lunes, 6 de enero de 2025

A DOS AÑOS DE LA BARBARIE DEL 9 DE ENERO

EL ROSTRO DE LA IMPUNIDAD

Escribe: Javier Calderón

Diario LOS ANDES 6ENE25

Después de las matanzas: fresca como una lechuga

A prácticamente dos años de aquel fatídico episodio ocurrido en Juliaca el 2023, la Fiscalía prepara una solicitud de ampliación de plazo en las investigaciones que tiene como principal barrera a los mismos operadores de justicia.

En la memoria colectiva aún está presente el 9 de enero de 2023. Aquel día 17 hijos del pueblo murieron a consecuencia de la represión policial. Un policía también perdió la vida y luego de una penosa agonía algunos días después, un adolescente de 15 años daba su último suspiro.

Han pasado prácticamente dos años desde aquel fatídico episodio y la sed de justicia en las víctimas, en la familia y el pueblo de Juliaca, permanece intacta.

Contrariamente y como lo manifestó la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos (CNDDHH), hasta el momento no hay un solo detenido y autoridades políticas como Dina Boluarte, prefieren lavarse las manos con la sangre de quienes cayeron exigiendo su dimisión a la Presidencia, tal cual ocurre hasta hoy.

INVESTIGACIÓN

Diario Los Andes conversó con el abogado César Quispe Calsín, sobre el avance en las investigaciones y las dificultades que han debido sortear en ese camino cuya meta es encontrar justicia.

“En los próximos días vence el plazo de la investigación preparatoria, sin embargo, tenemos conocimiento que el equipo especial de fiscales solicitará una ampliación… porque el número de agraviados es numeroso, algunos no han declarado al igual que agentes del Estado; allí están involucrados más de mil policías y militares”, refiere el letrado respecto a la actualidad del proceso.

Y es que, la Fiscalía debe tomarse algunos meses más, para recabar elementos de convicción a partir de los cuales se pueda acusar, por el momento a los 19 policías investigados por los delitos de homicidio calificado, lesiones graves, lesiones leves, comisión y omisión.

“Estamos en la primera etapa, este año esperemos pasar a la etapa intermedia ya con la acusación fiscal propiamente”, explica uno de los abogados de la Asociación de Mártires y Víctimas del 9 de enero de 2023.

DINA A LA CÁRCEL

De acuerdo a la cadena de mando, as responsabilidades en cuanto al accionar policial no excluyen a la presidenta de la República.

“Desde Puno se ha presentado una denuncia en la Fiscalía de la Nación en contra de Dina Boluarte, su entonces premier Alberto Otárola, sus ministros del Interior y Defensa. Su elaboración fue concluida en el 2023 y luego se presentó la denuncia constitucional ante el Congreso de la República.

Hace tres semanas, recién le han dado trámite en la subcomisión de Acusaciones Constitucionales, con lo cual ellos también están comprendidos en la denuncia por homicidio calificado, lesiones graves, lesiones leves, comisión y omisión.

Saliendo un poco del plano estrictamente legal, Quispe Calsín ve con preocupación las brechas existentes en los diferentes espacios de la sociedad. “Hay dificultades de carácter logístico. El gobierno ha contratado toda una maquinaria de abogados, a quienes les pagan medio millón, 300 mil. ¿Y las víctimas?, ¿los deudos? Por eso es que digo; los abogados asumimos de manera patriótica esta responsabilidad. Querían borrar de plano todo lo ocurrido”, resaltó el abogado.

En este proceso, existen episodios vinculados al miedo, ese que desde la Policía se intentó sembrar en los heridos: “…los meteremos a la cárcel por terrorismo…”, le dijo un efectivo vestido de civil a uno de los hospitalizados. Con el transcurrir del tiempo, eso se acabó y quienes conforman la organización que busca justicia se han empoderado y ese espíritu contagió a otras regiones.

“Es una muestra de resistencia cultural. Me recuerda la frase de Túpac Katari: ‘Volveré y seré millones’, Puno ha despertado al país. No pasará mucho tiempo en el cual recuperemos la democracia y así sentenciar a los asesinos, empezando por Dina”, comenta Quispe Calsín.

DOLOR DE HERMANO

Raúl Samillán Sanga es presidente de la Asociación de Mártires y Víctimas del 9 de enero de 2023. Perdió a su hermano, Marco Antonio, un joven médico cuyo único error fue acudir a los heridos de la masacre. Una bala le cegó la vida y los sueños de salvar vidas.

Juliaca soporta una fuerte granizada y Raúl nos recibe en su casa. Cuando habla de su hermano se le quiebra la voz y de sus ojos brotan lágrimas. “Para nosotros que somos los hijos del pueblo… alcanzar justicia es difícil. Han pasado dos años y no se tiene a ninguna persona detenida; el equipo especial de fiscales no tiene el presupuesto necesario para acelerar las investigaciones”, dice, triste, porque el dolor pervive a pesar del tiempo.

Pueblo hambriento, también de justicia
En toda esta maraña para dilatar los tiempos Raúl tiene claras las cosas. “La señora Dina Boluarte en un pacto de impunidad con la señora Patricia Benavides, son responsables del retraso de las investigaciones. Ellas entorpecieron las primeras diligencias que eran fundamentales para que nosotros podamos llegar a la verdad. Pusieron todo tipo de trabas para que estas investigaciones avancen”, comenta. Efectivamente, en su momento, la disposición de pruebas de absorción atómica a los agentes, hubiera aclarado el panorama de inmediato, no lo hicieron, no quisieron.

“Le pido a la señora Dina, lo mismo que el 95 % de peruanos, que deje el cargo, que se someta a las investigaciones. Lo único que está haciendo es alargar el dolor. Boluarte debe convocar a nuevas elecciones e irse. Así tendríamos cierta tranquilidad y la esperanza de alcanzar justicia”, concluye Raúl Samillán.

Dato.- La defensa de los mártires y víctimas del 9 de enero concretarán una reunión con la fiscal de la Nación, Delia Espinoza, con la finalidad de exigirle disponga celeridad en las investigaciones que en realidad han avanzado muy poco. <:>

domingo, 5 de enero de 2025

TEMAS DE LA HISTORIA REGIONAL PUNEÑA

 MARIANO MELGAR

SU SACRIFICIO

En: Pedro José Rada y Gamio: MARIANO MELGAR. APUNTES PARA LA HISTORIA DE AREQUIPA. Lima, Imprenta Casa Nacional de la Moneda. 1959 pp. 346 – 356.

E

l año de 1814, Mariano Melgar Valdivieso, nacido en Arequipa (12 de agosto de 1790) va a tomar la espada.

El Cuzco (2 de agosto 1814) lanza el grito de rebelión contra la dominación española. Renace el espíritu de Tupac Amaru. Los indios de Humanga y Arequipa secundan el movimiento, co­mo muchos criollos; Abascal, virrey, se alarma y se prepara a develar la revolución. Está al frente de ésta, Mateo García Pumaccahua, que formó en espíritu militar en las tropas con que el General Goyoneche había vencido en Guaqui y domi­nado el Alto Perú. (1).

