viernes, 7 de agosto de 2026

ARTE FOTOGRAFICO POR PUNEÑOS

URIEL MONTÚFAR:

PRESERVANDO LA MEMORIA VIVA DE LOS ANDES

Soledad Quartucci REPÚBLICA LATINA 6AGO26

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Uriel Montùfar
ara Uriel Montúfar, la fotografía nunca ha consistido simplemente en documentar la realidad. Es un acto de preservación, un diálogo con la tierra y una forma de salvaguardar historias que, de otro modo, podrían desvanecerse con el tiempo.

Nacido en Puno, Perú, y conocido profesionalmente como Uriel Montúfar creció en la sierra andina, donde el lago Titicaca, las imponentes montañas y las tradiciones de las comunidades quechua y aimara dan forma a la vida cotidiana. Criado en una familia quechua y rodeado de comunidades aimara, Montúfar reconoce que este rico entorno cultural influyó profundamente tanto en su visión del mundo como en su visión artística.

 “Crecí en un lugar donde la naturaleza y la cultura se funden en una sola”, afirma. “El tiempo transcurre a un ritmo diferente, y la vida gira en torno a la comunidad, las fiestas tradicionales, los ciclos agrícolas y una profunda conexión espiritual con la Pachamama”. Esa crianza le enseñó a observar con paciencia y respeto, cualidades que se han convertido en la base de su obra. Montúfar se esfuerza por contar historias sobre la memoria, la identidad y la resiliencia cultural del pueblo andino.

Su afición por la fotografía comenzó a temprana edad, impulsado por el deseo de preservar aquello que veía desaparecer gradualmente. Pronto comprendió que una fotografía podía convertirse en un testimonio para las generaciones futuras.

 “Comprendí que la fotografía podía preservar la memoria de las comunidades”, explica. “Lo que más me cautivó fue su capacidad para conmover a la gente sin una sola palabra”. Desde ese momento, supo que la cámara se convertiría en su lenguaje: una forma de conectar con los demás y contar las historias de la tierra que lo forjó.

The big flute of Layo, Cusco
La expresión artística siempre ha formado parte de la herencia familiar de Montúfar. Su abuelo, Uriel Montúfar Montúfar, fue un distinguido poeta quechua cuyos libros y diccionarios quechua-español contribuyeron a preservar tanto la lengua como la memoria cultural. Dos de sus tíos, Milton Montúfar y Carlos Montúfar, son pintores, y crecer rodeado de expresión creativa alimentó su propia trayectoria artística.
Diablo Caporal en Festividad Candelaria

 Aunque al principio fue en gran medida autodidacta —aprendiendo a través de la práctica, los libros y el estudio del trabajo de otros fotógrafos—, más tarde complementó su formación con talleres y cursos especializados. Aun así, cree que su mayor aprendizaje lo ha obtenido en otros ámbitos.

“Mi verdadera formación ha sido trabajar sobre el terreno y convivir con las comunidades que fotografío”, afirma.

Actualmente, el trabajo de Montúfar se centra en la fotografía documental y artística, explorando la identidad andina, el patrimonio cultural, la espiritualidad, las fiestas tradicionales, los paisajes y la perdurable relación entre las personas y la naturaleza. Cada proyecto se fundamenta en el respeto, la confianza y una auténtica conexión humana.

“Creo que una imagen puede convertirse en un puente entre culturas”, afirma, “y ayudar a la gente a reconocer la belleza y el significado de aquello que a menudo pasa desapercibido”.

Trabajar en proyectos documentales a largo plazo en regiones remotas de Perú presenta desafíos importantes. Las oportunidades de financiación y los espacios de exhibición son limitados fuera de los principales centros culturales del país. Sin embargo, Montúfar cree que la distancia también se ha convertido en una de sus mayores fortalezas, permitiéndole desarrollar relaciones más profundas y crear obras más significativas.

Una de las mayores recompensas ha sido ver cómo historias nacidas en pequeñas comunidades andinas resuenan en audiencias de todo el mundo.

“Cada reconocimiento internacional que he recibido lo siento como un reconocimiento para las personas que aparecen en mis fotografías”, afirma.

Para Montúfar, la preparación es tan importante como el momento de tomar una fotografía. Antes de coger su cámara, dedica tiempo a investigar, escuchar y entablar relaciones.

“La confianza se construye mucho antes de que aparezca la cámara”, explica.

Su objetivo no es simplemente crear fotografías impactantes, sino capturar la emoción, la humanidad y la identidad de manera que los espectadores sientan que están presenciando una historia real.

Entre sus proyectos más importantes en curso se encuentra Candelaria: Senderos de Fe , una exploración documental a largo plazo de la Fiesta de la Virgen de Candelaria. El proyecto examina las intersecciones entre fe, identidad, memoria y patrimonio cultural vivo a través de la fotografía y el cine documental.

Carrera en Langui
 Entre sus otras obras principales se encuentran Willka Nina, que explora el fuego y la espiritualidad andina; Jinetes del Viento y la Altitud, que documenta a los jinetes de las tierras altas; y La Luz de Antauta, un proyecto comunitario centrado en la memoria colectiva. Cada vez más, incorpora elementos multimedia —como cine, archivos históricos e historias orales— para ampliar las posibilidades de la narrativa documental.

Una imagen de "Jinetes del viento y la altitud" marcó un punto de inflexión en su carrera. La fotografía, que muestra a jinetes de las comunidades andinas de Langui y Layo enfrentándose al vasto paisaje montañoso, confirmó algo que él sospechaba desde hacía tiempo: las historias locales poseen un significado universal.

Una de sus experiencias más memorables tuvo lugar después de pasar varios días documentando a un anciano bailarín durante la Fiesta de la Virgen de la Candelaria. Al final del tiempo que pasaron juntos, el hombre le dijo en voz baja: «Gracias por escucharme antes de fotografiarlo».

Esas palabras se le han quedado grabadas desde entonces.

«Confirmaron que el verdadero trabajo documental comienza mucho antes de apretar el obturador», reflexiona Montúfar. «Escuchar, comprender y generar confianza son tan importantes como la habilidad técnica».

Si pudiera darle un consejo a su yo más joven, sería muy sencillo.

 “Ten paciencia y confía en tu propia visión. No sigas las tendencias ni tomes fotografías solo para complacer a los demás. Las imágenes más significativas surgen cuando fotografías aquello que realmente amas y comprendes de verdad.”

Actualmente, Montúfar continúa desarrollando Candelaria: Senderos de Fe en formatos fotográficos y cinematográficos, a la vez que prepara Fe y Fuego, una exposición multimedia dirigida al público internacional. Asimismo, mantiene su compromiso con proyectos colaborativos que fortalecen la memoria cultural y la narrativa visual en las comunidades andinas.

 De cara al futuro, espera profundizar en sus exploraciones a largo plazo sobre el patrimonio, la identidad y el territorio, al tiempo que expande la fotografía documental a través de instalaciones audiovisuales y narraciones inmersivas.

En última instancia, sin embargo, su mayor ambición va más allá de cualquier exposición o premio.

“Mi sueño es crear una gran memoria visual de los Andes mediante la combinación de fotografía, cine documental, archivos históricos y testimonios orales”, afirma. “Espero que este trabajo ayude a las futuras generaciones a comprender la extraordinaria riqueza cultural de nuestras comunidades, a la vez que genere un diálogo con el público de todo el mundo”.

Para Uriel Montúfar, cada fotografía es más que una imagen. Es un acto de escucha, un gesto de respeto y una forma de asegurar que la memoria viva de los Andes perdure. <> 

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