sábado, 24 de octubre de 2026

LA CALIENTE COYUNTURA POLITICA EN EL PERU

 SE CONSUMÓ EL GOLPE:

EL SENADO MANDA

Américo Zambrano

En HILDEBRANDT EN SUS TRECE N° 803, 23OCT26

L

os fujimoristas encontraron la fórmula para volver a burlar el marco constitucional. A partir de ahora, contra lo que dice la “carta magna”, serán los senadores quienes legislen y serán los diputados los extras de las película. Ahí está el detalle.

No fue un topo ni un traidor solita­rio. Fueron cinco senadores de dos bancadas opositoras los que terminaron votando con el fujimorismo y le dieron a Keiko Fujimori este miérco­les 21 la mayoría que necesi­taba para controlar el Sena­do, la cámara más poderosa del Congreso bicameral.

Tres de ellos pertenecen al Partido Cívico Obras, de Ricardo Belmont, y dos al Partido del Buen Gobierno de Jorge Nieto Montesinos. La ruptura de la oposición no ocurrió de un día para otro. Hubo conversaciones y reuniones entre dirigentes durante varios días.

Pero fue la intervención de un operador político del viejo fujimorismo la que terminó inclinando la balanza, des­pués de que las negociaciones del premier Luis Galarreta no consiguieran los resultados esperados. Se trata de José Chlimper Ackerman, uno de los asesores más influyentes de la presidenta. Ricardo Belmont, líder de Obras, ha reconocido que se reunió con él antes de que sus senadores cambiaran de bando. Según dijo, son amigos desde hace cuatro décadas. El encuentro tuvo lugar en el departamen­to de Chlimper, en Miraflores. “Me invita a conversar y converso con él. Y le digo: nosotros no vamos a ceder en todo, pero vamos a destrabar la cancha”, contó Belmont.

Según fuentes consultadas por este semanario, Chlimper también buscó contacto con Jorge Nieto, líder del Partido del Buen Gobierno, la segun­da bancada que terminó apor­tando votos al oficialismo.

El presidente del Consejo de Ministros, Luis Galarreta, había recibido el encargo de conseguir que la Cámara de Diputados aprobara las 66 facultades legislativas soli­citadas por el Ejecutivo, o al menos la mayor cantidad posible.

Para ello se reunió con dis­tintas bancadas opositoras, entre ellas Ahora Nación y Juntos por el Perú. Pero sus gestiones fracasaron. La opo­sición, que controla Diputa­dos, redujo de 66 a 20 las facultades. Fue la primera gran derrota política del gobierno en el Congreso.

Para evitar otro revés en el Senado, la mandataria re­currió a Chlimper, un viejo cuadro del partido que fue ministro de Agricultura de Alberto Fujimori y conoce desde hace décadas los entre­sijos del poder. A diferencia de Galarreta, Chlimper tiene experiencia en negociaciones políticas y llegada a dirigentes de otras agrupaciones y a me­dios de comunicación.

Las gestiones de Chlimper no fueron anunciadas por Palacio ni formaron parte de las reuniones públicas encabezadas por el premier. Su intervención se conoció después, cuando la ruptura la oposición ya se había consumado.

Las primeras grietas aparecieron antes de la votación, viernes 16 los voceros de cuatro bancadas se reunieron durante varias horas en despacho de la senadora Lourdes Alcorta, de Renovación Popular. Participaron miembros de Fuerza Popular, Ahora Nación, Buen Gobierno y Renovación Popular.

Discutieron qué hacer con las siete facultades que el fujimorismo pretendía recuperar en el Senado y que la Cámara de Diputados había rechazado.

Alcorta asegura que aquella noche acordaron respaldar el pedido del gobierno. “Hicimos un pacto de unidad”, dijo. Se­gún su versión, Flavio Figallo, vocero del Buen Gobierno, se comprometió a respetarlo, pero al día siguiente envió un mensaje advirtiendo que el entendimiento estaba en peligro.

El senador Alfonso López Chau, líder de Ahora Nación, tiene una versión distinta. Asegura que se había plan­eado aprobar primero las 20 facultades autorizadas por Diputados y discutir después las otras siete, una por una. “El señor Figallo y yo dijimos que no”, asegura.

El lunes 19 se produjo la primera ruptura formal. Los senadores de la oposición habían decidido no asistir a la Comisión de Constitución para impedir que hubiera quorum mientras no se acla­raran los límites del Senado para modificar lo aprobado por Diputados dos semanas atrás.

Obras había participa­do en esas coordinaciones. Pero Roger Astucuri, uno de sus senadores, se hizo pre­sente en la sesión y permitió que el fujimorismo sacara adelante el predictamen de las siete facultades adicionales.

Daniel Barragán, también senador de Obras, es el se­cretario general del partido y responde directamente a Belmont. Había participado directamente en las conversa­ciones opositoras, pero llega­do el momento se alineó con el oficialismo. Según afirma ahora, su partido no había pactado votar contra las fa­cultades sino que cuestionaba la conducción de Carlos Mesía en la comisión. “No, no es un pacto”, respondió cuando este semanario le preguntó si Obras había llegado a un acuerdo con el fujimorismo.

La cercanía de Barragán con Fuerza Popular, sin em­bargo, no sería reciente. Una exdirigente de Obras que par­ticipó en la fundación del par­tido recuerda que Barragán solía poner al fujimorismo como ejemplo de disciplina interna. “Keiko habla y todos obedecen. Así tiene que ser el partido Obras”, decía Barra­gán, según esa versión. Tam­bién asegura que Barragán mencionaba con frecuencia algunas reuniones sosteni­das con el fallecido congre­sista fujimorista Hernando Guerra García.

