viernes, 2 de octubre de 2026

DESDE EL GOBIERNO FUJIMORISMO CONTRA ATACA A PERIODISTA INDEPENDIENTE

 DEFENSA Y JUSTICIA

César Hildebrandt

En HILDEBRANDT EN SUS TRECE Nº 800 2OCT26

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os exponentes del peor periodismo en un canal que es fango puro, auxiliados por documentos que no prueban nada sino su mala fe, lanzan un presunto reportaje “que será el fin de César Hildebrandt”.

Después hacen un conversatorio autofágico donde fin­gen que el contenido ha sido decisivo para decretar nuestra defunción moral. Yacemos, según ellos, en tierras sin mi­sericordia.

Erasmo Wong, a quien le hemos dedicado más de una nota en relación a sus trampas empresariales y financieras, aplaude en nuestro imaginado velorio.

Los fujimoristas, más de negro que nunca, se regocijan.

Los innumerables reclusos de nuestras cárceles de papel de cada viernes celebran y cuentan chistes.

Hace fiesta y añade mugre propia el débil mental vocero del gobierno criminal de los Estados Unidos. El emisario del pedófilo que ensucia la Casa Blanca se mete en el asun­to como si fuera barra brava del gobierno de Keiko Fujimo­ri. Está seguro de que el Escudo de las Américas le da un estatuto comparable al de virrey de la India. Es el imperia­lismo en traje de tetudo.

La chusma de las redes sociales reverbera el mensaje y lo convierte en epitafio.

La embajada israelí de seguro que está alegre. El hombre del spa, también. El homófono Garlitos Espá debe haber fe­licitado a su jefe.

La gentita a la que hemos descubierto en estos años de investigaciones y rastreos cree poder asesinarnos simbóli­camente. Es el Plan Bermuda en versión excrementicia.

Pero aquí estamos. Más limpios que nunca. Viejos en el arte de la resistencia. Ilesos. Dis­puestos a enfrentar con hechos, documentos, correos electrónicos y cuentas entregadas a la SUNAT cualquier investigación que quiera em­pezar Tomás Aladino Gálvez y su equipo al ser­vicio del gobierno.

Siento decepcionar a algunos coleguitas que, siempre atormentados por el color panza de burro de sus largas ca­rreras, han simulado compadecerse de nosotros.

No aparenten condolencias, coleguitas. Cuánto quisie­ran, en el fondo, que este semanario tuviera las manchas de vuestros periódicos y las hilachas de vuestros fustanes.

La verdad es sencilla. El señor Fernando Guerra Sotelo, el contador que nos presta servicios externos porque no podemos pagar a alguien estable, no cumplió debidamen­te su rol y le entregó, intermitentemente, cinco boletas de pago a una persona en quien parecía confiar. No lo hizo para evadir impuestos porque se pagó hasta el último centa­vo de los montos que figuran en esos documentos, sino por­que, encimado ante los plazos después de estar a punto de incumplirlos por desidia, nece­sitaba reunir esos montos bajo un solo nombre en vez de tra­mitar las decenas de boletas de los agentes que habían hecho los depósitos correspondientes. Pero eso es todo. Allí aca­ba el asunto: los impuestos fueron honrados escrupulosa­mente y eso consta en documentos que tiene en su poder la SUNAT. Que la persona en quien confió el señor Guerra hiciera lo que hizo, es un asunto que atañe al señor Guerra.

Expiar la extrema ingenuidad y la suma dejadez demora un poco. Y hacer las cosas a espaldas del semanario es algo que no enriquecerá su hoja de vida. En todo caso, nos acusan de “simular una venta” por la que pagamos todos los im­puestos que esa operación suponía y en donde los montos procedían, como consta en registros, de liquidaciones rea­les de los canillitas. ¿Qué lógica tiene eso? Y nos remiten a cinco boletas, pero no hablan de las decenas de miles que, a lo largo de estos 16 años, tuvimos que emitir.

Erasmo Wong
Esta es una campaña detrás de la cual está el go­bierno. Dolosos allegados a “Willax” se están jactando de que el Ministerio Público ya ha abierto una investigación en contra nuestra ¡y por lavado de activos! Sí: el mismo cargo del que ha sido exonerada la actual presidente de la república. Y los malandrines a cargo de las vociferaciones mayores han insinuado que “lavado de activos” es poco, que se trataría de “organización criminal”. Nos quieren en la cárcel, como estuvo su lideresa, como acabarán ellos cuando la decencia regrese a la política de este país con vo­cación de estercolero.

Quieren hacer con nosotros lo que hicieron con Javier Diez Canseco, a quien acuchillaron por un proyecto de ley que, remotamente, hubiera favorecido a su hija, poseedora de unas míseras acciones de Backus.


No podrán, pero se les va la vida en el esfuerzo. Somos un medio de prensa que la mafia política desea sacar del camino. Tenemos un juicio por millón y medio de dólares, una incursión de SUNAFIL que se frustró porque no en­contraron nada irregular, y ahora viene esto.

Sabíamos que la llegada del fujimorismo al poder signi­ficaría para nosotros la tormenta perfecta y estamos pre­parados. Los miles de lectores que acceden al semanario y los cientos de miles que ven nuestro podcast saben que no somos asustables y que seguiremos en nuestra modesta tarea. Nuestro trabajo es sencillo: publicar lo que sea digno de saberse siempre y cuando sea verdad. Eso duele y crea rencores armados y fobias de baja estofa.

Y han querido enlodar a Rebeca Diz, que es la persona más fanáticamente escrupulosa que conozco. Por eso, cuando se enteró de la fal­ta de prolijidad del contador, pegó un grito de 6 grados en la escala gallega de la ira.

