LO CHOLO EN EL PERÚ
Escribe:
Edwin
Sarmiento
Revista SOMOS
|
E |
n
julio de 2006 el Fondo Editorial del Congreso de la República organizó un
coloquio sobre “lo cholo en el Perú”, un tema del que se habla mucho desde el
siglo pasado, pero que no ha perdido vigencia. Sobre todo, ahora que las
Fiestas Patrias nos invitan nuevamente a reflexionar sobre los lazos que nos
unen y las diferencias que nos separan, a nosotros, los nacidos en esta hermosa
tierra del Sol. En contenido concebido del evento, alcanza varios asuntos a
examinar. Veamos:
El
racismo existe, pero no es tan fuerte como hace tres décadas, no señor. La
vergüenza de ser cholo es menor en quienes hemos ocupado en nocturnidad y sin
alevosía Lima a partir de las migraciones
sucesivas de provincianos a quienes “las
locas ilusiones nos sacaron de mi pueblo para venir a conocer la capital”.
Ah, tiempos. Ahora yo choleo, tú
choleas, él cholea. Todos nos sentimos cholos, incluyendo al congresista
electo Víctor Andrés García Belaúnde,
aristocrático él, pero tiene el orgullo de ser peruano y ser feliz, que uno
huele que no es cholo, pero él dice sentirse orgullosamente cholo, como le
confesara a este periodista. Pero, ¿qué es ser cholo en el Perú? El sociólogo Gonzalo Portocarrero nos explicó que es
una condición que se vive todavía con incertidumbre. Es reconocerse
descendientes de esa plebe mestiza que hace siglos se fue asentando en el
territorio nacional. ¿Recuerdan a Garcilaso
de la Vega, nuestro cronista? Él explicó que
“…al
hijo de negro y de india o de indio y negra dicen mulato y mulata. A los hijos
de estos llaman cholo; es vocablo de las
Islas de Barlovento; quiere decir perro,
no de los castizos sino de los muy bellacos y gozones; y los españoles usan del
por infamia y vituperio”. Está en los “Comentarios Reales”.
Portocarrero,
profesor en la Pontificia Universidad Católica del Perú, dice que el cholo no
tiene aún muy definidas sus raíces, no sabe si está cambiando hacia Occidente o
está permaneciendo en los Andes. Será por eso que mis tías en Lucanas solían
decirme de chiquito que nosotros éramos diferentes a los “otros” que no sabían
lo que eran, como una manera muy andina de marcar distancia y notificarnos que
no éramos cholos para nada. Qué bonita familia. El apellido, el color de la piel, el idioma, las costumbres entre
otros, definen los rasgos de lo que conocemos como cholo. Éste se define también
a partir de lo indígena y de lo criollo occidental. Portocarrero advierte
cierto sentimiento de orfandad en quienes se sienten cholos por lo mismo que
son excluidos y a veces muy malamente en el entorno social.
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| Dina Paucar |
“…se
le llama cholo a alguien que viene de los pueblos indígenas, que habla muy bien
su lengua materna y trata de aprender el castellano, que confunde la ‘e’ con la ‘i’ y la ‘o’ con la ‘u’ y que hace esfuerzos notables para desprenderse de sus
hábitos culturales indígenas y adoptar los occidentales. De esa confusión
deriva otro insulto: “cholo motoso”.
Lo biológico y lo cultural se combinan y mezclan, pero el componente cultural
es el más importante”.
En
el coloquio sobre “lo cholo en el Perú”, Cholos o no, los legisladores tendrán
la oportunidad de escuchar en su propia casa, los muchos enfoques que se han
elaborado para entender mejor nuestras raíces sociales y culturales. Iluminados
por las sabias palabras de los estudiosos más enjundiosos del medio, los padres
de la patria verán el rostro, color tierra, de la realidad peruana y muchos se verán
a sí mismos reflejados en el análisis de lo que los sociólogos llaman en su
extraño neologismo el “laberinto de la
choledad”. Se tiene previsto que el evento se hable sobre lo cholo y la
nueva modernidad, la cultura y la
identidad chola, lo cholo y la esperanza religiosa, los pagos al cerro,
Sarita Colonia y los misayocs urbanos. La familia, las mujeres, el amor y la
sexualidad cholas tampoco estarán ausentes en las mesas de discusión.
Asimismo, está previsto que se hable también de la comida y el mestizaje. Se conozca qué es una pachamanca, saber si la comida criolla es chola y si aquello que adorna su mesa todos los días, mi querido señor o señora, es un plato que en su origen fue tan cholo como las hojas de atajo que crecen en los Andes. Es necesaria la presencia de
Isabel Álvarez, Bernardo Roca Rey, Cucho La Rosa, Gastón Acurio y Rodolfo Hinostroza para que digan una vez más que la comida peruana es la más variada y la más rica del mundo. Y también chola, por supuesto. Para cocinar contamos con carnes y verduras de toda clase. Nuestra topografía muy especial nos permite tener faunas y floras poco menos que inagotables. Imagínese. Tenemos pescado de río, pescado de mar y pescado de lago. ¿Y cómo no citar a nuestra papa que se transforma, en la mesa, en platos distintos, como es el caso del muy andino chuño blanco que, hervido con leche y con queso tierno, es uno de los platos más originales y sabrosos del mundo? ¿Y qué decir del olluco y la oca? ¿Sabía usted que el chupe, en cualquier forma que se sirva, lleva en su origen el signo distintivo de su choledad? ¿Desde el chupe de camarones, hasta los grandes chupes de tierra adentro como el chairo, el chaque, el timpusca, el pebre, el chupe de ollucos, el chupe de conejos y el chupe de habas?
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| Chupe de camarones |



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