El pueblo de Chuquibamba, que siempre se distinguió por su virilidad, perteneciente a la Intendencia de Arequipa, tomó las armas, secundando el movimiento. Melgar, como se ha dicho, estaba en el valle de Majes buscando soledad y re­poso. Apenas supo los acontecimientos, emprendió marcha a Chuquibamba; se presentó y pidió ser incorporado a las tropas. Fué acogido con entusiasmo.

El melancólico y casi ceñudo amante, tomó la marcial apostura del soldado. Pasó el momento de cantar los dolores del indio, llegó el momento de redimirlo. Pasó el alboroto de la Constitución de 1812, es la hora de dar libertad al Perú. Es el instante de la espada. (2).

Un antepasado de la familia Urdanivia, fué quien levan­tó al pueblo de Chuquibamba contra la bandera del Rey. Al legar Melgar a la citada ciudad, fué entusiastamente recibi­do y los revolucionarios le hicieron el presente de una espada.

Las fuerzas realistas destinadas a combatir a los valien­tes chuquibambinos y a restablecer el dominio colonial en Condesuyos, tuvieron un combate con fuerzas de los patrio­tas en Rocchanga, a veinte kilómetros de Chuquibamba, en di­rección al monte. Vencedores los combatientes por la libertad, siguieron su marcha hacia a Arequipa.

Contribuyó a la acción de los patriotas el doctor Manuel José Fernández Córdova, que entonces desempeñaba un cu­rato en Condesuyos. Bolívar lo nombró más tarde, Vicario General Castrense del ejército libertador.

La columna de Chuquibamba se dirigió a Arequipa pa­ra incorporarse a las huestes de Pumaccahua, que después de abrir en Cangallo y La Apacheta las fuerzas del Intenden­te José Gabriel Moscoso, del Mariscal de Campo Francisco Picoaga, del Brigadier Pío Tristán y Mayor Luis Antonio María del Valle, ocupó la ciudad el 10 de noviembre de 1814. La toma de Arequipa decidió a los de Chuquibamba a pro­nunciarse. Pumaccahua y Angulo estuvieron en la ciudad mistiana pocos días. Los patriotas de Arequipa dieron una proclama firmada por Agustín Cossio y Alzamora, el Mar­qués de Villa-hermosa José María Corbacho y Francisco Carasa.

Pumacahua emprendió su marcha sobre Arequipa con 5,000 hombres, de los cuales 500 estaban armados con fusi­les, y los demás de lanzas, macanas y hondas; tenían consi­derable número de caballos y algunas piezas de artillería.

Melgar guerrero, entró a la tierra de su nacimiento y de sus amores, altivo, satisfecho. Era conciente de su misión. Fue designado Auditor de Guerra y Comandante de artille­ría.(3).

Después de presentarse a Pumacahua, fué a la casa paterna; encontróla convertida en campo de dolor y de lágri­mas. La figura enjuta de su anciano padre parecía una esta­tua petrificada. El ejército debía emprender campaña.

—¿Y tú te vas hermano?, le dice una hermana.

Sí, contestó él, y no volveré.

¡Qué es lo que has dicho!, replicó la hermana.

—La revolución no puede triunfar ahora, con este indio Pumaccahua; no se hará nada de bueno. No obstante, agre­gó, debo marchar con el ejército, debo luchar contra los espa­ñoles, debo batirme contra ellos. Pudiera ser que Angulo (4) de quien dicen que es hombre de talento, ponga algún or­den en las cosas. Pero Pumaccahua lo va a perder todo. En fin. yo voy a morir y seré de los primeros.

¡Y Silvia! replicó la hermana, ¡Si quiere satisfacer­te!

- No sé que haría, repuso Melgar; si ella quisiera expontáneamente volver a mi cariño…Yo puedo servir a la patria con más provecho que ahora y en mejor ocasión.

- Así es, contestó la hermana.

- Pero no; yo me debo a la patria; marcho con el ejérci­to.

La hermana sollozaba.

—Tú no le digas nada. No puedo pronunciar el nombre de...Silvia. (5).

Este diálogo es sustantivo, hace ver que Melgar, no te­nía fé en la capacidad de Pumaccahua para hacer triunfar la revolución, ni en sus aptitudes militares para dirigir la campaña iniciada. No veía orden ni orientación para afrontar los sucesos. No era pesimista, sino vidente. El resultado final en Humachiri comprobó sus juicios. Tenía algunas esperanzas en el talento de Angulo, y en cuanto al Jefe de la rebelión abrigaba la seguridad de que lo iba a perder todo. Sin embar­go no trepida un momento, aunque sabe que va a morir se­guramente: marcha con el ejército a luchar con los españo­les, será uno de los primeros en caer en la brecha. Espera la muerte, como Sócrates la cicuta. Ni las lágrimas de la her­mana, ni la ancianidad de su padre, ni de la madre la ternu­ra, ni ei amor a Silvia, nada lo detiene. Como un griego va a las Termopilas. Es un estoico. Escala el sacrificio, cual el már­tir cristiano que va al circo; sabe que su sangre será fecun­da y llevará al triunfo.

Cuadro semejante en que actúa como figura céntrica un joven de veinticinco años, con un porvenir brillante ante sus ojos, es óptico. Es el sacrificio conciente de la vida por la pa­tria.

Las personas visibles de Arequipa buscaban a Melgar para percatarse de su determinación y disuadirlo de ella; en­contraban al poeta convertido en guerrero y resuelto a todo.

El 12 de noviembre de 1814 celebróse un cabildo abier­to. Fué una cima de la historia de América. Estaban en el cabildo abierto, sacerdotes, caudillos, intelectuales, milicia­nos, vecinos notables. El penacho de fuego de esa cima, fué el Presbítero Mariano José de Arce, arrebatado como Robespierre, elocuente como Vernieaud: proclamó sin embajes, que se jurara la independencia absoluta del Perú del poder de Es­paña y perfiló y aclamó la soberanía de nuestra patria, tri­nando contra reyes y déspotas y proclamando la igualdad de los hombres y su derecho a ser libres, sin distinción de castas, privilegios y razas. En ese momento no fue solo un pena­cho rojo, tempestad sinaíca fue, cual la que bate las conge­ladas crestas andinas. En tal escenario espartano, se encon­tró Melgar, triste como Saint Just, noble como Barnave; “aquel mancebo romántico que en el abigarramiento del cabil­do abierto debió destacarse como una pincelada de esperan­za”, dice Francisco Mostajo. (6).

“Una anécdota suele retratar la psicología de un hom­bre. Melgar destrozó el retrato del Rey, que guardaban en su casa y no queriendo que su familia arrastrase las conse­cuencias del desacato, atribuyó lo ocurrido a la casualidad”, ha escrito Alberto Bailón Landa en su importante “Debate psico-histórico de Melgar”. (1909).