Rebeca es editora, gerente y todóloga en este semanario que sobrevive gracias a ustedes. Es una persona maravillo­sa y no hay derecho para que una tropa infecta de difama­dores intente mancillar su imagen. Lo diría así no fuera la esposa que me cayó del cielo. <>

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LO SOCIAL-POLITICO EN NUESTRA REALIDAD ACTUAL

 LA MAQUINARIA MEDIÁTICA

QUE BLINDA LA CORRUPCIÓN Y CRIMINALIZA LA PROTESTA

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Por: Jorge Luis Choque

a pasividad de la población peruana ante la corrupción, la inseguridad y la complicidad policial con organizaciones criminales no es un fenómeno casual, sino el resultado de una operación social deliberada. Casos como las declaraciones de delincuentes sobre vínculos con la policía (“Los Pulpos”, “La Jauría”, el “Monstruo”) evidencian una red de complicidades que el gobierno ignora con una indiferencia que huele a connivencia. Esta inacción no es incapacidad: es estrategia.

El modelo de propaganda de Chomsky demuestra cómo los medios masivos, concentrados en pocas corporaciones, filtran la información para fabricar consenso en favor de las élites. A través de la propiedad, la publicidad, las fuentes oficiales, el flak y la ideología dominante, la prensa monopólica peruana valida el accionar gubernamental y satura la agenda con nota roja para desinformar y neutralizar a la ciudadanía. Desde la pedagogía crítica, Paulo Freire y el pensamiento latinoamericano confirman que estos medios actúan como aparatos de dominación oligárquica y transnacional: difunden mitos alienantes mediante una comunicación vertical que subyuga a los oprimidos y distorsiona la realidad al servicio del poder.

Antonio Gramsci aporta la noción de hegemonía cultural: el poder no se sostiene solo por la coerción económica o militar, sino principalmente por el consenso que logra la clase dominante al imponer su visión del mundo a través de instituciones como la escuela, la religión, los partidos y, de manera clave, los medios de comunicación. La hegemonía es ética-política y económica: el grupo dirigente ejerce una función decisiva en el núcleo de la actividad económica y, a la vez, dirige culturalmente a la sociedad. Los medios fijan los contornos ideológicos del orden hegemónico, elevando el mercado y el consumo a instancias máximas de representación de intereses, y contribuyen a conformar el imaginario social.

Joseph Goebbels, como ministro de Ilustración Pública y Propaganda del Tercer Reich (1933–1945), encarna el uso extremo de la información como instrumento de dominación política y social. Su ministerio controló prensa, radio, cine, teatro, literatura, música y artes plásticas; nada se publicaba ni emitía sin su aprobación. Las técnicas de manipulación incluían repetición de mensajes simples, apelación a emociones, creación de un enemigo común, mezcla de verdades parciales con mentiras, exageración, desfiguración y silenciamiento de lo inconveniente. Goebbels ilustra cómo un aparato estatal de propaganda puede transformar la información en un instrumento de control total, facilitando crímenes masivos al alterar la percepción de la realidad.

Aldous Huxley, en Un mundo feliz y en Brave New World Revisited, describe una sociedad donde la tecnología, el consumo y el entretenimiento se usan deliberadamente como instrumentos de política para evitar que la población preste atención a las realidades sociales y políticas. Las distracciones continuas mantienen a la gente ocupada, complaciente y estabilizada, impidiendo la reflexión crítica y la búsqueda de libertad. Huxley advierte que el avance tecnológico y el aumento del tiempo libre no conducen automáticamente a más cultura o felicidad; pueden ser usados para pacificar y controlar a la población, distrayéndola de su realización genuina. Su visión es complementaria a la de Chomsky: mientras el modelo de propaganda enfatiza la selección y omisión de noticias, Huxley subraya el papel del entretenimiento masivo como mecanismo de despolitización.

Nicolás Maquiavelo, en El Príncipe, analiza cómo los gobernantes deben usar la apariencia, el engaño y la astucia para llegar al poder, mantenerse y conservar el Estado, incluso obrando contra la moral convencional cuando la “necesidad” lo exige. No es necesario poseer realmente todas las virtudes; es más importante parecer virtuoso, porque “todos ven lo que pareces, pero pocos tocan quién eres verdaderamente”. Sun Tzu, en El arte de la guerra, sostiene que “el supremo arte de la guerra consiste en someter al enemigo sin combatir” y que el engaño es un elemento central de la estrategia militar y política. La indiferencia del gobierno peruano, la campaña del terruqueo contra cualquier forma de oposición y el apoyo de la prensa monopólica que difunde cotidianamente noticias morbosas sobre bandas criminales para luego propagar hechos orientados a la diversión, como si estuviéramos en el país de las maravillas, obedecen a esta lógica. No caigamos en la indiferencia: la historia nos enseña que el silencio cómplice es el primer paso
hacia la tiranía.
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Perú: 9/10/2026

jueves, 1 de octubre de 2026

ARTE POPULAR COREOGRAFICO PUNEÑO: LOS PULIS

LOS PULIS, MUSICOS Y DANZARINES

Por: José A. Frisancho Loayza.

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n el año 2017 se declaró patrimonio cultural de la nación a la danza Q'arapuli o Quena quena, la cual es una de las variedades de varias danzas que tienen al término "pulis" como su común sufijo: Pulipulis, Chatrapulis, Llipipulis, Aukipulis y el Q'arapulis en mención.

