martes, 8 de septiembre de 2026

LA COYUNTURA LATINOAMERICANA : EL CASO VENEZUELA

 TRUMP SE APROPIA DEL PETRÓLEO VENEZOLANO

INFORME SEMANAL DE POLÍTICA EXTERIOR •7 DE SEPTIEMBRE DE 2026

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onald Trump y Delcy Rodríguez anunciaron el 28 de agosto un acuerdo de enorme alcance que permitirá a Estados Unidos participar directamente en la explotación de unos 65.000 millones de barriles de reservas venezolanas, alrededor de una quinta parte del total del país.

El pacto gira en torno a North American Blue Energy Partners (NABEP), una petrolera privada controlada por el empresario venezolano Alejandro Betancourt. Las autoridades venezolanas le han concedido derechos durante 100 años sobre 17 campos petroleros del lago de Maracaibo y la faja del Orinoco. A cambio, el gobierno estadounidense tendrá derecho a adquirir una participación del 35% en la matriz de la compañía mediante warrants que le permitirían comprar las acciones por un precio muy reducido, además de adquirir a precio de coste el 20% del petróleo producido.

Venezuela posee cerca del 17% de las reservas mundiales de petróleo, pero contribuye con solo el 1% de la producción mundial diaria. Según Trump, el nuevo marco atraerá finalmente el capital necesario para recuperar la industria venezolana, además de duplicar el acceso estadounidense a reservas petroleras y garantizar su suministro durante décadas. Horas después, Rodríguez se hizo eco de sus palabras, aunque citando distintas cifras y plazos. NABEP sostiene que movilizará cerca de 100.000 millones de dólares de inversión.

En su comunicado, la Casa Blanca presentó explícitamente el acuerdo como parte de su estrategia para reducir la influencia de sus adversarios en el hemisferio occidental. Algunos de los campos adjudicados a NABEP estaban anteriormente en manos de empresas chinas y rusas.

En Venezuela, como en el resto de la región, los recursos del subsuelo pertenecen a la República. La oposición cuestiona que las actuales autoridades tengan legitimidad para comprometer durante un siglo una parte tan importante de las reservas nacionales.

El congresista demócrata Sean Casten advirtió a las petroleras que cualquier arreglo con Caracas podía ser invalidado por el Congreso, una nueva administración o un futuro gobierno venezolano. María Corina Machado, por su parte, defendió que cualquier inversión extranjera debe realizarse bajo un gobierno legítimo, mediante procedimientos transparentes y con garantías jurídicas.

Ahora ya se sabe para secuestraron a Maduro
Tras la captura de Nicolás Maduro el 3 de enero, Trump dejó claro que el petróleo formaba parte de sus cálculos sobre el futuro de Venezuela. Aseguró entonces que gobernar el país “no nos costará nada” gracias al acceso preferente estadounidense a sus yacimientos y añadió: “Vamos a hacer mucho dinero”.

Washington comenzó poco después a ejercer un control directo sobre los ingresos petroleros venezolanos. El Departamento del Tesoro asumió la custodia de buena parte de los ingresos por exportaciones de crudo. Según cálculos de Transparencia Venezuela y el Financial Times, PDVSA facturó entre 15.100 y 16.900 millones de dólares durante el primer semestre, de los que entre 12.500 y 13.600 millones fueron depositados en el fondo bajo control del Tesoro.

El nuevo acuerdo ha provocado críticas incluso entre venezolanos que habían defendido la intervención estadounidense contra Maduro. Ricardo Hausmann, exministro de Planificación y profesor en Harvard, ha acusado a Washington de utilizar su poder no para facilitar una transición democrática, sino para alcanzar un entendimiento con quienes continúan gobernando el país.

A ello se suma la controvertida figura de Alejandro Betancourt. El empresario venezolano ha sido investigado en varios países por presunto blanqueo de capitales y pesa sobre él una orden de detención suiza. Según el Washington Post, la Casa Blanca presionó a Suiza para que retirara los cargos y le otorgó un visado de entrada múltiple a EEUU.

También existen dudas en la propia industria estadounidense. ExxonMobil y ConocoPhillips guardan malos recuerdos de Venezuela por la nacionalización en 1976 de la industria y las expropiaciones de sus activos por Hugo Chávez en 2007. Darren Woods, CEO de ExxonMobil, ha dicho que no habrá una tercera vez. Chevron, que ya opera en el país, sí contempla nuevas inversiones.

