EL “ESCUDO DE LAS AMÉRICAS”
Y
LA SOBERANÍA PERUANA
Por: Jorge
Luis Choque
Perú: 11/09/2026
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a incorporación del Perú al “Escudo de las Américas”, anunciada por la
presidenta Keiko Fujimori tras su reunión en Lima con el secretario de Estado
estadounidense Marco Rubio, debe ser analizada más allá del discurso oficial de
cooperación contra el narcotráfico y el crimen organizado. Según la información
disponible, la iniciativa fue presentada por Washington como una coalición para
enfrentar redes criminales transnacionales, fortalecer el intercambio de
inteligencia y contener la migración irregular y la “injerencia extranjera” en
el hemisferio. Sin embargo, el alcance y la conducción por EE UU plantean una
cuestión central: ¿es cooperación entre Estados soberanos o un nuevo
alineamiento regional bajo la primacía de Washington?
Desde una perspectiva crítica, el “Escudo” puede interpretarse como
una actualización de la lógica hemisférica asociada históricamente con la
Doctrina Monroe: América Latina como espacio privilegiado de influencia
estadounidense. La propia descripción oficial de la iniciativa incluye, además
de la lucha contra carteles, el objetivo de detener la “injerencia extranjera”
y la migración masiva, lo que revela que no se trata exclusivamente de una
política antidrogas. En esa formulación, China aparece como competidor
estratégico y no simplemente como socio comercial. Así, el combate al crimen
puede funcionar como lenguaje legitimador de una estrategia destinada a
asegurar la alineación de gobiernos latinoamericanos y a limitar sus vínculos
autónomos con Beijing, Moscú u otros actores internacionales.
La dimensión económica es relevante. América Latina posee recursos
estratégicos indispensables para la transición energética y la industria
tecnológica, entre ellos litio, cobre, tierras raras, grafito y otros minerales
críticos. EE UU busca reducir su dependencia de cadenas de suministro dominadas
por China, mientras las empresas chinas han ampliado su presencia en la
extracción, el procesamiento y el financiamiento de minerales latinoamericanos.
Análisis recientes señalan que China concentra una proporción decisiva del
procesamiento mundial de tierras raras y litio, mientras Washington necesita nuevas
fuentes y acuerdos de suministro en la región. En este contexto, la cooperación
en seguridad no puede separarse automáticamente de la disputa por rutas,
puertos, infraestructura, mercados y acceso preferente a recursos estratégicos.
Para el Perú, esta disputa tiene una importancia particular debido a su posición minera, su litoral del pacífico y el creciente vínculo comercial con China. El puerto de Chancay y la condición China de principal socio comercial peruano muestran que Lima ocupa un lugar relevante en la competencia geopolítica del pacífico sur. Por ello, el ingreso al “Escudo de las Américas” podría ser visto en Washington como una oportunidad para contrarrestar la influencia china, más que un mecanismo de seguridad ciudadana. En ese sentido, es más probable que la lucha contra el narcotráfico sea utilizada para condicionar decisiones sobre inversión minera, infraestructura portuaria, tecnología y comercio exterior, reduciendo la autonomía del Perú para relacionarse con distintos socios según sus propios intereses nacionales.
Una soberanía responsable exige que el Perú rechace toda forma de
subordinación geopolítica y defienda, sin ambigüedades, su independencia
nacional. En un escenario internacional marcado por los intereses económicos,
políticos y estratégicos de las grandes potencias, el verdadero riesgo no está
en la cooperación internacional, sino en aceptar relaciones desiguales, opacas
y condicionadas, sin la capacidad soberana de decir no cuando estén en juego
los intereses del país. Si bajo el pretexto de combatir el crimen, el denominado
“Escudo de las Américas” pretende subordinar la seguridad nacional y nuestros
recursos estratégicos a la agenda de Washington, entonces no estaremos
fortaleciendo al Estado peruano, sino entregando soberanía, hipotecando nuestra
autonomía y aceptando una nueva tutela política y militar. Un país que renuncia
a decidir sobre su seguridad, su territorio y sus recursos deja de actuar como
Estado soberano y termina convertido, en los hechos, en una colonia sometida a
los intereses de una potencia extranjera. <>


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