lunes, 7 de agosto de 2023

PARA LA HISTORIA DE PUNO

 PRESIDENTE ORBEGOZO EN LA CIUDAD DE PUNO (1835)

Extracto del libro de José María Blanco[i] : DIARIO DE VIAJE DEL PRESIDENTE ORBEGOZO AL SUR DEL PERU (1835 CUSCO, PUNO AREQUIPA) Ed. Fondo Editorial de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, diciembre 2022, pags. 107 a 131.

Entrada de Su Excelencia al Puno

A las cuatro de la tarde [15 de febrero de 1835] entró S. E. al Puno con esta comitiva y la que consigo traía, que llegarían a quinientos montados. Las calles estaban adornadas de colgaduras y banderas y llenas de gente del estado llano, teniendo por un lado y otro, desplegados en dos alas el Batallón Libres, y el Escuadrón de Lanceros de Arequipa, que estuvieron apostados desde la entrada de la población hasta el alojamiento de S. E. y con la música y bandas llenaban de alegría la población. De trecho en trecho había arcos magníficos de donde pendían plata labrada y cosas de mucho gusto, llegando el número de estos a cuarenta. Desde el principio de la población en que había uno de estos hasta el último arco estaban acompañados por doce bandas de quenachos [275], sicuris [276], pantolines [277], huifalas y varias clases de danzantes que tenían consigo músicas, cajas, quenas, pututus, camaretas y cohetes.

Fiestas de Puno

Una salva de artillería fue la señal de la llegada de S. E. No bien la oyeron los puneños, cuando un repique general y las diversas orquestas de música que había // [p. 108] por las calles aumentaron el murmullo y las aclamaciones que se percibían a lo lejos. El bello sexo, que a sus encantos une la sensibilidad, manifestó que no era indiferente al placer público que inspiraba la llegada del primer magistrado de la República. Lleno de atractivos y de entusiasmo se presentó en los balcones y calles del tránsito de S. E. a vivarlo y obsequiarlo con misturas y esencias exquisitas, que dejaron despidiendo fragancia las calles. El resto del pueblo mezclado con la multitud de danzantes y músicos y atropellados de la comitiva secundaban los vivas y las aclamaciones. Al llegar S. E. a la plaza se apeó al pie del cementerio para entrar al templo, donde se hallaba a las puertas, con palio y revestido con capa de coro y diáconos el provisor con todo su clero. Inmediatamente que subió S. E. al cementerio, lo puso el clero bajo del palio y procesionalmente lo introdujeron al templo cantándole una antífona; lo pusieron en medio de él, donde había sitial y dosel y principiaron a cantar el Te Deum con la majestad expuesta; cuando se concluyó este se despidieron con la misma pompa. Tan luego como salió S. E. y montó, siguió la marcha a su alojamiento que estaba ricamente compuesto de alfombras, espejos, fanales y muebles de gusto. La tropa y comitiva que permanecieron en la plaza también siguieron su marcha, ocupando el escuadrón y batallón la retaguardia, formados en columna. A poco de haberse apeado S. E., fue visitado por el clero y poco después, invitado a la mesa que estaba adornada de un modo particular, donde disfrutó S. E. de satisfacción. Permaneció en tertulia hasta las doce de la noche en que se retiró a dormir.

Todo el tiempo que permaneció S. E. en el Puno fue tratado en la mesa con la delicadeza más extremada. Continuamente se le presentaban ricos deseres, comidas exquisitas y frutas y refrescos costosísimos. El día domingo quince fue la misa de gracias // [p. 109] que le tenían dispuesta por su salud. Para esta función estuvo el pueblo adornado de colgaduras y de banderas, y cubiertas las calles del tránsito y la plaza de tropa y música. Todas las corporaciones y el colegio concurrieron a sacar a S. E. de su alojamiento y lo acompañaron al templo, concurriendo después, cuando terminó el solemne Te Deum, a solemnizar las arengas que pronunciaron algunas personas .(Ver ANEXO)

Diversiones

Por la noche el señor General prefecto obse-// [p. 116]quió a S. E. con un baile, al que asistieron las señoras de rango con la nobleza y oficialidad que había en la ciudad. En este hubo un magnífico refresco y ambigú, y duró la función hasta las cinco de la mañana, habiendo principiado el día antes a las siete de la noche. El día martes que contamos 17 de febrero de 1835 se embarcó S. E. en una balsa a las ocho y media de la mañana y todo el día lo pasó cazando en la laguna, de donde salió entrada la noche. El jueves 19 pasó a pasear la mina del manto, a donde fue convidado por el dueño de ella, don Juan Bequet, inglés europeo, quien le tenía preparado un magnífico convite. Entró S. E. a la mina y habiendo salido de ella regresó a la casa a las doce y cuarto de la noche. El domingo 22 salió S. E. para Arequipa.

La ciudad del Puno. Su historia

El Puno hasta el año de 1802 fue villa, después fue ciudad, hasta que el año 1824 fue nombrado departamento a consecuencia del triunfo que las armas americanas alcanzaron sobre las españolas en la espléndida batalla de Ayacucho. Por esto tiene bajo su inmediata dirección cinco provincias llamadas: Huancané, en la que está comprendido el Cercado del Puno, Azángaro, Carabaya, Lampa y Chucuito[279].

El año de 1832, el Congreso peruano confirmó la erección del obispado que hizo el libertador Simón Bolívar, desmembrando para esto varios curatos de La Paz y el Cusco. Así es que este obispado consta de los curatos que tienen las // [p. 117] provincias de Lampa, Azángaro y Carabaya, que fueron del obispado del Cusco, y de los de Puno y Chucuito, que eran del de La Paz. El primer provisor que como obispado tuvo fue el cura propio del Puno, D. D. Alejandro Grados, que por no haber coincidido con las ideas del expresidente Agustín Gamarra fue separado de su curato el año de 1831 y obligado a morar en Arequipa, donde actualmente está de cura interino en la doctrina de Chuquibamba, perteneciente a este obispado. Desde su separación está de cura interino del Puno el clérigo don Francisco Cabrera, de quien hablan mucho en orden a su moral y comportación. El 2.° provisor fue el D. D. Pedro Crisólogo Santos, cura propio de Santiago de Pupuja[280], que por su enfermedad se halla en el Cusco, desempeñando por esto el cargo de provisor el cura propio de Ilave, D. D. Gabriel Vicenteli.

Los señores prefectos que han sido nombrados con despacho en forma han sido los siguientes: -El señor general de Brigada, D. Domingo Tristán y Moscoso, fue nombrado prefecto el día 20 de enero de 1825. -El día 31 de octubre de 1825, el señor General de Brigada don Manuel Martínez de Aparicio. -El día 15 de septiembre de 1828, el señor Coronel de Ejército don Juan Francisco Reyes. -El día 9 de septiembre del mismo año fue nombrado prefecto el mismo señor, por terna de la Junta Departamental. -El día 29 de julio de 1833, el Coronel de Ejército don Miguel de San Román [Meza].

Ciudad del Puno

El Puno está situado en una hondura que forman los cerros que lo rodean, nombrados: Qqueroni[281], Azoguini[282], Pisguapisguani[283], San José, Lai-// [p. 118] cacota[284], Cancharani[285] y Putina[286].

Por el oriente los cerca y baña la laguna de Huaje[287], conocida generalmente con los nombres de Laguna de Chucuito y Titicaca[288], que tiene 80 leguas de bojeo y confina con la República de Bolivia, teniendo a sus orillas y por norte y sur las ciudades de Puno y de Chucuito, y los pueblos de Acora, Juli, Ilave, Pomata, Zepita, Yunguyo, el Desaguadero, Paucarcolla, Coata, Capachica, Azapa, Huancané, Vilque, Chiquitos [Chucuito], Mo[h]o y Comina [sic, por Conima].

El plano en que está construida la ciudad está medio inclinado y consta de sesenta y cuatro calles entre rectas y transversales, de las que la mayor parte se hallan empedradas y blanqueadas, y las otras son desempedradas, sucias y que corre por ellas poca agua. Todas están acompañadas de casas bajas y de paja, casi sin ninguna comodidad, no obstante, hay algunas hechas con gusto y mobladas a la moderna.

Tiene dos plazas llamadas de la villa y el Puno. La de la Villa, que es la mayor o principal, es cuadrada y de un tamaño regular; ocupa el centro de la población y se halla rodeada de casas con altos de bastante gusto, del templo, que es la matriz, de las tiendas del comercio, y de nueve bocacalles. En esta existe juntamente la Casa del Estado, donde se hallan reunidas las cajas nacionales, la administración de correos, la honorable Municipalidad, la sala de armas y la Collana, donde se funden las barras. En el medio de ella hay una pila de piedra de ala de mosca chica con dos albercas y un estanque donde se empoza el agua, que sale a otro estanque por cuatro canutos de bronce, de donde la toman los aguadores.

En esta plaza hay todos los días más de trescientas indias vestidas de negro con sus grandes bonetes, que tienen caídos por sus cuatro ángulos un pedazo de pañete negro, o // [p. 119] pana que parece rapacejo o tapafeo, que ocupan la acera del templo, llegando a descargar los burros que llevan las vendimias en el cementerio de este que es bien elevado. Estas permanecen así, vendiendo, todo el día, papas[289], chuño, funeta(debe er tunta)[290], carnes, huevos, quesos, quinua, hortalizas, cañao(debe ser cañigua)[291], pescado, chaco[292], medias y gorros de lana.

