martes, 8 de septiembre de 2026

LA COYUNTURA LATINOAMERICANA : EL CASO VENEZUELA

 TRUMP SE APROPIA DEL PETRÓLEO VENEZOLANO

INFORME SEMANAL DE POLÍTICA EXTERIOR •7 DE SEPTIEMBRE DE 2026

D

onald Trump y Delcy Rodríguez anunciaron el 28 de agosto un acuerdo de enorme alcance que permitirá a Estados Unidos participar directamente en la explotación de unos 65.000 millones de barriles de reservas venezolanas, alrededor de una quinta parte del total del país.

El pacto gira en torno a North American Blue Energy Partners (NABEP), una petrolera privada controlada por el empresario venezolano Alejandro Betancourt. Las autoridades venezolanas le han concedido derechos durante 100 años sobre 17 campos petroleros del lago de Maracaibo y la faja del Orinoco. A cambio, el gobierno estadounidense tendrá derecho a adquirir una participación del 35% en la matriz de la compañía mediante warrants que le permitirían comprar las acciones por un precio muy reducido, además de adquirir a precio de coste el 20% del petróleo producido.

Venezuela posee cerca del 17% de las reservas mundiales de petróleo, pero contribuye con solo el 1% de la producción mundial diaria. Según Trump, el nuevo marco atraerá finalmente el capital necesario para recuperar la industria venezolana, además de duplicar el acceso estadounidense a reservas petroleras y garantizar su suministro durante décadas. Horas después, Rodríguez se hizo eco de sus palabras, aunque citando distintas cifras y plazos. NABEP sostiene que movilizará cerca de 100.000 millones de dólares de inversión.

En su comunicado, la Casa Blanca presentó explícitamente el acuerdo como parte de su estrategia para reducir la influencia de sus adversarios en el hemisferio occidental. Algunos de los campos adjudicados a NABEP estaban anteriormente en manos de empresas chinas y rusas.

En Venezuela, como en el resto de la región, los recursos del subsuelo pertenecen a la República. La oposición cuestiona que las actuales autoridades tengan legitimidad para comprometer durante un siglo una parte tan importante de las reservas nacionales.

El congresista demócrata Sean Casten advirtió a las petroleras que cualquier arreglo con Caracas podía ser invalidado por el Congreso, una nueva administración o un futuro gobierno venezolano. María Corina Machado, por su parte, defendió que cualquier inversión extranjera debe realizarse bajo un gobierno legítimo, mediante procedimientos transparentes y con garantías jurídicas.

Ahora ya se sabe para secuestraron a Maduro
Tras la captura de Nicolás Maduro el 3 de enero, Trump dejó claro que el petróleo formaba parte de sus cálculos sobre el futuro de Venezuela. Aseguró entonces que gobernar el país “no nos costará nada” gracias al acceso preferente estadounidense a sus yacimientos y añadió: “Vamos a hacer mucho dinero”.

Washington comenzó poco después a ejercer un control directo sobre los ingresos petroleros venezolanos. El Departamento del Tesoro asumió la custodia de buena parte de los ingresos por exportaciones de crudo. Según cálculos de Transparencia Venezuela y el Financial Times, PDVSA facturó entre 15.100 y 16.900 millones de dólares durante el primer semestre, de los que entre 12.500 y 13.600 millones fueron depositados en el fondo bajo control del Tesoro.

El nuevo acuerdo ha provocado críticas incluso entre venezolanos que habían defendido la intervención estadounidense contra Maduro. Ricardo Hausmann, exministro de Planificación y profesor en Harvard, ha acusado a Washington de utilizar su poder no para facilitar una transición democrática, sino para alcanzar un entendimiento con quienes continúan gobernando el país.

A ello se suma la controvertida figura de Alejandro Betancourt. El empresario venezolano ha sido investigado en varios países por presunto blanqueo de capitales y pesa sobre él una orden de detención suiza. Según el Washington Post, la Casa Blanca presionó a Suiza para que retirara los cargos y le otorgó un visado de entrada múltiple a EEUU.

También existen dudas en la propia industria estadounidense. ExxonMobil y ConocoPhillips guardan malos recuerdos de Venezuela por la nacionalización en 1976 de la industria y las expropiaciones de sus activos por Hugo Chávez en 2007. Darren Woods, CEO de ExxonMobil, ha dicho que no habrá una tercera vez. Chevron, que ya opera en el país, sí contempla nuevas inversiones.

Con un golpe de efecto, Trump pretende aumentar la oferta y contener el precio de los combustibles antes de las elecciones legislativas de noviembre. El problema es que la producción venezolana no puede recuperarse de la noche a la mañana. Los grandes yacimientos necesitan inversiones multimillonarias y años de trabajo antes de generar volúmenes suficientes para alterar significativamente el mercado mundial.

Delcy Rodríguez sostiene que la operación atraerá más de 100.000 millones de dólares de inversión y generará 209.000 millones en ingresos fiscales. Esta última cifra equivale a unos 3,2 dólares por cada uno de los 65.000 millones de barriles incluidos en el acuerdo, menos del 5% de su precio actual.

Rafael Ramírez, expresidente de PDVSA, compara el esquema ideado por Trump con el fondo para Irak que administró Washington tras la invasión de 2003 y que le permitió controlar los ingresos petroleros iraquíes durante más de 20 años. ●

LA IZQUIERDA, TORPEZAS Y TRAICIONES

José Manuel Rodríguez*

E

n un artículo anterior presenté mis consideraciones sobre el fracaso de los socialismos en el mundo. Estaban centradas en las conocidas torcidas de sus partidos, siempre empeñados en ese oxímoron llamado “centralismo democrático” y, en el control de toda forma organizativa existente. Las respuestas recibidas de aquellos comprometidos con estos procesos, fueron apabullantemente contrarias a mis afirmaciones. Por eso asumo que vale la pena ser más preciso.

Los explotados y los desposeídos han sido siempre, en la teoría, el sujeto histórico de toda revolución y, el partido, su vanguardia. Fue Chávez, en Venezuela, desaparecidos históricamente, los soviets de Lenin, quien perfiló su nueva forma. La comuna era ahora el sujeto histórico. En ella todos son actores y, su asamblea, máxima autoridad. Ese teórico régimen comunal, sería el verdadero y masivo organismo para asumir la nueva manera de producir y ejercer el control del gobierno de las ciudades. Sería el nuevo socialismo.

Esas comunas conformarían y asegurarían, con su forma abierta de democracia, los gobiernos de las ciudades, el control de ellas y la producción y distribución de lo producido. Retarían a la producción privada, obligada ahora, a replantearse el asunto del llamado “libre mercado”.

