SE CONSUMÓ EL GOLPE:
EL SENADO MANDA
Américo Zambrano
En HILDEBRANDT EN SUS TRECE N° 803, 23OCT26
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os fujimoristas
encontraron la fórmula para volver a burlar el marco constitucional. A partir
de ahora, contra lo que dice la “carta magna”, serán los senadores quienes
legislen y serán los diputados los extras de las película. Ahí está el detalle.
No fue
un topo ni un traidor solitario. Fueron cinco senadores de dos bancadas
opositoras los que terminaron votando con el fujimorismo y le dieron a Keiko
Fujimori este miércoles 21 la mayoría que necesitaba para controlar el Senado,
la cámara más poderosa del Congreso bicameral.
Tres de
ellos pertenecen al Partido Cívico Obras, de Ricardo Belmont, y dos al Partido
del Buen Gobierno de Jorge Nieto Montesinos. La ruptura de la oposición no ocurrió de un día
para otro. Hubo conversaciones y reuniones entre dirigentes durante varios
días.
Pero fue la
intervención de un operador político del viejo fujimorismo la que terminó
inclinando la balanza, después de que las negociaciones del premier Luis
Galarreta no consiguieran los resultados esperados. Se trata de José Chlimper
Ackerman, uno de los asesores más influyentes de la presidenta. Ricardo
Belmont, líder de Obras, ha reconocido que se reunió con él antes de que sus
senadores cambiaran de bando. Según dijo, son amigos desde hace cuatro décadas.
El encuentro tuvo lugar en el departamento de Chlimper, en Miraflores. “Me
invita a conversar y converso con él. Y le digo: nosotros no vamos a ceder en
todo, pero vamos a destrabar la cancha”, contó Belmont.
Según fuentes
consultadas por este semanario, Chlimper también buscó contacto con Jorge
Nieto, líder del Partido del Buen Gobierno, la segunda bancada que terminó
aportando votos al oficialismo.
El presidente del
Consejo de Ministros, Luis Galarreta, había recibido el encargo de conseguir
que la Cámara de Diputados aprobara las 66 facultades legislativas solicitadas
por el Ejecutivo, o al menos la mayor cantidad posible.
Para ello se
reunió con distintas bancadas opositoras, entre ellas Ahora Nación y Juntos
por el Perú. Pero sus gestiones fracasaron. La oposición, que controla Diputados,
redujo de 66 a 20 las facultades. Fue la primera gran derrota política del
gobierno en el Congreso.
Para evitar otro
revés en el Senado,
la mandataria recurrió a Chlimper, un viejo cuadro del partido que fue ministro
de Agricultura de Alberto Fujimori y conoce desde hace décadas los entresijos
del poder. A diferencia de Galarreta, Chlimper tiene experiencia en
negociaciones políticas y llegada a dirigentes de otras agrupaciones y a medios
de comunicación.
Las
gestiones de Chlimper no fueron anunciadas por Palacio ni formaron parte de las
reuniones públicas encabezadas por el premier. Su intervención se conoció después,
cuando la ruptura la oposición ya se había consumado.
Las
primeras grietas aparecieron antes de la votación, viernes 16 los voceros de cuatro
bancadas se reunieron durante varias horas en despacho de la senadora Lourdes
Alcorta, de Renovación Popular. Participaron miembros de Fuerza Popular, Ahora
Nación, Buen Gobierno y Renovación Popular.
Discutieron
qué hacer con las siete facultades que el fujimorismo pretendía recuperar en el
Senado y que la Cámara de Diputados había rechazado.
Alcorta
asegura que aquella noche acordaron respaldar el pedido del gobierno. “Hicimos
un pacto de unidad”, dijo. Según su versión, Flavio Figallo, vocero del Buen
Gobierno, se comprometió a respetarlo, pero al día siguiente envió un mensaje
advirtiendo que el entendimiento estaba en peligro.
El
senador Alfonso López Chau, líder de Ahora Nación, tiene una versión distinta.
Asegura que se había planeado aprobar primero las 20 facultades autorizadas
por Diputados y discutir después las otras siete, una por una. “El señor
Figallo y yo dijimos que no”, asegura.
El
lunes 19 se produjo la primera ruptura formal. Los senadores de la oposición
habían decidido no asistir a la Comisión de Constitución para impedir que
hubiera quorum mientras no se aclararan los límites del Senado para modificar
lo aprobado por Diputados dos semanas atrás.
Obras
había participado en esas coordinaciones. Pero Roger Astucuri, uno de sus
senadores, se hizo presente en la sesión y permitió que el fujimorismo sacara
adelante el predictamen de las siete facultades adicionales.
Daniel
Barragán, también senador de Obras, es el secretario general del partido y responde
directamente a Belmont. Había participado directamente en las conversaciones
opositoras, pero llegado el momento se alineó con el oficialismo. Según afirma
ahora, su partido no había pactado votar contra las facultades sino que
cuestionaba la conducción de Carlos Mesía en la comisión. “No, no es un pacto”,
respondió cuando este semanario le preguntó si Obras había llegado a un acuerdo
con el fujimorismo.
La
cercanía de Barragán con Fuerza Popular, sin embargo, no sería reciente. Una
exdirigente de Obras que participó en la fundación del partido recuerda que
Barragán solía poner al fujimorismo como ejemplo de disciplina interna. “Keiko
habla y todos obedecen. Así tiene que ser el partido Obras”, decía Barragán,
según esa versión. También asegura que Barragán mencionaba con frecuencia
algunas reuniones sostenidas con el fallecido congresista fujimorista
Hernando Guerra García.
