sábado, 8 de agosto de 2026

ARTISTAS PLASTICOS PUNEÑISTAS SOBRESALIENTES: CARLOS DREYER

 


VER SU TRAYECTORIA, COPIANDO EN SU NAVEGADOR EL SIGUIENTE ENLACE:

https://drive.google.com/file/d/1vZVsYLZB9414H9B5WCp3EglJ6f1orUMh/view?usp=sharing

viernes, 7 de agosto de 2026

ARTE FOTOGRAFICO POR PUNEÑOS

URIEL MONTÚFAR:

PRESERVANDO LA MEMORIA VIVA DE LOS ANDES

Soledad Quartucci REPÚBLICA LATINA 6AGO26

P

Uriel Montùfar
ara Uriel Montúfar, la fotografía nunca ha consistido simplemente en documentar la realidad. Es un acto de preservación, un diálogo con la tierra y una forma de salvaguardar historias que, de otro modo, podrían desvanecerse con el tiempo.

Nacido en Puno, Perú, y conocido profesionalmente como Uriel Montúfar creció en la sierra andina, donde el lago Titicaca, las imponentes montañas y las tradiciones de las comunidades quechua y aimara dan forma a la vida cotidiana. Criado en una familia quechua y rodeado de comunidades aimara, Montúfar reconoce que este rico entorno cultural influyó profundamente tanto en su visión del mundo como en su visión artística.

 “Crecí en un lugar donde la naturaleza y la cultura se funden en una sola”, afirma. “El tiempo transcurre a un ritmo diferente, y la vida gira en torno a la comunidad, las fiestas tradicionales, los ciclos agrícolas y una profunda conexión espiritual con la Pachamama”. Esa crianza le enseñó a observar con paciencia y respeto, cualidades que se han convertido en la base de su obra. Montúfar se esfuerza por contar historias sobre la memoria, la identidad y la resiliencia cultural del pueblo andino.

Su afición por la fotografía comenzó a temprana edad, impulsado por el deseo de preservar aquello que veía desaparecer gradualmente. Pronto comprendió que una fotografía podía convertirse en un testimonio para las generaciones futuras.

 “Comprendí que la fotografía podía preservar la memoria de las comunidades”, explica. “Lo que más me cautivó fue su capacidad para conmover a la gente sin una sola palabra”. Desde ese momento, supo que la cámara se convertiría en su lenguaje: una forma de conectar con los demás y contar las historias de la tierra que lo forjó.

The big flute of Layo, Cusco
La expresión artística siempre ha formado parte de la herencia familiar de Montúfar. Su abuelo, Uriel Montúfar Montúfar, fue un distinguido poeta quechua cuyos libros y diccionarios quechua-español contribuyeron a preservar tanto la lengua como la memoria cultural. Dos de sus tíos, Milton Montúfar y Carlos Montúfar, son pintores, y crecer rodeado de expresión creativa alimentó su propia trayectoria artística.
Diablo Caporal en Festividad Candelaria

 Aunque al principio fue en gran medida autodidacta —aprendiendo a través de la práctica, los libros y el estudio del trabajo de otros fotógrafos—, más tarde complementó su formación con talleres y cursos especializados. Aun así, cree que su mayor aprendizaje lo ha obtenido en otros ámbitos.

“Mi verdadera formación ha sido trabajar sobre el terreno y convivir con las comunidades que fotografío”, afirma.

Actualmente, el trabajo de Montúfar se centra en la fotografía documental y artística, explorando la identidad andina, el patrimonio cultural, la espiritualidad, las fiestas tradicionales, los paisajes y la perdurable relación entre las personas y la naturaleza. Cada proyecto se fundamenta en el respeto, la confianza y una auténtica conexión humana.

“Creo que una imagen puede convertirse en un puente entre culturas”, afirma, “y ayudar a la gente a reconocer la belleza y el significado de aquello que a menudo pasa desapercibido”.

Trabajar en proyectos documentales a largo plazo en regiones remotas de Perú presenta desafíos importantes. Las oportunidades de financiación y los espacios de exhibición son limitados fuera de los principales centros culturales del país. Sin embargo, Montúfar cree que la distancia también se ha convertido en una de sus mayores fortalezas, permitiéndole desarrollar relaciones más profundas y crear obras más significativas.

Una de las mayores recompensas ha sido ver cómo historias nacidas en pequeñas comunidades andinas resuenan en audiencias de todo el mundo.

“Cada reconocimiento internacional que he recibido lo siento como un reconocimiento para las personas que aparecen en mis fotografías”, afirma.

Para Montúfar, la preparación es tan importante como el momento de tomar una fotografía. Antes de coger su cámara, dedica tiempo a investigar, escuchar y entablar relaciones.

“La confianza se construye mucho antes de que aparezca la cámara”, explica.

Su objetivo no es simplemente crear fotografías impactantes, sino capturar la emoción, la humanidad y la identidad de manera que los espectadores sientan que están presenciando una historia real.

Entre sus proyectos más importantes en curso se encuentra Candelaria: Senderos de Fe , una exploración documental a largo plazo de la Fiesta de la Virgen de Candelaria. El proyecto examina las intersecciones entre fe, identidad, memoria y patrimonio cultural vivo a través de la fotografía y el cine documental.

Carrera en Langui
 Entre sus otras obras principales se encuentran Willka Nina, que explora el fuego y la espiritualidad andina; Jinetes del Viento y la Altitud, que documenta a los jinetes de las tierras altas; y La Luz de Antauta, un proyecto comunitario centrado en la memoria colectiva. Cada vez más, incorpora elementos multimedia —como cine, archivos históricos e historias orales— para ampliar las posibilidades de la narrativa documental.

Una imagen de "Jinetes del viento y la altitud" marcó un punto de inflexión en su carrera. La fotografía, que muestra a jinetes de las comunidades andinas de Langui y Layo enfrentándose al vasto paisaje montañoso, confirmó algo que él sospechaba desde hacía tiempo: las historias locales poseen un significado universal.

Una de sus experiencias más memorables tuvo lugar después de pasar varios días documentando a un anciano bailarín durante la Fiesta de la Virgen de la Candelaria. Al final del tiempo que pasaron juntos, el hombre le dijo en voz baja: «Gracias por escucharme antes de fotografiarlo».

Esas palabras se le han quedado grabadas desde entonces.