Melgar arrojó el retrato del amado Fernando, cuando aún las costumbres de Arequipa rendían al rey de España ingenuas pleitesías. Al pronunciar su nombre se descubría el mortal que lo articulaba y al patronímico agregaba la fra­se “que Dios guarde”. Las autoridades, al recibir letras, Cédu­las, Pragmáticas, y Ordenanzas reales, antes de abrir las cu­biertas, se las ponían sobre la cabeza en señal de respeto y después de besarlas rasgaban el sobre y removian las obleas de colo­res que lo sellaban. Eran tiempos en que el cumpleaños del monarca, el día de su matrimonio, el de su muerte, consti­tuían en las colonias fechas de alegría o de duelo, según el ca­so. En casi todas las moradas se colocaba la imágen del So­berano, bien que generalmente fuese borroneada por incipien­te pincel o lápiz. Y cuando las multitudes veían el retrato del rey o del real pendón, se entusiasmaban y aplaudían. Después fueron los libertadores y el pabellón de la patria, los que aclamaba el pueblo.

Melgar entró una mañana en la casa paterna. Se presen­tó con la espada al cinto. Encontró a su padre en su dormito­rio, mustio, presa de intensa angustia. Cayó a sus pies y lo abrazó. El desfallecido octogenario levantó sus brazos y ben­dijo al hijo. La madre, cual mujer fuerte, sin verter una lá­grima, con ese dolor que solo las madres saben sentir, con­templó al fruto de sus entrañas. Esta la abrazó. La herma­na era la imágen de la desolación. Melgar partió. Llevaba a Silvia en su corazón; en el alma a sus padres y her­mana.         

Las huestes de Pumaccahua salidas de Arequipa em­prendieron la marcha en dirección al interior para ganar Sicuaní. Llevaban consigo al Intendente Moscoso y al Maris­cal de Campo Picoaga, poco después sacrificados en el Cuz­co. Sumaban las fuerzas patriotas más de cinco mil hombres. Flameaba al viento sus rojas banderas. Melgar iba en la vanguardia, alardeando de su fortedumbre. Cuando comenzaron a escalar la cordillera, el vate volteó caras para mirar la ciu­dad amada y despedirse de ella, y contempló su blancura, en­vuelta en un manto de fuego. Era el atardecer. Melgar no llevaba su escudo blasonado de leones rampantes o de alme­nados castillos ¿era de la color blanco con un gorro frigio?. Presentía que en breve iba a finir. (7).

El ejército marchaba en orden. Entró en la zona de la sierra, pisando pastos y vadeando ríos. Se presentó a sus ojos la región de las modestas gramíneas, era una Siberia, don­de, en tales momentos, holgaba el botanista. Las lluvias caían torrencialmente y la tempestad dominaba la soledad de la altura. En la oscuridad de la tormenta descuajaba el rayo las nubes como una espada de fuego que desgarraba las en­trañas. La inclemencia de la naturaleza hacia su deservicio. Esos soldados no se amedrentaban, porque en ese diluvio, la­vaban el arca de la libertad.

Algún agorero creía que Santiago desde las nubes ayu­daría a las tropas españolas, y aunque bautizado, rogaba a Viracocha apoyara a los indios. Se adelantaba a la imagina­ción de Olmedo en su canto a Junín. Melgar, siempre esta­ba pensativo: añoraba a Silvia. En las horas de descanso del ejérci­to, a la luz de la luna, y abismado su pensamiento en el estrellado ornamento de los cielos, hacía hablar a una guita­rra, mientras otros tocaban las quenas y el chillador.

Aún no se ha hecho justicia — toda la justicia que me­recen — a estos ejércitos de nuestras luchas por la indepen­dencia. Hambre, sed, desnudes, enfermedades, fríos glacia­les, calores caniculares, paludismos, lluvias diluvianas, tor­mentas, cansancios, todo lo sufrieron con estoica resigna­ción. A la hora del asalto y del combate, sin uniformes entor­chados de oro, eran leones y la Victoria, coronaba de laure­les sus erguidas frentes. Querían nada menos, que obligar al Sol de Carlos V a ocultarse para siempre en los dominios de América. Pasaban del llano a la cordillera, del calor al frío, del valle al arenal, de la arena caldeada a las nieves intocadas, ríos hondables, precipicios, desfiladeros, eran sus ru­tas, hasta llegar a pobres pueblos, que no a ciudades, que po­co podían ofrecerles. La amarilla vicuña, la tranquila llama, el corredor huanaco, los veían pasar, como los altos albos organizados rebaños. La muerte no les importaba nada.

Mientras Melgar hacía la campaña, reinaba en la casa paterna el dolor y la soledad. La madre se levantaba tempra­no para ir a la iglesia de Santa Rosa, y rogar a la imagen im­ponente del Señor de la Cena que en ese templo se venera, por la salvación del hijo de los horrores de la guerra; las lá­grimas corrían de sus ojos, como de fuente inagotable. El an­ciano padre salía menos a la calle y pasaba largos ratos ma­tinales sentado en su sillón de cuero, mirando su pequeño jardín, donde se codeaban rosas, jazmines, aromos. Los hi­jos y los amigos consolaban a los desolados genitores.

Llegan los dulces y la mixtura de flores, envío cariñoso de los dos monasterios vecinos. Las murmuraciones y chis­mes, de que tanto gustan mogigatos y farsantes, iban y ve­nían trayendo dolor y desengaño. Algún sacerdote, varón austero, portaba dulcedumbre al hogar. Se esperaba noticias de los “propios”, y viajeros; se temía al Brigadier Ramírez y se tenía fé en la clemencia de Abascal; se preguntaba de Silvia, se interrogaba al Gobernador intendente, se esperaba en Dios.

Si cartas venían, se devoraban y en sus negras garrapa­teras se quería adivinarlo todo y leer el porvenir.

Para combatir a Pumaccahua se habían destacado por orden del Virrey, del ejército del Alto Perú (hoy Bolivia), aguerridas tropas, que comandadas por el Brigadier Juan Ramírez y Orozco, debían restablecer la tranquilidad.

En Humachiri, comprensión entonces de Lampa, se en­contraron los dos ejércitos y empeñaron (11 de marzo de 1815) reñida acción, Melgar, aunque Auditor, peleó en la artillería, arma de su afición por sus conocimientos en matemá­ticas. La victoria se pronunció a favor de los españoles. Mel­gar permaneció al pié del cañón, hasta el último (8). No pen­só en salvarse una vez pronunciada la derrota. El caballo que se le había señalado para abandonar el campo de batalla, lo empleó en su servicio el mismo que debía ofrecérselo. Melgar se entregó prisionero. (9).

El general vencedor, ordenó que al día siguiente fuese fusilado. Melgar contemplaba su situación corno un cristia­no. Antes de abandonar el terruño recibió los sacramentos de la penitencia y de la eucaristía. Si se había anunciado su muerte, ahora estaba preparado para recibirla. (10).

Melgar fué puesto en capilla para ser pasado por las ar­mas; abòcase con él, el Brigadier Ramírez; mantuvo con el condenado a muerte el diálogo siguiente:

—¿Por qué, joven, se ha sublevado Ud. contra su Rey y contra España, cometiendo negro delito que va a pagar con su vida?

—Yo no he cometido ningún crimen, ni siquiera una fal­ta. Ha llegado la hora, en el reloj de Dios, de que el Perú sea libre de toda dominación extraña, de que ejerza su propia soberanía, de que sea persona entre las naciones. Por eso com­batimos, por eso he tomado yo las armas, por amor a la Pa­tria.

