sábado, 6 de junio de 2026

PARA LA HISTORIA DE LA POLITICA PERUANA DE PRINCIPIOS DEL PRESENTE SIGLO

 RECORDEMOS EL FRAUDE ELECTORAL DEL FUJIMORISMO EN EL AÑO 2000

Por Nicanor Domínguez Faura

 ‘El Salmón”  5 de junio de 2026

En el debate presidencial del pasado domingo 31 de mayo, la candidata Keiko Sofía Fujimori Higuchi afirmó: “A nosotros nos preocupa de sobremanera lo que ocurrió en la primera vuelta. Hemos respaldado las denuncias de otros grupos políticos. Hemos saludado, sí, también las decisiones del Jurado Nacional de Elecciones de ampliar los horarios y ampliar la votación hasta el día siguiente”.

Evidentemente hacía referencia a las escandalosas e infundadas denuncias del candidato de ‘Renovación Popular’, Rafael López-Aliaga Cazorla, quien pretendió por casi seis semanas desconocer el resultado de la primera vuelta de las elecciones de este año 2026, pues resultó en tercer lugar y sin opción a pasar a la segunda vuelta. Esta campaña “fraudista” de López-Aliaga ha causado un serio desprestigio de los organismos electorales: la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) y el Jurado Nacional de Elecciones (JNE).

La candidata hizo también referencia a su “Campaña Defensores del Perú”, el intento de reunir 100 mil personeros de ‘Fuerza Popular’ para la segunda vuelta: “Hacemos un llamado a la población para defender el Perú y hacemos esta convocatoria para que todos los ciudadanos se inscriban como personeros no solo en Fuerza Popular, también en el otro grupo político. Los observadores internacionales serán claves porque lo que tenemos que hacer es fortalecer la democracia”.

Lo que no ha mencionado ella es que --tanto en la primera vuelta de este año 2026 con López-Aliaga, como en la segunda vuelta del año 2021, cuando el fujimorismo intentó desconocer su derrota electoral con la campaña del supuesto “fraude en mesa”-- todos los observadores internacionales han coincidido en rechazar el “fraudismo” de la derrotada y revanchista derecha peruana, respaldando la labor de los organismos electorales. Recordemos que no ocurrió lo mismo hace un cuarto de siglo, cuando los observadores internacionales concluyeron que las elecciones del año 2000 en el Perú habían sido extremadamente irregulares. Y, para la mayoría de los peruanos de entonces, abiertamente fraudulentas.

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La idea de perpetuarse en el poder mediante sucesivas elecciones y llevar adelante una “democracia dirigida” por una coalición cívico-militar se expresó hace casi 40 años en el llamado “Plan Verde”, elaborado en los años 1988-1989, al final del caótico primer gobierno de Alan García Pérez (1985-1990). Las Fuerzas Armadas, jaqueadas por el avance de los movimientos subversivos (‘Sendero Luminoso’, MRTA) y afectadas como todo el país por la hiperinflación de los años 1988-1990, encargaron a un “grupo de trabajo”, con la participación de tecnócratas civiles anti-Apristas, elaborar un “Plan de Gobierno”. Inspirados en el ejemplo chileno de la dictadura de Pinochet (1973-1990), era una apuesta por incrementar la represión y por promover el neoliberalismo económico: “para llevar al país al siglo XXI” y “alcanzar un nivel de país desarrollado”.      

En 1990 el “asesor” del electo presidente Alberto Kenya Fujimori Fujimori, el ex-capitán expulsado del Ejército y abogado de narcotraficantes, Vladimiro Lenin Montesinos Torres, recibió copia del “Plan Verde” y lo utilizó después como guía en el “fuji-golpe” del 5 de abril de 1992. Desde el Servicio de Inteligencia Nacional (SIN), el “asesor” Montesinos no solo buscó corromper y controlar a los mandos militares, sino penetrar las instituciones judiciales y electorales, para mantenerse indefinidamente en el poder. Sin necesitar de un golpe militar abierto, el control de las elecciones podía garantizar la continuidad de este proyecto político fuji-montesinista.

La Constitución fujimorista de 1993 abrió la posibilidad prologar el régimen, pues estableció que: “El mandato presidencial es de cinco años. El presidente puede ser reelegido de inmediato para un período adicional. Transcurrido otro período constitucional como mínimo, el expresidente puede volver a postular, sujeto a las mismas condiciones” (artículo 112). En el libro del politólogo japonés Yusuke Murakami se incluye una útil cronología (pp.601-615), que permite seguir el desarrollo de las sucesivas acciones del gobierno de Fujimori, en su constante intromisión para controlar el resultado de los procesos electorales de 1995 y, especialmente, el del año 2000.

La modificación de las reglas (1996-1997):

Tras haber sido reelegido en 1995, Fujimori declaró a un medio de prensa internacional que la nueva Constitución le prohibía postular en las siguientes elecciones presidenciales, programadas para el año 2000 (16 de febrero, 1996). Pero, seis meses después, la bancada del oficialismo en el Congreso, la alianza ‘Nueva Mayoría-Cambio90’, forzó la aprobación de la “Ley de Interpretación Auténtica” sobre la reelección presidencial (20 de agosto). Se argüía que: “del artículo 112 se deduce que el período 1990 [a 1995] no se considera, al ser previo a esa Constitución, y que, por tanto, sólo hay que tomar en cuenta el que se inició en 1995, razón por la cual Alberto Fujimori puede postular de nuevo en el 2000” (Ley 26657, 23 de agosto de 1996).

La oposición denunció en el Congreso la ilegalidad de esta primera manipulación (de una posible tercera candidatura de Fujimori), y reclamó ante el Tribunal Constitucional (TC), cuyos siete miembros habían sido recientemente instalados (21 de junio, 1996). Esta instancia de control constitucional sentenció que la “Ley de Interpretación Auténtica” no era legalmente aplicable en favor del presidente que ya ejercía un segundo mandato (16 de enero, 1997). La mayoría oficialista en el Congreso votó por destituir a los tres miembros del TC --Manuel Aguirre Roca, Guillermo Rey Terry y Delia Revoredo Marsano-- que habían apoyado la sentencia de inaplicabilidad de la Ley 26657 a Fujimori (28 de mayo). El presidente del TC, Ricardo Nugent López-Chávez, renunció a la presidencia en solidaridad con sus colegas (29 de mayo). Por tres años y medio, desde mayo de 1997 hasta noviembre del 2000, el Perú no tuvo un Tribunal Constitucional autónomo y plenamente en funciones que pudiera regular los excesos legislativos del Congreso.

El bloqueo del referéndum (1996-1998):

El ‘Foro Democrático’ fue creado como respuesta de la sociedad civil al “fuji-golpe” del 5 de abril de 1992, buscando promover acciones ciudadanas que confrontaran el autoritarismo del gobierno y permitieran volver a un sistema político representativo de base democrática. Así, al mes siguiente de la promulgación de la “Ley de Interpretación Auténtica”, iniciaron una campaña de recolección de firmas para oponerse a la re-reelección de Fujimori (setiembre 1996). El objetivo era utilizar una innovación de la Constitución de 1993, el referéndum o consulta popular (que ya había sido utilizado para la aprobación de la propia Constitución en octubre de 1993).