«Confirmaron que el verdadero trabajo documental comienza mucho antes de apretar el obturador», reflexiona Montúfar. «Escuchar, comprender y generar confianza son tan importantes como la habilidad técnica».

Si pudiera darle un consejo a su yo más joven, sería muy sencillo.

 “Ten paciencia y confía en tu propia visión. No sigas las tendencias ni tomes fotografías solo para complacer a los demás. Las imágenes más significativas surgen cuando fotografías aquello que realmente amas y comprendes de verdad.”

Actualmente, Montúfar continúa desarrollando Candelaria: Senderos de Fe en formatos fotográficos y cinematográficos, a la vez que prepara Fe y Fuego, una exposición multimedia dirigida al público internacional. Asimismo, mantiene su compromiso con proyectos colaborativos que fortalecen la memoria cultural y la narrativa visual en las comunidades andinas.

 De cara al futuro, espera profundizar en sus exploraciones a largo plazo sobre el patrimonio, la identidad y el territorio, al tiempo que expande la fotografía documental a través de instalaciones audiovisuales y narraciones inmersivas.

En última instancia, sin embargo, su mayor ambición va más allá de cualquier exposición o premio.

“Mi sueño es crear una gran memoria visual de los Andes mediante la combinación de fotografía, cine documental, archivos históricos y testimonios orales”, afirma. “Espero que este trabajo ayude a las futuras generaciones a comprender la extraordinaria riqueza cultural de nuestras comunidades, a la vez que genere un diálogo con el público de todo el mundo”.

Para Uriel Montúfar, cada fotografía es más que una imagen. Es un acto de escucha, un gesto de respeto y una forma de asegurar que la memoria viva de los Andes perdure. <> 

jueves, 6 de agosto de 2026

ASPECTOS DE LA REALIDAD SOCIAL PERUANA

LO CHOLO EN EL PERÚ

Escribe: Edwin Sarmiento

Revista SOMOS

E

n julio de 2006 el Fondo Editorial del Congreso de la República organizó un coloquio sobre “lo cholo en el Perú”, un tema del que se habla mucho desde el siglo pasado, pero que no ha perdido vigencia. Sobre todo, ahora que las Fiestas Patrias nos invitan nuevamente a reflexionar sobre los lazos que nos unen y las diferencias que nos separan, a nosotros, los nacidos en esta hermosa tierra del Sol. En contenido concebido del evento, alcanza varios asuntos a examinar. Veamos:

Cholo soy y no me compadezcas. Lindo mi Luis Abanto Morales, con sus anillos grandes, de oro macizo y sus cadenas también de oro. La cara chola, el color cholo, cholo él y qué. Eran otros tiempos cuando cantaba, dando brinquitos salerosos, “déjame en la puna vivir a mis anchas, trepar por los cerros, detrás de mis cabras, arando la tierra, tejiendo mis ponchos, pastando mis llamas y echar a los vientos la voz de mi quena”. Desde entonces, el país ha cambiado, Kausachum Perú.

El racismo existe, pero no es tan fuerte como hace tres décadas, no señor. La vergüenza de ser cholo es menor en quienes hemos ocupado en nocturnidad y sin alevosía Lima a partir de las migraciones sucesivas de provincianos a quienes “las locas ilusiones nos sacaron de mi pueblo para venir a conocer la capital”. Ah, tiempos. Ahora yo choleo, tú choleas, él cholea. Todos nos sentimos cholos, incluyendo al congresista electo Víctor Andrés García Belaúnde, aristocrático él, pero tiene el orgullo de ser peruano y ser feliz, que uno huele que no es cholo, pero él dice sentirse orgullosamente cholo, como le confesara a este periodista. Pero, ¿qué es ser cholo en el Perú? El sociólogo Gonzalo Portocarrero nos explicó que es una condición que se vive todavía con incertidumbre. Es reconocerse descendientes de esa plebe mestiza que hace siglos se fue asentando en el territorio nacional. ¿Recuerdan a Garcilaso de la Vega, nuestro cronista? Él explicó que

“…al hijo de negro y de india o de indio y negra dicen mulato y mulata. A los hijos de estos llaman cholo; es vocablo de las Islas de Barlovento; quiere decir perro, no de los castizos sino de los muy bellacos y gozones; y los españoles usan del por infamia y vituperio”. Está en los “Comentarios Reales”.

Portocarrero, profesor en la Pontificia Universidad Católica del Perú, dice que el cholo no tiene aún muy definidas sus raíces, no sabe si está cambiando hacia Occidente o está permaneciendo en los Andes. Será por eso que mis tías en Lucanas solían decirme de chiquito que nosotros éramos diferentes a los “otros” que no sabían lo que eran, como una manera muy andina de marcar distancia y notificarnos que no éramos cholos para nada. Qué bonita familia. El apellido, el color de la piel, el idioma, las costumbres entre otros, definen los rasgos de lo que conocemos como cholo. Éste se define también a partir de lo indígena y de lo criollo occidental. Portocarrero advierte cierto sentimiento de orfandad en quienes se sienten cholos por lo mismo que son excluidos y a veces muy malamente en el entorno social.

Dina Paucar
La cantante Dina Páucar nos cuenta que cuando llegó a Lima se reían de ella, por su condición andina. Y por eso lloraba mucho. Ahora que es muy popular y ha triunfado, se ríe al recordar esos pasajes de su vida y exhibe con orgullo su condición de chola. Rodrigo Montoya, a su vez, doctor en Antropología por la Universidad de París, escritor prolífico y mi paisano de Puquio --que es lo más importante-- dice que

“…se le llama cholo a alguien que viene de los pueblos indígenas, que habla muy bien su lengua materna y trata de aprender el castellano, que confunde la ‘e’ con la ‘i’ y la ‘o’ con la ‘u’ y que hace esfuerzos notables para desprenderse de sus hábitos culturales indígenas y adoptar los occidentales. De esa confusión deriva otro insulto: “cholo motoso”. Lo biológico y lo cultural se combinan y mezclan, pero el componente cultural es el más importante”.

En el coloquio sobre “lo cholo en el Perú”, Cholos o no, los legisladores tendrán la oportunidad de escuchar en su propia casa, los muchos enfoques que se han elaborado para entender mejor nuestras raíces sociales y culturales. Iluminados por las sabias palabras de los estudiosos más enjundiosos del medio, los padres de la patria verán el rostro, color tierra, de la realidad peruana y muchos se verán a sí mismos reflejados en el análisis de lo que los sociólogos llaman en su extraño neologismo el “laberinto de la choledad”. Se tiene previsto que el evento se hable sobre lo cholo y la nueva modernidad, la cultura y la identidad chola, lo cholo y la esperanza religiosa, los pagos al cerro, Sarita Colonia y los misayocs urbanos. La familia, las mujeres, el amor y la sexualidad cholas tampoco estarán ausentes en las mesas de discusión.

