viernes, 9 de octubre de 2026

ENFOQUES SOBRE LA COYUNTURA POLITICA PERUANA

 NECESITÀBAMOS UN GOBIERNO DE EMERGENCIA

César Hildebrandt

En HILDEBRANDT EN SUS TRECE Nº 801, 9OCT26

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a señora anuncia un comando unificado y la prensa de la pauta gorda lo celebra.

¿Qué unifica ese comando? Respuesta: un ejército que no sabe cómo luchar contra la criminalidad organizada y una política atravesada por la corrupción y sin el equipamiento ni mística de trabajo.

Pero la señora alza la voz, se pone en plan discurso de velada escolar y da a entender que hasta aquí hemos llegado, que el nuevo país ha empezado.

Todo es una farsa porque el fujimorismo es eso: el opio del palabreo, la promesa de lo que no se va a cumplir, el anuncio del plan que es puro titular.

La señora que jugaba palitroques con presidentes y minis­tros no sabe gobernar. Sus asesores la empujan a levantar la voz, a dar una imagen enérgica. La señora obedece y cree que eso es suficiente. El problema no es el tono de jaladora de microbús que use sino el contenido. Y el contenido es cero.

Mientras la señora se desgañita para dar la apariencia de lideresa norcoreana, el fujimorismo trabaja en el Congreso siguiendo la tradición patriarcal: pre­parando la próxima trampa.

Para hoy viernes 9 de octubre el pre­sidente de la Comisión de Constitución, Reglamento y Relaciones Exteriores del Senado, Carlos Mesía Ramírez, ha cita­do a una sesión no ordinaria en la que se evaluarán informes preparados por consultores legales que, en general, proponen una interpre­tación laxa en torno a lo que la llamada “cámara alta” puede hacer al revisar lo decidido en Diputados.

La invitación a seis ministros para que se pronuncien sobre los alcances de las facultades acordadas da una idea del pro­pósito de crear un clima político que someta a los diputados a una enorme presión. Para eso está la prensa concertada y las redes sociales anegadas de lúmpenes.

Eso sí es gobernar como el padre. Y la señora es quien ha dado la orden de proceder de esa manera.

De modo que el fujimorismo vuelve a su origen y el país de las palabras vacías está de regreso.

A mí me preocupa El Niño, pero más me preocupa la señora. Gente que la conoce dice que a ella le basta con haber llegado a la presidencia, que con eso cree haber limpiado el apellido porque su gran meta era la redención de la familia.

¿Gobernar? Eso es un asunto de ministros y de la telaraña burocrática que funciona hace años en piloto automático.

Pero el problema es que estamos ante circunstancias extraor­dinarias. Desde la plaga de Sendero Luminoso y las brutalidades que produjo, no teníamos ciudades en jaque, miedo extendido, números de sangre y apagones de la convivencia social. El se­gundo asunto de esta excepcionalidad es lo que se viene con el Niño-Godzilla, que ya ha reducido las expectativas de crecimiento y que puede crear desabastecimientos y repunte de la inflación. Y el tercer aspecto es el crecimiento de la pobreza (la monetaria y la multidimensional), el deterioro del sistema de salud y el desasosiego social que todo eso puede generar. Ya no hay sitio para más informales en esta economía en la que la capacidad de compra de las grandes masas se agrieta cada día más.

Este escenario exigía un gobierno febril de gente decidida a pelear contra la adversidad y hacerlo de modo concertado. Pero no. Lo que tenemos es esta lasitud, esta planilla de ministros adu­ladores que festejan las frases propagandísticas de la presidente y que, como ella, están a la expectativa de ver cómo hacen para favorecer a las empresas de siempre, a los banqueros donantes, a los intereses norteamericanos. No saben que trabajar exclusivamente para el statu quo es sabotear el futuro. ¿No saben que el Perú es no viable si persiste en ser esta caricatura de país, esta nación negada, esta plutocracia obsesionada con los dividendos, esta informalidad que es nuestro verdadero Leviatán?

Necesitábamos un gobierno de emergencia. Tenemos un episodio más de esta democracia atónita, de esta república enamorada del fracaso. <>

REFLEXIONES EN TORNO A LA DESIDIA E INDOLENCIA POPULAR FRENTE AL ABUSO ELITISTA DEL PODER POLITICO

 ENTRE LA OBSCENIDAD DEL PODER

Y LA INDIFERENCIA CIUDADANA

Por: Jorge Luis Choque

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l Perú de octubre de 2026 no atraviesa una simple sucesión de gobiernos fallidos: vive una crisis prolongada de representación, legitimidad y sentido democrático. Ocho presidentes en diez años, una fragmentación política extrema y una ciudadanía hastiada reflejan el agotamiento de un sistema que redujo la política a un mercado de intereses, un pacto de impunidades y una disputa por cuotas de poder. Mientras la corrupción y la inseguridad ocupan el centro de las preocupaciones sociales, la población continúa pagando el costo de un Estado debilitado: hospitales sin recursos, escuelas precarias, obras abandonadas, territorios sometidos a economías ilegales y servicios públicos incapaces de garantizar una vida digna.

No se trata, de una “mala racha” ni de una suma de individuos moralmente desviados. Alfonso Quiroz advirtió que la corrupción peruana ha sido “un fenómeno sistémico, no un acontecimiento anecdótico o periódico” (2013, p. 25). La corrupción no empieza ni termina en el funcionario que recibe una coima; incluye las redes empresariales, políticas, mediáticas y burocráticas que convierten decisiones públicas en beneficios privados. Cuando una licitación se arregla, una norma se diseña para favorecer a un grupo económico o una campaña se financia con dinero de procedencia ilícita, no solo se vulnera una ley: se despoja de recursos que deberían servir para asegurar derechos sociales y reducir desigualdades.

masa indiferente

La noción de “captura corporativa estatal” permite comprender la raíz de este problema. El Estado no siempre es tomado mediante golpes de estado; también puede ser ocupado gradualmente por intereses privados que influyen en las reglas, financian candidaturas, condicionan decisiones legislativas y debilitan los controles. Como ha señalado Francisco Durand, esa captura inclina el poder público hacia élites privilegiadas, subordinando el interés general a la acumulación particular. En ese escenario, discutir corrupción no puede reducirse a condenar la conducta de “malos políticos”: exige preguntarnos quién financia, quién se beneficia, quién fiscaliza y por qué las instituciones terminan protegiendo con tanta frecuencia a los poderosos antes que a los ciudadanos.