En un panorama como este, el partido de la revolución debe constituirse como un partido de cuadros*, participando activamente en la conformación de las comunas, haciéndolas avanzar, formando políticamente a sus ciudadanos, convirtiéndose, por la coherencia de sus palabras y acciones, en su vanguardia. Sin embargo, Chávez cayó en la trampa socialdemócrata del gran partido de masas**. Y eso, significó poner lo comunal bajo el control del partido convirtiendo, a todos sus miembros, en militantes. 

Era inevitable que así sucediera. Había sido la discusión más importante de la izquierda europea de todo el siglo XX. Discusión extendida por buena parte de Latinoamérica, en las décadas finales del siglo. El derrumbe penoso y solitario de la URSS y sus satélites, fue sólo el epílogo. Ya lo del soviet de Kronstadt primero, Stalin después y, el fallecimiento de Mao más tarde, habían acabado con la ilusión libertaria de la revolución. De ahí que, lo planteado por Chávez diera nuevo impulso a esta gesta libertaria. Su inteligencia y fortaleza eran la garantía, pero lo derrotó el partido. <>

___________________

*Partido de cuadros:  integrados por militantes de gran lealtad y disciplina, guías severos del rumbo en las turbulentas aguas donde la revolución y la contrarrevolución chocan; de probada calidad doctrinal y dispuestos al combate político y militar.

**Partido de masas: La vieja acepción europea de la socialdemocracia ambidiestra, copiada en Venezuela por AD, fue ahora repetida por el PSUV.

_____________________________________

* Nació en las Islas Canarias, España, en 1944. Llegó, navegando en un tanquero petrolero, a Caripito estado Monagas en 1951. Se nacionalizó venezolano en 1960. Se graduó de arquitecto en la Universidad Central de Venezuela en 1973 y ejerció allí la docencia del diseño durante 28 años. 


domingo, 6 de septiembre de 2026

MÀS SOBRE EL MAYOR VATE PUNEÑO

CARLOS OQUENDO DE AMAT Y CARLOS MENESES

LOS HERMANOS DE LA CAMISA COLORADA

Una crónica de Eloy Jáuregui

Tomado de https://cangrejonegro.wordpress.com/

H

ace poco murió en Mallorca el escritor peruano Carlos «Coco» Meneses. Tenía 91 años y fue aquel que siguió y encontró la tumba de Carlos Oquendo de Amat y gran parte de su incombustible existencia. En 1973 había publicado su libro en España como biografía y crítica de la obra del poeta puneño: «Tránsito de Oquendo de Amat 1905-1936». Fue Meneses –según le contaba a Eloy Jáuregui desde 1982– quien contaba detalles de la «camisa colorada» que Oquendo solo pudo lucir en su lecho de agonía en España. Oquendo publicó un solo poemario entre los 23 y 24 años: 5 metros de poemas. Que cierto, es una única hoja que mide aproximadamente cinco metros, desdoblable como un acordeón y que, al abrirse, deja ver el panorama de poemas que corren uno detrás de otro, a manera de una película de cine y en la que cada poema es una imagen casi onírica de un mundo extraño pero sugerente, fotogramas con escenas que se suceden de una belleza incomparable.

1.

La existencia más desgarradora de un poeta peruano la vivió en sus cortos 30 años Carlos Oquendo de Amat. (Puno, 1905 – Guadarrama, España 1936). Qué no le pasó. Qué no le hicieron. De 1973 es una foto donde aparecen los poetas Jorge Pimentel y Arturo Corcuera frente a su tumba en España. El retrato tiene el signo del dolor, como si debajo de la tierra, Oquendo siguiese sufriendo. Y supongo que ese tormento continúa hasta la fecha. No obstante, está vivo. Y no dudo en afirma que su tiempo, los años 1927-1928, es el tiempo de la conformación de la literatura peruana contemporánea. Tres son sus pilares, Oquendo de Amat en poesía, Martín Adán en poesía y José Carlos Mariátegui en ensayo. Fecha del apogeo del vanguardismo peruano y de la esfera hispánica de las vanguardias.

Oquendo de Amat vivió entre las ciudades de Puno, Moho, Juli, Arequipa y Lima. Así, fue un adelantado desarraigado. Socialista, amigo de José Carlos Mariátegui, Martín Adán, José María Eguren y Alberto Guillén, a los 19 años lee a Rimbaud, Mallarme y los poetas ultraístas españoles: De ahí sus versos “desde el tranvía/ el sol como un pasajero/ lee la ciudad”. Hace uso de la libertad para la imaginación y conquista de espacios necesarios para la expresión no solo vanguardista sino también de la época. Luego se hace un fanático del cine pero en ninguno de sus trabajos –de amanuense o profesor–, recibe un salario moderado. Así vivía ajustado, durmiendo en pensiones o casa de sus amigos. De su alimentación ni hablar, su dieta, un par de Chancay y su Agua de tilo y sin repetición. Sin embargo, le sobraba energía para poesía, la chilla, el hormonal espíritu para la revuelta.

A los 13 años murió su padre. Más que sorpresa, había comenzado sus desgracias. Así supo del hambre, el más jodido. Luego fallece su mamá y todo se derrumbó. Aquella que era una mujer bellísima terminó sus últimos años en las garras del alcoholismo y otras enfermedades. Pero Oquendo de Amat no dejó de escribir poesía. Estando en La Paz Bolivia lo meten preso dizque por sus ideas políticas pero ya en 1932 lo nombran responsable en Arequipa del partido que fundara Mariátegui. Así se enfrenta a las feroces dictaduras militares de Luis Sánchez Cerro y Oscar Benavides. En 1934 es desterrado a Panamá. Luego viaja como polizonte a Costa Rica y México.

2.

Fue una vez acabado el Mundial de España de 1982 que conocí a Carlos Meneses. Él ya era un reconocido escritor peruano radicado en Palma de Mallorca y yo apenas un incipiente periodista que había sido premiado con un vuelo a Europa. Como en aquellos tiempos nuestra amistad se labró a punta de cartas van y cartas vienen. Meneses era muy curioso, me enviaba recortes, poemas, cintas y otros objetos en unos sobres abultados que más parecían encomiendas interprovinciales. Y así siempre terminábamos escribiéndonos sobre Oquendo. Y qué de cosas no sabía Meneses del poeta puneño y trataré de sintetizar.