Para bloquear esta iniciativa, el Congreso promulgó la Ley 26592 (la “Ley Marcenaro”), que aumentaba el número de firmas requeridas para convocar un referéndum: 10 por ciento de la población electoral (octubre 1996). En ese momento, el nuevo porcentaje equivalía a 1’200,000 firmas. El ‘Foro Democrático’ trabajó por casi dos años en la recolección de 1’441,000 firmas, que fueron presentadas el Jurado Nacional de Elecciones el 16 de julio de 1998. Al mes siguiente, el JNE dictaminó que, para realizar el referéndum sobre la tercera postulación de Fujimori, se necesitaba el apoyo en el Congreso de al menos 48 congresistas (20 de agosto). Una semana después, la mayoría oficialista votó en contra, rechazando la propuesta (27 de agosto).

Además de la supresión de la consulta popular promovida por el ‘Foro Democrático’, otros dos hechos importantes ocurrieron en la segunda mitad del año 1998. El “triunvirato” en el poder desde el “fuji-golpe” de 1992, conformado por Fujimori, Montesinos y por el jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas y Comandante General del Ejército, general Nicolás Hermoza Ríos, llegó a su fin tras más de seis años de cogobierno. Hermoza fue destituido (agosto 1998), “con lo que Montesinos llegó a completar el control sobre la cúpula militar” (Murakami p.497). Los dos últimos años del régimen fueron plenamente fuji-montesinistas.

El segundo hecho importante fue la realización de las elecciones municipales (11 octubre). En ellas el gobierno promovió a una nueva agrupación pro-fujimorista, ‘Vamos Vecino’, organizada por el ingeniero agrónomo cajamarquino Absalón Vásquez Villanueva. Aunque el candidato a la alcaldía de Lima, Juan Carlos Hurtado Miller, perdió (32.7%) y el entonces alcalde Alberto Andrade fue reelegido (58.8%), ‘Vamos Vecino’ ganó en 76 de 194 provincias a nivel nacional (39%), y en 597 de los 1622 distritos del país (36.8%). Esto convenció a Fujimori de la utilidad y eficiencia de Vásquez como operador político para las elecciones venideras.

Debe anotarse aquí también que el contexto de la re-reelección de Fujimori fue el del estancamiento de la economía peruana a partir de 1998, tras casi un quinquenio de espectacular crecimiento (1993-1997). Esto se debió a los efectos del fenómeno de “El Niño” (1997-1998), agudizados por las repercusiones locales de la crisis financiera rusa y asiática a nivel internacional.

El año 1999:

A lo largo de todo el año 1999 los partidos opositores intentaron conformar una candidatura presidencial unificada. El ‘Foro Democrático’ ya había propuesto realizar elecciones primarias con este fin (15 de diciembre, 1998). También se emitieron comunicados conjuntos oponiéndose a la tercera postulación de Fujimori (20 de abril, 1999), y hasta catorce agrupaciones opositoras firmaron un “Pacto de Gobernabilidad” (25 de noviembre). Sin embargo, las principales fuerzas opositoras desistieron finalmente de elegir a un candidato único (5 de enero, 2000).

El gobierno de los Estados Unidos, presidido por el político demócrata Bill Clinton (1993-2001), toleró en términos generales el autoritarismo de Fujimori. Pero a finales del año 1999, tanto la Cámara de Diputados (4 de octubre), como la de Senadores (3 de noviembre), del Congreso norteamericano aprobaron sendas resoluciones expresando su “preocupación por el retroceso de la democracia en el Perú”.

A fines de noviembre de 1999 fueron convocadas oficialmente las elecciones generales para el año 2000. Un mes después, Fujimori anunció su tercera postulación a la Presidencia de la República (27 de diciembre). Entonces explicó que: “la decisión se debía a que no había encontrado ningún sucesor confiable, tanto en el oficialismo como en la oposición; y a que en la alianza oficialista, las Fuerzas Armadas y otros sectores, hubo muchas voces que reclamaban la continuidad del gobierno” (Murakami p.511).

El gobierno norteamericano expresó que sería neutral respecto de los resultados electorales del año venidero, pero exigió que el proceso “sea libre, justo y transparente” (28 de diciembre). En paralelo, la oposición presentó 18 observaciones demandando la nulidad de la candidatura fujimorista, dada su inconstitucionalidad por ser una tercera postulación consecutiva, pero el JNE desestimó el reclamo. Se hizo así evidente la parcialidad del ente electoral.

El Jurado Nacional de Elecciones aceptó oficialmente la tercera candidatura de Fujimori (30 de diciembre). Era el candidato de la ‘Alianza Perú 2000’, formada por ‘Cambio 90-Nueva Mayoría’ (en el poder desde 1995) y dos movimientos liderados por Absalón Vásquez (vinculado directamente a Montesinos): ‘Vamos Vecino’ (creado en 1998) y el novísimo ‘Frente 2000’.

La Primera Vuelta del año 2000:

Las principales candidaturas de oposición --del alcalde de Lima, Alberto Andrade Carmona, y del ex-jefe del IPSS, Luis Castañeda Lossio--, fueron sistemáticamente atacadas desde fines de 1999 por los llamados “diarios chicha” (‘El Mañanero’, ‘El Chino’, ‘El Men’, ‘La Chuchi’, ‘El Chato’, ‘Diario Más’), financiados por Montesinos desde el SIN. Cuando el candidato Alejandro Toledo Manrique empezó a subir en las encuestas, a inicios del año 2000, se convirtió en blanco de similares ataques. El análisis del accionar de esta “prensa basura” del fuji-montesinismo ha sido hecho por la periodista Jacqueline Fowks.

Pero la avasalladora campaña del oficialismo sufrió un sorpresivo revés a principios del año de las elecciones. El ‘Frente 2000’, agrupación componente de la alianza oficialista ‘Perú 2000’, había presentado el año anterior alrededor de 2’100,000 firmas para su inscripción. El diario ‘El Comercio’ denunció que se habían falsificado masivamente alrededor de un millón de firmas para esa inscripción (29 de febrero). Ante el escándalo, el ‘Frente 2000’ terminó apartándose de ‘Perú 2000’. La manipulación encubierta del gobierno en el proceso electoral se hizo visible.

Pocos días después la ‘Misión de Observación Electoral’ de la Organización de Estados Americanos (MOE-OEA), presidida por el guatemalteco Eduardo Stein, comenzó sus actividades en Lima (3 de marzo). Sus preguntas sobre el uso del padrón electoral para la falsificación de las firmas de ‘Perú 2000’, tema que el poder judicial no estaba investigando, y sobre las condiciones del sistema informático que la ONPE utilizaba, no fueron respondidas. Sin embargo, los observadores de la OEA registraron los problemas de la desigual cobertura informativa del proceso electoral (favorable al gobierno), el dudoso manejo de fondos públicos (en favor de la campaña de Fujimori), y la difusión (restringida) de la publicidad de los candidatos de la oposición.

Poco más de dos semanas antes de las elecciones, la misión de observación estadounidense (Centro Carter e Instituto Nacional Demócrata), advirtió: “El ambiente electoral en Perú se caracteriza por la polarización, la ansiedad y la incertidumbre. No se han establecido las condiciones para una campaña electoral justa. Ya se han hecho daños irreparables a la integridad del proceso electoral, pero aún se pueden y se deben hacer mejoras porque los candidatos y los partidos están compitiendo, los ciudadanos participan en el proceso y los resultados electorales no están asegurados” (24 de marzo).