Juan de la Puente ha denominado a este proceso la construcción de una “república obscena”: un orden político con “un pie en la legalidad y otro en la ilegalidad”, sostenido por la resistencia de sectores de poder a cambios orientados a la igualdad, la justicia y la inclusión (2026, p. 42). La obscenidad no es solo la falta de pudor de los gobernantes ante los escándalos, sino la normalización de lo ilegal como rutina y de lo legal como excepción. Cuando se acepta que un congresista proteja intereses particulares, que un partido opere sin democracia interna o que se disculpe la corrupción apelando a una supuesta "capacidad de gestión", la democracia deja de ser un instrumento de soberanía popular y se convierte en una fachada para negocios y privilegios.

Ante esta situación, también existe una responsabilidad ciudadana. La frase "roba, pero hace" revela una derrota ética y política: acepta que el saqueo de los recursos públicos se compense con una obra visible, ignorando los sobreprecios, el endeudamiento y el abandono de las verdaderas urgencias colectivas. A. Gramsci advertía que la indiferencia es “el peso muerto de la historia”, porque permite que minorías organizadas decidan el destino de las mayorías desorganizadas. La apatía no es neutral: cuando la ciudadanía deja de vigilar y sancionar el poder, termina por entregar el Estado a las mafias.

Recuperar la política exige devolverle su sentido esencial: la búsqueda del bien común. Para Aristóteles, el ser humano es un animal político porque participa de una comunidad y puede deliberar sobre lo justo, lo conveniente y lo bueno para todos. Desde la perspectiva popular, ello obliga a defender una democracia sustantiva, no limitada al voto periódico, sino fundada en igualdad material, derechos sociales, organización popular y control ciudadano permanente. Esto supone exigir transparencia real, límites severos al financiamiento político, sanciones efectivas para corruptos y corruptores, control de las puertas giratorias entre empresas y Estado, autonomía de las instituciones fiscalizadoras y una educación cívica que forme ciudadanos capaces de reconocer que cada sol perdido por corrupción es un derecho negado a la población.


La salida no vendrá de un caudillo providencial ni de la promesa de una nueva agrupación electoral. Vendrá de una ciudadanía informada, organizada y dispuesta a convertir su indignación en acción colectiva: vigilando a sus autoridades, participando en organizaciones vecinales, sindicales, estudiantiles y comunitarias, exigiendo rendición de cuentas y rechazando toda forma de prebenda y complicidad. Quiroz sostuvo que “solamente una ciudadanía realmente informada y educada podrá vencer la recalcitrante ‘cultura’ de la corrupción” (2013, p. 589). El desafío peruano es, entonces, recuperar la política perdida para ponerla nuevamente al servicio del bien común. De lo contrario, seguiremos habitando una república obscena, donde el poder se ejerce sin pudor y el pueblo abdica de su propia voluntad.
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Referencias

1.     De la Puente, J. (2026). La república obscena: La larga crisis peruana y el futuro (in)deseable. PADUS.

2.     Durand, F. (2010). El control de la riqueza y el poder político. Fondo Editorial.

3.     Jiménez González, J. L., & García Galindo, C. (s. f.). ¿Por qué hay corrupción política, qué efectos tiene sobre el voto y cómo solucionarla? [Documento de trabajo].

4.    Quiroz, A. W. (2013). Historia de la corrupción en el Perú. Instituto de Estudios Peruanos; Instituto de Defensa Legal.

Perú: 9/10/2026

jueves, 8 de octubre de 2026

EL BOLETIN TITIKAKA Y EL VANGUARDISMO LIERARIO EN PUNO

 EDITORIAL TITIKAKA PUNO (1926-1930). LA PRODUCCIÓN EDITORIAL EN EL PERÚ

Ulises Juan Zevallos Aguilar

OHIO STATE UNIVERSITY (Estados Unidos)

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os estudios literarios han descuidado el hecho de que el Boletín Titikaka dirigido por Gamaliel Churata  [Arturo  Peralta]  (Arequipa,  1897-Lima,  1969) nació como el vocero de una recién fundada editorial que hacía publicidad de la producción  de  sus  libros. En su estrategia de difusión y ventas decidieron enviarlos a periódicos, revistas y escritores consagrados peruanos y extranjeros.1Publicaron un medio propagandístico que reproducía   gacetillas y  otas periodísticas sobre su primer libro: Ande(1926)  de  Alejandro  Peralta.  Del mismo modo daban a conocer comentarios de cartas personales dirigidas tanto a Churata, el editor principal, como a Alejandro Peralta, autor del poemario. Los responsables de este proyecto editorial no esperaban la  gran recepción  que  iban  a  alcanzar. Escritores extranjeros pertenecientes  a  la vanguardia  histórica  como  Oliverio  Girondo  (Argentina),  Enrique  González Martínez (México), Juana de Ibarburu (Uruguay), Ramón Gómez de la Serna (España),  Hugo  Mayo  (Ecuador),  Lucio  Diez  de  Medina  (Bolivia),  Carlos Medinaceli (Bolivia) escritores  peruanos  como  César  Vallejo,  Luis  Alberto Sánchez,  José  Encinas,  José  María  Eguren,  Luis  E.  Valcárcel, Magda  Portal, Armando Bazán, Alberto Guillén y Alberto Ureta escribieron notas o  acusaron recibo del envío.2 En pocas palabras, Ande fue publicado en el lugar y el tiempo preciso.  Salió a la luz en la ciudad de Puno en la  segunda  mitad  de  los  años veinte, una época favorable al desarrollo de los regionalismos y las políticas de Estado  que  hicieron  intentos  de  tomar  en  cuenta  las  provincias.  Del mismo modo, propagaron un libro que todo el mundo estaba  esperando.  En efecto, dieron a  conocer Ande (1926),  considerado  el  libro  más  representativo  del indigenismo  vanguardista  (Vich,  2000;  Lauer,  2001).  En  él  tenía  lugar  la representación  de  temas  locales  indígenas  con  procedimientos  de  la  literatura vanguardista.  De esta forma, el indigenismo-vanguardismo dejó  de  ser  un sistema literario invisible que tenía vida propia en el sur peruano, el occidente boliviano y el noroeste argentino (Kaliman, 1994). Los responsables de Editorial Titikaka pasaron a integrar un sistema literario latinoamericano e internacional (Wise, 1984; Vich, 2000; Zevallos, 2002; Pulido, 2017)

