martes, 9 de junio de 2026

PROCESO ELECTORAL PERUANO: FASE DE CONTEO DE VOTOS

 50 / 50

Christian Reynoso

L

a espera desespera, suelen decir. Pero en el Perú ya estamos acostumbrados a esperar. Los resultados de la ONPE, tras el proceso electoral de la segunda vuelta, se hacen esperar, tal vez más de la cuenta, aunque se supone que dentro de lo razonable. Poco a poco, en horarios indistintos, se va actualizando el conteo, en tanto que el porcentaje se va acercando al 100% de las actas contabilizadas. En este momento, en que escribo estas líneas, se muestra al 95.977% (11.16 a.m. del 9/6/26), con 50.057% para Roberto Sánchez y 49.943% para Keiko Fujimori.

Por otra parte, el resultado del Conteo rápido de la encuestadora Ipsos, que, de acuerdo con el historial de las últimas cinco elecciones, ha sido exactamente igual o solo diferente por algunas décimas, en comparación con el resultado al 100% de la ONPE, esta vez, ha dicho su presidente ejecutivo, podría cambiar. ¿Cómo así, por qué? No me queda claro. Con ello, la tendencia de los resultados que apuntaba a una victoria de Sánchez tras el Conteo rápido, podría no ser así. Esto ha provocado la sensación de estar frente a un ambiente enrarecido, con más incertidumbres que certezas.

Dicen que el Perú se ha partido
en un lado y en su opuesto

Está claro que cualquiera de los dos candidatos que gane lo hará con un pequeño margen sobre el otro. Pero este 50/50 que se observa en la votación, también expresa lo que ocurre en el país: dos maneras distintas de concebir la política y lo que se espera de su ejercicio, y en el modo de sentirse representados. Aunque ello no debería ser una anormalidad en un estado democrático, en nuestro país genera más bien una polarización exacerbada, colmada de insultos, racismo, difamación, ignorancia, mirada vertical y el delirio de la etiqueta ideológica, que ponen en cuestión el respeto, pero al mismo tiempo develan el alma de cada quien. Por lo menos el alma política.

Tal vez sucede que entre peruanos no nos conocemos, o nos conocemos demasiado bien, y por eso nos resulta difícil dialogar y entendernos, y encontrar un proyecto común de país más allá del apuro de la sobrevivencia del día a día. 50/50, mita mita, fifty-fifty, en este contexto, está lejos de sugerir el equilibrio y lo equitativo. No queda más que esperar, seguir esperando. Casi un deporte nacional. Esperar a que el Perú cambie alguna vez, sin corrupción, sin pobreza, con educación, con paz. <:>

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NOTAS DEL DIFUSOR

1.  LAS MESAS EN ESTADOS UNIDOS DEBEN SER VIGILADAS PARA EVITAR UNA IRREGULARIDAD EN ESTE PAÍS, ya que el voto en el exterior lo controla la cancillería peruana (favorable al fujimorismo) y no el poder electoral. (Resumen de la Situación Electoral 09/06/2026)

2. HILDEBRANDT SOSPECHA ALGO TRAS LAS REVELACIONES DEL DIRECTOR DE IPSOS SOBRE UNA POSIBLE VICTORIA DE KEIKO FUJIMORI BAJO FUERTE PRESIÓN POLÍTICA

César Hildebrandt volvió a pronunciarse en medio de la tensión electoral y recordó que los conteos rápidos de IPSOS históricamente han mantenido un elevado nivel de precisión en las elecciones presidenciales. Por ello, diversos sectores consideran que cualquier escenario distinto al reflejado inicialmente por esas cifras deberá ser explicado con absoluta transparencia.

La polémica aumentó luego de que el director de IPSOS, Alfredo Torres, afirmara que, según todos los algoritmos matemáticos y escenarios posibles, Keiko Fujimori terminaría imponiéndose a Roberto Sánchez por una diferencia mínima, pese a que el conteo oficial seguía mostrando una disputa extremadamente ajustada.

A ello se suman las filtraciones, audios y especulaciones que han circulado durante las últimas horas sobre las actas observadas y el peso del voto extranjero, alimentando las dudas y recordando a muchos ciudadanos otros momentos polémicos de la historia electoral peruana.

En una de las elecciones más reñidas de los últimos años, la exigencia de millones de peruanos sigue siendo una sola: que se respete la voluntad popular expresada en las urnas y que el resultado final esté acompañado de total transparencia y confianza ciudadana.

3.   TORRES DE IPSOS SE TRAE ALGO BAJO LA MANGA.- El diputado electo por Lambayeque, Ernesto Zunini, lanza una dura crítica hacia el jefe de Ipsos, “Es muy “extraño” que el Sr. Alfredo Torres de Ipsos salga a desmentirse a sí mismo, a despreciar su propio estudio ¿desde cuándo la estadística dejó de ser ciencia? ¿Qué opina sobre esto Transparencia?

lunes, 8 de junio de 2026

ENFOCANDO NUESTRA REALIDAD SOCIAL

 RACISMO EN EL PERÚ

Por: Moisés Suxo Yapuchura

Introducción

L

a historia de la migración interna en el Perú es también la historia de la lucha por el reconocimiento. Miles de personas de origen andino, muchas de ellas hablantes de lenguas originarias como el aimara o el quechua, migraron a las ciudades en busca de mejores condiciones de vida. Pero lo que encontraron fue, muchas veces, un país que no los reconocía como parte legítima de su identidad nacional.

Este artículo presenta y analiza dos testimonios de abuelos migrantes aimaras: Jacobo, quien vivió la experiencia migratoria en la década de 1950, y Pablo, cuya experiencia es de la década de 1960. A través de sus voces, podemos comprender no solo los efectos del racismo estructural, sino también la evolución de las formas de resistencia y afirmación identitaria en el Perú.

