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| Humareda: NOCTURNAL |
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| Edwin Romero: PUMA UTA |
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| Allca Merma: Calle Cruz Verde AQP |
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| ESQUINA DEL MERCADO PUNO |
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| Curi Gutierrez: EN SELVA ALTA |
50 / 50
Christian Reynoso
|
L |
a espera desespera, suelen decir. Pero en el Perú
ya estamos acostumbrados a esperar. Los resultados de la ONPE, tras el proceso
electoral de la segunda vuelta, se hacen esperar, tal vez más de la cuenta,
aunque se supone que dentro de lo razonable. Poco a poco, en horarios
indistintos, se va actualizando el conteo, en tanto que el porcentaje se va
acercando al 100% de las actas contabilizadas. En este momento, en que escribo
estas líneas, se muestra al 95.977% (11.16 a.m. del 9/6/26), con 50.057% para
Roberto Sánchez y 49.943% para Keiko Fujimori.
Por otra parte, el resultado del Conteo rápido de
la encuestadora Ipsos, que, de acuerdo con el historial de las últimas cinco
elecciones, ha sido exactamente igual o solo diferente por algunas décimas, en
comparación con el resultado al 100% de la ONPE, esta vez, ha dicho su
presidente ejecutivo, podría cambiar. ¿Cómo así, por qué? No me queda claro.
Con ello, la tendencia de los resultados que apuntaba a una victoria de Sánchez
tras el Conteo rápido, podría no ser así. Esto ha provocado la sensación de
estar frente a un ambiente enrarecido, con más incertidumbres que certezas.
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| Dicen que el Perú se ha partido en un lado y en su opuesto |
Está claro que cualquiera de los dos candidatos que gane lo hará con un pequeño margen sobre el otro. Pero este 50/50 que se observa en la votación, también expresa lo que ocurre en el país: dos maneras distintas de concebir la política y lo que se espera de su ejercicio, y en el modo de sentirse representados. Aunque ello no debería ser una anormalidad en un estado democrático, en nuestro país genera más bien una polarización exacerbada, colmada de insultos, racismo, difamación, ignorancia, mirada vertical y el delirio de la etiqueta ideológica, que ponen en cuestión el respeto, pero al mismo tiempo develan el alma de cada quien. Por lo menos el alma política.
Tal vez sucede que entre peruanos no nos
conocemos, o nos conocemos demasiado bien, y por eso nos resulta difícil
dialogar y entendernos, y encontrar un proyecto común de país más allá del
apuro de la sobrevivencia del día a día. 50/50, mita mita, fifty-fifty, en este
contexto, está lejos de sugerir el equilibrio y lo equitativo. No queda más que
esperar, seguir esperando. Casi un deporte nacional. Esperar a que el Perú
cambie alguna vez, sin corrupción, sin pobreza, con educación, con paz. <:>
__________________
NOTAS
DEL DIFUSOR
1. LAS MESAS EN ESTADOS UNIDOS DEBEN SER
VIGILADAS PARA EVITAR UNA IRREGULARIDAD EN ESTE PAÍS, ya que el voto en el
exterior lo controla la cancillería peruana (favorable al fujimorismo) y no el
poder electoral. (Resumen de la Situación Electoral 09/06/2026)
2. HILDEBRANDT
SOSPECHA ALGO TRAS LAS REVELACIONES DEL DIRECTOR DE IPSOS SOBRE UNA POSIBLE
VICTORIA DE KEIKO FUJIMORI BAJO FUERTE PRESIÓN POLÍTICA
César Hildebrandt volvió a pronunciarse
en medio de la tensión electoral y recordó que los conteos rápidos de IPSOS
históricamente han mantenido un elevado nivel de precisión en las elecciones
presidenciales. Por ello, diversos sectores consideran que cualquier escenario
distinto al reflejado inicialmente por esas cifras deberá ser explicado con
absoluta transparencia.
La polémica aumentó luego de que el
director de IPSOS, Alfredo Torres, afirmara que, según todos los algoritmos
matemáticos y escenarios posibles, Keiko Fujimori terminaría imponiéndose a
Roberto Sánchez por una diferencia mínima, pese a que el conteo oficial seguía
mostrando una disputa extremadamente ajustada.
A ello se suman las filtraciones, audios
y especulaciones que han circulado durante las últimas horas sobre las actas
observadas y el peso del voto extranjero, alimentando las dudas y recordando a
muchos ciudadanos otros momentos polémicos de la historia electoral peruana.
En una de las elecciones más reñidas de los últimos años, la exigencia de millones de peruanos sigue siendo una sola: que se respete la voluntad popular expresada en las urnas y que el resultado final esté acompañado de total transparencia y confianza ciudadana.
3. TORRES DE IPSOS SE TRAE ALGO BAJO LA MANGA.-
El diputado electo por Lambayeque, Ernesto Zunini, lanza una dura crítica hacia
el jefe de Ipsos, “Es muy “extraño” que el Sr. Alfredo Torres de Ipsos salga a
desmentirse a sí mismo, a despreciar su propio estudio ¿desde cuándo la
estadística dejó de ser ciencia? ¿Qué opina sobre esto Transparencia?
RACISMO EN EL PERÚ
Por: Moisés Suxo Yapuchura
Introducción
|
L |
a
historia de la migración interna en el Perú es también la historia de la lucha
por el reconocimiento. Miles de personas de origen andino, muchas de ellas
hablantes de lenguas originarias como el aimara o el quechua, migraron a las
ciudades en busca de mejores condiciones de vida. Pero lo que encontraron fue,
muchas veces, un país que no los reconocía como parte legítima de su identidad
nacional.