Esta inesperada y favorable recepción los impulsó a engarzar su empresa editorial con un proyecto cultural más amplio. De ser el simple vocero de una editorial, se  convirtió  en  una  revista  cultural  que  entró  en  diálogo  con  las propuestas de vanguardia de la época a nivel nacional e internacional. Por eso, los responsables del vocero de la Editorial Titikaka se vieron en la necesidad de cambiar de nombre luego de publicar 25 números, entre agosto de 1926 y agosto de  1928.  Su publicación se llamó Boletín Titikaka desde diciembre de 1928 hasta 1930. También modificaron el tamaño de la publicación. Los primeros 25 números de Editorial Titikaka medían 32 x 22 centímetros. El tamaño de los diez números siguientes del Boletín Titikaka aumentó a 44 x 34.5 centímetros, para  dar cabida  a  ensayos,  entrevistas,  relatos  y  crónicas.  Su  impresión  y periodicidad  fueron  erráticas.  El  primer número  fue  impreso  en  Tipografía Comercial, del segundo al duodécimo en Talleres Tipográficos del Eco de Puno, y del décimo tercero al trigésimo quinto en Tipografía Fournier. Fue publicado como mensuario hasta agosto de 1929. El último número salió en junio de 1930 (Esteba, 2013: 82).  Lo único que se mantuvo de manera permanente fueron las ocho páginas. Ambiciones más  grandes  de  los  miembros  del  grupo  Orkapata  y  el deterioro  de  su  situación  económica  y  política  coadyuvaron  al  descuido  del proyecto editorial. No publicaron libros prometidos. Anunciaron publicar FALO de Emilio  Armaza, TOJJRAS de  Gamaliel  Churata,  con  el  aviso  “Próximamente Tojjras  Gamaliel  Churata”  (B.T.  [2],  p.  2),  y  comunicaron  las  gestiones  en marcha para publicar los libros inéditos de la escritora peruana Magda Portal y el escritor chileno Enrique Díaz Casanueva (B.T. [3], p.1). Quizás refiriéndose a la inminencia de la publicación de estos tres libros salió otro aviso: “Editorial Titikaka publicará en breve tres libros de la mayor importancia” (B.T. [13] p. 4). Sin embargo, sólo sacaron al mercado un libro de los prometidos. Este fue Falo.  Síntesis  del  imaginador(1926)  de  Emilio  Armaza. Tojjras de  Gamaliel Churata  sigue  inédito  y  no  se  sabe  del  destino  de  los  otros  libros.  Salvo  los poemas “Tojjras. Parábola de la alegría” que salieron en Amauta (Año III, 1928 nro.  18,  pp.  21-29),  la  revista  dirigida  por  José  Carlos  Mariátegui,  y  los publicados  en  la  revista Kuntur (Monasterios,  2015)  no  se  ha  hallado  el manuscrito completo. Pese a cumplir la promesa de la publicación del poemario de  Armaza, tampoco  continuaron  con  su  estrategia  publicitaria  de  reproducir notas y gacetillas favorables publicadas en medios impresos. Se puede especular que no fue bien recibido el poemario de Armaza o empezaron los celos poéticos. Armaza se alejó del grupo Orkopata y muchos años después declaraba que nunca perteneció  a  éste  a  pesar  de  la  existencia  de  numerosos  testimonios  sobre  su participación en actividades del colectivo intelectual y artístico.3 Finalmente, el Boletín Titikaka dejó de editarse en 1930.

El surgimiento y caída del proyecto alternativo de Editorial Titikaka no fue  el único.  En  la  década  de  1920-1930,  en  Lima  y  muchas  provincias, simultánea o sucesivamente, surgieron varias    agrupaciones  culturales responsables  de  publicaciones  literarias,  culturales  e  informativas.  Entre  ellas establecieron un fluido intercambio de cartas, creaciones artísticas y artículos de diversos   tipos   que   trataban   de   abordar   desde   una   perspectiva   crítica   la problemática nacional y continental. Los responsables de este nuevo conjunto de  revistas,  en  su  mayoría  pertenecientes  a  una  nueva  clase  media  emergente provinciana,  crearon  un  circuito  alternativo  progresista  cuya  finalidad  más perceptible fue la de interpelar a los nuevos sujetos sociales que participaban en las  publicaciones  y  la  de  vehicular  sus  nuevos  proyectos  ideológicos  estéticos.4

Este circuito alternativo progresista donde era difícil distinguir las propuestas del APRA  de  Víctor  Raúl  Haya  de  la  Torre,  el  Partido  Socialista  de  José  Carlos Mariátegui tuvo dos grandes componentes. Uno establecido por las revistas con sede  en  Lima  y  el  otro  por  las  revistas  regionales  producidas  en  capitales  de provincias.

