterior fue uno de los encargos que Fu­jimori les dio a los argentinos. “Como el voto del extranjero iba a definir todo, no debía tener manchas de fraude. Esa fue la orden”, dice un infor­mante.

Este semanario accedió a tres videos grabados por pe­ruanos en Génova, California y Salt Lake mostrando irre­gularidades, pero que ningún medio peruano ha rebotado. En el de Génova se ve a un señor con la camiseta de la selección peruana de fútbol pegando en el local de vo­tación cédulas marcadas en favor de Fujimori.


En el de California se obser­va a una señora reclamando que el presidente de su mesa de votación le dijo que marque la K cuando le entregó su cé­dula. En el video de Salt Lake City se ve a una miembro de mesa diciendo a los electores marcar una equis en la cara de Fujimori.

Al cierre de esta edición y con el conteo de la ONPE al 98,2% y 1,623 actas aún en revisión en los jurados electorales especiales, Fu­jimori tiene una preocu­pación que aún no logra resolver: las protestas que habrá contra ella en los próximos días.

La señora K cree que el gobierno de José María Balcázar no tiene la firmeza para controlar a los ciuda­danos que no votaron por ella y que se manifestarán en las calles en contra suya.

El miércoles Fujimori pidió a sus congresistas y al alcal­de interino de Lima, Renzo Reggiardo, que presionen a Balcázar para que declare en estado de emergencia la capi­tal y salgan los militares para intimidar a los manifestantes.

Reggiardo, excongresista fujimorista, resultó bastante obediente. Ayer jueves envió una carta al mandatario pi­diéndole declarar emergencia por 60 días en Lima Metro­politana debido al “clima de incertidumbre y amenazas de violencia”. <■>

PROCESO ELECTORAL PERUANO: UN FINAL METICULOSAMENTE PLANEADO

 FUJIMORI SEGUIRÁ GOBERNANDO

César Hildebrandt

En HILDEBRANDT EN SUS TRECE Nº 786, 12JUN26 

C

on casi todas las instituciones raptadas y el aparato empresarial y mediático batallando a su favor, la señora Fujimori no pudo ganar como sus financis­tas esperaban. Si lo logra finalmente, será un triunfo mísero y discutible.

Era el cuarto intento y la estrategia de la derecha fue el bombardeo masivo y sin pausa de una sola idea: el Perú se desangraría si Juntos por el Perú ganaba las elecciones. Con "El Comercio” a la cabeza, se lanzó una campaña de unanimidades destinada a sembrar el terror. En el callejón de Canal N, en los barracones de Willax, en el bazar de “Perú21”, todos los días era lo mismo: Satán debía ser detenido, la patria peligraba, el cielo se desplomaría sobre tanta insolencia.

Pero llegaron las elecciones de la segun­da vuelta y resultó que Sánchez ganó en los dos conteos rápidos y luego sobrepasó a la señora Fujimori en las sumas de la ONPE y llegó a sacar más de 40,000 votos de ventaja. Entonces apareció Alfredo Torres con cara de abusado y dijo que su conteo no valía y que en los escenarios preparados por otros especialistas lo más probable es que ganara la señora Fujimori.

¿Cómo? ¿No era que los conteos rápidos de Ipsos eran infalibles, como lo sostuvo un jac­tancioso aviso institucional publicado cuando se confirmaron las cifras de la primera vuelta? ¿No era que en las cifras lanzadas la noche del domingo 7 ya estaba incluido el voto de los peruanos en el exterior?

Pues no. No era así. Ahora resultaba que todo podía pasar. Podía pasar, por ejemplo, que los votos en el exterior no se digitalizaran, como lo observó la OEA, y que estuvieran bajo custodia de una cancillería al mando de un personaje notoriamente afín a Fuerza Popular. Podía suceder -y sucedió- que el manejo de muchas mesas de votación en el extranjero fuera dudoso y que, como se documentó en varios testimonios grabados y vertidos en las redes, las protestas de algunos votantes no fueran escuchadas.

Torres: Todo estaba previsto de antemano
La señora Fujimori disputaba el puesto que le negaron tres derrotas con alguien que había tenido que cambiar su programa de gobierno en una semana. Peleaba con alguien que cantaba la balada de la mode­ración después de haber hecho dúo guarapero con Antauro Humala. Competía con alguien que se había puesto el sombrero castillista de los fracasos y del golpe de Estado. Es decir, la señora Fujimori tenía que arrasar, barrer, sepultar y caminar sobre cadáveres, como hizo su padre en aquella escalera de la residencia del embajador japonés.

Pero no fue así. El tsunami se hizo olita, la marejada se convirtió en resaca amarillenta y lo que iba a ser la consagración redentora del fujimorismo se volvió esta película de suspenso donde cada voto, incluyendo a los dignos de sospecha que proceden de algunas plazas del extranjero, se cuenta como si fuera un tesoro.

Medio país le ha vuelto a decir que no a la señora que esperaba ser encumbrada de modo fulminante. Y que Roberto Sánchez tam­poco crea que la mitad saludable que lo ha acompañado ha votado por sus virtudes. Ese 50% de peruanos ha vuelto a rechazar lo que Fujimori representa, el sindicato criminal que la acompaña, el conservadorismo mercenario y sin bandera que la banca.

Medio país ha optado por la indignidad de elegir a quien se pro­clama orgullosa heredera de un señor que huyó del país y quiso ser senador del Japón. Ese sigue siendo el Perú que premió a Manuel Prado, hijo del traidor Mariano Ignacio Prado, con dos presidencias. Ese sigue siendo el Perú que combatió junto a Chile en contra de la Confederación Perú-boliviana. Ese sigue siendo el país que anuló las elecciones de 1936 cuando Eguiguren, el candidato apoyado por el Apra, las iba ganando claramente. Ese sigue siendo el país que aduló a Bolívar hasta la náusea y luego, en su ausencia, renegó de él hasta la cobardía. Ese sigue siendo el país que ha permitido que Miguel Iglesias, armado y dirigido por un ejército de ocupación, esté en el Panteón de los Proceres. Es el viejo Perú del disimulo y el agachamiento.

La señora Fujimori ya gobernaba. Tiene bajo su control todas las instituciones que debían haber conservado su so­beranía, como lo demuestra el hecho de que la podrida Junta Nacional de Justicia haya suspendido por seis meses al juez Richard Concepción Carhuancho y como lo confirma el retorno de Víctor Rodríguez Monteza, implicado en el proce­so Cuellos Blancos, al ámbito de los fiscales supremos que actúan en banda junto a Tomás Aladino Gálvez, alias Fiscal de la Nación.

La señora Fujimori irá a Pala­cio a desatar sus iras y a vengar­se de aquel medio Perú que sigue nombrándola con repulsión.