Este
artículo presenta y analiza dos testimonios de abuelos migrantes aimaras:
Jacobo, quien vivió la experiencia migratoria en la década de 1950, y Pablo,
cuya experiencia es de la década de 1960. A través de sus voces, podemos
comprender no solo los efectos del racismo estructural, sino también la evolución
de las formas de resistencia y afirmación identitaria en el Perú.
1. Testimonios
Jacobo
en su testimonio señaló que “En esos años, 1956, hablar de aimara era un
poquito vergonzoso a veces porque también el trato era un poco diferente, que
tú vienes es como cualquier cosa, que serrano, entonces te evitas, ya no
aceptas. Muchas veces los paisanos se pasan, dicen yo soy arequipeño, soy de
Tacna, así hacían esos, se avergonzaban... Antes era arrinconado, marginado,
había marginalidad, por ejemplo, en Lima, los huarochiranos en La Parada cuando
entré a trabajar en los negocios: ¡serranos! ¡llamas!, decían.”
Este testimonio revela una época marcada por el racismo abierto y estructural entres los propios migrantes. Jacobo experimenta la discriminación lingüística, geográfica y étnica. El solo hecho de hablar aimara, o ser identificado como "serrano", era motivo de burla y marginación. La respuesta de muchos migrantes fue ocultar su origen, adoptando identidades regionales más aceptadas por la sociedad limeña.
Por
otro lado, Pablo dijo que “Con los compañeros de trabajo éramos como amigos.
Como somos ya grupo, entonces ya, un mes, un mes así por ahí no más he
trabajado yo en el campo (jardinería), después a la oficina. Sí, así he
trabajado yo. Ya, ahí, entonces, de ahí he salido ya. No, no, no he tenido
ningún problema.”
Prosiguió:
“En el trabajo me encontraba con personas de Cajamarca, Huancayo, Cerro de
Pasco... Cada uno con su propia forma de ser. Algunos no sabían quién fue
Atahualpa, otros no conocían Puno, ni Huancho, ni Huancané. Yo sí les decía:
‘Soy puneño, de cerca de Bolivia’. Y ya, así nos conocíamos, nos entendíamos
hablando castellano.”
El
relato de Pablo representa una realidad distinta y más integradora. Aunque
persisten las diferencias culturales y geográficas entre migrantes, no hay una
experiencia directa de discriminación. Pablo afirma su identidad puneña con
orgullo, y señala una convivencia más horizontal en el entorno laboral limeño.
2. Análisis
comparativo
2.1. Migración como
choque cultural
Ambos
testimonios reflejan la experiencia común de la migración interna en el Perú.
Personas de los Andes, hablantes de lenguas originarias como el aimara, se
trasladan a Lima en busca de trabajo. Sin embargo, al llegar, se enfrentan a
una sociedad urbana que no los reconoce y muchas veces los discrimina.
•
Jacobo vivió la migración en la década de 1950, cuando hablar aimara era motivo
de vergüenza.
•
Pablo, aunque en un tiempo después, 1960, también experimenta esa diversidad,
pero desde una perspectiva más integradora.
Ambos
casos revelan cómo la migración reconfigura las relaciones sociales y pone en
tensión las identidades regionales, lingüísticas e históricas.
![]() |
| Brigida Curo candidata a vicepresidenta |
•
Jacobo muestra cómo el racismo obligaba a los migrantes a negar su identidad
para sobrevivir. Hablar aimara era motivo de burla, y muchos fingían ser de
otras regiones más aceptadas. Su experiencia está marcada por vergüenza,
ocultamiento y exclusión.
•
Pablo, en cambio, representa un contexto donde hay más apertura. Aun cuando
existe desconocimiento cultural, él afirma con orgullo su identidad puneña.
Rechaza el silencio y defiende su origen andino sin conflictos aparentes.
Mientras
que en el pasado la identidad andina era algo que debía ocultarse para evitar
la exclusión, en el testimonio de Pablo se muestra como un orgullo cultural,
aunque siga siendo una minoría frente al predominio del castellano y la cultura
costeña. Esto habla de un cambio de paradigma generacional, aunque no
necesariamente de la desaparición del racismo.
2.3. Lengua y
memoria como fronteras
La
lengua aimara aparece en los dos casos como un marcador identitario importante.
Mientras que para Jacobo el aimara lo marginaba, para Pablo, el castellano es
la lengua común entre migrantes, aunque ello implique cierta pérdida del
aimara.
Ambos
coinciden en que los migrantes llegan con referencias geográficas e históricas
distintas, lo que genera desconexión. No todos conocen figuras como Atahualpa,
ni ubican Puno o Huancané. Esto deja en evidencia que el Perú sigue siendo un
país fragmentado culturalmente, donde las regiones aún no se reconocen entre
sí. La migración interna hace visibles esas diferencias, forzando a los sujetos
a redefinirse y posicionarse culturalmente.
2.4. Relaciones laborales:
de la hostilidad al compañerismo
•
Jacobo denuncia violencia verbal directa, estigmatización
("¡serrano!", "¡llama!"), y una ciudad hostil hacia los
migrantes.
•
Pablo, en contraste, destaca la amistad y la convivencia en el trabajo:
"con los compañeros éramos como amigos", dice, y enfatiza que no tuvo
ningún problema en su entorno laboral. Incluso experimentó movilidad, pasando
de la jardinería a la oficina.
Esto
podría mostrar una transformación en las relaciones laborales y sociales entre
migrantes en la ciudad: de una lógica de discriminación excluyente (Jacobo) a
una de coexistencia y cierta integración (Pablo). Sin embargo, también puede
ser que las formas de racismo hayan mutado, volviéndose más sutiles o menos
explícitas.