Al occidente de esta plaza y mirando a la laguna se halla fundado el majestuoso templo de la matriz, sobre un cementerio que lo irrumpe por todos lados y que está elevado cinco varas sobre el nivel de la plaza, al que por esta parte se sube por una escalera de piedra sillar que ocupa el espacio de sesenta y cinco varas tres cuartas. El largo de este cementerio, tomando la medida desde esta escalera hasta el muro fronterizo de ella, que está tras el templo, es de ciento cincuenta varas, teniendo el ancho de la escalera. Los muros de este cementerio son de adobe, revocado y blanqueado, sobre los cuales hay cincuenta y tres pilares chicos del mismo adobe blanqueado en forma de macetas o pirámides. A más de la entrada principal de la escalera de piedra sillar tiene este cementerio cuatro escaleras más de piedra sillar, colocadas del modo siguiente: dos en la misma línea que corres-// [p. 120]ponde al norte, de las que, la que cae al frente de la puerta del templo tiene ocho escalones, y la otra más angosta que esta, doce; una que está al lado del sur, fronteriza a otra puerta del templo, tiene solo cuatro escalones, y la que está por detrás de este y se halla en el lado del oeste, lejos de tener escalera para subir, la tiene para bajar, por hallarse en esta parte el cementerio más inferior a la calle que está en alto; así es que tiene once escalones para bajar a este o para subir a esta. Todo este cementerio, aunque desaseado, está empedrado con piedra menuda, teniendo enlosado trece varas que corresponden a la escalera principal, de donde como de un mirador se extiende la vista a la hermosa laguna que tiene por delante. El templo, que es de un solo cañón, con tres puertas que corresponden al oriente, septentrión y el sur, es de cal y canto y bóveda, con media naranja. Es de orden compuesto y su pavimento se halla colorado. Tiene ochenta y un varas de largo, doce y media de ancho y treinta y seis de elevación. La media naranja que es galana tiene cuarenta y ocho varas de elevación. El altar mayor tiene once varas de largo, desde la escalera hasta el retablo, con todo el ancho del templo. Se halla elevado una vara y cuarta sobre el pavimento de este, y tiene cuatro escalones hermosísimos de piedra sillar para subir a él.

El crucero del arco total tiene 39 varas y media. En él, al lado del evangelio que corresponde al sur, y al lado de la epístola, hay dos altares de piedra. El del lado del evangelio está estucado, teniendo a un lado y otro en el mismo estuco las inscripciones siguientes. La que cae al lado de la epístola dice: «Lo mandó construir el Señor General Intendente Don Tadeo Garate». En el del evangelio se lee: «Pedro Arrevilla lo estucó en 1824». // [p. 121] El arco del coro es de piedra sillar, rebajado y hermoso, que tiene doce varas la cuerda de su curvatura. La bóveda exterior del templo, que está sobre doce arcos de piedra, se halla cubierta de preciosos azulejos, que despiden mucha brillantez. Las tres portadas que tiene son también de piedra tallada con gusto, en los que se ven santos de piedra trabajados con mucho arte, que tienen bastante perfección. Las dos torres que están a un lado y otro del frontis principal que cae a la plaza, aunque son de piedra sillar, su elevación no corresponde a la base que ocupan. No obstante, tienen sus campanas medianas, y en la que cae al lado del septentrión hay un reloj grande que solo toca las horas, sin dar cuartos, que lo costeó el Estado y se puso el año de 1829, siendo prefecto del departamento el señor Coronel de Ejército Don Juan Francisco Reyes. El adorno interior no corresponde a la magnificencia del templo. Aunque la sacristía sea de piedra y bóveda y tan hermosa como él, está falta de plata labrada y de buenos ornamentos. Solo tiene uno blanco muy rico, bordado en león de Francia, que se compró con el dinero de la fábrica el año de 1828. Tiene diez altares: dos de piedra y los ocho de madera dorada y viejísimos, de estilo antiguo y cubiertos de santos.

A la izquierda de la entrada principal del templo, que cae al lado del sur, se encuentra un altar estropeado que tiene un cuadro de dos varas de alto, que al pie está la inscripción siguiente: «Colocó este retablo de mi señora Santa Ana y se juró por patrona de este asiento el día 14 de octubre de [1]605 años el General don Nicolás de Ávalos, Conde de las Torres, Señor de la villa de Olivera, Corregidor y Justicia Mayor de esta provincia».

Venera esta iglesia por titular a la Virgen María en el // [p. 122] misterio de su Concepción, y por patrón a San Carlos Borromeo.

Josè Luis de Orbegozo
La plaza del Puno que está situada a la entrada de Arequipa y el Cusco, que cae hacia el este de la plaza mayor, es una calle ancha con un recodo que forma una media plazuela chica y rodeada del templo llamado de la Virgen de Puno y de algunas tiendas. Este templo es chico, aunque es de cal y canto y bóveda. Tiene una sola nave enladrillada y cubierta de techo de teja y está dedicado a San Juan Bautista, siendo la patrona la Virgen María en el misterio de su Purificación. Aunque es pobre y desaseado con altares chicos antiguos, tiene el altar mayor dorado y hecho al estilo moderno, costeado por su cura, el D. D. Manuel Alejandro Grados.

El cementerio murado de adobe, que tiene este templo por delante, es chico y lo circuye por este y oeste, teniendo en él siete árboles viejos llamados molles. En él hay dos arcos de hermosa fábrica de piedra sillar, que forman un todo con la muralla de adobe, y corresponden a las dos puertas, que por este y oeste tiene el templo. El que cae al lado del este y está mirando a la plazuela tiene 18 varas de elevación y el otro dieciséis, que también tiene encima por adorno un arquito de piedra de una vara de elevación.

Cuenta el Puno diez y ocho mil habitantes, diseminados: cuatro mil en la ciudad y los catorce [mil] distribuidos en una viceparroquia llamada Secho[293], y en veintidós ayllus conocidos con los nombres de: Pacsi[294], Huaraya[295], Ccheca Capullani[296], El Manto[297], Pomperia[298], Cchimo[299], Mañatus(debe ser mañazo)[300], Chuyuni[301], Aruma302, // [p. 123] Puchuris303, Oficiales304, Pauri[305], Tunuhuiri[306], Acllihuaya[307], Tahuanalli[308], Ccaracollo[309], Ojerana[310], Chiaraque[311], Salcedo[312], Collacachi[313], Palcapampa[314], Aseruni[315] [sic, por Aziruni], Chinchero[316] y Encagüe[317].

Tiene dos escuelas públicas costeadas; la de los niños por la honorable municipalidad, y la de las niñas de las cuartas episcopales de los curatos de las provincias de Chucuito y Huancané. Este beneficio es debido al señor prefecto Reyes. La escuela de los niños está a cargo de don Andrés Cornejo, que tiene ochenta alumnos, a quienes [tachado: se le] enseña según el sistema lancasteriano. La de las niñas la dirige la señora preceptora, doña Josefa Ramírez, según el antiguo método, teniendo sesenta discípulas, que también aprenden la costura. Como estos establecimientos no tienen locales propios, se arriendan casas particulares que proporcionan comodidad y desahogo a la juventud.

También tiene el Puno un Colegio de Ciencias y // [p. 124] Artes,[que posteriormente paso a denominarse San Carlos] costeado con las mismas cuartas episcopales, en donde por constitución deben enseñarse la gramática latina; Matemáticas, Filosofía y Derecho. Actualmente hay cuarenta alumnos entre colegiales y capistas, siendo el rector de ellos don Vicente Rosell[318]. Este colegio existe en la casa de los señores Garceses, a quienes se paga el arrendamiento por ella. Tiene sitio para fabricarse un local propio. Está en la plaza del Puno y allí se ven los cimientos que principiaron a hacerse en tiempos del señor prefecto Reyes, que costaron catorce mil pesos.

Existe también un hospital a consignación de los Padres Juandedianos, que ignoran la historia de su fundación. El local es corto y en un mismo patio chico se hallan las salas destinadas para hombres y para mujeres. En la sala de hombres, que es clara y ventilada, hay setenta y cuatro covachas para otras tantas camas. Encima de la puerta de la entrada se lee lo siguiente: «Se construyó esta casa el 6 de marzo de 1830 a impulsos del señor Coronel don Juan Francisco Reyes». La sala de las mujeres tiene 24 covachas y en una de ellas [está] una tullida de muchos años. Es convento chico, desaseado y escaso de habitaciones, no obstante, como está situado hacia el sudoeste de la plaza en un alto que domina parte de la población, tiene una vista hermosa para la laguna. En medio del patio de las enfermerías hay una pila de piedra de ala de mosca que tiene un estanque y, en el medio, un pilar, donde debieron colocar la alberca, que no tiene, por donde no brinca, sino se derrama el agua. Este hospital no tiene capilla ni botica propia. La que tenía la vendieron los padres a un seglar que ha abierto puerta para la calle y da todos los días al convento el valor de un real en medicinas para cada cama. Los padres que lo habitan son cuatro, mantenidos de las mismas rentas por el Estado.

Sus minas

Puno es un país minero; los cerros que lo rodean son abundantes de vetas y criaderos de metal, y tienen // [p. 125] abiertas muchas labores. En el de Pirguapirguani hay una mina perdida de la que hay tradición que fue opulenta. En el de San José hay una mina de este nombre, que está abandonada. Antes la trabajaba la señora doña Brígida Ayala, con cuyo producto dicen concluyó la iglesia que principió a edificarla el corregidor de la villa de Puno, don Miguel de San Román. En este mismo se halla la mina de Santa Teresa, que está abandonada. Al pie de esta está la rica mina del Manto, que actualmente trabaja el inglés don Juan Bequet[319].

A esta mina (Manto) se entra embarcado en un bote de hierro batido. Se rema con este por medio de unas estacas clavadas en las dos peñas de las que se agarran y empujan el bote los dos hombres que lo dirigen. El callejón por donde se navega tiene dos varas y media de ancho y mil quinientas de largo inundadas de aguas. Al terminar este lago se entra a otra bocamina en una carretilla que la tira un macho, que hace cuatro años permanece gordo dentro de la tierra. En esta carretilla, que corre por un camino de hierro, que tendía poco menos que mil varas, caben dos individuos sentados, que van con mucho cuidado para no estrellar las cabezas contras las peñas que tiene el callejón.

En el cerro de Laycacota está la opulenta y riquísima mina de Salcedo, que le acarreó la muerte, que tiene más de ochenta bocas, siendo notables en ellas las conocidas con los nombres de: Gallofa, que fue la descubridora, Castillo, San Juan Pampa, Frailes, Tajo del Inca, Infiernillo, Pirotani, Mala Alma, El Tajo, Villaquiran, Sarcino y Huayllacota.  En el cerro de Cancharani se halla la rica mina de San Luis, que tiene también muchas bocas, siendo las principales: la veinticuatro, que fue la descubridora, los Apóstoles y Tamayo. En el cerro de Putti-// [p. 126]na hay minas de cobre, superiores, que no se trabajan. Las vetas están cateadas y a la superficie de la tierra se encuentran planchas de este metal.

