viernes, 17 de abril de 2026

PROCESO ELECTORAL PERUANO 2026. ANALISTAS DE COYUNTURA

 EL RETRATO DEL PERU

 Por Gustavo Espinoza M.

B

ien podría decirse que el prolongado  proceso electoral peruano iniciado el 12 de abril y cuyos resultados aún no se conocen plenamente, tuvo la virtud de mostrar de manera gráfica el verdadero rostro del país. Fue, en efecto un espejo del Perú y lo mostró con una crudeza pocas veces registrada en el escenario nacional.

 ¿Cuáles han sido los principales rasgos puestos en evidencia en esta circunstancia?  Veamos:

 En primer lugar, una “clase política” muy deteriorada   que debió recurrir a la dispersión electoral para “captar” votos, dado que los actores principales del proceso carecen realmente de respaldo ciudadano. Se registraron, por eso, 35 opciones presidenciales, cifra sin parangón en la historia del Perú y sin comparación en América Latina.

 La inmensa mayoría de estos “candidatos” alcanzaron entre el 1 y el 3% de los votos, lo que confirma la orfandad en la que surgieron y se promovieron a costa, apenas del dinero público y privado de entes interesados en alentar la dispersión.

  El que los candidatos que pasen a una segunda vuelta electoral lo hagan orillando un promedio del 15% de votos, muestra la precariedad real de las figuras que han venido representando al país en las últimas décadas, y más precisamente desde los años 90 del siglo pasado. Nadie -ni persona ni partido- es capaz de aglutinar por si solo la voluntad popular. Nadie puede cautivar multitudes ni ganar voluntades. Todos asoman como pequeñas expresiones de una crisis política que no tiene salida en los términos de la dominación capitalista.

 El segundo elemento que debe subrayarse es un hecho muy importante: Estos comicios han servido para limpiar el escenario nacional barriendo parte de la Mafia oscura que tiene acogotado al país. En efecto, César Acuña, José Luna, la camarilla dirigente del APRA, el núcleo de Acción Popular, “Somos Perú” y capillas menudas como las de los vice almirantes Cueto y Montoya, o gentes como Cavero o Tudela han sido simplemente borrados por el electorado peruano en una acción profiláctica encomiable. Pero más aún, otros “alto mandos” como los generales José Williams Zapata, Roberto Chiabra, Wolfang Grosso y otros, no lograron entusiasmar a nadie con sus discursos cargados de odio y violencia,

 El caso de “Perú Libre” merece otra reflexión. Se trata de un partido que se proclama revolucionario y aún más, se dice “marxista- leninista -Mariateguista” y que asume revindicar el socialismo. Objetivamente ha sufrido una muy dura derrota. Es verdad, como sostiene Vladimir Cerrón, que ha perdido en un partido en el que no le permitieron entrar en la cancha, pero es verdad también que sumó un accionar extraordinariamente errático desde el 2021 hasta la fecha. Su peor aporte, fue pactar con la Mafia, y en particular con el fujmorismo, al que le dio el control absoluto de los órganos del Estado como el Tribunal Constitucional y la Junta Nacional de Justicia, y la Fiscalía de la Nación y hasta le facilitó todas sus truhanerías a lo largo de los años, a cambio de prebendas de orden personal y familiar.

 Por lo demás, PL escindió gravemente al movimiento popular al considerar como el “enemigo principal” del pueblo peruano a sectores progresistas, a los que denominó “caviares” con la complacencia de la reacción. Esa política de confusión ayudó objetivamente a la clase dominante a quebrar cualquier resistencia a su política antinacional y anti obrera. 

 El tercer elemento que fluye del escenario que comentamos, fue la distancia que separa a la capital, del resto del país, Una es la opinión de Lima, y otra la del Perú real, el mundo provinciano y rural, que no sólo asoma diferente, sino sobre todo contestatario y contrapuesto a la expresión formal del Perú Republicano. Aunque en Lima tampoco han sido altos los niveles de votación avanzados por unos u otros, si han tenido un signo distinto. En Lima se ha impuesto “la derecha”, y en la gran mayoría del interior del país, ha ganado “la izquierda”.

 Sobre todo, el sur andino, la sierra central y la costa septentrional del país ha votado mayoritariamente por los partidos y movimientos de corte progresista y liberador, en tanto que en la antigua capital del virreinato ha primado la adhesión a las fuerzas empeñadas en perpetuar el “modelo” de dominación que hoy padecen los peruanos.

 El cuarto elemento de esta crisis se perfila a partir del tipo de lenguaje usado por los candidatos. Objetivamente se impuso el lenguaje tremendista y violento. Ganó espacio el discurso represivo y autoritario. Y logró mayor receptividad quien propuso implantar la Pena de Muerte, construir nuevas cárceles, aplicar la Cadena Perpetua, crear campos de concentración en la selva y privar a los actuales reclusos de alimentos, vestidos y visitas.