A
continuación, se presenta un cuadro comparativo resumido.
Ver
Cuadro "eje temático"
3. Conclusión
Los
testimonios de Jacobo y Pablo no solo nos cuentan sus vidas, sino que también
nos permiten pensar en el Perú como una sociedad profundamente marcada por el
racismo, la desigualdad y la lucha por el reconocimiento.
Jacobo representa una época de marginación abierta, donde los migrantes eran empujados a ocultar su cultura. Pablo, en cambio, muestra un momento de mayor afirmación, donde se puede decir con orgullo "soy puneño", aunque el desconocimiento entre peruanos persista.
Ambas
voces revelan que la migración interna no es solo un fenómeno económico, sino
también una historia emocional, cultural y política, que sigue vigente.
4. Llamado a la
acción
¡Nunca
más vergüenza por ser quienes somos!
“Antes
era arrinconado, marginado... Ahora digo con orgullo: soy puneño.”
Los testimonios de Jacobo y Pablo son una memoria viva del racismo y la resistencia. Hoy, te invitamos a construir una sociedad plural, intercultural y distinta.
¿Qué
podemos hacer?
•
Valorar todas las culturas del Perú —no solo las dominantes.
•
Denunciar el racismo y la exclusión, en cualquier forma.
•
Educar en interculturalidad desde las escuelas, medios y familias.
•
Escuchar a los migrantes, no como "otros", sino como parte de
“nosotros”.
_____________________
Referencia
Suxo
Yapuchura, Moisés: RAÍCES AIMARAS EN LIMA. DOS HISTORIAS DE VIDA/ LIMA MARKANA
AYMARA SAPHINAKA: PAYA JAKAÑA SARNAQÄWI. (En prensa).
Moisés Suxo Yapuchura, es magister en Planificación y
gestión de la educación intercultural bilingüe por la Universidad Mayor de San
Simón de Bolivia. Egresado de Antropología de la Pontificia Universidad
Católica del Perú.
RECORDEMOS EL FRAUDE ELECTORAL DEL FUJIMORISMO EN EL AÑO 2000
Por
Nicanor
Domínguez Faura
‘El Salmón” 5 de junio de 2026
En el debate presidencial del pasado
domingo 31 de mayo, la candidata Keiko Sofía Fujimori Higuchi afirmó: “A nosotros
nos preocupa de sobremanera lo que ocurrió en la primera vuelta. Hemos
respaldado las denuncias de otros grupos políticos. Hemos saludado, sí, también
las decisiones del Jurado Nacional de Elecciones de ampliar los horarios y
ampliar la votación hasta el día siguiente”.
Evidentemente hacía referencia a
las escandalosas e infundadas denuncias del candidato de ‘Renovación Popular’, Rafael
López-Aliaga Cazorla, quien pretendió por casi seis semanas desconocer el
resultado de la primera vuelta de las elecciones de este año 2026, pues resultó
en tercer lugar y sin opción a pasar a la segunda vuelta. Esta campaña
“fraudista” de López-Aliaga ha causado un serio desprestigio de los organismos
electorales: la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) y el Jurado
Nacional de Elecciones (JNE).
La candidata hizo también referencia
a su “Campaña Defensores del Perú”, el intento de reunir 100 mil personeros de ‘Fuerza
Popular’ para la segunda vuelta: “Hacemos un llamado a la población para
defender el Perú y hacemos esta convocatoria para que todos los ciudadanos se
inscriban como personeros no solo en Fuerza Popular, también en el otro grupo político.
Los observadores internacionales serán claves porque lo que tenemos que hacer
es fortalecer la democracia”.
Lo que no ha mencionado ella es
que --tanto en la primera vuelta de este año 2026 con López-Aliaga, como en la segunda
vuelta del año 2021, cuando el fujimorismo intentó desconocer su derrota
electoral con la campaña del supuesto “fraude en mesa”-- todos los observadores
internacionales han coincidido en rechazar el “fraudismo” de la derrotada y revanchista
derecha peruana, respaldando la labor de los organismos electorales. Recordemos
que no ocurrió lo mismo hace un cuarto de siglo, cuando los observadores internacionales
concluyeron que las elecciones del año 2000 en el Perú habían sido
extremadamente irregulares. Y, para la mayoría de los peruanos de entonces,
abiertamente fraudulentas.
* * *
La idea de perpetuarse en el poder
mediante sucesivas elecciones y llevar adelante una “democracia dirigida” por
una coalición cívico-militar se expresó hace casi 40 años en el llamado “Plan
Verde”, elaborado en los años 1988-1989, al final del caótico primer gobierno
de Alan García Pérez (1985-1990). Las Fuerzas Armadas, jaqueadas por el avance
de los movimientos subversivos (‘Sendero Luminoso’, MRTA) y afectadas como todo
el país por la hiperinflación de los años 1988-1990, encargaron a un “grupo de
trabajo”, con la participación de tecnócratas civiles anti-Apristas, elaborar
un “Plan de Gobierno”. Inspirados en el ejemplo chileno de la dictadura de
Pinochet (1973-1990), era una apuesta por incrementar la represión y por
promover el neoliberalismo económico: “para llevar al país al siglo XXI” y “alcanzar
un nivel de país desarrollado”.