Se vienen tiempos más que re­cios. En lo que a nosotros respecta, está claro qué debemos esperar. Pero está clarísimo que no cambiaremos. No dejaremos de luchar porque siempre hemos creído que nuestra lucha es justa y elemental: luchamos porque la decencia prevalezca. Así de breve y sencillo.

En estos días el oportunismo empieza a tocar puertas y ventanas. Voces de la tele que parecían independientes se alinean ahora con el fujimorismo inminente. Escribidores que habían mantenido cierta cautela, expresan su disfrute. Y la vieja derecha muestra lo peor de sus odios, lo más rancio de su esterilidad. Han vuelto a ganar. Gobernaban sin haber ganado y ahora han sido premiados. Sienten que tienen patente de corso. No saben qué furias pueden despertar otra vez. Lo que sí saben es que si necesitan disparar, darán la orden sin vacilaciones. <>



0PINIONES SOBRE PROCESO ELECTORAL AUN EN MARCHA

 PERÚ: DOS PAÍSES EN EL MISMO TERRITORIO

Por: Jorge Luis Choque

P

ara entender el Perú actual no hace falta revisar teorías abstractas; basta con observar sus calles. En un lado de la acera, un edificio empresarial de cristal en San Isidro conectado a los mercados globales financieros; en la otra, un vendedor ambulante en la avenida Abancay que sobrevive el día a día sin seguro, sin CTS y sin un Estado que lo respalde. La macroeconomía nos dice con orgullo que el país crece, pero la realidad nos grita que ese crecimiento camina sobre una falla geológica histórica. El Perú no es una nación a ritmos distintos; son dos mundos colisionando en un mismo suelo.

Mariátegui recordó que lo social, lo nacional y lo cultural son inseparables: “No hay programa verdaderamente nacional si no es también social”. Por eso, las cifras de crecimiento son vacías si no atienden las raíces culturales y raciales de la exclusión; el verdadero cambio debe enfrentar las estructuras coloniales que convierten la pobreza en estigma y deciden quién merece ciudadanía plena. Esta brecha no es un accidente. Es el resultado de un diseño político y económico donde una minoría oligárquica utiliza a la clase gobernante como brazo ejecutor para garantizar que las reglas del juego nunca cambien.

José María Arguedas lo advirtió con nitidez: "El Perú es, en efecto, dos naciones profundamente distintas y hasta contrarias: una, la indoamericana... y la otra, la occidental, que es la minoría, pero la que ha ejercido hasta ahora el poder". Aníbal Quijano denominó a esto la "colonialidad del poder", una matriz que empuja sistemáticamente a las mayorías andinas y amazónicas a la periferia del desarrollo. Fernando Tincopa define el colapso institucional actual: "Tenemos dos Perú: uno con ciudadanos que acceden a derechos básicos y otro con población marginada del Estado".

Mientras el Perú Moderno (Lima) registra un PIB per cápita de $12,000 USD, un 95% de acceso a agua, 45% de educación superior y un 70% de economía formal, el Perú Tradicional (Regiones) sobrevive en la precariedad: su PIB per cápita cae a $4,500 USD, el acceso a agua se desploma al 45%, la educación superior al 12% y la formalidad laboral a apenas un 35%. El resultado de este abandono se refleja en la esperanza de vida, mientras en la capital es de 78 años, diez años más que los 68 años del resto del país. ¿Qué determina la supervivencia?.

Todo esto, es el síntoma de la exclusión. José Matos Mar lo decodificó como el choque entre el "Perú Oficial" (el Estado, la banca, las leyes de escritorio) y el "Perú Marginado" (los ambulantes, los talleres clandestinos). Al verse excluidas del Perú oficial, las mayorías inventan su propia economía.

Efraín Gonzales de Olarte detalla este divorcio: "Tenemos dos Perú económicos: un Perú moderno con empresas formales, tecnología y acceso al crédito; y otro Perú informal con microempresas, precariedad y sin acceso a servicios financieros". Las consecuencias son catastróficas: el 60% de la población trabaja en la informalidad y solo el 25% tiene acceso a seguridad social. Si enfermas o envejeces en el Perú desprotegido, estás solo.

¿Por qué la clase política perpetúa este escenario? Manuel Burga y Alberto Flores Galindo explican que "el sistema oligárquico fue un régimen de exclusión social y política, en el que las mayorías del país fueron marginadas y explotadas para mantener los privilegios de la minoría gobernante". Para ello, la oligarquía demostró una enorme "capacidad de adaptación" controlando el Estado mediante "el fraude electoral, la corrupción, la manipulación de la justicia y el uso sistemático de la violencia".

Hoy la oligarquía controla redes financieras, fusiones y adquisiciones. Germán Alarco, César Castillo y Favio Leiva (Riqueza y Desigualdad en el Perú) exponen la gravedad de esta concentración patrimonial: "Al 2014, la riqueza de ocho familias era equivalente al ingreso que tienen 7 millones 62 mil peruanos... Al 2017, ya eran seis las familias que poseían la misma riqueza que 8,2 millones de peruanos, es decir, la inequidad aumentó".

La desigualdad peruana no es un bache técnico corregible con programas asistenciales. El crecimiento económico reciente no distribuyó la riqueza, sino que multiplicó su concentración en la cúspide.

Esta asimetría extrema es la muerte lenta de la democracia. Mientras el "Perú Oficial" siga gobernando para blindar los privilegios de unos cuantos apellidos, el "Perú Marginado" acumulará una indignación histórica legítima. Si no somos capaces de desmontar esta matriz colonial, el desborde popular dejará de ser una advertencia teórica y volverá a ser nuestro destino inevitable. <>

Perú: 12 de junio de 2026

jueves, 11 de junio de 2026

PROCESO ELECTORAL PERU: REMONTADA DE LA FUJIMORI CON MUCHAS DUDAS

 PLANES GOLPISTAS DE LA REACCIÓN 

Por Gustavo Espinoza M.

P

oniéndose a tono con el mundial de fútbol y como si estuviéramos en una competencia deportiva local, la ultraderecha peruana, que perdió en la cancha, el partido que jugara el 7 de junio busca revertir em mesa los resultados de la contienda.

El punto de partida de lo que ocurre hoy, fue la “encuesta” a boca de urna que difundiera la televisión local a las 5 de la tarde del domingo pasado y que otorgaba la victoria a Keiko Fujimori al igual que en el 2011, el 2016 y el 2021.

Después, el retraso con el que se entregó el “conteo rápido” previsto originalmente para las 8 de la noche y que solamente se diera a conocer poco antes de las 1. Este, corregía la versión y ponía las cosas en su lugar: Pedro Sánchez ocupaba el primer lugar en el escrutinio y ganaba la elección por algo más de 40 mil votos.

A partir de allí comenzaron las maniobras, los cubileteos y los enjuagues electores orientados a cambiar el rostro del proceso: Como se ha dicho, a ganar en mesa lo que Keiko perdió en cancha.