1. Testimonios

Jacobo en su testimonio señaló que “En esos años, 1956, hablar de aimara era un poquito vergonzoso a veces porque también el trato era un poco diferente, que tú vienes es como cualquier cosa, que serrano, entonces te evitas, ya no aceptas. Muchas veces los paisanos se pasan, dicen yo soy arequipeño, soy de Tacna, así hacían esos, se avergonzaban... Antes era arrinconado, marginado, había marginalidad, por ejemplo, en Lima, los huarochiranos en La Parada cuando entré a trabajar en los negocios: ¡serranos! ¡llamas!, decían.”

Este testimonio revela una época marcada por el racismo abierto y estructural entres los propios migrantes. Jacobo experimenta la discriminación lingüística, geográfica y étnica. El solo hecho de hablar aimara, o ser identificado como "serrano", era motivo de burla y marginación. La respuesta de muchos migrantes fue ocultar su origen, adoptando identidades regionales más aceptadas por la sociedad limeña.

Por otro lado, Pablo dijo que “Con los compañeros de trabajo éramos como amigos. Como somos ya grupo, entonces ya, un mes, un mes así por ahí no más he trabajado yo en el campo (jardinería), después a la oficina. Sí, así he trabajado yo. Ya, ahí, entonces, de ahí he salido ya. No, no, no he tenido ningún problema.”

Prosiguió: “En el trabajo me encontraba con personas de Cajamarca, Huancayo, Cerro de Pasco... Cada uno con su propia forma de ser. Algunos no sabían quién fue Atahualpa, otros no conocían Puno, ni Huancho, ni Huancané. Yo sí les decía: ‘Soy puneño, de cerca de Bolivia’. Y ya, así nos conocíamos, nos entendíamos hablando castellano.”

El relato de Pablo representa una realidad distinta y más integradora. Aunque persisten las diferencias culturales y geográficas entre migrantes, no hay una experiencia directa de discriminación. Pablo afirma su identidad puneña con orgullo, y señala una convivencia más horizontal en el entorno laboral limeño.

2. Análisis comparativo

2.1. Migración como choque cultural

Ambos testimonios reflejan la experiencia común de la migración interna en el Perú. Personas de los Andes, hablantes de lenguas originarias como el aimara, se trasladan a Lima en busca de trabajo. Sin embargo, al llegar, se enfrentan a una sociedad urbana que no los reconoce y muchas veces los discrimina.

• Jacobo vivió la migración en la década de 1950, cuando hablar aimara era motivo de vergüenza.

• Pablo, aunque en un tiempo después, 1960, también experimenta esa diversidad, pero desde una perspectiva más integradora.

Ambos casos revelan cómo la migración reconfigura las relaciones sociales y pone en tensión las identidades regionales, lingüísticas e históricas.

Brigida Curo candidata a vicepresidenta
2.2. Identidad: de la vergüenza al orgullo

• Jacobo muestra cómo el racismo obligaba a los migrantes a negar su identidad para sobrevivir. Hablar aimara era motivo de burla, y muchos fingían ser de otras regiones más aceptadas. Su experiencia está marcada por vergüenza, ocultamiento y exclusión.

• Pablo, en cambio, representa un contexto donde hay más apertura. Aun cuando existe desconocimiento cultural, él afirma con orgullo su identidad puneña. Rechaza el silencio y defiende su origen andino sin conflictos aparentes.

Mientras que en el pasado la identidad andina era algo que debía ocultarse para evitar la exclusión, en el testimonio de Pablo se muestra como un orgullo cultural, aunque siga siendo una minoría frente al predominio del castellano y la cultura costeña. Esto habla de un cambio de paradigma generacional, aunque no necesariamente de la desaparición del racismo.

2.3. Lengua y memoria como fronteras

La lengua aimara aparece en los dos casos como un marcador identitario importante. Mientras que para Jacobo el aimara lo marginaba, para Pablo, el castellano es la lengua común entre migrantes, aunque ello implique cierta pérdida del aimara.

Ambos coinciden en que los migrantes llegan con referencias geográficas e históricas distintas, lo que genera desconexión. No todos conocen figuras como Atahualpa, ni ubican Puno o Huancané. Esto deja en evidencia que el Perú sigue siendo un país fragmentado culturalmente, donde las regiones aún no se reconocen entre sí. La migración interna hace visibles esas diferencias, forzando a los sujetos a redefinirse y posicionarse culturalmente.

2.4. Relaciones laborales: de la hostilidad al compañerismo

• Jacobo denuncia violencia verbal directa, estigmatización ("¡serrano!", "¡llama!"), y una ciudad hostil hacia los migrantes.

• Pablo, en contraste, destaca la amistad y la convivencia en el trabajo: "con los compañeros éramos como amigos", dice, y enfatiza que no tuvo ningún problema en su entorno laboral. Incluso experimentó movilidad, pasando de la jardinería a la oficina.

Esto podría mostrar una transformación en las relaciones laborales y sociales entre migrantes en la ciudad: de una lógica de discriminación excluyente (Jacobo) a una de coexistencia y cierta integración (Pablo). Sin embargo, también puede ser que las formas de racismo hayan mutado, volviéndose más sutiles o menos explícitas.

A continuación, se presenta un cuadro comparativo resumido.

Ver Cuadro "eje temático"

3. Conclusión

Los testimonios de Jacobo y Pablo no solo nos cuentan sus vidas, sino que también nos permiten pensar en el Perú como una sociedad profundamente marcada por el racismo, la desigualdad y la lucha por el reconocimiento.

Jacobo representa una época de marginación abierta, donde los migrantes eran empujados a ocultar su cultura. Pablo, en cambio, muestra un momento de mayor afirmación, donde se puede decir con orgullo "soy puneño", aunque el desconocimiento entre peruanos persista.

Ambas voces revelan que la migración interna no es solo un fenómeno económico, sino también una historia emocional, cultural y política, que sigue vigente.

4. Llamado a la acción

¡Nunca más vergüenza por ser quienes somos!

“Antes era arrinconado, marginado... Ahora digo con orgullo: soy puneño.”