En 1990 el “asesor” del electo
presidente Alberto Kenya Fujimori Fujimori, el ex-capitán expulsado del Ejército
y abogado de narcotraficantes, Vladimiro Lenin Montesinos Torres, recibió copia
del “Plan Verde” y lo utilizó después como guía en el “fuji-golpe” del 5 de
abril de 1992. Desde el Servicio de Inteligencia Nacional (SIN), el “asesor” Montesinos
no solo buscó corromper y controlar a los mandos militares, sino penetrar las
instituciones judiciales y electorales, para mantenerse indefinidamente en el
poder. Sin necesitar de un golpe militar abierto, el control de las elecciones podía
garantizar la continuidad de este proyecto político fuji-montesinista.
La Constitución fujimorista de
1993 abrió la posibilidad prologar el régimen, pues estableció que: “El mandato
presidencial es de cinco años. El presidente puede ser reelegido de inmediato
para un período adicional. Transcurrido otro período constitucional como
mínimo, el expresidente puede volver a postular, sujeto a las mismas condiciones”
(artículo 112). En el libro del politólogo japonés Yusuke Murakami se incluye
una útil cronología (pp.601-615), que permite seguir el desarrollo de las
sucesivas acciones del gobierno de Fujimori, en su constante intromisión para
controlar el resultado de los procesos electorales de 1995 y, especialmente, el
del año 2000.
La modificación de las reglas (1996-1997):
Tras haber sido reelegido en 1995,
Fujimori declaró a un medio de prensa internacional que la nueva Constitución
le prohibía postular en las siguientes elecciones presidenciales, programadas
para el año 2000 (16 de febrero, 1996). Pero, seis meses después, la bancada
del oficialismo en el Congreso, la alianza ‘Nueva Mayoría-Cambio90’, forzó la
aprobación de la “Ley de Interpretación Auténtica” sobre la reelección
presidencial (20 de agosto). Se argüía que: “del artículo 112 se deduce que el
período 1990 [a 1995] no se considera, al ser previo a esa Constitución, y que,
por tanto, sólo hay que tomar en cuenta el que se inició en 1995, razón por la
cual Alberto Fujimori puede postular de nuevo en el 2000” (Ley 26657, 23 de agosto
de 1996).
La oposición denunció en el
Congreso la ilegalidad de esta primera manipulación (de una posible tercera
candidatura de Fujimori), y reclamó ante el Tribunal Constitucional (TC), cuyos
siete miembros habían sido recientemente instalados (21 de junio, 1996). Esta
instancia de control constitucional sentenció que la “Ley de Interpretación
Auténtica” no era legalmente aplicable en favor del presidente que ya ejercía un
segundo mandato (16 de enero, 1997). La mayoría oficialista en el Congreso votó
por destituir a los tres miembros del TC --Manuel Aguirre Roca, Guillermo Rey
Terry y Delia Revoredo Marsano-- que habían apoyado la sentencia de inaplicabilidad
de la Ley 26657 a Fujimori (28 de mayo). El presidente del TC, Ricardo Nugent López-Chávez,
renunció a la presidencia en solidaridad con sus colegas (29 de mayo). Por tres
años y medio, desde mayo de 1997 hasta noviembre del 2000, el Perú no tuvo un
Tribunal Constitucional autónomo y plenamente en funciones que pudiera regular
los excesos legislativos del Congreso.
El bloqueo del referéndum (1996-1998):
El ‘Foro Democrático’ fue creado como
respuesta de la sociedad civil al “fuji-golpe” del 5 de abril de 1992, buscando
promover acciones ciudadanas que confrontaran el autoritarismo del gobierno y
permitieran volver a un sistema político representativo de base democrática. Así,
al mes siguiente de la promulgación de la “Ley de Interpretación Auténtica”, iniciaron
una campaña de recolección de firmas para oponerse a la re-reelección de
Fujimori (setiembre 1996). El objetivo era utilizar una innovación de la Constitución
de 1993, el referéndum o consulta popular (que ya había sido utilizado para la aprobación
de la propia Constitución en octubre de 1993).
Además de la supresión de la
consulta popular promovida por el ‘Foro Democrático’, otros dos hechos importantes
ocurrieron en la segunda mitad del año 1998. El “triunvirato” en el poder desde
el “fuji-golpe” de 1992, conformado por Fujimori, Montesinos y por el jefe del
Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas y Comandante General del Ejército,
general Nicolás Hermoza Ríos, llegó a su fin tras más de seis años de cogobierno.
Hermoza fue destituido (agosto 1998), “con lo que Montesinos llegó a completar
el control sobre la cúpula militar” (Murakami p.497). Los dos últimos años del régimen
fueron plenamente fuji-montesinistas.
El segundo hecho importante fue la
realización de las elecciones municipales (11 octubre). En ellas el gobierno promovió
a una nueva agrupación pro-fujimorista, ‘Vamos Vecino’, organizada por el ingeniero
agrónomo cajamarquino Absalón Vásquez Villanueva. Aunque el candidato a la alcaldía
de Lima, Juan Carlos Hurtado Miller, perdió (32.7%) y el entonces alcalde Alberto
Andrade fue reelegido (58.8%), ‘Vamos Vecino’ ganó en 76 de 194 provincias a
nivel nacional (39%), y en 597 de los 1622 distritos del país (36.8%). Esto convenció
a Fujimori de la utilidad y eficiencia de Vásquez como operador político para
las elecciones venideras.
Debe anotarse aquí también que el
contexto de la re-reelección de Fujimori fue el del estancamiento de la
economía peruana a partir de 1998, tras casi un quinquenio de espectacular
crecimiento (1993-1997). Esto se debió a los efectos del fenómeno de “El Niño”
(1997-1998), agudizados por las repercusiones locales de la crisis financiera
rusa y asiática a nivel internacional.