Aunque formalmente se admitió la información del domingo en la noche, se buscó desde un inicio atenuar sus efectos, asegurando que eso apenas reflejaba “un empate estadístico” del que no podía deducirse ningún ganador. Luego asomaron los “argumentos” orientados a justificar “la esperanza” de los perdedores.

Se dijo que “el computo no había concluido”, que faltaban “plazas fuertes” del fujimorismo. Cuando pese a cambios puntuales en cifras episódicas, no se modificaba el cuadro general, se sostuvo que “faltaba el cómputo del voto en el exterior”, aunque la propia ONPE debió admitir que ya había introducida la votación de importantes ciudades como Nueva York, Nueva Jersey, Roma, Oslo y otras, en los resultados entregados.  

Después se supo que, en Londres y Madrid, Keiko Fujimori no había obtenido el respaldo electoral que esperaba; y finalmente se ingresó a la recta final del “voto de afuera”.  

En el 98% del cómputo oficial, se sumó un nuevo argumento: las boletas impugnadas, arguyendo que las de Lima y Callao “favorecían largamente” a Keiko.

De por medio -por si fuera necesario- se agitó el demonio del anticomunismo de manera frenética, para “ambientar” lo que cínicamente se llama “la defensa de la democracia”. Y es que. si todo eso finalmente fallara, el último recurso sería el Golpe de Estado: Un gobierno militar que arrase con todo.  

Gestándolo, desde distintas trincheras se habla ya de un “Golpe Militar Democrático”, que “salve al Perú del comunismo”. Por lo pronto, pareciera que el Comando Conjunto de la Fuerza Armada se habría comprado el pleito. Y es que asumió un “pronunciamiento” asegurando que actuaría contra cualquier amenaza que pusiera en riesgo “el orden constitucional” .

Es bueno que se recuerde que el anticomunismo es una vieja y sucia bandera usada en el plano mundial por las fuerzas más reaccionarias del planeta. En nuestro país sirvió siempre para defender los privilegios de la clase dominante y apañar los abusos inmisericordes contra los pueblos. El APRA hizo aquí el gran negocio con ese “discurso”.

El propio Haya de la Torre enarboló la bandera del anticomunismo para lograr para sí el respaldo de Washington. Demostrar a Estados Unidos que era “el muro de contención” contra “la amenaza roja”, le sirvió para lograr el respaldo de la Casa Blanca en los comicios del 62 y de allí para adelante.

La descomposición del APRA, llevó a Keiko a tomar esa bandera. Y ahí la tienen señalando que “el enemigo del Perú es la Izquierda” a la que teme porque le sabe todas, y porque está cada vez más unida y organizada, y dispuesta a derribar su Poder, precario y poco consistente.

Objetivamente, incluso al margen de los cómputos “oficiales” que en su momento dè la ONPE, Keiko Fujimori perdió las elecciones en el Perú, Podrá haber ganado en Paterson, o en el Estado de La Florida, pero perdió en el Perú, en el 80% del territorio nacional habitado por 22 de los 34 millones de peruanos. Esa es una verdad que quedará grabada en piedra para que perdure en la memoria de todos.

Por lo pronto, verá al país convertido en una llaga abierta. El pueblo no aceptará la maniobra extradeportiva que pretende usar Fuerza Popular ´para quebrar la voluntad ciudadana. La llama de la resistencia está encendida y alumbrará el camino de millones de peruanos.  

Y Keiko deberá saber si eventualmente llegara a asumir la presidencia de la República, que no será reconocida en la inmensa mayoría de ciudades y poblados de nuestro territorio. Ni siquiera podrá convocar libremente una concentración ciudadana en Puno, Cusco, Apurímac, Huancavelica, Ayacucho y muchas otras ciudades del país.

No podrá, entonces, ejercer autoridad alguna, salvo que busque ganarla “a la fuerza”.  Pero eso implicaría recurrir a la violencia extrema- En otras palabras, al fascismo.   Los planes golpistas, finalmente, serán derrotados <->

miércoles, 10 de junio de 2026

CALLES DE PUEBLO CON PINCELES DE PINTORES PUNEÑOS

 

Humareda: NOCTURNAL


Edwin Romero: PUMA UTA


Allca Merma: Calle Cruz Verde AQP


ESQUINA DEL MERCADO PUNO

Curi Gutierrez: EN SELVA ALTA


martes, 9 de junio de 2026

PROCESO ELECTORAL PERUANO: FASE DE CONTEO DE VOTOS

 50 / 50

Christian Reynoso

L

a espera desespera, suelen decir. Pero en el Perú ya estamos acostumbrados a esperar. Los resultados de la ONPE, tras el proceso electoral de la segunda vuelta, se hacen esperar, tal vez más de la cuenta, aunque se supone que dentro de lo razonable. Poco a poco, en horarios indistintos, se va actualizando el conteo, en tanto que el porcentaje se va acercando al 100% de las actas contabilizadas. En este momento, en que escribo estas líneas, se muestra al 95.977% (11.16 a.m. del 9/6/26), con 50.057% para Roberto Sánchez y 49.943% para Keiko Fujimori.

Por otra parte, el resultado del Conteo rápido de la encuestadora Ipsos, que, de acuerdo con el historial de las últimas cinco elecciones, ha sido exactamente igual o solo diferente por algunas décimas, en comparación con el resultado al 100% de la ONPE, esta vez, ha dicho su presidente ejecutivo, podría cambiar. ¿Cómo así, por qué? No me queda claro. Con ello, la tendencia de los resultados que apuntaba a una victoria de Sánchez tras el Conteo rápido, podría no ser así. Esto ha provocado la sensación de estar frente a un ambiente enrarecido, con más incertidumbres que certezas.

Dicen que el Perú se ha partido
en un lado y en su opuesto

Está claro que cualquiera de los dos candidatos que gane lo hará con un pequeño margen sobre el otro. Pero este 50/50 que se observa en la votación, también expresa lo que ocurre en el país: dos maneras distintas de concebir la política y lo que se espera de su ejercicio, y en el modo de sentirse representados. Aunque ello no debería ser una anormalidad en un estado democrático, en nuestro país genera más bien una polarización exacerbada, colmada de insultos, racismo, difamación, ignorancia, mirada vertical y el delirio de la etiqueta ideológica, que ponen en cuestión el respeto, pero al mismo tiempo develan el alma de cada quien. Por lo menos el alma política.