Su laguna

La laguna, que hermosea la vista de Puno, tiene muchas islas en su seno, entre las que son más conocidas la de Esteves[320], que en idioma índico se llama Chulluni[321], que tiene una legua de bojeo y está cubierta de vegetación. En esta siembran varios particulares papa, cebada y quinua. En el año de 1822 estableció en ella el Intendente don Tadeo Zárate [sic, por Gárate] un presidio, mandando construir dos galpones para los presos. Por este motivo la llaman también la Isla Garatina. En esta tuvieron presos los españoles a los más ilustres defensores de la independencia americana hasta el año de 1824, en que por la victoria de Ayacucho recobraron la libertad. El islote dista de la Isla de Esteves cuatro cuadras. Tiene de bojeo dos y carece de vegetación, presentando solo la cresta de una peña. Aquí hay un cuarto chico que lo mandó hacer el mismo señor intendente Gárate para el castigo de los más criminales, en el que apenas pueden caber cinco individuos.

La Isla de San Cristóbal es de tierra blanca y se halla desnuda de vegetación. Mirada desde el Puno, parece un punto de tierra colocado en el centro de la laguna.

La Isla de Antahuata tiene legua y media de bojeo y está como la de Esteves cubierta de vegetación y de sembríos. Está distante de tierra cinco cuadras.

La Isla de Taquili tiene tres leguas de bojeo y dista nueve leguas del Puno. En ella habitan ochenta individuos, que trabajan en las tres haciendas de pan llevar y ganado que hay allí, de las cuales la llamada «Mamasile» es de la señora doña Jerónima Cáceres; la Aimará es de la señora doña Antonia Rosada, y la tercera de don // [p. 127] Mariano Ponce. En esta isla hay los escombros de dos poblaciones antiguas y en ellas muchas casas de piedra y bóveda sin mezcla ninguna[322]. Es isla hermosa donde se encuentra caza y mucha hortaliza.

La Isla de Amantaní tiene seis leguas de bojeo y está fronteriza a la de Taquili, distando nueve leguas de Puno. Está cubierta de vegetación y de mucha caza.

Hay en ella cinco haciendas de sembrío y ganado, de las cuales la 1.a es de las señoras Cuentas, otra de la señora doña Antonia Rosada, otra de don Pedro Ávila, la cuarta de don Juan Carrión y la quinta de don Mariano Núñez. La habitan trescientos individuos.

La Isla de Soto, que tiene tres leguas de bojeo está en la jurisdicción del pueblo de Mo[h]o, de la provincia de Huancané, distando de él cinco leguas y treinta de Puno. Se halla cubierta de sembríos y caza y habitada por cinco familias.

La Isla de Socra[323] tiene de bojeo dos leguas y está llena de sembríos, ganado, caza, y hortaliza. Está a doce leguas del Puno y la habitan treinta individuos.

La Isla de Iscagata[324] tiene legua y media de bojeo y está llena de sembríos y caza y habitada por nueve individuos. La laguna tiene abundancia de peces, siendo los más conocidos y estimados, las bogas[325], los humantos[326], suches[327], bagres, pejes reyes, ispis y carachas[328]. Los pescan con redes y en balsas de totoras. Hay asimismo diversidad de aves, entre ellos se numeran primero la variedad de patos: las pachonas, los chocas, los zambullidores y los chorlillos, que son unos pájaros negros teñidos de amarillo. Los indios cazadores venden tres chocas[329] cocidas por medio y dan 20 huevos de este pájaro y otros por medio.

Actualmente navegan dos bergantines bolivianos en la laguna. El llamado Tomasito sostiene el comer-// [p. 128]cio de esta república con el Puno, introduciéndole granos que ha arruinado las provincias de Tinta y Ayaviri, que eran las que disfrutaban de esta ventaja.

En esta laguna se levantan tormentas y tiene la misma clase de olas que hace el mar. Como en él hay bajíos y bancos de arena, en que pueden encallarse los buques.

Su comercio

El Puno está lleno de manufacturas y de las producciones de otras provincias y repúblicas. En él se venden las ricas alfombras, frazadas y ponchos que hacen los hatuncollinos; los sombreros de La Paz y las monturas del Tucumán. Casi todas las tiendas están llenas de estos efectos y de la rica mantequilla que elaboran en sus haciendas y que es tan apetecida de cuantos la han probado, la que por libras están puestas en vejigas de toro o carnero, que llaman petates y la transportan con aprecio a grandes distancias.

Sus expresiones favoritas

Las expresiones favoritas que tienen los puneños fuera de sus voces e idiotismos provinciales son llamar caricullacas[330] a los mentirosos, y decir por cariño viditai[331], chunquito[332].

Sus costumbres

Sus comidas provinciales son el chairo[333], el aconta[334], el cutilagua[335], el Rafaelillo[336] y el chanca[337].

Las costumbres que tienen son reducidas a que en el jueves de compadres y el jueves de comadres mandan decir los indios y la gente del bajo pueblo una misa a Jesucristo crucificado, colocándolo para esto en medio del pavimento del templo, para con comodidad poderlo rociar // [p. 129] con aguas de olor. A esta operación llaman encompadrar con Cristo. En estos mismos días llevan a los compadres y comadres regalos, acompañados con pututos, música, qquenas, tambores; estos se reducen a frutas, pájaros, huevos y un torillo adornado con flores, llevando por retorno de este regalo, vestuarios para los regaladores y los ahijados. Con este motivo comen y beben mucho en estos días. En los tres días del carnaval se divierte con el chucchico, que es un juego en el que a las cinco de la mañana entran en las casas con música y a las personas que encuentran en cama, así como las pillan las montan en un borrico cubierto de flores y bien enjaezado, haciéndolas voltear las caras para la anca del jumento. De este modo salen con los montados a la calle, cantando hasta encontrar con otros dormilones o dormilonas en que se apean los primeros para dar lugar a los segundos. Por las tardes se reúnen las familias decentes a bailar en la plaza, retirándose por la noche a seguirla en las casas, reinando en estos tres días y tres noches mucha armonía y unión en las familias. El día miércoles de ceniza se dirigen a un sitio llamado la Chacarilla, llevando banderas negras en mano, que es lo que llaman enterrar el carnaval. Para este entierro va la plebe bailando y cantando sus yaravíes. En la Pascua de Resurrección forman un Judas cubierto de pólvora y cohetes y lo ponen colgado en la plaza. Cuando a las cuatro de la mañana ha terminado la misa solemne parroquial, le pegan fuego al son de música, que después sale a recorrer todas las calles de la población, dando pascuas. En la Pascua del Espíritu Santo concurren al Santuario de Vilque, que está hacia el sudoeste de Puno, distando de él siete leguas, a una feria que celebran de ocho días, que llaman romería, y está destinada para los // [p. 130] excesos del baile y del fuego. Concurren a ella de todas partes. En el Corpus salen danzas y los mineros hacen su altar, que lo cubren junto con los arcos que hacen de barras de plata. Anteriormente se extendía este lujo a llenar una cuadra entera con estas barras, mas la revolución, que ha diseminado la pobreza por todas partes, ha suspendido este boato extravagante. En los días de Todos los Santos y finados, ponen los indios sobre los sepulcros de sus muertos fruta y otros comestibles, que llaman ofrenda; las que conforme van rezando las van repartiendo entre los rezadores. En el verano salen regularmente de paseo a un lugar llamado Ojerana, donde hay muchas flores y verdura, y a Icho[338], al cual concurren con mucha bulla el día 29 de junio en que los ichanos embarcan a San Pedro en una balsa de totora y lo meten a la laguna, cubierto del primer pescado que han tomado en ese día. Para esta operación no pescan muchos días antes, asegurando que si lo hicieran pecarían enojando a San Pedro. Después que lo han hecho pasear en la laguna del Titicaca con mucha música y bulla de cohetes, lo sacan y llevan en procesión a Icho, donde lo colocan en el templo con bailes y cantos, y después hacen sus corridas de toros.

Día 22 de febrero. Salida de Su Excelencia del Puno

A las siete y media de la mañana se levantó S. E. y a las ocho se dirigió al templo a oír misa, que por ser domingo dijo su capellán, y a las diez y cuarto salió del Puno para Vilque, acompañado del señor general prefecto del departamento, de las autoridades civiles y eclesiásticas, de los individuos del colegio, del inspector de la república de Bolivia y de todas las personas visibles de la ciudad, atravesando para esto por las calles que estaban adorna-// [p. 131]das de arcos, colgaduras y banderas, y cubiertas del Escuadrón Lanceros de Arequipa, formado en dos alas, y de un numeroso gentío que sentía la separación de S. E. Inmediatamente que vieron salir a S. E. de su alojamiento, pusieron a tocar plegarias en las dos torres y la artillería, sita en la plaza de Puno a hacerle los honores, tirando 24 cañonazos. El bello sexo, oyendo enternecido este ruido de piedad y guerra, pedía al cielo por la prosperidad y vida de S. E.

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CITAS

275 Son indios vestidos como los pulipulis con banda, con plumas en la cabeza y con cascabeles a los pies, pendientes de un botín colorado. Tocan todos ellos qquenas y tambores, sin variar jamás la tonada ni el baile.

276 Son indios vestidos del mismo modo que los antecedentes, diferenciándose solo en diferenciar de bailes y de tonadas. 277 Son indios vestidos de camisa y calzones negros cortos y medias con cascabeles y zapatos negros sin llevar chaquetón. Usan máscaras y morrión con un sable de palo dorado en la mano. Bailan con caja y pito.

278 La arenga leida por el carabaino Francisco Urrutia (que publica en el ANEXO de ste documento) excitó la risa de los circunstantes por la pedantería y simplezas de que está llena, sin expresar con orden un solo concepto.

279. En esta antigua ciudad estuvieron hasta el año de 1809 las cajas reales, que entonces se pasaron al Puno. El año de 1781, con motivo del pronunciamiento en contra del gobierno español que hizo el General Inca don José Gabriel Túpac Amaru, las tropas de este arruinaron el archivo donde se conservaban tantas antigüedades.

280. Dista del Puno 24 leguas.

281. Lugar donde hay vasos de tomar chicha.

282. Cerro de azogue. Tomó este nombre porque dicen que hay una mina de este metal.

283. Molestia de trojes.

284. Laguna de brujos.

285. Cerro de corrales.

286. Olla donde se cuece el chuño.

287. Graznido de pájaro.

288. Sierra de plomo.

289. Estas las ponen de medio en medio formando círculo sobre unas mantas, que son negras o pardas, y sirven para poner sobre ellas los indios [Ilegible. Documento quemado por corrosión de la tinta.]