El año 1999:
A lo largo de todo el año 1999 los
partidos opositores intentaron conformar una candidatura presidencial
unificada. El ‘Foro Democrático’ ya había propuesto realizar elecciones
primarias con este fin (15 de diciembre, 1998). También se emitieron
comunicados conjuntos oponiéndose a la tercera postulación de Fujimori (20 de
abril, 1999), y hasta catorce agrupaciones opositoras firmaron un “Pacto de Gobernabilidad”
(25 de noviembre). Sin embargo, las principales fuerzas opositoras desistieron finalmente
de elegir a un candidato único (5 de enero, 2000).
El gobierno de los Estados Unidos,
presidido por el político demócrata Bill Clinton (1993-2001), toleró en términos
generales el autoritarismo de Fujimori. Pero a finales del año 1999, tanto la Cámara
de Diputados (4 de octubre), como la de Senadores (3 de noviembre), del
Congreso norteamericano aprobaron sendas resoluciones expresando su “preocupación
por el retroceso de la democracia en el Perú”.
A fines de noviembre de 1999
fueron convocadas oficialmente las elecciones generales para el año 2000. Un
mes después, Fujimori anunció su tercera postulación a la Presidencia de la República
(27 de diciembre). Entonces explicó que: “la decisión se debía a que no había
encontrado ningún sucesor confiable, tanto en el oficialismo como en la
oposición; y a que en la alianza oficialista, las Fuerzas Armadas y otros
sectores, hubo muchas voces que reclamaban la continuidad del gobierno”
(Murakami p.511).
El gobierno norteamericano expresó
que sería neutral respecto de los resultados electorales del año venidero, pero
exigió que el proceso “sea libre, justo y transparente” (28 de diciembre). En paralelo,
la oposición presentó 18 observaciones demandando la nulidad de la candidatura
fujimorista, dada su inconstitucionalidad por ser una tercera postulación
consecutiva, pero el JNE desestimó el reclamo. Se hizo así evidente la
parcialidad del ente electoral.
El Jurado Nacional de Elecciones
aceptó oficialmente la tercera candidatura de Fujimori (30 de diciembre). Era
el candidato de la ‘Alianza Perú 2000’, formada por ‘Cambio 90-Nueva Mayoría’ (en
el poder desde 1995) y dos movimientos liderados por Absalón Vásquez (vinculado
directamente a Montesinos): ‘Vamos Vecino’ (creado en 1998) y el novísimo ‘Frente
2000’.
La Primera Vuelta del año 2000:
Las principales candidaturas de
oposición --del alcalde de Lima, Alberto Andrade Carmona, y del ex-jefe del
IPSS, Luis Castañeda Lossio--, fueron sistemáticamente atacadas desde fines de
1999 por los llamados “diarios chicha” (‘El Mañanero’, ‘El Chino’, ‘El Men’,
‘La Chuchi’, ‘El Chato’, ‘Diario Más’), financiados por Montesinos desde el
SIN. Cuando el candidato Alejandro Toledo Manrique empezó a subir en las
encuestas, a inicios del año 2000, se convirtió en blanco de similares ataques.
El análisis del accionar de esta “prensa basura” del fuji-montesinismo ha sido
hecho por la periodista Jacqueline Fowks.
Pero la avasalladora campaña del
oficialismo sufrió un sorpresivo revés a principios del año de las elecciones. El
‘Frente 2000’, agrupación componente de la alianza oficialista ‘Perú 2000’, había
presentado el año anterior alrededor de 2’100,000 firmas para su inscripción. El
diario ‘El Comercio’ denunció que se habían falsificado masivamente alrededor
de un millón de firmas para esa inscripción (29 de febrero). Ante el escándalo,
el ‘Frente 2000’ terminó apartándose de ‘Perú 2000’. La manipulación encubierta
del gobierno en el proceso electoral se hizo visible.
Pocos días después la ‘Misión de
Observación Electoral’ de la Organización de Estados Americanos (MOE-OEA), presidida
por el guatemalteco Eduardo Stein, comenzó sus actividades en Lima (3 de marzo).
Sus preguntas sobre el uso del padrón electoral para la falsificación de las
firmas de ‘Perú 2000’, tema que el poder judicial no estaba investigando, y sobre
las condiciones del sistema informático que la ONPE utilizaba, no fueron respondidas.
Sin embargo, los observadores de la OEA registraron los problemas de la
desigual cobertura informativa del proceso electoral (favorable al gobierno), el
dudoso manejo de fondos públicos (en favor de la campaña de Fujimori), y la
difusión (restringida) de la publicidad de los candidatos de la oposición.
Poco más de dos semanas antes de
las elecciones, la misión de observación estadounidense (Centro Carter e Instituto
Nacional Demócrata), advirtió: “El ambiente electoral en Perú se caracteriza
por la polarización, la ansiedad y la incertidumbre. No se han establecido las
condiciones para una campaña electoral justa. Ya se han hecho daños
irreparables a la integridad del proceso electoral, pero aún se pueden y se
deben hacer mejoras porque los candidatos y los partidos están compitiendo, los
ciudadanos participan en el proceso y los resultados electorales no están
asegurados” (24 de marzo).
El día de las elecciones generales,
el domingo 9 de abril del 2000, los principales candidatos fueron Alberto
Fujimori, de la alianza ‘Perú 2000’ (obtuvo oficialmente 49.87% de los votos válidos);
Alejandro Toledo de ‘Perú Posible’ (40.23%); Alberto Andrade de ‘Somos Perú’ (3%);
y Luis Castañeda Lossio del partido ‘Solidaridad Nacional’ (1.8%).