Siguiendo a Luperio Onofre en la línea de investigación "etnográfica", o indirecta, junto con la observación de videos y otros materiales, el haber visto hace varios años en directo estas danzas, e incluso haber participado en algunas danzas similares -donde los bailarines ejecutan también la música utilizando instrumentos de viento y percusión– me permito transmitir algunas descripciones y reflexiones, incidiendo en la comparación de los Puli pulis –que es la versión más difundida del grupo danzario antes mencionado– y los Q'arapulis danza que se baila específicamente en Juli. Además, consigno comentarios sobre otras danzas relacionadas en proceso de extinción.

Una característica importante de estas danzas –en general- es el uso de una quena grande o larga llamada “qinachu” (quenacho). Suele usarse esta palabra también para designar a quien lo toca o interpreta. Hay también quenas grandes o largas, medio curvas conocidas como “lawa k'umu” (palo encorvado) que se usan en Acora en la danza carnavalesca llamada "chacareros" en la que se emplean picarescas canciones en aimara.

Otra característica importante es el uso de unos "faldellines" blancos por los varones y que llegan más abajo de las rodillas, en el atuendo, los que dan mayor vistosidad durante el trote (de los ejecutantes). Éstos también se usan en otras danzas o grupos musicales colectivos como los "sikuris de varios bombos" (o sikuris estilo umasuyos). En el Q'arapuli de Juli este faldellín está ausente, lo cual es una diferencia notable.

En los Puli pulis también es característico un tocado de plumas multicolores de ave, algunas veces muy suntuoso, elaborado y vistoso por su especial altura. Los Q'arapulis de Juli simplemente llevan un sombrero negro. Los gorros de lana (ch'ullu) siempre están presente en ambos casos.

Otra característica es el paso que es simple, es prácticamente un "trote", no hay movimientos elaborados a los costados, a la derecha e izquierda del danzante, o saltos, inclinaciones, levantamientos de rodilla, etc. Simplemente se sigue una especie de pausado "paso ligero" con contoneos suaves mientras se ejecuta el “qenacho”. En este sentido el Q'arapuli de Juli es más elaborado, ya que los ejecutantes de la danza inclinan el cuerpo a ratos al ritmo de la melodía, así como hacen contoneos suaves a ambos lados mientras ejecutan el instrumento. En los Puli pulis generalmente hombres y mujeres bailan separados los primeros se desplazan en fila. En cambio en los Q'arapulis lo hacen intercalados. Los Puli pulis son de la zona quechua como de la aimara.

MOSHO: Kusillo 10
Es remarcable que el nombre Puli pulis se usa en ambas zonas. Los hay en los distritos de Taraco y Pusi en la provincia de Huancané, Samán en Azángaro, Caracoto en San Román, Calapuja en Lampa, en la zona quechua, aunque en Pusi que está a orillas del lago, también se habla aimara.

Otra característica es la presencia, bufones andinos que siempre van enmascarados, acompañan a los danzantes de manera libre, sin una coreografía especial; actúan de manera espontánea, a veces imitando los pasos de la danza. Su función principal es divertir a la gente con sus ocurrencias o travesuras, y se expresan fingiendo la voz en un tono agudo. A esos bufones de les llama "k'usillu", palabra esta que en quechua y aimara designa al mono.  La vestimenta de los bufones de los Puli pulis y los Q'arapulis difieren, pero su comportamiento es similar y comparten algunos elementos como los pañolones, pecheras y el látigo. Este último difiere en su material; "reatas" hechas de lana en los Puli pulis y "chicotes" de cuero en los Q'arapulis.

Respecto al origen de la palabra Q’arapuli, se ha tratado de explicar en base a la palabra aimara "q'ara" (pelado). Sin embargo, existe también el homónimo "q’ara" que designa de manera despectiva a un español o persona blanca. Incluso en el hablar "loncco" arequipeño hay la palabra "caroso" (de q’aroso) con un significado similar y es derivada del aimara.

Por otra parte, es significativo que esta danza, al menos antes, la bailaban exclusivamente personas entradas en años, mayores de 65 años. Puede ser una exageración, recuerdo a parejas que estarían a finales de sus cincuentas haber visto bailar, hace muchos años.

Según las indagaciones de Luperio Onofre "antiguamente se danzaba el "Q´arapuli" y estaría relacionada con la caza de felinos andinos, lo cual se explicaría por el uso de la característica "montura" que portan sobre los hombros, cubierta de la piel de estos animales, en especial del Uturunco o jaguar.

El "Choqela” es una danza relacionada a la caza de la vicuña y proviene de la cordillera o zonas altas.

El Chatripuli es una danza muy vistosa que aun la danzan los comuneros de Sihuayro en Juli. Se ha dicho de ella que es “una danza ancestral y ritual originaria del altiplano peruano (especialmente de la región Puno, en zonas como Zepita e Ilave) que rinde homenaje a las etapas de cultivo y maduración de la quinua”. <>

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VER TAMBIÈN:

Leónidas Cuentas Gamarra PULI PULIS Fragmento del folleto de su autoría “LA FESTIVIDAD DE LA SANTÍSIMA CRUZ DE HUANCANÉ”

David  Frisancho Pineda: LA DANZA DE LOS "PULI-PULIS" Y SUS VARIANTES. Revista del Instituto Americano de Arte N° 12, Puno noviembre 1978 pp. 42 a 49

Alfonsina Barrionuevo LOS PULI PULIS BAILARINES DE LA KINUA

Elizabeth Uribe Soto LOS Q’ARAPULIS O QINA-QINA DE JULI, en JULI ETERNO N° 27 

martes, 29 de septiembre de 2026

AMÉRICA LATINA FRENTE A LA DOCTRINA DE TRUMP

 SOBERANÍA PARA QUIÉN:

Por: Juan Pari

https://www.efectividat.com/post/

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onald Trump dijo ante las Naciones Unidas algo que América Latina no debería pasar por alto, Estados Unidos, afirmó, que no permitirá que las amenazas contra su país encuentren espacio en ningún lugar del hemisferio y, si fuera necesario, utilizará su poder militar para proteger sus “intereses nacionales vitales”. La afirmación es importante no solo por su dureza, sino porque expresa con extraordinaria claridad la manera en que Washington vuelve a mirar a nuestra región: el hemisferio forma parte de su seguridad nacional y, por tanto, también de la defensa de sus intereses estratégicos. 