Las revistas publicadas en la capital se pueden dividir en dos grupos. En el primer grupo se encuentran las revistas limeñas de poesía vanguardista: Flechas (1924-1926) de Magda Portal y Federico Bolaños, Guerrilla(1926) de Blanca Luz Brum, Hurra(1927) de Carlos Oquendo de Amat, Jarana (1928) de Jorge Basadre y Adalberto Varallanos, Poliedro (1927) de Armando Bazán, y Trampolín, Hangar, Rascacielos yTimonel(1927) dirigidas por Magda Portal, Serafín del Mar y Juan José Lora. Era la misma revista, pero salía con un nombre distinto en cada número (Portal, 1979). En el segundo grupo se encuentran las publicaciones vanguardistas  de  amplio  espectro.  En un mayor número  de páginas, además de material literario, traían textos políticos, ensayos históricos, sociológicos y antropológicos. Las que alcanzaron mayor difusión fueron Amauta (1927-1930)  y La  Sierra(1927-1930). En  el  segundo  componente  están  las revistas de provincias Atusparia(Ancash, 1927-1928), Chirapu (Arequipa, 1927-1928) de Antero Peralta Vásquez, Hélice(Huancayo, 1925) de Julián Petrovick, Kuntur(Sicuani, 1927), Boletín Titikaka (Puno, 1926-1930),Kuntur(Cusco, 1927-1929)  de  Román  Saavedra  y  Julio  Enrique  Torres  que  llevan  como subtítulo “arte, cultura, política, ensayo y problemática regional” y muchas más revistas, de las cuales sólo se conoce el título mas los ejemplares no se encuentran en  ninguna  biblioteca  pública  conocida.  El  nexo  más  visible  entre  estos  dos componentes  era  José  Carlos  Mariátegui  y  su  revista Amauta.  Casi  todos  los intelectuales y artistas de las revistas de provincias publicaron en la publicación del   fundador   del   socialismo   peruano.   Su   epistolario   confirma   la   fluida interacción entre ellos (Mariátegui, 1984).

La constitución de este nuevo circuito tuvo una base material sólida. A grandes  trazos,  en  el  territorio  peruano  la  aparición  de  estas  revistas  ocurre  a partir de un mejoramiento y crecimiento del aparato editorial que formó parte del  proyecto  de  modernización  emprendido  por  el  gobierno  de  Augusto  B. Leguía (1919-1930). Para poder llevar adelante su proyecto populista llamado “Patria  Nueva”  el  gobierno  del  oncenio  inició  un  proceso  de  sustitución  de importaciones e hizo crecer el sistema de educación pública. En lo que respecta a la industria editorial se facilitó la importación de impresoras que mejoraban la calidad, la rapidez en la producción y aumento del formato de librosy revistas.5  Los  historiadores  José  Deustua  y  José  Luis  Rénique en  “Expansión  cultural  e intelectualidad  regional:  Perú  1900-1930”  confirman  cómo  la  expansión  del sistema  educativo  más  la  renovación  del  aparato  editorial  coadyuvaron  al aumento  de  publicaciones  impresas.  Señalan  que  en  1918  se  publicaron  167 periódicos y revistas. Hubo un aumento progresivo que llegó a un punto máximo de  457  en  1929  para  luego  empezar  a  declinar  en  1930  (Deustua  y  Rénique, 1984:  2).  La nueva  generación  vanguardista  indigenista  que  se  organizaba  en grupos intelectuales y culturales fundó en Lima y provincias empresas editoriales que editaron libros y revistas claves donde tuvieron lugar relecturas de la realidad peruana.  Del mismo  modo,  estas  empresas  también  se  constituyeron  en distribuidoras  de  publicaciones  extranjeras. José Carlos Mariátegui creó la empresa alternativa más importante y exitosa de la época. Aníbal Quijano afirma que  Mariátegui  “funda  la  Editorial  Minerva  para  publicar  una  serie  de  libros nacionales  y  extranjeros  destinados  a  desarrollar  la  atmósfera  intelectual  y anímica que permita romper la influencia ideológica oligárquica sobre la nueva generación de intelectuales y artistas” (Mariátegui, 1979: xxxv).6

A manera de recuento, dentro del nuevo campo editorial alternativo se fundaron  en  Lima,  entre  las  más  destacadas, empresas  como  la  Imprenta  y Editorial Minerva (1925) de los hermanos Julio César y José Carlos Mariátegui, quienes editaron la célebre revista Amauta(1926-1930); el quincenario obrero Labor (1928-1929);Tempestad en los andes(1927) de Luis E. Valcárcel y Los siete ensayos de la realidad peruana(1928) de José Carlos Mariátegui, así como varios libros de poesía vanguardista.7También en la capital del Perú se creó la Editorial  La  Sierra  (1926)  de  los  hermanos  cuzqueños  J.  Guillermo  y  Luis  V. Guevara,  quienes  publicaron  la  revista La  Sierra(1926-1930)  y  el  libro Hacia indolatinia(1928) de Víctor J. Guevara en el cual se incluye el muy conocido artículo  hacia  una  supranacionalización  de  la  prensa.  En  el  Sur  Andino florecieron también un grupo de editoriales. En Arequipa el grupo “Los zurdos” edita su vocero Chirapu(1928). En Puno, el grupo Orkopata fundó Editorial Titikaka (1926) que edita el poemario Ande(1926) de Alejandro Peralta, Falo(1926) de Emilio Armaza y publica el conocido Boletín Titikaka (1926-1930). En Sicuani, capital de la provincia de Canchis del departamento del Cusco, se creó la Editorial Kuntur (1926) que editó la revista Kuntur (1926) y el libro Un chullo de poemas (1928) del poeta arequipeño Guillermo Mercado. Asimismo, aumentaron  sus actividades  editoriales  ya  constituidas  como  H.  G.  Rozas (Cusco) que editó El nuevo indio: ensayos indianistas sobre la sierra sur-peruana(1930)  de  José  Uriel  García,  y  la  imprenta  y  editorial  Fournier  (Puno)  que imprimió  la  mayoría  de  los  números  del Boletín  Titikaka y  otros  libros  de  la intelectualidad puneña.

En general la aparición de una revista estuvo muy asociada a la fundación de una editorial y a la organización de un grupo intelectual como se ha visto en el caso del Boletín Titikaka(Vich, 2000 y Zevallos, 2002) y Chirapu (Kapsoli, 1984). Por otro lado, la actividad editorial iba de la mano con la distribución de libros  de  autores  peruanos  y  extranjeros  que  para  la  época  significaban  lo  más avanzado del pensamiento occidental. Por ejemplo, Editorial Minerva también distribuía  las  principales  obras  del  psicoanalista  austriaco  Sigmund  Freud,  las novelas del escritor rumano Panait Istrati y la Revista de Occidentedel filósofo español  José  Ortega  y  Gasset.  Por  otro  lado,  Editorial  Minerva  divulgaba  sus publicaciones periódicas y libros en una red de distribución   integrada coincidentemente  por  los  editores  y  directores  de  las  revistas  vanguardistas indigenistas  de  provincias.  Esta  red  de  distribución  se  mantuvo  activa  porque compartían, en palabras de Raymond Williams, una “estructura de sentimiento” constituida  por  la  amistad,  una  visión  crítica  de  la  realidad,  gustos  literarios comunes e interés en el pensamiento mundial de su época (Williams, 2003). El grupo Orkopata replicó este modelo en la ciudad puerto de Puno.