En 1936 para sus amigos peruanos, el poeta había desaparecido y temían lo peor. Pero de pronto llega una carta donde cuenta que necesitaba viajar a Europa. Entonces lo ayudan. Le envía dinero y así parte a Francia. Oquendo quería defender la República Española en plena Guerra Civil. Pero su vida estaba marcada por el infortunio. Atacado de tuberculosis, apenas podía caminar. No obstante, viajó a España a enrolarse en las tropas republicanas. Fue imposible, su cuerpo había perdido su otra guerra, la interior. En estado de delirio, cuentan, falleció el 6 de marzo de 1936 en el hospital de Navacerrada. Afuera, comenzaban a oírse las primeras explosiones de la sangrienta Guerra Civil Española.

¿Y cómo era Oquendo? Alberto Tauro nos dice: «Recuerdo a Carlos Oquendo de Amat como un personaje singular, inconfundible. De mediana estatura, delgado; sus hombros caídos afectaban una compleja actitud, que por igual trasuntaba cansancio o timidez; y siempre lucía pulcramente, aunque su atuendo mostraba las huellas del uso… A todos era evidente que su vida cotidiana transcurría entre dificultades. Muchos la reputaban desordenada, y más o menos envuelta en los delirios artificiales de la bohemia; otros se limitaban a juzgar que había algún misterio en su falta de ubicación precisa, así como en el nimbo trashumante de sus apariciones y ausencias»

“Cinco metros de poemas” fue el único libro publicado por Oquendo de Amat en 1927. La obra sorprendió a todos. Se trataba de un conjunto de poemas de intensos versos (escritos entre 1923 a 1925) publicados en una sola hoja plegada en un listón que debía, según su consejo, leerse “como quien pela una fruta”. Para mucho parecía una rollo de papel higiénico de los de ahora o un contómetro de 24 centímetro de ancho y que a lo largo medía 5 metros y 16 centímetros en aquella primera publicación de la Editorial Minerva. Como todo lo bueno. Los señorones de la crítica ocultaron el libro aduciendo que se trataba de una chifladura. Así fue olvidado por décadas y hoy se le considera entre los más importantes libros de las vanguardias mundiales y a Oquendo de Amat como un poeta magistral.

3.

Todavía resuenan las palabras del joven Mario Vargas Llosa, quien se inspiró en el poeta para su famoso discurso: «La literatura es fuego» con ocasión de agradecimiento al recibir el premio Rómulo Gallegos de 1967. Dijo esa vez nuestro Nobel: “Hace aproximadamente treinta años, un joven que había leído con fervor los primeros escritos de Breton, moría en las sierras de Castilla, en un hospital de caridad, enloquecido de furor. Dejaba en el mundo una camisa colorada y «Cinco metros de poemas» de una delicadeza visionaria singular».

Quienes no conocen la biografía de Oquendo de Amat se equivocan al afirmar que su cosmopolitismo proviene de una serie de lecturas o de fotos de ciudades europeas. No, su cultura universal le viene por la vía de su padre. “No es nada novedoso entonces que un hijo inteligente con un padre que vivió en París ampliara en su juventud sus imaginarios viajes y nombrara ciudades como Nueva York, Viene, Amberes, lo que además, confirma que el padre le suministró una información fresca y permanente de su estadía en Europa” (JLA). Oquendo no es pues el provinciano hambriento que deambula por el Mercado Central de Lima, es más bien un poeta que a través de su imaginación estuvo en varios ligares a la vez, virtuosismo cosmopolitano en el que expresa su visión del mundo mediante el cual la magia de la poesía, lo hace posible viajar sin siquiera dar un paso.

Oquendo fue un peruano singular. Sí, como advierte Tulio Mora, este es el país de las grandes oportunidades perdidas y sus mejores hombres son inválidos o los asalta la muerte prematura: Mariátegui, Oquendo de Amat, Vallejo, Heraud, Arguedas, Flores Galindo, Javier Diez Canseco. Ese sino es permanente en las letras peruanas. Es sabido que el padre del poeta, el médico Carlos Oquendo Álvarez, instaló su consultorio en ese inmueble y que en otra época sirvió también como los talleres del periódico “El Siglo”. Pero aquí viene la cosa. Como me contó el también poeta puneño, José Luis Ayala, quien mejor conoce la vida y obra de Oquendo. “Que el Dr. Oquendo había enfrentado a terratenientes locales y al clero reaccionario quienes lo tildaron de ser un liberal doctrinario y masón confeso. Así lo atacaron vejaron y hasta mandaron quemar el local. Por aquella razón, en 1908, el médico Oquendo y toda su familia se ve obligado a abandonar Puno”.

4.

Pero quién es Carlos Oquendo de Amat y por qué tanto alboroto. Simple, es nuestro poeta vanguardista por antonomasia. Escribió un solo libro descomunal de solo 18 poemas. Sus analistas consideran que es: “un libro tan vivo y actual, lúcido y torrencial, cineástico y sintético que sigue irradiando su sobrecogedora belleza”. Es pues un libro acordeón y con música callada incluida. Con páginas desplegables horizontalmente, que se extienden como una película. Bien, ahora que sabemos de su enorme trascendencia estoy seguro que su obra influyó definitivamente en el “Pez de Oro”, la descomunal novela-río de Gamaliel Churata, otro escritor monumental de la zona del Alto Perú. Cierto y no lo dudo. Y vaya, no es poca cosa.

Tengo en mis manos la edición facsimilar publicado por la Municipalidad de Lima en 1983 y con prólogo original de Alberto Tauro. Es un libro entrañable, lo leo cuando estoy así o asá. En su tercera página el poeta nos advierte: “abra el libro como quien pela una fruta”. Y es cierto. Este breve ramillete de poemas estuvo olvidado largos años y fue gracias a Carlos Meneses, Omar Aramayo, el mismo Ayala y a Mario Vargas Llosa –preparó un hermoso discurso al obtener el Premio Rómulo Gallegos—que dignificó una vida sobrecogida por la soledad y la y miseria, que es hoy un retrato mítico de la vida de un auténtico artista.


Los mandarines de la burocracia cultural en el Perú han ignorado olímpicamente la obra de Oquendo de Amat. Y ya lo dije, del Ministerio de Cultura no hablo. Para huachimanes de momias, ya hay suficientes. Pero me indigna esa falta de aprecio por la poesía que orquesta esa costra del clan de los regios de la DBA enquistada en esas oscuras oficinas donde, supongo, están cómodos los fantasmas de Kafka. La Biblioteca Nacional mantiene su revista “Libros & Artes” y cumple ¿Y el resto? Yo recuerdo publicaciones como “Cultura y pueblo” gracias al esfuerzo de Arguedas y luego la revista “Textual”. Hoy solo producen trípticos y del Qhapaq Ñan no pasan. Que Oquendo de Amat era un ilustre desconocido para el canon de los poetas quisquillosos, es cierto. No obstante, los esfuerzos por devolverle su potencia creadora existen pero están enterrados en uno de los sótanos de ese elefante blanco de la Av. Javier Prado.