No se trata de una frase aislada. La Estrategia de Seguridad Nacional estadounidense habla expresamente de un “Corolario Trump” a la Doctrina Monroe y plantea restaurar la preeminencia de Estados Unidos en el hemisferio occidental, asegurar el acceso a posiciones estratégicas e impedir que competidores extrarregionales controlen activos considerados vitales. La propia Casa Blanca ha ido todavía más lejos al sostener que el hemisferio occidental está nuevamente bajo la “protección y control” de Estados Unidos. 

Estados Unidos está definiendo con bastante precisión qué entiende por defender su soberanía y sus intereses en el hemisferio. La pregunta que corresponde hacernos desde este lado del continente es si nosotros tenemos una definición igualmente clara, visto desde nuestros intereses como región o como país. 

Ahí comienza el verdadero debate sobre el Escudo de las Américas.

El Gobierno de Keiko Fujimori ha presentado nuestra incorporación como una respuesta frente al narcotráfico, la minería ilegal, el lavado de activos, el tráfico de armas, la trata de personas y las redes criminales que operan atravesando fronteras y que requieren cooperación internacional. Ningún Estado puede enfrentarlas completamente solo y el Perú tiene razones suficientes para buscar inteligencia, tecnología y coordinación con otros países. Este argumento parece solido si se ve solo una parte del Escudo de la Americas. 

El Escudo de las Américas no está construido únicamente alrededor de la lucha contra el crimen. La declaración conjunta establece tres pilares: economía, seguridad y coordinación multilateral. Y no es un detalle que el primero sea precisamente el económico. Allí aparecen la revisión de inversiones, la protección de cadenas de suministro de minerales críticos mediante fuentes diversificadas y confiables y la regulación de proveedores considerados confiables para infraestructura digital. 

Entonces la pregunta surge sola: si estamos construyendo una alianza para enfrentar cárteles y organizaciones criminales transnacionales, ¿qué tienen que ver con esa tarea la revisión de inversiones, los minerales críticos, las cadenas de suministro y los proveedores de infraestructura digital? 

No es una pregunta retórica. Un mecanismo de revisión de inversiones no persigue narcotraficantes. Definir qué empresas pueden proporcionar infraestructura digital tampoco. Y asegurar cadenas de suministro de minerales críticos pertenece claramente al terreno económico, industrial y geoestratégico. 

La propia Casa Blanca elimina cualquier ambigüedad al definir al Escudo como la mayor alianza hemisférica de seguridad económica y nacional. El orden de las palabras importa menos que su asociación: para Washington, economía y seguridad forman parte de una misma concepción estratégica. 

Es ahí donde el debate deja de ser solamente sobre criminalidad y pasa a ser sobre poder. 

Porque Estados Unidos parece haber comprendido algo que nosotros discutimos muy poco: en el siglo XXI la soberanía no termina en la frontera. También depende de quién controla tecnología, quién procesa minerales, quién financia infraestructura, quién domina cadenas de suministro, qué inversiones ocupan posiciones estratégicas y cuánto depende un país de decisiones económicas tomadas fuera de su territorio. 

Vista desde Washington, esa lógica es perfectamente comprensible. Estados Unidos no quiere depender de sus competidores para aquello que considera indispensable para su seguridad y su economía. Quiere cadenas de suministro confiables, acceso a minerales críticos, infraestructura segura y capacidad para impedir que potencias rivales controlen activos que considera estratégicos. Eso es exactamente lo que su Estrategia de Seguridad Nacional dice que quiere del hemisferio. 

El problema no es que Estados Unidos tenga intereses. Por supuesto que los tiene. El problema comienza cuando los intereses de Estados Unidos pretenden presentarse como los intereses naturales del hemisferio. 

Porque el hemisferio no es un Estado. No tiene una sola economía, una sola sociedad ni un único interés nacional. Estados Unidos tiene intereses estadounidenses. Brasil tiene intereses brasileños. Perú tiene —o debería tener— intereses peruanos. Podemos coincidir en combatir un cartel y discrepar profundamente sobre una inversión, un puerto, una empresa tecnológica o el destino de nuestros minerales. 

Y ahí aparece una contradicción que merece mucha más atención de la que ha recibido hasta ahora. El Escudo habla de defender la “soberanía hemisférica” y la “soberanía económica”. Pero ¿quién define concretamente el contenido de esa soberanía? 

Si Washington considera que determinada inversión china amenaza la seguridad del hemisferio, pero el Perú considera que esa inversión resulta conveniente para su desarrollo, ¿qué criterio prevalece? Si Estados Unidos considera que determinado proveedor de infraestructura digital no es confiable y el Estado peruano, después de evaluarlo, llega a otra conclusión, ¿quién decide? Si Washington necesita nuestros minerales para asegurar sus cadenas industriales y nosotros queremos utilizarlos para desarrollar procesamiento, proveedores e industria nacional, ¿qué interés debe tener prioridad? 

Ahí se prueba la soberanía. No cuando los intereses coinciden, sino cuando divergen.Y la pregunta no es abstracta. Marco Rubio ha vinculado públicamente la relación estratégica con el Perú no solo con seguridad, sino también con crecimiento económico, inversiones en sectores estratégicos y minerales críticos. Al mismo tiempo, ha contrapuesto las inversiones estadounidenses con proyectos respaldados por China que, según la posición de Washington, plantean preocupaciones sobre transparencia, seguridad de datos y otros aspectos. 

