César Hildebrandt
En HILDEBRANDT EN SUS TRECE Nº 788, 26JUN26
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os fujimoristas
proclaman ahora que serán dialogantes y amplios. Hasta hablan de un gabinete
plural y técnico.
Claro, la moderación es
un lujo que pueden darse provisionalmente porque lo más arduo del trabajo sucio
ya fue hecho por el Congreso que ellos presiden.
Cómo no van a tener
maneras suaves si la Junta Nacional de Justicia es un basurero, el Tribunal
Constitucional un mingitorio y la Defensoría del Pueblo una conserjería. Cómo
no van a simular una voz convocadora cuando las leyes de la impunidad ya fueron
dadas y cuando alias Fiscal de la Nación está a su servicio. Cómo no van a
tener mirada de gentiles cuando un poder judicial atemorizado ve caer, uno tras
otro, a quienes plantearon la resistencia como salida.
La maquinaria pesada del
congreso del hampa demolió las casas que le eran ajenas. Ahora viene la
arquitecta con cara sonriente a hablamos del futuro común, la reconciliación y
los nuevos tiempos.
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| Fujimori vuelve encarnado en su hija |
Al poco tiempo, Fujimori
se deshizo de todo lastre, empezando por la izquierda que había votado por él
y siguiendo por el evangelismo que había hecho campaña en calles y plazas, y
adoptó el programa del Fondo Monetario Internacional. El show se había
convertido en shock. Después dio el golpe de Estado y le ofreció al Perú
la deshonra. Las calles aplaudieron.
Ahora es lo mismo porque
la heredera es, moralmente, calco y copia de su padre. Y ahora, otra vez, un
ejército de tragaldabas, una legión de olfativos oportunistas, una masa de
sanchos montados en asnos de todos los pelajes, miran qué puerta se entreabre,
qué puente colgante se vislumbra, qué sueldo público aparece en alguna partida
de emergencia.
El drama del fujimorismo
es que no puede conquistar adeptos porque carece de ideales, programa, metas.
Lo que hace es reclutar beneficiarios expectaticios y con eso no se hace un
partido sino una federación de apetitos. La gente que votó por Fujimori por
miedo a la inseguridad ya fue retribuida en el mejor estilo de la mafia: la ley
Rospigliosi sobre el fuero militar-policial garantiza que los uniformados que
maten en el ejercicio de su labor serán juzgados por el colegaje. A eso le
llaman el regreso del orden.
Ese es el fujimorismo en
su esencia: militares con licencia para matar, civiles abocados a favorecer a
la riquería donante, legisladores atentos a las demandas de los empresarios que
enfrenten algún problema. Y mucha prensa adicta y mermelera que seguirá los
pasos de la presidenta y hará de cada viaje a la pobreza (en helicóptero) una
gesta digna del rey Midas.
La señora Fujimori tiene
que entender que le ha ganado por un puñado de votos (44,000 cuando escribo
estas líneas) al peor candidato del menú electoral. Le ha ganado míseramente a
alguien que tenía el estigma del antaurismo en la frente y en la cabeza el
sombrero de quien había querido ser el Fujimori de la izquierda rampante. Ha
vencido con las justas a quien fue acribillado por una vasta campaña de la
prensa escrita, la televisión telepronteada y la radio chueca.
Y esos más de nueve
millones de miradas atentas no quieren componendas ni pactos con quienes destruyeron
las instituciones en los 90 y reivindican ahora al hombre que produjo tamaña
devastación.
El Pacto de la Moncloa
fue posible cuando Adolfo Suárez desmontó el edificio dictatorial de Francisco
Franco, a quien había servido en distintos cargos. Si Suárez no hubiera
renegado en los hechos de la dictadura en la que actuó, el parto de la
reconciliación española habría sido imposible. La señora Fujimori -al lado de
la senadora Martha Chávez y de otras sombras notorias- no se arrepiente de nada
y proclama el buen gobierno de su padre. Es triste y vergonzoso. Es como si
María del Carmen Franco Polo, la hija del caudillo, hubiese ganado
estrechamente las elecciones en España. Es como si Inés Lucía Pinochet Hiriart
estuviese a punto de entrar a La Moneda por mandato popular. Es como la
serpiente que se muerde la cola, imagen que también representa al infinito. <>


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