Si bien  la  producción  de  la  Editorial  Titikaka  se  distribuía  de  manera eficiente no dejó de tener problemas. Tan rápido ocurrieron sus iniciativas que se presentaron malentendidos en su  administración.  Hubo confusión sobre atribuciones  y  derechos  de  propiedad  que  corresponden  a  una  editorial  y  una imprenta. El dueño de la tipografía “Comercial” que imprimió el primer número de la hoja propagandística de Editorial Titikaka, sólo por el hecho de imprimir ANDE de  Alejandro  Peralta  y FALO de  Emilio  Armaza  se  consideraba  poseedora del sello editorial y empezó a imprimir otros libros con ese nombre. Frente a esta situación Gamaliel  Churata  rompió  el  convenio con Tipografía  Comercial: “Hacemos  presente  que  el  propietario  de  Tipografía  Comercial,  que  debido  a convenio aparecía gestando esta empresa, ha dejado de tener parte en ella” (B.T. [2],  p.1).  Más  tarde,  frente  a  la  insistencia  en  seguir  utilizando  el  nombre Editorial Titikaka para otras publicaciones, Gamaliel Churata inició una acción judicial:  “Nos  sorprende  la  circulación  de  una  manual  sobre  técnica  marinera, impreso en la tipografía indicada e indebidamente puesto bajo la responsabilidad de la Editorial Titikaka. El delito que encierra este hecho, vario en sus aspectos jurídicos,  comporta  sobre  todo  uno  ordinario  contra  el  derecho  de  propiedad, derecho  que  nos  corresponde  por  ser  autores  y organizadores  de  la  Editorial, precaria y aparentemente representada por la persona a que aludimos, como se comprobará en el curso del juicio q’tenemos iniciado” (B.T. [3], p.1).  

El grupo  Orkopata  y  grupos  de  otras  provincias  en  sus  papeles  de distribuidores   de   la   revista Amauta también   enfrentaron   obstáculos.   El epistolario  de  Mariátegui  nos  proporciona  información  sobre  compradores  al crédito de la revista Amauta8 que tardaban en pagar sus deudas, la tardanza en el pago  de  libros  comprados  al  crédito  por  problemas  personales  de  los  mismos distribuidores,9 confiscaciones  de  la  revista10 y  apresamientos  de  miembros  del grupo.11 Debido a la derechización del gobierno de Leguía, la crisis económica, el golpe de estado de Luis Miguel Sánchez Cerro en 1932 y la imposición de su dictadura  quebraron  librerías  y  cerraron  las  editoriales  que  formaban  parte  de este  circuito.12 En  efecto,  el  fracaso  de  la  política  económica  de  Leguía,  la persecución  política  y  el  exilio  de  los  jóvenes  vanguardistas  demostraron  su fragilidad  e  impidieron  el  mejor  desarrollo  del  vanguardismo-indigenismo. Prueba  de  ello  es  que  las  tres  publicaciones  que  tuvieron  mayor  duración —Amauta, La sierra y el Boletín Titikaka—dejaron de publicarse el mismo año, 1930.  La única empresa de esta época que sobrevivió hasta 2015 fue la que fundó José  Carlos  Mariátegui  junto  con  su  hermano.  Ésta  mantuvo  su  actividad editorial gracias a la diversificación de sus actividades comerciales. Sus herederos administraban  Editorial  Minerva  y  la  Empresa  Editora  Amauta,  fabricando cuadernos, imprimiendo formularios y libros. Así publicaron la obra completa de   José   Carlos   Mariátegui,   libros   sobre   su   obra   y   figura   y   el Anuario mariateguiano. Luego  los  distribuían  en  una  cadena  de  librerías  llamadas también  Minerva.  Algunas  de  las  imprentas  en  provincias,  que  se  animaron  a entrar  en  la  actividad  editorial,  todavía  continúan  en  actividad,  pero  son pequeñas  empresas  dedicadas  a  la  venta  de  artículos  de  escritorio,  libros comerciales  y  hacen  impresiones  menores  como  boletos,  capillos,  papeles  y diversos tipos de tarjetas.

Gamaliel Churata y otros miembros del grupo Orkopata pudieron crear Editorial Titikaka y publicar el Boletín Titikaka gracias a que fueron educados en  la  escuela  primaria  881  de  José  Antonio  Encinas.  En  su  revolucionaria pedagogía  para  la  época,  los  niños  aprendían  varias  habilidades  prácticas. Churata,  en  especial,  aprendió  tipografía  y  habilidades  administrativas.  Una manera de enseñar estas habilidades en acciones concretas y utilizar talentos fue la  puesta  en  escena  de  obras  de  teatro.  Si  bien  Churata  no  fue  actor,  estaba encargado de la impresión de las entradas y los carteles en una pequeña imprenta que  poseía  la escuela.  Luego  también  hacía  la  contabilidad  de  cuánto  dinero habían recaudado con las entradas (Encinas, 1932).  Estas habilidades aprendidas de niño, les sirvieron para que consiguiera trabajo como tipógrafo en Puno y en Bolivia a partir de los catorce años. De modo que para él no fue un gran desafío crear Editorial Titikaka y fundar su boletín informativo cuando tenía 28 años. Poseía  las  habilidades  y  los  conocimientos  necesarios  para  poder  iniciar  estas empresas.  Quizás  a  estas  razones  se  debe  que  Editorial  Titikaka  haya  tenido cuatro  años  de  vida  en  una  época  bastante  convulsa  que  alcanzó  su  punto  de quiebre en 1930 con el crashde Wall Street que afectó a todo el mundo.