Asimismo, está previsto que se hable también de la comida y el mestizaje. Se conozca qué es una pachamanca, saber si la comida criolla es chola y si aquello que adorna su mesa todos los días, mi querido señor o señora, es un plato que en su origen fue tan cholo como las hojas de atajo que crecen en los Andes. Es necesaria la presencia de

Isabel Álvarez, Bernardo Roca Rey, Cucho La Rosa, Gastón Acurio y Rodolfo Hinostroza para que digan una vez más que la comida peruana es la más variada y la más rica del mundo. Y también chola, por supuesto. Para cocinar contamos con carnes y verduras de toda clase. Nuestra topografía muy especial nos permite tener faunas y floras poco menos que inagotables. Imagínese. Tenemos pescado de río, pescado de mar y pescado de lago. ¿Y cómo no citar a nuestra papa que se transforma, en la mesa, en platos distintos, como es el caso del muy andino chuño blanco que, hervido con leche y con queso tierno, es uno de los platos más originales y sabrosos del mundo? ¿Y qué decir del olluco y la oca? ¿Sabía usted que el chupe, en cualquier forma que se sirva, lleva en su origen el signo distintivo de su choledad? ¿Desde el chupe de camarones, hasta los grandes chupes de tierra adentro como el chairo, el chaque, el timpusca, el pebre, el chupe de ollucos, el chupe de conejos y el chupe de habas?

Chupe de camarones
¿Encontrará, usted, algún plato que pueda competir con nuestra carapulca, ese suntuoso guiso de papa seca, de carne de chancho y de maní? ¿Sigo? Quien no ha comido el timpusca, chupe hecho a base de cecina de carnero y de algas marinas o lacustres, puede decir que no ha comido del todo bien. ¿Y qué decir del tamal? Se dice que cuando nuestra primera negrita hizo el primer tamal lo probó y dijo: ¡Notamal!, entonces el nombre quedó. Nuestro caucau, aromatizado con tomillo, con yerba buena y con comino y una punta de ají es otro de los platos tan peruanos, tan cholos, que siempre agradarán en cualquier mesa. Y si de yerbas hablamos no podemos dejar de citar las emblemáticamente peruanas: el huacatay, el paico y la muña, de aromas especiales y muy andinos. Con estas yerbas, el plato más humilde adquiere categoría y elegancia. De todo esto y de algo más, deben hablar los expertos cuando se explique lo cholo en el Perú. Entre los ponentes están considerados también Miguel Gutiérrez y Luis Nieto Degregori para hablar sobre los cholos y las cholas en la novela peruana. Y la música chola no podrá faltar. Se hablará de la cumbia, del huaiño, del rock y el tecno, cómo no. Gustavo Buntix, Leslie Lee y Manuel Munive ilustrarán al auditorio sobre la plástica chola y mestiza del Perú. No pueden faltar los testimonios de Dina Páucar, Tulio Loza, Ada Chura y Julio Simeón, a quien usted conoce como “Chapulín el dulce”. Se debe hablar de todo, cholito, pero nunca se podrá decir del evento en ciernes que será “la misma chola con diferente calzón”, pues debe ser innovador. <> 

DESDE EL EXTRANJERO: ANALISIS DE LA COYUNTURA PERUANA

 YA INSTALADO EL GOBIERNO

PRO USA

Ricardo Pose*

E

n las elecciones peruanas ya llegadas a su término, confrontaron dos modelos: los programas que consolidan el poder de las élites económicamente dominantes bajo la sombra del águila norteamericana y aquellos que proponen una distribución más equitativa del ingreso y la riqueza en actualizada remembranza del imperio del sol de los incas.

El Perú social

La población peruana alcanza los 34,5 millones de habitantes en un proceso de envejecimiento acelerado; la tasa de natalidad ha caído a 1,7 hijos por mujer. El país enfrenta un estancamiento en sus indicadores de desarrollo, con desafíos críticos en seguridad, pobreza y acceso a servicios básicos, según datos de la CEPAL.

Desde 2020, Perú muestra una caída gradual en esos indicadores. El pilar referido a necesidades básicas humanas (puesto 100) es el más débil de todos. Los indicadores relacionados con seguridad, nutrición y cuidados médicos básicos requieren atención urgente por su bajo desempeño y su impacto directo en el bienestar de la población.

Ni chicha ni limonada… Coca

Perú es el segundo mayor productor mundial de cocaína y hoja de coca después de Colombia, con una producción estimada de 400 toneladas anuales. El epicentro es el valle de los ríos Apurímac, Ene y Mantaro (VRAEM), aunque los cultivos se han expandido a regiones amazónicas como Ucayali.

Históricamente, la hoja de coca ha sido consumida con fines culturales, tradicionales y medicinales por millones de habitantes en las regiones andinas, una práctica legal y protegida por el Estado.

Gran parte de la cocaína peruana se traslada como pasta base hacia Bolivia a través de redes transfronterizas. Desde allí se procesa y se distribuye a mercados emergentes; el clorhidrato de cocaína de alta pureza se camufla en productos de exportación —frutas, por ejemplo— y sale por puertos principales como Paita, con destino a Europa y América del Norte.

Las denuncias sobre la presencia de narcotraficantes en la campaña electoral han sido utilizadas por sectores de la derecha contra Roberto Sánchez; las autoridades las han desestimado.

Keiko Fujimori no tiene condenas ni acusaciones fiscales directas por tráfico de cocaína, pero el fujimorismo ha estado vinculado a escándalos relacionados con el narcotráfico desde los años noventa. El caso más emblemático fue el de Limasa, en 2013, cuando la policía encontró un contenedor con droga que representó el vínculo más directo con un cargamento de estupefacientes e involucró a sus hermanos Kenji, Hiro y Sachie Fujimori.

Chancay: la pesadilla de Trump

Aunque el presidente de Estados Unidos no se ha manifestado con el apoyo decidido a Fujimori que mostró en otras elecciones, un triunfo de la derecha peruana le daría un nuevo socio para el Escudo y un aliado en su guerra contra la presencia de China en la región.