Tal vez sucede que entre peruanos no nos conocemos, o nos conocemos demasiado bien, y por eso nos resulta difícil dialogar y entendernos, y encontrar un proyecto común de país más allá del apuro de la sobrevivencia del día a día. 50/50, mita mita, fifty-fifty, en este contexto, está lejos de sugerir el equilibrio y lo equitativo. No queda más que esperar, seguir esperando. Casi un deporte nacional. Esperar a que el Perú cambie alguna vez, sin corrupción, sin pobreza, con educación, con paz. <:>

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NOTAS DEL DIFUSOR

1.  LAS MESAS EN ESTADOS UNIDOS DEBEN SER VIGILADAS PARA EVITAR UNA IRREGULARIDAD EN ESTE PAÍS, ya que el voto en el exterior lo controla la cancillería peruana (favorable al fujimorismo) y no el poder electoral. (Resumen de la Situación Electoral 09/06/2026)

2. HILDEBRANDT SOSPECHA ALGO TRAS LAS REVELACIONES DEL DIRECTOR DE IPSOS SOBRE UNA POSIBLE VICTORIA DE KEIKO FUJIMORI BAJO FUERTE PRESIÓN POLÍTICA

César Hildebrandt volvió a pronunciarse en medio de la tensión electoral y recordó que los conteos rápidos de IPSOS históricamente han mantenido un elevado nivel de precisión en las elecciones presidenciales. Por ello, diversos sectores consideran que cualquier escenario distinto al reflejado inicialmente por esas cifras deberá ser explicado con absoluta transparencia.

La polémica aumentó luego de que el director de IPSOS, Alfredo Torres, afirmara que, según todos los algoritmos matemáticos y escenarios posibles, Keiko Fujimori terminaría imponiéndose a Roberto Sánchez por una diferencia mínima, pese a que el conteo oficial seguía mostrando una disputa extremadamente ajustada.

A ello se suman las filtraciones, audios y especulaciones que han circulado durante las últimas horas sobre las actas observadas y el peso del voto extranjero, alimentando las dudas y recordando a muchos ciudadanos otros momentos polémicos de la historia electoral peruana.

En una de las elecciones más reñidas de los últimos años, la exigencia de millones de peruanos sigue siendo una sola: que se respete la voluntad popular expresada en las urnas y que el resultado final esté acompañado de total transparencia y confianza ciudadana.

3.   TORRES DE IPSOS SE TRAE ALGO BAJO LA MANGA.- El diputado electo por Lambayeque, Ernesto Zunini, lanza una dura crítica hacia el jefe de Ipsos, “Es muy “extraño” que el Sr. Alfredo Torres de Ipsos salga a desmentirse a sí mismo, a despreciar su propio estudio ¿desde cuándo la estadística dejó de ser ciencia? ¿Qué opina sobre esto Transparencia?

lunes, 8 de junio de 2026

ENFOCANDO NUESTRA REALIDAD SOCIAL

 RACISMO EN EL PERÚ

Por: Moisés Suxo Yapuchura

Introducción

L

a historia de la migración interna en el Perú es también la historia de la lucha por el reconocimiento. Miles de personas de origen andino, muchas de ellas hablantes de lenguas originarias como el aimara o el quechua, migraron a las ciudades en busca de mejores condiciones de vida. Pero lo que encontraron fue, muchas veces, un país que no los reconocía como parte legítima de su identidad nacional.

Este artículo presenta y analiza dos testimonios de abuelos migrantes aimaras: Jacobo, quien vivió la experiencia migratoria en la década de 1950, y Pablo, cuya experiencia es de la década de 1960. A través de sus voces, podemos comprender no solo los efectos del racismo estructural, sino también la evolución de las formas de resistencia y afirmación identitaria en el Perú.

1. Testimonios

Jacobo en su testimonio señaló que “En esos años, 1956, hablar de aimara era un poquito vergonzoso a veces porque también el trato era un poco diferente, que tú vienes es como cualquier cosa, que serrano, entonces te evitas, ya no aceptas. Muchas veces los paisanos se pasan, dicen yo soy arequipeño, soy de Tacna, así hacían esos, se avergonzaban... Antes era arrinconado, marginado, había marginalidad, por ejemplo, en Lima, los huarochiranos en La Parada cuando entré a trabajar en los negocios: ¡serranos! ¡llamas!, decían.”

Este testimonio revela una época marcada por el racismo abierto y estructural entres los propios migrantes. Jacobo experimenta la discriminación lingüística, geográfica y étnica. El solo hecho de hablar aimara, o ser identificado como "serrano", era motivo de burla y marginación. La respuesta de muchos migrantes fue ocultar su origen, adoptando identidades regionales más aceptadas por la sociedad limeña.

Por otro lado, Pablo dijo que “Con los compañeros de trabajo éramos como amigos. Como somos ya grupo, entonces ya, un mes, un mes así por ahí no más he trabajado yo en el campo (jardinería), después a la oficina. Sí, así he trabajado yo. Ya, ahí, entonces, de ahí he salido ya. No, no, no he tenido ningún problema.”

Prosiguió: “En el trabajo me encontraba con personas de Cajamarca, Huancayo, Cerro de Pasco... Cada uno con su propia forma de ser. Algunos no sabían quién fue Atahualpa, otros no conocían Puno, ni Huancho, ni Huancané. Yo sí les decía: ‘Soy puneño, de cerca de Bolivia’. Y ya, así nos conocíamos, nos entendíamos hablando castellano.”

El relato de Pablo representa una realidad distinta y más integradora. Aunque persisten las diferencias culturales y geográficas entre migrantes, no hay una experiencia directa de discriminación. Pablo afirma su identidad puneña con orgullo, y señala una convivencia más horizontal en el entorno laboral limeño.

2. Análisis comparativo

2.1. Migración como choque cultural

Ambos testimonios reflejan la experiencia común de la migración interna en el Perú. Personas de los Andes, hablantes de lenguas originarias como el aimara, se trasladan a Lima en busca de trabajo. Sin embargo, al llegar, se enfrentan a una sociedad urbana que no los reconoce y muchas veces los discrimina.

• Jacobo vivió la migración en la década de 1950, cuando hablar aimara era motivo de vergüenza.

• Pablo, aunque en un tiempo después, 1960, también experimenta esa diversidad, pero desde una perspectiva más integradora.

Ambos casos revelan cómo la migración reconfigura las relaciones sociales y pone en tensión las identidades regionales, lingüísticas e históricas.

Brigida Curo candidata a vicepresidenta
2.2. Identidad: de la vergüenza al orgullo

• Jacobo muestra cómo el racismo obligaba a los migrantes a negar su identidad para sobrevivir. Hablar aimara era motivo de burla, y muchos fingían ser de otras regiones más aceptadas. Su experiencia está marcada por vergüenza, ocultamiento y exclusión.

• Pablo, en cambio, representa un contexto donde hay más apertura. Aun cuando existe desconocimiento cultural, él afirma con orgullo su identidad puneña. Rechaza el silencio y defiende su origen andino sin conflictos aparentes.