En la votación del miérco­les, Barragán, Roger Astucuri y Walter Gago, de Obras, respaldaron al fujimorismo. Juana Ticona se abstuvo y Agripina Flores no asistió a la sesión por problemas de salud.

Cuatro días antes, el 17 de octubre, María Barragán Co­loma, hermana del senador, había sido designada asesora de confianza de la presidenta ejecutiva de EsSalud, Elizabeth Tomás Gonzales. Barra­gán niega haber intervenido en su nombramiento. Según fuentes de Obras consultadas por esta revista, el senador también tiene aspiraciones de convertirse en ministro de Keiko Fujimori antes de fin de año.


En el Partido del Buen Gobierno, el senador Jorge Gavidia anunció horas antes del pleno que votaría a favor del dictamen. Otro integrante de ese partido, Juver Flores, que había sido candidato al Congreso por Fuerza Popular en 2016, hizo lo mismo. Los otros cinco senadores de la bancada optaron por abs­tenerse, pese a que habían cuestionado el procedimiento seguido por el Senado.

En julio, después de reunir­se con Keiko Fujimori, Jorge Nieto anunció que su partido sería un fiscalizador responsa­ble. “Seremos oposición y es­tableceremos un trato en fa­vor de los intereses del Perú”, declaró entonces. Tres meses después, ninguno de sus siete senadores votó contra el dictamen del oficialismo.

El fujimorismo consiguió así los votos que necesitaba para desconocer lo resuelto por Diputados, imponer siete facultades que esa cámara había rechazado y quebrar así la oposición. Con esa nueva mayoría, Keiko Fujimori ha logrado controlar el Senado.

El abogado y excongre­sista Fernán Altuve asegura que el Senado ha sentado un precedente que le permitirá modificar a su antojo los proyectos aprobados por Diputados, sin necesidad de devolverlos a esa cáma­ra. En los hechos, sostiene, los diputados han quedado relegados a presentar leyes que los senadores podrán cambiar como quieran. “Sus funciones han quedado redu­cidas a proponer proyectos, pero la potestad legislativa de decidir ha quedado en el Senado”, afirma.

Altuve sostiene que el Se­nado, ahora con una mayoría favorable al gobierno, solo podía aprobar o rechazar el texto remitido por Diputados, además de introducir correc­ciones formales que no altera­ran su contenido. Incorporar siete facultades que habían sido expresamente recha­zadas excede, según explica, los límites establecidos por la Constitución. “Eso es una desnaturalización en toda la regla y en toda la ley”, dice.

La mayoría fujimorista se amparó en una interpretación promovida por Carlos Mesía, presidente de la Comisión de Constitución del Senado. Se­gún esa lectura, los senadores podían recuperar facultades rechazadas por Diputados siempre que estuvieran vinculadas con las materias gene­rales que esa cámara había autorizado. Con ese argumento, el oficialismo reincorporó las siete disposiciones que habían quedado fuera del proyecto. Según diversos abogados con­sultados por esta revista, el Senado se atribuyó faculta­des que la Constitución no le concede.

Altuve lo llama, sin rodeos, dictadura senatorial. “El Senado lo que quiere es usurpar la potestad legislativa solo para sí. Y esa usurpación es en sí misma un acto dictatorial”, asegura. A su juicio, la cámara alta se ha atribuido la capaci­dad de decidir por ambas cámaras, pese a que la reforma constitucional estableció un Congreso bicameral. No una unicameralidad encubierta.

Con una mayoría oficialis­ta en el Senado, según Altuve, el gobierno de Keiko Fujimori puede hacer de ahora en ade­lante ‘lo que le dé la gana”. Si Diputados aprueba una ley, el Senado podría modificarla sustancialmente sin que los diputados tengan oportuni­dad de pronunciarse sobre la nueva versión. “Cualquier proyecto de ley que mande la Cámara de Diputados, el Senado ya se ha atribuido la potestad de cambiarlo como le dé la gana”, advierte.

Un escenario posible después de lo sucedido esta semana es que los diputa­dos se nieguen a legislar. El abogado recuerda que una crisis entre ambas cámaras paralizó el Congreso entre 1947 y 1948, durante el go­bierno de José Bustamante y Rivero. En aquella ocasión, el Senado dejó de sesionar para bloquear a una Cámara de Diputados dominada por el Apra. El enfrentamiento terminó impidiendo el fun­cionamiento normal del Con­greso. El presidente recurrió entonces a decretos del Poder Ejecutivo para dictar normas que requerían la intervención del Parlamento.

La reciente victoria en el Senado, sin embargo, no ha conseguido fortalecer al premier Luis Galarreta. Su fracaso para reunir los vo­tos en Diputados dejó en evidencia sus limitaciones como negociador y debilitó su autoridad al frente del gabinete. Según Altuve, los días de Galarreta como pre­sidente del Consejo de Mi­nistros estarían contados.

Altuve compara las formas en que el fujimorismo consi­guió los votos de Obras y Buen Gobierno con los episodios de transfuguismo político del año 2000, durante las postri­merías del régimen de Alberto Fujimori, y de 2016, cuando Pedro Pablo Kuczynski llegó a la Presidencia sin mayoría en el congreso. “Ahora estamos repitiendo la misma historia. Esos escenarios terminan mal”, asegura. El golpe parlamentario que el fujimorismo preparaba desde las semana pasada ya se ha consumado <>

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