Las encuestas de boca de urna, después
del cierre de la votación a las 4 pm, dieron la delantera a Toledo (Datum 48.5%,
CPI 46.7%, Apoyo 45.2%), aunque el segundo puesto de Fujimori entraba dentro
del margen de error (Apoyo 43.6%). Precipitadamente, Toledo anunció su
“triunfo” en la primera vuelta, por lo que fue criticado por el gobierno y la
prensa afín, así como por los observadores internacionales. Sin embargo, horas más
tarde, el conteo rápido de ‘Transparencia’ dio a Fujimori 48% y a Toledo 42%. El
conteo rápido de la OEA confirmó la tendencia, concluyendo que habría segunda vuelta.Sin
embargo, en los
días siguientes, los lentos conteos parciales de la ONPE hacían temer que
Fujimori podría llegar a superar el 50% de la votación, ganando así en primera
vuelta (como había ocurrido en 1995). El secretismo de la ONPE multiplicó las acusaciones
de manipulación de los resultados. Los Estados Unidos exigieron públicamente
que el proceso electoral continuara y que la segunda vuelta fuese “transparente
y justa” (lunes 10 de abril). Los resultados finales fueron recién anunciados tres
días después de las elecciones por José Portillo, jefe de la ONPE (miércoles 12
de abril): oficialmente Fujimori y Toledo pasaban a segunda vuelta.
El padrón oficial para las
elecciones del año 2000 registró a 14’567,467 electores. En la primera vuelta
la abstención llegó a 2’501,239 votantes (17.17% del padrón). Los votos nulos
sumaron 708,617 (4.86%) y los votos blancos fueron 271,742 (1.86%). Por tanto,
los votos válidos fueron 11’085,870 (76.10% del padrón). La alianza fujimorista
‘Perú 2000’ obtuvo oficialmente 5’528,568 votos (49.87% votos válidos); el
mayor respaldo se obtuvo en Lima y en el norte del país. El partido ‘Perú
Posible’ registró 4’460,895 votos (40.23% votos válidos); su mayor votación la consiguió
en el sur del Perú, particularmente en Arequipa, Cusco y Puno, así como en el Oriente,
sobre todo en Loreto.
La alianza oficialista obtuvo 52 de
los 120 escaños del
Congreso, no alcanzando mayoría (como sí la había obtenido en 1995). Por eso Montesinos
se dedicó, literalmente, a comprar a una docena de congresistas elegidos por
los partidos de oposición. Uno de ellos fue Luis Alberto Kouri Bumachar, cuyo “vladi-video”
en la salita del SIN, del 5 de mayo, fue presentado a todo el país poco más de cuatro
meses después, el jueves 14 de setiembre, precipitando con ello la crisis final
del régimen fuji-montesinista.
La Segunda Vuelta del año 2000:
La campaña para la segunda vuelta comenzó
después de Semana Santa. La MOE-OEA presentó un informe sobre la primera vuelta,
evitando utilizar el término “fraude”, aunque señalando “irregularidades” y “anomalías”
(11 de mayo). Al día siguiente, la ONPE anunció el cambio del programa informático
usado en la primera vuelta por uno nuevo (12 de mayo). La MOE-OEA pidió postergar
la fecha de la votación, para poder verificar el nuevo sistema de cómputo (18
de mayo).
El candidato Toledo, que había continuado
en campaña mientras insistía en denunciar un fraude electoral en marcha, decidió
renunciar a participar en la segunda vuelta (18/19 de mayo). Pidió a sus
electores abstenerse de votar, aunque días después llamó a votar en blanco. Como
en el caso del dictador civil Augusto B. Leguía (durante el “Oncenio”, 1919-1930),
en las elecciones de 1924 y 1929, o del dictador militar Manuel A. Odría (durante
el “Ochenio”, 1948-1956), en la elección de 1950, Fujimori era ahora el
candidato único. Ya no podía perder.
La asociación civil ‘Transparencia’
anunció que: “al no existir condiciones técnicas mínimas para llevar a cabo una
competencia libre y limpia, se abstendrá de observar las elecciones” (23 de mayo).
El pedido de postergación hecho por la MOE-OEA fue rechazado por el JNE (25 de mayo).
La misión de la OEA anunció su retiro del país. Su presidente, Eduardo Stein, consignó
en su informe final las preferencias pro-fujimoristas de los canales de televisión
(especialmente ‘América’ y ‘Latina’) y las limitaciones impuestas para revisar
el sistema de cómputo electoral, concluyendo que: “De acuerdo a los estándares
internacionales, el proceso electoral peruano está lejos de [poder] ser
considerado como libre y justo”.
En la segunda vuelta, el domingo 28
de mayo, votaron 11’800,310 personas (81% del padrón) y la abstención fue de
2’767,157 (19%). Los votos blancos fueron solo 140,773 (0.96%), pero los votos
viciados alcanzaron los 3’531,637 (24.24% del padrón, 29.93% de los votos
emitidos, el porcentaje más alto de rechazo electoral registrado en todo el
siglo XX). Los votos válidos fueron 8’127,900 (55.79% del padrón, 68.88% de los
votos emitidos).
* * *
Preguntada repetidas veces por el
periodismo si respetará los resultados de la votación del domingo 7 de junio,
Keiko Fujimori ha declarado un par de días antes de la elección: “Seré
absolutamente respetuosa de la voluntad popular (…) Estamos tomando las medidas
para tener personeros en todas las mesas del país e invocamos a los
observadores para que estén atentos, pero por supuesto que vamos a respetar,
como siempre lo hemos hecho, la voluntad popular”.