 Y claro, todo eso, en medio de la burla a los Derechos Humanos, a la justicia plena, a las garantías individuales y a las libertades ciudadanas.  En otras palabras, ganaron la batalla los portavoces del terror, en tanto que quedaron completamente a la defensiva los que tuvieron -aunque no plantearon- una salida democrática y popular a la crisis. Fue casi una competencia de propuesta de ese corte, que llevó a alguno a demandar la creación de Tribunales Especiales, jueces sin rostro, condenas a muerte hasta sin “el debido proceso”. En el extremo. desde “la izquierda” se propuso crear un “Comando de aniquilamientos” para acabar con los delincuentes,

 No se trataba de acabar con la miseria, ni el atraso, la ignorancia, la enfermedad o el analfabetismo; ni terminar con la mala educación, ni la precariedad en la salud, ni con la escasez de vivienda, o de empleo, con la informalidad o con la violación de los derechos laborales. No. Eso, estuvo ausente. El tema era acabar con los delincuentes

 La sociedad punitiva y carcelera tomó el mando de las propuestas en los debates, sin que hubiese fuerza alguna capaz de colocar las cosas en su verdadero lugar: el drama del Perú es la dependencia y el subdesarrollo, el sometimiento al Gran Capital, la fuga de sus recursos naturales y la precariedad de la educación y la salud, la falta de empleo y la exigua atención a la mano de obra y a la promoción de nuevas generaciones de peruanos que “patean latas” sin encontrarte ocupación alguna. 

Y deplorable fue ausencia total de una definición en materia de política internacional. Pese a que la Constitución establece que la política exterior la dirige el presidente de la República, los candidatos a este puesto eludieron definirse en la materia por no chocar con las posiciones de la clase dominante y el imperialismo. No obstante, la gravísima crisis regional que vive América Latina estuvo ausente.  El miedo hizo que no se hablara de Cuba ni de Venezuela, que se callara en todos los idiomas respecto a las bravuconadas de Donald Trump en el escenario mundial. Fue solo el miedo “a perder votos” lo que silenció una definición que lucía indispensable.  

Roberto Sanchez
 Y el quinto rasgo que asomó trágicamente fue el de la división de las fuerzas progresistas o de “izquierda”, que levantaron hasta 4 fórmulas presidenciales contando a Perú Libre, pero cuya votación de base se extendió hasta otros segmentos más bien “moderados” o de “centro” como Jorge Nieto o Ricardo Belmont, que asomaron puntualmente en un escenario confuso y desorientado.

 Esa fuerza unida bien podría haber arribado en la primera ronda electoral a un 30% de los votos, ganando largamente a cualquier candidato de la derecha. Y consolidado en esa unidad podría fácilmente llegar a un 50% y ofrecer un cambio real al país. Esta vez no fueron diferencias políticas ni ideológicas las que separaron a unos de otros. Ni siquiera partidistas. Simplemente personales, vinculadas a objetivos individuales de quienes querían alcanzar un puesto en las listas presidenciales o parlamentarias para ”avanzar” en objetivos propios.  Aunque algunos lo hayan logrado en el plano individual, en muy poco tiempo los trabajadores podrán comprobar que también esta vez fueron engañados. 

 Todo indica, finalmente, que los resultados electorales arrojan una victoria precaria de Keiko Fujimori con algo más del 16% de los votos y un segundo lugar para Robert Sánchez con un 12.5%. Podría ocurrir incluso que Nieto pase al tercer lugar y Porky quede cuarto. Eso abrirá la compuerta para una confrontación mayor. De ella, nos ocuparemos después. <>

OPINION: HILDEBRANDT SOBRE COYUNTURA POLITICA ELECTORAL 2026

 LA SEÑORA QUERRÁ QUEDARSE

César Hildebrandt

En: HILDEBRANDT EN SUS TRECE Nº 778, 17MAR26

L

os discos rayados sonaban toc, toc, toc cuando tropezaban con el surco defectuoso.

Así suena el Perú: toc, toc, toc.

¿Estamos en el 2016 y la dama de la dictadura volverá a competir con PPK, que ahora es Porky?

¿O estamos en el2021y la dama de la dictadura volverá a competir con Pedro Castillo, que ahora es Roberto Sánchez?

Estamos en 2026 y nos estamos remedando otra vez.

No salimos del círculo, nuestros viajes terminan en el mismo puerto. Volvimos a ser la obstinación en el error. ¿Por qué? Porque nuestra política está podrida y está en manos de quienes la degradaron. Y no la van a soltar.

Creimos por un instante que esta vez sí saldríamos del túnel. Pero no emergió nadie del tamaño del reto, ningún partido que nos esperanzara, ninguna idea fuerza que nos sacara de la sombra.

Y aquí estamos. Otra vez. Toc, toc, toc. La vieja desazón de un país que siempre imita lo peor de su pasado.

Ahora tenemos que elegir entre una señora asociada carnalmente al crimen y unos señores a los que no les compraríamos un carro de segunda mano.

El señor López Aliaga es un hombre extraño porque pudiendo ser sobrio siempre anda en demasías y pudiendo ser claro y ordenado se expresa como un loco. Es extraño porque pudiendo ofrecer lo posible, prefiere pro­meter lo sideral y ama las frases ridículas salidas de un patriotismo inflamatorio. Es extraño porque modera sus tentaciones castigán­dose con púas y es capaz, siendo empresario, de desconocer con­tratos exponiendo a la ciudad (que abandonó) a indemnizaciones que no se podrán pagar. Es un hombre extraño porque trae trenes tan viejos como sus fobias de matamoros franquista. Pero la suerte es que de López Aliaga nos podremos librar con relativa facilidad.

