LA DECADENCIA DEL DEPREDADOR
Escribe: Milcíades Ruiz
l pueblo trabaja sin estar informado de que, en el
mundo, suceden hechos que lo involucra, pero se le oculta. Lo cierto es que, el
poderío de EE UU, el peor enemigo de los pueblos latinoamericanos, cuyos abusos
son repudiados, viene decayendo sostenidamente. Según sus propias estimaciones,
en la primera mitad de 2025, la pérdida de valor del dólar, fue del 11%, la
mayor en más de 50 años, desde 1973 y, se espera que, para fines del 2026,
podría depreciarse un 10% adicional. ¿Qué tiene que ver esto, con nosotros?

Tiene
mucho que ver. Desde 1944, somos prisioneros del dólar. Tras la derrota de
Hitler que desató la segunda guerra mundial, la economía europea quedó
destrozada. Esto no sucedió con EE UU ya que la guerra no llegó a su territorio
y sacó provecho de esa ventaja. Sus fábricas, instalaciones viales y población,
no fueron bombardeadas ni sus tesoros saqueados. Vendió aviones, buques,
tanques, alimentos etc. a los países europeos en guerra, haciendo un gran
negocio. Pero los europeos quedaron endeudados extremadamente y sin capacidad
de pago.
EE
UU reunió a los países deudores en el balneario de Bretton Woods (Nueva York),
condicionando el problema de la deuda bajo sus intereses. Uno de los
principales enganches fue imponer a los 44 países representados, la obligación
de adoptar el dólar como divisa internacional y moneda comercial para todos los
negocios internacionales. Esta medida se extendió a todos los países del mundo.
Es allí que, empieza a funcionar la vampirezca succión de riqueza extraída a todos
los países en beneficio de EE UU y nos convirtió en esclavos del dólar.
Fue
así como se creó la necesidad mundial de comprar dólares para cubrir fondos
estatales y obtener toda clase de mercadería importada, transporte
internacional, estudios en el extranjero, etc. etc. La mayor demanda del dólar
hizo elevar automáticamente su valor, generando riqueza para EE UU. A mayor
demanda su precio sube y tenemos que poner más monedas nuestras, dando mayor
valor agregado al dólar y devaluando nuestra moneda. Si esto lo hace toda la
población mundial, es de imaginar la inmensa riqueza que EE UU viene captando
por más de 80 años.
Todo
el pan que comemos es de trigo importado comprado con dólares, como todos los
fideos, galletas y demás harinas procesadas. Todos los insumos para la crianza
de pollos, para fertilizar cultivos, para combustible de motores, vehículos, y
más de mil tipos de mercancía extranjera, tenemos que adquirirlos comprando
dólares, de manera directa e indirecta. Así, nuestra moneda se ha venido devaluando
constantemente por el sobreprecio del dólar. Hasta hemos tenido que cambiar
nuestra moneda por pérdida de valor, como sucedió en el gobierno de Alan
García, en que pagábamos los pasajes de bus con varios billetes y los ahorros
quedaron sin valor.
Pero
esta prisión ha empezado a derrumbarse. Algunos países, ya no están negociando
con dólares, sino con monedas propias y los bancos centrales desconfiando del
dólar, prefieren guardar sus reservas en oro y otras monedas. EE UU viene
utilizando aranceles como medida de extorsión política contra países que no se
sometan a sus mandatos, aumentando mayores impuestos a las ventas extranjeras
en su mercado y así, captar fondos. Pero con ello, agrava la situación, porque
disminuye el abastecimiento encareciendo la vida interna y, reduciendo el
movimiento económico, con lo cual, el dólar pierde valor.

En
sus perspectivas de la economía mundial, el FMI, publicado en enero 2026,
estimó que el mundo seguirá estancado en su crecimiento económico por tercer
año consecutivo (3%). El crecimiento de EEUU, en el 2024 fue solo del 1,8 y, en
el 2025 bajó a 1,7. A menor crecimiento, mundial y norteamericano, menor es la
circulación monetaria, el dólar se debilita y EE UU deja de percibir valor
agregado, por tipo de cambio desfavorable.