Luego del inventario y esbozo de las condiciones materiales para que se publicaran las revistas alternativas de izquierda, se hace evidente la necesidad y urgencia  de  continuar  con  la  publicación  de  ediciones  críticas,  anotadas  y facsimilares. Tengo la seguridad de que se está en una carrera contra el tiempo. En  un  país  donde  no  está bien  desarrollada  la  conciencia  de  conservación  del patrimonio  bibliográfico,  es  urgente  publicarlas  por  el  riesgo  de  destrucción, deterioro y desaparición de estas fuentes primarias. La destrucción es inevitable por  el  uso  de  papel  ácido  y  los  escasos  recursos  que  tienen  las  bibliotecas  para darle el debido tratamiento. El deterioro de los originales es cada vez más notorio por el excesivo uso y poco cuidado en su conservación. Las colecciones cuentan cada  vez  con  menos  números  debido  al  vandalismo,  robo  sistemático  de  las bibliotecas públicas o extravío de revistas. La Biblioteca Municipal de Puno es la que tenía  mayores  problemas.  Por  ejemplo,  toda  la  información  referida  a  las sangrientas sublevaciones indígenas de principios del siglo XX en la colección de periódicos  y  revistas  locales  ha  sido  cortada  por  un  investigador  que  quiere mantener  la  exclusividad  de  esta  información  o  alguna  persona  interesada  en desaparecer evidencias que puedan restaurar derechos y obligaciones. José Luis Ayala  también  ha  denunciado  que  la  colección  de  esta  misma  biblioteca  fue reordenada con el propósito de disponer mayor espacio dedicado a oficinas de sus   dependencias.   Así,   la   nueva   administración   municipal   no   respetó   la clasificación y catalogación técnica anterior en el sistema Dewey, sino que hizo agrupar los libros por tamaño y colores para que cupieran el mayor número de ellos  en  los  estantes  (Churata,  1984:  15).  La  posibilidad  de  completar  estas colecciones  con  originales  que  se  encontraban  en  bibliotecas  privadas  se  hace cada  vez  menos  factible.  La  mayor  parte  de  los  protagonistas  de  la  vanguardia están muertos y sus familiares son reacios a dar acceso a sus bibliotecas privadas, las cuales muchas veces han sido vendidas al peso a vendedores de libros usados.

La publicación de ediciones críticas y facsimilares de libros y revistas no demandaría  mayor  inversión.  Hubo  dos  iniciativas  que  lo  demuestran.  La Pontificia Universidad Católica del Perú ha publicado reproducciones de libros vanguardistas  de  los  años  veinte.13  Del  mismo  modo,  existen  dos  ediciones facsimilares de Ande(Peralta, 2006a y Peralta, 2006b) y dos del Boletín Titikaka (Callo, 2004 y Editorial Titikaka, 2015). Aparte de sus dos facsímiles el Boletín Titikaka tiene  una  intervención  donde  se  ha  utilizado  color  (Boletín  Titikaka, 2016).14  En el caso de las revistas puede resultar mucho más fácil. La mayor parte tuvieron pocas páginas, periodicidad irregular y corta duración. Tan factible era su publicación facsimilar que existía el proyecto dirigido por Antonio Melis para Empresa Editora Amauta, la empresa de los herederos de José Carlos Mariátegui, en los ochenta. Lamentablemente este proyecto todavía no se ha hecho realidad. Si sigue vigente tendrá que ser dirigido por otra persona ya que Antonio Melis falleció el 2016 en La Paz, Bolivia.

Las  ediciones  facsimilares  son  imprescindibles,  ya  que  estas  revistas contribuyeron   a   que   sus   lectores   conocieran   a   los   indígenas   que   eran “invisibles”15  y las trastierras que estaban siendo integradas en las dos primeras décadas del siglo XX en una economía de enclave. Si bien en los textos literarios se trataba de representar los dialectos del español locales, lenguas amerindias, las maneras  de  pensar  y  actuar  de  los  indígenas,  en  abundantes  xilografías  que ilustran  las  páginas  de  las  revistas  se  hacían  representaciones  de  fisonomías  de personas  y  paisajes  propios  de  una  cultura  visual  local.  De  esta  manera,  se proporcionaría una nueva fuente de imágenes a un campo de estudios que está en  desarrollo  con  trabajos  pioneros  como  los  de  Natalia  Majluf.16Además,  en estas   revistas   vanguardistas   se   experimentaba   con   colores   planos   y   la diagramación. El trabajo de Alfonso Castrillón sobre la iconografía de Amauta es una muestra de las potencialidades que tiene este tipo de estudios. Demás está decir  que,  en  la  publicación  de  los  poemas,  los  escritores  vanguardistas experimentaban visualmente con el espacio bidimensional del papel y diferentes texturas en libros objeto. Las máquinas impresoras más grandes permitieron la impresión  en formatos  inusuales,  tipos  de  letras  de  varias  picas  y  papeles  más gruesos. Tanto Ande de Alejandro Peralta como Falo de Emilio Armaza miden aproximadamente 27 x 23 centímetros y no olvidemos la extensión de casi cinco metros del poemario Cinco metros de poemas de Carlos Oquendo de Amat.

En   la   elaboración   de   las   ediciones   críticas   de   las   publicaciones vanguardistas-indigenistas hay  que  tener  especial  cuidado.  El  editor  o  los miembros  del  equipo  editorial  deben  cumplir  varios  requisitos  indispensables. Primero, deberían tener conocimientos de quechua y aymara y los aportes de la lingüística andina para entender lo que querían decir estos autores en su español andino que incorpora léxico y formas sintácticas de lenguas amerindias. Además, este conocimiento les permitiría ver el real alcance de las propuestas de alfabeto y escritura para el quechua y el aymara que se hacían en estas revistas. Segundo, debían tener un conocimiento multidisciplinario. Sobre todo, son indispensables conocimientos específicos sobre las culturas e historias locales para entender los ensayos sociológicos y antropológicos que se publicaban en estas revistas.