—Esas ideas condenadas las ha aprendido Ud. en libros prohibidos y fantásticos.

—He abierto los ojos. He aprendido en la Historia de tres siglos de dominación española; he apreciado cuantos dolores y humillaciones.

—Es tiempo de que se arrepienta, olvide sus locuras, y sirva al Rey, nuestro señor, que Dios guarde. Así puedo sal­varle la vida.

—Por la libertad, por la Patria, nada es perder la vida.

—Reflexione      

—Soy consciente de mis ideas y de mis deberes. Yo voy a morir, está bien. Pronto triunfará la causa de que soy ho­locausto. Mi sangre será riego.

—Ni una palabra más. El patíbulo está listo. La muerte lo aguarda. No quiere usted salvarse.

—Estoy pensando en Dios.

El Brigadier se retira entre furioso y conmovido. Matar a semejante joven. (11).

El mataor: Gral. español Juan Ramìrez Orozco
Varios oficiales del ejército de Ramírez intercedieron por Melgar, haciendo presente al Jefe que el condenado a muerte era la esperanza de la poesía arequipeña. El Briga­dier convino en perdonarlo si juraba no volver a sublevarse contra su Rey. Los oficiales fueron a ver al poeta en capilla, y le expusieron que estaba salvado. Melgar agradeció la ges­tión y contestó: “no puedo jurar lo que no he de cumplir”. Respuesta digna de un espartano ante el espectro de la muer­te. El capitán Manuel Amat y León, entró, también, a verlo y le dijo: lleno de emoción, que podía hacerle cualquier encar­go postrero. El poeta le contestó que si volvía a Arequipa, le rogaba viese a Silvia y le dijese que pensando en ella mo­ría. El encargo fué fielmente cumplido. (12).

Prisionero Melgar, fué sometido a un Consejo de Gue­rra, cuyo auditor don Manuel Amat y Ponce de León, se di­ce, pidió la pena de muerte para el poeta. Tiempo después, dicho Amat y León se casó con Silvia.

Según informes de Luis E, Gonzáles Boldrini, fué fusi­lado Melgar en Quimsa Cruz, a dos millas de la población de Ayaviri.

Llegado el supremo instante, Melgar marchó al patíbulo sereno y digno. Lo acompañaba el sacerdote que en las ho­ras de capilla lo había confortado con los auxilios religiosos. Un pelotón de soldados fué colocado frente al vencido. A la orden del oficial que lo comandaba, dispararon sus armas (12 de marzo 1815, 4 a.m.). Dos balas le atravesaron el cráneo. Melgar cayó desplomado, bañado en su propia sangre. Se consumó el mar­tirio.

El Gran Mariscal Guillermo Miller, en sus Memorias, después de comparar a Melgar con el poeta irlandés Tomás Moore, dice que nuestro bardo, al sacerdote que lo acompaña­ba al suplicio y lo exhortaba, en bronco estilo y bárbaras ma­neras le contestó:

—Padre, no es este el momento de hablar de política, ni de cosas de este mundo. Vine preparado a éste sitio para morir; pero Ud. me ha distraído.

Agrega Miller que Melgar pidió un cigarro y que des­pués de haberlo fumado hasta cerca de la mitad, expresó estar listo para morir y que murió con firmeza varonil y digna de su persona. Sus restos fueron inicialmente depositados en la capilla de Macarimayo, distante una legua de Humachiri y más tarde trasladados al tempo de Ayaviri

Traslación de los restos de Melgar de Ayaviri a Arequipa

El año 1830 se constituyó una Junta para ocuparse de traer los restos de Melgar a Arequipa. En ella figuraron el Deán Juan Gualberto Valdivia, el poeta Manuel Castillo y otras personalidades. El General Juan José Salas, despeñando la Prefectura, dispuso que de la Capilla de Santiago de Ayaviri se exhumasen tan amados restos y que a la ciudad mistiana se trasladaran para que recibieran definitiva sepultura.

Majestuosas fueron las manifestaciones que se hicieron para honrar al Héroe (1833).

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NOTAS DE LA TRANSCRIPCION.

(1) El Presidente Augusto B. Leguía mandó levantar en Sicuani una estatua a Mateo García Pumaccahua. El autor de este libro, en su condición de Ministro de Fomento, la hizo ejecutar en bronce con el eximio escultor cuzqueño Benjamín Mendizábal, quien en Roma perfeccionó su arte. Está ya colocada en una de las plazas de la nombrada ciudad de SicuanI.

(2) La señora Sabina Montes de Delgado, dama Chuquibambina, que falleció el año 1922, a la edad de 120 años, en pleno uso de sus facultades intelectuales, conoció a Melgar en la época que arribó a Chuquibamba a formar parte de las filas revolucionarias y dijo: que era de aspecto atrayente; que fué recibido con entusiasmo, y que su viaje de Majes, dónde se encontraba, se anunció con va­rios días de anticipación, y que fué recibido por una numerosa cabalgata. La indicada señora fué madre del doctor don Justo Germán Delgado, Senador y Vocal de la Corte Superior de Justicia de Arequipa.

La señora de Delgado, tenía doce años cuando los sucesos de Chuquibamba, y cuando vió a Melgar.

(3)            Expediente de servicios prestados por Mariano Melgar, seguido por la familia

(4)            Probablemente se refiere a Vicente Angulo, que seguía las banderas revolucio­narias de Pumaccahua y que fue esclarecido patriota. ¿O a Corbacho?. Deben considerarse como próceres de la independencia nacional en la revolu­ción de Pumaccahua (1814) al abogado Rafael Ramírez de Arellano, Pedro López de Segovia, Baltazar Villalonga, Gabriel Bejar, José Angulo, Manuel Mendoza, y el propio Obispo José Pérez Armendariz, Presbítero Eduardo Na­varro, Juan Angulo y Francisco Carrascón, Arcediano Concha y Provisor Vega.

(5) Dialogo referido por un hermano de Melgar, quien al escribir su biografía di­ce: “Hemos repetido palabras que recogimos de sus labios, y referido escenas a que estuvimos presentes”.

(6) En su Elogio al Prócer Arequipeño Mariano José de Arce. (1931).

(7) Se asegura que Melgar para despedirse de Arequipa, improvisó unos versos que comenzaban asi:  "Cual caminante sin rumbo / Yo miro sombras y espectros  / para mi mal  o hay remedio.

(8) Se ha afirmado que Melgar era artillero de profesión, que prestó muy útiles servicios a la causa libertadora en la fundición, montaje y emplazamiento de los cañones. No es exacto que Melgar fuera artillero de profesión. Fue, si, capaz matemático. Por esta circunstancia en la batalla de Humachiri se le designó para combatir en la artillería; “Los últimos tiros de cañón eran asestados por el Auditor de Guerra” dice uno de sus biógrafos.