Los testimonios de Jacobo y Pablo son una memoria viva del racismo y la resistencia. Hoy, te invitamos a construir una sociedad plural, intercultural y distinta.

¿Qué podemos hacer?

• Valorar todas las culturas del Perú —no solo las dominantes.

• Denunciar el racismo y la exclusión, en cualquier forma.

• Educar en interculturalidad desde las escuelas, medios y familias.

• Escuchar a los migrantes, no como "otros", sino como parte de “nosotros”.

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Referencia

Suxo Yapuchura, Moisés: RAÍCES AIMARAS EN LIMA. DOS HISTORIAS DE VIDA/ LIMA MARKANA AYMARA SAPHINAKA: PAYA JAKAÑA SARNAQÄWI. (En prensa).

Moisés Suxo Yapuchura, es magister en Planificación y gestión de la educación intercultural bilingüe por la Universidad Mayor de San Simón de Bolivia. Egresado de Antropología de la Pontificia Universidad Católica del Perú.



 

sábado, 6 de junio de 2026

PARA LA HISTORIA DE LA POLITICA PERUANA DE PRINCIPIOS DEL PRESENTE SIGLO

 RECORDEMOS EL FRAUDE ELECTORAL DEL FUJIMORISMO EN EL AÑO 2000

Por Nicanor Domínguez Faura

 ‘El Salmón”  5 de junio de 2026

En el debate presidencial del pasado domingo 31 de mayo, la candidata Keiko Sofía Fujimori Higuchi afirmó: “A nosotros nos preocupa de sobremanera lo que ocurrió en la primera vuelta. Hemos respaldado las denuncias de otros grupos políticos. Hemos saludado, sí, también las decisiones del Jurado Nacional de Elecciones de ampliar los horarios y ampliar la votación hasta el día siguiente”.

Evidentemente hacía referencia a las escandalosas e infundadas denuncias del candidato de ‘Renovación Popular’, Rafael López-Aliaga Cazorla, quien pretendió por casi seis semanas desconocer el resultado de la primera vuelta de las elecciones de este año 2026, pues resultó en tercer lugar y sin opción a pasar a la segunda vuelta. Esta campaña “fraudista” de López-Aliaga ha causado un serio desprestigio de los organismos electorales: la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) y el Jurado Nacional de Elecciones (JNE).

La candidata hizo también referencia a su “Campaña Defensores del Perú”, el intento de reunir 100 mil personeros de ‘Fuerza Popular’ para la segunda vuelta: “Hacemos un llamado a la población para defender el Perú y hacemos esta convocatoria para que todos los ciudadanos se inscriban como personeros no solo en Fuerza Popular, también en el otro grupo político. Los observadores internacionales serán claves porque lo que tenemos que hacer es fortalecer la democracia”.

Lo que no ha mencionado ella es que --tanto en la primera vuelta de este año 2026 con López-Aliaga, como en la segunda vuelta del año 2021, cuando el fujimorismo intentó desconocer su derrota electoral con la campaña del supuesto “fraude en mesa”-- todos los observadores internacionales han coincidido en rechazar el “fraudismo” de la derrotada y revanchista derecha peruana, respaldando la labor de los organismos electorales. Recordemos que no ocurrió lo mismo hace un cuarto de siglo, cuando los observadores internacionales concluyeron que las elecciones del año 2000 en el Perú habían sido extremadamente irregulares. Y, para la mayoría de los peruanos de entonces, abiertamente fraudulentas.

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La idea de perpetuarse en el poder mediante sucesivas elecciones y llevar adelante una “democracia dirigida” por una coalición cívico-militar se expresó hace casi 40 años en el llamado “Plan Verde”, elaborado en los años 1988-1989, al final del caótico primer gobierno de Alan García Pérez (1985-1990). Las Fuerzas Armadas, jaqueadas por el avance de los movimientos subversivos (‘Sendero Luminoso’, MRTA) y afectadas como todo el país por la hiperinflación de los años 1988-1990, encargaron a un “grupo de trabajo”, con la participación de tecnócratas civiles anti-Apristas, elaborar un “Plan de Gobierno”. Inspirados en el ejemplo chileno de la dictadura de Pinochet (1973-1990), era una apuesta por incrementar la represión y por promover el neoliberalismo económico: “para llevar al país al siglo XXI” y “alcanzar un nivel de país desarrollado”.      

En 1990 el “asesor” del electo presidente Alberto Kenya Fujimori Fujimori, el ex-capitán expulsado del Ejército y abogado de narcotraficantes, Vladimiro Lenin Montesinos Torres, recibió copia del “Plan Verde” y lo utilizó después como guía en el “fuji-golpe” del 5 de abril de 1992. Desde el Servicio de Inteligencia Nacional (SIN), el “asesor” Montesinos no solo buscó corromper y controlar a los mandos militares, sino penetrar las instituciones judiciales y electorales, para mantenerse indefinidamente en el poder. Sin necesitar de un golpe militar abierto, el control de las elecciones podía garantizar la continuidad de este proyecto político fuji-montesinista.

La Constitución fujimorista de 1993 abrió la posibilidad prologar el régimen, pues estableció que: “El mandato presidencial es de cinco años. El presidente puede ser reelegido de inmediato para un período adicional. Transcurrido otro período constitucional como mínimo, el expresidente puede volver a postular, sujeto a las mismas condiciones” (artículo 112). En el libro del politólogo japonés Yusuke Murakami se incluye una útil cronología (pp.601-615), que permite seguir el desarrollo de las sucesivas acciones del gobierno de Fujimori, en su constante intromisión para controlar el resultado de los procesos electorales de 1995 y, especialmente, el del año 2000.