Perú es el segundo mayor receptor de inversión extranjera directa china en América Latina, después de Brasil. En febrero, la administración Trump acusó públicamente al país de renunciar a su soberanía al permitir que una empresa china construyera y operara un megapuerto en su costa.

El puerto de Chancay se convierte en un centro neurálgico de la disputa geopolítica, y cuyo resultado electoral, impacta en las decisiones del Departamento de Estado en su guerra contra la presencia China en la región.

El megapuerto está ubicado a unos 80 kilómetros de Lima. Inaugurado en 2024 con capitales chinos, el proyecto es considerado una de las inversiones más importantes de Beijing en la región y aspira a convertirse en el principal centro logístico para conectar Sudamérica con Asia. La terminal pertenece en un 60 % a la empresa estatal china Cosco Shipping y en un 40 % a la minera peruana Volcan; su capacidad y ubicación le permiten reducir tiempos y costos de transporte para las exportaciones sudamericanas con destino al mercado asiático.

La disputa por Chancay es la punta del iceberg de una batalla que Estados Unidos viene librando contra la presencia del gigante asiático. Durante las últimas décadas, China se consolidó como el principal socio comercial de Perú y uno de sus mayores inversores extranjeros. Las empresas chinas tienen fuerte presencia en sectores estratégicos como la minería, la energía eléctrica, la infraestructura y la logística; además de conducir importantes proyectos cupríferos, adquirieron participación en compañías distribuidoras de electricidad y expandieron su actividad en obras de transporte.

Cerca de un tercio de las exportaciones peruanas tienen como destino China y una proporción similar de las importaciones proviene del país asiático. Esa relación económica convirtió a Perú en uno de los principales aliados comerciales de Beijing en América Latina.

A la relevancia de Chancay, que ya de por sí desvela al mandatario estadounidense, se suma otro proyecto capaz de modificar las rutas del comercio mundial: el tren bioceánico impulsado por Brasil y China. La iniciativa contempla una conexión ferroviaria de más de 4.000 kilómetros entre la costa atlántica brasileña y el Pacífico peruano, con el objetivo de acelerar el traslado de productos agrícolas, minerales y materias primas hacia Asia, reduciendo la dependencia de rutas tradicionales como el Canal de Panamá.

Para contrarrestar la notable gravitación económica del megapuerto de Chancay, Estados Unidos promueve e invierte a través de empresas de ese país, la remodelación del puerto del Callao y sondea, además, la financiación para la construcción del puerto de Corio en la costa sur de Arequipa.

Frente a todo ello, Keiko Fujimori, candidata de la derecha, ya declaró su alineamiento con la política estadounidense. «Mi rol, de ser elegida presidenta, será motivar a que los Estados Unidos vuelvan a participar más activamente en la economía peruana», afirmó. Agregó que «Latinoamérica está girando hacia una corriente en donde se está priorizando la libertad, las inversiones y recuperar el control y la seguridad», y confirmó su adhesión al Escudo de las Américas junto a líderes como Javier Milei, José Antonio Kast, Daniel Noboa y Rodrigo Paz.

En conclusión, la presidencia de Fujimori favorecerá un aun mayor acercamiento a Washington y a las inversiones occidentales, y será menos receptiva a profundizar la relación económica con China y a avanzar en los proyectos estratégicos vinculados a Beijing. <>

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* Ricardo Pose periodista venezolano es autor del artículo cuyo texto ha sido condensado por la redacción de este blog. Fue publicado en teleSUR. 7 junio 2026

martes, 4 de agosto de 2026

OPINION. LA COYUNTURA MILITAR AMERICANA

EL ESCUDO DE LAS AMERICAS 

 Por Gustavo Espinoza M.

E

l Escudo de las Américas es una estructura de carácter militar creada en el Estado de La Florida el 26 de marzo pasado en una Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de la región convocada por el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump bajo el pretexto de combatir delitos de carácter continental, como el narcotráfico, la delincuencia, el terrorismo y otros.

 Aunque algunas palabas buscaron encubrir propósitos políticos en esa alianza ideada por la Casa Blanca, bien pronto se hizo evidente la naturaleza del acuerdo saludado por  los regímenes más conservadores de nuestro continente.

  El 21 de mayo del presente, en efecto, los países del Escudo de las Américas emitieron una Declaración de innegable carácter partidista apoyando sin tapujos al presidente de Bolivia, Rodrigo Paz, que enfrentaba masivas protestas ciudadanas que aún subsisten.

En América Latina este curioso “Escudo” fue cálidamente recibido por Javier Milei, José Antonio Kast, Daniel Noboa y otros mandatarios identificados claramente con las orientaciones de Washington formuladas a viva voz por el Departamento de Estado de los Estados Unidos a cargo de Marco Rubio, el promotor de las iniciativas más violentes y agresivas contra Venezuela, Nicaragua y sobre todo Cuba.

 Por cierto, este “Escudo” ha alentado más bien todas las agresiones promovidas por el gobierno de Trump contra la Independencia y la Soberanía de Venezuela así como  el bloqueo genocida que ese régimen mantiene contra Cuba y que se agrava puntualmente cada día.

 Ahora, a pocos meses de constituido este curioso aparato de “defensa continental”, está claro el rumbo que ha tomado su política. No se trata, en efecto, de combatir fenómenos delictivos que son consustanciales al régimen capitalista, sino de preparar y organizar a las naciones del continente, para que estén listos a defender a los Estados Unidos, y más precisamente a las grandes corporaciones norteamericanas que pugnan por retener bajo su control los recursos naturales y las riquezas de los países situados el sur del río Bravo.   

 Cada día asoma más evidente que este “Escudo” forma parte de la estrategia mundial del Imperialismo, convencido de la necesidad de “cerrar” el continente  para hacer frente a  la “amenaza del socialismo” representada en el caso por China Popular, su pueblo y su gobierno. 

 Eso explica el interés de Washington por inmiscuirse en los asuntos internos de los países situados en la región, a la que considera inequívocamente como   “zona de influencia” de los Estados Unidos.

 Por lo demás, no se trata sólo de la “influencia”, sino de asuntos más prosaicos: el petróleo y las riquezas materiales. Eso es lo que mueve a los gobernantes del Vecino del Norte empeñados en apoderarse de todo, desde el oro negro hasta las tierras raras, pasando por los minerales y el agua.