(9) El pueblo de Humachiri se encuentra al otro lado de la cadena occidental de los Andes, cerca del antiguo camino de Arequipa al Cuzco y del río Llallimayo, y rodeado de los distritos de Ayaviri, Ucubiri, y Llalli, (Departamento de Puno), y de una cadena de cerros. La pampa de Soro forma parte del distrito de Humachiri. Humachiri, palabra quechua, dignifica “Cabeza fría”.

(10)          Alguien dice, que el caballo que debía Melgar usar para salvarse, fué empleado en trasladar a los heridos a punto más seguro.

(11) Recuerdos del Brigadier Ramírez, manifestados en Madrid, años después, al doc­tor Pedro José Gamio y Masías, quien los consignó en la relación que escribiera sobre sus viajes en diversos países de Europa.

(12) En carta de 21 de mayo de 1932 dirigida al autor de este libro por el caballero M. M. Guillén Amat; se afirma que Melgar le pidió a Amat, que llevara una carta para Silvia, y que llegado a Arequipa, se la entregase; que la entrevista la solicitó el poeta. La tradición refiere que Melgar dirigió a Ramírez un memorial en verso que solo después del fusilamiento del poeta fué entregado a dicho general por el oficial Angel Gómez Jefe oportunamente y antes del sacri­ficio.

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NOTAS DEL DIFUSOR

1. Se ha respetado la ortografía que aparece en la parte transcrita del volumen

2. Pedro  José Rada y Gamio fue: Dr. en Jurisprudencia y Dr. Honoris Causa en Filosofía y Letras de la Universidad de Arequipa, Dr. en Ciencias Políticas y Administrativas de la Univer­sidad de Lima, Abogado, Académico Correspondiente de las Reales Academias Espa­ñola de la Lengua, de la Historia y de Jurisprudencia de Madrid, Académico Correspondiente de la Academia de la Historia de Cuba y de la de Jurisprudencia y Legislación de Colombia y Numerario de los Arcades de Roma. Miembro de los Ateneos de Lima y Arequipa, Miembro de la Sociedad  Geográfica de Lima.

3. En 1925, la provincia de Ayaviri, creada el 25 de octubre de 1901 (desprendida de la de Lampa) tomó la denominación de Provincia de Melgar, en homenaje al prócer. <>

jueves, 2 de enero de 2025

PERÚ GANADOR MUNDIAL EN LA LISTA DE WORLD TRAVEL AWARDS 2024

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PATRIMONIO CULTURAL PUNEÑO

 AZÁNGARO Y SU IGLESIA

Extracto de: Ricardo Mariátegui Oliva, LA IGLESIA DE ASUNCIÓN DE AZÁNGARO, Lima 1948.

(…)

Azángaro

S

u historial es importante. Asiento valioso en los días del Imperio, tuvo resonancia en la época colonial. Ostentosamente recibió al Virrey Francisco de Toledo, en su visita general al territorio de su mando (1). Por allí pasaron las huestes de José Gabriel Condorcanqui (2), durante el famoso movimiento emancipador que conmovió el Virreynato en 1780, haciéndole frente D. Diego de Choquehuanca, Coronel de las milicias del Rey y además Cacique y Gobernador de Azángaro a la sa­zón. Y por no mencionar más hechos históricos, ya que no es ese el objeto fundamental de este libro, digno es de destacarse que fué un azangarino ilustre, el Dr. José Domingo Choquehuanca, quien ante el peñón ári­do de Pucará pronunció su inmortal arenga de saludo al Libertador Simón Bolívar, a su paso por dicho lugar en viaje al Alto Perú (3).

Por ley del Congreso Constituyente, mandada cum­plir el 16 de Abril de 1828 por el Presidente José de La Mar y refrendada por el Ministro de Gobierno Francisco Javier Mariátegui (4), se dió a esta provincia el renombre de «Benemérita» (Art. 1) y a su capital, el pueblo de su nombre (Art. 2), la denominación de «heroico pueblo de Vilca-apasa» (5). Y este pueblo fué elevado a la categoría de «ciudad» por ley de 5 de Febrero de 1875, que lleva las firmas del Presidente Manuel Pardo y Ministro Aurelio García y García (6), teniéndose en cuenta «que la población del pueblo de Azángaro ha crecido de una manera considerable».

Etimología de su nombre

Sobre la etimología de Azángaro existen diversas opiniones. Así, según el erudito D. Mariano Felipe Paz Soldán (7), era antiguamente Assancatu, de las palabras quechuas Ashuan (muy o mas) y catu (lejos), de donde su significado: «muy lejos» o «más lejos-».

Al decir del intelectual azangarino D. Lizandro Luna (8) está constituida por las palabras Aswan y karu, cuya traducción es: «más lejos de lo lejos».

Yr, finalmente, el estudioso azangarino D. Manuel Terán Macedo (9) sostiene que proviene de las vo­ces quechuas Azu (recién nacido) y huancaio (tambor de guerra), no pudiéndose precisar su verdadero signi­ficado, pero que se conserva, por ello, tradicionalmente, el uso de unos tambores pequeños que se sacan a relu­cir en las fiestas carnavalescas.

La primera iglesia

El Cacique Diego Choquehuanca (10) construyó con su propio caudal la primitiva iglesia; de una sola nave y sin crucero, empleando el adobe como material. Fue inaugurada el 15 de Agosto de 1612, siendo dedicada a la Virgen de La Asunción.

Antigua iglesia de la Asunción
De esta iglesia es un curioso arco en forma de ojiva, muy propio del estilo arquitectónico imperante por aquel tiempo en el país; se encontraba entonces a la entrada del Presbiterio, y, en la actualidad, sirve además de acceso al crucero. Como de es­tos elementos se conservan pocos en el Perú, de ahí el indiscutible valor, entre otros muchos, del templo de Azángaro.

La cubierta de esta iglesia era, de acuerdo a la clasificación de techumbres a base de estructuras (11), de sección trapezoidal, estando las piezas clavadas unas con otras, sin ensambladura alguna, y siendo de la madera conocida con el nombre de eucaliptu; de aque­lla época es una hermosa clave puntiaguda de madera, con delicadas decoraciones y precio­sos tirantes, también de madera, calados finamente con motivos de rosas, que con muy buen criterio se conservan hasta la fecha. En su parte exterior, el techo estaba cubierto de tejas, para librar esta iglesia de las fuertes lluvias.

Posteriormente, al iniciarse la segunda mitad del siglo XVII, se modificó; intervinieron para sus gastos los Caciques Margo y Carcahusto. Fué convertida en iglesia de crucero, pero en forma curiosa desde el punto de vista constructivo, debido a haberse hecho tan só­lo aberturas prudenciales en las paredes laterales del Presbiterio de la primera iglesia, con arcos de medio punto a cada lado y así se obtuvo el acce­so a las que hoy son capillas de las Animas o de los Choquehuanca y del Rosario o de los Margo y Carcahusto, del templo actual. Felizmente no se tocó el ar­co central en forma de ojiva, que hubiera sido de la­mentar.

