EL PANORAMA ELECTORAL Y SUS VARIANTES
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el Perú, para intervenir en las elecciones políticas de 2026 se inscribieron 43
partidos de los cuales en la primera vuelta participaron 36, un elevado número
expresivo de la dispersión de los electores propia de una evolución política
caracterizada por la ausencia de ideologías y programas coherentes con las
necesidades de la población y del país.
Los resultados fueron los siguientes:
La
derecha declarada, conformada por los grupos de Keiko Fujimori y Rafael López
Aliaga, que obtuvieron representación en las cámaras legislativas, solo recibieron
en conjunto en la primera vuelta 29.1% de los votos (17,19% + 12.03%). En la
segunda vuelta, añadieron el voto de otros grupos afines: 21.04%.
La
izquierda de Roberto Sánchez y los tres grupos de centro izquierda, también con
representación parlamentaria, de Jorge Nieto, Ricardo Belmont y Alfonso López Chau,
que en la primera vuelta habían obtenido en conjunto el 40.34%, recibieron el 9.52%
de otros grupos opuestos a la derecha.
En
consecuencia, el resultado de la elección en la segunda vuelta estuvo
determinado por una diferencia inferior al 1%.
A
esta situación se agrega la minoría de Fuerza Popular en el Congreso de la
República.
En
la Cámara de Diputados solo tiene 41 miembros que sumados a los 15 del grupo de
López Aliaga hace 56 de 130. Los diputados de los grupos de Roberto Sánchez, 32,
Jorge Nieto 18, Ricardo Belmont 14 y Alfonso López Chau 10 suman 74.
En
la Cámara de Senadores los grupos de Keiko Fujimori 22 y Rafael López 8 hacen
30, y los de Roberto Sánchez 14, Jorge Nieto 7, Ricardo Belmont 5 y Alfonso
López Chau 4, 30.
Para
neutralizar la igualdad de votos en la Cámara de Senadores y reducir la mayoría
de los grupos de izquierda y centro en
la Cámara de Diputados, el procedimiento podría ser estimular las deserciones,
una de cuyas primeras manifiestaciones fue el voto de una representante de
izquierda que llevó a un miembro de Fuerza Popular a la presidencia de la
Cámara de Senadores. En esto cuenta mucho el comportamiento de los representantes
de la izquierda y de centro en los períodos parlamentarios precedentes que
cambiaban de camiseta al son del tintineo de las bolsas de monedas.
Efecto
del resultado electoral es la debilidad política de la nueva presidenta de la
República, puesto que se halla en el Poder Ejecutivo por el voto de una mayoría
que no es suya, debilidad reflejada en su primer gabinete ministerial
constituido por un variopinto e inestable conjunto de políticos de diferentes
tiendas y personajes que solo se representan a sí mismos.
La distribución de las fuerzas políticas en otros países de América Latina no difiere mucho de la del Perú. En las recientes elecciones en Bolivia, Chile y Colombia los resultados en la primera vuelta fueron determinados por los votos de cada grupo interviniente de magnitud diversa según su tradición, calidad ideológica, ofertas y, lo más importante, el grado de alienación ejercido sobre sus votantes; pero, en la segunda vuelta, que da acceso al Poder Ejecutivo, prevaleció cierta afinidad de propósitos y rechazos que no importan una adhesión confiable y que, finalmente, solo interesan a los efectos de ganar. No es diferente la situación en otros países con regímenes democráticos.
Bolivia, elecciones de 2025:
|
Candidato
presidencial |
%
1ra. vuelta |
%
2da. vuelta |
|
Rodrigo Paz derecha |
32.06 |
54.96 |
|
Jorge Quiroga derecha |
26.70 |
45.04 |
|
Candidato
presidencial |
%
1ra. vuelta |
%
2da. vuelta |
|
José Antonio
Kast, derecha |
23.93 |
58.17 |
|
Jeannette Jara,
izquierda |
26.85 |
41.83 |
|
Candidato
presidencial |
%
1ra. vuelta |
%
2da. vuelta |
|
Abelardo de la
Espriella, derecha |
43.75 |
49.66 |
|
Iván Cepeda,
izquierda |
40.90 |
48.70 |
Con tales resultados en la segunda vuelta los grupos ganadores en el control del Poder Ejecutivo disponen de un limitado poder por el contrapeso de los grupos perdedores y por la opinión de sus propios votantes que no es homogénea. En efecto, cada grupo, se compone de dirigentes, afiliados y votantes que no acuerdan a quienes han colocado en el poder el ciento por ciento de aprobación a sus actos o propósitos. En cada grupo hay un núcleo duro de fidelidad y confianza rodeado por círculos concentricos de aprobación cada vez menor hasta llegar a la indiferencia o al rechazo. En realidad, el juego de los partidos se concentra en el pensamiento, propósitos y deseos de sus dirigentes y en los de sus representantes en los poderes del Estado, que se modelan por las conveniencias de los grupos económicos a los que representan, por sus negociaciones con otros grupos o por sus apetencias personales que, por lo general, son non sanctas. Desde este punto de vista, no hay mucha diferencia entre los grupos de derecha, centro o izquierda y lo que han hecho, hacen y pueden hacer. El sistema económico y las clases que lo conforman prevalecen, y las cosas, incluido el Estado, siguen como son, evolucionando apenas por su propio movimiento a las que los políticos en el gobierno aportan solo cambios menores en una u otra dirección según sean de derecha, centro o izquierda, frente a los votantes que ya no pueden intervenir y son nada políticamente hasta el siguiente proceso electoral. El resultado de las elecciones en el siguiente período depende de la intención de los grupos minoritarios que abandonan sus preferencias pasadas por las contrarias o diferentes, según sus esperanzas en ciertos cambios ofrecidos que los favorezcan o por su descontento por ciertas medidas que no fueron de su agrado o ciertas esperanzas que se frustraron. Las grandes masas de votantes, en su mayor parte trabajadores y sus familias, aferradas a los derechos sociales conseguidos por la lucha de sus antepasados y casi siempre sumidas en el conformismo, ingresan en esta categoría y son el objeto preferido de la alienación por la propaganda.
(Comentos, 27/9/2026)

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