Podemos compartir o discutir esa evaluación estadounidense. Lo que ya no podemos hacer es fingir que China no forma parte de la ecuación. La competencia económica y geopolítica con Beijing está presente en la manera en que Washington piensa el hemisferio y también en la manera en que está construyendo su relación estratégica con el Perú. 

Por eso resulta insuficiente presentar nuestra incorporación al Escudo fundamentalmente como una decisión para combatir el crimen organizado. El crimen es real. La necesidad de cooperación también. Pero el instrumento va bastante más allá de lo que piensa o decide los voceros gubernamentales. Y es precisamente allí donde la posición asumida por el gobierno de Keiko Fujimori necesita mayor escrutinio, es el interés de la patria o es el alineamiento a los intereses norteamericanos 

La presidenta ha dicho que el Perú ingresa al Escudo con “gran determinación y gran entusiasmo”, ha reconocido el liderazgo de Trump en la creación de la coalición y ha colocado como argumento principal la necesidad de enfrentar organizaciones criminales que no respetan fronteras. 

Pero un Estado no define su política exterior por entusiasmo. La define por intereses. Si el primer pilar del Escudo es económico, el Gobierno debería explicar también su dimensión económica. ¿Qué significa para el Perú participar en mecanismos de revisión de inversiones? ¿Qué criterios se utilizarán? ¿Quién determinará qué proveedor tecnológico es confiable? ¿Qué significa proteger cadenas de suministro de minerales críticos y qué lugar ocupará el Perú dentro de esas cadenas? ¿Seremos principalmente proveedores de recursos o existe una estrategia para desarrollar procesamiento, tecnología e industria nacional? 

Y existe una pregunta todavía más delicada: ¿qué ocurrirá cuando la estrategia estadounidense hacia China no coincida con el interés económico peruano? No son preguntas contra Estados Unidos. Tampoco contra el gobierno de Fujimori. Son las preguntas mínimas que debería hacerse cualquier país que se considere soberano antes de incorporarse con entusiasmo a una arquitectura estratégica impulsada por una gran potencia. 

Porque Trump, al menos, no deja dudas sobre aquello que está defendiendo Estados Unidos. Y quizá esa sea precisamente la lección que deberíamos tomar de Washington. 

Estados Unidos considera que depender de otros países para minerales procesados, tecnología, infraestructura estratégica y cadenas de suministro puede transformarse en una vulnerabilidad nacional. Por eso quiere reducir esas dependencias. Por eso busca asegurar recursos. Por eso observa quién controla activos estratégicos. Por eso relaciona economía con seguridad. 

Si esa lógica es válida para Estados Unidos, ¿por qué habría de ser irrelevante para nosotros? ¿Por qué aquello que Washington considera dependencia peligrosa cuando le ocurre a Estados Unidos debería parecernos integración económica cuando nos ocurre al Perú? 

Esa es una discusión que el Escudo abre, quizá incluso a pesar de sí mismo. Tenemos cobre, pero eso no significa que controlemos la cadena económica construida alrededor del cobre. Tenemos minerales estratégicos, pero buena parte de la tecnología, el financiamiento y los eslabones de mayor valor se desarrollan fuera de nuestras fronteras. Construimos grandes puertos, pero todavía tenemos que preguntarnos qué estructura productiva estamos construyendo alrededor de ellos. 

Poseer recursos no es lo mismo que poseer poder. La soberanía económica comienza cuando un país tiene capacidad real para decidir qué hace con esos recursos. Eso significa exportar, pero también procesar. Atraer inversión, pero utilizarla para desarrollar capacidades nacionales. Participar en cadenas globales, pero disputar eslabones de mayor valor. Construir puertos, pero también industria y servicios alrededor de ellos. Vender minerales, pero convertir una parte creciente de esa riqueza en conocimiento, tecnología y empleo productivo. 

La racionalidad de una potencia no tiene por qué ser la racionalidad de nuestro desarrollo. Estados Unidos puede necesitar minerales peruanos para asegurar sus cadenas de suministro. China puede necesitarlos para alimentar las suyas. Ambas cosas pueden generar comercio, inversión y oportunidades para el Perú. Pero ninguna de ellas responde automáticamente a la pregunta que debería preocuparnos: ¿qué estructura productiva queremos construir nosotros con nuestros propios recursos? 

Ese es el contenido material de la soberanía que demasiadas veces olvidamos. Un país puede tener bandera, Constitución, elecciones y territorio propio y seguir dependiendo de otros para transformar sus minerales, financiar su infraestructura, producir tecnología y acceder a determinados mercados. Jurídicamente será soberano. Materialmente, su margen de decisión será bastante menor. 

Y aquí la posición expresada por Lula en la misma Asamblea de Naciones Unidas introduce un contrapunto importante. Brasil, dijo, “no cabe en el patio trasero de nadie”. También advirtió, desde su perspectiva, sobre el recrudecimiento de “tentaciones hegemónicas” en la región. 

No necesitamos convertir a Lula en portavoz de América Latina ni asumir todas sus posiciones para reconocer el problema que plantea. Pero quizá tengamos que llevar su frase un poco más lejos. No basta dejar de ser patio trasero si seguimos siendo cantera. 

Porque podemos rechazar la subordinación política a Washington y continuar dependiendo económicamente de Beijing. Podemos cambiar una relación de dependencia por otra y llamarla multipolaridad. Podemos exportar minerales hacia el este en lugar de hacia el norte y continuar importando la tecnología que esos mismos minerales ayudan a producir. 