290. Se llama así al chuño blanco, que es una papa helada y echada a podrir.

291. Con este nombre conocen a la quinua colorada y negra.

292. Es una tierra blanca, gredosa que la comen los indios con papas en lugar de ají. Esta tierra la sacan del pueblo de San Antonio de Esquilache, distante de Puno diez y ocho leguas. La carga de esta vale dos reales y tiene mucho expendio.

293 Paja, distante tres leguas de Puno.

294 Luna, distante una legua. Aquí crían ganado lanar y vacuno y alpacas.

295 Distante media legua.

296 Hilado torcido a la izquierda, dista media legua.

297 Mineral, distante media legua.

298 Lugar de humo. Mineral que actualmente lo está trabajando D. Blas Bravo; dista legua y media.

299 Dista tres leguas. Es el lugar donde fondea el buque Tomasito. Sus habitantes son pescadores y labradores.

300 Carnicería; dista un cuarto de legua. Sus habitantes son los abastecedores de la carne de la plaza.

301 Lugar de totora; dista legua y media y sus habitantes son pescadores.

302 Así llaman a un lugar obscuro o entre dos luces, que en castellano llaman aquí ófrico. Dista dos leguas del Puno.

303 Quiere decir tapiris o busconeros y son los que sacan metales de las minas despobladas y las benefician. Dista legua y media de Puno. 304 Son los artesanos y menestrales que viven en Puno.

305 Lugar donde hay verduras; dista tres leguas y media.

306 Quiere decir reja fuerte y sólida. Dista 4 leguas. Produce este lugar muchas verduras, que sus habitantes las venden con mucho aprecio en todo el departamento.

307 Tiene hortaliza y dista dos leguas y media.

308 Quiere decir lugar de fuego. Dista dos leguas y media.

309 Cerro pelado. Es puna y dista tres leguas.

310 Lugar de fuerte flujo y reflujo; dista dos leguas y media.

311 Indio negro; dista seis leguas. Aquí hay muchas minas despobladas.

312 Es hacienda de sembrío y ganado. Pertenece a la Señora Doña María Salcedo y dista una legua de Puno.

313 Quiere decir caballero de sal. Es hacienda de solo ganado y dista tres leguas. Su dueño es D. José María Recavarren. Esta hacienda está en pleito con los señores Pintados.

314 Llano de dos caminos; hacienda de ganado de la Señora Da. Rosa Toledo. Dista legua y media.

315 Lugar de culebras. Hacienda de sembrío y ganado de la Sa. Da. Josefa Cáceres; dista dos leguas.

316 Hacienda de sembrío y ganado de D. Vicente Rodríguez; dista legua y media.

317 Qui[e]re decir papada sobre papada; hacienda de sembrío. Dista una legua.

318 Arequipeño.

319 Este trabajaba en compañía del señor Coronel D. Juan Obrien, inglés, principal empresario de ellos. Se ignora el motivo que hayan tenido de separar la compañía.

320. Distante una legua de Puno.

321 Raíz de totora.

322 Las iban acomodando centralizándolas cada una para que no se cayeran.

323 Flaco.

324 Semilla chica.

325 Tienen una cuarta de largo.

326 Es el pescado más exquisito que tiene.

327 Son de a media vara.

328 Es una boya amarilla.

329 Es negra, del tamaño de una gallina

330 Hermana mentirosa.

331 Vida mía.

332 Mi corazón.

333 Es un guiso de chuño cortado menudamente con papas también partidas, carne de vaca y ají.

334 Es un guiso de papas enteras con chuño entero, cecina, carne de vaca y de borrego.

335 Es la mazamorra de harina [el papel se ha roto] cecina y ají.

336 Es un guiso con papas enteras, chuño [el papel se ha roto] de cebollas.

337 El chuño molido con especerías y ají, y car[el papel se ha roto]adas

338 Paja. Viceparroquia de Puno, distante de este legua y media.

 



[i] José María Blanco fue el Capellán de las fuerzas del Ejército que acompañaron a Orgebozo y escribió el diario de viaje

 ANEXO Arengas [Discursos]

 El ciudadano con Francisco Urrutia a nombre de la provincia de Carabaya dijo:

«Excelentísimo Señor: ¡Oh día tan magno el de hoy! En que le cabe a Puno la ventura de ver en el local céntrico de su departamento al primer ciudadano de la nación peruana, al Jefe Supremo de la República, al salvador de la Patria y al campeón de su recobrada libertad. Aun se hace más magno cuando un vacío de aquel prodiga la satisfactoria ocasión de recordar que V. E., investido a la vez del Supremo Provisorio mando por la voluntad general, y nunca peores como difíciles circunstancias del país, sin ejército, ni hacienda, aproximado a las tumbas de sus desgracias puras, e inmediato a divisar sobre su horizonte un estandarte tremolante del fierro, pólvora y plomo del terrible día del 3 de enero, visto en el Rímac, sentido en toda la República y experimentado en todos los ángulos de ella, al rigor, eco ronco y cadenas de ocho mil rambleadores, determinados con anterioridad y sobre firme de sus cantones ocupados y planes concertados desde el oriente al poniente y del norte al sur del Perú, después que empezó a regirlo y hacer la guerra de sus mullidos derechos contra los tiranos; vencerlos, desaparecerlos para siempre de la tierra santa de los Incas, lanzarlos a los más entre el abismo de la nada y fugarlos a los principales del territorio peruano, como salvar el partidario ha sido obra de pocos días, debidas a la eminente opinión, prestigio, valor y espada de V. E., y acaso sin haber necesidad de emplear las facultades extraordinarias del tremendo poder dictatorial, repugnando siempre por la experiencia de naciones más antiguas, y tan sensatas como el Perú; pero que su representación nacional no vaciló de confiarle en las circunstancias de entonces, y por la garantía de que, a la vez, las virtudes ca-// [p. 110]racterísticas de V. E. era sagrada, y que dimitirían sin abuso la restitución de aquel poder, retomando de su inmensa influencia, frutos puramente opimos y benéficos a la marcha actual del país. El Callao ha espetado que V. E. solo fue capaz de haberse apoderado en un segundo de minuto de su tan formidable como inexpugnable plaza, fortalezas, castillo, parque, marina y tropa para bases de la guerra de las ultrajadas libertades peruanas. Arequipa, al prestigio y esperanza de V. E., se declaró en campaña contra los tiranos del Perú, sostuvo la guerra corriendo los corajes del fiero Marte antes que retrogradar de sus justos compromisos, ni entregar los pies de sus hijos a las cadenas de sus opresores de la Madre Patria. Maquinguayo ha sido teatro de que a la presencia de V. E. dobló su cerviz, rindió su falange y depuso de su victoria un ejército entero, y empezó a contramarchar por la derecha del orden, aumentando las filas del ejército patricio. El corneta del orden dilataba por todos los ángulos de la tierra de los verdaderos peruanos los toques de cooperación y reunión a la táctica de V. E. y a las veces haciendo resonar esos sacrosantos ecos hasta los campamentos tiranos. Ya la nación por sus propios ojos y cosmorama de la distancia se ve libre de esos monstruos que desgarrarle pudieron sus entrañas, le son recobrados sus hollados derechos, restituido el imperio de sus canceladas leyes. Ha jurado su nueva carta, tiene constante administración de gobierno, ha reconvalecido su hacienda, criado un ejército nacional, ha visto repuestas todas sus cosas al estado que del orden, salvada la Patria y devuelto con religiosidad al seno soberano ese poder dictatorial con un monte entero de laureles y olivos, que si pululan en la actualidad crecerán con el tiempo y cada peruano percibirá una inmensa cantidad de felicidades, pero todo al favor del saber, prestigio, virtudes y espada de V. E. Son pues servicios eminentes consagrados a la Madre Patria en las más letales agonías de su vida y política, y esos mismos son los que han elaborado la corona cívica que dignamente cubre las sienes de V. E., erigido las elevadas columnas de su eterna memoria, y construido el brillante carro de su inmarcesible gloria, no de deleznable metal y negociadas // [p. 111] bases, sino de méritos notorios, que si la nación los revé, las demás remotas del globo terráqueo los admirarán y siempre estarán sobre el nivel de las Repúblicas. Si los funestos resultados de la conspiración de enero todavía han podido fosforar la repetición a los prosélitos amaestrados en los desastres nacionales, sobre los que han calculado ventajas y precisado a V. E. a marchar en persona hasta el sur del Perú, es de esperarse que V. E., dotado de sabiduría y táctica en la ciencia del gobierno, e intereses de los pueblos, sostenido de la opinión pública y de la fuerza nacional, como también investido del imperio fuerte de facultades extraordinarias, únicas que pueden expiar males de tamaña gravedad y trascendencia, sea capaz en los actuales días, como en los de ayer, asegurar pues y con igual pulso, destreza y suceso, la consolidación de la paz, exterminio del horrendo vértigo de revoluciones y transtornos, tan solo por mediar sanguinariamente a expensas de la Nación y de sus pacíficos moradores, dejando en retorno de tan augusta marcha para Puno y su vecindario el trono de la paz, y a su pórtico deseado el genio de la revolución, y llevando por recompensa de tan tamaño bien la bendición de trescientos mil habitantes que pueblan el departamento, todos naturales por naturaleza y sistema, todos integrantes del pacto social del Perú, todos idólatras del orden, y yo uno de tantos, concluyendo con la expresión cívica. Loor eterno al Excelentísimo Señor, ínclito e inmortal, grande Luis José Orbegoso. Estos son los sentimientos del departamento y en particular de la provincia de Carabaya, a cuyo nombre he dicho»[278].