El señor Roberto Sánchez tiene un concepto diminuto de la lealtad y es capaz de cualquier asociación, pero esos no son sus peores defectos. Lo peor de Sánchez es que cree que la eco­nomía es una bóveda que hay que abrir porque los demonios la cerraron y ya es tiempo de repartir esos tesoros. El pobre hombre [sic] no tiene idea y a veces, encima, escucha los consejos dopados de Antauro Humala, que está convencido de que el festival de Woodstock no ha terminado, que Cáceres es fuente de inspiración ideológica y que el tronar de los fusilamientos con que sueña será la redención del país. Pero la suerte es que de Roberto Sánchez nos podremos librar con relativa facilidad.

De la señora, en cambio, no nos espera, si ganara, un episodio quinquenal. Nos espera “una era”. La dama de la dictadura está convencida de que un periodo presidencial es un plazo mezquino para traer el orden y el progreso y está dispuesta a cambiar el artículo 112 de la Constitución para permitirse, por lo pronto, la reelección inmediata. Eso sólo podrá ser obtenido replicando la fórmula de su padre: reconcentrar el poder, neutralizar a los adversarios, lograr el apoyo de los grandes medios de prensa. Los métodos para lograr todo eso serán, previsiblemente, los mismos: el uso sin escrúpulos de los fondos públicos, el empleo del poder judicial secuestrado (“barrido”, como dice Rospigliosi) y unas alianza de hierro con la clase empresarial que esté dispuesta a unas nueva aventura autocrática.

Ni en López Aliaga ni en Sánchez hay un gen mesiánico que nos permita imaginarlos como conspiradores dispuestos a todo con tal de permanecer en Palacio. La señora, en cambio, viene de un ADN continuista y de un partido que cree tener un des­tino manifiesto dictado por la voluntad popular. No es difícil pensarla, acosada por las manifestaciones en el sur, saliendo una noche en la tele unánime para anunciar que ha decidido, junto a los militares y aconsejada por el bien común, disolver el Congreso y asumir el control total. Toc, toc toc.

Eso es lo que está en juego. <:>

miércoles, 15 de abril de 2026

COMO HAS CAMBIADO NIETO, PELÓN

 

LECTURAS INTERESANTES Nº 785
Remite:  gvasquezcuentas@yahoo.es   punoculturaydesarrollo@gmail.com
LIMA – PUNO - PERU            16 OCTUBRE 2017
METAMORFOSIS
Escribe: Ricardo Velazco
En “HIDEBRANDT EN SUS TRECE” Nº 368, 13OCT17, pp, 9,10

El ministro de Defensa, Jorge Nieto Montesinos, uno de los hombres más cercanos al presidente Pedro Pablo Kuczynski, alguna vez creyó que la revolución era la única forma posible para alcanzar un país más justo y que la lucha armada era una alternativa. El sociólogo fue un activo dirigente de la nueva izquierda radical que dominó el escenario político durante la década de los 70 y la primera mitad de los 80.
Nació en Arequipa el 29 de octubre de 1951. Su padre fue un oficial del Ejército y su madre, prima de Vladimiro Montesinos, ama de casa. Pese a crecer en un hogar de ideas “progresistas”, su mayor influencia política fue su tío, el poeta y candidato a la vicepresidencia por Izquierda Unida, Luis Nieto Miranda.
Luego de pasar por la gran unidad escolar Francisco Bolognesi, su vida universitaria se inició en la Universidad Nacional San Agustín (UNSA), donde estudió Derecho a principios de los años 70. En 1972 se muda a Lima para continuar sus estudios en la Universidad Católica. Aquí no tardó mucho en sumarse a los movimientos estudiantiles y perfilar un carácter de liderazgo que lo llevó a presidir la Federación de Estudiantes de la PUCP con el apoyo de la agrupación Vanguardia Revolucionaria, dirigida en ese entonces por un joven Javier Diez Canseco. Al año siguiente Nieto cambió el Derecho por Ciencias Sociales y se hizo conocido con el apelativo de “Coco”.


