viernes, 11 de septiembre de 2026

LA COYUNTURA POLITICA EN EL PERU: LA MISION DE UN VISITADOR IMPERIAL

 C A R T A    A B I E R T A

En HILDEBRANDT EN SUS TRECE Nº 797, 11SET26

Señor Marco Antonio Rubio García:

H

a venido usted en son de triunfo. No es para menos. América Latina es ahora sí un patio trasero de los Estados Unidos, tal como lo soñaron algunos de sus predece­sores.

Pocas veces hemos visto tanta miseria humana en los pa­lacios de gobierno de esta región. Y usted nos ha recordado en Lima cuál es el grado de subordinación que el país que usted representa pretende consolidar.

Poco antes de llegar a Lima, tuvo usted la osadía de pu­blicar un cínico manifiesto que revelaba cuáles eran algu­nas de sus verdaderas preocupaciones.

“Durante demasiado tiempo, actores ajenos al hemisfe­rio respaldados por Estados extranjeros, específicamente de (sic) China, han ingresado a nuestra región con pro­mesas que esconden sus prácticas predatorias. Muy a me­nudo, su participación adopta la forma de contratos poco transparentes, endeudamiento insostenible, explotación de trabajadores y destrucción ambiental. Cuando los acti­vos físicos de un país quedan bajo la propiedad o el con­trol de otra nación, los países pierden su derecho sagrado a decidir su propio destino y enfrentan graves amenazas a su soberanía nacional...”, escribió usted en ese texto que ampulosamente publicó “El Comercio”.

¿Contratos poco transparentes? Sabemos de eso desde los tiempos de la International Petroleum Company, señor Rubio. Lo volvimos a saber cuando la empresa estadouni­dense Newmont se valió de Vladimiro Montesinos para entrar al accionariado de la minera Yanacocha, de la que es dueña absoluta desde el 2022. ¿Destrucción ambiental? Tenemos el ejemplo de la Cerro de Pasco Corporation, que contaminó y dañó cielo y suelo desde 1915 hasta 1974, año de su nacionalización. ¿Graves amenazas a la soberanía na­cional? Me imagino que no se habrá referido usted a Ve­nezuela, país que ustedes bombardearon para secuestrar a su ilegítimo presidente, entenderse con la cúpula de ese régimen y apoderarse de su petróleo.



Dice usted, al lado de Keiko Fujimori, que quiere combatir el narcotráfico, el crimen organizado y el terrorismo. Se lo dice a la hija de quien tuvo como socio a un señor que le cobraba 50,000 dólares mensuales a alias Vaticano y que fue capaz de venderle a las FARC fusiles comprados en Jordania. ¿Usted habla de narcotráfico cuando su jefe, el señor Trump, ha indultado al meganarco Juan Orlando Hernández, expresidente de Honduras y condenado a 45 años de prisión por inundar de cocaína a los Estados Unidos?

¿Habla usted de respeto por este hemisferio y de igual­dad entre naciones cuando el fuego aéreo ordenado por Trump ha hundido 68 embarcaciones y matado a 227 per­sonas en el Caribe y el Pacífico? ¿Eran narcos presuntos a los que la justicia fulminante de Washington condenó a muerte súbita, señor Rubio? ¿O eran navegantes borrosos a los que la locura de su patrón decidió eliminar para dar una demostración de fuerza?

Dice usted en su manifiesto que con China peligran “la transparencia y la seguridad de los datos”. ¿Lo dice el voce­ro de un país que espía a sus propios ciudadanos, como lo documentó Edward Snowden?

Dice usted que hay que luchar contra la inmigración ile­gal y tiene usted razón. Pero me imagino que no tratará de vendernos la idea de que lo que está haciendo su jefe con los indocumentados es una política ejemplar. Con ese criterio, señor Rubio, sus padres hubiesen tenido que ser expulsados de los Estados Unidos. Porque, como usted recordará, sus padres salieron de Cuba en 1956, tres años antes del ascenso del castrismo al poder, se quedaron su­brepticiamente en Miami y se hicieron ciudadanos recién en 1975. Sus padres, señor Rubio, huyeron de la dictadura derechista de Batista y lucharon para abrirse paso. Mi ho­menaje hacia ellos.

Es usted medio cubano y reaccionario entero. Cuba es un desastre del socialismo autoritario y su pueblo sufre penurias de toda índole. Pero usted sigue la política de agudizar el hambre de los cubanos y ha logrado nuevas restricciones al bloqueo que pesa sobre la isla. ¿No siente algo de vergüenza por ello?

Claro, es difícil imaginar que un duro emergido del Tea Party le conceda alguna pausa a la belicosidad. Por eso es que usted es un aliado incondicional del genocida Netanyahu y por eso es que el año pasado anunció sanciones para los cuatro jueces de la Corte Penal Internacional que san­cionaron a Israel y Estados Unidos por la masacre de Gaza.

¿Sigue usted pensando que el Canal de Panamá debería regresar a manos de los Estados Unidos y que la ocupación de Groenlandia es un asunto de importancia estratégica para los Estados Unidos? ¿Ha revocado usted el acuerdo firmado con Bukele para que una buena cantidad de “inde­seables” atrapados en los Estados Unidos sean enviados al Centro de Confinamiento del Terrorismo de El Salvador?

Su país, señor Rubio, ha vuelto a la Doctrina Monroe, ocurrencia imperialista imposible de sostener en el largo plazo. Lo único que lograrán con la brutalidad de las ar­mas y el saqueo será que haya una nueva y generalizada respuesta intelectual y popular. Por ahora, se creen inven­cibles. Pero la historia da muchas vueltas. ¿Recuerda us­ted Vietnam? Quizá más fácil sea para usted recordar lo de Afganistán. No todos los latinoamericanos tenemos alma de vasallos. Vuestra prepotencia genera repudio. Y su respaldo a una casta de derechistas próximos al hampa suble­va a quienes piensan que la democracia y la justicia social no son incompatibles.

Me eduqué también leyendo a Dos Passos, a Faulkner, a Hemingway, a Capote, a Mailer, a McCullers. Siempre aprecié la libertad que ustedes defendieron en la segunda guerra mundial. No soy un enemigo de los Estados Unidos. Pero no me arrastro, como tantos, ante funcionarios como us­ted y regímenes como el que usted encarna. Ustedes, señor Rubio, han difamado a los Estados Unidos. Ustedes son lo peor que le pudo suceder al país que vio nacer a Lincoln. Y ustedes apadrinan a lo más turbio que ha germinado en los predios de la ultraderecha latinoamericana.

Atentamente,

Un “hispano” que no va a pedirle visa

No hay comentarios:

Publicar un comentario