 Aunque la injerencia yanqui en la región es casi proverbial y quedó registrada desde la guerra de anexión librada a mediados del siglo XIX contra México, ella se tornó más evidente a lo largo del siglo pasado, cuando los Infantes de Marina USA desembarcaron en las costas de todos los países de centro américa para someterlos a su dominio, al tiempo que la Casa Blanca auspiciaba regímenes corruptos y dictaduras asesinas en casi todos los países de América del sur.

 La caída de dictaduras siniestras como la de Pinochet en Chile, Somoza en Nicaragua, Videla en Argentina o los militares de la Escuela Superior de Guerra en el Brasil, y sobre todo el triunfo y la afirmación del socialismo en Cuba, parecieron marcar un rumbo diferente en el continente.  

 Y lo fue, en buena medida con el surgimiento del Proceso Emancipado Bolivariano que se abrió paso en Venezuela y generó un nuevo derrotero en el escenario americano. La experiencia de Velasco Alvarado en el Perú y el heroísmo de Salvador Allende en el Chile de los años 70 del siglo pasado marcó un hito en esa historia. 

 Las fuerzas progresistas que alentaron este proceso no percibieron cabalmente que no era posible introducir cambios radicales en la sociedad latinoamericana manteniendo la vieja estructura de dominación capitalista y burguesa.

 Avanzar con la idea de transformar realmente la realidad encarando y resolviendo los problemas vitales de los pueblos, presuponía Revoluciones tangibles, y no sólo reformas avanzadas.  La frustración de algunas experiencias permitió finalmente que la clase dominante -a la sombra del Imperio- lograra retomar la iniciativa recuperando posiciones y fuerzas.

 Eso fue, en definitiva, lo que posibilitó a la administración Trump diseñar su nueva política de dominación poniendo énfasis en la necesidad de atar a los gobiernos de la región a sus designios guerreristas. La suma de esa política es entonces el Escudo de las Américas que hoy luce agresivo y bravucón en el empeño de aplastar a los pueblos..

 El interés desorbitado del nuevo gobierno peruano por incorporarse a esa orientación belicista carece, sin embargo, de esencia y contenido. Fuerza Popular no es un Partido con definiciones políticas ni ideología. Es apenas una suma de segmentos empeñados en perpetuar la dominación de una casta envilecida y en derrota que se aferra al Poder por afanes personales y mezquinos. El servilismo es su divisa.

 Keiko Fujimori parece estar convencida que, a la sombra de Donald Trump, tiene asegurado un futuro de bienestar personal y de grandeza material. Se equivoca. El propio futuro del Cromagnón que hoy vive en la Casa Blanca, es precario y es incierto. Un día cualquiera, Keiko podrá despertar y encontrarse ante un escenario nuevo, sin el siniestro hombre de las nieves al que hoy mira como si fuera un Elegido.

 El Escudo de las Américas tendrá una vida corta y un final feliz para los pueblos, vale decir, una muerte prematura como instrumento de agresión y de guerra. <>  

JALON HISTORICO DE LA LITERATURA PUNEÑA

 100 AÑOS DEL BOLETÍN TITIKAKA

Christian Reynoso

E

n agosto de 1926, hace 100 años, se editó el primer número del llamado Boletín Titikaka, en Puno. En verdad era el “Boletín” de la Editorial Titicaca. Una publicación de cuatro páginas en tamaño A4, destinada a difundir el éxito de las publicaciones de dicha editorial y a informar de las que vendrían posteriormente. Fue así como nació este boletín bajo la batuta de los hermanos Arturo y Alejandro Peralta Miranda (el primero de ellos más conocido como Gamaliel Churata), sin saber que inauguraban una revista ―un boletín― que, durante los siguientes cinco años alcanzaría una dimensión hispanoamericana y se convertiría en una de las más importantes de la vanguardia indigenista.

El primer número consigna comentarios acerca del libro de poesía “Ande” (1926), de Alejandro Peralta, con la intención de ponerlo en valor más allá del ámbito local. Se anuncia la próxima aparición del poemario “Falo” (1926), de Emilio Armaza. Se incluyen los poemas “Egolatría” de la chilena María Rosa Gonzáles e “Invitación profunda” de la mexicana María del Mar. Se anuncia que el libro “23 de mayo” de Víctor Raúl Haya de la Torre está en prensa en Argentina. Finalmente, se transcribe un artículo aparecido en el vespertino “Crítica” de Buenos Aires, que recoge las impresiones que Emilio Armaza ha dado en esa ciudad respecto de las vanguardias literarias en el Perú. Pone a “Trilce” (1922), de César Vallejo, en un lugar especial.

Se publicaron 35 números del Boletín Titikaka entre 1926 y 1930 (o 34, en razón de que existen dos ediciones del número 25) y sus páginas fueron variando del tono inicial divulgativo a una propuesta literaria y acaso política en la que el pensamiento indoamericanista se imponía como eje de una estética y forma de ver el mundo desde el sur andino. La América India como base de una resistencia a lo occidental. De esta forma, el Boletín traspasó las fronteras locales y reunió en sus páginas a diversos autores latinoamericanos. Su contenido gráfico, asimismo, estuvo determinado por el uso del grabado en manos de Diego Kunurana (Demetrio Peralta, el tercer hermano), junto a otros artistas.



Hoy en día el Boletín Titikaka es referente insoslayable en los estudios sobre las vanguardias, y comparte la importancia de otras revistas peruanas como “Amauta”, dentro de un extenso panorama de revistas de la época, pero su alcance y su propuesta ideológica lo hace particular. Se han editado al menos tres ediciones facsimilares de los números completos (que registran un error de compaginación en un par de hojas, en comparación con la edición que se encuentra en la BNP, como he advertido en un artículo, en 2017). Hay que decir que la lectura y estudio del Boletín Titikaka resulta fundamental para conocer las claves del movimiento literario que se gestó a fines del veinte y comienzos del treinta en el Perú e Hispanoamérica. <>

lunes, 3 de agosto de 2026

PARA LA HISTORIA DE LOS PUEBLOS COLLAVINOS

JULI: ARTE Y EVANGELIZACIÓN

Elena Amerio*

En Boletin QUIPU Nº 322. Ed. Centro Cultural Inca Garcilaso del Ministerio de RR.EE.  https://www.ccíncagarcilaso.gob.pe/quipu-vírt

Se cumplen 450 años del establecimiento de una de las misiones jesuitas de mayor impacto en los dominios del antiguo Virreinato del Perú.

