DEFENSA Y JUSTICIA
César
Hildebrandt
En HILDEBRANDT EN SUS TRECE Nº 800 2OCT26
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D |
os
exponentes del peor periodismo en un canal que es fango puro, auxiliados por
documentos que no prueban nada sino su mala fe, lanzan un presunto reportaje
“que será el fin de César Hildebrandt”.
Después
hacen un conversatorio autofágico donde fingen que el contenido ha sido
decisivo para decretar nuestra defunción moral. Yacemos, según ellos, en
tierras sin misericordia.
Erasmo Wong, a quien le hemos dedicado más de una nota en relación a sus trampas empresariales y financieras, aplaude en nuestro imaginado velorio.
Los
fujimoristas, más de negro que nunca, se regocijan.
Los
innumerables reclusos de nuestras cárceles de papel de cada viernes celebran y
cuentan chistes.
Hace fiesta
y añade mugre propia el débil mental vocero del gobierno criminal de los
Estados Unidos. El emisario del pedófilo que ensucia la Casa Blanca se mete en
el asunto como si fuera barra brava del gobierno de Keiko Fujimori. Está
seguro de que el Escudo de las Américas le da un estatuto comparable al de
virrey de la India. Es el imperialismo en traje de tetudo.
La chusma
de las redes sociales reverbera el mensaje y lo convierte en epitafio.
La embajada
israelí de seguro que está alegre. El hombre del spa, también. El
homófono Garlitos Espá debe haber felicitado a su jefe.
La gentita
a la que hemos descubierto en estos años de investigaciones y rastreos cree
poder asesinarnos simbólicamente. Es el Plan Bermuda en versión excrementicia.
Pero aquí
estamos. Más limpios que nunca. Viejos en el arte de la resistencia. Ilesos.
Dispuestos a enfrentar con hechos, documentos, correos electrónicos y cuentas
entregadas a la SUNAT cualquier investigación que quiera empezar Tomás Aladino
Gálvez y su equipo al servicio del gobierno.
Siento
decepcionar a algunos coleguitas que, siempre atormentados por el color panza
de burro de sus largas carreras, han simulado compadecerse de nosotros.
No
aparenten condolencias, coleguitas. Cuánto quisieran, en el fondo, que este
semanario tuviera las manchas de vuestros periódicos y las hilachas de vuestros
fustanes.
La verdad
es sencilla. El señor Fernando Guerra Sotelo, el contador que nos presta
servicios externos porque no podemos pagar a alguien estable, no cumplió
debidamente su rol y le entregó, intermitentemente, cinco boletas de pago a
una persona en quien parecía confiar. No lo hizo para evadir impuestos porque
se pagó hasta el último centavo de los montos que figuran en esos documentos,
sino porque, encimado ante los plazos después de estar a punto de incumplirlos
por desidia, necesitaba reunir esos montos bajo un solo nombre en vez de tramitar
las decenas de boletas de los agentes que habían hecho los depósitos
correspondientes. Pero eso es todo. Allí acaba el asunto: los impuestos fueron
honrados escrupulosamente y eso consta en documentos que tiene en su poder la
SUNAT. Que la persona en quien confió el señor Guerra hiciera lo que hizo, es un asunto que atañe al señor Guerra.
Expiar la
extrema ingenuidad y la suma dejadez demora un poco. Y hacer las cosas a
espaldas del semanario es algo que no enriquecerá su hoja de vida. En todo
caso, nos acusan de “simular una venta” por la que pagamos todos los impuestos
que esa operación suponía y en donde los montos procedían, como consta en
registros, de liquidaciones reales de los canillitas. ¿Qué lógica tiene eso? Y
nos remiten a cinco boletas, pero no hablan de las decenas de miles que, a lo
largo de estos 16 años, tuvimos que emitir.
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| Erasmo Wong |
Quieren
hacer con nosotros lo que hicieron con Javier Diez Canseco, a quien
acuchillaron por un proyecto de ley que, remotamente, hubiera favorecido a su
hija, poseedora de unas míseras acciones de Backus.
No podrán,
pero se les va la vida en el esfuerzo. Somos un medio de prensa que la mafia
política desea sacar del camino. Tenemos un juicio por millón y medio de
dólares, una incursión de SUNAFIL que se frustró porque no encontraron nada
irregular, y ahora viene esto.
Sabíamos
que la llegada del fujimorismo al poder significaría para nosotros la tormenta
perfecta y estamos preparados. Los miles de lectores que acceden al semanario
y los cientos de miles que ven nuestro podcast saben que no somos
asustables y que seguiremos en nuestra modesta tarea. Nuestro trabajo es
sencillo: publicar lo que sea digno de saberse siempre y cuando sea verdad. Eso
duele y crea rencores armados y fobias de baja estofa.
Y han
querido enlodar a Rebeca Diz, que es la persona más fanáticamente escrupulosa
que conozco. Por eso, cuando se enteró de la falta de prolijidad del contador,
pegó un grito de 6 grados en la escala gallega de la ira.
Rebeca es
editora, gerente y todóloga en este semanario que sobrevive gracias a ustedes.
Es una persona maravillosa y no hay derecho para que una tropa infecta de
difamadores intente mancillar su imagen. Lo diría así no fuera la esposa que
me cayó del cielo. <>
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