domingo, 28 de junio de 2026

CLAMOROSA IRRESOLUCIÒN DE UN CRIMEN CONTRA EL MEDIO AMBIENTE ALTIPLANICO PUNEÑO, ANTE EL CONFORMISMO DE SU PUEBLO

 ARSÈNICO, MERCURIO Y BACTERIAS FECALES: LO QUE ESCONDE LAS AGUAS DEL TITICACA.

Mayte Ciriaco y Lorena Obregón

En EL COMERCIO 28JUN26, págs. 12 y 13

ALERTA, Este especial periodístico –desarrollado por 47 estudiantes de 12 distintas carreras de la Universidad de Ciencias Aplicadas y de la Universidad del Pacífico con El Comercio-revela la crisis ambiental y humana que el lago más alto del mundo esconde bajo su superficie.

En YOUTUBE. Buscar documental : Sawa aru – palabra tejida

 

A

rturo Ticona camina tres horas para recorrer 13 kilómetros a más de 3.800 metros de altitud. Lo hace pa­ra llegar a la posta médica más cer­cana. Sus riñones ya no funcionan. Los médicos del hospital Honorio Delgado de Arequipa le dijeron que “la causa era la contaminación” del río Coata, en Puno, y que no tiene cura. “Me dijeron que necesito un trasplante de riñón, pero cuesta. Y yo no tengo los medios económi­cos”, relató. ‘“Tienes que seguir tu tratamiento hasta el día que te vayas’. Nada más me dijeron”.

La historia de Arturo refleja una realidad que se repite en toda la cuenca. Entre el 2004 y agosto del 2025, la región de Puno regis­tró 987 muertes asociadas a en­fermedades vinculadas al consu­mo de agua contaminada. En ese mismo período, se contabilizaron 478.612 casos de enfermedades vinculadas a problemas en la cali­dad del agua. Más de la mitad de los afectados fueron niños de 0 a 11 años (60,72%). Hoy, unas 42.000 personas que viven en las orillas e islas del Titicaca siguen dependiendo del lago para beber, alimentarse y sostener su economía.

Eso es lo que revela “Bajo la superficie: la cri­sis que esconde el lago Ti­ticaca”, un especial perio­dístico de datos desarro­llado por el Laboratorio Universitario de El Co­mercio. El proyecto cru­za más de una década de información oficial de la Autoridad Nacional del Agua, el Instituto del Mar del Perú, el Ministerio de Salud, el Ministerio del Ambiente, el Ministerio de Vi­vienda, la Contraloría General de la República, entre otros.

Los datos son contundentes. Hay más de 150 puntos identifi­cados de vertimiento, pasivos mineros y otras fuentes de afectación ambiental distribuidos en ocho cuencas hidrográficas. El río Ra­mis llega al Titicaca con concen­traciones de hierro 35 veces por encima de lo que el Estado Peruano considera seguro para el ser humano. En la intercuenca Azángaro, el mercurio -un metal que daña el sistema nervioso, los riñones y puede causar la muerte- supera el límite permitido 2.153 veces. El río Coata, que abastece a comuni­dades enteras de Capachica y Coa­ta, arrastra cada año más de 4.000 toneladas de residuos sólidos y un volumen de aguas residuales -es decir, desagüe sin tratar- equiva­lente a llenar más de 300 piscinas olímpicas. La bahía interior de Pu­no recibe al menos 15 descargas directas de aguas servidas que contienen bacterias fecales como ‘E. coli.’, que causa diarrea severa, deshidratación y puede ser mortal en niños y adultos mayores.

El impacto en la salud es visible, aunque las autoridades lo reconocen a medias. Fiorella Luna Lino, coor­dinadora regional de la Estrategia de Metales Pesados de la Dirección Regional de Salud de Puno (Diresa), sostuvo que la institución tiene “po­blación expuesta” pero no “intoxica­da”: para declarar una intoxicación, explicó, se requiere que el paciente presente síntomas clínicos específi­cos, algo que según la Diresa no ocurre todavía. Sin embargo, los propios tamizajes de la institución cuentan otra historia: entre el 70% y el 72,3% de los niños y gestantes muestreados en Capachica, Coata y Huata tienen arsénico –un metal cancerígeno- en la orina por encima del valor de refe­rencia. El arsénico tiene efectos pro­gresivos; su daño es lento, acumu­lativo, y puede tardar diez o 15 años en manifestarse como cáncer, insuficiencia renal o daño neurológico.