 El Señor Presbítero, don N. Poblet, a nombre del clero del departamento:

«Excelentísimo Señor: Cuando por una especial providencia ha permitido el cielo el que V. E. pise el territorio puneño, ha sido con el fin de mirar en él la opulencia y la miseria. La primera, porque a la vista saltan los poderosos ramos y mejores elementos que lo constituyen en su mineral y pastoril. La segunda, por-// [p. 112]que sus esfuerzos y recursos se hallan agotados hasta sus últimas heces. En tan doloroso punto de vista es firmemente persuadido que V. E. habría consternado su corazón sensible. El remedio está en las manos. Bórrense de nuestro patrio suelo el espíritu de partido, anúlese entre nosotros diferencias personales, publique V. E. en más azarosas circunstancias unión y entonces disfrutaremos de los mayores y más sazonados frutos que nos ofrece la ley en su cumplimiento. Así tendrá V. E. la dulce y santa satisfacción de haber re[e]dificado un edificio que estaba ya por los suelos, de haber alimentado los pueblos con el pan del buen ejemplo, de haberles granjeado sus libertades políticas, civiles y religiosas, y haberse

constituido un verdadero y legítimo protector de la Iglesia. Si, Excelentísimo Señor, esa espada que ciñe, la ciñe con justicia, para emplearla en la defensa de la casta esposa del crucificado; esta memoria lo hará inexorable en conservar y proteger sus sacrosantos derechos. Lo tiene acreditado por repetidas ocasiones y en ello el sacerdote libra sus satisfacciones. Cargará V. E., sí, señor excelentísimo, y me parece que no me engaño, cargará V. E. en adelante una cruz muy pesada, llena de espinos y abrojos, pero su sumisión a las divinas disposiciones del cielo aligerarán su marcha, seguro de que la continua e incesante plegaria del sacerdote peruano, entre el vestíbulo y el altar, abreviará la carga para atender a la desgracia, proteger al miserable, escuchar a la viuda, mirar al pupilo, reparar al desvalido, alentar a los pueblos y unirlos en la caridad, y proporcionarle la paz; la paz, mi Excelentísimo Señor! Ese tesoro inestimable, la paz, no la que el mundo da, sino la que esperamos del cielo en los días de V. E., estos son, Excelentísimo Señor, los votos, que no en un tono político sino en lenguaje religioso pronuncia el estado sacerdotal de Puno, por el incapaz e ignorante conducto del que se numera entre ellos, y a quien por la obediencia ha sido destinado por su digno prelado. Dixit».

 El señor tesorero de Puno:

«Excelentísimo Señor: Cuando // [p. 113] en pos del engrandecimiento y la felicidad se pone en alarma una nación virtuosa, no es equívoca su marcha, ni sus pasos pueden dejar de ser venturosos; a medida del conocimiento de sus intereses se labran los pueblos su dicha y su opulencia y la misma naturaleza parece que les inspira la senda que debe conducirles a su grandeza. El del Perú en medio de mil contrastes y sitiado del infortunio trazó su gloria, arrojando para siempre a sus antiguos opresores; es por esto que el genio de la guerra le cubrió con su manto que la libertad fijó su asiento en el suelo de los Incas y se levantó una lápida inmortal. Mas un repentino nublado, ese sombrío e irreparable compañero de todo humano proyecto, cerró en un momento el oriente. El retroceso a las antiguas dolencias era el preciso resultado en tan funesto accidente. Volvió a dormitar la nación y a ver obstruidos los causes de su prosperidad, siendo víctima más bien de su propio letargo que de la osadía de un ambicioso, hasta que, sacudida desde los quicios se estremece, detesta el sopor, levanta el cuello con majestad y disipa de un golpe todo cuanto la había sumergido entre la abyección y el abatimiento. He aquí, Señor Excelentísimo, un cuadro ligero del estado de la patria, pero ya nuestro bajel está en altamar, el cielo le favorece, los vientos se serenan y hasta los mismos escollos parece que a su vista hunden su cabeza en los abismos del océano político. ¿Y había rémora que retarde todavía el arribo deseado? No, señor, no retornará más la conspiración. El Perú, grande por naturaleza en sus designios, sólido y noble en su ejecución, no se desprenderá de sus principios, a pesar de lo que ha sufrido, y de lo mucho que según cálculo aproximado, le resta aún de padecer. Entre tanto, vos Señor que tuviste la principal parte en la salvación de la Patria, regocijaos en su memoria y en la eterna gratitud del pueblo puneño, que me manda felicitaros por vuestro arribo». El señor don Hilario Macedo: «Excelentísimo Se-// [p. 114]ñor: El pueblo de Puno tiene hoy la inmensa satisfacción y gloria de ver en su seno al hijo el más predilecto de la Patria, que con tanto acierto y patriotismo ha dirijido la nave del Estado en una época tan peligrosa, en que la aspiración de malos hijos bajo el estandarte de rebelión trató inundar en sangre, sin escusar [sic, por excusar] nada para llevar a cabo sus prospectos arbitrarios. Un solo paso tan diestro y acertado que dio V. E. sobre las fortalezas del Callao fue bastante para salvar la Patria de los males horrorosos que le habían preparado los conspiradores. Toda la República ha visto con la más agradable sensación el término feliz de las oscilaciones intestinas en que se vio el pobre Perú. Cierto es que la sangre peruana ha corrido con escándalo en los campos inocentes de Miraflores, Cangallo y Huaylacucho, y aun la capital misma de la República no se ha exceptuado de esta calamidad; pero que los parricidas se envolvieron en sus mismos triunfos. La opinión pública que conoció su justa causa venció por su virtud y el Perú ha renacido, viendo en V. E. glorias notables de haber terminado esa guerra fratricida con el decoro y sabiduría de un ilustre peruano que ama su patrio suelo y que ha dado un ejemplo grande de desprendimiento y moderación, llenado los deberes más santos de su alta dignidad y colmando los votos de todos los hombres libres y justos. Un pueblo despedazado por los partidos, teatro de grandes alteraciones, se llena hoy de esperanzas, se somete a su buena estrella, sin temor de que nuevas tempestades políticas perturben su dicha y se hace libre de enemigos del sosiego público. La Convención Nacional, sin desoír el voto peruano, eligió a V. E. por Presidente de la República; no necesitamos hoy más que ocurrir a nosotros mismos, y que con V. E. a la vanguardia de la gran familia peruana, nuestras instituciones liberales tomarán raíz más profunda. Siendo pues la guía de V. E. la unidad de sentimientos, no podía menos que acercarse el imperio de la razón a consolidar el // [p. 115] bienestar de los pueblos. Los grandes crímenes y la fatal discordia desaparecerán en el Perú; los ciudadanos vivirán tranquilamente en sus hogares, la paz y el buen orden reinarán en todas partes, el honor y el patriotismo serán la divisa de nuestros magistrados. El acierto y dignidad con que V. E. dirige los negocios del Estado garantiza nuestra existencia política y nos ofrece la dulce esperanza de que conservaremos la más perfecta quietud, único bien que desean los pueblos; por lo demás, ¿qué mayor gloria podía apetecer el Perú que la de conservar ilesa su integridad? Ojalá, Excelentísimo Señor, que un sentimiento patrio disipe para siempre la discordia y la anarquía con que algunos hombres tenaces tratan de turbar el sosiego público, y que todos ellos, marchando por una misma senda de honor y gloria, ayuden a consolidar nuestro pacto social. El pueblo puneño espera en V. E. que, haciendo la felicidad de una nación humilde, y elevándose a la altura de su primer magistrado, no se olvide de los intereses más caros de este departamento, que en las pasadas convulsiones trabajó con decisión por la causa del orden; quiera el cielo proteger benignamente sus buenos deseos, y que la próxima legislativa corresponda al grito de dos millones de peruanos. Pero entretanto esto llega, y hasta que se medite sobre sus interesantes trabajos y desvelos, y cuando, en fin, se le ve todo consagrado al bien de esta Patria querida, Puno y la aduana principal del Desaguadero, no encuentren más expresiones de afecto y gratitud que ofrecerle, sino el que se ha merecido bien de la Patria, y estos son también, Excelentísimo Señor, los sentimientos puros con que particularmente me congratulo al llenarle los votos de mi corazón. He dicho».

 Terminadas las arengas, contestó S. E. a cada una en particular y con esto se retiraron complacidas las corporaciones.

 

COSTUMBRES DE MI TIERRA

SIRVINAKUY

EL CONCUBINATO INDIGENA EN TIEMPOS DE LA COLONIA

Roberth Medina Pecho

E

l sirvinacuy es una costumbre muy antigua de la zona de los An­des en América Latina. La cele­bran los descendientes de los incas, que ahora son en su mayoría campesinos. Se trata de una convivencia de los novios previa al matrimonio, que puede durar de seis meses a un año.

Después de este tiempo, el novio tie­ne que hablar con los padres de la novia y pedir permiso para casarse con ella. Si los padres están de acuerdo, se celebra una boda que consagra la unión entre los novios.

En los tiempos de la conquista espa­ñola, la Iglesia Católica intentó eliminar esta costumbre considerada poco cristia­na, pero no tuvo mucho éxito. Los indí­genas siguieron celebrando el sirvinacuy hasta nuestros días.

Actualmente esta costumbre no se celebra tanto como antes. Los descen­dientes de los incas viven sobre todo en­tre Perú, Bolivia y el norte de Argentina.

La celebración de esta costumbre de­pende de muchos factores, entre otros el estatus social de los novios.

Pero por ejemplo en Bolivia, donde hay una población importante de indíge­nas, el sirvinacuy tiene los mismos dere­chos que el matrimonio católico.

A lo largo de la expe­riencia colonial, las autoridades espa­ñolas -como parte el proceso colonizador- intentaron imponer e inculcar su estilo de vida.

Sin embargo, aun cuando muchos valores nativos y euro­peos se mezclaron, persistieron los ligados a asuntos tan perso­nales como "el amor y el sexo", de honda raigambre prehispánica, pese a las leyes y la asimi­lación de la doctrina católica. Entre esas costumbres está la cohabitación antes del matri­monio, conocida como sirvinacuy o tincunacuy, una práctica muy antigua considerada vital por los andinos para asegurar una compatibilidad sexual que conlleve a un matrimonio esta­ble, así como para determinar si la mujer era "buena trabajado­ra" y mejor cocinera, requisitos indispensables no sólo para la pareja en sí, sino también para la comunidad, pues, la familia era la "unidad básica de la vida comunal”.

Aportes recientes

Desde los primeros escritos de Luis E. Valcárcel, varios historiadores hablaron del concubi­nato y otras prácticas relativas a la sexualidad durante el período prehispánico. Pero es el historia­dor estadounidense Ward Stavig quien nos ofrece los acerca­mientos más precisos.