A este mismo período del siglo XVII pertenece la decoración de pinturas al fresco, de fuerte colorido y trazo popular, valiosas algunas; las más han sido des­truidas por haberse pintado sobre ellas o se hallan cubiertas por retablos y otras toscamente retocadas (12), como la que se refiere a la «Cena» (13), con per­sonajes arrodillados en un ángulo y escudos de noble­za; y éstos, aunque diferentes, relucen también en la Capilla del Rosario (14); la «Glorificación de San Francisco» a la entrada, en la bóveda que forma la base del Coro, y muchos otros motivos más en todo el resto del templo.

La fachada de la primitiva iglesia, y tal como era a fines del siglo XVIII, es reproducida en un soberbio lienzo que se encuentra en el actual templo y que representa la muerte de la virgen. [el templo aparece en el extremo derecho del lienzo]

La iglesia actual y análisis artístico

La iglesia actual, con las variantes indicadas, es la misma que la primitiva; no así su fa­chada, que ha sido renovada, aunque destacándose siempre la sencillez de sus líneas, en contraste coi la riqueza que encierra su interior.

Con dos entradas, la principal a la Plaza de Ar­mas, y la lateral a la Plaza de San Bernardo, es real­mente sorprendente lo que contiene, tanto en retablos, púlpito y confesionarios, como en esculturas y pintu­ras; todo es valioso, y evidencia el afán de los azangarinos por realzar la Casa de Dios. De ahí que se trata de uno de los mejores templos coloniales del departa­mento de Puno.

Como en 1936 las paredes del lado izquierdo presentaban un desnivel de ochenta centímetros, que peligraba seriamente la construcción, el activo Párroco P. Hilario Esteban Velasco (15) secundado por la generosa cooperación de todos los pobladores, dió comienzo a las obras de refacción, colocando tirantes de hierro y procediendo al amarre de las paredes, o por mejor decir, efectuando su reforzamiento con pilares adosados al muro, asi como cubriendo con lona pintada el techo de maderamen, aunque conservando la misma forma de trapecio isósceles de la primitiva, y en lo exterior con calamina, colocando también canalones para el desagüe del agua de las lluvias, a fin de librar el interior (16). En esta forma se libró de su ruina, y realizándose ade­más una limpieza general, aunque con sensibles reto­ques de aficionado en algunos lienzos importantes, que es preciso subsanar, para que quede perfecta, ya que el actual estado de conservación es admirable, muy de acuerdo al prestigio de Azángaro.

Ingresando por la puerta principal, se encuentra a la derecha el Baptisterio, con sencilla pila de piedra; a la izquierda, la entrada a la torre. Esta, a una altura de 34 metros sobre el nivel de la plaza, tiene dos cam­panas; una pequeña, con la inscripción del ano en que fué fundida, 1752; y la grande es la «María Assunta», fundida en 1793 (17) por Felipe Cór­doba, como reza su inscripción:

«Rey el Sr. D. Carlos IV. A honra y gloria de mí amado hijo y mía y de esta capital de Azángaro.—María Assunta me llamo. Fabricada el 27 de Julio del año de 1793 por orden del Ilustrísímo Obispo de esta Dió­cesis Dr. D. Bartolomé María de las Meras. A dirección del Capitán Miguel de Urbiola de Naba, Gobernador partido-. Gobernando esta Provincia de Puno el Sr. Marqués de Casa Hermosa y Cura Propio de esta doc­trina el Dr. D. José Escobedo. Predicó mi Asunción el Dr. D. Gregorio Sánchez.—Pesa 50 quintales.—Fundi­dor Felipe Córdoba.—Ave María».

En 1941, por presentar algunas rajaduras, fué ne­cesaria su reparación, que se hizo en veintiocho horas de trabajo ininterrumpido, siendo motivo de grandes ceremonias su nueva consagración, realizada solemnemente el día 28 de Julio de aquel año.

La muerte de la virgen
El Coro ostenta dorados y policromados, fué re­faccionado también, conservándose su estilo primitivo en el barandal, que data de 1756, no así sus extremos de base, ornamentados con motivos análogos al del Templo de Lampa, cual no los tuvo anteriormente.

Penden de las paredes, cubriéndolas totalmente, a uno y otro lado de la nave, grandes marcos de madera tallada, dorados y policromados, teniendo valiosos lienzos, de colorido y composición admirables, sobre la Vida de la Virgen y el Niño. Co­locados en desorden, seguramente después de la re­facción citada, los temas desarrollados son, en los de la izquierda: Alegoría del Paraíso Terrenal con Adán y Eva, en el cielo la Virgen María, y a los lados sus pa­dres, San Joaquín y Santa Ana; La Anunciación; Na­cimiento de Jesús, curiosamente interpretado; Huida a Egipto; Presentación de la Virgen al Templo; Naci­miento de la Virgen. Los de la derecha: Coronación de la Virgen; Ascensión a los Cielos; Muerte de la Virgen; Jesús entre los Doctores; Jesús ayudando a José en las labores de su oficio, mientras la Virgen hila; Pre­sentación de Jesús al Templo.

En el Presbiterio existen, así mismo, interesantes lienzos sobre la Santísima Virgen, en su mayor parte referentes a la Asunción, dentro de los mismos marcos dorados; y, también los ostentan las ventanas exis­tentes, tanto en esta parte del templo como en las capi­llas y en la nave, cuyo objeto es darle luz al interior, que lo logran admirablemente.

Pero entre todas las pinturas, se destaca un gran mural sobre el arco ojival fronterizo y que separa las dos partes de la iglesia, tantas veces mencionado; se trata del «Triunfo de la Eucaristía» y a mi entender es una copia de aquella obra cumbre del inmortal Pedro Pablo Rubens, que le encargara la Infanta Isabel, de la dinastía española, para el Con­vento de las Descalzas Reales de Madrid, y que se en­cuentra actualmente en el Museo del Prado. Si por los retoques, no reluce el poderoso colorido, que, con todo, lo posee, en cambio el movimiento armónico de las masas y la riqueza y complicación de formas, mucho trasluce la influencia del gran pintor flamenco, hábil­mente interpretado con calidad, buen gusto y técnica innegables (18).

En este mural se han juntado, en abigarrado con­junto, algunas de las escenas que comprendiera la obra de Rubens, dentro de una feliz interpretación, que mu­cho dice del artista que lo ejecutó. Considero que es superior al del mismo tema e inspirado en el mismo pintor, existente en la Catedral de Puebla (México), debido al pincel maestro de Baltasar de Echave «el Mo­zo» (19).

En las partes inferiores y extremas de este gran mural, dos lienzos más, meritísimos, con elegantes marcos dorados: San Francisco con la Cruz mostrando un bárbaro corte (!) donde debió exis­tir un «Ecce Homo», y el retrato del egregio cuzqueño que tanto hizo por esta maravillosa iglesia, con la siguiente inscripción.

«El Bachiller Don Basco Bernardo Lopes de Can­gas Pardo de Villasur y Paliza, Natural de la Ciudad del Cuzco. Colegial que fue en el Real de San Bernardo de dicha ciudad. Cura Vicario. Juez Eclesiástico de las Doctrinas de Vilcabamba, Omacha, Pucará y al presen­te de esta de Azángaro. Adornó esta Santa Iglesia de Plata labrada, lienzos, marcos, retablos y demás ornatos correspondientes al culto y mayor decencia de este tem­plo, como son efigies de imágenes y santos y todo lo que en ella se ve y pide con humildad le tengan presente todos sus feligreses para encomendarle a Dios Nuestro Señor que es fechado en 12 de Enero de 1758 años en que se acabó».