La modificación de las reglas (1996-1997):

Tras haber sido reelegido en 1995, Fujimori declaró a un medio de prensa internacional que la nueva Constitución le prohibía postular en las siguientes elecciones presidenciales, programadas para el año 2000 (16 de febrero, 1996). Pero, seis meses después, la bancada del oficialismo en el Congreso, la alianza ‘Nueva Mayoría-Cambio90’, forzó la aprobación de la “Ley de Interpretación Auténtica” sobre la reelección presidencial (20 de agosto). Se argüía que: “del artículo 112 se deduce que el período 1990 [a 1995] no se considera, al ser previo a esa Constitución, y que, por tanto, sólo hay que tomar en cuenta el que se inició en 1995, razón por la cual Alberto Fujimori puede postular de nuevo en el 2000” (Ley 26657, 23 de agosto de 1996).

La oposición denunció en el Congreso la ilegalidad de esta primera manipulación (de una posible tercera candidatura de Fujimori), y reclamó ante el Tribunal Constitucional (TC), cuyos siete miembros habían sido recientemente instalados (21 de junio, 1996). Esta instancia de control constitucional sentenció que la “Ley de Interpretación Auténtica” no era legalmente aplicable en favor del presidente que ya ejercía un segundo mandato (16 de enero, 1997). La mayoría oficialista en el Congreso votó por destituir a los tres miembros del TC --Manuel Aguirre Roca, Guillermo Rey Terry y Delia Revoredo Marsano-- que habían apoyado la sentencia de inaplicabilidad de la Ley 26657 a Fujimori (28 de mayo). El presidente del TC, Ricardo Nugent López-Chávez, renunció a la presidencia en solidaridad con sus colegas (29 de mayo). Por tres años y medio, desde mayo de 1997 hasta noviembre del 2000, el Perú no tuvo un Tribunal Constitucional autónomo y plenamente en funciones que pudiera regular los excesos legislativos del Congreso.

El bloqueo del referéndum (1996-1998):

El ‘Foro Democrático’ fue creado como respuesta de la sociedad civil al “fuji-golpe” del 5 de abril de 1992, buscando promover acciones ciudadanas que confrontaran el autoritarismo del gobierno y permitieran volver a un sistema político representativo de base democrática. Así, al mes siguiente de la promulgación de la “Ley de Interpretación Auténtica”, iniciaron una campaña de recolección de firmas para oponerse a la re-reelección de Fujimori (setiembre 1996). El objetivo era utilizar una innovación de la Constitución de 1993, el referéndum o consulta popular (que ya había sido utilizado para la aprobación de la propia Constitución en octubre de 1993).

Para bloquear esta iniciativa, el Congreso promulgó la Ley 26592 (la “Ley Marcenaro”), que aumentaba el número de firmas requeridas para convocar un referéndum: 10 por ciento de la población electoral (octubre 1996). En ese momento, el nuevo porcentaje equivalía a 1’200,000 firmas. El ‘Foro Democrático’ trabajó por casi dos años en la recolección de 1’441,000 firmas, que fueron presentadas el Jurado Nacional de Elecciones el 16 de julio de 1998. Al mes siguiente, el JNE dictaminó que, para realizar el referéndum sobre la tercera postulación de Fujimori, se necesitaba el apoyo en el Congreso de al menos 48 congresistas (20 de agosto). Una semana después, la mayoría oficialista votó en contra, rechazando la propuesta (27 de agosto).

Además de la supresión de la consulta popular promovida por el ‘Foro Democrático’, otros dos hechos importantes ocurrieron en la segunda mitad del año 1998. El “triunvirato” en el poder desde el “fuji-golpe” de 1992, conformado por Fujimori, Montesinos y por el jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas y Comandante General del Ejército, general Nicolás Hermoza Ríos, llegó a su fin tras más de seis años de cogobierno. Hermoza fue destituido (agosto 1998), “con lo que Montesinos llegó a completar el control sobre la cúpula militar” (Murakami p.497). Los dos últimos años del régimen fueron plenamente fuji-montesinistas.

El segundo hecho importante fue la realización de las elecciones municipales (11 octubre). En ellas el gobierno promovió a una nueva agrupación pro-fujimorista, ‘Vamos Vecino’, organizada por el ingeniero agrónomo cajamarquino Absalón Vásquez Villanueva. Aunque el candidato a la alcaldía de Lima, Juan Carlos Hurtado Miller, perdió (32.7%) y el entonces alcalde Alberto Andrade fue reelegido (58.8%), ‘Vamos Vecino’ ganó en 76 de 194 provincias a nivel nacional (39%), y en 597 de los 1622 distritos del país (36.8%). Esto convenció a Fujimori de la utilidad y eficiencia de Vásquez como operador político para las elecciones venideras.

Debe anotarse aquí también que el contexto de la re-reelección de Fujimori fue el del estancamiento de la economía peruana a partir de 1998, tras casi un quinquenio de espectacular crecimiento (1993-1997). Esto se debió a los efectos del fenómeno de “El Niño” (1997-1998), agudizados por las repercusiones locales de la crisis financiera rusa y asiática a nivel internacional.

El año 1999:

A lo largo de todo el año 1999 los partidos opositores intentaron conformar una candidatura presidencial unificada. El ‘Foro Democrático’ ya había propuesto realizar elecciones primarias con este fin (15 de diciembre, 1998). También se emitieron comunicados conjuntos oponiéndose a la tercera postulación de Fujimori (20 de abril, 1999), y hasta catorce agrupaciones opositoras firmaron un “Pacto de Gobernabilidad” (25 de noviembre). Sin embargo, las principales fuerzas opositoras desistieron finalmente de elegir a un candidato único (5 de enero, 2000).

El gobierno de los Estados Unidos, presidido por el político demócrata Bill Clinton (1993-2001), toleró en términos generales el autoritarismo de Fujimori. Pero a finales del año 1999, tanto la Cámara de Diputados (4 de octubre), como la de Senadores (3 de noviembre), del Congreso norteamericano aprobaron sendas resoluciones expresando su “preocupación por el retroceso de la democracia en el Perú”.