Cambiar de potencia no significa cambiar de posición. La autonomía que América Latina necesita no debería consistir en escoger quién ocupará el lugar dominante, sino en aumentar nuestra propia capacidad de decisión. Relacionarnos con Estados Unidos, China, Europa y Asia, atraer inversión y participar en cadenas internacionales, pero hacerlo desde estrategias nacionales y regionales que definan qué queremos obtener de esas relaciones. 

Y ahí aparece otra pregunta incómoda. Estados Unidos piensa hemisféricamente sus cadenas de suministro. China piensa globalmente sus inversiones e infraestructura. Europa identifica y protege sectores estratégicos. ¿Por qué América Latina continúa negociando tantas veces fragmentada, país por país, puerto por puerto, mineral por mineral? 

Tenemos minerales, energía, alimentos, biodiversidad, agua, puertos, océanos, mercados y capacidad científica. Pero recursos fragmentados entre países que negocian aisladamente no equivalen a poder regional. 

Por eso la integración latinoamericana debería dejar de ser una frase ceremonial para convertirse en una estrategia económica. Integración de infraestructura, energía, cadenas productivas, minerales, investigación, tecnología y financiamiento. También cooperación contra el crimen organizado, precisamente porque las organizaciones criminales sí comprendieron hace tiempo aquello que nuestros Estados todavía encuentran difícil: las fronteras nacionales no impiden construir redes regionales. 

Se trata de dejar de presentarnos solos frente a quienes negocian con nosotros desde posiciones de poder muy superiores. Trump ha sido claro. Estados Unidos defenderá sus intereses nacionales, asegurará sus cadenas de suministro, protegerá los sectores que considera estratégicos y disputará la presencia de otras potencias en el hemisferio. No hay ingenuidad en esa política: hay una definición de intereses y una estrategia para defenderlos. 


El problema, por tanto, no es que Estados Unidos actúe como una potencia y piense primero en Estados Unidos. El problema es que el Perú ingrese a una arquitectura concebida desde esos intereses sin explicar con la misma claridad cuáles son los intereses peruanos que está dispuesto a defender. 

Por eso el Escudo de las Américas no puede evaluarse únicamente por su capacidad para combatir el narcotráfico. Si incorpora revisión de inversiones, minerales críticos, cadenas de suministro e infraestructura digital, estamos ante una decisión que toca directamente nuestra política económica, nuestra relación con China y nuestra capacidad futura de decidir sobre sectores estratégicos. Allí el Gobierno de Keiko Fujimori tiene una responsabilidad que no se resuelve con entusiasmo ni con fotografías junto a Trump: debe demostrar que la participación peruana fortalece nuestra soberanía y no convierte las prioridades estratégicas de Washington en prioridades automáticas del Perú. 

Y esta discusión tampoco se resuelve cambiando de potencia. América Latina no gana soberanía si deja de mirar a Washington para depender de Beijing. No queremos ser el patio trasero de Estados Unidos, pero tampoco la cantera estratégica de China ni el proveedor de materias primas de las disputas industriales de otros. Cambiar de dependencia no es conquistar autonomía. 

Nuestra respuesta tiene que ser otra: convertir minerales en industria, inversión en capacidades nacionales, infraestructura en desarrollo productivo, integración regional en poder de negociación y cooperación internacional en una relación entre Estados que conservan el derecho efectivo a decidir. Esa es la soberanía que importa, porque una soberanía que existe solamente en la Constitución, pero carece de capacidad económica, tecnológica y productiva para sostenerse termina siendo una soberanía limitada por la dependencia. 

Estados Unidos ya tiene una doctrina para defender sus intereses en el hemisferio. El Perú y América Latina necesitan una estrategia para defender los propios. No una doctrina contra Estados Unidos. No una doctrina contra China. Una doctrina de autonomía latinoamericana, capaz de negociar con ambos sin subordinarse a ninguno y de convertir nuestros recursos en poder económico propio. 

Porque, finalmente, el debate que abre el Escudo no es si debemos cooperar con Estados Unidos. Debemos hacerlo cuando nuestros intereses coincidan. El verdadero límite aparece cuando dejan de coincidir. Y allí no debería existir ninguna ambigüedad: los intereses del Perú no pueden ser definidos en Washington, Beijing ni en ninguna otra capital. Se definen en el Perú. 

Esa es la diferencia entre participar en una alianza y entrar en una esfera de influencia. Cooperación, sí. Subordinación, no. Socios, sí. Tutores, ninguno. <>

ESCRITORES PUNEÑOS. IN MEMORIAM

 CARLOS CALDERÓN FAJARDO

El VUELO INTERRUMPIDO

José Luis Ayala Olazával

Diario UNO. Lima, 27 de setiembre del año 20216

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no de los escritores peruanos muy queridos por Desirre Lieven era el narrador Carlos Calderón Fajardo, quien por accidente nació en Juliaca en 1946. Falleció a causa de haber sufrido un accidente cuando trasladaba sus libros a su nueva biblioteca. Desirée decía que se trataba de un joven peruano dotado de un gran talento, estando en París conoció a Julio Ramón Riveyro cuando fungía de izquierdista, hasta que su mujer le consiguió un trabajo en la UNESCO.

Carlos conoció a Helba Huara en la chambre de Desirée, sita en la rue de Beaux Art, cerca al bulevar San Michel de Pres en París. Desireé recordaba a Carlos como un joven callado y permanente interesado en la precaria vida de Vallejo. Precisamente “Noche humana”, es un relato destinado a registrar un pasaje de la vida parisina de un grupo de intelectuales que vivían en intensamente la vida.