Mientras que en el pasado la identidad andina era algo que debía ocultarse para evitar la exclusión, en el testimonio de Pablo se muestra como un orgullo cultural, aunque siga siendo una minoría frente al predominio del castellano y la cultura costeña. Esto habla de un cambio de paradigma generacional, aunque no necesariamente de la desaparición del racismo.

2.3. Lengua y memoria como fronteras

La lengua aimara aparece en los dos casos como un marcador identitario importante. Mientras que para Jacobo el aimara lo marginaba, para Pablo, el castellano es la lengua común entre migrantes, aunque ello implique cierta pérdida del aimara.

Ambos coinciden en que los migrantes llegan con referencias geográficas e históricas distintas, lo que genera desconexión. No todos conocen figuras como Atahualpa, ni ubican Puno o Huancané. Esto deja en evidencia que el Perú sigue siendo un país fragmentado culturalmente, donde las regiones aún no se reconocen entre sí. La migración interna hace visibles esas diferencias, forzando a los sujetos a redefinirse y posicionarse culturalmente.

2.4. Relaciones laborales: de la hostilidad al compañerismo

• Jacobo denuncia violencia verbal directa, estigmatización ("¡serrano!", "¡llama!"), y una ciudad hostil hacia los migrantes.

• Pablo, en contraste, destaca la amistad y la convivencia en el trabajo: "con los compañeros éramos como amigos", dice, y enfatiza que no tuvo ningún problema en su entorno laboral. Incluso experimentó movilidad, pasando de la jardinería a la oficina.

Esto podría mostrar una transformación en las relaciones laborales y sociales entre migrantes en la ciudad: de una lógica de discriminación excluyente (Jacobo) a una de coexistencia y cierta integración (Pablo). Sin embargo, también puede ser que las formas de racismo hayan mutado, volviéndose más sutiles o menos explícitas.

A continuación, se presenta un cuadro comparativo resumido.

Ver Cuadro "eje temático"

3. Conclusión

Los testimonios de Jacobo y Pablo no solo nos cuentan sus vidas, sino que también nos permiten pensar en el Perú como una sociedad profundamente marcada por el racismo, la desigualdad y la lucha por el reconocimiento.

Jacobo representa una época de marginación abierta, donde los migrantes eran empujados a ocultar su cultura. Pablo, en cambio, muestra un momento de mayor afirmación, donde se puede decir con orgullo "soy puneño", aunque el desconocimiento entre peruanos persista.

Ambas voces revelan que la migración interna no es solo un fenómeno económico, sino también una historia emocional, cultural y política, que sigue vigente.

4. Llamado a la acción

¡Nunca más vergüenza por ser quienes somos!

“Antes era arrinconado, marginado... Ahora digo con orgullo: soy puneño.”

Los testimonios de Jacobo y Pablo son una memoria viva del racismo y la resistencia. Hoy, te invitamos a construir una sociedad plural, intercultural y distinta.

¿Qué podemos hacer?

• Valorar todas las culturas del Perú —no solo las dominantes.

• Denunciar el racismo y la exclusión, en cualquier forma.

• Educar en interculturalidad desde las escuelas, medios y familias.

• Escuchar a los migrantes, no como "otros", sino como parte de “nosotros”.

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Referencia

Suxo Yapuchura, Moisés: RAÍCES AIMARAS EN LIMA. DOS HISTORIAS DE VIDA/ LIMA MARKANA AYMARA SAPHINAKA: PAYA JAKAÑA SARNAQÄWI. (En prensa).

Moisés Suxo Yapuchura, es magister en Planificación y gestión de la educación intercultural bilingüe por la Universidad Mayor de San Simón de Bolivia. Egresado de Antropología de la Pontificia Universidad Católica del Perú.



 

sábado, 6 de junio de 2026

PARA LA HISTORIA DE LA POLITICA PERUANA DE PRINCIPIOS DEL PRESENTE SIGLO

 RECORDEMOS EL FRAUDE ELECTORAL DEL FUJIMORISMO EN EL AÑO 2000

Por Nicanor Domínguez Faura

 ‘El Salmón”  5 de junio de 2026

En el debate presidencial del pasado domingo 31 de mayo, la candidata Keiko Sofía Fujimori Higuchi afirmó: “A nosotros nos preocupa de sobremanera lo que ocurrió en la primera vuelta. Hemos respaldado las denuncias de otros grupos políticos. Hemos saludado, sí, también las decisiones del Jurado Nacional de Elecciones de ampliar los horarios y ampliar la votación hasta el día siguiente”.

Evidentemente hacía referencia a las escandalosas e infundadas denuncias del candidato de ‘Renovación Popular’, Rafael López-Aliaga Cazorla, quien pretendió por casi seis semanas desconocer el resultado de la primera vuelta de las elecciones de este año 2026, pues resultó en tercer lugar y sin opción a pasar a la segunda vuelta. Esta campaña “fraudista” de López-Aliaga ha causado un serio desprestigio de los organismos electorales: la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) y el Jurado Nacional de Elecciones (JNE).

La candidata hizo también referencia a su “Campaña Defensores del Perú”, el intento de reunir 100 mil personeros de ‘Fuerza Popular’ para la segunda vuelta: “Hacemos un llamado a la población para defender el Perú y hacemos esta convocatoria para que todos los ciudadanos se inscriban como personeros no solo en Fuerza Popular, también en el otro grupo político. Los observadores internacionales serán claves porque lo que tenemos que hacer es fortalecer la democracia”.

Lo que no ha mencionado ella es que --tanto en la primera vuelta de este año 2026 con López-Aliaga, como en la segunda vuelta del año 2021, cuando el fujimorismo intentó desconocer su derrota electoral con la campaña del supuesto “fraude en mesa”-- todos los observadores internacionales han coincidido en rechazar el “fraudismo” de la derrotada y revanchista derecha peruana, respaldando la labor de los organismos electorales. Recordemos que no ocurrió lo mismo hace un cuarto de siglo, cuando los observadores internacionales concluyeron que las elecciones del año 2000 en el Perú habían sido extremadamente irregulares. Y, para la mayoría de los peruanos de entonces, abiertamente fraudulentas.

*         *         *

La idea de perpetuarse en el poder mediante sucesivas elecciones y llevar adelante una “democracia dirigida” por una coalición cívico-militar se expresó hace casi 40 años en el llamado “Plan Verde”, elaborado en los años 1988-1989, al final del caótico primer gobierno de Alan García Pérez (1985-1990). Las Fuerzas Armadas, jaqueadas por el avance de los movimientos subversivos (‘Sendero Luminoso’, MRTA) y afectadas como todo el país por la hiperinflación de los años 1988-1990, encargaron a un “grupo de trabajo”, con la participación de tecnócratas civiles anti-Apristas, elaborar un “Plan de Gobierno”. Inspirados en el ejemplo chileno de la dictadura de Pinochet (1973-1990), era una apuesta por incrementar la represión y por promover el neoliberalismo económico: “para llevar al país al siglo XXI” y “alcanzar un nivel de país desarrollado”.      