En la
votación del miércoles, Barragán, Roger Astucuri y Walter Gago, de Obras,
respaldaron al fujimorismo. Juana Ticona se abstuvo y Agripina Flores no
asistió a la sesión por problemas de salud.
Cuatro días antes, el 17 de octubre, María Barragán Coloma, hermana del senador, había sido designada asesora de confianza de la presidenta ejecutiva de EsSalud, Elizabeth Tomás Gonzales. Barragán niega haber intervenido en su nombramiento. Según fuentes de Obras consultadas por esta revista, el senador también tiene aspiraciones de convertirse en ministro de Keiko Fujimori antes de fin de año.
En el
Partido del Buen Gobierno, el senador Jorge Gavidia anunció horas antes del
pleno que votaría a favor del dictamen. Otro integrante de ese partido, Juver
Flores, que había sido candidato al Congreso por Fuerza Popular en 2016, hizo
lo mismo. Los otros cinco senadores de la bancada optaron por abstenerse, pese
a que habían cuestionado el procedimiento seguido por el Senado.
En
julio, después de reunirse con Keiko Fujimori, Jorge Nieto anunció que su
partido sería un fiscalizador responsable. “Seremos oposición y estableceremos
un trato en favor de los intereses del Perú”, declaró entonces. Tres meses
después, ninguno de sus siete senadores votó contra el dictamen del
oficialismo.
El
fujimorismo consiguió así los votos que necesitaba para desconocer lo resuelto
por Diputados, imponer siete facultades que esa cámara había rechazado y
quebrar así la oposición. Con esa nueva mayoría, Keiko Fujimori ha logrado
controlar el Senado.
El
abogado y excongresista Fernán Altuve asegura que el Senado ha sentado un
precedente que le permitirá modificar a su antojo los proyectos aprobados por
Diputados, sin necesidad de devolverlos a esa cámara. En los hechos, sostiene,
los diputados han quedado relegados a presentar leyes que los senadores podrán
cambiar como quieran. “Sus funciones han quedado reducidas a proponer
proyectos, pero la potestad legislativa de decidir ha quedado en el Senado”,
afirma.
Altuve
sostiene que el Senado, ahora con una mayoría favorable al gobierno, solo
podía aprobar o rechazar el texto remitido por Diputados, además de introducir
correcciones formales que no alteraran su contenido. Incorporar siete
facultades que habían sido expresamente rechazadas excede, según explica, los
límites establecidos por la Constitución. “Eso es una desnaturalización en toda
la regla y en toda la ley”, dice.
La
mayoría fujimorista se amparó en una interpretación promovida por Carlos Mesía,
presidente de la Comisión de Constitución del Senado. Según esa lectura, los
senadores podían recuperar facultades rechazadas por Diputados siempre que
estuvieran vinculadas con las materias generales que esa cámara había
autorizado. Con ese argumento, el oficialismo reincorporó las siete
disposiciones que habían quedado fuera del proyecto. Según diversos abogados
consultados por esta revista, el Senado se atribuyó facultades que la
Constitución no le concede.
Altuve
lo llama, sin rodeos, dictadura senatorial. “El Senado lo que quiere es usurpar
la potestad legislativa solo para sí. Y esa usurpación es en sí misma un acto
dictatorial”, asegura. A su juicio, la cámara alta se ha atribuido la capacidad
de decidir por ambas cámaras, pese a que la reforma constitucional estableció
un Congreso bicameral. No una unicameralidad encubierta.
Con una
mayoría oficialista en el Senado, según Altuve, el gobierno de Keiko Fujimori
puede hacer de ahora en adelante ‘lo que le dé la gana”. Si Diputados aprueba
una ley, el Senado podría modificarla sustancialmente sin que los diputados
tengan oportunidad de pronunciarse sobre la nueva versión. “Cualquier proyecto
de ley que mande la Cámara de Diputados, el Senado ya se ha atribuido la
potestad de cambiarlo como le dé la gana”, advierte.
Un
escenario posible después de lo sucedido esta semana es que los diputados se
nieguen a legislar. El abogado recuerda que una crisis entre ambas cámaras
paralizó el Congreso entre 1947 y 1948, durante el gobierno de José Bustamante
y Rivero. En aquella ocasión, el Senado dejó de sesionar para bloquear a una
Cámara de Diputados dominada por el Apra. El enfrentamiento terminó impidiendo
el funcionamiento normal del Congreso. El presidente recurrió entonces a
decretos del Poder Ejecutivo para dictar normas que requerían la intervención
del Parlamento.
La
reciente victoria en el Senado, sin embargo, no ha conseguido fortalecer al
premier Luis Galarreta. Su fracaso para reunir los votos en Diputados dejó en
evidencia sus limitaciones como negociador y debilitó su autoridad al frente
del gabinete. Según Altuve, los días de Galarreta como presidente del Consejo
de Ministros estarían contados.
Altuve
compara las formas en que el fujimorismo consiguió los votos de Obras y Buen
Gobierno con los episodios de transfuguismo político del año 2000, durante las
postrimerías del régimen de Alberto Fujimori, y de 2016, cuando Pedro Pablo
Kuczynski llegó a la Presidencia sin mayoría en el congreso. “Ahora estamos
repitiendo la misma historia. Esos escenarios terminan mal”, asegura. El golpe
parlamentario que el fujimorismo preparaba desde las semana pasada ya se ha
consumado <>

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