El día de las elecciones generales, el domingo 9 de abril del 2000, los principales candidatos fueron Alberto Fujimori, de la alianza ‘Perú 2000’ (obtuvo oficialmente 49.87% de los votos válidos); Alejandro Toledo de ‘Perú Posible’ (40.23%); Alberto Andrade de ‘Somos Perú’ (3%); y Luis Castañeda Lossio del partido ‘Solidaridad Nacional’ (1.8%).

Las encuestas de boca de urna, después del cierre de la votación a las 4 pm, dieron la delantera a Toledo (Datum 48.5%, CPI 46.7%, Apoyo 45.2%), aunque el segundo puesto de Fujimori entraba dentro del margen de error (Apoyo 43.6%). Precipitadamente, Toledo anunció su “triunfo” en la primera vuelta, por lo que fue criticado por el gobierno y la prensa afín, así como por los observadores internacionales. Sin embargo, horas más tarde, el conteo rápido de ‘Transparencia’ dio a Fujimori 48% y a Toledo 42%. El conteo rápido de la OEA confirmó la tendencia, concluyendo que habría segunda vuelta.Sin embargo, en los días siguientes, los lentos conteos parciales de la ONPE hacían temer que Fujimori podría llegar a superar el 50% de la votación, ganando así en primera vuelta (como había ocurrido en 1995). El secretismo de la ONPE multiplicó las acusaciones de manipulación de los resultados. Los Estados Unidos exigieron públicamente que el proceso electoral continuara y que la segunda vuelta fuese “transparente y justa” (lunes 10 de abril). Los resultados finales fueron recién anunciados tres días después de las elecciones por José Portillo, jefe de la ONPE (miércoles 12 de abril): oficialmente Fujimori y Toledo pasaban a segunda vuelta.

El padrón oficial para las elecciones del año 2000 registró a 14’567,467 electores. En la primera vuelta la abstención llegó a 2’501,239 votantes (17.17% del padrón). Los votos nulos sumaron 708,617 (4.86%) y los votos blancos fueron 271,742 (1.86%). Por tanto, los votos válidos fueron 11’085,870 (76.10% del padrón). La alianza fujimorista ‘Perú 2000’ obtuvo oficialmente 5’528,568 votos (49.87% votos válidos); el mayor respaldo se obtuvo en Lima y en el norte del país. El partido ‘Perú Posible’ registró 4’460,895 votos (40.23% votos válidos); su mayor votación la consiguió en el sur del Perú, particularmente en Arequipa, Cusco y Puno, así como en el Oriente, sobre todo en Loreto.

La alianza oficialista obtuvo 52 de los 120 escaños del Congreso, no alcanzando mayoría (como sí la había obtenido en 1995). Por eso Montesinos se dedicó, literalmente, a comprar a una docena de congresistas elegidos por los partidos de oposición. Uno de ellos fue Luis Alberto Kouri Bumachar, cuyo “vladi-video” en la salita del SIN, del 5 de mayo, fue presentado a todo el país poco más de cuatro meses después, el jueves 14 de setiembre, precipitando con ello la crisis final del régimen fuji-montesinista.

La Segunda Vuelta del año 2000:

La campaña para la segunda vuelta comenzó después de Semana Santa. La MOE-OEA presentó un informe sobre la primera vuelta, evitando utilizar el término “fraude”, aunque señalando “irregularidades” y “anomalías” (11 de mayo). Al día siguiente, la ONPE anunció el cambio del programa informático usado en la primera vuelta por uno nuevo (12 de mayo). La MOE-OEA pidió postergar la fecha de la votación, para poder verificar el nuevo sistema de cómputo (18 de mayo).

El candidato Toledo, que había continuado en campaña mientras insistía en denunciar un fraude electoral en marcha, decidió renunciar a participar en la segunda vuelta (18/19 de mayo). Pidió a sus electores abstenerse de votar, aunque días después llamó a votar en blanco. Como en el caso del dictador civil Augusto B. Leguía (durante el “Oncenio”, 1919-1930), en las elecciones de 1924 y 1929, o del dictador militar Manuel A. Odría (durante el “Ochenio”, 1948-1956), en la elección de 1950, Fujimori era ahora el candidato único. Ya no podía perder.

La asociación civil ‘Transparencia’ anunció que: “al no existir condiciones técnicas mínimas para llevar a cabo una competencia libre y limpia, se abstendrá de observar las elecciones” (23 de mayo). El pedido de postergación hecho por la MOE-OEA fue rechazado por el JNE (25 de mayo). La misión de la OEA anunció su retiro del país. Su presidente, Eduardo Stein, consignó en su informe final las preferencias pro-fujimoristas de los canales de televisión (especialmente ‘América’ y ‘Latina’) y las limitaciones impuestas para revisar el sistema de cómputo electoral, concluyendo que: “De acuerdo a los estándares internacionales, el proceso electoral peruano está lejos de [poder] ser considerado como libre y justo”.

En la segunda vuelta, el domingo 28 de mayo, votaron 11’800,310 personas (81% del padrón) y la abstención fue de 2’767,157 (19%). Los votos blancos fueron solo 140,773 (0.96%), pero los votos viciados alcanzaron los 3’531,637 (24.24% del padrón, 29.93% de los votos emitidos, el porcentaje más alto de rechazo electoral registrado en todo el siglo XX). Los votos válidos fueron 8’127,900 (55.79% del padrón, 68.88% de los votos emitidos).


Pese a que había renunciado a su candidatura, Toledo obtuvo el apoyo de 2’086,215 ciudadanos (14.32% del padrón, 17.68% de los votos emitidos, 25,67% de los votos válidos). Fujimori, candidato único, obtuvo oficialmente 6’041,685 votos (41.47% del padrón, 51.20% de los votos emitidos, 74.33% de los votos válidos). Sumó 513,117 votos más que en la primera vuelta. Pero fue una victoria pírrica, pues su legitimidad era ampliamente cuestionada dentro y fuera del país.

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Preguntada repetidas veces por el periodismo si respetará los resultados de la votación del domingo 7 de junio, Keiko Fujimori ha declarado un par de días antes de la elección: “Seré absolutamente respetuosa de la voluntad popular (…) Estamos tomando las medidas para tener personeros en todas las mesas del país e invocamos a los observadores para que estén atentos, pero por supuesto que vamos a respetar, como siempre lo hemos hecho, la voluntad popular”.

¿Cómo siempre lo han hecho? Ojalá que en esta cuarta oportunidad, de ser nuevamente derrotada, la candidata del fujimorismo no se desdiga y vuelva después a someter al país entero a una infundada campaña de “fraude en mesa”, como en el año 2021. Ni entonces, ni ahora, los observadores internacionales respaldarán sus truculentos e injustificables reclamos. ¡Basta ya!

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Referencias:

 Narda Saavedra, “Keiko Fujimori se aferra a narrativa del fraude a días de la segunda vuelta”, ‘La República’, Lima, 1 de junio de 2026.