Ello resultó posible gracias a que consultó los registros le­gales y los manuales que utili­zaron los curas para confesar a los indígenas de Quispicanchis, Canas y Canchis, a fines del siglo XVII y durante el XVIII. Stavig explica que antes del "ma­trimonio de prueba” la pareja se dedicaba a cortejarse y experi­mentar sexualmente.

El compartir las mismas la­bores agrícolas (o de pastoreo) y las alegres fiestas comunales -acompañadas por el consumo de chicha- proporcionaban la oportunidad para los primeros encuentros sexuales fortuitos y la construcción de lazos afecti­vos.

Si la pareja tomaba la deter­minación de casarse, el hombre solicitaba el permiso correspon­diente a los padres de la mujer.

Si era consentido, el padre solía indicarle al pretendien­te los defectos de su hija a fin de evitar "que su hijo político se quejara o peleara si su hija era una 'mala mujer o floja" Si bien la Iglesia Católica toleró abiertamente las relaciones se­xuales esporádicas -y algunas veces duraderas- entre españo­les y mujeres indígenas (mas no con damas de su misma condi­ción social), la convivencia indígena previa al matrimonio no fue vista con buenos ojos, pues transgredía seriamente los valores del catolicismo.

Ya en 1550, según Carlos Romero, la orden de San Agustín en el Perú se quejaba de que los indios “tenían por costumbre, hasta hoy no hay quien se la quite, que antes de que se casarse con su mujer, la han de probar tener consigo".

Reacción de la Iglesia

A fin de erradicar dicha cos­tumbre, la Iglesia ordenó a los curas predicar en contra de los 'matrimonios de prueba” y lle­var a los inmorales ante las au­toridades religiosas.

Sin embargo, estas ordenan­zas no se cumplieron cabalmen­te en el hábitat rural.

Los curas utilizaron severa­mente sus "sermones y repri­mendas” para que los lugareños cambiaran de actitud, pero no los denunciaron.

En su reemplazo tomaron la autoridad en sus manos y obli­garon directamente a las parejas a casarse, encerrándolas en la iglesia hasta que accedieran al matrimonio.

En 1600, como muestran los archivos legales consultados por Stavig, las nativas de las comunidades de Canas y Canchis se quejaron del cura José Loayza, porque encerraba a parejas "en el Bautisterio de la Iglesia a fin de que se casen por fuerza: este hecho es público y notorio".

Rechazo tenaz

Resulta obvio que tales acci­ones fueron rechazadas tenazmente por los indígenas, quienes no hallaron mejor arma de de­fensa que denunciar a los curas que solían sostener relaciones sexuales con las mujeres solteras de la comunidad.

Ese era el caso en 1758, en Quispicanchis, del cura Juan de la Fuente y Centeno, acusado de tener varios hijos con una mu­jer, producto de su convivencia.

Al morir ella, un hijo con otra mujer salió a la luz cuando un testigo afirmó: "Es cierto y público que actualmente vive el dicho cura con escándalo de su pueblo y feligreses en concubi­nato con la hija de un sacristán". Aun cuando semejantes conflic­tos resultaban cotidianos, los in­dígenas siguieron aferrándose a sus tradiciones.

Tras el cortejo y el matrimo­nio de prueba (con cambio de pareja si la relación no funcio­naba), los casados asumieron "su posición de miembros activos" de la comunidad y fueron sexualmente fieles a sus cónyuges.

Trataron de mantener es­table su matrimonio, lidiar con problemas y separaciones, criar a sus hijos y cumplir con sus obligaciones, asegurando su re­producción biológica y social de acuerdo con las normas cultura­les de la época. Reglas vigentes en la actualidad. <>




 

  

domingo, 6 de agosto de 2023

ARQUITECTURA REGIONAL PUNEÑA

 LOS TEMPLOS DE

CHUCUITO[i]

E

l antiguo poblado de Chucuito fue el epicentro organizador de los pueblos del Collao a mediados del siglo XVI y ostentó el liderazgo de la región hasta los últimos años de este siglo.

Cieza de León dice en su crónica que Chucuito era la "más principal y entera población que hay en la mejor parte de este gran Reino, el cual ha sido y es cabeza de los indios que su majestad tiene en su comarca". (1)

Hasta la formación de Chuquiabo (La Paz) Chucuito era el mayor poblado desde Cusco a Charcas y en la génesis de la nueva ciudad se plantearon problemas. En 1549 el Virrey La Gasca dispuso que indígenas de Chucuito pasasen a realizar obras públicas en La Paz y en 1550 los cabildantes de esta ciudad definen que su jurisdicción llega hasta Paucarcolla abarcando Chucuito.(2)

Ya en 1553 existía en Chucuito el más antiguo convento religioso de la región del Collao. En efecto, en el III Capítulo de la orden Dominica de deja constancia de la formación del convento de San Vicente que era casa rectora de los que se establecían en los otros 7 pueblos del Collao: Juli, Copacabana, Pomata, Ilave, Acora, Zepita, y Yunguyo. (3)

Sin embargo, tempranamente -tres lustros después- ya habían conflictos con los predicadores según se deduce de la visita de Garcí Diez de San Miguel. De los testimonios tomados en 1567 a los caciques Martín Cari y Martín Cusí surge que el poblado de Chucuito se reorganizó en 1549 por Alonso de Hinojosa y Rodrigo de Esquivel.

Las obras de los templos habían sido comenzadas bajo la supervisión de los dominicos, pero todo lo que se gastaba en ellos y en ornamentos era proveniente de fondos que los indios entregaban a los doctrineros. Acotaban: "en las Iglesias de las dichas siete cabeceras han hecho los religiosos excesivos gastos en las obras de ellas y en ornamentos y no tengo en tanto lo que en ella se ha gastado sin cuenta y razón"

El visitador Diez de San Miguel afirmaba que "la Iglesia de Chucuito y la casa de ella, especialmente la casa, es muy buena y la iglesia razonable porque habrá 10 ó 12 años que se hizo, en que con ornamentos se valoran por todo más de 12.000$ y ahora porque es la cabecera principal la quieren derribar y hacer otra".

La teoría de los dominicos, controvertida por el visitador, era que los templos y conventos pertenecían a la orden y no al pueblo, es decir que no eran parroquias del pueblo sino Iglesias de convento.

En declaraciones de 1567 los caciques de Chucuito dicen haber gastado en las obras más de 200.000$ y con respecto a la donación "por ser como somos indios incapaces que carecemos de entendimiento no lo pudimos ni debimos hacer y en ello fuimos grave e increrrisimamente (sic) lesos y danmificados y por consiguiente las dichas donaciones que son y fueron y son de ningún valor y efecto" con lo cual las revocan. La presión sobre los indígenas de Chucuito era evidente desde tiempo antes pues se trataba de uno de los repartimientos más ricos del Perú.

En 1564 el licenciado Castro escribía al Rey avisando que el repartimiento continuaba a cargo del Rey "y los españoles protestan porque quieren colocar otros repartimientos en la misma situación".(5)

En realidad, solo en el repartimiento de Chucuito con el de Chincha y Puno habían sido destinados a la Corona Real desde la conquista y ello habla a las claras de la importancia que tenían para el Rey.

Las situaciones conflictivas derivadas de las acciones de los encomenderos, corregidores y doctrineros llevaron a un replanteo de la situación en la región de Chucuito.

Uno de los problemas evidentes fue la depresión poblacional. En la visita del Virrey Toledo en 1572 se computaron en el conjunto de los pueblos un total de 17.779 indios tributarios de (18 a 50 años) de los cuales 13.275 eran aymaras, 721 mitimaes en los valles y 4.054 uros.

La población total de Chucuito con Moquegua y Sama era de 74.988 indígenas (6)

La disminución era importante si tenemos en cuenta que cuatro décadas antes los incas tenían en Chucuito 20.270 tributarios (16.151 aymaras y 4.119 uros) según acota Diez de San Miguel.(7)

A este receso demográfico se le unirá la persistencia en mantener la presión tributaria. Unos años después, en 1.600, los indios de Chucuito pidieron una visita afirmando que se debían reajustar las tasas por mortalidad habida y el visitador Gonzalo Gutiérrez de Figueroa constató que había 7.000 tributarios menos, es decir habían descendido los contribuyentes en un 40% pero se había mantenido el monto de la contribución. (8)

Ello demuestra que el reordenamiento de Toledo no solo no había logrado parar la sangría de recursos en 1597. Balbosa Ramírez decía que Chucuito era de "los mejores y mayores pueblos que hay en el Perú" pero aún la gran producción textil de los indígenas era consumida por el pago de la tasa y lo "que mandan hacer los españoles para sus tratos Toledo trató de reorganizar el conjunto de actividades en función de —sentido eficientista: mayor eficacia en la producción y recaudación económica y mayor eficacia en la acción doctrinal. El problema del indígena y su marginación se adaptó a esta superestructura de conceptos.

En marzo de 1573 Toledo avisa al Rey que llegó a Chucuito y "hallé más necesidad de mi presencia que en todo lo demás del Reino así para el gobierno espiritual y temporal". Sabido es que Toledo introdujo cambios religiosos y organizativos. Lo importante aquí es señalar que estas variaciones afectaron en alguna medida a Chucuito pues la expansión de Juli le quitará el liderazgo del conjunto de pueblos de la región.

En realidad, ello se debe más que nada al sistema de organización y catequesis de los jesuitas que prestigiado ante los indígenas originará un proceso de migración interna y posibilitará el crecimiento demográfico de Juli.

Aparentemente hasta el momento en que Toledo intima a los dominicos y estos resuelven entregar las doctrinas de Chucuito había allí construida una Iglesia y otra empezada o por empezarse según narra Diez de San Miguel.

Algunos autores han señalado que Agustín de Formisedo realizó el templo de Santo Domingo de Chucuito.(9) Ello puede ser parcialmente cierto. Sabemos que en 1567 estaba Formisedo en Moquegua pero antes había estado en Pomata y Chucuito y tomado el dato de que la Iglesia de Chucuito fue la primera y se construyó entre 1555 y 1557 es factible que Formisedo haya estado vinculado a la obra aunque no creemos que sea su autor. (10) Tampoco pensamos que se trate de la Iglesia de Santo Domingo sino más bien de la Asunción ya que ésta fue la matriz que pensó en renovarse.