En la PUCP Nieto perteneció a los rezagos del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), aquel partido fundado por Luis de la Puente Uceda y convertido en grupo guerrillero durante los años 60. Ahí se codeó con conocidos rostros de la izquierda, entre ellos el exparlamentario andino Alberto Adrianzén Merino, el exdiputado Agustín Haya de la Torre y la excongresista Rosa Mavila.
“Era bastante activo e inteligente. Tenía que serlo. En esa época, como no había huelgas en la Universidad Católica, tenías que destacar académicamente o los estudiantes no votaban por ti para dirigente. No existía el activista profesional dedicado exclusivamente a la mili-tancia”, señala Haya de la Torre de la Rosa, reincorporado a un sector contestatario del Apra.
Durante su paso por el Consejo Universitario de la PUCP, el ministro de Defensa llegó a compartir espacios políticos con otros estudiantes como Alan García y Martha Chávez, una simpatizante en aquella época de las ideas de izquierda y estudiante de Derecho.
Además de alumno aplicado, Nieto también mostró habilidades netas para convertirse en uno de los líderes juveniles del convulso ambiente de los setenta que dominó en las universidades. “Le gustaba mucho la lectura y era muy locuaz. También era muy buen orador”, recuerda Agustín Haya de La Torre.
Mavila coincide con esta descripción y añade que el ahora ministro “siempre tuvo una forma de pensar muy táctica. Tenía visión para hacer buenos análisis de la coyuntura. La voluntad política también era algo con lo que había nacido. En una ocasión nos dijo que él podía llegar a ser presidente del Perú”, recuerda Mavila.
Por ese tiempo Nieto y sus compañeros de agrupación habían rechazado alinearse con las corrientes de Moscú o Pekín, decantándose por la revolución cubana de 1959, las protestas de mayo de 1968 en Francia y las manifestaciones en Estados Unidos contra la guerra de Vietnam, hechos históricos por los que Nieto mostraba profunda admiración. “Aunque nunca entablamos una conexión real con los cubanos como sí lo hicieron otras organizaciones, había mayor simpatía por el Che Guevara y Fidel Castro. Por el contrario, Nieto era un gran crítico del velasquismo pese a que este era progresista. Eso era normal, pues Velasco había intervenido las universidades. La región estaba plagada de dictaduras militares”, cuenta Haya de la Torre.
En 1974 sucedieron tres hechos que marcaron la vida estudiantil de Nieto Montesinos. Con motivo de las visitas de presidentes latinoamericanos por el sesquicentenario de la batalla de Ayacucho, fue parte del grupo de dirigentes juveniles que fueron apresados para evitar posibles disturbios. Según una fuente muy cercana a Nieto, el ministro de Defensa pasó un mes detenido en el penal de Lurigancho. Poco tiempo después acabó sus estudios de sociología e ingresó al Partido Comunista Revolucionario (PCR), organización liderada por Manuel Dammert, actual congresista de Nuevo Perú. Ahí, sin saberlo, se cruzaría con otros izquierdistas que posteriormente también terminarían ligados al gobierno pepekausa: el ministro del Interior, Carlos Basombrío, el exministro de Economía, Alfredo Thorne, y el parlamentario de Peruanos por el Kambio Gino Costa.
“Teníamos una idea, bastante errada, de la destrucción del Estado porque no había una visión global de las cosas. En realidad éramos un grupo heterodoxo, principalmen­te mariateguista, que tenía muy claro los temas del dogmatismo y del voluntarismo radical gue­rrillero”, dice Rosa Mavila sobre aquella etapa.
El liderazgo de Dammert al frente del PCR no duró mucho tiempo. Hacia mediados de la dé­cada, luego de la caída de Velasco y el ascenso al poder de Francisco Morales Bermúdez, Nieto Mon­tesinos, acompañado de Agustín Haya de la Torre, Jorge Béjar, Manuel Córdova y otros, renun­ció al movimiento para fundar uno nuevo: el Partido Comunista Revolucionario “Trinchera Roja”. En 1977 dicha agrupación se alió a Vanguardia Revolucionaria y al MIR para fundar un frente denominado Unión Democrática Popular (UDP). Los dos objetivos angulares de la alianza fueron la salida de los militares del poder y la unificación total de la izquierda. Fracaso absoluto: los militares se fueron cuando quisieron y la izquierda nunca dejó de subdivi­dirse.
“En ese tiempo había la idea de que la democracia era inviable en el Perú. Incluso había voces que decían que nunca más iba a ha­ber un parlamento ni elecciones. Previamente Velasco había sido el primer gobernante en cerrar el Congreso por completo. En ese contexto una idea muy fuerte era que, efectivamente, el Perú se di­rigía a una confrontación armada porque no había manera de que los militares dejaran el poder. Se temía que se quedaran por 20 o 30 años más”, dice Agustín Haya de la Torre.
Ese mismo año la UDP y Nieto Montesinos, como uno de sus di­rigentes, participaron activamente en la organización del gran paro del 19 de julio del 77, aprovechando su influencia en la Confederación Campesina del Perú, la Federación de Trabajadores de la Industria Me­talúrgica y el magisterio.
Uno de los personajes con los que Nieto compartió actividades políticas dentro de la UDP por esos días fue nada menos que con Víctor Polay Campos, futuro lider del te­rrorista Movimiento Revoluciona­rio Túpac Amaru (MRTA). El paso de Polay por UDP, según señalan varios consultados, fue muy breve. Participó tímidamente en pocos de­bates y se retiró silenciosamente.

La vida para los miembros de la UDP durante los últimos años de la dictadura militar no fue fácil. Hasta el cambio de gobierno permane­cieron en la semiclandestinidad y sus reuniones, también ilegales, se llevaban a cabo los fines de semana en un local prestado por la FEPUC cerca de la Iglesia de la Merced en el centro de Lima.
Habiendo participado de la Asamblea Constituyente de 1978, la UDP preparó candidatos para las primeras elecciones libres en doce años celebradas en 1980. Nieto Montesinos fue selecciona­do para postular como diputado por el Callao, pero los votos no le alcanzaron. Dos años después, en 1982, obtuvo una beca de estudios a México que lo alejaría del Perú pero no de su coyuntura. Entre 1986 y 1987 colaboró con algunos artículos para la mítica revisa izquierdista “El zorro de abajo”, dirigida por Carlos Iván Degregori.
En el país del norte obtiene el grado de magíster en Ciencia Políti­ca por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) y un doctorado en el Colegio de Mé­xico. Los títulos le sirvieron para obtener un puesto en la UNESCO, donde ocupó el cargo de Director de la Unidad para la Cultura De­mocrática y la Responsabilidad. Allí, el tiempo y el rodillo de la socialdemocracia europea, sumados a las comodidades de la sociedad del “bienestar”, limaron cualquier arrebato radical en “Coco Nieto”.