<https://larepublica.pe/politica/2026/06/01/keiko-fujimori-se-aferra-a-narrativa-del-fraude-a-dias-de-la-segunda-vuelta-hnews-22166>

 Narda Saavedra, “Keiko Fujimori asegura que respetará los resultados de la segunda vuelta: «Siempre lo hemos hecho»”, ‘La República’, Lima, 5 de junio de 2026.

<https://larepublica.pe/politica/2026/06/05/keiko-fujimori-asegura-que-respetara-los-resultados-de-la-segunda-vuelta-siempre-lo-hemos-hecho-hnews-180240>

 “Historia de una traición”, ‘Oiga’, V etapa, no. 647, Lima, 12 de julio de 1993, pp.20-35; “El poder en la sombra”, ‘Oiga’, V etapa, no. 648, Lima, 19 de julio de 1993, pp.30-35.

<https://web.archive.org/web/20331210002149/https://www.scribd.com/embeds/310286817/content>

 Yusuke Murakami, ‘El Perú en la Era del Chino: La política institucionalizada y el pueblo en busca de un salvador’ [2007], 2da ed. revisada (Lima: IEP, 2012).

<https://www.academia.edu/12038884/262209236_Peru_en_La_Era_Del_Chino_Murakami_Yusuke?rhid=40486705465&swp=rr-rw-wc-71482801&nav_from=0a28d07c-7cb4-4295-8b52-17275859494e>

 Jacqueline Fowks, ‘Chichapolitik: La prensa con Fujimori en las elecciones generales 2000 en el Perú’ [2000], 2da ed. (Lima: Fundación Ebert, SER, 2015).

<https://www.academia.edu/43671980/Chichapolitik_La_prensa_con_Fujimori_en_las_elecciones_generales_2000_en_el_Per%C3%BA>

 José Alejandro Godoy, El último dictador: Vida y gobierno de Alberto Fujimori (Lima: Planeta, 2021).

 = = =

DOS MILLONES

 


viernes, 5 de junio de 2026

PROCESO ELECCIONARIO EN EL PERU. ENFOQUES DE COYUNTURA POLITICA

DECIRLE NO A UNA MAFIA

César Hildebrandt

En HILDEBRANDT EN SUS TRECE Nº 785 6JUN

H

e escuchado a Yehude Simón, que alguna vez alentó al MRTA desde la más absoluta irresponsabilidad, hablar de que los nuevos tiempos demandan olvidos y perdones. Era un mensaje que incitaba a votar por Fuerza Popular en nombre del sosiego y la aper­tura de miras. Y lo lanzaba en RPP, que es desde hace décadas la emisora oficial del fujimorismo.

El gran problema es que no hay cómo reconciliamos con quienes no quieren al frente iguales sino súbditos, mandados, vasallos de planilla. Hay una superioridad delirante en los mensajes de la secta que lidera la señora que dijo en Harvard que no sería como su padre y que ahora lo pinta como el héroe a seguir: nosotros haremos lo que otros no pueden, obtendremos lo que los demás ni imaginaron, triunfaremos donde todos los demás fracasaron.

Pero lo cierto es que Fujimori arregló la economía con los mismos ajustes que el FMI había exigido a otros países y que él había jurado que no aplicaría jamás. Las izquierdas lo apoyaron por eso y fueron recompensadas con la traición. El señor Fujimori impuso la reforma neoliberal sin anestesia, entronizó la informalidad y el sálvese quien pueda y malbarateó las empresas públicas. Después gobernó para los empresarios. Y en cuanto al terrorismo, la captura de Guzmán fue obra de una policía que llevaba trabajando desde marzo de 1990 y se logró tras un seguimiento silencioso hecho a espaldas de Montesinos y Fujimori.

Encaminar la economía significó la entronización de un modelo económico que empequeñeció al trabajador y lo lanzó al autoempleo. El comienzo del fin del terrorismo le permitió al patriarca crear una autocracia basada en el éxito de la pacificación, un régimen que devoró al país entero, malogró sus instituciones, abolió la separación de po­deres y creó un clientelismo mísero que votaba agradecido por obras que el Estado debía haber hecho décadas atrás.

Es muy difícil dialogar con quienes creen que les debes la vida, el país, tu futuro. Y cuando crees que los fujimoristas han cambiado un poco, que un aspecto de la decencia los ha tentado, que una luz los rozó, entonces los escuchas y te das cuenta: son iguales o peores que sus predecesores, que ya eran horrendos.

Miki Torres, por ejemplo, es hijo del abogado servil que inventó eso de “la interpretación auténtica” para que Fujimori postulara a la ilegítima re-reelección del año 2000. Pero Carlos Torres y Torres Lara, siendo patético, no habría llevado docenas de rollos de papel higiénico a la Keiko Fujimori encarcelada. Miki superó a su apá y ahora, después de sus dichos sobre la conjura que terminó con el gobierno de Castillo, debe tener una relación especialmente intensa con el papel íntimo.

Alberto Fujimori tenía una poderosa inclinación por la vileza, pero no habría traicionado a sus hermanas Juana y Rosa cuando se supo, gracias a Susana Higuchi, que ambas robaban donaciones llegadas del Japón. Fujimori las defendió tribalmente, del mismo modo que lo habría hecho si alguno de sus hijos hubiese requerido su auxilio. Keiko Fujimori ha ido mucho más allá, como es notorio, y ha demostrado tener la sensibilidad moral de una katana.

He intentado explicarme al fujimorismo muchas veces y he llegado a esta seguramente poco novedosa conclusión. Terminando el siglo XX, el Perú sufrió dos experiencias apocalípticas: la salvaje guerrilla de Sendero, emanación de esa izquierda idiota que terminaría apoyando a Fujimori, y la megainflación devastadora del aprismo ladrón del 85 al 90. El Perú, entre las torres derribadas y los coches bomba y la experiencia de un dinero que nada valía, fue la República de Weimar andina. Y así como la República de Weimar incubó el nazismo, el Perú azotado de los 90 estuvo listo para un experimento extremo. Eso fue el fujimorismo, que propuso purgas y venenos, extirpaciones y mutilaciones, regímenes de excepción para un país hecho pedazos. Admitámoslo: algunas medidas radicales surgieron de las condiciones en que nos hallábamos, del drama que vivíamos. Por eso fueron aplaudidas y recibidas con esperanza.

La desgracia es que cuando dejamos el abismo, Fujimori decidió que la concentración de poder que había solicitado para enfrentar la crisis debía continuar. Y no sólo prosiguió, sino que se acentuó. Lo que estaba destinado a salvar al paciente moribundo se convirtió en tratamiento crónico. Y fue así que llegamos a la prensa comprada, al poder judicial esclavizado, a la Fiscalía manejada como banda armada, al Congreso como mesa de partes, a los militares como jefes de compras pestilentes, al Tribunal Constitucional amordazado. Así fue como llegarnos a la salita del SIN, a los hijos de Fujimori estudiando con dinero negro salido del presupuesto, a la prensa chicha y a la televisión de Laura Bozzo.

