jueves, 6 de agosto de 2026

ASPECTOS DE LA REALIDAD SOCIAL PERUANA

LO CHOLO EN EL PERÚ

Escribe: Edwin Sarmiento

Revista SOMOS

E

n julio de 2006 el Fondo Editorial del Congreso de la República organizó un coloquio sobre “lo cholo en el Perú”, un tema del que se habla mucho desde el siglo pasado, pero que no ha perdido vigencia. Sobre todo, ahora que las Fiestas Patrias nos invitan nuevamente a reflexionar sobre los lazos que nos unen y las diferencias que nos separan, a nosotros, los nacidos en esta hermosa tierra del Sol. En contenido concebido del evento, alcanza varios asuntos a examinar. Veamos:

Cholo soy y no me compadezcas. Lindo mi Luis Abanto Morales, con sus anillos grandes, de oro macizo y sus cadenas también de oro. La cara chola, el color cholo, cholo él y qué. Eran otros tiempos cuando cantaba, dando brinquitos salerosos, “déjame en la puna vivir a mis anchas, trepar por los cerros, detrás de mis cabras, arando la tierra, tejiendo mis ponchos, pastando mis llamas y echar a los vientos la voz de mi quena”. Desde entonces, el país ha cambiado, Kausachum Perú.

El racismo existe, pero no es tan fuerte como hace tres décadas, no señor. La vergüenza de ser cholo es menor en quienes hemos ocupado en nocturnidad y sin alevosía Lima a partir de las migraciones sucesivas de provincianos a quienes “las locas ilusiones nos sacaron de mi pueblo para venir a conocer la capital”. Ah, tiempos. Ahora yo choleo, tú choleas, él cholea. Todos nos sentimos cholos, incluyendo al congresista electo Víctor Andrés García Belaúnde, aristocrático él, pero tiene el orgullo de ser peruano y ser feliz, que uno huele que no es cholo, pero él dice sentirse orgullosamente cholo, como le confesara a este periodista. Pero, ¿qué es ser cholo en el Perú? El sociólogo Gonzalo Portocarrero nos explicó que es una condición que se vive todavía con incertidumbre. Es reconocerse descendientes de esa plebe mestiza que hace siglos se fue asentando en el territorio nacional. ¿Recuerdan a Garcilaso de la Vega, nuestro cronista? Él explicó que

“…al hijo de negro y de india o de indio y negra dicen mulato y mulata. A los hijos de estos llaman cholo; es vocablo de las Islas de Barlovento; quiere decir perro, no de los castizos sino de los muy bellacos y gozones; y los españoles usan del por infamia y vituperio”. Está en los “Comentarios Reales”.

Portocarrero, profesor en la Pontificia Universidad Católica del Perú, dice que el cholo no tiene aún muy definidas sus raíces, no sabe si está cambiando hacia Occidente o está permaneciendo en los Andes. Será por eso que mis tías en Lucanas solían decirme de chiquito que nosotros éramos diferentes a los “otros” que no sabían lo que eran, como una manera muy andina de marcar distancia y notificarnos que no éramos cholos para nada. Qué bonita familia. El apellido, el color de la piel, el idioma, las costumbres entre otros, definen los rasgos de lo que conocemos como cholo. Éste se define también a partir de lo indígena y de lo criollo occidental. Portocarrero advierte cierto sentimiento de orfandad en quienes se sienten cholos por lo mismo que son excluidos y a veces muy malamente en el entorno social.

Dina Paucar
La cantante Dina Páucar nos cuenta que cuando llegó a Lima se reían de ella, por su condición andina. Y por eso lloraba mucho. Ahora que es muy popular y ha triunfado, se ríe al recordar esos pasajes de su vida y exhibe con orgullo su condición de chola. Rodrigo Montoya, a su vez, doctor en Antropología por la Universidad de París, escritor prolífico y mi paisano de Puquio --que es lo más importante-- dice que

“…se le llama cholo a alguien que viene de los pueblos indígenas, que habla muy bien su lengua materna y trata de aprender el castellano, que confunde la ‘e’ con la ‘i’ y la ‘o’ con la ‘u’ y que hace esfuerzos notables para desprenderse de sus hábitos culturales indígenas y adoptar los occidentales. De esa confusión deriva otro insulto: “cholo motoso”. Lo biológico y lo cultural se combinan y mezclan, pero el componente cultural es el más importante”.