A fines de noviembre de 1999 fueron convocadas oficialmente las elecciones generales para el año 2000. Un mes después, Fujimori anunció su tercera postulación a la Presidencia de la República (27 de diciembre). Entonces explicó que: “la decisión se debía a que no había encontrado ningún sucesor confiable, tanto en el oficialismo como en la oposición; y a que en la alianza oficialista, las Fuerzas Armadas y otros sectores, hubo muchas voces que reclamaban la continuidad del gobierno” (Murakami p.511).

El gobierno norteamericano expresó que sería neutral respecto de los resultados electorales del año venidero, pero exigió que el proceso “sea libre, justo y transparente” (28 de diciembre). En paralelo, la oposición presentó 18 observaciones demandando la nulidad de la candidatura fujimorista, dada su inconstitucionalidad por ser una tercera postulación consecutiva, pero el JNE desestimó el reclamo. Se hizo así evidente la parcialidad del ente electoral.

El Jurado Nacional de Elecciones aceptó oficialmente la tercera candidatura de Fujimori (30 de diciembre). Era el candidato de la ‘Alianza Perú 2000’, formada por ‘Cambio 90-Nueva Mayoría’ (en el poder desde 1995) y dos movimientos liderados por Absalón Vásquez (vinculado directamente a Montesinos): ‘Vamos Vecino’ (creado en 1998) y el novísimo ‘Frente 2000’.

La Primera Vuelta del año 2000:

Las principales candidaturas de oposición --del alcalde de Lima, Alberto Andrade Carmona, y del ex-jefe del IPSS, Luis Castañeda Lossio--, fueron sistemáticamente atacadas desde fines de 1999 por los llamados “diarios chicha” (‘El Mañanero’, ‘El Chino’, ‘El Men’, ‘La Chuchi’, ‘El Chato’, ‘Diario Más’), financiados por Montesinos desde el SIN. Cuando el candidato Alejandro Toledo Manrique empezó a subir en las encuestas, a inicios del año 2000, se convirtió en blanco de similares ataques. El análisis del accionar de esta “prensa basura” del fuji-montesinismo ha sido hecho por la periodista Jacqueline Fowks.

Pero la avasalladora campaña del oficialismo sufrió un sorpresivo revés a principios del año de las elecciones. El ‘Frente 2000’, agrupación componente de la alianza oficialista ‘Perú 2000’, había presentado el año anterior alrededor de 2’100,000 firmas para su inscripción. El diario ‘El Comercio’ denunció que se habían falsificado masivamente alrededor de un millón de firmas para esa inscripción (29 de febrero). Ante el escándalo, el ‘Frente 2000’ terminó apartándose de ‘Perú 2000’. La manipulación encubierta del gobierno en el proceso electoral se hizo visible.

Pocos días después la ‘Misión de Observación Electoral’ de la Organización de Estados Americanos (MOE-OEA), presidida por el guatemalteco Eduardo Stein, comenzó sus actividades en Lima (3 de marzo). Sus preguntas sobre el uso del padrón electoral para la falsificación de las firmas de ‘Perú 2000’, tema que el poder judicial no estaba investigando, y sobre las condiciones del sistema informático que la ONPE utilizaba, no fueron respondidas. Sin embargo, los observadores de la OEA registraron los problemas de la desigual cobertura informativa del proceso electoral (favorable al gobierno), el dudoso manejo de fondos públicos (en favor de la campaña de Fujimori), y la difusión (restringida) de la publicidad de los candidatos de la oposición.

Poco más de dos semanas antes de las elecciones, la misión de observación estadounidense (Centro Carter e Instituto Nacional Demócrata), advirtió: “El ambiente electoral en Perú se caracteriza por la polarización, la ansiedad y la incertidumbre. No se han establecido las condiciones para una campaña electoral justa. Ya se han hecho daños irreparables a la integridad del proceso electoral, pero aún se pueden y se deben hacer mejoras porque los candidatos y los partidos están compitiendo, los ciudadanos participan en el proceso y los resultados electorales no están asegurados” (24 de marzo).

El día de las elecciones generales, el domingo 9 de abril del 2000, los principales candidatos fueron Alberto Fujimori, de la alianza ‘Perú 2000’ (obtuvo oficialmente 49.87% de los votos válidos); Alejandro Toledo de ‘Perú Posible’ (40.23%); Alberto Andrade de ‘Somos Perú’ (3%); y Luis Castañeda Lossio del partido ‘Solidaridad Nacional’ (1.8%).

Las encuestas de boca de urna, después del cierre de la votación a las 4 pm, dieron la delantera a Toledo (Datum 48.5%, CPI 46.7%, Apoyo 45.2%), aunque el segundo puesto de Fujimori entraba dentro del margen de error (Apoyo 43.6%). Precipitadamente, Toledo anunció su “triunfo” en la primera vuelta, por lo que fue criticado por el gobierno y la prensa afín, así como por los observadores internacionales. Sin embargo, horas más tarde, el conteo rápido de ‘Transparencia’ dio a Fujimori 48% y a Toledo 42%. El conteo rápido de la OEA confirmó la tendencia, concluyendo que habría segunda vuelta.Sin embargo, en los días siguientes, los lentos conteos parciales de la ONPE hacían temer que Fujimori podría llegar a superar el 50% de la votación, ganando así en primera vuelta (como había ocurrido en 1995). El secretismo de la ONPE multiplicó las acusaciones de manipulación de los resultados. Los Estados Unidos exigieron públicamente que el proceso electoral continuara y que la segunda vuelta fuese “transparente y justa” (lunes 10 de abril). Los resultados finales fueron recién anunciados tres días después de las elecciones por José Portillo, jefe de la ONPE (miércoles 12 de abril): oficialmente Fujimori y Toledo pasaban a segunda vuelta.

El padrón oficial para las elecciones del año 2000 registró a 14’567,467 electores. En la primera vuelta la abstención llegó a 2’501,239 votantes (17.17% del padrón). Los votos nulos sumaron 708,617 (4.86%) y los votos blancos fueron 271,742 (1.86%). Por tanto, los votos válidos fueron 11’085,870 (76.10% del padrón). La alianza fujimorista ‘Perú 2000’ obtuvo oficialmente 5’528,568 votos (49.87% votos válidos); el mayor respaldo se obtuvo en Lima y en el norte del país. El partido ‘Perú Posible’ registró 4’460,895 votos (40.23% votos válidos); su mayor votación la consiguió en el sur del Perú, particularmente en Arequipa, Cusco y Puno, así como en el Oriente, sobre todo en Loreto.

