ELECCIONES 2026:
LA VENGANZA DEL CÓNDOR
«Este
fenómeno se volvió a manifestar subjetivamente como una vindicación de
importantes sectores ciudadanos en las elecciones de primera vuelta»
Por Nicolás Lynch
En: https://elbuho.pe/2026/05/ 10
mayo, 2026
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el título de un cuento de Ventura García Calderón, escritor de estirpe
oligárquica y cercano a la generación “futurista” de la primera mitad del siglo
XX. Esa narración expresa, desde la distancia aristocrática del autor, lo que
no ha encontrado todavía un cauce ni menos una solución en el Perú de nuestros
días. Este fenómeno se volvió a manifestar subjetivamente como una vindicación
de importantes sectores ciudadanos en las elecciones de primera vuelta, frente
a lo que ya sucedió entre 2021 y 2023 y que amenaza con continuar repitiéndose en
los próximos tiempos si la ceguera de las élites continúa.
El
pase a segunda vuelta de Keiko Fujimori con algo más del 17% de la votación y
de Roberto Sánchez, rozando por encima del 12%, no eran, definitivamente, los
resultados esperados al principio de la campaña electoral. La sorpresa la ha
dado Sánchez, recogiendo la indignación popular que se levantó luego de la
caída de Pedro Castillo en diciembre de 2022. La furia que se manifestó en esas
doce semanas de movilización entre diciembre de 2022 y marzo de 2023, y fue
saldada con 49 muertos producto directamente de la represión de las fuerzas
armadas y policiales y 60 en total, si contamos los fallecidos indirectamente.
Una represión que se ensañó en el espinazo andino del Perú, especialmente en el
sur, hogar de los pueblos quechua y aymara, tradicionalmente rebeldes frente al
poder central. Todo esto con el agravante de la impunidad.
A
tres años de los hechos no conocemos culpables ni tampoco el detalle de las
diligencias que el Ministerio Público y el Poder Judicial hayan realizado para
esclarecer los hechos.
Los
peruanos observamos en esos sucesos que nuevamente, volvía a gobernar la
extrema derecha neoliberal que había perdido las elecciones del 2021.
Sin
embargo, estos muertos han ganado después de muertos, con el aluvión electoral
que se manifiesta en los resultados de la primera vuelta. Digo aluvión, porque
la representación política ha encontrado ya otros cauces en el Perú, mucho
menos predecibles que los de antaño. Ya no existen partidos con referentes
políticos y/o sociales claros, a los que los dirigentes puedan orientar.
Existen más bien audiencias que se guían por señales de distinto tipo. Y se
pasan la voz para votar por el candidato que les parezca más favorable a sus
intereses en cada coyuntura.
El
avance de Roberto Sánchez y Juntos por el Perú se debe, en este caso, a que
supo recoger cuánto había calado en el sentimiento popular la indignación por
el maltrato a Pedro Castillo. Yo mismo, menosprecié este sentimiento y no creí
que fuera tan relevante en el momento de la votación. Por la importancia, vale
la pena una brevísima recapitulación. Castillo intentó un golpe de Estado luego
de que la extrema derecha, durante año y medio, le impidió cotidianamente
gobernar. Su impericia lo llevó al golpe, pero la respuesta fue brutal, tanto
por la falta de respeto a sus fueros como Presidente de la República como por
la represión posterior que no trepidó en el uso de la violencia estatal como
violencia criminal, para terminar con la movilización.
Nuestra derecha, como extrema derecha, no parece haber aprendido nada. En estas semanas, entre primera y segunda vuelta, echa mano de la gastada retórica del fraude para agitar las aguas y deslegitimar la elección. En otras palabras, nada que no la favorezca puede ser verdad. Ningún organismo, nacional ni internacional, le ha dado la razón. Pero ha conseguido una victoria parcial con la renuncia del jefe de la ONPE Piero Corvetto. Sin embargo, parece continuar por este camino, hasta algún despistado por allí ha llamado a un “golpe democrático”. Una contradicción en los términos, pero para esta extrema derecha, que se caracteriza por renegar del gobierno de la ley qué importa.
Nos
acercamos a la segunda vuelta en un mar de incertidumbre. No tanto por los
números que parecen claros, sin por la actitud de los que niegan los
resultados. Existe la amenaza, no sólo de un fraude en la segunda vuelta, por
esa eterna perdedora que es Keiko Fujimori –sería la cuarta vez que pierde en
una segunda vuelta– sino también de un giro autoritario que puede tomar
diversas formas. Desde un golpe militar tradicional hasta un gobierno cívico
militar fabricado por una ONPE recompuesta.
Así,
¿cuál debería ser la actitud de Roberto Sánchez para detener los intentos de
golpe y/o fraude desde la derecha y ganar en segunda vuelta? Algunos señalan
que debería aliarse con todos los candidatos que sean o se parezcan al centro.
Otros que debe reafirmarse en su base indignada para convertirla en mayoría
nacional. La verdad es que a estas alturas es difícil ubicar y saber ¿qué es el
centro político? ¿qué plantea frente al descalabro actual?
Me
parece que debe partir de una lealtad a su base indignada con la mentira y la
corrupción que caracterizan a la política peruana. Y combinar esto con un
llamado al centro. Aunque sea imaginario, para convocar a un gobierno de
mayorías sobre la base de un programa amplio, pero que insista en la necesidad
del cambio y no de la continuidad en el Perú. Un cambio hacia una mayor
justicia que brinde bienestar. Y recoja la tan vapuleada bandera de la
soberanía nacional, sin F16 ni privatización de Petroperú de por medio. Lo
contrario sería suicida, así gane o pierda en la segunda vuelta.
Nicolás Javier Lynch Gamero es sociólogo, investigador,
escritor, columnista, diplomático y político. Es docente universitario
principal en San Marcos. Fue embajador del Perú en Argentina desde el año 2011
hasta el 2012 durante el gobierno de Ollanta Humala y ministro de Educación en
el gobierno de Alejandro Toledo.

