Helba Huara acogió a Carlos varias veces en su pequeño departamento donde vivía con su hija llamada Elsa Enríquez, quien era dibujante e ilustraba los libros de poesía de Jaques Prevert. Cuando conocí a Helba Huara ya no podía comunicarse debido a que había quedado sorda, debo decir que no conocí a Anais Nin, pero si he leído todos sus libros, cada uno de ellos me ha producido ricos como inolvidables orgasmos.

Carlos estudió sociología en la PUCP. En 1974 ganó el primer premio en el concurso de cuento José María Arguedas. En 1981 ganó el concurso Unanue con la novela La colina de los árboles. En 1984 el premio Gaviota Roja de novela con Así es la pena en el paraíso. En 1985 el premio Hispamérica de cuento, convocado por la Universidad de Maryland, siendo jurados Roa Bastos, Mario Vargas Llosa y Julio Cortazar. En el 2006 fue finalista del Premio Tusquets de novela en España con el texto El fantasma nostálgico.

Fue docente en la Universidad Nacional de Ingeniería durante 25 años. Desde el año 2006 publicó tres libros al año. Es decir que había alcanzado la plenitud de su talento de un escritor dotado. En realidad no se consideraba juliaqueño, decía que tenía grandes recuerdos de Huancané, debido a que su padre fue un militar que sirvió en el Batallón de Infantería B.I. 21. Falleció el 29 de abril de 2015, a los 73 años.

Hay un texto escrito por Carlos que grafica de modo excelente uno de los pasajes más intensos de su fecunda vida, se refiere al Primer encuentro furtivo con Vargas Llosa. “Es el otoño de 1963 en París Julio Ramón Ribeyro me dice: quiero que conozcas a alguien. Cada vez que Julio Ramón me decía algo así yo entraba en pánico. Yo tenía a la sazón 17 años y él siempre quiso formarme a su imagen y semejanza, pero sabía que si lo lograba yo no iba a triunfar como escritor, y por eso que se preocupaba de que conociera escritores importantes y tuviera roce socio-literario. Cuando me decía quiero que conozcas a alguien se me paraban los pelos en punta porque yo era enfermizamente tímido. En casa de Ribeyro conocí a mucha gente, entre ellos a escritores que hablaban mucho, como Donoso y Jorge Enrique Adoum, que me dejaron aún más mudo de lo que ya era. Pero esta vez la persona que quería presentar era ni más ni menos que Vargas Llosa. Él estaba en París y cuando Ribeyro me dijo que había organizado una comida en su casa para presentármelo, de un minuto al otro me convertí en un hombre muy pequeñito y asustado. La cita era en la casa de Julio Ramón en su departamento de la rue de la Reunion. Hasta la calle se llamaba “reunión”. En la reunión íbamos a estar solo los tres, me asusté mucho. Un día me bajé en el metro Nation, y nunca llegué a la cita, me fui al cementerio de Pere Lachiase que quedaba a unas cuadras de la casa de Ribeyro donde estaban enterrados Proust y Oscar Wilde, al que la gente seguía rayando con obscenidades su tumba de mármol blanco. O quizás ni fui al cementerio y me quedé en el bistró de la esquina de la casa de Julio Ramón. La memoria me falla. A veces me acuerdo de mi primer encuentro con Vargas Llosa, que acepté ir cuando Ribeyro me convenció que dos tímidos son más poderosos que un extravertido. Recuerdo que no abrí la boca ni una sola vez, que Vargas no me miró nunca ni me habló. Lo cierto es que aquella ocasión no era que yo no quería conocer a Vargas Llosa, sino quería que este encuentro se produjese cuando yo tuviera suficiente cultura y fama literaria para que no se decepcione de mí. Hasta ahora no lo conozco. Y he perdido ya la esperanza de conocerlo algún día. Y sin embargo siento que lo conozco mucho que ha sido mi amigo desde que empecé a escribir”.

Los libros publicados por el novelista Carlos Calderón Fajardo, son entre otros: El viaje que nunca termina (la verdadera historia de Sarah Ellen). La novia de Corinto. La conciencia del límite último. La colina de los árboles, Noche humana. El fantasma nostálgico, etc. etc. Se ha dicho que preparaba un libro referido a Desireé y Vallejo frente a la guerra civil española, ojalá alguna vez podamos leer ese texto.

Así era Carlos, sin pretensiones de creerse un gran escritor, nunca reclamó al Estado una chamba de diplomático ni agregado, fue docente y escritor. Desgraciadamente murió cuando tenía 74 años y estaba preparado sin duda para escribir grandes libros, como singulares aportes a la literatura latinoamericana. <>



lunes, 28 de septiembre de 2026

ANALISIS DEL PROCESO ELECTORAL AD PORTAS

 EL PANORAMA ELECTORAL Y SUS VARIANTES

 Por Jorge Rendón Vásquez

E

n el Perú, para intervenir en las elecciones políticas de 2026 se inscribieron 43 partidos de los cuales en la primera vuelta participaron 36, un elevado número expresivo de la dispersión de los electores propia de una evolución política caracterizada por la ausencia de ideologías y programas coherentes con las necesidades de la población y del país.

Los resultados fueron los siguientes: 


En la primera vuelta, los candidatos ganadores obtuvieron una votación muy reducida: Keiko Fujimori 17.19% y Roberto Sánchez 12.03%, expresivas para ambos de su escasa influencia en el electorado. En la segunda vuelta Keiko Fujimori sobrepasó a Roberto Sánchez solo por el 0.28% constituido por los votos de peruanos en el extranjero que se impusieron a la mayoría en el Perú, sobre todo en los departamentos del Sur y de la Sierra, favorables a Roberto Sánchez.