En 1574 el visitador Fray Pedro Gutiérrez dice "porque la ciudad de Chucuito está sin iglesia y algunos otros pueblos de la dicha provincia tienen iglesias pequeñas que se han de alargar y acrecentar el dicho corregidor con parecer del dicho Bachiller Espinoza tenga cuidado de la dicha Iglesia se trace y haga."(11)

Aparentemente estaban previstas realizar -de acuerdo al reordenamiento de Toledo y a las autoridades eclesiásticas- 4 iglesias en Chucuito. En 1581 López de Zúñiga dice que "en la principal que está muy vieja está el Santísimo " y en su lugar se está haciendo otra que será una de las más principales de este reino y con la prisa que en ella se iba dando cuando se hizo la visita, estará en el día de hoy acabada, es de la advocación de Nuestra Señora." (12)

Las otras Iglesias estaban dedicadas a San Pablo, a Santo Domingo y otra a N. S. de los Reyes "las cuales dichas Iglesias están por hacer aunque hay dos capillas donde se dice misa".

Estas Iglesias formaron parte del contrato que se realiza en 1590 para construir templos en la zona.

En efecto, el 13 de octubre de ese año ante el Escribano Diego Dávila se comprometen Juan Gómez y Juan López Maestros de Carpintería Y Juan Ximenez Maestro de Albañilería "residentes en Chucuito" para hacer “16 Iglesias en virtud de lo mandado por el Excmo. Sr. Conde de Villar, Virrey que fue de estos Reynos" bajo la supervisión del Gobernador de Chucuito Don Gabriel Montalvo y Peralta.(13)

Un informe sobre el estado del Obispado de La Paz del año 1608 indica que ya estaban construidas las cuatro parroquias.(14) Esta información coincide con otra visita del año 1627, aunque hay dudas sobre si realmente los templos de San Pablo y Nuestra Señora de los Reyes fueron grandes o simples capillas.(15) Las dudas surgen del hecho que el informe preparado por el Obispo Antonio de Castro y Castillo para la obra de Gil González Dávila titulada "Teatro Eclesiástico" consta de que Chucuito tenía en 1659 solamente dos Iglesias (Asunción y Santo Domingo ) lo que revela que la permanencia de los anteriores fue de solamente medio siglo.(16)

Estas dos Iglesias son las que se mantendrían hasta la actualidad aún con diferentes peripecias.

Los conflictos derivados del accionar del Conde de Lemos contra los mineros de Laicacota y la concentración del poder político en Puno no afectó sensiblemente a Chucuito cuya presencia estaba ya bastante decaída.

Por el contrario el Obispo de La Paz Queipo del Llano indicaba en 1690 que la Iglesia de Santo Domingo se estaba fabricando desde los cimientos "y sólo están levantadas las paredes hasta lo último que se han de levantar" por el cura Francisco de Fur.(17)

Ello indica que el templo de Santo Domingo estaba siendo rehecho prácticamente un siglo después de su construcción original.

También en esta época estaba tramitando la instalación de un colegio y convento de San Francisco en Chucuito a efectos de cumplimentar una donación de Juan de Solorzano. (18)

Del templo de la Asunción se tiene una mayor documentación del siglo XVIII que permite verificar las sucesivas modificaciones y arreglos de la Iglesia que comprendían: a la capilla de la Concepción rehecha en 1730, las de San Sebastián y Santa Bárbara (1744) nueva sacristía en 1753, reiterados arreglos de techos y paredes "por estar maltratados" (1743-1756) y reparos en el cementerio.

No menos importancia adquieren los trabajos referentes al equipamiento del templo que abarcan la confección de hacheros y blandones (1727), la lámpara y cruz de plata que realiza el Maestro Platero José Vasquez en 1743, las andas de Nuestra Señora de la Asunción (1746) la hechura de un órgano (1748), nuevas imágenes de San Antonio y San Juan de Dios (1750), trono de la Virgen de la Asunción (1751), sitial de plata (1759), y la barandilla del comulgatorio (1767).

El altar mayor de la Iglesia es hecho en 1735 para lo cual se compran alfajías y una tarima de cedro. El mismo Maestro Carpintero -cuyo nombre se ignora- realiza dos confesionarios.

Entre 1763 y 1769 el Maestro Antonio Illacutipa construyó un altar de Guadalupe colocó una puerta de reja en la capilla de la Misericordia, hizo un nuevo retablo de Nuestra Señora de la Purificación (donado por el coronel Nicolás de Mendiolaza) y fabricó el tabernáculo de San Joaquín. (19)

En un inventario de 1744 se indica que habrían 6 lienzos grandes en el Presbiterio y otros similares de la vida de la Virgen (6) y de la Pasión (6) en la nave de la Iglesia. Había entonces aparte del Altar Mayor y de los de la Concepción y de la Purificación que correspondían a las capillas del crucero un altar de San Francisco y otro de Joaquín y Santa Ana sin dorar.

En 1760 ya había además un altar de Animas, uno de Nuestra Señora de la Merced y "un lienzo de Nuestra Señora de Aranzazu titulada en esta ciudad por Guadalupe" que es el que dará origen al retablo que se realiza tres años más tarde.

En el cementerio había dos arcos laterales de adobe, aparte del de piedra central y una Capilla de la Misericordia que era utilizada también como almacén.

Pensamos que en esta época debió realizarse el coro con sus bóvedas encasetonadas, pues su tratamiento y tipo de piedra es muy diferente del de las portadas interiores de las capillas.

La evidencia de que Chucuito continuaba siendo un centro de importancia la constatamos cuando el Obispo Salvador Bermúdez, de La Paz, en 1745 al hacer su visita dice que la ha hecho "por entre montón de nieve, yelos y furiosos vientos, agregado el trabajo de los caminos, confirmaciones y todo lo demás que trae consigo el ministerio me han deshecho tanto que solo me ha quedado la piel y los huesos; pero desde que entré a esta provincia de Chucuito que tiene mejores aguas, mas cercanas a las poblaciones y menos rígido temple me he reparado algo".(20)

El Cabildo de la Paz en 1747 solicita al Virrey que "se establezca en la Provincia de Chucuito un Hospital en que se recojan y estén bien asistidos los enfermos". Esta es una idea que desde la antigua organización de hospitales del siglo XVI no se había retomado y adquiere proyección en las décadas siguientes.

El pueblo de Chucuito continuaba mientras tanto manteniendo su tradicional estructura de fiesta, ritos y liturgias que a veces derivaban en insólitos pleitos. En el año 1751 el Prior de los Dominicos Fr. Fernando Dávila tiene la ocurrencia de hacer donativos a la cofradía del Rosario de Chucuito lo que origina un conflicto social-religioso ya que existían dos cofradías del Rosario. Los de la Iglesia de Santo Domingo manifiestan haberla fundado en 1705, mientras que los de la matriz de la Asunción alegan tener licencia de fundación del año 1688. Laudará finalmente el Obispo de la Paz el 13 de febrero de 1753 indicando que únicamente persista la del templo de Santo Domingo. (21)

A partir de 1776 la región de Chucuito, como parte de la intendencia de Puno, quedará afectada al Virreinato del Río de la Plata. La organización económica y administrativa, y el hecho de ser desde 1668 sede de las Cajas Reales, le facultará a Chucuito un nuevo rol de importancia.

El levantamiento de Tupac Amaru afectará tanto en lo material como en lo estratégico la vida del pueblo ya que obligará a los españoles a encarar una serie de obras de importancia.

En 1782 son reedificadas las Reales Cajas de Chucuito "a expensas de los indios de esta Provincia que ponen su trabajo. El edificio de las Cajas Reales -cuya portada      fechada en 1780 aún subsiste- tenía un tamaño importante lo que no es posible entender viendo los actuales fragmentos.

Las obras en 1780-82 comprendían la Contaduría, Tesorería, vivienda del oficial, Fábrica y fundición y almacenes de azogue así como un "fuerte que servía para guardia y custodia de los caudales", (22)

El conductor militar de la campaña contra los Catari había dispuesto también obras de fortificación en Chucuito. Es así como el gobernador interino de Chucuito Don Ramón de Moya y Villareal manifiesta en 1782 estar "empeñado en amurallar Chucuito y hacer un fuerte en la parte que domina para tener a cubierto a la población". También se planeará en 1791 fabricar una cárcel segura, pero ésta y las obras de fortificación deben haberse disipado rápidamente.

A fines del siglo XVIII los templos de Chucuito no presentaban variaciones sustanciales. Un inventario de Nuestra Señora de la Asunción del año 1795 indicaba que en el templo había más de un centenar de lienzos grandes- y pequeños. El Retablo Mayor tenía 9 nichos (seis con lienzos y tres con imágenes de la Asunción, San Antonio Abad y San Juan de Dios) .

Existían además retablos de Nuestra Señora de las Mercedes, de la Animas y otros 8 tabernáculos: Señor de la Columna, Dolores, Purificación, Concepción, Natividad, San José, Descendimiento y Santos Joaquín y Ana. (23) La Iglesia de Santo Domingo a su vez tenía dos altares por crucero en lado derecho el de San José y Santa Rosa además de un nicho de la Concepción y Animas. En la nave del templo había altares de San Francisco de Padua.

En 1837 el visitador encomendaba al párroco "que a la brevedad posible construya la subida y la entrada al coro pues a más de no prestar seguridad el organero es un ciego expuesto a caerse".(24)

El temple de la Asunción sufrió daños notorios en la segunda mitad del siglo XIX y fue objeto de reparaciones de cierta importancia. En efecto, en 1863 se cayó la cubierta de la capilla de Asunción que se repuso en 1869. Este mismo año la torre estaba "muy rajada y casi en ruinas" y en situación similar se encontraba el arco de acceso al cementerio. El campo Santo ubicado junto a la cabecera tenía desmoronado el cerco y derrumbada la antigua capilla (25)

En 1865 se repone la paja del techo y se enladrilla el piso del templo. En 1886 se notifica que "el coro y parte del edificio se desplomó" y deben encararse obras de albañilería.