La alianza oficialista obtuvo 52 de los 120 escaños del Congreso, no alcanzando mayoría (como sí la había obtenido en 1995). Por eso Montesinos se dedicó, literalmente, a comprar a una docena de congresistas elegidos por los partidos de oposición. Uno de ellos fue Luis Alberto Kouri Bumachar, cuyo “vladi-video” en la salita del SIN, del 5 de mayo, fue presentado a todo el país poco más de cuatro meses después, el jueves 14 de setiembre, precipitando con ello la crisis final del régimen fuji-montesinista.

La Segunda Vuelta del año 2000:

La campaña para la segunda vuelta comenzó después de Semana Santa. La MOE-OEA presentó un informe sobre la primera vuelta, evitando utilizar el término “fraude”, aunque señalando “irregularidades” y “anomalías” (11 de mayo). Al día siguiente, la ONPE anunció el cambio del programa informático usado en la primera vuelta por uno nuevo (12 de mayo). La MOE-OEA pidió postergar la fecha de la votación, para poder verificar el nuevo sistema de cómputo (18 de mayo).

El candidato Toledo, que había continuado en campaña mientras insistía en denunciar un fraude electoral en marcha, decidió renunciar a participar en la segunda vuelta (18/19 de mayo). Pidió a sus electores abstenerse de votar, aunque días después llamó a votar en blanco. Como en el caso del dictador civil Augusto B. Leguía (durante el “Oncenio”, 1919-1930), en las elecciones de 1924 y 1929, o del dictador militar Manuel A. Odría (durante el “Ochenio”, 1948-1956), en la elección de 1950, Fujimori era ahora el candidato único. Ya no podía perder.

La asociación civil ‘Transparencia’ anunció que: “al no existir condiciones técnicas mínimas para llevar a cabo una competencia libre y limpia, se abstendrá de observar las elecciones” (23 de mayo). El pedido de postergación hecho por la MOE-OEA fue rechazado por el JNE (25 de mayo). La misión de la OEA anunció su retiro del país. Su presidente, Eduardo Stein, consignó en su informe final las preferencias pro-fujimoristas de los canales de televisión (especialmente ‘América’ y ‘Latina’) y las limitaciones impuestas para revisar el sistema de cómputo electoral, concluyendo que: “De acuerdo a los estándares internacionales, el proceso electoral peruano está lejos de [poder] ser considerado como libre y justo”.

En la segunda vuelta, el domingo 28 de mayo, votaron 11’800,310 personas (81% del padrón) y la abstención fue de 2’767,157 (19%). Los votos blancos fueron solo 140,773 (0.96%), pero los votos viciados alcanzaron los 3’531,637 (24.24% del padrón, 29.93% de los votos emitidos, el porcentaje más alto de rechazo electoral registrado en todo el siglo XX). Los votos válidos fueron 8’127,900 (55.79% del padrón, 68.88% de los votos emitidos).


Pese a que había renunciado a su candidatura, Toledo obtuvo el apoyo de 2’086,215 ciudadanos (14.32% del padrón, 17.68% de los votos emitidos, 25,67% de los votos válidos). Fujimori, candidato único, obtuvo oficialmente 6’041,685 votos (41.47% del padrón, 51.20% de los votos emitidos, 74.33% de los votos válidos). Sumó 513,117 votos más que en la primera vuelta. Pero fue una victoria pírrica, pues su legitimidad era ampliamente cuestionada dentro y fuera del país.

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Preguntada repetidas veces por el periodismo si respetará los resultados de la votación del domingo 7 de junio, Keiko Fujimori ha declarado un par de días antes de la elección: “Seré absolutamente respetuosa de la voluntad popular (…) Estamos tomando las medidas para tener personeros en todas las mesas del país e invocamos a los observadores para que estén atentos, pero por supuesto que vamos a respetar, como siempre lo hemos hecho, la voluntad popular”.

¿Cómo siempre lo han hecho? Ojalá que en esta cuarta oportunidad, de ser nuevamente derrotada, la candidata del fujimorismo no se desdiga y vuelva después a someter al país entero a una infundada campaña de “fraude en mesa”, como en el año 2021. Ni entonces, ni ahora, los observadores internacionales respaldarán sus truculentos e injustificables reclamos. ¡Basta ya!

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Referencias:

 Narda Saavedra, “Keiko Fujimori se aferra a narrativa del fraude a días de la segunda vuelta”, ‘La República’, Lima, 1 de junio de 2026.

<https://larepublica.pe/politica/2026/06/01/keiko-fujimori-se-aferra-a-narrativa-del-fraude-a-dias-de-la-segunda-vuelta-hnews-22166>

 Narda Saavedra, “Keiko Fujimori asegura que respetará los resultados de la segunda vuelta: «Siempre lo hemos hecho»”, ‘La República’, Lima, 5 de junio de 2026.

<https://larepublica.pe/politica/2026/06/05/keiko-fujimori-asegura-que-respetara-los-resultados-de-la-segunda-vuelta-siempre-lo-hemos-hecho-hnews-180240>

 “Historia de una traición”, ‘Oiga’, V etapa, no. 647, Lima, 12 de julio de 1993, pp.20-35; “El poder en la sombra”, ‘Oiga’, V etapa, no. 648, Lima, 19 de julio de 1993, pp.30-35.

<https://web.archive.org/web/20331210002149/https://www.scribd.com/embeds/310286817/content>

 Yusuke Murakami, ‘El Perú en la Era del Chino: La política institucionalizada y el pueblo en busca de un salvador’ [2007], 2da ed. revisada (Lima: IEP, 2012).