El fujimorismo nació para la crisis. Por eso creó esta, que nos roe desde el 2016. Por eso vuelve a proponer jueces sin rostro, militares armados en las calles, presos que tengan que ganarse la comida, criminalización de la protesta. Es la vieja fórmula del fascismo: la democracia que yo hice inservible con mis leyes procrimen y la concentración del poder debe ser abolida porque ya no sirve. Es la canallada tautológica.

Por todo esto, no votar por Keiko Fujimori será este domingo un gesto de dignidad. Los peruanos hemos cometido muchos errores a lo largo de nuestra historia, pero premiar con la presidencia a la hija del hombre que vomitó sobre el honor de este país es demasiado. Y abrirle la puerta de Palacio a la señora que ya controla el Congreso, la Junta Nacional de Justicia, el Tribunal Constitucional, la Fiscalía de la Nación y la Defensoría del Pueblo sería un suicidio multitudinario. El fujimorismo se convirtió en mafia con el dinero del presupuesto general de la república. Decirle NO a una mafia que quiere doblegamos otra vez es puro instinto de sobrevivencia. <+>

jueves, 4 de junio de 2026

PROCESO ELECCIONARIO EN EL PERU: ENFOQUES ANALITICOS DE COYUNTURA

 7 DE JUNIO:

EL DEBER NO TIENE PRECIO

Por: Jorge Luis Choque

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ada 7 de junio, el aparato oficial del Estado se viste de gala. Políticos con procesos abiertos por corrupción, autoridades cuestionadas y altos mandos militares se acomodan los fajines y las medallas ante las cámaras. Con el rostro impostado, recitan discursos solemnes frente al monumento de Francisco Bolognesi. Sin embargo, detrás de la fanfarria y el protocolo, se esconde la manifestación más pura de lo que la academia y la Real Academia Española definen como patrioterismo: un alarde vacío, superficial y una exaltación superflua que oculta una absoluta falta de compromiso real con el país.

Como bien advertía el filósofo Voltaire: “Todos los sobornos se amparan en la patria”. En el Perú contemporáneo, los mismos sectores que debilitan las instituciones y saquean las arcas públicas utilizan los símbolos patrios como un escudo de impunidad. Se envuelven en la bandera no por amor al suelo, sino, en palabras del columnista Carlos Gómez Gil, como un “patriotismo de pacotilla” que sirve para criminalizar al que piensa distinto, crispar a la sociedad y convertir la identidad nacional en un campo de batalla.

Para comprender la hipocresía de la clase dirigente actual, es imperativo mirar hacia el pasado. En mayo de 1880, la guarnición peruana en Arica se encontraba en un estado de abandono absoluto: hombres mal alimentados y con escasas municiones. No fue una fatalidad del destino, sino el resultado de un cálculo político nefasto.

Tras dar un golpe de Estado a finales de 1879, el dictador Nicolás de Piérola priorizó sus recelos partidarios por encima de la defensa nacional. Los historiadores Rubén Vargas Ugarte y Mariano Felipe Paz Soldán coinciden en señalar que Piérola dejó intencionalmente en el abandono al Ejército del Sur, considerándolo un enemigo político leal al depuesto presidente Mariano Ignacio Prado. Impensable para el dictador enviar ayuda; prefirió, como señala la crónica histórica, dejarlos morir a manos del ejército rival.

El desgarrador telegrama enviado por el coronel resuena hoy como un grito atrapado en el tiempo: “Apure, Leiva. Todavía es posible hacer mayor estrago en enemigo victorioso. Arica no se rinde y resistirá hasta el sacrificio”. Pero los 3,000 hombres del coronel Segundo Leiva jamás llegó. La orden venía de Palacio de Gobierno (Piérola). Se envió a Bolognesi y a sus hombres a la muerte con engaños y con una gran ceremonia popular desde el Callao, un desfile pomposo que solo sirvió para maquillar la negligencia de los gobernantes.

El propio Bolognesi plasmó esta indignación en la célebre carta a su esposa el 22 de mayo de 1880, donde desnudó con estremecedora actualidad la miseria de la élite de la época. En ella, desnudó la miseria de la élite de la época con una claridad que estremece por su actualidad: “Dios va a decidir este drama en que los políticos que fugaron y los que asaltaron el poder tienen la misma responsabilidad, unos y otros han dictado con su incapaz conducta, la sentencia que nos aplicará el enemigo”.

Bolognesi no solo enfrentaba las armas del adversario; enfrentaba la corrupción y la deserción moral de su propia dirigencia. Su decisión de cumplir sus “deberes sagrados... hasta quemar el último cartucho” fue una lección de dignidad frente a la podredumbre alta y oficial. Su grandeza se sella con un mandato ético inalcanzable para los políticos de hoy: “Nunca reclames nada para que no crean que mi deber tuvo precio”.

Frente a la farsa, emerge el patriotismo genuino. Maurizio Viroli lo define como aquel que “combate la tiranía, el despótico, la opresión y la corrupción”, basándose en la solidaridad social y el sentido de pertenencia. Ese afecto real no está en los discursos del Congreso, sino en la resistencia diaria de los humildes pobladores, trabajadores independientes y emprendedores que sacan adelante al país con honestidad.

Las madres de las ollas comunes, los agricultores, los microempresarios y quienes madrugan en el transporte público encarnan hoy el espíritu del Morro de Arica. Ellos sostienen la nación a pesar de sufrir un abandono sistémico en salud, seguridad y educación que guarda un paralelismo trágico con la guarnición de 1880. El ciudadano de a pie es el Bolognesi moderno, resistiendo con escasos recursos en su propio peñasco cotidiano.

Como escribió Jorge Luis Borges: “Nadie es patria porque lo somos todos”. La patria no le pertenece a una cúpula que la saquea de lunes a sábado y le rinde homenajes hipócritas los domingos; es el esfuerzo de su gente honrada. El mejor homenaje a Bolognesi no es recitar su frase de memoria, sino ejercer una ciudadanía con la honestidad intransigente de quien sabe que la dignidad no tiene precio. <+>

 

A LAS PUERTAS DE UN DESENLACE POLITICO PARA LA HISTORIA DEL PERU

 LA HORA DE LAS DEFINICIONES

 Por Gustavo Espinoza M. 

B

ien podría decirse que los comicios del 7 de junio están “a la vuelta de la esquina”, Es decir, tendrán lugar en muy pocos días, razón por la cual se incrementan las acciones de los grupos golpistas, asustados ante la posibilidad real de verse envueltos en una nueva y catastrófica derrota. 

Por lo pronto se conoce incluso de iniciativas de orden legal orientadas a anular el proceso electoral próximo, arguyendo asuntos que no resisten el menor análisis. Lo que ocurre simplemente es que la DBA –“la Derecha Bruta y Achorada”, como la llamò en un momento de desesperación uno de sus integrantes- no sabe qué hacer, dónde ponerse ni cómo encarar lo que se le viene. 

Ella tiene en sus manos todos los resortes del Poder, Durante cinco años ha trabajado empeñosamente en la tarea de capturar una a una todas las instituciones del Estado: El Congreso de la República, el Tribunal Constitucional, el Ministerio Público, la Defensora del Pueblo, el Consejo Nacional de Justicia, la Contraloría; en fin, todo lo que de alguna manera pudiese incidir en el escenario electoral que hoy se presenta ante los ojos de los peruanos. 