En 1990 el “asesor” del electo presidente Alberto Kenya Fujimori Fujimori, el ex-capitán expulsado del Ejército y abogado de narcotraficantes, Vladimiro Lenin Montesinos Torres, recibió copia del “Plan Verde” y lo utilizó después como guía en el “fuji-golpe” del 5 de abril de 1992. Desde el Servicio de Inteligencia Nacional (SIN), el “asesor” Montesinos no solo buscó corromper y controlar a los mandos militares, sino penetrar las instituciones judiciales y electorales, para mantenerse indefinidamente en el poder. Sin necesitar de un golpe militar abierto, el control de las elecciones podía garantizar la continuidad de este proyecto político fuji-montesinista.

La Constitución fujimorista de 1993 abrió la posibilidad prologar el régimen, pues estableció que: “El mandato presidencial es de cinco años. El presidente puede ser reelegido de inmediato para un período adicional. Transcurrido otro período constitucional como mínimo, el expresidente puede volver a postular, sujeto a las mismas condiciones” (artículo 112). En el libro del politólogo japonés Yusuke Murakami se incluye una útil cronología (pp.601-615), que permite seguir el desarrollo de las sucesivas acciones del gobierno de Fujimori, en su constante intromisión para controlar el resultado de los procesos electorales de 1995 y, especialmente, el del año 2000.

La modificación de las reglas (1996-1997):

Tras haber sido reelegido en 1995, Fujimori declaró a un medio de prensa internacional que la nueva Constitución le prohibía postular en las siguientes elecciones presidenciales, programadas para el año 2000 (16 de febrero, 1996). Pero, seis meses después, la bancada del oficialismo en el Congreso, la alianza ‘Nueva Mayoría-Cambio90’, forzó la aprobación de la “Ley de Interpretación Auténtica” sobre la reelección presidencial (20 de agosto). Se argüía que: “del artículo 112 se deduce que el período 1990 [a 1995] no se considera, al ser previo a esa Constitución, y que, por tanto, sólo hay que tomar en cuenta el que se inició en 1995, razón por la cual Alberto Fujimori puede postular de nuevo en el 2000” (Ley 26657, 23 de agosto de 1996).

La oposición denunció en el Congreso la ilegalidad de esta primera manipulación (de una posible tercera candidatura de Fujimori), y reclamó ante el Tribunal Constitucional (TC), cuyos siete miembros habían sido recientemente instalados (21 de junio, 1996). Esta instancia de control constitucional sentenció que la “Ley de Interpretación Auténtica” no era legalmente aplicable en favor del presidente que ya ejercía un segundo mandato (16 de enero, 1997). La mayoría oficialista en el Congreso votó por destituir a los tres miembros del TC --Manuel Aguirre Roca, Guillermo Rey Terry y Delia Revoredo Marsano-- que habían apoyado la sentencia de inaplicabilidad de la Ley 26657 a Fujimori (28 de mayo). El presidente del TC, Ricardo Nugent López-Chávez, renunció a la presidencia en solidaridad con sus colegas (29 de mayo). Por tres años y medio, desde mayo de 1997 hasta noviembre del 2000, el Perú no tuvo un Tribunal Constitucional autónomo y plenamente en funciones que pudiera regular los excesos legislativos del Congreso.

El bloqueo del referéndum (1996-1998):

El ‘Foro Democrático’ fue creado como respuesta de la sociedad civil al “fuji-golpe” del 5 de abril de 1992, buscando promover acciones ciudadanas que confrontaran el autoritarismo del gobierno y permitieran volver a un sistema político representativo de base democrática. Así, al mes siguiente de la promulgación de la “Ley de Interpretación Auténtica”, iniciaron una campaña de recolección de firmas para oponerse a la re-reelección de Fujimori (setiembre 1996). El objetivo era utilizar una innovación de la Constitución de 1993, el referéndum o consulta popular (que ya había sido utilizado para la aprobación de la propia Constitución en octubre de 1993).

Para bloquear esta iniciativa, el Congreso promulgó la Ley 26592 (la “Ley Marcenaro”), que aumentaba el número de firmas requeridas para convocar un referéndum: 10 por ciento de la población electoral (octubre 1996). En ese momento, el nuevo porcentaje equivalía a 1’200,000 firmas. El ‘Foro Democrático’ trabajó por casi dos años en la recolección de 1’441,000 firmas, que fueron presentadas el Jurado Nacional de Elecciones el 16 de julio de 1998. Al mes siguiente, el JNE dictaminó que, para realizar el referéndum sobre la tercera postulación de Fujimori, se necesitaba el apoyo en el Congreso de al menos 48 congresistas (20 de agosto). Una semana después, la mayoría oficialista votó en contra, rechazando la propuesta (27 de agosto).

Además de la supresión de la consulta popular promovida por el ‘Foro Democrático’, otros dos hechos importantes ocurrieron en la segunda mitad del año 1998. El “triunvirato” en el poder desde el “fuji-golpe” de 1992, conformado por Fujimori, Montesinos y por el jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas y Comandante General del Ejército, general Nicolás Hermoza Ríos, llegó a su fin tras más de seis años de cogobierno. Hermoza fue destituido (agosto 1998), “con lo que Montesinos llegó a completar el control sobre la cúpula militar” (Murakami p.497). Los dos últimos años del régimen fueron plenamente fuji-montesinistas.

El segundo hecho importante fue la realización de las elecciones municipales (11 octubre). En ellas el gobierno promovió a una nueva agrupación pro-fujimorista, ‘Vamos Vecino’, organizada por el ingeniero agrónomo cajamarquino Absalón Vásquez Villanueva. Aunque el candidato a la alcaldía de Lima, Juan Carlos Hurtado Miller, perdió (32.7%) y el entonces alcalde Alberto Andrade fue reelegido (58.8%), ‘Vamos Vecino’ ganó en 76 de 194 provincias a nivel nacional (39%), y en 597 de los 1622 distritos del país (36.8%). Esto convenció a Fujimori de la utilidad y eficiencia de Vásquez como operador político para las elecciones venideras.

Debe anotarse aquí también que el contexto de la re-reelección de Fujimori fue el del estancamiento de la economía peruana a partir de 1998, tras casi un quinquenio de espectacular crecimiento (1993-1997). Esto se debió a los efectos del fenómeno de “El Niño” (1997-1998), agudizados por las repercusiones locales de la crisis financiera rusa y asiática a nivel internacional.