5.

Lizandro de Amat Machicao, primo hermano del poeta y quizá la única persona tuvo un trato intenso con él antes de que viajase a Europa, dejó este testimonio: “Carlos no era un escritor ortodoxo. Una vez le pregunté porque es que no había publicado otro libro. Me contestó más o menos así, que la poesía para él era un trabajo de alquimista, de arquitecto del universo, de una especie de viajero que en muchos lugares iba escribiendo alguna palabra. Me sorprendí cuando me dijo que no le interesaba la cantidad de libros y poemas que publicara un poeta, lo importante es –dijo—‘los metros de poesía porque había poetas que publicaban muchos poemas pero que su poesía alcanzaba unos centímetros apenas. Le pregunté sobre los poetas puneños, especialmente de Alejando Peralta, Dante Nava y Aurelio Martínez, sonrío y en su sonrisa pude ver el hecho de abstenerse de opinar para no comprometerse en un juicio valorativo”.

Magda Portal cuenta lo siguiente: «El poeta puneño después de haber recorrido todo Lima y hecho la venta de sus ‘bonos’, entregó a Julio César Mariátegui parte del  costo total de la edición de su libro. El poeta aunque tenía una terrible condición económica, sin embargo era incapaz de gastar un céntimo en su alimentación, amarrado en un pañuelo guardaba el dinero para su libro. En cierta ocasión llegamos a la pensión donde vivíamos varios poetas vanguardistas, el caso es que faltó un poco de dinero para completar la compra de carne y hacer una parrillada, le pedimos a Oquendo que pusiera la cuota que le correspondía y Oquendo se negó: Primero la poesía y después la carne-dijo».

Finalmente diré que de mi biblioteca no me regodeo. Hay lo justo y necesario. Ahí, en un lugar protagónico luzco un libro: “Carlos Oquendo de Amat” de los autores Omar Aramayo y Rodolfo Millas (Editorial Cultura Peruana. Limas 2005). El pretexto es el homenaje al centenario del nacimiento del poeta y contiene una selección de 19 textos de los llamados ‘reputados’ publicados por aquí y por allá. Figuran el conocido de Vargas Llosa y Rosa Arciniega junto a testimonios de los profesores Tauro del Pino, José Varallanos, Emilio Adolfo Westphalen (entrevistado por Milla), Aparecen también semblanzas del hallazgo de su tumba gracias a Carlos Meneses, José Antonio Bravo, Esteban Pavletich, amén de los críticos José Luis Ayala, Monguió, Coyné, Belli, Ortega y otros. Termino, Oquendo de Amat dejó sus 5 metros de poemas. Hoy, nos queda sus millones de poesías ilustradas por el resplandor del tiempo.

______________________

*Carlos Meneses (Lima, 1930 – Mallorca 2020) Estudió Filosofía y Letras, especialidad Literatura, en la Universidad de San Marcos, de Lima, y Periodismo, en la Escuela de Periodismo, de Madrid. Ha publicado teatro, novela, cuento y ensayo, tanto en España como en el Perú y en México. Ha obtenido varios premios como el nacional de teatro del Perú en 1958; el Blasco Ibáñez, de Valencia, a su novela Edén Moderno (2002) o el Peñíscola de cuentos por Lo que puede un pianista. Ha sido periodista en Lima, Santiago de Chile, Buenos Aires, Montevideo, Río de Janeiro, Madrid y Palma de Mallorca, ciudad en la que reside desde l964. De sus biografías destacan las de Oquendo de Amat, Borges, J. Guillén, Miguel A. Asturias y Rafael Barrett. Ha sido crítico de libros entre los años 70 y 90. 

MUJERES DE CAPACHICA POR PINCELES PERUANOS

 









sábado, 5 de septiembre de 2026

UNA RAPIDA MIRADA CRITICA A LA ACTUALIDAD POLITICA EN EL PERU

 EN UN CALLEJÓN (CASI) SIN SALIDA

 Por Gustavo Espinoza M.

S

uele decirse -y es verdad- que en política no hay situaciones sin salida. Siempre hay una salida. Lo que ocurre es que no siempre la salida es la esperada y tampoco es la mejor. Al contrario, casi siempre resulta inesperada y suele ser peor. Lo que sucede es que las fuerzas en pugna se valen muchas veces de herramientas obscenas para imponerse en una circunstancia y al lograrlo, ponen a luz muchas de sus propias debilidades. En otras palabras, muestran todas sus impudicias.

 Esto queda más en evidencia cuando las fuerzas en pugna son afines, separadas de modo coyuntural por ambiciones, egoísmo, pequeñas mezquindades o simple angurria. Incurren entonces en falacias, truhanerías de poca monta y pujas ridículas muchas de las cuales colocan a trasluz el frágil sustento de las ataduras que los ligan y muestran la fealdad de los roles que aparentan.

 Dos hechos, quizá independientes el uno del otro, o tal vez unidos por algún hilo invisible; han mostrado la crisis del régimen de Keiko Fujimori al cumplirse un mes de su “gestión gubernativa”: el atentado de Trujillo que segó la vida de cuatro personas, y el accionar de una mafia de alfiles encargada de penetrar y distorsionar los procesos electorales de diversos países de América del sur para colocarlos bajo la esfera de la Casa Blanca monitoreada por Donald Trump.

 Los sucesos ocurridos en la capital de La Libertad pusieron en negro sobre blanco las debilidades de un régimen absolutamente precario e improvisado: un ministro del Interior que por “razones personales” no pueden estar donde debía estar para cumplir con su deber; un ministro de Defensa que no sabe lo que dice ni tiene idea de lo que hace; un grupo de gentes que nadie sabe si son delincuentes disfrazados de policías o policías disfrazados de delincuentes -para los efectos da lo mismo-; armamento de guerra y uniformes oficiales que nadie dice de dónde salieron ni cómo llegaron a ese destino; y un cúmulo de versiones descabelladas que se contradicen entre sí y que nadie sabe cómo aclarar; y una Mandataria que calla varios días para terminar diciendo nada, como es su estilo.

 De todos modos, lo que queda claro del tema es que hubo un secuestrado que no fue “liberado” por la policía como lo sugirió el gobierno, sino puesto en libertad por sus captores como lo reconoció la familia, a cambio de “acuerdos” no revelados; y cuatro muertos, asesinados por un tirador experto. Después, un grupo de capturados que habrían incluso firmado autoinculpaciones pero que evidentemente no tenían nada que ver con los hechos, y un conjunto de fotos del Grupo Operativo y de Unidades Móviles que participaron directa o indirectamente en los hechos luciendo placas oficiales.  Todo permitió que muchos volvieran los ojos a las últimas décadas del siglo pasado cuando el terror se enseñoreó en el país.