<https://www.academia.edu/12038884/262209236_Peru_en_La_Era_Del_Chino_Murakami_Yusuke?rhid=40486705465&swp=rr-rw-wc-71482801&nav_from=0a28d07c-7cb4-4295-8b52-17275859494e>

 Jacqueline Fowks, ‘Chichapolitik: La prensa con Fujimori en las elecciones generales 2000 en el Perú’ [2000], 2da ed. (Lima: Fundación Ebert, SER, 2015).

<https://www.academia.edu/43671980/Chichapolitik_La_prensa_con_Fujimori_en_las_elecciones_generales_2000_en_el_Per%C3%BA>

 José Alejandro Godoy, El último dictador: Vida y gobierno de Alberto Fujimori (Lima: Planeta, 2021).

 = = =

DOS MILLONES

 


viernes, 5 de junio de 2026

PROCESO ELECCIONARIO EN EL PERU. ENFOQUES DE COYUNTURA POLITICA

DECIRLE NO A UNA MAFIA

César Hildebrandt

En HILDEBRANDT EN SUS TRECE Nº 785 6JUN

H

e escuchado a Yehude Simón, que alguna vez alentó al MRTA desde la más absoluta irresponsabilidad, hablar de que los nuevos tiempos demandan olvidos y perdones. Era un mensaje que incitaba a votar por Fuerza Popular en nombre del sosiego y la aper­tura de miras. Y lo lanzaba en RPP, que es desde hace décadas la emisora oficial del fujimorismo.

El gran problema es que no hay cómo reconciliamos con quienes no quieren al frente iguales sino súbditos, mandados, vasallos de planilla. Hay una superioridad delirante en los mensajes de la secta que lidera la señora que dijo en Harvard que no sería como su padre y que ahora lo pinta como el héroe a seguir: nosotros haremos lo que otros no pueden, obtendremos lo que los demás ni imaginaron, triunfaremos donde todos los demás fracasaron.

Pero lo cierto es que Fujimori arregló la economía con los mismos ajustes que el FMI había exigido a otros países y que él había jurado que no aplicaría jamás. Las izquierdas lo apoyaron por eso y fueron recompensadas con la traición. El señor Fujimori impuso la reforma neoliberal sin anestesia, entronizó la informalidad y el sálvese quien pueda y malbarateó las empresas públicas. Después gobernó para los empresarios. Y en cuanto al terrorismo, la captura de Guzmán fue obra de una policía que llevaba trabajando desde marzo de 1990 y se logró tras un seguimiento silencioso hecho a espaldas de Montesinos y Fujimori.

Encaminar la economía significó la entronización de un modelo económico que empequeñeció al trabajador y lo lanzó al autoempleo. El comienzo del fin del terrorismo le permitió al patriarca crear una autocracia basada en el éxito de la pacificación, un régimen que devoró al país entero, malogró sus instituciones, abolió la separación de po­deres y creó un clientelismo mísero que votaba agradecido por obras que el Estado debía haber hecho décadas atrás.

Es muy difícil dialogar con quienes creen que les debes la vida, el país, tu futuro. Y cuando crees que los fujimoristas han cambiado un poco, que un aspecto de la decencia los ha tentado, que una luz los rozó, entonces los escuchas y te das cuenta: son iguales o peores que sus predecesores, que ya eran horrendos.

Miki Torres, por ejemplo, es hijo del abogado servil que inventó eso de “la interpretación auténtica” para que Fujimori postulara a la ilegítima re-reelección del año 2000. Pero Carlos Torres y Torres Lara, siendo patético, no habría llevado docenas de rollos de papel higiénico a la Keiko Fujimori encarcelada. Miki superó a su apá y ahora, después de sus dichos sobre la conjura que terminó con el gobierno de Castillo, debe tener una relación especialmente intensa con el papel íntimo.

Alberto Fujimori tenía una poderosa inclinación por la vileza, pero no habría traicionado a sus hermanas Juana y Rosa cuando se supo, gracias a Susana Higuchi, que ambas robaban donaciones llegadas del Japón. Fujimori las defendió tribalmente, del mismo modo que lo habría hecho si alguno de sus hijos hubiese requerido su auxilio. Keiko Fujimori ha ido mucho más allá, como es notorio, y ha demostrado tener la sensibilidad moral de una katana.

He intentado explicarme al fujimorismo muchas veces y he llegado a esta seguramente poco novedosa conclusión. Terminando el siglo XX, el Perú sufrió dos experiencias apocalípticas: la salvaje guerrilla de Sendero, emanación de esa izquierda idiota que terminaría apoyando a Fujimori, y la megainflación devastadora del aprismo ladrón del 85 al 90. El Perú, entre las torres derribadas y los coches bomba y la experiencia de un dinero que nada valía, fue la República de Weimar andina. Y así como la República de Weimar incubó el nazismo, el Perú azotado de los 90 estuvo listo para un experimento extremo. Eso fue el fujimorismo, que propuso purgas y venenos, extirpaciones y mutilaciones, regímenes de excepción para un país hecho pedazos. Admitámoslo: algunas medidas radicales surgieron de las condiciones en que nos hallábamos, del drama que vivíamos. Por eso fueron aplaudidas y recibidas con esperanza.

La desgracia es que cuando dejamos el abismo, Fujimori decidió que la concentración de poder que había solicitado para enfrentar la crisis debía continuar. Y no sólo prosiguió, sino que se acentuó. Lo que estaba destinado a salvar al paciente moribundo se convirtió en tratamiento crónico. Y fue así que llegamos a la prensa comprada, al poder judicial esclavizado, a la Fiscalía manejada como banda armada, al Congreso como mesa de partes, a los militares como jefes de compras pestilentes, al Tribunal Constitucional amordazado. Así fue como llegarnos a la salita del SIN, a los hijos de Fujimori estudiando con dinero negro salido del presupuesto, a la prensa chicha y a la televisión de Laura Bozzo.

