LA DESIDEOLOGIZACIÓN DEL CURRÍCULO:
EL MITO DE LA NEUTRALIDAD
Por: Jorge Luis Choque
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a propuesta de “desideologizar” el currículo nacional,
formulada por el Ministro de Educación José Antonio Chang, se presenta como una
medida de sentido común: retirar las ideologías de la escuela para enseñar
únicamente “datos”, “estadísticas” e “información real”. Sin embargo, ese
mensaje descansa sobre un error teórico fundamental: no existe educación sin
valores. Todo currículo selecciona qué contenidos enseñar, qué actores
históricos visibilizar, qué conflictos explicar y qué futuro nacional imaginar.
Por ello, la discusión democrática no debería ser si la escuela tiene una
orientación ideológica, sino cuáles valores —igualdad, derechos, pluralismo,
justicia o autoridad— pretende formar en las nuevas generaciones.
Antonio Gramsci ayuda a comprender por qué esta pretensión
resulta tan eficaz. La hegemonía no se sostiene solamente mediante la coerción,
sino mediante la construcción del consentimiento: los intereses de los grupos
dominantes deben aparecer como sentido común, como verdades evidentes que la
mayoría acepta sin discutirlas (Gramsci, 1971). “Desideologizar” el currículo
puede cumplir precisamente esa función: convertir una concepción jerárquica y
autoritaria del país en el lenguaje de la normalidad, mientras se estigmatizan
como propaganda las perspectivas críticas, interculturales, feministas o de
derechos humanos. No se expulsa la ideología del aula; se impone una ideología
concreta, la que requiere el poder.
Noam Chomsky ofrece una advertencia complementaria. Para
él, el sistema educativo puede funcionar como un filtro que expulsa a quienes
piensan de manera independiente y no aprenden a ser sumisos, porque esa
autonomía resulta disfuncional para las instituciones. Desde esta perspectiva,
una escuela que prohíbe preguntar por el poder, la desigualdad o la memoria
histórica no forma ciudadanos libres: adiestra conformidad. Chomsky también
distingue entre educación y adoctrinación: la primera busca que las personas
aprendan a pensar por sí mismas; la segunda, que acepten marcos de
interpretación impuestos sin examinarlos críticamente.
Esta lógica se acerca a rasgos que Umberto Eco identificó
en el fascismo y las posturas contemporáneas. El fascismo, escribió Eco, crece
explotando el miedo a la diferencia y dirige su primer llamado contra los
“intrusos”. En el Perú, el ataque al enfoque de género, a la educación
intercultural y a la memoria crítica del conflicto armado interno ha sido
acompañado por discursos que asocian la diversidad, el feminismo o la crítica
social con el terrorismo y el totalitarismo. Una investigación de la PUCP
documenta que, desde 2016, la oposición a la llamada “ideología de género”
impulsó una cruzada para atacar y expulsar el enfoque género del Currículo
Nacional y presionar a sus defensores.
Henry Giroux advierte que la exigencia de neutralidad funciona como un guion para despolitizar la educación y silenciar el debate académico. Lejos de provocar apatía, esa despolitización beneficia al poder: si la política se reduce a administración, seguridad y orden, se debilita la capacidad de preguntar quién decide, quién distribuye recursos y quién define qué significa ser peruano. Stanley señala que dicha postura fascista busca reemplazar la verdad por el mito y transformar la educación en un instrumento para glorificar el pasado y la herencia de la oligarquí. La complejidad aparece entonces como confusión, el análisis como ideología y la memoria incómoda como amenaza a la unidad nacional.
La alternativa democrática no es una escuela “sin
ideología”, sino una escuela consciente de sus valores y comprometida con la
evidencia, el contraste de fuentes y el pensamiento crítico. Un currículo
plural debería permitir analizar el conflicto armado interno en toda su
complejidad, reconocer la violencia de Sendero Luminoso y también la del
Estado, discutir la desigualdad estructural y formar estudiantes capaces de
distinguir entre información, opinión e ideología. Como planteaba Gramsci, el
intelectual democrático debe ser un organizador y un persuasor permanente en la
vida práctica (Gramsci, 1971). “Desideologizar” el currículo, entendido como
expulsar del aula las preguntas sobre poder, derechos e injusticia, no protege
la neutralidad: consolida una hegemonía autoritaria.
Perú: 30/10/2026
___________________
1.
Chomsky, N. (2003). Comprender el
poder: El Chomsky imprescindible. The New Press.
2.
Eco, U.
(1995). Ur-Fascismo. The New York Reseña de Libros.
3.
Gramsci, A.
(1971). Selección de los Cuadernos de la cárcel..
4.
Cultura
Abierta. (2012, 8 de noviembre). Noam Chomsky expone el propósito de la
educación
5.
Pontificia
Universidad Católica del Perú. (2024). Investigación sobre el discurso
contra la ideología de género y el Currículo Nacional.
6.
Stanley, J.
(2018). Cómo funciona el fascismo: La política del «nosotros» y el «ellos».
Random House.

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