 “Aunque ser ministro de Defen­sa luego de haberse enfrentado a los militares suena paradójico, para mí lo más extraño es verlo en un go­bierno de derecha como el de PPK. Podría haber esperado verlo en una gestión hasta del APRA, sobre la que él ha escrito, pero con PPK la unión era impensable”, sentencia Agustín Haya de la Torre. <>

lunes, 13 de abril de 2026

ASI VA EL PROCESO ELECTORAL PERUANO

 ELECCIONES 2026. PRIMER CONTEO RAPIDO INTEGRAL

EN EL SUR: ROBERTO SÁNCHEZ ARRASA CON 20.8% Y KEIKO FUJIMORI SE DESPLOMA CON 6.9%

Ricardo Belmont obtuvo la segunda mayor votación en la Macroregión Sur con 14% y Alfonso López Chau con 11.6%.

Por Redacción El Búho | 13 abril, 2026

L

os resultados del Conteo Rápido Integral correspondiente a las Elecciones 2026, elaborado por Ipsos Perú por encargo de Transparencia con la colaboración del National Democratic Institute (NDI), ya tienen cifras desagregadas por macroregiones. Al 95.7% de actas procesadas (991 mesas recibidas de una muestra de 1,037), el comportamiento del voto en el Sur del país muestra diferencias abismales respecto al promedio nacional. Mientras que a nivel nacional Keiko Fujimori lidera con 17.1%, en la zona sur su respaldo cae a solo 6.9%.

El desglose por macroregiones (Lima, Norte, Centro, Sur y Oriente) evidencia que el candidato de Juntos por el Perú, Roberto Sánchez, es el claro favorito en el sur. En el Sur obtiene un contundente 20.8%, muy por encima de su rendimiento nacional (12.4%) y de sus resultados en otras regiones como Lima (3%) o el Norte (15.9%). En contraste, Rafael López Aliaga, que a nivel nacional suma 11.3%, apenas alcanza el 5.9% en el sur.

Ricardo Belmont y Alfonso López Chau en la macroregión Sur

Otro dato llamativo de las Elecciones 2026 en el sur es el desempeño de Ricardo Belmont, del Partido Cívico OBRAS. Mientras que su votación nacional es de 10.2%, en la macroregión Sur sube hasta el 14%, superando ampliamente a figuras como López Aliaga y Jorge Nieto. Incluso se acerca al segundo lugar regional, ocupado por Roberto Sánchez. Alfonso López Chau, de Ahora Nación, también tiene un buen desempeño en el sur con 11.6%, muy superior a su promedio nacional (7.4%).

Por el contrario, Jorge Nieto (Partido del Buen Gobierno) se queda en 9.7% en el sur, por debajo de su 10.7% nacional. Carlos Álvarez (País para Todos) es el menos votado en la zona sur con solo 4.1%, mientras que la categoría OTROS suma un altísimo 27% en esa macroregión, lo que refleja una fragmentación extrema del voto.

Participación ciudadana supera la de 2021

A nivel nacional, el Conteo Rápido Integral de las Elecciones 2026 también arroja datos comparativos con la primera vuelta de 2021. La participación ciudadana alcanza el 81.3% (+/-1.8), muy por encima del 70.048% registrado por la ONPE hace cinco años. Los votos en blanco disminuyeron del 12.364% al 9.7% (+/-0.6), y los votos nulos bajaron del 6.340% al 4.1% (+/-0.3). Estas cifras confirman una mayor concurrencia a las urnas y una leve reducción del voto protesta.

El Conteo Rápido Integral al 95.7% de Ipsos para las Elecciones 2026 se basa en una muestra probabilística, polietápica y estratificada de 1,037 actas de mesas de sufragio, con cobertura nacional y de residentes en el extranjero. El nivel de confianza es del 95%, y los márgenes de error son individuales para cada candidato (por ejemplo, +/-1.0 para Keiko Fujimori, +/-1.3 para Roberto Sánchez). Desde 2001, Ipsos Perú ha registrado diferencias por debajo de 1 punto porcentual respecto a los resultados oficiales de la ONPE.