La
participación del dólar en las reservas de los bancos centrales ha disminuido
notablemente en los últimos 20 años. Así, mientras que en 2001 la moneda
estadounidense representaba el 72,7 % de las reservas mundiales, en 2025 este
porcentaje cayó al 56,3 %. La depreciación del dólar impactará en los
consumidores estadounidenses, empresas, inversores y, en toda la economía
yanqui. Por ejemplo. será más caro para ellos, viajar al extranjero.
La
creciente preocupación por el crecimiento, la inflación y la deuda pública
también impactará negativamente al dólar. La persecución de migrantes debilita
el mercado laboral, encareciendo costos. La política arancelaria del presidente
Trump está provocando que los inversores abandonen masivamente los activos estadounidenses,
lo que está provocando una caída del valor de los bonos, las acciones y la
propia moneda.
Hay
preocupación entre los más adinerados que tienen sus fortunas en dólares. Cada
caída del dólar hace disminuir sus fondos. Esta semana, el multimillonario Ray
Dalio, del fondo de cobertura (hedge fund) más grande del
mundo, aseveró que el sistema monetario de EE.UU. se encuentra próximo al
colapso e instó a tomarse en serio las posibilidades de una guerra civil en el
país. Dijo que tanto los bancos centrales, como los fondos soberanos están
recurriendo al oro como refugio ante este peligro y que, los conflictos
comerciales en el mundo están generando "guerras de capital".
Por
la desconfianza en la economía yanqui, los tenedores de bonos del Tesoro de EE.UU.
buscan deshacerse de estos. China que era el mayor tenedor mundial, ya se
deshizo hasta casi a la mitad de los mismos, bajando a 683.000 millones de
dólares en noviembre pasado, el nivel más bajo desde 2008. Igual están haciendo
otros acreedores de la deuda estadounidense.
En
el Perú, la devaluación del dólar también es evidente.
Por
último, la depreciación del dólar hace bajar la rentabilidad de las
exportaciones y el fisco recauda menores montos para el presupuesto nacional.
Pero también, el dólar barato favorece las importaciones y la mayor
rentabilidad de los grupos de poder importadores, como el grupo Romero a través
de su empresa corporativa ALICORP. Los menores costos no se reflejan en el
precio de los derivados del trigo, aceite comestible y una serie de productos
fabricados con insumos importados que siguen costando igual.
De
esto, nada dicen las empresas periodísticas que, son sufragadas por las
empresas de los grupos de poder. La leche evaporada y otros productos lácteos,
procesados fraudulentamente con leche en polvo importada, sigue costando igual.
El grupo Gloria financia a las empresas periodísticas con avisaje y, lo mismo
hace el grupo Romero, el mayor importador de trigo, soya y otros insumos. Sería
largo enumerar los casos.
Es
que la prensa maneja la opinión pública. Pero la prensa está en manos de
empresas internacionales y nacionales que, lucran con este negocio, sin
importar la moralidad. Reciben de sus auspiciadores, pagos para ocultar la
verdad, para tergiversar las noticias y manejan el negocio siguiendo métodos
neurológicos con los que inducen conductas masivas de acuerdo a su
conveniencia. De este modo, generan miedo, entusiasmo, rechazos, conformidad,
etc. Los resultados electorales dependen de este manejo mediático.
Pero
el mundo está cambiando y la tendencia es que la hegemonía de EE UU va llegando
a su fin. Un nuevo orden mundial se está gestando y el monopolio monetario del
dólar será insostenible. Por más que EE UU recurra a la fuerza y a sus
amenazas, el proceso histórico es irreversible. El país, no puede ir contra la
corriente. La dominación internacional y nacional vigente están en contra de la
renovación. Quieren conservar el modelo de desigualdad imperante porque les
favorece. Quieren que el Perú, siga bajo el dominio de EE UU.
Sería
bueno que los candidatos se pronuncien sobre esta temática, pero están en otra
onda, donde la hipocresía abunda. En esta campaña electoral, la prensa ya viene
orientando el voto popular a favor de los candidatos de los grupos dominantes.
El pueblo mayoritario está por el cambio, pero no tiene acceso al poder. Abrir
las compuertas para que ejerza su legítimo derecho de gobernar es nuestra
tarea. Salvo mejor parecer. <>
Febrero 10/ 2026