En la reparación de los altares y esculturas trabaja el Maestro Manuel Mestas mientras que los carpinteros Alatrista y Pablo Escobar hacen arreglos del techo, confesionarios, bancos, mamparas, etc. (26)

A fines del siglo XIX, luego de la visita del Obispo, en 1896 se realizan trabajos para mejorar el estado de la Iglesia. Entre ellos se levanta un estribo caído se pinta el templo interior y exteriormente "con tierra blanca del país", se reconstruye la capilla de la Concepción y se repara la torre. (27)

En Santo Domingo el Obispo Pueyrredón dispone en 1897 que se renueve la pared derecha desde el arco toral al bautisterio antes de que se caiga y que se haga el techo del bautisterio, como estas y otras obras se hacían lentamente y el templo estaba muy caído en 1904 se dispuso se vendiera la platería de la Iglesia en la ciudad de Arequipa para tener fondos y reponer el techo de la iglesia y el camarín realizado recientemente.

Tal pues sucintamente la evolución de los dos templos de Chucuito que han llegado hasta nuestros días.

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NOTAS:

1. CIEZA DE LEON, P. La crónica del Perú. Ed. Espasa Calpe. Madrid. 1962.

2. Actas Capitulares de la Ciudad de la Paz -1548-1554- Instituto de Investigaciones Históricas y Culturales de la Paz - La Paz - 1965 - Actas del 17 de agosto de 1552 y del 7 de setiembre de 1556 .

3. MELENDEZ, Juan Fray. Tesoros verdaderos de Indias. Roma. 1681. Tomo I.

4. DIEZ DE SAN MIGUEL, Garcí – Visita hecha a la Provincia de Chucuito. Ed. Casa de la Cultura del Perú. Lima. 1964.

5. LEVILLER, Roberto - Gobernantes del Perú - Cartas y papeles del siglo XVI - Tomo III. Carta del licenciado Castro del 20 de noviembre de 1564.

6. COOK NOBLE, David - MALAGA MEDINA, Alejandro - BOUYSSE CASSAGNE, Thérése - Tasa de la visita General de Francisco de Toledo - Universidad Mayor de San Marcos - Lima - 1975.

7. Aparentemente el padrón de Toledo fue más exhaustivo que el de Diez de San Miguel pues en 1572 obtuvo 17779 tributarios mientras que el visitador solo encontró 15404 un crecimiento demasiado alto para solo 5 años. Es probable que el reordenamiento de Toledo en doctrinas y reducciones haya facilitado la tarea y hecho más eficaz el cómputo.

8. LEVILLER, Roberto - Gobernantes del Perú. Tomo XIV - Carta del Virrey Luis de Velazco 5 de mayo de 1600.

9. TORRES LUNA, Alfonso. Puno Histórico. Talleres Gráficos del Colegio Unión - Lima-1968.

10. Véase al respecto lo afirmado en la introducción de este trabajo y en el capítulo referente a Pomata.

11. AGI. Sección II. Contaduría – Legajo 1787. Agradecemos a Elias Mujica y Franklin Pease el conocimiento de esta visita.

12. AGI - Sección V. Audiencia de Lima - Legajo 129.

13. Biblioteca Nacional. Lima. Manuscrito N° F-914. Copia tomada en el siglo XIX por Juan Antonio Montenegro (Menciona foja 82 del Protocolo de Diego Dávila). La información la reproduce de aquí MENDIBURU, Manuel en su Diccionario Histórico Biográfico del Perú (1876) y de aquí MARCO DORTA, Enrique en Iglesia renacentista en las Riberas del lago Titicaca. Anuario de Estudios Americanos II. Sevilla 1945. No localizamos en Moquegua el paradero de este Protocolo.

14. MAURTUA, Víctor. Juicio de límites entre Perú y Bolivia. Tomo XI. Informe sobre Curatos del Obispado de la Paz. 2 de noviembre de 1608.

15. AGI - Sección V. Audiencia de Charcas. Legajo 138. Informe del Obispo de la Paz. 10 de enero de 1627.

16. MAURTUA, Víctor - Op. Cit. Informe del 2 de mayo de 1651.

17. AGI. Sección V. Audiencia de Charcas. Legajo 376. Visita- del Obispo Queipo del Llano a su diócesis. 31 de julio de 1690.

18. Biblioteca Nacional - Lima. Manuscrito N° B-308 "Licencia para perfeccionar y fundar la fábrica del Colegio de San Francisco en Chucuito". Madrid- octubre de 1690. Lamentablemente la mayor parte del documento está ilegible por la acción del agua y el fuego.

19. Archivo Parroquial de Chucuito. Libro de Fábrica de la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción -1723-1773.

20. AGNA. Sala IX-5-5-2- Intendencia de la Paz. Informe del Obispo Salvador Bermúdez. 10 de octubre de 1745. El pobre Obispo falleció de consecuencias de su visita a comienzos de 1746.

21. APJ. Autor de la Cofradía del Rosario de Chucuito . 21 de octubre de 1751.

22. AGNA. Sala IX 6-2-4- Intendencia de Puno - Nota de Pedro Félix Claveran Rendón - 27 de junio de 1782 .

23. APJ. Inventario de la Asunción de Chucuito. Cura José Felipe Arce- 15 de enero de 1795.

24. APJ - Inventario de Santo Domingo de Chucuito. 15 de junio de 1837.

25. APJ. Libro de inventario de la Asunción de Chucuito. 9 de mayo de 1869-1919.

26. AOP. Libro de Fábrica de Asunción de Chucuito. 1874-1915.

27. AOP. Libros de visitas pastorales. 1891-1897.

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 [i] Extraído de ARQUITECTURA DEL ALTIPLANO PERUANO Universidad Nacional del Nordeste, Argentina, 1978.

EN EL DIA JUBILAR DE BOLIVIA

 REFLEXIONES SOBRE

EL ALTO PERÚ

Isaac Bigio[1]

Diario UNO 6AGO23

C

ada 6 de agosto los altoperuanos celebran su día nacional, algo que ocurre 9 días después de que los que aún se reclaman como peruanos festejan sus fies­tas patrias cada 28 de julio. Mientras a los primeros aún le faltan 2 años para conmemorar su bicentenario, los segundos ya lo han hecho hace 2 años.

Sin embargo, el Alto Perú ya no le gusta recordar que durante casi 3 siglos tuvo ese nombre (el que más tiempo ha durado para designar a su respectivo territorio).

En agosto 1825 este se convirtió en el único país del mundo que adoptó el nombre de su libertador (el venezolano Simón Bolívar). La inicial "República de Bolívar" pasó por varios procesos hasta devenir en lo que es hoy el "Estado plurinacional de Bolivia".

Y no es que la indepen­dencia boliviana se hubiese dado 4 años después de la peruana, pues la emanci­pación de ambas se selló en la batalla de Ayacucho del 9 de diciembre de 1824. Cuando Lima era el bastión del virreinato, los primeros gritos libertarios sudamericanos partieron de las ac­tuales Sucre y La Paz (las que hoy son las 2 capitales que tiene este país, el único en el hemisferio en tener tal dicotomia.

A partir de la creación de Bolivia se ffue recortando esa histórica conexión con el resto del Perú, la cual se remonta al Collasuyo (el cual se extendió hacia par­tes de todos los 9 departa­mentos de la actual Bolivia y otras zonas aledañas) ya antes aún a las civilizacio­nes del lago Titicaca (como a la que hoy se le conoce como Tiahuanaco).

La confederación peruano-boliviana de 1836-39 llegó a ser la república más extensa del hemisferio y del planeta, pero su divi­sión hizo que ésta quedase repartida entre 3 tercios (lo que hoy es el Perú, Bolivia y numerosos territorios que fueron anexados en distintos momentos por sus veci­nos, especialmente Brasil y Chile). Este último país fue multiplicando su superficie derrotando a los mapuches en el sur y a la alianza pe­ruano-boliviana en el norte con la guerra de 1879-84.

Hace 14 décadas Bolivia perdió acceso al mar, algo que siempre había tenido durante su primer medio siglo de vida republicana y todos sus estados previos (ya sea antes o después de la conquista). Mientras Pa­raguay tiene un acceso al Atlántico a través de la cuenca de la Plata, todas las grandes urbes bolivia­nas carecen de cualquier conexión directa o indirec­ta con cualquier océano.

La división entre los dos Perús ha afectado a am­bos (y mucho). Mientras que Alemania, Vietnam y Yemen lograron reunificarse tras haber estado partidas en 2 repúblicas, casi nadie plantea que se dé algo similar entre los 2 Perús, pese a que su ac­tual separación no se debe, como en esos otros casos, a que ambos optaron por modelos socioeconómicos contrapuestos.

La reunificación de los 2 Estados que comparten el mayor lago sudamericano (el Titicaca) haría que la mayoría de los quechuas y aimaras y del antiguo Tahuantinsuyo estuvie­sen viviendo en una mis­ma república. También acabaría con la tragedia mediterránea altoperuana. Esta unión, a su vez, devendría en una potencia mundial en minas, litio y agroexportaciones.

De todos los 193 miem­bros de las Naciones Uni­das, Bolivia sigue siendo el único que fue bautizado con el nombre de su fun­dador que estuvo allí pre­sente. Antes había la Rodesia del sur y la del norte, creadas por el millonario británico Cecil Rhodes, pero luego su población mayoritariamente negra rompió con el segregacionismo racial blanco y les cambió su nombre por el de Zimbabue y Zambia).

Las Filipinas fueron denominadas así por navegantes castellanos en honor a su rey Felipe, mientras que también bautizaron a las adyacen­tes Carolinas o Marianas en tributo a mujeres de la realeza española. Colombia fue inicialmente el apela­tivo con el cual el venezo­lano Francisco de Miranda designó al continente de Colón, el cual, en su mayor parte, debería haber estado unido bajo una monarquía constitucional hispanoha­blante comandada por un inca. Al final, este se redujo a una sola república, cuyo territorio jamás fue cono­cido por el mismo Colón. Los sauditas siguen sien­do la única nación cuyo apelativo es el mismo de la única familia real que siempre les ha regido (y muy brutalmente).

Tanto "Perú" como "Bolivia" no son nom­bres oriundos y fueron impuestos desde afuera por blancoides, ya sean conquistadores o liber­tadores. Con el despertar de las naciones originarias, que por doquier quieren en­trar a la globalización con su propia identidad, y con el surgimiento de nuevas asociaciones de Estados, no debería renunciarse a la idea de reunificar a los 2 Perús o a los territorios que alguna vez conformaron el Tahuantinsuyo.

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[1] Politologo, economista, historiador con grados y postgrados en la London Schoo/ of Economics.