El fujimorismo nació para la crisis. Por eso creó esta, que nos roe desde el 2016. Por eso vuelve a proponer jueces sin rostro, militares armados en las calles, presos que tengan que ganarse la comida, criminalización de la protesta. Es la vieja fórmula del fascismo: la democracia que yo hice inservible con mis leyes procrimen y la concentración del poder debe ser abolida porque ya no sirve. Es la canallada tautológica.

Por todo esto, no votar por Keiko Fujimori será este domingo un gesto de dignidad. Los peruanos hemos cometido muchos errores a lo largo de nuestra historia, pero premiar con la presidencia a la hija del hombre que vomitó sobre el honor de este país es demasiado. Y abrirle la puerta de Palacio a la señora que ya controla el Congreso, la Junta Nacional de Justicia, el Tribunal Constitucional, la Fiscalía de la Nación y la Defensoría del Pueblo sería un suicidio multitudinario. El fujimorismo se convirtió en mafia con el dinero del presupuesto general de la república. Decirle NO a una mafia que quiere doblegamos otra vez es puro instinto de sobrevivencia. <+>

jueves, 4 de junio de 2026

PROCESO ELECCIONARIO EN EL PERU: ENFOQUES ANALITICOS DE COYUNTURA

 7 DE JUNIO:

EL DEBER NO TIENE PRECIO

Por: Jorge Luis Choque

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ada 7 de junio, el aparato oficial del Estado se viste de gala. Políticos con procesos abiertos por corrupción, autoridades cuestionadas y altos mandos militares se acomodan los fajines y las medallas ante las cámaras. Con el rostro impostado, recitan discursos solemnes frente al monumento de Francisco Bolognesi. Sin embargo, detrás de la fanfarria y el protocolo, se esconde la manifestación más pura de lo que la academia y la Real Academia Española definen como patrioterismo: un alarde vacío, superficial y una exaltación superflua que oculta una absoluta falta de compromiso real con el país.

Como bien advertía el filósofo Voltaire: “Todos los sobornos se amparan en la patria”. En el Perú contemporáneo, los mismos sectores que debilitan las instituciones y saquean las arcas públicas utilizan los símbolos patrios como un escudo de impunidad. Se envuelven en la bandera no por amor al suelo, sino, en palabras del columnista Carlos Gómez Gil, como un “patriotismo de pacotilla” que sirve para criminalizar al que piensa distinto, crispar a la sociedad y convertir la identidad nacional en un campo de batalla.

Para comprender la hipocresía de la clase dirigente actual, es imperativo mirar hacia el pasado. En mayo de 1880, la guarnición peruana en Arica se encontraba en un estado de abandono absoluto: hombres mal alimentados y con escasas municiones. No fue una fatalidad del destino, sino el resultado de un cálculo político nefasto.

Tras dar un golpe de Estado a finales de 1879, el dictador Nicolás de Piérola priorizó sus recelos partidarios por encima de la defensa nacional. Los historiadores Rubén Vargas Ugarte y Mariano Felipe Paz Soldán coinciden en señalar que Piérola dejó intencionalmente en el abandono al Ejército del Sur, considerándolo un enemigo político leal al depuesto presidente Mariano Ignacio Prado. Impensable para el dictador enviar ayuda; prefirió, como señala la crónica histórica, dejarlos morir a manos del ejército rival.

El desgarrador telegrama enviado por el coronel resuena hoy como un grito atrapado en el tiempo: “Apure, Leiva. Todavía es posible hacer mayor estrago en enemigo victorioso. Arica no se rinde y resistirá hasta el sacrificio”. Pero los 3,000 hombres del coronel Segundo Leiva jamás llegó. La orden venía de Palacio de Gobierno (Piérola). Se envió a Bolognesi y a sus hombres a la muerte con engaños y con una gran ceremonia popular desde el Callao, un desfile pomposo que solo sirvió para maquillar la negligencia de los gobernantes.

El propio Bolognesi plasmó esta indignación en la célebre carta a su esposa el 22 de mayo de 1880, donde desnudó con estremecedora actualidad la miseria de la élite de la época. En ella, desnudó la miseria de la élite de la época con una claridad que estremece por su actualidad: “Dios va a decidir este drama en que los políticos que fugaron y los que asaltaron el poder tienen la misma responsabilidad, unos y otros han dictado con su incapaz conducta, la sentencia que nos aplicará el enemigo”.

Bolognesi no solo enfrentaba las armas del adversario; enfrentaba la corrupción y la deserción moral de su propia dirigencia. Su decisión de cumplir sus “deberes sagrados... hasta quemar el último cartucho” fue una lección de dignidad frente a la podredumbre alta y oficial. Su grandeza se sella con un mandato ético inalcanzable para los políticos de hoy: “Nunca reclames nada para que no crean que mi deber tuvo precio”.

Frente a la farsa, emerge el patriotismo genuino. Maurizio Viroli lo define como aquel que “combate la tiranía, el despótico, la opresión y la corrupción”, basándose en la solidaridad social y el sentido de pertenencia. Ese afecto real no está en los discursos del Congreso, sino en la resistencia diaria de los humildes pobladores, trabajadores independientes y emprendedores que sacan adelante al país con honestidad.

Las madres de las ollas comunes, los agricultores, los microempresarios y quienes madrugan en el transporte público encarnan hoy el espíritu del Morro de Arica. Ellos sostienen la nación a pesar de sufrir un abandono sistémico en salud, seguridad y educación que guarda un paralelismo trágico con la guarnición de 1880. El ciudadano de a pie es el Bolognesi moderno, resistiendo con escasos recursos en su propio peñasco cotidiano.

Como escribió Jorge Luis Borges: “Nadie es patria porque lo somos todos”. La patria no le pertenece a una cúpula que la saquea de lunes a sábado y le rinde homenajes hipócritas los domingos; es el esfuerzo de su gente honrada. El mejor homenaje a Bolognesi no es recitar su frase de memoria, sino ejercer una ciudadanía con la honestidad intransigente de quien sabe que la dignidad no tiene precio. <+>