Con un golpe de efecto, Trump pretende aumentar la oferta y contener el precio de los combustibles antes de las elecciones legislativas de noviembre. El problema es que la producción venezolana no puede recuperarse de la noche a la mañana. Los grandes yacimientos necesitan inversiones multimillonarias y años de trabajo antes de generar volúmenes suficientes para alterar significativamente el mercado mundial.

Delcy Rodríguez sostiene que la operación atraerá más de 100.000 millones de dólares de inversión y generará 209.000 millones en ingresos fiscales. Esta última cifra equivale a unos 3,2 dólares por cada uno de los 65.000 millones de barriles incluidos en el acuerdo, menos del 5% de su precio actual.

Rafael Ramírez, expresidente de PDVSA, compara el esquema ideado por Trump con el fondo para Irak que administró Washington tras la invasión de 2003 y que le permitió controlar los ingresos petroleros iraquíes durante más de 20 años. ●

LA IZQUIERDA, TORPEZAS Y TRAICIONES

José Manuel Rodríguez*

E

n un artículo anterior presenté mis consideraciones sobre el fracaso de los socialismos en el mundo. Estaban centradas en las conocidas torcidas de sus partidos, siempre empeñados en ese oxímoron llamado “centralismo democrático” y, en el control de toda forma organizativa existente. Las respuestas recibidas de aquellos comprometidos con estos procesos, fueron apabullantemente contrarias a mis afirmaciones. Por eso asumo que vale la pena ser más preciso.

Los explotados y los desposeídos han sido siempre, en la teoría, el sujeto histórico de toda revolución y, el partido, su vanguardia. Fue Chávez, en Venezuela, desaparecidos históricamente, los soviets de Lenin, quien perfiló su nueva forma. La comuna era ahora el sujeto histórico. En ella todos son actores y, su asamblea, máxima autoridad. Ese teórico régimen comunal, sería el verdadero y masivo organismo para asumir la nueva manera de producir y ejercer el control del gobierno de las ciudades. Sería el nuevo socialismo.

Esas comunas conformarían y asegurarían, con su forma abierta de democracia, los gobiernos de las ciudades, el control de ellas y la producción y distribución de lo producido. Retarían a la producción privada, obligada ahora, a replantearse el asunto del llamado “libre mercado”.

En un panorama como este, el partido de la revolución debe constituirse como un partido de cuadros*, participando activamente en la conformación de las comunas, haciéndolas avanzar, formando políticamente a sus ciudadanos, convirtiéndose, por la coherencia de sus palabras y acciones, en su vanguardia. Sin embargo, Chávez cayó en la trampa socialdemócrata del gran partido de masas**. Y eso, significó poner lo comunal bajo el control del partido convirtiendo, a todos sus miembros, en militantes. 

Era inevitable que así sucediera. Había sido la discusión más importante de la izquierda europea de todo el siglo XX. Discusión extendida por buena parte de Latinoamérica, en las décadas finales del siglo. El derrumbe penoso y solitario de la URSS y sus satélites, fue sólo el epílogo. Ya lo del soviet de Kronstadt primero, Stalin después y, el fallecimiento de Mao más tarde, habían acabado con la ilusión libertaria de la revolución. De ahí que, lo planteado por Chávez diera nuevo impulso a esta gesta libertaria. Su inteligencia y fortaleza eran la garantía, pero lo derrotó el partido. <>

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*Partido de cuadros:  integrados por militantes de gran lealtad y disciplina, guías severos del rumbo en las turbulentas aguas donde la revolución y la contrarrevolución chocan; de probada calidad doctrinal y dispuestos al combate político y militar.

**Partido de masas: La vieja acepción europea de la socialdemocracia ambidiestra, copiada en Venezuela por AD, fue ahora repetida por el PSUV.

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* Nació en las Islas Canarias, España, en 1944. Llegó, navegando en un tanquero petrolero, a Caripito estado Monagas en 1951. Se nacionalizó venezolano en 1960. Se graduó de arquitecto en la Universidad Central de Venezuela en 1973 y ejerció allí la docencia del diseño durante 28 años. 


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