 No es la primera vez que la policía presenta a “culpables” de delito que no cometieron. Recordemos que cuando mataron a Pedro Huilca también presentaron hasta cinco grupos de “los verdaderos asesinos” del dirigente obrero para ocultar a los verdaderos responsables.  Y en esa circunstancia se habló también de “la confesión” de los acusados, quienes -luego de un “interrogatorio científico- terminaron admitiendo su participación en el hecho.

 Por casos como esos la justicia ordinaria terminó señalando que no era válida una “confesión” extraída en las ergástulas policiacas de la avenida España y hasta dio al traste con la vieja tesis de considerar “la confesión del reo”, como “la reina de las pruebas”.

 De todo este desordenado cambalache de acusaciones y “pruebas” insustentables; lo único que quedó en evidencia es que el gobierno mintió de comienzo a fin y que el jefe de la policía, el general Arriola está comprometido en acciones de las que habrá de dar cuenta quiérase o no.

 El otro gran tema tiene que ver con la captura de un asesino en potencia, el argentino Fernando Cerimedo, asesor ejecutivo del presidente boliviano Rodrigo Paz, alfil del gaucho Milei y del chileno Katz y hombre de confianza de Donald Trump. Es decir, un operador del Imperio en esta región del mundo con todos los recursos imaginables y condecorado en febrero pasado en Mar a Lago -Florida- con la asistencia de Keiko Fujimori.

Fernando Cerimedo
  Ahora está casi probado que a esta troupe de espías pertenece Cerimedo, pero también Javier NegriCarlos Diaz-Rosillo y Damián Valenzuela, todos pájaros de alto vuelo, usuarios del Hotel Marriot -la cadena hotelera vinculada a la CIA- y sustentadores de una red de “Bols” que trabajó para la elección de Bolsonaro, pero también de Milei, Kast, y otros. Todos unidos por un mismo pabilo.

 Para completar el escenario, cabe referirse al papel que cumple el funcionario de la embajada de los Estados Unidos revestido ahora como ministro de Relaciones Exteriores para escarnio de la Cancillería, esa de Raúl Porras y Carlos Alzamora. El señor Espá anunció la “ruptura de relaciones diplomáticas” con Irán y luego atacó a la administración de Managua “en nombre de la democracia”.

 Es probable que en Teherán se pregunten quién es este Espá, de dónde viene y cómo ha salido. Pero no es previsible que nos envíen un Misil Nuclear para acabar con él. Los nicaragüenses por su parte, le han recordado que no merece siquiera una respuesta. Y es que el Perú, después de 36 años de influencia fujimorista, está con su prestigio por los suelos.

 Todos estos elementos -y algunos más- configuran la crisis que vive el país y que tiene ya repercusiones en a economía. La inflación aumenta, se disparan los precios, decae el crédito externo y se incrementa la desconfianza de los inversores. ¿Será para eso que postuló Keiko? ¿Pretenderá así “gobernar” cinco años?

 Pretender salir de este callejón podría llevarla a alentar un peligroso “ruido de sables”. Cuidado, entonces. <>

viernes, 4 de septiembre de 2026

CIBERNETICA PARA TORCER LA VOLUNTAD POPULAR

 GRANJAS DE BOTS, SILENCIO OLIGOPÓLICO Y CRISIS DEL ESTADO PERUANO

Por: Jorge Luis Choque

L

a democracia peruana no se destruye únicamente desde las instituciones debilitadas, sino desde una invisible y perversa arquitectura de poder digital. La reciente detención en Bolivia del consultor argentino Fernando Cerimedo —operador que confesó manejar más de 50 000 cuentas falsas e inteligencia artificial para distorsionar algoritmos— ha puesto al descubierto una red transnacional dedicada a fabricar “relevancia artificial” y manipular la voluntad popular en América Latina. Mientras el elector peruano acude a las urnas creyendo que su voto cuenta, una infraestructura financiada por la ultraderecha internacional y apadrinada por agendas extranjeras altera sistemáticamente las reglas de la competencia política para garantizar que nada cambie y el statu quo permanezca intacto.

Esta articulación no es ajena al escenario local. La conexión entre Carlos Díaz-Rosillo —asesor vinculado al entorno de Keiko Fujimori y financiado por la rancia red de think tanks ultraconservadores de Miami— y figuras como Cerimedo expone cómo la política peruana ha sido infiltrada por mercenarios digitales. La estrategia ya no consiste en persuadir al ciudadano con ideas o propuestas de desarrollo, sino en saturar el espacio público con falsedades, ataques orquestados y fake news para destruir adversarios. Lo que el poder presenta como “opinión pública” en redes sociales no es más que el zumbido coordinado de granjas de bots diseñadas para desinformar y coaccionar el voto.

Frente a esta grave injerencia en la soberanía nacional, el comportamiento de la prensa oligopólica en el Perú raya en la complicidad absoluta. Mientras el escándalo Cerimedo abría portadas internacionales sobre el “colonialismo digital”, en el Perú los principales grupos mediáticos optaron por un cerco informativo estratégico. La prensa concentrada en el país ha dejado de cumplir su rol fiscalizador: no investiga el origen de los recursos que financian estas campañas ni interpela a los actores políticos salpicados por estas redes. Al guardar silencio, la concentración de medios se convierte en un engranaje más de la misma maquinaria que encubre la manipulación electoral.

En lugar de poner en agenda los peligros que amenazan la legitimidad democrática, la corporación mediática y la clase política prefieren recurrir a la sobreexposición del espectáculo policial. El despliegue sensacionalista sobre cabecillas del crimen organizado como “Los Pulpos” o la instrumentalización de la inseguridad ciudadana sirven como la cortina de humo perfecta para solicitar facultades legislativas y distraer a la población. Mientras el ciudadano vive angustiado por la violencia cotidiana y el morbo televisivo, el aparato estatal y las élites políticas se aseguran de que nadie examine la pudrición estructural del sistema político ni el negocio de la desinformación.

Esta estrategia de distracción resulta funcional para un Estado fallido que se muestra incapaz de responder a las demandas vitales de su gente. Ni la prevención frente al Fenómeno del Niño ni la contención efectiva de las extorsiones y asesinatos forman parte de las prioridades reales de quienes gobiernan. La vulnerabilidad institucional del Perú es instrumentalizada por una clase política que carece de proyecto país y cuya única meta es la supervivencia en el poder, utilizando el miedo social como mecanismo de control e inhibiendo cualquier atisbo de fiscalización ciudadana.