Cuando se le preguntó qué pueden hacer las personas expuestas, la respuesta de la fundonaria fue que “la única remediación es que la persona se aleje del fac­tor de riesgo”. Es decir, irse. Abandonar sus tierras, sus animales, su modo de vida. Para miles de familias que no tienen adonde ir, esa no es una opción. Y el presupuesto para el programa de tamizajes, seguimiento y atención de población expuesta a metales pesados tampoco alcanza: la red de salud Puno opera con una base de 16.000 soles anuales y en el 2025 solo llegó al 17% de su meta de atención. “No es suficiente. Tengo que mencionarlo una vez más, es poco”, admitió Luna Lino.

El Estado prometió actuar. El proyecto Plantas de Tratamiento de Aguas Residuales (PTAR) Titicaca comprometió más de S/860 millones para construir plantas de trata­miento en Puno y Juliaca. Las obras. Las obras comenzaron en el 2021, acumula­ron observaciones de la contraloría por deficiencias técnicas y pagos por trabajos no ejecutados, y el contrato fue anulado en el 2023 sin que se tra­tara una gota. El Proyecto Especial Binacional Lago Titicaca duplicó su presupuesto entre el 2017 y el 2026, pero la contraloría reporta obras paralizadas desde el 2014.

Cómo se hizo

<<Bajo la superficie” ’,es también el primer especial producido con anima­ción 3D de El Comercio. El forma­to permite al lector recorrer visual­mente la ruta de la contaminación, desde el río dé Juliaca hasta la orilla del lago donde termina afectando la salud de las personas, como si siguiera el mismo camino que recorre el agua. El especial incluye un mini­ documental con imágenes aéreas y registro en campo.

El proyecto fue desarrollado por 47 estudiantes de 12 carreras distintas de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas y la Universi­dad del Pacífico, que pertenecen al Laboratorio Universitario: Diseño Profesional Gráfico, Comunicación y Periodismo, Ciencias Políticas, Humanidades Digitales, Comuni­cación Audiovisual y Medios Inte­ractivos, Comunicación y Publi­cidad, Ingeniería de Sistemas de Información, Ciencias de la Com­putación, Ingeniería de Software, Comunicación e lmagen Empresarial e Ingeniería Empresarial.

Durante el desarrollo de los proyectos, los estudiantes partici­pan en sesiones de periodismo de datos, narrativas digitales e inteli­gencia artificial, acompañados por la líder del laboratorio y el equipo editorial.

Ese cruce de disciplinas no es un detalle menor: permite que una misma redacción estudiantil combine reporteo, análisis estadístico, mode­lado 3D y diseño de interacción sin depender de proveedores externos, algo que pocas redacciones logran reunir bajo un mismo techo.

En el mundo existen laboratorios universitarios de periodismo de datos con un espíritu similar, como Big Local News, de Stanford, o el Knight Lab, de Northwestern, pero casi to­dos operan dentro de facultades de periodismo, no en la redacción de un medio comercial. El Laborato­rio Universitario de El Comercio es uno de los pocos modelos de este tipo en la región: un espacio alojado en la propia redacción de un diario nacional, donde los estudiantes de carreras tan distintas como Inginieria de Software y Ciencias Políticas producen, de inicio a fin, un especial con respaldo editorial. 

Cuando atenderse queda demasiado lejos

Para las familias de Puno, enfer­marse es un laberinto geográfico y económico. Según datos de la OCDE e lNEI, el 40% de la po­blación regional reporta nece­sidades médicas insatisfechas -el doble que en Lima-, lo que obliga a los pacientes a recorrer largas distancias o asumir cos­tos inalcanzables. Esta vulnerabilidad histórica se agrava en las comunidades cercanas al Titicaca debido a una amenaza silenciosa y acumulativa: la exposición prolongada a metales pesados presentes en los ríos de la región.

Las dificultades se intensifi­can en las zonas rurales, donde una posta suele ser el único vín­culo con el Estado. De los 871 establecimientos de la región, 128 están fuera de servido o en baja provisional. Cuando el centro local cierra, las alternativas se reducen a viajar por horas. En situaciones complejas como el cáncer, la escasez llega al ex­tremo de haber un solo médico oncólogo para 300 pacientes en el Hospital ni de Essalud Puno, obligando a los enfermos a retra­sar diagnósticos o, peor, abando­nar tratamientos.

La raíz de este escenario es una omisión de información en las plataformas oficiales, lo que oculta la magnitud real de la crisis. Distri­tos como Azángaro y Huancané ni siquiera figuran en el portal de Susalud, y en Juliaca ningún esta­blecimiento está registrado como Ipress ante Essalud. Este vado institucional deja desamparadas a miles de personas; un abandono crítico que en distritos periféri­cos como Pisacoma y San Antonio condena a 6 de cada 10 ciudada­nos a no tener ningún tipo de se­guro al cual acudir. <>