Es voz común llamarse este pueblo. Pueblo Santo, Roma del Perú; el adorno, música y culto de las iglesias es superior a todos» Con estas palabras, en 1635, el provincial de la Com­pañía de Jesús en el Perú, el italiano Nicoló Duran Mastrilli (Nápoles, 1569-Lima, 1653), describía -en una carta dirigida al rey de Es­paña, Felipe IV- una de las misiones más emblemáticas para la orden ignaciana: Juli, pueblo situado a orillas del lago Titicaca, al sureste de la ciudad de Puno. La historia de esta misión jesuita se remonta a 1576, cuan­do, tras un largo debate interno, la Compa­ñía asumió la cura de almas de las cuatro pa­rroquias de indios aimaras que componían el territorio, tras el fracaso de los misioneros dominicos que hasta entonces se habían encargado de evangelizar la zona. Su ubicación no era casual: se en­contraba en un punto estratégico de la Ruta de la Plata, el camino que unía las minas de Potosí con el Cuzco y Lima, y muy cerca de Desaguadero, donde se congrega­ban los mitayos -indígenas obligados, por el sistema de la mita, a trabajar en las minas potosinas- antes de partir hacia aquel destino. Su emplazamiento resultaba idóneo tanto para la evangelización como para el aprendizaje de las lenguas nativas, sobre todo el quechua y el aimara: un verdadero taller para los «obreros de indios», como se co­nocía entonces a los jesuitas especializados en la misión entre las comunidades indígenas.

Ya a comienzos del siglo XVII, apenas treinta años después de su llegada, la Compañía de Jesús había con­vertido Juli en un centro religioso de referencia para toda la región: un lugar donde tanto los habitantes lo­cales como los viajeros de paso encontraban alivio para el alma y para el cuerpo, y donde los niños y niñas del pueblo aprendían a leer, a contar y, sobre todo, música, materia en la que Juli no tardaría en volverse un auténti­co modelo a seguir. En la fase temprana de este proyecto -entre 1585 y 1600- resultaron decisivas las figuras de dos rectores de origen italiano: el ya mencionado Nicoló Mastrilli y Pier Vincenzo Pizzuti (Cosenza, 1559-Juli, 1631), quienes compartían una misma formación y sensibilidad cultural. Mastrilli, más tarde provincial del Paraguay y, en dos ocasiones, del Perú, tuvo un papel clave en la organiza­ción administrativa y económica de Juli. Pi­zzuti, en cambio, prácticamente desconocido para la historiografía, excelente predicador y gran conocedor de la lengua aimara, fue una presencia constante en la misión durante cuarenta años, ejerciendo el rectorado en 1595 y en 1619. Fue también gracias a ellos que se otorgó un lugar central al arte y a la arquitectura: convencidos de que la pintura y la escultu­ra eran aliados esenciales para la evangelización, los pa­dres destinaron importantes recursos a la construcción y decoración de las cuatro iglesias del pueblo -San Pedro, Nuestra Señora de la Asunción, San Juan de Letrán y Santa Cruz de Jerusalén-, esta última levantada por la or­den ignaciana.

Bitti: La asunción de la virgen María

Para la decoración de estos templos, la Compañía envió a uno de los mejores artistas con los que conta­ba entre sus filas: el hermano Bernardo Bitti (Camerino, 1548-Lima, 1610), llegado al virreinato peruano en 1575. Como recuerda el padre Anello Oliva, su llegada se de­bió al papel que su arte podía desempeñar en el plan evangelizador de la Compañía, «significándole lo mucho que pueden para con los indios las cosas exteriores, en especial las pinturas, de suerte que mediante ellas cobren estima y hagan concepto de las espirituales». Bitti llegó a Juli por primera vez en 1584, quedándose apenas un breve período antes de pasar al colegio de La Paz. Re­gresó probablemente en 1586, esta vez por otro año y medio, antes de partir de nuevo hacia Lima; volvería una tercera vez hacia 1591. Era, en efecto, una figura tan va­liosa para la Compañía que su presencia en un mismo colegio o residencia casi nun­ca superó los dos o tres años consecutivos -una movilidad que ha sido posible recons­truir en detalle gracias a estu­dios recientes, siguiendo sus desplazamientos por toda la provincia, desde Lima hasta el Alto Perú y La Plata. Fue precisamente durante sus es­tancias en Juli cuando realizó los primeros retablos y pintu­ras de las iglesias del pueblo. Hoy en día se conserva solo una parte de aquellas obras: las máquinas arquitectónicas de estilo renacentista que las albergaban se perdieron, víctimas del paso de los años y del cambio de gusto. Aun así, en Juli sigue siendo posible admirar pinturas y relieves policromados y estofados que representan los instrumentos mismos de la evangelización jesuíta. 

Entre ellos destacan el Bautismo de Cristo, parte del primer re­tablo mayor de San Juan de Letrán, y la Sagrada Familia de la Pera. Especialmente relevante resulta el imponente relieve de la Asunción de la Virgen, cuyos ángeles músicos se inspiran en aquellos que Federico Zuccari pintó hacia 1567 para el ábside de la Annunziata, en el Colegio Ro­mano -la importante institución educativa de los jesuítas que, con toda probabilidad, Bitti conoció antes de partir hacia América. Es probable que Bitti realizara más obras hoy perdidas, como un Juicio Universal, del que tenemos testimonió gracias a una Carta Anua de la provincia del Perú, donde se narra que algunas mujeres indígenas in­vocaban los tormentos allí representados para disuadir a los hombres de cometer actos de violencia: un ejemplo elocuente de cómo el arte y la predicación funcionaban como piezas complementarias dentro del programa de evangelización jesuita.

Arco y al fondo, torre del tempo de La Asunciòn
Sin embargo, era la palabra hablada -sobre todo en lengua nativa- la que debía guiar la lectura de aquellas obras artísticas: en este terreno, la otra figura fundamen­tal para la misión fue Ludovico Bertonio (Rocca Contra­da, actual Arcevia, 1555-Lima, 1625) -natural también él de la región italiana de Las Marcas, como Bitti-, quien ingresó en el noviciado jesuita de Roma, en 1574, y se formó en gramática y humanidades en el Colegio Roma­no. Zarpó hacia el Perú en 1581 y fue ordenado sacerdote en Lima por Santo Toribio de Mogrovejo, hacía 1582. Desde 1585 se estableció en Juli, dando inicio a una lar­ga estancia entre las comunidades de habla aimara que se prolongaría, con solo un breve paréntesis en Potosí, a caballo entre los dos siglos, durante más de tres décadas; fue allí donde, el 1 de noviembre de 1590, pronunció sus últimos votos como profeso de tres votos. En una carta escrita en italiano y dirigida al padre general Acquaviva ese mismo año, el propio Bertonio describía las activida­des que llevaba a cabo en la misión.