¿Cómo siempre lo han hecho? Ojalá
que en esta cuarta oportunidad, de ser nuevamente derrotada, la candidata del
fujimorismo no se desdiga y vuelva después a someter al país entero a una
infundada campaña de “fraude en mesa”, como en el año 2021. Ni entonces, ni
ahora, los observadores internacionales respaldarán sus truculentos e injustificables
reclamos. ¡Basta ya!
_________________________________
Referencias:
<https://web.archive.org/web/20331210002149/https://www.scribd.com/embeds/310286817/content>
César Hildebrandt
En HILDEBRANDT EN SUS TRECE Nº 785 6JUN
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H |
e
escuchado a Yehude
Simón, que alguna vez alentó al MRTA desde la más absoluta irresponsabilidad,
hablar de que los nuevos tiempos demandan olvidos y perdones. Era un mensaje que
incitaba a votar por Fuerza Popular en nombre del sosiego y la apertura de
miras. Y lo lanzaba en RPP, que es desde hace décadas la emisora oficial del
fujimorismo.
El gran problema es que
no hay cómo reconciliamos con quienes no quieren al frente iguales sino
súbditos, mandados, vasallos de planilla. Hay una superioridad delirante en los
mensajes de la secta que lidera la señora que dijo en Harvard que no sería como
su padre y que ahora lo pinta como el héroe a seguir: nosotros haremos lo que
otros no pueden, obtendremos lo que los demás ni imaginaron, triunfaremos donde
todos los demás fracasaron.
Pero lo cierto es que
Fujimori arregló la economía con los mismos ajustes que el FMI había exigido a
otros países y que él había jurado que no aplicaría jamás. Las izquierdas lo
apoyaron por eso y fueron recompensadas con la traición. El señor Fujimori
impuso la reforma neoliberal sin anestesia, entronizó la informalidad y el
sálvese quien pueda y malbarateó las empresas públicas. Después gobernó para
los empresarios. Y en cuanto al terrorismo, la captura de Guzmán fue obra de
una policía que llevaba trabajando desde marzo de 1990 y se logró tras un
seguimiento silencioso hecho a espaldas de Montesinos y Fujimori.
Encaminar la economía
significó la entronización de un modelo económico que empequeñeció al
trabajador y lo lanzó al autoempleo. El comienzo del fin del terrorismo le
permitió al patriarca crear una autocracia basada en el éxito de la
pacificación, un régimen que devoró al país entero, malogró sus instituciones,
abolió la separación de poderes y creó un clientelismo mísero que votaba
agradecido por obras que el Estado debía haber hecho décadas atrás.
Es muy difícil dialogar
con quienes creen que les debes la vida, el país, tu futuro. Y cuando crees que
los fujimoristas han cambiado un poco, que un aspecto de la decencia los ha
tentado, que una luz los rozó, entonces los escuchas y te das cuenta: son
iguales o peores que sus predecesores, que ya eran horrendos.
Miki Torres, por
ejemplo, es hijo del abogado servil que inventó eso de “la interpretación
auténtica” para que Fujimori postulara a la ilegítima re-reelección del año
2000. Pero Carlos Torres y Torres Lara, siendo patético, no habría llevado
docenas de rollos de papel higiénico a la Keiko Fujimori encarcelada. Miki superó
a su apá y ahora, después de sus dichos sobre la conjura que terminó con el
gobierno de Castillo, debe tener una relación especialmente intensa con el papel
íntimo.
Alberto Fujimori tenía una poderosa inclinación por la vileza, pero no habría traicionado a sus hermanas Juana y Rosa cuando se supo, gracias a Susana Higuchi, que ambas robaban donaciones llegadas del Japón. Fujimori las defendió tribalmente, del mismo modo que lo habría hecho si alguno de sus hijos hubiese requerido su auxilio. Keiko Fujimori ha ido mucho más allá, como es notorio, y ha demostrado tener la sensibilidad moral de una katana.
He intentado explicarme
al fujimorismo muchas veces y he llegado a esta seguramente poco novedosa
conclusión. Terminando el siglo XX, el Perú sufrió dos experiencias
apocalípticas: la salvaje guerrilla de Sendero, emanación de esa izquierda
idiota que terminaría apoyando a Fujimori, y la megainflación devastadora del
aprismo ladrón del 85 al 90. El Perú, entre las torres derribadas y los coches
bomba y la experiencia de un dinero que nada valía, fue la República de Weimar
andina. Y así como la República de Weimar incubó el nazismo, el Perú azotado de
los 90 estuvo listo para un experimento extremo. Eso fue el fujimorismo, que propuso
purgas y venenos, extirpaciones y mutilaciones, regímenes de excepción para un
país hecho pedazos. Admitámoslo: algunas medidas radicales surgieron de las
condiciones en que nos hallábamos, del drama que vivíamos. Por eso fueron
aplaudidas y recibidas con esperanza.
La desgracia es que
cuando dejamos el abismo, Fujimori decidió que la concentración de poder que
había solicitado para enfrentar la crisis debía continuar. Y no sólo prosiguió,
sino que se acentuó. Lo que estaba destinado a salvar al paciente moribundo se
convirtió en tratamiento crónico. Y fue así que llegamos a la prensa comprada,
al poder judicial esclavizado, a la Fiscalía manejada como banda armada, al
Congreso como mesa de partes, a los militares como jefes de compras
pestilentes, al Tribunal Constitucional amordazado. Así fue como llegarnos a la
salita del SIN, a los hijos de Fujimori estudiando con dinero negro salido del
presupuesto, a la prensa chicha y a la televisión de Laura Bozzo.
