lunes, 22 de junio de 2026

TAREAS PARA EL NUEVO CONGRESO

 LO CHOLO EN EL PERÚ

“Lo cholo en el Perú”, es un tema del que se habla mucho desde el siglo pasado, y -pese a todo- no pierde vigencia y aparece especialmente en fechas como las Fiestas Patrias o en épocas electorales. Estas ocasiones nos invitan reiteradamente a reflexionar sobre los lazos que nos unen y las diferencias que nos separan, a nosotros, los nacidos en esta hermosa tierra del Sol.

“Cholo soy y no me compadezcas” cantaba Luis Abanto Morales con su cara chola, el color cholo, cholo. Eran otros tiempos cuando cantaba, dando brinquitos salerosos, “déjame en la puna vivir a mis anchas, trepar por los cerros, detrás de mis cabras, arando la tierra, tejiendo mis ponchos, pastando mis llamas y echar a los vientos la voz de mi quena”. Desde entonces, el país ha cambiado, Kausachum Perú. El racismo existe, pero aparenta no ser tan fuerte como hace tres décadas. La vergüenza de ser cholo es menor en quienes hemos ocupado Lima en nocturnidad y sin alevosía a partir de las migraciones sucesivas de provincianos a quienes “las locas ilusiones nos sacaron de mi pueblo para venir a conocer la capital”. Ah, tiempos.

Pero, ¿qué es ser cholo en el Perú? El sociólogo Gonzalo Portocarrero explica que es una condición que se vive todavía con incertidumbre. Es reconocerse descendientes de esa plebe mestiza que hace siglos se fue asentando en el territorio nacional. ¿Recuerdan a Garcilaso de la Vega, nuestro cronista? Él explicó que “al hijo de negro y de india o de indio y negra dicen mulato y mulata. A los hijos de estos llaman cholo; es vocablo de las Islas de Barlovento; quiere decir perro, no de los castizos sino de los muy bellacos y gozones; y los españoles usan del por infamia y vituperio”. Está en los “Comentarios Reales”.

Portocarrero, profesor en la Pontificia Universidad Católica del Perú, dice que el cholo no tiene aún muy definidas sus raíces, no sabe si está cambiando hacia Occidente o está permaneciendo en los Andes. Ahora yo choleo, tú choleas, él cholea. El apellido, el color de la piel, el idioma, las costumbres entre otros, definen los rasgos de lo que conocemos como cholo. Éste se define también a partir de lo indígena y de lo criollo occidental.

Portocarrero advierte cierto sentimiento de orfandad en quienes se sienten cholos por lo mismo que son excluidos y a veces muy malamente en el entorno social. La cantante Dina Páucar contó alguna vez que cuando llegó a Lima se reían de ella, por su condición andina. Y por eso lloraba mucho. Ahora que es muy popular y ha triunfado, se ríe al recordar esos pasajes de su vida y exhibe con orgullo su condición de chola.

Rodrigo Montoya, a su vez, doctor en Antropología por la Universidad de París, escritor prolífico dice que “se le llama cholo a alguien que viene de los pueblos indígenas, que habla muy bien su lengua materna y trata de aprender el castellano, que confunde la ‘e’ con la ‘i’ y la ‘o’ con la ‘u’ y que hace esfuerzos notables para desprenderse de sus hábitos culturales indígenas y adoptar los occidentales. De esa confusión deriva otro insulto: “cholo motoso”. Lo biológico y lo cultural se combinan y mezclan, pero el componente cultural es el más importante”.

El tema está muy lejos de estar agotado en el mismísimo ambiente académico y de investigación social. El racismo forma parte medular en nuestra realidad social. Por eso en universidades y en organismos no gubernamentales están presentes las tareas que buscan esclarecer y si fuera posible ayudar a erradicar esa forma de discriminación estructural por razón de la sangre, la apariencia física o las peculiaridades del comportamiento cultural de las personas.

Haría bien el nuevo Congreso de la República establecer “lo cholo en el Perú” entre los asuntos de alta importancia de su agenda quinquenal. Así, los legisladores tendrían la oportunidad de escuchar en su propia casa, los muchos enfoques que se han elaborado para entender mejor nuestras raíces sociales y culturales. Iluminados por las sabias palabras de los estudiosos más enjundiosos del medio, los diputados y senadores verían de cerca el rostro, color tierra, de la realidad peruana y muchos se verían a sí mismos reflejados en el análisis de lo que los sociólogos llaman en su extraño neologismo el “laberinto de la choledad”. Se hablaría sobre lo cholo y la nueva modernidad, la cultura y la identidad chola, lo cholo y la esperanza religiosa, los pagos al cerro, Sarita Colonia y los misayocs urbanos. La familia, las mujeres, el amor y la sexualidad cholas tampoco estarán ausentes en las mesas de discusión en comisiones o en los hemiciclos.

Se hablaría también de la comida y el mestizaje. Ver entonces qué es una pachamanca, saber si la comida criolla es chola y si aquello que adorna la mesa del peruano medio, es un plato que en su origen fue tan cholo como las hojas de atajo que crecen en los Andes. Conoceríamos todos una vez más que la comida peruana es la más variada y la más rica del mundo. Y también chola, por supuesto. Para cocinar contamos con carnes y verduras de toda clase. Nuestra topografía muy especial nos permite tener faunas y floras poco menos que inagotables. Tenemos pescado de río, pescado de mar y pescado de lago. Disponemos de miles de variedades de papa, que se transforma, en la mesa, en platos distintos, como es el caso del muy andino chuño blanco que, hervido con leche y con queso tierno, es uno de los platos más originales y sabrosos del mundo. Tambien están el olluco y la oca. ¿Sabía usted que el chupe, en cualquier forma que se sirva, lleva en su origen el signo distintivo de su choledad?  Eso ocurre en los casos del chupe de camarones y en los grandes chupes de tierra adentro como el chairo, el chaque, el timpusca, el pebre, el chupe de ollucos, el chupe de conejos y el chupe de habas, ente otros.

Tenemos a la carapulca, ese suntuoso guiso de papa seca, de carne de chancho y de maní. El timpusca, chupe hecho a base de cecina de carnero y de algas marinas o lacustres. El tamal en sus diferentes versiones. El caucau, aromatizado con tomillo, con yerba buena y con comino y una punta de ají es otro de los platos tan cholo que siempre agradarán en cualquier mesa. No se puede dejar de citar las yerbas emblemáticamente peruanas: el huacatay, el paico y la muña, de aromas especiales y muy andinos. Con estas yerbas, el plato más humilde adquiere categoría y elegancia.

De todo eso y de mucho más, se podría hablar cuando se busque explicaciones sobre lo cholo en el Perú; de la historia de las luchas reivindicativas y justicieras de los cholos; de los cholos y las cholas en la literatura peruana; de la música chola, de la cumbia peruana, del huaiño y todas sus variantes. En fin, hay posibilidades múltiples de conocer la choledad y en base a ese conocimiento amplio y veraz, construir de una vez y afianzar el verdadero ser nacional del Perú. <>

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