Como advierten diversos analistas académicos, el verdadero peligro de estas operaciones de desinformación masiva es que distorsionan la realidad al punto de arrebatarle al pueblo una base común para el debate. Cuando una acusación se valida por simple repetición algorítmica y la mentira se viraliza con apariencia de verdad, la ciudadanía pierde la capacidad de distinguir entre lo auténtico y lo fabricado. En este contexto de postverdad promovida, el silencio mediático actúa como un catalizador que acelera la erosión de los derechos políticos y la degradación del sentido democrático.

La crisis actual demuestra que la disputa política contemporánea va mucho más allá de las fronteras nacionales: es una lucha por controlar las condiciones tecnológicas y mediáticas con las que una sociedad percibe su propia realidad. El Perú no puede seguir sometido a un modelo donde las decisiones públicas sean moldeadas por operadores cibernéticos, intereses geopolíticos externos y medios serviles al poder de turno. Es urgente desmantelar la complicidad entre la desinformación digital y la prensa concentrada; de lo contrario, el derecho del pueblo a elegir libremente seguirá siendo una trágica ilusión al servicio de los mismos de siempre. <>

MIRANDO LA REALIDAD MUNDIAL CONTEMPORANEA

 LA DERECHA DEL FIN DEL MUNDO

César Hildebrandt

En HILDEBRANDT EN SUS TRECE Nº 796, 4SEP26

E

l neoliberalismo instauró el mundo brutal del sálvese quien pueda. Esa meritocracia impuesta por la naturaleza –decían- sincerará muchas cosas.

Los que se salvaron, claro, eran los que se lo me­recían. Los demás, las poblaciones de las galeras, siguieron igual o peor. Si se mantenían en la pobreza, era porque no tenían ímpetu para escalar. Si empeoraban hasta el charco y el mendrugo, era porque no pertenecían al mundo de las oportu­nidades. Un dios impío así lo decretaba.

A sus órdenes
Pero eso no les bastó a los insaciables. En la batalla cultural, decían, estaban per­diendo porque la izquierda mantenía sus banderas y la agencia de los desafectos seguía siendo atractiva para los jóvenes.

Los tiburones se reunieron en asam­bleas internacionales. Pensaron mucho y dieron en el clavo.

Por eso crearon las redes sociales. Todos los idiotas de todos los tumultos empezaron a aparecer como protago­nistas, estrellas fugaces, pensadores de vereda, locutores de una voz múltiple que conducía a la resignación y al desvarío con lentejuelas.

Poco a poco, con la tenacidad de una epidemia, impusieron la idea de que el mundo era divertido y que las edades eran breves y que, por lo tanto, no valía la pena luchar contra la corri

ente. Nos vendieron la idea de que el pesimismo era un invento de los rojos y que ellos se encargarían de restablecer el orden.

Pero eso no les bastaba a los tragal­dabas salidos del fascismo zombi. La neutralidad que babeaba en las redes era buena, pero no era suficiente. Había que barrer los bolsones de resistencia, borrar a los desafectos y maldecir a los aguafiestas.

Eso suponía proponer el odio. Y llegó el odio armado. Llegaron los nostálgicos de las soldadescas de Pinochet y Videla, los que reivindicaban las masacres de los militares peruanos, los que soñaban con recrear los crímenes de la guerra fría, y entonces vino una ola de exterminios.

El fujimorismo fue un ensayo pionero y exitoso. El hombre del 5 de abril hizo muchas de las cosas que luego se extendieron por América Latina: abolir el concepto del bien común, legislar para los poderosos hablando en nombre de los pobres, concentrar el poder y reclutar a un ejército de periodistas y doctrineros que nombraban a Milton Friedman haciendo reverencias.

Ni siquiera eso bastó. Los pobres se­guían allí, como en el cuento de Monterroso, dispuestos a sumarse a cualquier aventura, y de las universidades seguían saliendo cachorros sin domar.

Había que ajustar las cosas. Y eso fue lo que hicieron. Compraron la prensa que había resistido y centuplicaron el ritmo de sus mensajes, el calor de sus arengas, el miedo de los miedosos. Trillones de neuronas conservadas en naftalina idearon un paisaje en el que hasta era posible que el pop electrónico fabricado en Seúl fuese adorado por la adolescencia sin raíces. De eso se trataba: de hacer creer que la identidad nacional era una tara de vejez y del comunismo. La aldea global surgida del consentimiento parecía una realidad.

Pero no lo era todavía. La lucha debía continuar. La derecha necesitaba ponerse traje cruzado, prender un puro y pensar en Chicago. Ya no se requerían líderes pasmados por el orden internacional, las maneras de la diplomacia, las restricciones de una cierta decencia. La derecha ne­cesitaba bestializarse para lo que se venía: la inteligencia artificial, los despidos en mancha, el cambio de clima (que debía seguir negándose), la expansión de China, la disputa por los metales raros, el futuro angustio­so del agua dulce. La derecha debía vandalizarse porque lo que se venía eran las invasiones bárbaras y Roma, derrotada al final por la extranjería germánica, era el ejemplo a no seguir.

Entonces llegó Trump. El amigo de Epstein era suficientemente degenerado, mañoso y ladrón como para asumir el cargo de comandante en jefe de la nueva armada pirata que habría de dominar mares y estre­chos. Trump exhibió a los Estados Unidos en toda su lobreguez. El país que había derrocado a Arbenz con cierto disimulo, que había apoyado a los Somoza con sonrojo, que había querido reinvadir Cuba usando cu­banos del exilio y aviones disfrazados se convirtió en la banda nuclear más temida del mundo. Y con Trump llegaron a estas tierras desafortuna­das los Milei, los Asfura, los Kast, los De la Espriella y la señora Fujimori. Llegaron también los Cerimedo y el lumpen que saluda en inglés y cobra en criptomoneda.

Una derecha que consume fentanilo, es soda de Netanyahu y dispara sin asco cuando no la escuchan es la que está construyen­do el orden del fin del mundo. Un mundo gore donde casi todos los que sobramos somos nuevos apaches esperando lo peor. <>

 

jueves, 3 de septiembre de 2026

LLAMERADA PARA EL MUNDO

 Omar Aramayo

La llama (lama glama) hace cinco mil años ya era un animal doméstico, sus restos óseos se evidencian en Caral, la civilización más antigua del continente. Y de mucho antes se conoce su existencia extendida incluso en Centroamérica, con las eras se circunscribe a Chile, Perú, y Bolivia. Bolivia tiene una población de dos millones y medio de individuos, Perú millón y medio, Chile un número escaso. No fue siempre así, su número disminuye en el Perú en el siglo XX por las carreteras y la expansión del mercado, que sustituye los productos y servicios que brinda este hermoso animal, y cuyo impacto es menor en Bolivia.