Por esa misma vía ha logrado presencia decisiva en la ONPE, el Jurado Nacional de Elecciones y otros organismos afines a la estructura electoral porque está convencida que, teniendo bajo su control la organización del Estado, lucirá imbatible.  Por lo demás, así se lo han hecho creer los medios de comunicación a su servicio, las organizaciones empresariales, la cúpula militar, las altas esferas de las dependencias públicas y hasta las cuotas que han logrado asegurar en el Poder Judicial donde hasta hoy maniobran para intimidar a sus opositores y acallarlos. 

Seguramente solo en el Perú se ha dado el caso de que por vía parlamentaria se ha suspendido en sus derechos políticos por diez años a personas solo por asomar en la vida peruana con una aparente posibilidad de postular con posibilidades a la presidencia de la República, Así, han inhabilitado o simplemente encarcelado a personas como como Martín Vizcarra o Guillermo Bermejo, que podrían derrotar fácilmente a Keiko Fujimori en primera vuelta. 

Uno de los pocos -quizá el único- que se les escapo en esta sorprendente “razzia” de castigos, fue Roberto Sánchez por una circunstancia fortuita: Quien lo hubiese reemplazado en el caso de una sanción así, era una persona señalada como transexual. Y eso no podía tolerarlo el puritanismo hipócrita de la ultraderecha más conservadora y medioeval.    

Pero ahora, cuando Roberto Sánchez se agiganta y asoma como el que les quitará la victoria largamente ambicionada, entonces le abrieron Procesos, le pusieron una diligencia judicial el 27 de mayo y tendrá otra el 4 de junio a ver si escarmienta, o se intimidan sus electores. 

En todo caso, ya sabrá -si sale electo- que tendrá la espada de Damocles sobre el cuello para “vacarlo” en la primera de abastados, porque como lo dijo la señora Yarrow, “ya lo hicimos con Castillo y ahora lo haremos con Sánchez”. En otras palabras, en este país, los únicos que tienen derecho a gobernar, son ellos, los “vacadores”. 

Las cosas no están saliendo como ellos quieren. Incluso se supo ya, por parte de los estudiosos en temas de encuestas, que el 20% de quienes votaron en primera vuelta por López Aliaga, de Renovación Nacional, votarán esta vez por Sánchez porque no soportan a la señora Keiko, a la que su Jefe llamó con inusitado desprecio: “vaga de porquería”. 

Se ha dicho, y es verdad, que un pueblo en las condiciones más adversas, cuando se enfrenta a enemigos muy poderosos y rugientes, tiene dos armas   letales: el instinto y la memoria.  Ambas le resultan decisivas y juegan un papel fundamental en todas las circunstancias. 

El Instinto ayuda al pueblo a percibir el peligro y enfrentarlo hasta vencerlo. Y la memoria, le sirve para sustentar las razones de su triunfo. Y el pueblo peruano, que ha demostrado su instinto para derrotar las imposiciones del Neoliberalismo incluso desde las elecciones de 1990, habrá de confirmarlo en esta circunstancia porque a su instinto le suma su memoria, esa que le hará recordar todo lo que significa el fujimorismo en la historia nacional. 

Así veremos ante nuestros ojos a los 15 mil desaparecidos; los asesinatos de Barrios Altos, La Cantuta, El Santa y muchos más: la muerte de Pedro Huilca; el despido de millones de trabajadores; la destrucción del aparato productivo del Estado. El robo de seis mil millones de soles del patrimonio nacional; el remate de las empresas públicas; las violaciones a los Derechos Humanos; los calabozos del SIN; los videos de la corrupción; y todo lo que hemos podido ver a lo largo de los años y que Keiko ha resucitado con sus desorbitadas ansias de Poder. 

En la hora de las definiciones, como decía Vallejo “hay hermanos muchísimo que hacer”. <*>

lunes, 1 de junio de 2026

PROCESO ELECTORAL PERUANO: ENFOQUES SOBRE HECHOS Y CIRCUNSTANCIAS DE PATENTE ACTUALIDAD

 LAS ARMAS DEL ENEMIGO

Por Gustavo Espinoza M.

D

os hechos políticos ocurridos en los últimos días, han servido para elevar la temperatura electoral y han colocado a la derecha en un ángulo oscuro: La masiva movilización del 30 de mayo convocada por los colectivos ¡NO A KEIKO! y que fuera básicamente ignorada por la Televisión local y la “Prensa Grande”; y el debate presidencial del domingo 31, que marcó una diferencia notable entre la voluntad positiva de Roberto Sánchez y la errática conducta de su opositora Keiko Fujimori.

La Marcha del 30 de mayo tuvo lugar en Lima, pero se sintió en todo el país y repercutió incluso en el exterior. La televisión francesa, española, argentina, uruguaya, brasileña, rusa y otras, acogieron con interés las tomas captadas en nuestra capital y las trasmitieron comentándolas como la expresión de una firme voluntad ciudadana en demanda de justicia y de respeto a los Derechos Humanos,

Pero las redes en nuestro país cubrieron ampliamente la información recogida en calles y avenidas de Lima Metropolitana saludando la expresión ciudadana como como el reflejo de una demanda nacional que no ha desaparecido de la conciencia de los peruanos.

Y es que, en efecto, ese fue el sentido esencial de una marcha en la que se puso en evidencia el repudio multitudinario a la conducta del fujimorismo a partir de Alberto, pero proyectado también en su hija Keiko, aspirante a nueva dictadora en estas tierras de Micaela Bastidas y Tomasa Tito Condemayta.

El que hubiese habido quienes cerraron los ojos ante esta realidad no descalifica la acción. Al contrario, la enaltece, porque la coloca muy por encima de la mezquindad y el odio de la clase dominante que se obstina en esconder la realidad como si fuese posible tapar la luz del sol con un dedo.

Por eso, ocultar este significativo episodio cívico constituye un error para la misma causa que enarbolan quienes actuaron de ese modo: puso en evidencia su pequeñez de miras y su absoluta orfandad de valores; pero también su estrechez mental y su ausencia absoluta de espiritualidad.

Y de alguna manera eso se reflejó también en el debate presidencial del día siguiente, que mostró una Keiko adocenada y opaca, anímicamente herida y sin reflejos, que perdida en la lectura de textos inocuos, no fue capaz, siquiera de mantener la imagen de “generosidad” y “amplitud” que había tratado afanosamente de cultivar desde los inicios de la presente campaña.

Eso quizá explique que una importante encuesta hecha en torno a la opinión ciudadana respecto al debate haya arrojado una proporción concluyente: el 82% de los encuestados sostuvo que Roberto Sánchez ganó esa noche, en tanto que apenas un 18% consideró vencedora a la lideresa de Fuerza Popular.

En ese marco, la Mafia sólo tiene la posibilidad de alentar el uso de dos recursos de los que ya se ha venido valiendo: el anticomunismo y el dinero.

El anticomunismo no tiene ninguna base seria. Es muy claro que Roberto Sánchez no es comunista y que su partido -Juntos por el Perú- tampoco es un Partido Comunista. El “peligro” de que el Perú “amanezca rojo” a partir del 8 de junio; es apenas un infundio, cuando no una simple estupidez.