 Comparativo de votación: Nacional vs. Macroregión Sur

Conteo Rápido Integral – Ipsos / Transparencia (al 95.7%)

Candidato

Partido

Total Nacional (%)

Macroregión Sur (%)

Diferencia (Sur – Nacional)

Keiko Fujimori

Fuerza Popular

17.1%

6.9%

-10.2%

Roberto Sánchez

Juntos por el Perú

12.4%

20.8%

+8.4%

Rafael López Aliaga

Renovación Popular

11.3%

5.9%

-5.4%

Jorge Nieto

Partido del Buen Gobierno

10.7%

9.7%

-1.0%

Ricardo Belmont

Partido Cívico OBRAS

10.2%

14.0%

+3.8%

Carlos Álvarez

País para Todos

8.0%

4.1%

-3.9%

Alfonso López Chau

Ahora Nación

7.4%

11.6%

+4.2%

OTROS

22.9%

27.0%

+4.1%

Los márgenes de error para cada candidato a nivel nacional son: Keiko Fujimori +/-1.0, Roberto Sánchez +/-1.3, Rafael López Aliaga +/-1.2, Jorge Nieto +/-0.9, Ricardo Belmont +/-0.5, Carlos Álvarez +/-0.5, Alfonso López Chau +/-0.5. La macroregión Sur comprende los departamentos del sur del Perú según la estratificación de Ipsos.

 En procesos electorales, el voto rural suele ser el último en procesarse. En ese contexto, y de acuerdo con el conteo de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), el candidato Roberto Sánchez, de Juntos por el Perú, lidera en cinco regiones que forman parte de este segmento: Puno, Amazonas, Ayacucho, Huancavelica y Cajamarca.

Por ejemplo, en Cajamarca mantiene una ventaja considerable, pues con el 9% de los votos procesados supera a Fujimori por más de 20 puntos porcentuales. Asimismo, en Puno se ubica en el primer lugar con el 20% de respaldo, seguido por Belmont. De igual manera, en Amazonas también se impone sobre Fujimori, aunque con una diferencia más ajustada de tres puntos porcentuales.

En tanto, en Ayacucho lidera por encima de Alfonso López Chau, quien ocupa el segundo lugar. Finalmente, en Huancavelica, Sánchez registra una amplia ventaja frente a Belmont, superándolo por más de 30 puntos porcentuales. <:>

domingo, 12 de abril de 2026

PROCESO ELECCIONARIO PERUANO: PUNTOS DE VISTA

 ¿TIMBA POLÍTICA O

DEBER CIUDADANO?

Por Carmen McEvoy

EL COMERCIO 12/04/2026

E

l Perú es un país extraordinario, aunque con hábitos atávicos, entre ellos el de jugarse, a los dados, su futuro un día sí y el otro también. Ese pasado timbero incorporado en nuestro ADN político por los señores de la guerra, quienes, vale recordarlo, diseñaron a balazo limpio pero también mediante ‘fake news’ (la niebla de la guerra) nuestro caótico modelo electoral, sigue vigente. He señalado en múltiples ocasiones que el Estado Peruano viene implosionando y, si no hacemos algo al respecto, la debacle nos espera a la vuelta de la esquina. Más aún, luego de observar el panorama electoral, con 35 candidatos luego de una retahíla de vacancias presidenciales exprés, ¿será posible afirmar que nos encontramos al final de un ciclo político, o esta historia, como los culebrones del escribidor Pedro Camacho de “La tía Julia y el escribidor”, tiene nuevos ‘cliffhangers’ por padecer? Porque al final, lo que realmente preocupa, y además indigna, es cuánto más puede resistir un país con un enorme potencial económico, pero con tan escasa ética de parte de los políticos de pacotilla que nos siguen arrastrando a un abismo eterno.

A diferencia de los que piensan que esta historia de degradación política y moral tiene un lustro, yo opino que es más vieja de lo imaginado. Desde que, a raíz del motín de “Balconcillo” (1823), Mariano José de Arce abandonó el recinto congresal vociferando que la república peruana era “un simulacro” hasta la traición a la guerrilla serrana, que posteriormente fue purgada salvajemente por el ejército realista, pasando por el golpe de Estado y la deportación sin derecho a defensa del presidente La Mar, la traición disfrazada de moralismo ha definido, junto con el robo armado, nuestra insólita historia. Con un Estado como botín, inicialmente transnacional y luego nacionalizado por los ambiciosos herederos peruanos de Simón Bolívar, la apuesta fue clarísima desde un principio. Esta consiste en hacerse de la maquinaria estatal para desde ahí gobernar, con los aliados de turno, mediante la prebenda. El perverso proceso, que fue erosionando una precaria institucionalidad ahora evidentemente socavada desde sus bases, fue escalando hasta llegar a unos límites que pusieron en peligro, incluso, la integridad física del Perú. La tendencia que, con sus obvias mutaciones, se impuso –y aquí nadie se escapa– fue defraudar a los votantes y llenarse los bolsillos con los cómplices de turno. De ahí esa comprensible desafección e incluso fatalismo que reina entre millones de votantes, que ahora toman las elecciones como una suerte de Tinka colectiva.

Hace más de 30 años, me propuse averiguar si existieron algunos intentos de cambiar esta suerte de mito de eterno retorno que, desgraciadamente, marca la historia del Perú, y me encontré con las miles de cartas de la electrizante campaña electoral de 1871-1872. Días atrás, regresé a los discursos de campaña pronunciados por Manuel Pardo y encontré una serie de temas que vale la pena actualizar en vísperas de estas elecciones marcadas, tal como las del siglo XIX y también las del siglo XX, por la niebla de la guerra, es decir, por el azar y la confusión. Cabe recordar que el triunfo de la Sociedad Independencia Electoral, antecedente del Partido Civil, se produjo luego de medio siglo de hegemonía militar en el poder. Y fue tanta la resistencia a la entrada de nuevos actores –entre ellos artesanos, profesores universitarios y de escuela, profesionales medios e incluso militares institucionalistas, unidos junto a la clase empresarial por la preocupación ante la implosión del Estado guanero– que el coronel Balta fue asesinado por su guardia pretoriana. Su única falta fue aceptar que el tiempo del militarismo prebendario había terminado. El pueblo de Lima, horrorizado ante el crimen en medio del proceso electoral, se movilizó y vengó, a través de una ejecución pública, a los hermanos Gutiérrez, responsables directos del magnicidio.

