LOS
SUCESOS DE LAYCACOTA
EN
BREVÍSIMA SINTESIS
Extracto de la carta que
el conde de Lemos dirige a la reina, fechada en Lima el 27 de diciembre de 1668,
documento que -según sus difusores N. Domínguez y Loayza en “Historia Mínima de
Puno”- obra en el Archivo General de Indias de Sevilla.
“El
7 de junio me embarqué en la Capitana rumbo al puerto de Islay, con 250
soldados del presidio del Callao, mis criados y asesores. Nombré como maestre
de campo a don Blas Ramiro Maldonado. Tras 33 días llegamos a Islay, pasé por
Arequipa y luego a Puno, llevando conmigo al asesor don Pedro García de Ovalle
y al fiscal licenciado Diego de Baeza.
Apenas
llegué, supe que se preparaba una emboscada para forzarme a conceder un indulto
general. José de Salcedo había reforzado un fuerte, armado con artillería, en
abierta desobediencia. Procedí a su arresto y al de otros implicados. Juzgados
conforme a derecho, mandé ahorcar a José de Salcedo por traición a la Corona, y
confisqué sus bienes y minas. De 64 sentenciados a muerte, 28 fueron
ejecutados, y otros 23 remitidos al presidio de Valdivia, en Chile.
Con
este castigo, se restableció el respeto a la justicia real. Ordené demoler
Laycacota, ciudad ilegalmente construida sobre el cerro rico, y fundé una nueva
población media legua más allá, repartiendo solares al modo de Potosí.
Me
disponía a volver a Lima cuando recibí noticias de nuevas inquietudes en el
Cusco. Fui allá, puse orden y regresé a Arequipa. Me embarqué en Islay,
llevando preso a Gaspar de Salcedo y dejé a otros en el fuerte de Puno.
Encargué a los corregidores que ejecutaran justicia contra los bandidos
ausentes.
Nombré
como corregidor de Puno a don Joseph Ordóñez del Aguila, hombre íntegro, y dejé
al cuidado de las minas confiscadas a don Juan Ramírez de Arellano.
Tras
desembarcar en el Callao el 2 de diciembre, me retiré satisfecho por haber
restablecido el orden y asegurado el reino. Las confiscaciones rendirán gran
fruto para la Real Hacienda y honra para la Corona.”
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NOTA: ¿El virrey conocía ya el tambo de Puñuy pampa con
el nombre de Puno?
Rolando
Waldo Gómez Poma.- Mucho antes de que existieran plazas,
fronteras o trazas virreinales, el espacio que hoy conocemos como el Parque
Pino ya latió como un verdadero punto neurálgico del Altiplano: la ancestral
pampa de descanso de Puñuypampa. Un tambo o punto de descanso obligatorio que
unía Paucarcolla con Chucuito. Lo que demuestra que la historia de Puno como
ciudad no nació el 04 de noviembre, porque la historia de la ciudad de Puno es
precolonial y concatena con el dominio del Inca.
Del antiguo Tambo Inca al Templo de los Indios en
tiempos prehispánicos, esta explanada fue una parada fundamental en la red del
Qhapaq Ñan. Era el espacio de pernocte (puñuy = descansar), intercambio (qatu)
y veneración a las sagradas huacas locales.
Originalidad, cosmovisión y devoción viva se experimenta
entre los puneños de hoy, porque el sincretismo es profundo: Las devociones
nativas a la fertilidad y el agua no desaparecieron; se transformaron y
fusionaron con la fe mariana.
De ser una huaca o un adoratorio de los Dioses de las
poblaciones nativas, hoy se erige el Santuario de la Candelaria; con el tiempo,
esta misma parroquia de naturales fue elevada a Santuario de la Santísima
Virgen de la Candelaria, convirtiéndose en el epicentro espiritual de la
festividad más grande del folclore altiplánico. Hoy indios, mestizos y los
“otros” se agrupan bajo el manto de la madre de Cristo, aunque la memoria
histórica lleva a los descendientes de las culturas ancestrales a reconocer las
deidades de nuestros antepasados.
Visitar el atrio del Templo de San Juan no es solo
contemplar su arquitectura; es pisar el viejo suelo de Puñuypampa, recordar la
memoria viva del pueblo indígena y comprender cómo la fe y la cosmovisión
andina siguen en pie tras siglos de historia. <>


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