Nos referimos a una pequeña región de Bolivia, porque como se sabe, el oriente boliviano repudia aquello que sucede en el Altiplano que comparte con el Perú. Así que cuando se dice que tal o cual patrimonio pertenece a Bolivia, no solo es arbitrario sino relativo, se habla de una pequeña parte de ese país.

Noble animal de carga usado por el arrieraje
La llama, la alpaca, la vicuña, y el guanaco, camélidos sudamericanos, en su rededor, durante siglos producen una cultura extraordinaria. Sería imposible imaginar el mundo prehispánico, sin la presencia de estos animales. En el caso específico de la llama su aporte no solo es como animal de transporte, sino su áspera fibra, y su carne de contingencia.

Durante milenios la llama, las tropas de llamas, los pastores, y los arrieros, son protagonistas en la construcción de las culturas. Y es tal vez, la más trascendente de esas actividades la del arriero. Los arrieros o caravaneros cruzaron el continente de extremo a extremo con sus productos, tramontaron los pisos ecológicos, surcaron regiones desconocidas y peligrosas, atravesaron anchos y fragorosos desiertos. Y los marcaron. Dibujaron las rutas. Los sorprendes geoglifos que cada día se descubren, a partir del mapa estelar de las pampas de nazca, fueron realizadas por los caravaneros, primero como marca en los caminos y luego como construcción histórica, culto y posesión.

Hace cientos de años grabaron en piedra volcánica, en uno de los pequeños desiertos de Arequipa el testimonio de un pueblo de danzantes, asombroso. Las danzas de llameros en el Perú son numerosas, una de ellas es la llamerada puneña, que los aymaras bolivianos comparten, no por bolivianos sino por aymaras.

De allí, entonces, que un grupo de afiebrados pseudo nacionalistas bolivianos, reclamen la propiedad de algo que pertenece al tiempo, a pueblos ya extintos, a mixturas culturales poco descifradas. No les pertenece. No les pertenece absolutamente nada, es el Perú milenario, la América inédita, virginal. Es, simplemente, cultura humana, donde la fantasía de supuestos derechos de autor, de originalidad, son una farsa, un asco. <>


NOTA DEL EDITOR:  La exhibición de la vestimenta de La Llamerada en un certamen mundial de belleza por nuestra representante Miss Perú Mundo 2026 Josiane Sciotti, ha desatado una ola de protestas en el hermano país de Bolivia. En ellas se exige al Perú reconozca que el origen y practica antigua de esa danza, corresponde al desarrollo cultural auténticamente boliviano. Sin embargo, el cúmulo de argumentaciones no resisten el análisis histórico, puesto que la llamada Bolivia deviene desde el Collasuyo, el virreinato del Perú, la Audiencia de Charcas, conocida como Alto Perú, y culmina con la fundación de la república de Bolivia poco más de 200 años atrás. Antes de ello y tal vez por mil años, existió un ámbito socio cultural común (aimara-altiplánico) desde el que emergieron manifestaciones culturales de diversa clase, entre las que destaca el mundo de la coreografía popular, entre la que se ubica -entre algunas otras- la Llamerada, la misma que no puede reputarse como "boliviana", simple y llanamente porque es muy anterior a la aparición de la República de Bolivia en el continente americano. GVC

miércoles, 2 de septiembre de 2026

LA DISCRIMINACION RACIAL Y CULTURAL EN DEBATE

 ¡LA COLONIA SIGUE VIVA!

CUANDO EL STATU QUO INSULTA AL PERÚ MESTIZO

Jorge Ramos

Tomado de Facebook

L

a reciente respuesta de Eddie Fleischman contra Mirtha Vásquez no debe entenderse únicamente como una disputa entre dos personajes públicos. Detrás de sus palabras aparece una fractura mucho más antigua: la confrontación entre el Perú del statu quo —centralista, excluyente y acostumbrado a administrar la respetabilidad— y el Perú mestizo, provinciano y popular, que exige participar en la vida nacional sin pedir permiso a las élites.

Mirtha Vásquez calificó al gobierno de Keiko Fujimori como una gestión precaria que improvisa y no sabe qué hacer con el país. Esa afirmación puede ser discutida, cuestionada o refutada. Fleischman tenía todo el derecho de responderle con cifras, decisiones gubernamentales y resultados concretos. Pero no hizo eso. Escribió: “El descaro, la desfachatez, la desvergüenza, el desparpajo y la hipocresía. El cartón lleno de los ZdM”.

Mirtha Vasquez
La expresión “ZdM”, empleada reiteradamente por Fleischman, significa “zurdos de mierda”. No estamos, por tanto, ante una respuesta política, sino ante una operación de demolición moral. En lugar de explicar por qué Vásquez estaría equivocada, la arroja dentro de una categoría humana supuestamente despreciable. Eso revela una incapacidad para debatir, pero también algo más profundo: la antigua costumbre de decidir quién merece ser escuchado y quién debe ser humillado.

Fleischman y Vásquez: Dos visiones del Perú

Eddie Fleischman no representa oficialmente a toda la derecha ni a todos los empresarios. Sin embargo, su discurso expresa una corriente política que defiende el orden económico existente, condena colectivamente a la izquierda y presenta cualquier cuestionamiento profundo como una amenaza contra la inversión, la propiedad o la libertad. El problema es que esa derecha rara vez diferencia entre capitalismo productivo y mercantilismo rentista.

El capitalismo productivo invierte, industrializa, desarrolla tecnología, compite, crea empleo formal y asume riesgos. El mercantilismo rentista, en cambio, busca privilegios, monopolios, contratos favorables, protección estatal, exoneraciones y relaciones cercanas con el poder político. Uno transforma la economía; el otro administra ventajas. Defender automáticamente el statu quo no significa defender el verdadero capitalismo. Muchas veces significa proteger un sistema en el cual determinados grupos privatizan las ganancias, trasladan las pérdidas al Estado y conservan su influencia política generación tras generación.

Mirtha Vásquez tampoco representa al comunismo, como pretende hacer creer la propaganda que llama “comunista” a cualquiera que cuestione al poder económico. Ella pertenece a una izquierda democrática, social y ambientalista. Es una abogada cajamarquina, formada en una universidad pública, docente, defensora de derechos humanos, excongresista, expresidenta interina del Congreso y expresidenta del Consejo de Ministros. Se puede discrepar radicalmente de su gestión y de sus ideas. Lo que no se puede hacer honestamente es presentarla como una ignorante, una intrusa o una mujer sin autoridad para opinar sobre el rumbo del país.