Frente a la fragilidad intrínseca de un sistema secular definido por una cultura de guerra, trasladada, junto con un hábil manejo de las comunicaciones, al campo electoral, me permito compartir un par de ideas de Manuel Pardo. La primera es que las asociaciones cívicas, tendientes al bien común, deben trascender las coyunturas electorales. Y la segunda proviene de esta notable cita: “Se acerca el momento en que la república entera, en el mismo día y en la misma hora, va a expresar su opinión soberana sobre los destinos del Perú. En el desempeño de este sacerdocio tened conciencia del poder que os da vuestro derecho, sin olvidar los deberes que impone con la república del Perú”. De timba a deber. <>

viernes, 10 de abril de 2026

PROCESO ELECCIONARIO PERUANO 2026: PUNTOS DE VISTA

 PUEDE SER

LA CUARTA DERROTA

César Hildebrandt

En HILDEBRANDT EN SUS TRECE Nº 777, 10ABR26

L

a segunda vuelta será con la nariz tapada.

Otra vez.

Por enésima vez.

El Perú es el país del realismo mágico.

Aquí yace José Arcadio Buendía y vuelan mariposas amarillas. Y Remedios desaparece con el viento de las sábanas.

Aquí se premia la canallada, la vocación dictatorial, la herencia purulenta. Aquí se felicita a la responsable mayor de las leyes que el crimen ha aplaudido. Aquí se vota por quien se burla de tu confianza y te habrá de traicionar.

Los chilenos antes que Piérola.

Miguel Iglesias llevado por Alan García al panteón de los próceres.

Los populachos de diver­sos vestuarios.

Pumacahua combatien­do a Túpac Amaru II.

Los monarquistas crio­llos luchando contra la independencia pero simu­lando que eran republica­nos cuando hablaban con Bolívar.

Los peruanos que lucha­ron al lado de los chilenos para traerse abajo la poderosa Confederación Perú-boliviana.

Los que estuvieron con Pezet a la hora en que los españoles volvieron para tomar las islas Chincha.

Los que defendieron a Mariano Ignacio Prado después de que se largara del país siendo comandante en jefe durante la guerra con Chile.

Los militares peruanos que desertaron del morro de Arica: Carlos Agustín Belaunde, Manuel Revollar, Pedro Hume.

Etcétera. Un largo etcétera.

Y ahora esto: la Dama del Caos prometiendo el orden que su padre convirtió en siniestra dictadura. Y teniendo éxito en su ci­nismo, en su apuesta por la amnesia popular, en su convicción de que la indignidad la ama.

Ganará el partido que el año 2016 decidió gobernar desde el Congreso y tramó la defunción política de PPK. Podrá jactarse de las cifras obtenidas este domingo el partido que desconoció la derrota del 2021 y gobernó con Dina Boluarte desde diciembre del 2022. El triunfo en primera vuelta será para el partido que ideó las leyes que dificultan la colaboración eficaz, entorpecen la interceptación telefónica de los jueces y la policía o hacen imposible la sorpresa en los allanamientos criminales.

Es como si el Perú exhibiera ante el mundo una masiva vocación por la sordidez.

Después de este domingo quizá muchos se expliquen por qué en estas tierras la minería ilegal es un poder que compra prensa y congresistas y por qué la policía es parte del problema. Y por qué, en suma, la corrupción se ha instalado en el Estado al punto de significar 24,000 millones de soles anuales, el 2,4% del Producto Bruto Interno.

Tenemos una democracia sin partidos, un simulacro de renovación a través de las elec­ciones y una oligarquía consistente que está detrás de una ficticia economía de mercado. Por eso los oligopolios nos exprimen y los monopolios deciden sin que nadie los controle. Por eso seguimos teniendo una anemia de 43% en niños menores de tres años.

Pero lo peor no es la desigualdad y la corrupción endémicas. Lo peor es lo que tenemos por políticos, los partidos que padecemos, el elenco vil que merodea el poder. De esas fuentes malogradas sale la economía ilegal, el desastre de la gestión pública, las leyes que nos están hundiendo desde el punto de vista fiscal. De esa raíz podrida ha emergido el Congreso de los delincuentes, el Tri­bunal Constitucional secuestrado por gentuza, la Junta Nacional de Justicia copada por el fujimorismo, la Defensoría del Pueblo al servicio de la mafia congresal, la Fiscalía de la Nación que la corrupción recuperó recientemente.

Todo eso se premiará paradójicamente este domingo. El país se dispara al pie (como tantas otras veces). Y una organización con vocación autoritaria y tendencia a entrar a saco en la hacienda del Estado se prepara para concentrar el poder más amenazante que alguien pueda imaginar. Un poder que, como ha dicho el repug­nante Femando Rospigliosi -vocero directo de la seño­ra Fujimori-, servirá para “barrer” con lo que queda de decente y rebelde en el Poder Judicial, la cota que la banda no ha podido tomar todavía.

