viernes, 2 de octubre de 2026

LO SOCIAL-POLITICO EN NUESTRA REALIDAD ACTUAL

 LA MAQUINARIA MEDIÁTICA

QUE BLINDA LA CORRUPCIÓN Y CRIMINALIZA LA PROTESTA

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Por: Jorge Luis Choque

a pasividad de la población peruana ante la corrupción, la inseguridad y la complicidad policial con organizaciones criminales no es un fenómeno casual, sino el resultado de una operación social deliberada. Casos como las declaraciones de delincuentes sobre vínculos con la policía (“Los Pulpos”, “La Jauría”, el “Monstruo”) evidencian una red de complicidades que el gobierno ignora con una indiferencia que huele a connivencia. Esta inacción no es incapacidad: es estrategia.

El modelo de propaganda de Chomsky demuestra cómo los medios masivos, concentrados en pocas corporaciones, filtran la información para fabricar consenso en favor de las élites. A través de la propiedad, la publicidad, las fuentes oficiales, el flak y la ideología dominante, la prensa monopólica peruana valida el accionar gubernamental y satura la agenda con nota roja para desinformar y neutralizar a la ciudadanía. Desde la pedagogía crítica, Paulo Freire y el pensamiento latinoamericano confirman que estos medios actúan como aparatos de dominación oligárquica y transnacional: difunden mitos alienantes mediante una comunicación vertical que subyuga a los oprimidos y distorsiona la realidad al servicio del poder.

Antonio Gramsci aporta la noción de hegemonía cultural: el poder no se sostiene solo por la coerción económica o militar, sino principalmente por el consenso que logra la clase dominante al imponer su visión del mundo a través de instituciones como la escuela, la religión, los partidos y, de manera clave, los medios de comunicación. La hegemonía es ética-política y económica: el grupo dirigente ejerce una función decisiva en el núcleo de la actividad económica y, a la vez, dirige culturalmente a la sociedad. Los medios fijan los contornos ideológicos del orden hegemónico, elevando el mercado y el consumo a instancias máximas de representación de intereses, y contribuyen a conformar el imaginario social.

Joseph Goebbels, como ministro de Ilustración Pública y Propaganda del Tercer Reich (1933–1945), encarna el uso extremo de la información como instrumento de dominación política y social. Su ministerio controló prensa, radio, cine, teatro, literatura, música y artes plásticas; nada se publicaba ni emitía sin su aprobación. Las técnicas de manipulación incluían repetición de mensajes simples, apelación a emociones, creación de un enemigo común, mezcla de verdades parciales con mentiras, exageración, desfiguración y silenciamiento de lo inconveniente. Goebbels ilustra cómo un aparato estatal de propaganda puede transformar la información en un instrumento de control total, facilitando crímenes masivos al alterar la percepción de la realidad.

Aldous Huxley, en Un mundo feliz y en Brave New World Revisited, describe una sociedad donde la tecnología, el consumo y el entretenimiento se usan deliberadamente como instrumentos de política para evitar que la población preste atención a las realidades sociales y políticas. Las distracciones continuas mantienen a la gente ocupada, complaciente y estabilizada, impidiendo la reflexión crítica y la búsqueda de libertad. Huxley advierte que el avance tecnológico y el aumento del tiempo libre no conducen automáticamente a más cultura o felicidad; pueden ser usados para pacificar y controlar a la población, distrayéndola de su realización genuina. Su visión es complementaria a la de Chomsky: mientras el modelo de propaganda enfatiza la selección y omisión de noticias, Huxley subraya el papel del entretenimiento masivo como mecanismo de despolitización.

Nicolás Maquiavelo, en El Príncipe, analiza cómo los gobernantes deben usar la apariencia, el engaño y la astucia para llegar al poder, mantenerse y conservar el Estado, incluso obrando contra la moral convencional cuando la “necesidad” lo exige. No es necesario poseer realmente todas las virtudes; es más importante parecer virtuoso, porque “todos ven lo que pareces, pero pocos tocan quién eres verdaderamente”. Sun Tzu, en El arte de la guerra, sostiene que “el supremo arte de la guerra consiste en someter al enemigo sin combatir” y que el engaño es un elemento central de la estrategia militar y política. La indiferencia del gobierno peruano, la campaña del terruqueo contra cualquier forma de oposición y el apoyo de la prensa monopólica que difunde cotidianamente noticias morbosas sobre bandas criminales para luego propagar hechos orientados a la diversión, como si estuviéramos en el país de las maravillas, obedecen a esta lógica. No caigamos en la indiferencia: la historia nos enseña que el silencio cómplice es el primer paso
hacia la tiranía.
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Perú: 9/10/2026

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