Más abajo, pero notándose claramente que es agre­gado, siendo además diferente la letra, dice:

«Murió dicho Sr. Cura en 17 de Marzo de 1771 años y el Maestro quien pintó fue Isidoro Francisco Monca­da».

Y don Isidoro Francisco Moncada era, nada menos, que «Maestro Mayor y Alcalde Veedor del Arte de la Pintura de la Gran Ciudad del Cuzco» como figura, tra­zado por su propia mano, en uno de los lienzos que pintara en 1768 para el Templo de Ayaviri (20).

Los grandes marcos a que me he referido ya, son de genuino estilo churrigueresco español; valiosamente ornamentados en la base, donde lucen cada uno, unos monogramas (21), con las siguientes inscripciones policromadas: Alabado-Sea-El Señor- Santísimo-Sacramento-Del Altar (en el lado izquier­do) ; La Virgen-María-Madre de Dios-Concebida-Sin pecado-Original.

De las paredes cuelgan, así mismo, distribuidos en todo el templo, doce buenos espejos, enmarcados en cuadros de madera tallada y dorados, también churri­guerescos.

Son primorosos, los cuatro confesionarios de es­ta iglesia, dorados y policromados en madera, obra perfecta del siglo XVII. En uno se lee la siguiente inscripción en verso, muy significativo, por cierto:

«No la infamia del pecado / te sacrifique al temor / que la esencia del dolor / es el perdón declarado»

El regio pulpito, colocado al lado derecho del templo, debajo del arco fronterizo, es digno de destacarse; el tornavoz, respaldo, tribuna y sostén, guardan perfecta armonía en su estilo, que es barroco de fin de siglo XVII, no así la escalera, que es moderna. Dorado y algunas partes policromado, luce en las hor­nacinas de su tribuna imágenes de buena talla, así como lo es el santo que remata su tor­navoz.

Pero aún más antiguos son los retablos del cruce­ro, ambos dorados y de dos órdenes superpuestos, siendo mejor elaborado el de la Capilla del Rosario, que me permito fijarlo, por sus carac­terísticas generales, como un bello ejemplar de transición del plateresco al barroco, y, por tanto, de la segun­da mitad del siglo XVII; en cambio, el del Crucificado, en la Capilla de las Animas, si bien den­tro del mismo estilo, denota ya marcada influencia italiana, por lo que considero sea del último tercio de la segunda mitad del mismo diecisiete.

De mérito son los seis pequeños retablos, dorados y policromados, situados a ambos lados de la nave, dedicados a rendir culto a la Purísima, Virgen del Carmen, Nazareno, San Francisco de Asís, La Candelaria, Santa Rosa, y Virgen de los Dolores; de un solo cuerpo y análogos por pares, con una sec­ción y divididos en dos seccio­nes propios del churrigueresco y que imperó entre nosotros a mediados de la primera mitad del siglo XVIII. Y, finalmente, los dos que se diferencian de los primeros mencionados de esta serie, en que sus hornacinas se encuentran empotradas en la pared del muro, ostentando espejos en la coronación, que se generalizó tanto al iniciarse la segunda mitad del mismo ochocientos y dentro siem­pre de la misma escuela estilística.

Con igual gracia y plenitud, propias del estilo de Churriguera, un retablo más en miniatura, con el Señor de la Columna, frente al púlpito, y, por tanto, al lado izquierdo del templo, y debajo, así mismo, del otro extremo del arco.

El Altar Mayor, suntuoso, con su retablo dorado y con algunas policromías, es igualmente churrigueresco; consta de dos órdenes superpuestos, con tres compartimientos, y coronación. Su expositorio y tabernáculo son de plata; así como el frontal de doble recuadro, con una alegoría al cen­tro del Cordero Pascual, y motivos de uvas y roleos en su conjunto, magistralmente ejecutados. Y allí se luce, irosa, la gran Señora, la milagrosa y bellísima imagen de «Nuestra Señora de La Assunta», Patrona de Azángaro, cuya festividad, 15 de Agosto, «Día de La Asunción», celebra alborotado este pueblo creyente, fiel a su honrosa tradición.

Todos estos retablos contienen algunos lienzos de indiscutible valor; también esculturas de madera, unas de talla completa y otras de las llamadas imágenes para vestir; que, tanto por su sentido expresivo como por sus proporciones orgánicas, dignas son de mencionarse.

Y para terminar, entre otras joyas valiosas de orfebrería, conserva: una iglesia de plata repujada, con imágenes y campanas doradas, de admirables líneas, que mide 0.90m. de alto por 0.70m. de ancho, toda una preciosidad; y una Custodia, verdadero trabajo de ex­cepción.

La Custodia mide un metro de alto y es de oro y piedras preciosas, con imágenes esmaltadas en bulto, algunas de buen tamaño (0.15m.) como un San Ber­nardo, con hábito blanco y sosteniendo el Sol con su píxide, cuyo diámetro es de 0.40m.; en la base, que es maciza y con elegantes calados, se encuentran los cua­tro Evangelistas y cuatro Doctores de la Iglesia, después siguen otras figuras, doce en total, y notándose la desa­parición de tres más, todas imágenes sagradas, ángeles y hasta un indio, en continua sucesión, conjuntamente con infinidad de motivos de composición artística, real­mente sorprendente, y que, no obstante su reducido ta­maño con relación a otros vasos sagrados de su género, merece figurar entre las mejores que poseemos en el Perú.

Tal es, así brevemente reseñada, esta hermosa Iglesia de La Asunción de Azángaro. <:>

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1—Del Autor: Historia del Perú. Descubrimiento, Conquista, Colonia, Vida Colonial.—Edición 1939 (Págs. 166-171).

2—Del Autor: Historia del Perú. Emancipación.—Edición 1940 (Págs. 21-33).

3—Del Autor: Los Peruanos. Biografías de Peruanos Ilus­tres (Págs. 92 y 93).

4—Justino M. Tarazona: Demarcación Política del Perú (Re­copilación de Leyes y Decretos. 1821-1946). Publicación del Minis­terio de Hacienda. Dirección Nacional de Estadística (Págs. 1407 y 1408).

5-  Villca, en aimara, el sol, adoratorio dedicado al sol u otros ídolos; Apasa, distrito de Azángaro.

6—Justino M. Tarazona: Obra citada (Pág. 1408).

7— Mariano Felipe Paz Soldán: Obra citada (Pág, 77)

8-   Versión dada personalmente al Autor.

9—También referido al Autor.

10—Don Diego Choquehuanca, Cacique y Gobernador de Azángaro, fué el tronco de la familia de este nombre. Su descen­diente directo, el Coronel Diego, ya mencionado; hijo de éste, el Canónigo Gregorio, Prebendado de la Catedral Metropolitana de Chuquisaca.