Por todo esto, no votar
por Keiko Fujimori será este domingo un gesto de dignidad. Los peruanos hemos
cometido muchos errores a lo largo de nuestra historia, pero premiar con la
presidencia a la hija del hombre que vomitó sobre el honor de este país es
demasiado. Y abrirle la puerta de Palacio a la señora que ya controla el
Congreso, la Junta Nacional de Justicia, el Tribunal Constitucional, la
Fiscalía de la Nación y la Defensoría del Pueblo sería un suicidio
multitudinario. El fujimorismo se convirtió en mafia con el dinero del
presupuesto general de la república. Decirle NO a una mafia que quiere
doblegamos otra vez es puro instinto de sobrevivencia. <+>
7 DE JUNIO:
EL DEBER NO TIENE PRECIO
Por: Jorge Luis
Choque
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C |
ada
7 de junio, el aparato oficial del Estado se viste de gala. Políticos con
procesos abiertos por corrupción, autoridades cuestionadas y altos mandos
militares se acomodan los fajines y las medallas ante las cámaras. Con el
rostro impostado, recitan discursos solemnes frente al monumento de Francisco
Bolognesi. Sin embargo, detrás de la fanfarria y el protocolo, se esconde la
manifestación más pura de lo que la academia y la Real Academia Española
definen como patrioterismo: un alarde vacío, superficial y una exaltación
superflua que oculta una absoluta falta de compromiso real con el país.
Como
bien advertía el filósofo Voltaire: “Todos los sobornos se amparan en la
patria”. En el Perú contemporáneo, los mismos sectores que debilitan las
instituciones y saquean las arcas públicas utilizan los símbolos patrios como
un escudo de impunidad. Se envuelven en la bandera no por amor al suelo, sino,
en palabras del columnista Carlos Gómez Gil, como un “patriotismo de pacotilla”
que sirve para criminalizar al que piensa distinto, crispar a la sociedad y
convertir la identidad nacional en un campo de batalla.
Para
comprender la hipocresía de la clase dirigente actual, es imperativo mirar
hacia el pasado. En mayo de 1880, la guarnición peruana en Arica se encontraba
en un estado de abandono absoluto: hombres mal alimentados y con escasas
municiones. No fue una fatalidad del destino, sino el resultado de un cálculo
político nefasto.
Tras dar un golpe de Estado a finales de 1879, el dictador Nicolás de Piérola priorizó sus recelos partidarios por encima de la defensa nacional. Los historiadores Rubén Vargas Ugarte y Mariano Felipe Paz Soldán coinciden en señalar que Piérola dejó intencionalmente en el abandono al Ejército del Sur, considerándolo un enemigo político leal al depuesto presidente Mariano Ignacio Prado. Impensable para el dictador enviar ayuda; prefirió, como señala la crónica histórica, dejarlos morir a manos del ejército rival.
El
desgarrador telegrama enviado por el coronel resuena hoy como un grito atrapado
en el tiempo: “Apure, Leiva. Todavía es posible hacer mayor estrago en enemigo
victorioso. Arica no se rinde y resistirá hasta el sacrificio”. Pero los 3,000
hombres del coronel Segundo Leiva jamás llegó. La orden venía de Palacio de
Gobierno (Piérola). Se envió a Bolognesi y a sus hombres a la muerte con
engaños y con una gran ceremonia popular desde el Callao, un desfile pomposo
que solo sirvió para maquillar la negligencia de los gobernantes.
El
propio Bolognesi plasmó esta indignación en la célebre carta a su esposa el 22
de mayo de 1880, donde desnudó con estremecedora actualidad la miseria de la
élite de la época. En ella, desnudó la miseria de la élite de la época con una
claridad que estremece por su actualidad: “Dios va a decidir este drama en que
los políticos que fugaron y los que asaltaron el poder tienen la misma
responsabilidad, unos y otros han dictado con su incapaz conducta, la sentencia
que nos aplicará el enemigo”.
Bolognesi
no solo enfrentaba las armas del adversario; enfrentaba la corrupción y la
deserción moral de su propia dirigencia. Su decisión de cumplir sus “deberes
sagrados... hasta quemar el último cartucho” fue una lección de dignidad frente
a la podredumbre alta y oficial. Su grandeza se sella con un mandato ético inalcanzable
para los políticos de hoy: “Nunca reclames nada para que no crean que mi deber
tuvo precio”.
Frente
a la farsa, emerge el patriotismo genuino. Maurizio Viroli lo define como aquel
que “combate la tiranía, el despótico, la opresión y la corrupción”, basándose
en la solidaridad social y el sentido de pertenencia. Ese afecto real no está
en los discursos del Congreso, sino en la resistencia diaria de los humildes
pobladores, trabajadores independientes y emprendedores que sacan adelante al
país con honestidad.
Las
madres de las ollas comunes, los agricultores, los microempresarios y quienes
madrugan en el transporte público encarnan hoy el espíritu del Morro de Arica.
Ellos sostienen la nación a pesar de sufrir un abandono sistémico en salud,
seguridad y educación que guarda un paralelismo trágico con la guarnición de
1880. El ciudadano de a pie es el Bolognesi moderno, resistiendo con escasos
recursos en su propio peñasco cotidiano.
Como
escribió Jorge Luis Borges: “Nadie es patria porque lo somos todos”. La patria
no le pertenece a una cúpula que la saquea de lunes a sábado y le rinde
homenajes hipócritas los domingos; es el esfuerzo de su gente honrada. El mejor
homenaje a Bolognesi no es recitar su frase de memoria, sino ejercer una
ciudadanía con la honestidad intransigente de quien sabe que la dignidad no
tiene precio. <+>