La derecha declarada, conformada por los grupos de Keiko Fujimori y Rafael López Aliaga, que obtuvieron representación en las cámaras legislativas, solo recibieron en conjunto en la primera vuelta 29.1% de los votos (17,19% + 12.03%). En la segunda vuelta, añadieron el voto de otros grupos afines: 21.04%.

La izquierda de Roberto Sánchez y los tres grupos de centro izquierda, también con representación parlamentaria, de Jorge Nieto, Ricardo Belmont y Alfonso López Chau, que en la primera vuelta habían obtenido en conjunto el 40.34%, recibieron el 9.52% de otros grupos opuestos a la derecha.

En consecuencia, el resultado de la elección en la segunda vuelta estuvo determinado por una diferencia inferior al 1%.

A esta situación se agrega la minoría de Fuerza Popular en el Congreso de la República.

En la Cámara de Diputados solo tiene 41 miembros que sumados a los 15 del grupo de López Aliaga hace 56 de 130. Los diputados de los grupos de Roberto Sánchez, 32, Jorge Nieto 18, Ricardo Belmont 14 y Alfonso López Chau 10 suman 74.

En la Cámara de Senadores los grupos de Keiko Fujimori 22 y Rafael López 8 hacen 30, y los de Roberto Sánchez 14, Jorge Nieto 7, Ricardo Belmont 5 y Alfonso López Chau 4, 30.

Para neutralizar la igualdad de votos en la Cámara de Senadores y reducir la mayoría de los grupos de izquierda y centro  en la Cámara de Diputados, el procedimiento podría ser estimular las deserciones, una de cuyas primeras manifiestaciones fue el voto de una representante de izquierda que llevó a un miembro de Fuerza Popular a la presidencia de la Cámara de Senadores. En esto cuenta mucho el comportamiento de los representantes de la izquierda y de centro en los períodos parlamentarios precedentes que cambiaban de camiseta al son del tintineo de las bolsas de monedas.

Efecto del resultado electoral es la debilidad política de la nueva presidenta de la República, puesto que se halla en el Poder Ejecutivo por el voto de una mayoría que no es suya, debilidad reflejada en su primer gabinete ministerial constituido por un variopinto e inestable conjunto de políticos de diferentes tiendas y personajes que solo se representan a sí mismos.

La distribución de las fuerzas políticas en otros países de América Latina no difiere mucho de la del Perú. En las recientes elecciones en Bolivia, Chile y Colombia los resultados en la primera vuelta fueron determinados por los votos de cada grupo interviniente de magnitud diversa según su tradición, calidad ideológica, ofertas y, lo más importante, el grado de alienación ejercido sobre sus votantes; pero, en la segunda vuelta, que da acceso al Poder Ejecutivo, prevaleció cierta afinidad de propósitos y rechazos que no importan una adhesión confiable y que, finalmente, solo interesan a los efectos de ganar. No es diferente la situación en otros países con regímenes democráticos. 

Bolivia, elecciones de 2025:

 

Candidato presidencial

% 1ra. vuelta

% 2da. vuelta

Rodrigo Paz

derecha

32.06

54.96

Jorge Quiroga

derecha

26.70

45.04

                                Chile, elecciones de 2025:

Candidato presidencial

% 1ra. vuelta

% 2da. vuelta

José Antonio Kast, derecha

23.93

58.17

Jeannette Jara, izquierda

26.85

41.83

                              Colombia, elecciones de 2026: 

Candidato presidencial

% 1ra. vuelta

% 2da. vuelta

Abelardo de la Espriella, derecha

43.75

49.66

Iván Cepeda, izquierda

40.90

48.70

Con tales resultados en la segunda vuelta los grupos ganadores en el control del Poder Ejecutivo disponen de un limitado poder por el contrapeso de los grupos perdedores y por la opinión de sus propios votantes que no es homogénea. En efecto, cada grupo, se compone de dirigentes, afiliados y votantes que no acuerdan a quienes han colocado en el poder el ciento por ciento de aprobación a sus actos o propósitos. En cada grupo hay un núcleo duro de fidelidad y confianza rodeado por círculos concentricos de aprobación cada vez menor hasta llegar a la indiferencia o al rechazo. En realidad, el juego de los partidos se concentra en el pensamiento, propósitos y deseos de sus dirigentes y en los de sus representantes en los poderes del Estado, que se modelan por las conveniencias de los grupos económicos a los que representan, por sus negociaciones con otros grupos o por sus apetencias personales que, por lo general, son non sanctas. Desde este punto de vista, no hay mucha diferencia entre los grupos de derecha, centro o izquierda y lo que han hecho, hacen y pueden hacer. El sistema económico y las clases que lo conforman prevalecen, y las cosas, incluido el Estado, siguen como son, evolucionando apenas por su propio movimiento a las que los políticos en el gobierno aportan solo cambios menores en una u otra dirección según sean de derecha, centro o izquierda, frente a los votantes que ya no pueden intervenir y son nada políticamente hasta el siguiente proceso electoral. El resultado de las elecciones en el siguiente período depende de la intención de los grupos minoritarios que abandonan sus preferencias pasadas por las contrarias o diferentes, según sus esperanzas en ciertos cambios ofrecidos que los favorezcan o por su descontento por ciertas medidas que no fueron de su agrado o ciertas esperanzas que se frustraron. Las grandes masas de votantes, en su mayor parte trabajadores y sus familias, aferradas a los derechos sociales conseguidos por la lucha de sus antepasados y casi siempre sumidas en el conformismo, ingresan en esta categoría y son el objeto preferido de la alienación por la propaganda.

(Comentos, 27/9/2026)