LAS ENCUESTAS
Y EL VOTO BLANCO/VICIADO
E. Macchini
30MAY26
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están difundiendo sondeos —otra vez, nada casuales— que instalan un dato enorme
sobre el voto blanco y viciado: Datum, publicado por El Comercio, habla de
24,9% sumando ambas opciones; CPI, según Infobae, registra 22,6%. No estamos
ante una cifra menor: estamos ante la construcción mediática de un bloque
electoral gigantesco, presentado como si fuera una tendencia natural,
espontánea, casi inevitable.
Y ahí empieza mi desconfianza. Porque en el
Perú las encuestas electorales no han sido precisamente un monumento a la
precisión. En 2011, Datum daba a Keiko Fujimori por delante de Ollanta Humala
pocos días antes de la segunda vuelta; ganó Humala. En 2016, a ocho días de la
votación, las principales encuestadoras ponían a Keiko adelante sobre PPK; ganó
PPK. En 2021, Reuters reportaba en la víspera un sondeo de Ipsos con Keiko
ligeramente por encima de Castillo; terminó ganando Castillo. Demasiadas
“fotografías del momento” que luego se parecen muy poco a la película
real.
Que
después lo llamen margen de error, volatilidad del electorado o limitación
metodológica. Para mí, hay algo más: cálculo político. Las encuestas no solo
miden; también ordenan, empujan, instalan climas, crean sensación de mayoría,
normalizan conductas. Y cuando hoy se le da tanto cuerpo al voto blanco y
viciado, cuando se lo presenta como una masa enorme, respetable y casi
inevitable, la pregunta es obvia: ¿a quién le conviene?
Porque
seamos serios: la mayoría de quienes hoy coquetean con viciar el voto no son
fujimoristas. Son personas que rechazan al fujimorismo, pero que tampoco
quieren votar por la otra opción. Y justamente ahí está la trampa. En una
elección así, esa neutralidad no cae en el vacío: desactiva sobre todo votos
antifujimoristas y deja el camino más libre al poder que ya está organizado,
blindado y listo para capturar formalmente el Estado.
El
fujimorismo no necesita convencer a todos. Le basta con que una parte del
antifujimorismo se retire de la cancha, se lave las manos, anule su voto y crea
que hizo una protesta elegante. Matemáticamente el voto viciado no se suma a
Keiko, claro. Pero políticamente puede servirle, porque reduce la resistencia
efectiva contra su llegada a Palacio.
Y
esa es la contradicción brutal: muchos dicen que viciarán el voto porque
rechazan al fujimorismo, pero en la práctica pueden terminar facilitando que el
fujimorismo obtenga el poder formal que durante años ya ejerció sin tener la
presidencia. No hablamos de un partido cualquiera. Hablamos de una maquinaria
que ha bloqueado gobiernos, condicionado Congresos, capturado instituciones y
empujado al país hacia este régimen congresual mediocre, blindado e
ingobernable.
Entonces
la pregunta no es si el voto viciado es limpio, digno o moralmente cómodo. La
pregunta real es mucho más incómoda:
¿A
quién le sirve?
Y
cada vez queda más claro que, en esta elección, le sirve exactamente al poder
que muchos dicen combatir, pero que podrían terminar ayudando por omisión.
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