De aquellos años de inmersión en la lengua aima­ra nacería su legado más perdurable: una serie de obras gramaticales y lexicográficas que constituyen el primer intento sistemático de codificación escrita del idioma, entre ellas el Arte de la lengua aymara (Roma, 1603; ree­ditado en juli en 1612), el Vocabulario de la lengua armara (1612) y el Libro de la vida y milagros de Nuestro Señor Jesuchristo (1612), el texto más extenso jamás escrito en aimara. Aquella labor no fue, sin embargo, un simple ejercicio técnico: antes que limitarse a trasladar sobre el aimara las categorías gramaticales aprendidas en el Colegio Roma­no, Bertonio contribuyó, junto con otros jesuitas de su generación, a crear un espacio lingüístico Compartido en el que la comunicación entre misioneros e indígenas pu­diera estandarizarse y ampliarse un proceso que implicó, necesariamente, transformar la propia lengua al fijarla por primera vez en su forma escrita. Para esta labor, Ber­tonio no trabajó solo: la colaboración de los propios indígenas, verdaderos hablantes nativos, resultó decisiva. La historiografía recuerda, en tal sentido, a Martín de Santa Cruz Hanansaya, juleño de familia aristocrática aimara y, probablemente, formado en las escuelas jesuitas, cuyo aporte fue fundamental para la redacción de los textos de Bertonio. Hoy en día, la Plaza de Armas de Juli lleva, por cierto, el nombre de Bertonio, en homenaje a su legado.

Santa Cruz, antes de su destrucción
Fue esta presencia italiana -jesuitas de notable for­mación intelectual, animadas por una curiosidad genuina y llegados al Perú con el más puro espíritu ígnaciano de entrega a los demás- la que sentó las bases de una misión destinada a convertirse en modelo para toda América del Sur y la que encumbró a Juli como «Roma del Perú». Los jesuitas permanecerían en Juli hasta su expulsión en 1767. Los inventarios de bienes redactados en aquella ocasión por la Junta de Temporalidades, dan testimonio del considerable esfuerzo de recursos que los jesuitas habían invertido en esta misión, tanto en el pla­no artístico como en el intelectual: entre estos últimos destaca una biblioteca de notables dimensiones, que al­bergaba algunos de los textos teológicos más importantes de la época, así como valiosos volúmenes de grabados, entre ellos las Evangelicae Historiae Imagines (1593) de Je­rónimo Nadal. En este año en que se conmemoran los 450 años de la llegada de los jesuítas, resulta necesario y urgente devolver la luz a Juli -un lugar que, pese a su apa­rente lejanía y pequeñez, tanto dio a la historia artística, lingüística y cultural del virreinato peruano- e impulsar nuevos estudios sobre estos territorios.

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*Historiadora del arte por la Universidad Autónoma de Madrid con la monumental tesis Arre, misión trabajo colectivo: Bernardo Bitti y el modelo de artista jesuita entre Italia y el Virreinato del Perù (1568-1610). 

domingo, 2 de agosto de 2026

CORRUPCION GUBERNAMENTAL EMPIEZA A COBRAR IMPULSO

 ¡VENDEPATRIAS EN TODAS LAS ÉPOCAS!

Herbert Mujica Rojas

E

sta clase de especímenes regalones de lo que no es suyo, aparece con bombo y platillo cuando se inician administraciones o gobiernos. Sobre sí ostenta múltiples credenciales partidarias y hoy niega lo que ayer afirmaba. Los vendepatrias están en todas las épocas.

Los hay, esos que no dudan en socavar a sus países en contratos de estabilidad jurídica muy concesivos, los que idolatran a las potencias foráneas y los que sugieren sus planes estratégicos para que fuerzas militares extranjeras invadan sus propios países con el pretexto de que hay dictaduras.

Olvidando que entre los planes más activos de Estados Unidos y que propagandiza Mr. Trump, a todos los vientos, está el llamado escudo, que no es otra cosa que la extensión del manto imperialista para morigerar a los chinos, por nuestros lares, la flamante presidente Keiko y su canciller Espá, ya anunciaron simpatía y concesivo enrolamiento de Perú.

No descartemos que el activista de la embajada, nomine como Gigante del Pacífico a la señora en funciones en Palacio. Vocinglero y mediático es el activista de marras.

A los vendepatria se los encuentra en las grandes instituciones financieras, en los ministerios en que compiten quiénes más concurren a las fiestitas en las embajadas y prefieren el gran garrote en lugar de pelearla en su cuna de origen.

El vendepatria ofrece como pócima mágica que las inversiones son la piedra filosofal que resuelve todos los grandes y complejos problemas peruanos. Obvio que para que eso ocurra, la compra de conciencias con viajes, medallas, visitas guiadas y favores no publicados, son moneda corriente.

¿Recuerdan que la prensa continental “celebró” la invasión militar de Venezuela, la captura de Maduro y que hoy insinúa que esa “solución” debía aplicarse en Cuba? La majadería no puede ser más ominosa ni sucia.

En Argentina se llamaba a los vendepatria, serviles orgánicos, esos monstruos concesivos, regalones de lo que no era suyo, Mamarrachos burocráticos enquistados en todos los gobiernos, y así lo acuñó el brillante periodista platense cuasi olvidado, Raúl Scalabrini Ortiz.

A mí me gusta la combinación vendepatrias orgánicos, a aquellos que genéticamente, deshonrando a la nación y traicionando al Perú, salen a defender cual bestias enfurecidas a empresas foráneas, depredadoras, abusivas de siempre y coimeras a granel.

El cuentazo siempre es el mismo: “el Estado es ineficiente”, “sólo los privados tienen experiencia y respaldo financiero”, “es más rentable que lo haga la inversión extranjera” y cantinelas por el estilo.

Entonces hay que desacreditar al Estado y a sus obras como es el caso de la Refinería de Talara.

No es un acápite aislado. ¡De ninguna manera!