La colonia terminó en los papeles, no en las mentes

El colonialismo no desapareció completamente con la proclamación de la independencia. Terminó el dominio jurídico de España, pero permanecieron muchas de sus jerarquías: Lima sobre las regiones, el blanco sobre el indígena, el poderoso sobre el pobre, el apellido sobre el mérito y la riqueza sobre la ciudadanía. Esa colonialidad interna sigue decidiendo quién posee “buena presencia”, quién habl “correctamente”, quién puede gobernar y quién debe permanecer callado.

Cuando una mujer provinciana, mestiza y vinculada con la defensa de comunidades campesinas cuestiona al poder, la respuesta no siempre busca debatir sus argumentos. Con frecuencia intenta rebajarla: “resentida”, “incapaz”, “comunista”, “caviar”, “radical” o “terruca”. El terruqueo se ha convertido en el nuevo certificado colonial de inferioridad. Ya no es necesario demostrar que alguien pertenece a una organización terrorista. Basta con que defienda derechos laborales, comunidades campesinas, recursos naturales o una posición de izquierda para colocarlo bajo sospecha. Así se construye una ciudadanía de dos categorías: los respetables, que pueden opinar; y los sospechosos, que deben justificarse antes de abrir la boca.

No existe en la publicación analizada una expresión racial explícita contra Mirtha Vásquez. Fleischman no menciona directamente su color de piel ni la llama “india”. Por eso no debemos inventar una prueba que no existe. Pero también sería ingenuo ignorar el contexto histórico en el que se produce la agresión. En el Perú, el racismo pocas veces reconoce su propio nombre. No siempre dice abiertamente “te desprecio por ser indígena o mestizo”. Muchas veces se disfraza de superioridad cultural, intelectual y moral.

La pregunta resulta inevitable: ¿se emplearía la misma violencia verbal contra una mujer perteneciente al círculo social, económico y cultural del propio agresor? No podemos atribuirle una motivación racial personal sin pruebas, pero sí podemos reconocer que su descalificación reproduce una cultura que históricamente ha colocado al Perú provinciano, campesino y mestizo en una posición subordinada.

El clasismo que reparte certificados de respetabilidad

El mensaje de Fleischman posee un evidente componente clasista porque no trata a Vásquez como una adversaria política con experiencia institucional. La reduce a una integrante más de “los ZdM”, como si todas las personas de izquierda fueran idénticas y ninguna mereciera una respuesta racional. El mecanismo es sencillo: el integrante del statu quo conserva el privilegio de calificar; el cuestionador popular queda obligado a defender su propia dignidad.

Si usted pertenece al grupo correcto, su palabra es opinión. Si pertenece al grupo estigmatizado, su palabra es descaro.

Si defiende el modelo existente, es sensato. Si cuestiona sus privilegios, es hipócrita.

Si proviene de las élites, posee autoridad. Si proviene de las regiones, debe demostrar permanentemente que merece estar allí.

Eso es clasismo político: convertir la procedencia, el apellido, la apariencia y las relaciones sociales en títulos de legitimidad.

También existe una dimensión de género. No todo ataque contra una mujer constituye automáticamente misoginia, pero el lenguaje empleado debe ser examinado. Fleischman no cuestiona una política pública específica. Ataca el carácter moral de Mirtha Vásquez: descarada, desfachatada, desvergonzada e hipócrita. La acumulación de calificativos pretende presentar a una mujer políticamente incómoda como alguien indigna de consideración. Es una forma de disciplinamiento: puede participar, pero no cuestionar demasiado; puede ocupar cargos, pero no desafiar al poder; puede hablar, siempre que diga aquello que el statu quo está dispuesto a tolerar. Cuando supera ese límite, se activa la maquinaria de la humillación.

No es una guerra de razas, es una lucha contra una estructura

Sería un error responder al racismo con otro racismo. No todos los blancos, criollos o descendientes de europeos son responsables de los crímenes históricos del Perú. Tampoco toda persona mestiza, indígena o provinciana representa automáticamente la justicia. La responsabilidad no pertenece biológicamente a una raza. Pertenece a élites, instituciones y grupos de poder concretos que convirtieron su riqueza, origen y cercanía al Estado en títulos de superioridad.

Los grandes abusos de nuestra historia no fueron cometidos por un color de piel aislado, sino por una estructura colonial y republicana que utilizó las diferencias raciales y sociales para justificar el despojo, la explotación y la exclusión. Por eso, el objetivo no debe ser reemplazar una supremacía por otra. Debe ser destruir el sistema que todavía clasifica a los peruanos según su apellido, dinero, lugar de nacimiento, acento o apariencia.

La contradicción final es evidente: Fleischman acusa a Vásquez de hipocresía, pero no refuta ninguna de sus afirmaciones. ¿El Gobierno posee un rumbo claro? Que lo demuestre. ¿Tiene una estrategia contra la delincuencia? Que presente resultados. ¿Está atendiendo el hambre y la inseguridad alimentaria? Que publique cifras. ¿Ha dejado de improvisar? Que explique sus políticas. Eso sería debatir. Pero llamar “zurda de mierda” a una adversaria no prueba que ella esté equivocada. Solamente demuestra que el agresor ha sustituido el razonamiento por el desprecio.

Conclusión

La colonia sigue viva cada vez que alguien cree que su posición social le permite mandar al silencio a quienes considera inferiores. Sigue viva cuando la crítica de una mujer cajamarquina recibe insultos en lugar de respuestas. Sigue viva cuando se terruquea al mestizo, al campesino o al dirigente popular para expulsarlo simbólicamente de la ciudadanía. Mirtha Vásquez puede equivocarse, como cualquier autoridad. Sus decisiones pueden y deben ser fiscalizadas. Pero posee exactamente el mismo derecho que Fleischman, Keiko Fujimori o cualquier integrante de las élites limeñas a cuestionar el rumbo del país.

El Perú no pertenece a una clase, una raza, una ideología ni un grupo de apellidos. La independencia continuará incompleta mientras algunos ciudadanos se consideren dueños del derecho a hablar y traten al resto como chusma que debe obedecer.

¡LA COLONIA TERMINÓ EN 1821, PERO SUS HEREDEROS MENTALES TODAVÍA ADMINISTRAN EL DESPRECIO!

¡EL PERÚ MESTIZO, INDÍGENA, PROVINCIANO Y POPULAR NO PIDE PERMISO PARA EXISTIR, PENSAR NI GOBERNAR!