El año 1999:

A lo largo de todo el año 1999 los partidos opositores intentaron conformar una candidatura presidencial unificada. El ‘Foro Democrático’ ya había propuesto realizar elecciones primarias con este fin (15 de diciembre, 1998). También se emitieron comunicados conjuntos oponiéndose a la tercera postulación de Fujimori (20 de abril, 1999), y hasta catorce agrupaciones opositoras firmaron un “Pacto de Gobernabilidad” (25 de noviembre). Sin embargo, las principales fuerzas opositoras desistieron finalmente de elegir a un candidato único (5 de enero, 2000).

El gobierno de los Estados Unidos, presidido por el político demócrata Bill Clinton (1993-2001), toleró en términos generales el autoritarismo de Fujimori. Pero a finales del año 1999, tanto la Cámara de Diputados (4 de octubre), como la de Senadores (3 de noviembre), del Congreso norteamericano aprobaron sendas resoluciones expresando su “preocupación por el retroceso de la democracia en el Perú”.

A fines de noviembre de 1999 fueron convocadas oficialmente las elecciones generales para el año 2000. Un mes después, Fujimori anunció su tercera postulación a la Presidencia de la República (27 de diciembre). Entonces explicó que: “la decisión se debía a que no había encontrado ningún sucesor confiable, tanto en el oficialismo como en la oposición; y a que en la alianza oficialista, las Fuerzas Armadas y otros sectores, hubo muchas voces que reclamaban la continuidad del gobierno” (Murakami p.511).

El gobierno norteamericano expresó que sería neutral respecto de los resultados electorales del año venidero, pero exigió que el proceso “sea libre, justo y transparente” (28 de diciembre). En paralelo, la oposición presentó 18 observaciones demandando la nulidad de la candidatura fujimorista, dada su inconstitucionalidad por ser una tercera postulación consecutiva, pero el JNE desestimó el reclamo. Se hizo así evidente la parcialidad del ente electoral.

El Jurado Nacional de Elecciones aceptó oficialmente la tercera candidatura de Fujimori (30 de diciembre). Era el candidato de la ‘Alianza Perú 2000’, formada por ‘Cambio 90-Nueva Mayoría’ (en el poder desde 1995) y dos movimientos liderados por Absalón Vásquez (vinculado directamente a Montesinos): ‘Vamos Vecino’ (creado en 1998) y el novísimo ‘Frente 2000’.

La Primera Vuelta del año 2000:

Las principales candidaturas de oposición --del alcalde de Lima, Alberto Andrade Carmona, y del ex-jefe del IPSS, Luis Castañeda Lossio--, fueron sistemáticamente atacadas desde fines de 1999 por los llamados “diarios chicha” (‘El Mañanero’, ‘El Chino’, ‘El Men’, ‘La Chuchi’, ‘El Chato’, ‘Diario Más’), financiados por Montesinos desde el SIN. Cuando el candidato Alejandro Toledo Manrique empezó a subir en las encuestas, a inicios del año 2000, se convirtió en blanco de similares ataques. El análisis del accionar de esta “prensa basura” del fuji-montesinismo ha sido hecho por la periodista Jacqueline Fowks.

Pero la avasalladora campaña del oficialismo sufrió un sorpresivo revés a principios del año de las elecciones. El ‘Frente 2000’, agrupación componente de la alianza oficialista ‘Perú 2000’, había presentado el año anterior alrededor de 2’100,000 firmas para su inscripción. El diario ‘El Comercio’ denunció que se habían falsificado masivamente alrededor de un millón de firmas para esa inscripción (29 de febrero). Ante el escándalo, el ‘Frente 2000’ terminó apartándose de ‘Perú 2000’. La manipulación encubierta del gobierno en el proceso electoral se hizo visible.

Pocos días después la ‘Misión de Observación Electoral’ de la Organización de Estados Americanos (MOE-OEA), presidida por el guatemalteco Eduardo Stein, comenzó sus actividades en Lima (3 de marzo). Sus preguntas sobre el uso del padrón electoral para la falsificación de las firmas de ‘Perú 2000’, tema que el poder judicial no estaba investigando, y sobre las condiciones del sistema informático que la ONPE utilizaba, no fueron respondidas. Sin embargo, los observadores de la OEA registraron los problemas de la desigual cobertura informativa del proceso electoral (favorable al gobierno), el dudoso manejo de fondos públicos (en favor de la campaña de Fujimori), y la difusión (restringida) de la publicidad de los candidatos de la oposición.

Poco más de dos semanas antes de las elecciones, la misión de observación estadounidense (Centro Carter e Instituto Nacional Demócrata), advirtió: “El ambiente electoral en Perú se caracteriza por la polarización, la ansiedad y la incertidumbre. No se han establecido las condiciones para una campaña electoral justa. Ya se han hecho daños irreparables a la integridad del proceso electoral, pero aún se pueden y se deben hacer mejoras porque los candidatos y los partidos están compitiendo, los ciudadanos participan en el proceso y los resultados electorales no están asegurados” (24 de marzo).

El día de las elecciones generales, el domingo 9 de abril del 2000, los principales candidatos fueron Alberto Fujimori, de la alianza ‘Perú 2000’ (obtuvo oficialmente 49.87% de los votos válidos); Alejandro Toledo de ‘Perú Posible’ (40.23%); Alberto Andrade de ‘Somos Perú’ (3%); y Luis Castañeda Lossio del partido ‘Solidaridad Nacional’ (1.8%).

Las encuestas de boca de urna, después del cierre de la votación a las 4 pm, dieron la delantera a Toledo (Datum 48.5%, CPI 46.7%, Apoyo 45.2%), aunque el segundo puesto de Fujimori entraba dentro del margen de error (Apoyo 43.6%). Precipitadamente, Toledo anunció su “triunfo” en la primera vuelta, por lo que fue criticado por el gobierno y la prensa afín, así como por los observadores internacionales. Sin embargo, horas más tarde, el conteo rápido de ‘Transparencia’ dio a Fujimori 48% y a Toledo 42%. El conteo rápido de la OEA confirmó la tendencia, concluyendo que habría segunda vuelta.Sin embargo, en los días siguientes, los lentos conteos parciales de la ONPE hacían temer que Fujimori podría llegar a superar el 50% de la votación, ganando así en primera vuelta (como había ocurrido en 1995). El secretismo de la ONPE multiplicó las acusaciones de manipulación de los resultados. Los Estados Unidos exigieron públicamente que el proceso electoral continuara y que la segunda vuelta fuese “transparente y justa” (lunes 10 de abril). Los resultados finales fueron recién anunciados tres días después de las elecciones por José Portillo, jefe de la ONPE (miércoles 12 de abril): oficialmente Fujimori y Toledo pasaban a segunda vuelta.