Habrá que votar en la se­gunda vuelta con la nariz ta­pada pero con la convicción de que al fujimorismo hay que detenerlo otra vez. Lo que cabe ahora es una gran cruzada nacional para impedir que una pandilla que viene del saqueo y el asesinato cante victoria, se apodere del Estado, persiga a los opositores y compre conciencias y prensa como hizo en los 90.

El éxito de la señora este domingo podría ser su cuarta catástrofe electoral en la segunda vuelta. Muchos que no lo hicieron pensarán ahora qué se propone hacer la señora que traicionó a su madre, a su hermano y hasta al venerado padre que intenta remedar.

No importa quién pase con ella a la segunda vuelta porque nin­guno de los que pelean por ese puesto -por más debilidades que tengan y por más contradicciones que los minen- amenaza con secuestrar el país, cosa que ella sí hará porque el fujimorismo es incompatible con la democracia y sólo funciona como arrasamiento.

La buena noticia es que el miedo que suscita, el repudio que convoca, la náusea que produce en amplísimos sectores del país pueden producir su cuarta gran derrota. Sí, señora: no cante usted victoria antes de tiempo. Sí, Rospigliosi: guarde usted las patas de cabra por ahora.

Apure, Leiva, apure. <:>

jueves, 9 de abril de 2026

PROCESO ELECTORAL PERUANO: PUNTOS DE VISTA

 UN VOTO DE CONFIANZA AL PUEBLO

 Por Gustavo Espinoza M.

 Prácticamente en la víspera de las elecciones presidenciales y parlamentarias que tendrán lugar este domingo, y cuando se han agotado ya las posibilidades de consultar encuestas y aún de hacer propaganda política por una u otra opción electoral, sólo cabe otorgar un voto de confianza al pueblo, que será finalmente el único que podrá encontrar un camino de salida a una crisis que no han sabido encarar los obligados a hacerlo.

 Esta crisis ha sido creada por la voracidad de la clase dominante, por su soberbia y su extremo egoísmo, por su crueldad y desprecio por el pueblo, sus concepciones racistas y su desvergonzada manera de hacer política.

 Pero debió haber sido encarada por una Izquierda seria que, con conciencia de clase  y proyección de futuro, hubiese renunciado al sectarismo estrecho y a la pequeñez de miras; limitaciones todas que le impidieron forjar la unidad indispensable para enfrentar exitosamente lo que se avecina.

 El Perú corre el riesgo de encontrarse ante una suerte de callejón sin salida. Podría ocurrir, en efector, que los resultados del 12 de abril arrojaran un baldazo de agua fría sobre el país entero, y dos definidos exponentes de la ultraderecha alcanzaran las primeras ubicaciones y pasaran así a la segunda vuelta.

  En tal caso, lograrían también una clara mayoría parlamentaria tanto en la Cámara de Diputadas como en el super poderoso Senado. Ese podría ser el sueño de Fujimori, López Aliaga o Álvarez, que la Prensa Grande aplaudiría a rabiar, pero que asomaría como una pesadilla para el país.

 Tras ese juego está otro que le permitiría a esa misma coalición alcanzar una sólida mayoría en el Senado. Esta, a su vez, implicaría dos vertientes: una política -dar la mayoría a la ultra derecha para hacer y deshacer a su antojo-  y la otra de corte social: Un Senado centralista y capitalino que expresara su menosprecio al Perú rural y provinciano, con un claro matiz racista de por medio.

 Eso, que asoma por cierto muy improbable, podría no haberse siquiera asomado si el movimiento popular hubiese marchado unido a esta contienda. Bien podría una alianza de fuerzas progresistas, alcanzar un 30% suficiente para ganare holgadamente una primera vuelta.  La división en casi 4 corrientes podría dar lugar en cambio a que cada una de ellas obtenga un 7% de votos y una escuálida representación parlamentaria.  

 Claro que nada de esto es fatal. También podría ocurrió que alguno del campo popular se despunte y logre pasar a la segunda vuelita con una significativa representación congresal. En tal caso -y cualquiera que fuese el protagonista de esa acción- tendría que recibir el apoyo certero de los otros grupos y fuerzas afines para vencer en la segunda vuelta a la candidatura de la extrema derecha y hacerle frente en el Poder Legislativo.

 ¿Eso, es posible? Ciertamente que lo es. Solo que sería una “salida” casi impuesta por el pueblo mismo. La dirigencia del movimiento tendría que mirar autocríticamente lo actuado por ellas, y corregir de inmediato lo mal andado.  En otras palabras, tendría que reconocer que por allí fue que debió haberse comenzado

 Es claro que el pueblo es consciente de todo ello. Cualquier ciudadano ligado al movimiento popular obraría  así en similar sentido. Y buscaría forzar la unidad sabiendo que ese es el único camino que garantiza la victoria. Eso lo sabe el pueblo porque posee un rasgo esencial: el instinto de clase.

 Confiando en ese instinto de clase, es que sólo cabe hoy otorgarle un Voto de Confianza al pueblo. <>