El anticomunismo se basa apenas en el atraso, y en la ignorancia más absoluta. Puede entenderse, quizá, que alguien con estos signos distintivos, se rehúse a votar por Sánchez arguyendo que “no quiere saber nada con los rojos”, pero una expresión así no será fruto del razonamiento ni de la cultura, Será apenas la muestra de un primitivismo incompatible con la evolución de la sociedad de nuestro tiempo.

El dinero, es otra cosa. Efectivamente, la Mafia ha vendo moviendo millones de dólares en esta campaña, pero invertirá aún más en los últimos días de ella. En un país en el que lo que abunda, es la pobreza; los poseedores del capital pueden, en efecto, comprar muchas adhesiones incluso electorales.

Lo vimos cuando Keiko llenó 4 ómnibus y trasladó a Huancayo a más de 200 personas con todos sus gastos pagados para que le sirvieran de “claque” en una presentación que finalmente resultó frustrada por el masivo repudio de la población local

Pero lo vemos también en vivo y en directo con los medios de comunicación y “periodistas” -como Mavila Huerta, Guillermo Thorndike o Milagros Leiva, para citar solo a algunos- El afán de riqueza los devora y su peor pesadilla estriba en considerar que un gobierno progresista y democrático “cambie” el Programa Económico de la Constitución vigente y les quite algunos reales, no a ellos, sino a sus patronos. Es eso lo que les quita el sueño.

De todos modos, es claro que el anticomunismo puede hacer cierto daño en sectores muy atrasados de la vida nacional. Esos, curiosamente, no están en las zonas rurales, donde puede no haber gente “instruida” pero si muy experimentada y sensata; sino en la misma capital y en otras ciudades más o menos “calificadas” de la costa peruana. Allí les hicieron el cuento de las “vírgenes que lloran” y hoy les pueden hacer otro: la de “los comunistas que roban niños”.

Pues bien, esas son ahora las armas a las que recurre el enemigo. Las únicas que le quedan. En lo que a “Juntos por el Perú se refieren, lo que habrá de servirle es confiar en el pueblo y cerrar su campaña en ritmo de victoria. <>

ASUNTOS DE CIENCIA POLITICA

 DEMOCRACIA:

“SE HACE CAMINO AL ANDAR” 1

Por Jorge Rendón Vásquez

L

a democracia es un sistema por el cual los ciudadanos de un Estado–nación, considerados iguales ante la ley, deciden por su voto la forma de gobierno que quieren darse y eligen a quienes habrán de aprobar las leyes y administrar el Estado. Es, según una definición ya clásica, el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo (Abraham Lincoln, Gettysburg, 1863). El pueblo es el conjunto de ciudadanos.

La democracia como noción

La noción de democracia ha sido plasmada en la ley fundamental del Estado o Constitución que todos están obligados a acatar como la condición de su pertenencia al Estado–nación.

La humanidad llegó a esta noción luego de milenios de creer que el poder de mandar en los imperios, reinos, principados y otras circunscripciones territoriales pertenecía a los reyes y a la nobleza por derecho divino, reconocido o santificado por los altos jerarcas de las iglesias. Las leyes y otras disposiciones obligatorias, casi todas arbitrarias, emanaban de estos personajes, y los miembros del gobierno que ellos designaban las hacían cumplir de la manera más brutal, sobre todo cuando las aplicaban a las personas de más baja condición social. Casi todos los habitantes en esos tiempos creían que esa forma de gobierno era normal y que así debía ser, y colaboraban con los reyes, nobles, Iglesia y fuerzas represivas en la aplicación de las decisiones de estos, aunque fueran en su perjuicio.

Llegar a la implantación de las nociones de igualdad de todos ante la ley y de gobierno del pueblo por el pueblo en una parte creciente del pueblo le tomó a la intelectualidad burguesa europea, a la que se ha denominado el Iluminismo, más de doscientos años, luego de lo cual sus partidarios asumieron el poder del Estado y desde allí las aprobaron como leyes. En adelante, el Estado aseguró esta forma de ser social. Hacia fines del siglo XVIII, los países donde esta revolución tenía lugar fueron las colonias inglesas de América del Norte, convertidas en los Estados Unidos, y Francia. A estas nociones se asoció en Francia la vindicta de las clases subyugadas contra los reyes, nobles y sus sujetos que los habían tiranizado, resultante de su odio acumulado durante siglos, que entre 1789 y 1793 hizo rodar más de 50,000 cabezas.

Luego, tras décadas de lucha, práctica y retrocesos en esos y otros Estados, la noción de democracia se generalizó en el mundo.

El funcionamiento de la democracia

Por pequeña que sea la población de un Estado no es posible reunir a sus ciudadanos en asambleas.

Tampoco es posible la nominación directa por los ciudadanos de las personas que quieran los representen. Han surgido para ello los partidos políticos con la función de presentar a los candidatos por los cuales deberán votar los ciudadanos para la conformación de los poderes Legislativo y Ejecutivo y de los gobiernos regionales y municipios.

Deben haber, por lo tanto, ciertos órganos estatales encargados de la identificación y el registro de los ciudadanos, del reconocimiento de los grupos o partidos políticos, de la organización de los comicios y de la solución de las controversias.

Además, en muchos países se ha hecho obligatorio el voto por la necesidad de fundar la dirección del Estado en la voluntad colectiva de los ciudadanos y porque la democracia no solo atribuye derechos sino también obligaciones, y una de las más importantes es la de participar en la conformación de los órganos electivos del Estado.

Sin embargo, en la realidad, la democracia no se comporta tan esquemáticamente. Hay ciertos hechos que la distorsionan, dando lugar a la elección casi cautiva de ciertos candidatos cuyas intenciones difieren de las de sus votantes y, en muchos casos, son inconvenientes o perjudiciales para estos.

Uno de ellos consiste en que la noción de democracia en los ciudadanos no es unívoca. Depende de lo que cada uno crea que ella es y de la manera como considere que él deba o pueda intervenir. Y esto es muy variable: va desde la ausencia de esa noción en numerosos ciudadanos y del impacto de la alienación que les impone ciertas creencias y hábitos hasta un conocimiento teórico y práctico muy completo en algunos. Esto implica que la mayor parte de ellos decide su voto por la obligación de votar y, en gran medida, por la propaganda de los partidos más organizados y con un gran financiamiento.

La realidad histórica demuestra que la mayor parte de ciudadanos, luego de las declaraciones de derechos del fines del siglo XVIII, se fueron sumiendo en el desconocimiento de la democracia, en la indiferencia ante ella y en la impotencia, y dejaron actuar a los grupos que asumieron el poder político o se quedaron en él más allá de los períodos legales, contra las leyes y la voluntad popular o respaldados por las armas del ejército y la policía. Tales fueron los casos emblemáticos de Napoleón Bonaparte, quien se coronó él mismo como emperador en 1804, y de los reyes en Francia en 1815 y 1830, y de los innumerables dictadores de América Latina y otras latitudes.

Los dos momentos de la democracia

En la práctica de la democracia hay dos momentos: el preelectoral y el de la actuación de las personas elegidas.

Los actores del primer momento son los partidos políticos inscritos y los electores.