La vanguardia peruana fue objeto de una primera ola de estudios durante la década del 80. Los libros de Raúl Bueno, Esther Castañeda y otros ayudaron a entender su especificidad. Sin embargo, está pendiente una exploración desde los nuevos prismas de los años noventa hacia el presente. Los estudios literarios y  culturales  están  preocupados  en  investigar  la  situación  de  la  literatura  en  la globalización,  concebida  como  un  fenómeno  cultural,  económico  y  social inédito. La publicación de ediciones facsimilares y críticas está demostrando que durante  los  años  veinte  se  inició  la  globalización  actual  o  una  primera globalización,  emprendida  por  los  Estados  Unidos  de  Norteamérica,  que  fue desafiada  y  resistida  en  ámbitos  locales.  Roberto  Fernández  Retamar  fue  el primero en darse cuenta de que luego del modernismo literario, sobre todo los poetas vanguardistas latinoamericanos habían logrado una gran “intercomunicación” que puso los ojos en lo nuestro y fue reconocido en Europa (Fernández,  1972).  A  esta  intercomunicación,  Nelson  Osorio,  en  su  artículo “Para una caracterización histórica del vanguardismo literario hispanoamericano” resume la renovación de los estudios vanguardistas, la llama internacionalización. Pero, en vez de enfatizar el carácter homogeneizador de la internacionalización,  Osorio  se  preocupa  en  reflexionar  sobre  la  respuesta  y reacción a este fenómeno a partir de coordenadas locales. Así, Osorio crítica a la historiografía  tradicional  que  consideraba  a  la  vanguardia  latinoamericana  una copia, un epifenómeno de la vanguardia europea y más bien señala que ambas vanguardias  afrontan  las  mismas  condiciones  históricas  internacionales  que produce   el   capitalismo   hegemónico   norteamericano   en   el   periodo   de entreguerras (Osorio, 1981).

De  esta  manera,  la  vanguardia  peruana  en  particular  y  la  vanguardia latinoamericana  en  general  rompieron  las  barreras  de  los  géneros  literarios, disolvieron las dicotomías cosmopolitismo/nacionalismo, vanguardismo/nativismo, arte/política, y creó un archipiélago en Latinoamérica y Europa habitado por latinoamericanos vanguardistas. David Wise, a diferencia de   Osorio   que   centró   su   reflexión   en   las   obras   de   autores   canónicos latinoamericanos que residían en capitales de países latinoamericanos o europeos concebidas como islas grandes del archipiélago, aplicó las propuestas de Nelson Osorio al estudio de Boletín Titikaka. Otra vez, utilizando la metáfora espacial del archipiélago, demostró que la ruptura de los géneros literarios, la superación de  las  dicotomías  y  el  carácter  internacional  de  la  vanguardia  latinoamericana también se podían encontrar en los lugares más remotos del Perú, como la ciudad de Puno, que él denominó “islas pequeñas del archipiélago vanguardista” (Wise, 1984).  En  términos  actuales,  los  responsables  de  las  revistas  de  provincias, parafraseando la interpretación de George Yúdice sobre la estrategia de Jorge Luis Borges, en vez de naturalizar un repositorio universal de valor, el cual podía estar localizado  fuera  de  ellos  o  de  su  esfera  de  influencia,  minaron  el  centro  de  la vanguardia estirándolo hasta el infinito, ya que un centro no se puede mantener como tal si sus periferias se expanden hacia el infinito (Yúdice, 1999: 53).

En  cualquier  caso,  las  revistas  literarias  y  editoriales  contribuían  a conformar  la  totalidad  del  archipiélago  vanguardista;  ya  sea  coexistiendo simultáneamente  o  sucediéndose  en  períodos  continuos  de  tiempo  con  el intercambio de cartas, canje de libros y revistas, diálogos y debates sobre temas vanguardistas  con  intelectuales  afines.17  Asimismo,  se  mantenía  el  “espíritu nuevo” de la vanguardia luego de desaparecer temporal o definitivamente por la censura  de  los  gobiernos  o  por  decisión  de  sus  editores.  Las  revistas  que sobrevivían mostraban su adhesión a los movimientos sociales que se enfrentaban al “imperialismo yanqui”, así como su solidaridad con las víctimas de gobiernos que reprimían a la juventud renovadora o publicaban a los autores que se habían quedado  sin  voceros  propios.  Por  esta  particular  configuración  es  imposible entender  el  dinamismo  de  la  vanguardia  y  aun  las  obras  literarias  de  autores consagrados  si  no  se  leen  estas  revistas  pequeñas.  En  estas  publicaciones  se encuentran  poemas  desconocidos  de  escritores  vanguardistas  canónicos,  los mismos  que  ayudan  a  entender  mejor  sus  posiciones  estéticas  y  políticas.  El hallazgo de “Poemas rojos”, donde Jorge Luis Borges se adhiere al comunismo, encontrados por el investigador peruano Carlos Meneses en revistas españolas no canónicas (Meneses, 1978); o el descubrimiento del historiador Wilfredo Kapsoli del poema desconocido “Canción de la niña de Mayo” de Carlos Oquendo de Amat,   en   la   revista Chirapu (Kapsoli,   1984),   nos   demuestran   facetas desconocidas de estos dos grandes poetas.

Para terminar, quiero señalar que es imprescindible estudiar la dimensión material de la cultura, como se ha visto en el caso de Editorial Titikaka de los hermanos Peralta y la publicación del Boletín Titikaka. Su empresa se entronca en una modernización del país. Sin la llegada de nuevas máquinas de impresión, el abaratamiento y mejoramiento del sistema de correos, expansión del sistema educativo y mejoramiento del estatus de las clases medias hubiese sido imposible su realización. Del mismo modo tenemos la tarea urgente de publicar las revistas vanguardistas   en   el   contexto   actual   de   la   teoría   y   la   crítica   literaria latinoamericana.  Las  vanguardias  latinoamericanas  están  siendo  nuevamente estudiadas  desde  las  perspectivas  relacionadas  a  teorías  de  la  globalización  de Arjun  Appadurai,  la  de  hibridez  de  Néstor  García  Canclini,  sistema  mundo moderno de Immanuel Wallerstein y “planetarismo” de Edmundo Dussel. Estos estudios  están  elaborando  otra  vez  topografías,  cartografías  y  mapas  de  las vanguardias  latinoamericanas.  A  diferencia  de  la  geografía,  arqueología  y geología, que tratan inductivamente con la mayor cantidad de estudios de caso para darle mayor validez a sus teorías, los estudios literarios siguen operandode manera deductiva. Es decir, en la mayoría de los estudios emprendidos se están releyendo  los  textos  canónicos  vanguardistas  y  aplicando  otra  vez  grandes generalizaciones  a  las  vanguardias  latinoamericanas.  Creo  que  una  de  las principales razones para operar de esta manera es la carencia de las ediciones de esa otra vanguardia que muy pocos han estudiado.