Los siervos, vendepatrias orgánicos, no hesitan en alquilar la muelle conciencia de comunicadores que defienden a capa y espada, según lo que les paguen y con tarifas internacionales.

Verbi gracia.

El Perú en manos de los vendepatrias corre el peligro, como en los años 90 de Kenya Fujimori, de ser presa de reparto masivo en concesiones. ¡No importa que la nación pierda presencia y afirmación! ¡Lo único que interesa a estos miserables, es la venta de activos y las coimisiones que traen consigo! ¡Gratis, no es!

La presidente Keiko Fujimori anunció que tomaría como inspiración de su mandato, el régimen de Kenya, por tanto las claudicaciones ya han sido ominosamente anticipadas. Y una de las preseas más codiciadas es la Refinería de Talara que pertenece a todos los peruanos.

La historia, madre y maestra, siempre trae lecciones. A pesar de los cánticos de los nuevos teóricos que sostienen que el imperialismo ya no existe y que son quimeras antiguas, Mr. Trump, desde su mensaje inicial, se ha encargado de enmendarles la plana al 100%.

Perú es un tabladillo de box en que dos superpotencias, China y Estados Unidos, miden fuerzas e ingenio. Para la comisión de sus trampas y trucos, requieren de empleados serviles, incapaces de sentir a la Patria y hábiles en venderse en dólares, euros y con depósitos cifrados en paraísos fiscales.

El vendepatria orgánico actúa con todo el descaro que una prensa miserable otorga pero no de una manera gratuita sino muy bien remunerada.

En el Perú vivimos en un estado de hipocresía permanente. Al imbécil, llamamos analista; y al repetidor y copión, politólogo.

Al juecesito marrullero, le nominamos jurista aunque todo nos indique de su nepotismo, de su mediocridad insuperable y de su vanidad infinita y sus fallos siempre controversiales.

En otra oportunidad recordaremos a un señoritingo que fuera ministro de Relaciones Exteriores y condecoraba a Soledad Alvear cuando en Chile (2002) ¡pulverizaban a Aerocontinente, vía mañas de diverso calibre!

Y entonces cuando se llama vendepatria orgánica a una ministra o a un ministro, por la razón de sus actos públicos, todos traidores, hay voces invocando “cordura”.

¡Ataquemos al poder, el gobierno lo tiene cualquiera; atentos a la historia, las tribunas aplauden lo que suena bien; rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media voz! <>

 

2-8-2026

PUNO CONFIRMA SU CALIDAD DE CAFE EN EL MUNDO

 CAFE PUNEÑO CONQUISTA PARIS 

COOPERATIVAS Y FAMILIAS CAFICULTORAS OBTIENEN NUEVE RECONOCIMIENTOS EN EL XII CONCURSO INTERNACIONAL AVPA PARÍS 2026

E

l café de la región Puno volvió a destacar entre los mejores del mundo. Cooperativas cafetaleras de la provincia de Sandia lideradas por CECOVASA y asistidas por Devida, obtuvieron dos medallas de oro, cuatro de plata, una de bronce y dos medallas Gourmet en el XII CONCURSO INTERNACIONAL DE CAFÉS TOSTADOS DE ORIGEN AVPA PARÍS 2026, uno de los certámenes más prestigiosos de la industria cafetera, que reúne muestras de cerca de 30 países productores de café.

Rigurosas comprobaciones
El mayor reconocimiento correspondió a la Central de Cooperativas Agrarias Cafetaleras de los Valles de Sandia (CECOVASA), que obtuvo una Medalla de Oro en la categoría "Café espresso de perfil afrutado y acidez brillante" y una Medalla Gourmet en "Espresso de perfil suave con notas vegetales". La organización agrupa a alrededor de 967 productores de 8 cooperativas cafetaleras de las provincias de Sandia y Carabaya, cuyos cafés especiales de altura mantienen una trayectoria de tres campeonatos internacionales y siete títulos nacionales.

La Cooperativa Agraria Cafetalera San Jorge Ltda., integrada por 177 socios, obtuvo dos Medallas Gourmet de Plata en las categorías Café filtrado de perfil suave y afrutado y Café filtrado de perfil suave con notas vegetales. Sus cafés de la marca Tunkiwasi son producidos bajo sistemas agroforestales, destacan por sus notas florales, frutales y de chocolate, cualidades que consolidan el prestigio internacional del café puneño.

La Cooperativa Agraria Cafetalera Inambari Ltda. consiguió una Medalla Gourmet de Plata en Café espresso de perfil afrutado y acidez brillante y una Medalla Gourmet de Bronce en Café filtrado con perfil suave y notas afrutadas. Esta organización reúne a 266 familias caficultoras del distrito de Alto Inambari, que transforman su producción bajo la marca Inambari Coffee, con estándares que hoy reciben reconocimiento internacional.

Otro de los galardones fue para la Cooperativa Agraria Cafetalera Charuyo Ltda., distinguida con una Medalla Gourmet en la categoría Café filtrado de perfil suave y afrutado. La cooperativa reúne a 374 pequeños productores de la provincia de Sandia, quienes cultivan alrededor de 145 hectáreas de café y continúan posicionando los cafés especiales en mercados de alta exigencia.

A estos resultados se suma el proyecto de Café promovido por la Municipalidad Distrital de Alto Inambari, que alcanzó una Medalla de Oro en la categoría “Perfil Ácido-Frutal – Cata de Espresso” y medalla de plata a la marca Ccori Soncco Cofee. El reconocimiento distingue el trabajo de 1,014 familias cafetaleras que cultivan 1,274 hectáreas en 26 sectores del distrito y producen cafés con un perfil sensorial de alta calidad.

En Alto Inambari
Estos reconocimientos son resultado del trabajo articulado entre las organizaciones cafetaleras y la asistencia técnica de Devida, que acompaña a las familias en el manejo del cultivo, la cosecha, la poscosecha, la transformación y la comercialización. Este modelo fortalece la competitividad del café peruano, incrementa los ingresos rurales y contribuye a que más familias en zonas vulnerables consoliden una alternativa económica sostenible, alejándose de las economías vinculadas al narcotráfico.

DATO: El Concurso Internacional AVPA París es considerado uno de los principales escenarios mundiales para evaluar cafés tostados en origen. En cada edición reúne cerca de 200 muestras provenientes de los principales países productores y reconoce la excelencia sensorial de cafés transformados en su lugar de origen. <>

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Tomado de FACEBOOK