El padrón oficial para las elecciones del año 2000 registró a 14’567,467 electores. En la primera vuelta la abstención llegó a 2’501,239 votantes (17.17% del padrón). Los votos nulos sumaron 708,617 (4.86%) y los votos blancos fueron 271,742 (1.86%). Por tanto, los votos válidos fueron 11’085,870 (76.10% del padrón). La alianza fujimorista ‘Perú 2000’ obtuvo oficialmente 5’528,568 votos (49.87% votos válidos); el mayor respaldo se obtuvo en Lima y en el norte del país. El partido ‘Perú Posible’ registró 4’460,895 votos (40.23% votos válidos); su mayor votación la consiguió en el sur del Perú, particularmente en Arequipa, Cusco y Puno, así como en el Oriente, sobre todo en Loreto.

La alianza oficialista obtuvo 52 de los 120 escaños del Congreso, no alcanzando mayoría (como sí la había obtenido en 1995). Por eso Montesinos se dedicó, literalmente, a comprar a una docena de congresistas elegidos por los partidos de oposición. Uno de ellos fue Luis Alberto Kouri Bumachar, cuyo “vladi-video” en la salita del SIN, del 5 de mayo, fue presentado a todo el país poco más de cuatro meses después, el jueves 14 de setiembre, precipitando con ello la crisis final del régimen fuji-montesinista.

La Segunda Vuelta del año 2000:

La campaña para la segunda vuelta comenzó después de Semana Santa. La MOE-OEA presentó un informe sobre la primera vuelta, evitando utilizar el término “fraude”, aunque señalando “irregularidades” y “anomalías” (11 de mayo). Al día siguiente, la ONPE anunció el cambio del programa informático usado en la primera vuelta por uno nuevo (12 de mayo). La MOE-OEA pidió postergar la fecha de la votación, para poder verificar el nuevo sistema de cómputo (18 de mayo).

El candidato Toledo, que había continuado en campaña mientras insistía en denunciar un fraude electoral en marcha, decidió renunciar a participar en la segunda vuelta (18/19 de mayo). Pidió a sus electores abstenerse de votar, aunque días después llamó a votar en blanco. Como en el caso del dictador civil Augusto B. Leguía (durante el “Oncenio”, 1919-1930), en las elecciones de 1924 y 1929, o del dictador militar Manuel A. Odría (durante el “Ochenio”, 1948-1956), en la elección de 1950, Fujimori era ahora el candidato único. Ya no podía perder.

La asociación civil ‘Transparencia’ anunció que: “al no existir condiciones técnicas mínimas para llevar a cabo una competencia libre y limpia, se abstendrá de observar las elecciones” (23 de mayo). El pedido de postergación hecho por la MOE-OEA fue rechazado por el JNE (25 de mayo). La misión de la OEA anunció su retiro del país. Su presidente, Eduardo Stein, consignó en su informe final las preferencias pro-fujimoristas de los canales de televisión (especialmente ‘América’ y ‘Latina’) y las limitaciones impuestas para revisar el sistema de cómputo electoral, concluyendo que: “De acuerdo a los estándares internacionales, el proceso electoral peruano está lejos de [poder] ser considerado como libre y justo”.

En la segunda vuelta, el domingo 28 de mayo, votaron 11’800,310 personas (81% del padrón) y la abstención fue de 2’767,157 (19%). Los votos blancos fueron solo 140,773 (0.96%), pero los votos viciados alcanzaron los 3’531,637 (24.24% del padrón, 29.93% de los votos emitidos, el porcentaje más alto de rechazo electoral registrado en todo el siglo XX). Los votos válidos fueron 8’127,900 (55.79% del padrón, 68.88% de los votos emitidos).


Pese a que había renunciado a su candidatura, Toledo obtuvo el apoyo de 2’086,215 ciudadanos (14.32% del padrón, 17.68% de los votos emitidos, 25,67% de los votos válidos). Fujimori, candidato único, obtuvo oficialmente 6’041,685 votos (41.47% del padrón, 51.20% de los votos emitidos, 74.33% de los votos válidos). Sumó 513,117 votos más que en la primera vuelta. Pero fue una victoria pírrica, pues su legitimidad era ampliamente cuestionada dentro y fuera del país.

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Preguntada repetidas veces por el periodismo si respetará los resultados de la votación del domingo 7 de junio, Keiko Fujimori ha declarado un par de días antes de la elección: “Seré absolutamente respetuosa de la voluntad popular (…) Estamos tomando las medidas para tener personeros en todas las mesas del país e invocamos a los observadores para que estén atentos, pero por supuesto que vamos a respetar, como siempre lo hemos hecho, la voluntad popular”.

¿Cómo siempre lo han hecho? Ojalá que en esta cuarta oportunidad, de ser nuevamente derrotada, la candidata del fujimorismo no se desdiga y vuelva después a someter al país entero a una infundada campaña de “fraude en mesa”, como en el año 2021. Ni entonces, ni ahora, los observadores internacionales respaldarán sus truculentos e injustificables reclamos. ¡Basta ya!

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Referencias:

 Narda Saavedra, “Keiko Fujimori se aferra a narrativa del fraude a días de la segunda vuelta”, ‘La República’, Lima, 1 de junio de 2026.

<https://larepublica.pe/politica/2026/06/01/keiko-fujimori-se-aferra-a-narrativa-del-fraude-a-dias-de-la-segunda-vuelta-hnews-22166>

 Narda Saavedra, “Keiko Fujimori asegura que respetará los resultados de la segunda vuelta: «Siempre lo hemos hecho»”, ‘La República’, Lima, 5 de junio de 2026.

<https://larepublica.pe/politica/2026/06/05/keiko-fujimori-asegura-que-respetara-los-resultados-de-la-segunda-vuelta-siempre-lo-hemos-hecho-hnews-180240>

 “Historia de una traición”, ‘Oiga’, V etapa, no. 647, Lima, 12 de julio de 1993, pp.20-35; “El poder en la sombra”, ‘Oiga’, V etapa, no. 648, Lima, 19 de julio de 1993, pp.30-35.

<https://web.archive.org/web/20331210002149/https://www.scribd.com/embeds/310286817/content>

 Yusuke Murakami, ‘El Perú en la Era del Chino: La política institucionalizada y el pueblo en busca de un salvador’ [2007], 2da ed. revisada (Lima: IEP, 2012).

<https://www.academia.edu/12038884/262209236_Peru_en_La_Era_Del_Chino_Murakami_Yusuke?rhid=40486705465&swp=rr-rw-wc-71482801&nav_from=0a28d07c-7cb4-4295-8b52-17275859494e>

 Jacqueline Fowks, ‘Chichapolitik: La prensa con Fujimori en las elecciones generales 2000 en el Perú’ [2000], 2da ed. (Lima: Fundación Ebert, SER, 2015).

<https://www.academia.edu/43671980/Chichapolitik_La_prensa_con_Fujimori_en_las_elecciones_generales_2000_en_el_Per%C3%BA>

 José Alejandro Godoy, El último dictador: Vida y gobierno de Alberto Fujimori (Lima: Planeta, 2021).

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