11—Siguiendo la clasificación adoptada por el Arquitecto José F. Ráfols y que figura en su obra «Techumbres y Artesonados españoles». Barcelona 1926.

12—Al ser colocados los retablos en las capillas del crucero, a fines del siglo XVII; y durante las obras de refacción realiza­das posteriormente.

13—Sobre el arco de entrada y dando frente al retablo del Crucificado.

14—Colocados en el mismo lugar que en la anterior capilla; y, además, detrás del retablo, se hallan pintados santos e inscrip­ciones en latín.

15—Sacerdote español, natural de Burgos. Hace 55 años que llegó al Perú. Tiene actualmente 81 años de edad. Actuó durante diez años en Lampa, trabajando también en su famoso templo, y pasando después a Azángaro, donde se encuentra desde 1936.

16— Se invirtió alrededor de S/o. 11,000.00 todo producto de donaciones y funciones benéficas. El Comité estuvo presidido por la gentil Señora Felicita Zevallos de Meza e integrado por distinguidas damas de la localidad.

17— En tiempos del Virrey Francisco Gil de Taboada y Le­mas, quien se hizo cargo del Virreynato en 1790.

18—El distinguido estudioso, Investigador de este Instituto, Dr. Pío Max Medina, en su obra «Monumentos Coloniales de Huamanga» (Ayacucho 1942) y en «La Pintura Colonial de Ayacucho» («El Comercio». Lima. 30 de Abril de 1947) se ocupa con muy buen criterio de un cuadro análogo existente en la Catedral de aquella ciudad.

19—Nació en Ciudad de México el año 1632. Fué hijo de Baltasar de Echave Ibia «el de los azules» y nieto de Baltasar de Echave Orio «el Viejo», famoso vasco (natural de Zumaya-Guipúzcoa), que, como es sabido, estableció afamado taller en México en el siglo XVII.

20.—Capital de la provincia de Melgar, departamento de Puno.

21.—Debe leerse a lo largo de todo el templo, comenzando por el lado izquierdo desde la entrada principal hasta el Presbite­rio, y siguiendo por el lado derecho desde este lugar


miércoles, 1 de enero de 2025

MUSICOS Y MUSICA EN PUEBLOS DEL PUNO PROFUNDO

 SERENATA

Escribe: José Romero Manrique*

E

n la quietud de la media noche andina; la luna serrana con sus argentados rayos ilumina la extensa plaza de Juli. La oscura arboleda se mece levemente al impulso de la brisa que trae los rumores del lago como un lejano y misterioso eco.

Bajo un umbroso ciprés; un grupo de jóvenes afinan sus musicales instrumentos, entre murmullos y tintineos de las cuerdas. Instantes después de un solemne silencio, se parece en el ambiente, la armoniosa y magistral ejecución de un romántico y cadencioso vals; hermosa expresión del alma criolla que inunda los confines del sentimiento. Aquel vals que la dorada musa inspirara al gran poeta César Miró, que en su sentimental cantar dice:

Todos vuelven a la tierra en que nacieron / Al embrujo incomparable de su sol…

Como un conjuro divino, la noche serrana se inunda de torrentes armoniosos en el nocturnal silencio. Trinan las mandolinas, llora el dulce gemido del violín; las cautivantes notas del acordeón que corean los varoniles bordones de las guitarras; el guitarrón de graves acentos marcando los compases en magistral bajeo.

Serenata juleña de apasionante emoción, sones que brotan del alma; música hecha purísimo sentimiento, de acariciantes matices, mensajeros del amor que en alas del ensueño invaden con frenesí al corazoncito de la dueña de los amores en dulcísima ensoñación.

Suspira la brisa en las enramadas y las estrellas lejanas parecen parpadear de emoción. Serenata juleña, acariciante y romántica que va desgranando sus sones de calle en calle al pie de la ventana de la enamorada prenda.

Valses, polcas, boleros, huayños que cantan a la vida y al amor, a la belleza de la mujer amada, diciendo:

“Quisiera yo a tu lado estar / Tu frente con la mía juntar” / Y luego hasta que muera / Poderte adorar”

Allí van los heraldos del amor, tocando y cantando; y, los instrumentos traductores de los más insondables sentimientos que en cada canción son un remanso de amor.

Las juguetonas polcas, también están presente en el repertorio:

“Qué dicha es para mí / Tener en quién pensar / Tan sólo pienso en ti / mujer angelical”

La noche avanza, la brisa juguetona refresca el ambiente, un copetín circula entre los muchachos, copetín del fragante pisco peruano que “entona el alma y alegra el corazón”. Se acerca la madrugada y la ronda nocturna que se va, con un huayñito que canta el amor a la tierra querida, que bulle en cada latido del corazón por ese pedacito de cielo, de playas rumorosas y paisajes incomparables, y dice:

“Tierra linda de canciones / Nidito alegre de amores / En tus calles pandilleras he tejido / Mis más dulces esperanzas e ilusiones” / Mi Juli querido no te olvidaré / Por muy lejos que me vaya, te cantaré”

Centro Musical Juli. Década de los 60 del siglo pasado


Evocaciones del ayer de la dorada juventud compartida con grandes amigos amantes de la música y las serenatas. Viven en el recuerdo: Ricardo Calderón, mis hermanos: Jesús y Manuel Romero, Alberto Faggione, Isaías Arce, Ruperto Valdez, Jorge Garnica, Jorge Espezúa, Juan Llanos, Carlos García, Enrique Condori, Roberto Paniagua, Alcides Centeno, René Villagra, Omar Espezúa, Nicanor Condorena, Fernando Montes, César Andía, Uriel Serrano, Flavio Inofuente, José Cabrera, Javier Espezúa y Doris Cabrera presentes en la eternidad; y otros entrañables amigos residentes en diferentes lugares del patrio suelo, el recordado Víctor Velazco, René Velazco, Vicente Eyzaguirre, Uriel Estrada, Luis y Manuel Romero Bustinza; las voces de Denise Iturry, Nora Mendoza y Nancy Paredes; tantos otros que conformaron grupos musicales como: El Quinteto Provinciano, Voces Criollas, Los peregrinos, El Dúo Fagderón, Melodías de Antaño, Los Sobrinos y el Centro Musical Juli, con su Presidente el recordado y querido don Sabino Iturry E, juleño que amaba a su tierra con todas las fuerzas del alma.

Recordar es volver a vivir aquellos años de acrisolada fraternidad, días de unión y alegría, cantándole a la tierra linda, a sus paisajes y a su lago murmurador; a la hermosura de sus mujeres, a Juli, hogar hermoso y acogedor, noble, altivo y generoso, abierto a la amistad. Terruño que bulle en la mente con permanente y persistente cariño, del que quedan tan solo, las más dulces remembranzas de esa tierra linda y alegre que dejamos con la ansiedad y tristeza que no termina.

Y se va la serenata alejándose lentamente, perdiéndose en el claroscuro del amanecer cantando muy bajito:

“Disculpa negrita por la serenata / Que es la despedida de mi corazón / Mañana a estas horas por la carretera / “Levantando polvo mañana me voy”.

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* Tomado de JULI ETERNO Nº 71, DICIEMBRE 2024