Worthington, 10 de Enero del 2020

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1   Causa sorpresa que los hermanos Peralta tuvieron la capacidad económica para solventar los franqueos nacionales e internacionales de la correspondencia que enviaban. En el presente, muy pocos editores y autores tienen presupuesto para hacer esta cantidad de envíos. Por eso, se deduce que el sistema de correos era eficiente y barato en los años veinte.

2   Elizabeth Monasterios reproduce y clasifica los comentarios sobre Andeen el tercer capítulo de su  libro La  vanguardia  plebeya  (2015)  como  punto  de  partidapara  conceptualizar  el “vanguardismo indígena”.

3   “No  pertenecí  al  grupo  Orkopata.  Considero indispensable  decir  esto  para  rectificar aseveraciones equivocadas que se han incorporado a textos de historia de la literatura peruana” (Armaza “El panindigenismo de Churata” (Churata, 1973: 474).

4   Estas iniciativas pueden formar parte del “circuito popular de la cultura de imprenta” propuesto por Javier García Liendo en su libro El intelectual y la cultura de masas (2017). Coincido con García  Liendo  en  la  existencia  de  una  cultura  de  imprenta  inclusiva,  democratizadora,  pero todavía  es  necesario  investigar  sobre  la  autonomía  del  “circuito  popular”  respecto  al  Estado  y grupos de poder. Por esa razón, señalo la aparición de un circuito alternativo progresista en los años veinte en el Perú.

5   Luis Alberto Castillo explora la relación entre la renovación de tecnologías de impresión y los cambios de la poesía peruana en su libro La máquina de hacer poesía: [imprenta, producción y reproducción  de  poesía  en  el  perúdel  siglo  xx](2019).Le  dedica  un  capítulo  a Amautay  la Editorial Minerva.

6   Fernanda Beigel en su libro La epopeya de una generación y una revista: Las redes editoriales de José Carlos Mariátegui en América Latina(2006), luego de un estudio en archivos, reconstruye la “red editorial” y “red partidaria” que construyó Mariátegui con su editorial y publicaciones.7La bibliografía y antología crítica de Hubert Pöppelregistra los títulos y autores de estos libros.

8   Valcárcel, en carta del 20 de febrero de 1929: “A partir del próximo número, voy a optar por vender ‘Amauta’ al contado, sin darlo ya a comisión, por el mal éxito que esta tiene” (Mariátegui, 1984: 517).

9   Gamaliel  Churata,  en  carta  del  24  de  abril  de  1929  le  escribió  a  Mariátegui:  “Esta  la  razón [muerte de su esposa Brunilda] porque no di inmediata respuesta a su cariñosa carta, y porque, sobre todo, no he cumplido con pagar lo que debo” (Mariátegui, 1984: 550).

10 Gamaliel Churata en carta que envía el 2 de Julio de 1927 a Mariátegui señala: “El noveno número de Amauta se pone recién hoy a la venta. Cuando llegó la noticia de su apresamiento, me  aseguran  los  vendedores  que  fueron  amenazados  por  la  policía y  yo  en  previsión  de  un incautamiento, suspendí la venta hasta hoy” (Mariátegui, 1984: 295).

11 Gamaliel Churata en carta del 30 de Julio de 1928 a Mariátegui apunta: “ahora estoy esperando recibir personalmente la remisión de Amauta, pues a nuestro querido Mamani lo ensoquillaron en Cuartel, so pretexto de servicio de movilizables durante seis meses, con maniobras de llapa (sic)” (Mariátegui, 1984: 403).

12 Por ejemplo, en la ciudad del Cusco se fundó la Librería Los Andes que tuvo que cerrar por falta de compradores de libros y mala administración. Valcárcel, en carta del 20 de febrero de 1929 a Mariátegui dice: “¡Velasco está atingido de deudas, la librería es un fracaso en el Cusco! y  pide  todavía  que  lo  esperemos”  (Mariátegui,  1984:  517).  En  carta  del  15  de  abril  de  1929: “...estamos  balanceando  la  librería  ‘Los  Andes’  que  resulta  con  una  pérdida  de  Lp.  [libras peruanas]  400  en  un  año...  Yo  dí  un  pequeño  capital  para  ayudar  al  amigo  Oyaque,  pero  no habrá razón de trampa y embrollo” (Mariátegui, 1984: 542).

13 La serie Manantial Oculto contiene reproducciones incluyendo los colores planos de Andede Alejandro  Peralta, A  la  Rosade  Martín  Adán, El  silencio  que  nos  nombrade  Enrique  Peña Barrenechea, Cinco metros de poemasde Carlos Oquendo de Amat, La rosa escritade Xavier Abril.

14 La  edición  facsimilar  de Ande fue  publicada  por  la  Universidad  Nacional  del  Altiplano.  El Boletín  Titikakatiene  una  edición  facsimilar  encargada  por  la  Universidad  San  Agustín  de Arequipa y existe una edición intervenida en tapa dura y donde las xilografías en blanco y negro fueron impresas a todo color por Lluvia Editores.

15 La autogestión indígena, en las primeras décadas del siglo XX, hizo que se despertara un gran interés  en  conocer  su  cultura  cuando  se  establecían  en  las  ciudades. Analizo  este  cambio  de invisibilidad  a  visibilidad  en  mi  artículo  “Las  múltiples  caras  de  la  identidad  andina...”..

16 Consultar la bibliografía

17 Gamaliel Churata en el ensayo “Septenario”, que aparece en el Boletín Titikaka n° 10 (1927), 4 se pronuncia en contra de las apreciaciones sobre la vanguardia de César Vallejo aparecidas en su célebre artículo “Contra el secreto profesional” que es reproducido parcialmente