En el coloquio sobre “lo cholo en el Perú”, Cholos o no, los legisladores tendrán la oportunidad de escuchar en su propia casa, los muchos enfoques que se han elaborado para entender mejor nuestras raíces sociales y culturales. Iluminados por las sabias palabras de los estudiosos más enjundiosos del medio, los padres de la patria verán el rostro, color tierra, de la realidad peruana y muchos se verán a sí mismos reflejados en el análisis de lo que los sociólogos llaman en su extraño neologismo el “laberinto de la choledad”. Se tiene previsto que el evento se hable sobre lo cholo y la nueva modernidad, la cultura y la identidad chola, lo cholo y la esperanza religiosa, los pagos al cerro, Sarita Colonia y los misayocs urbanos. La familia, las mujeres, el amor y la sexualidad cholas tampoco estarán ausentes en las mesas de discusión.

Asimismo, está previsto que se hable también de la comida y el mestizaje. Se conozca qué es una pachamanca, saber si la comida criolla es chola y si aquello que adorna su mesa todos los días, mi querido señor o señora, es un plato que en su origen fue tan cholo como las hojas de atajo que crecen en los Andes. Es necesaria la presencia de

Isabel Álvarez, Bernardo Roca Rey, Cucho La Rosa, Gastón Acurio y Rodolfo Hinostroza para que digan una vez más que la comida peruana es la más variada y la más rica del mundo. Y también chola, por supuesto. Para cocinar contamos con carnes y verduras de toda clase. Nuestra topografía muy especial nos permite tener faunas y floras poco menos que inagotables. Imagínese. Tenemos pescado de río, pescado de mar y pescado de lago. ¿Y cómo no citar a nuestra papa que se transforma, en la mesa, en platos distintos, como es el caso del muy andino chuño blanco que, hervido con leche y con queso tierno, es uno de los platos más originales y sabrosos del mundo? ¿Y qué decir del olluco y la oca? ¿Sabía usted que el chupe, en cualquier forma que se sirva, lleva en su origen el signo distintivo de su choledad? ¿Desde el chupe de camarones, hasta los grandes chupes de tierra adentro como el chairo, el chaque, el timpusca, el pebre, el chupe de ollucos, el chupe de conejos y el chupe de habas?

Chupe de camarones
¿Encontrará, usted, algún plato que pueda competir con nuestra carapulca, ese suntuoso guiso de papa seca, de carne de chancho y de maní? ¿Sigo? Quien no ha comido el timpusca, chupe hecho a base de cecina de carnero y de algas marinas o lacustres, puede decir que no ha comido del todo bien. ¿Y qué decir del tamal? Se dice que cuando nuestra primera negrita hizo el primer tamal lo probó y dijo: ¡Notamal!, entonces el nombre quedó. Nuestro caucau, aromatizado con tomillo, con yerba buena y con comino y una punta de ají es otro de los platos tan peruanos, tan cholos, que siempre agradarán en cualquier mesa. Y si de yerbas hablamos no podemos dejar de citar las emblemáticamente peruanas: el huacatay, el paico y la muña, de aromas especiales y muy andinos. Con estas yerbas, el plato más humilde adquiere categoría y elegancia. De todo esto y de algo más, deben hablar los expertos cuando se explique lo cholo en el Perú. Entre los ponentes están considerados también Miguel Gutiérrez y Luis Nieto Degregori para hablar sobre los cholos y las cholas en la novela peruana. Y la música chola no podrá faltar. Se hablará de la cumbia, del huaiño, del rock y el tecno, cómo no. Gustavo Buntix, Leslie Lee y Manuel Munive ilustrarán al auditorio sobre la plástica chola y mestiza del Perú. No pueden faltar los testimonios de Dina Páucar, Tulio Loza, Ada Chura y Julio Simeón, a quien usted conoce como “Chapulín el dulce”. Se debe hablar de todo, cholito, pero nunca se podrá decir del evento en ciernes que será “la misma chola con diferente calzón”, pues debe ser innovador. <> 

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