Los partidos son los titulares de la facultad de seleccionar a los candidatos, inscribirlos en los registros pertinentes y organizar las campañas de propaganda para tratar de convencer a los electores de que voten por ellos. Legalmente, los partidos son conjuntos de ciudadanos que cumplieron los requisitos para obtener la personería política; en nuestro país, acreditar cierto número de afiliados, contar con un número determinado de comités y locales, y tener un ideario o programa y una dirección. En realidad, los partidos son creaciones de algunos grupos de las clases sociales para acceder al poder del Estado y, desde este, aprobar las leyes y otras disposiciones convenientes a los intereses de sus miembros, incluida la corrupción en algunos partidos. Como el costo de su funcionamiento, en organización, empleados, locales, viajes, hoteles, pago de derechos, propaganda y otros, es, por lo general, muy elevado, son los grupos de mayor poder económico los que pueden promoverlos y financiarlos. En cambio, a las clases sociales dependientes o a los grupos salidos de estas o identificados con ellas no les es posible, por lo menos hasta ahora en el Perú, ni siquiera convencer al número de ciudadanos requerido para la inscripción de un partido político y, menos aún, para que cubran el pago de los gastos, con lo cual quedan fuera de la lid electoral. Los electores de las clases sociales de menores recursos con cierta conciencia política lo advierten y optan por otras opciones legalmente posibles que consideran menos malas.

En consecuencia, el primer momento de la democracia se caracteriza por las campañas de propaganda de los partidos políticos para convencer a los electores de que voten por sus candidatos.

Los electores, personas mayores de edad, cumplen la función de elegir a los candidatos que prefieran el día señalado para el acto electoral, momento en el que se expresa su decisión elaborada a partir de ciertas nociones que pueden ir desde un conocimiento profundo de la necesidad del acto electoral y de los candidatos y sus ofertas hasta el desconocimiento de la noción de democracia y de los candidatos y sus propuestas. La experiencia demuestra que la mayor parte de electores adopta su decisión llevada por la alienación y los procedimientos correlativos de manipulación. El resultado es la elección mayoritaria de los candidatos de los partidos representativos de los grupos económicos con mayor poder económico. El caso más aberrante de esta manera de decidir de los electores fue el de Alemania en 1933 que invistió a Adolfo Hitler de la plenitud de poderes del Estado, decisión con la que él y su partido nazi precipitaron al mundo a la Segunda Guerra Mundial y al asesinato de más de seis millones de judíos por las tropas de las SS y del ejército.

En el segundo momento de la democracia, los políticos que asumen la dirección de los órganos del Estado proceden a operar según los intereses de los grupos que los postularon o, desvinculándose de estos, de otros grupos o de sus conveniencias y ventajas personales, puesto que, según la Constitución, ellos representan a la Nación y no hay normas que ciñan ese mandato a los intereses y preferencias de quienes votaron por ellos. En otros términos, los políticos elegidos reciben una autorización para legislar y gobernar como quieran, como si por el voto se les expidiese una carta en blanco y sin la obligación de responder por sus decisiones si transgreden sus compromisos y promesas y las normas constitucionales.

En este momento, los electores pierden totalmente protagonismo. Su opinión queda en su fuero interno y, por lo tanto, carece absolutamente de influencia sobre los gobernantes. La contienda verbal en los órganos colegiados del Estado y en los medios de prensa tiene como actores a los políticos elegidos y a los periodistas, opinólogos y otros personajes que los sirven, que se atacan, malquistan, injurian y defienden: un espectáculo permanente que llena las páginas de los diarios y revistas y los espacios de la TV, y que se vende con los chismes de la farándula, el fútbol y la crónica policial. Tales ataques y contrataques, críticas y diatrivas carecen de efectos legales y, políticamente, solo pueden suscitar curiosidad, asombro, indiferencia y en algunos una opinión que podría manifestarse en su voto en las elecciones siguientes. Como la titularidad de quienes gobiernan procede de los electores, es obvio que los políticos elegidos y sus partidos jamás culpan a estos por haber votado por sus adversarios. Este es un tema tabú que no se toca por una suerte de convenio tácito de los partidos políticos. Por lo tanto, luego de las elecciones, los electores ya son nadie, y solo algunos los imaginan como remotos o fantasmagóricos testigos que declararán por sus votos en el próximo proceso electoral, aunque ya se sabe que en este la manipulación podrá imponer a otros candidatos.

En muchos países subdesarrollados económica y culturalmente a esa manera de ser de la democracia se agregan las transgresiones a la Constitución, disfrazadas con atuendos legales. Por lo demás, siempre les es posible a muchos políticos elegidos convalidar sus ilegalidades, y sobre todo su enriquecimiento ilícito y el de sus parientes y amigos a expensas de los caudales del Estado, puesto que para eso postularon, y valiéndose de los órganos judiciales y electorales proclives a apartarse de la ley y al impulso de abogados fértiles en sofismas.

¿Qué hacer, entonces?

La democracia podría avanzar hacia estadios de mayor conciencia en las mayorías electoras y de perfeccionamiento del mandato recibido por los políticos elegidos. El factor fundamental de la vigencia real de la democracia es la conciencia que de ella tenga la mayor parte de la ciudadanía. Pero para ello deben concurrir varios factores: una educación acendrada y extensa de los niños y adolescentes; una información veraz y ausente de manipulación por los medios de prensa; un sistema de formación profesional compatible con el progreso material e intelectual de nuestra sociedad; una labor pedagógica del Estado, los partidos políticos democráticos y las organizaciones que se creen para este fin sobre el significado y el funcionamiento de la democracia; y una visión más realista en los intelectuales y estudiantes universitarios.

Los programas políticos deberían orientarse a la promoción de la economía, el aumento de la riqueza, la necesidad de dar empleo, una distribución más equitativa del producto, el equilibrio presupuestal, la eliminación de la corrupción, disponer de servicios públicos más extendidos y mejores, incluida una solución rápida y ajustada a las leyes de los conflictos legales, sin lugar para las utopías, sino solo para los cambios que la realidad social requiera.

Addenda

En nuestro país hay una grave anomalía concerniente a los partidos políticos y a los candidatos que ellos presentan. Luego de ser estos elegidos nada obsta para que se aparten del partido al que pertenecen o que desacaten sus disposiciones, no obstante que sin la postulación por ese partido no habrían podido competir, y perdiéndose de vista que son los partidos las agrupaciones con personería política y no sus candidatos. En todo caso, queda entendido que estos se comprometen a promover el ideario y los proyectos de sus partidos en el ejercicio de la función legislativa, ejecutiva, regional o municipal que decidieron a los electores darles su voto. Una exclusión del representante elegido del partido que lo postuló, por renuncia o causa grave legalmente definida, debería implicar su retiro de la función legislativa y su reemplazo por el accesitario declarado. Sería esta una manera de establecer orden y limpieza en el funcionamiento de la democracia en nuestro país.

Además, por la importancia de las funciones electivas, se debería sancionar penalmente a los políticos elegidos que infrinjan la Constitución con sus votos y hechos.

(Comentos, 2/3/2024)

 

1 Del poemario de Antonio Machado Campos de Castilla, Proverbios y cantares (XXIX), 1912.

 Caminante, son tus huellas

el camino y nada más;

Caminante, no hay camino,

se hace camino al andar.

Al andar se hace el camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.

Caminante no hay camino
sino estelas en la mar.