lunes, 29 de julio de 2024

IMAGENES: CAMPESINOS DE ESPALDAS

 





DEBATE SOBRE INDEPENDENCIA DEL PERU

 EL MIEDO DE LA POBLACIÓN PREVIO A LA PROCLAMACIÓN DE LA INDEPENDENCIA DEL PERÚ

El arribo del general José de San Martín y el Ejército Libertador causó miedo para algunos vecinos de Lima, sobre todo para comerciantes, funcionarios y la nobleza, ahora la guerra tocaba sus puertas. ¿Cómo esos temores influenciaron en la Independencia del Perú?

El historiador Arnaldo Lenin Mera Ávalos señaló que el miedo de los vecinos de Lima de un eventual levantamiento de la plebe desaparecerá cuando el general San Martín ingresó a la ciudad pacíficamente y garantizó a un sector de la sociedad realista la seguridad y que no habría una “ruptura completa” con el establecimiento de una República. 

Diego Ayma Ayma, RPP NOTICIAS, 27 de julio, 2024

A

cechaba de día y de noche. Merodeaba en los extramuros de la antigua ciudad. La desesperación se percibía en las calles ante su arribo inminente. El hambre y la enfermedad invadían las casas. Rumores de saqueos y violencia se esparcían por doquier en Lima. La desconfianza al otro imperaba. Algunos acudían a los conventos para resguardarse, mientras otros huían entre gritos y confusión hacia la fortaleza del Real Felipe, en el Callao. Sin embargo, aquello que pensaban asediaba a la capital del Virreinato del Perú en 1821 hace tiempo que ya estaba entre ellos: el miedo.

En septiembre de 1820, el Ejército Libertador del Sur desembarcó en Paracas, con la misión de contribuir con los patriotas en la emancipación del Perú. Su arribo era una preocupación para algunos vecinos de Lima, sobre todo para comerciantes, funcionarios y la nobleza, ya que las guerras de la independencia parecían lejanas. Pero, ahora, surgían viejos y nuevos temores que iban en aumento.

¿Cuáles eran los miedos de la población de Lima previo al ingreso del general José de San Martín con el Ejército Libertador? ¿Y cómo esos temores influenciaron en la Independencia del Perú?

Miedos justificados

El historiador Arnaldo Mera Ávalos (PUCP) señaló en su investigación Cuando la patria llegó a la capital: el miedo ante el advenimiento de la Independencia, 1820-1821, que ese temor se expresaba en una desesperación generalizada ante una eventual alteración del orden público y la subversión ante la autoridad.

Precisó que para la mayoría de los vecinos de Lima “no solo existía un miedo a aspectos doctrinarios de una ideología, que conllevaría el formar parte del ejército de la patria o simpatizar con esta”, sino que también “existía un miedo a la hipotética situación de un levantamiento de la plebe, que se podía volver real”. Es decir, las propiedades e intereses de cierto sector estaban en riesgo.

"Hay un miedo por parte de los habitantes (que tenía algún recurso) de que la plebe tomase la ciudad. La plebe estaba conformada por diferentes sectores populares y se incluían ahí a los libertos, tal vez a los esclavos que podían andar en las calles. Era gente con poca capacidad económica que saquearon pulperías. Sí, pasaron desmanes entre el 6 y el 9 de julio (de 1821). Sí hubo desmanes en la ciudad", dijo el historiador en conversación telefónica con RPP.

Arnaldo Mera aseguró que la población de Lima vivía en la incertidumbre de qué podía pasar con su seguridad cuando llegara el Ejército Libertador. Enfatizó que muchos de sus miedos estaban justificados por noticias de las rebeliones en Río de la Plata, en el Alto Perú, en Chile y la "ruptura exabrupta" que sucedió en la Revolución Francesa años en 1789.

"Se sabía que habían hechos de violencia, hechos bélicos y de represalia de los realistas. Los miedos no es que sean inventados, sino que es a raíz de la lectura de las gacetas, de tanto de la Gaceta de Madrid como de la Gaceta de Gobierno de Lima o de otras que llegaban a la capital (...) la población letrada se va enterando de lo que está pasando tanto por la Revolución Francesa, por la por la Revolución de mayo de 1810 de Buenos Aires y por todas las rebeliones indígenas del Alto Perú (...) la gente tiene miedo porque obviamente sabe que Lima es un reducto del realismo", indicó.

Hechos convulsos

Pero ¿cómo se llegó a esa situación? En pocos meses tras la llegada de Ejército Libertador al Perú una serie de hechos generaron la angustia en Lima durante 1820 y 1821: El 30 de octubre el almirante Thomas Cochrane inició el bloqueo del puerto del Callao ocasionando la carestía de alimentos, el 6 de noviembre se producirá la captura de la fragata española Esmeralda por parte de las fuerzas patriotas. Ese mismo mes el general José de San Martín se trasladó a Huacho.

El 2 de diciembre el batallón español Numancia desertó y pasó a las filas del Ejército patriota, mientras que el 6 de diciembre el general Juan Álvarez de Arenales venció a las tropas realistas en Cerro de Pasco y el 29 de diciembre la Intendencia de Trujillo proclamó su independencia. Finalmente, como la cúspide de un panorama desolador para los españoles el 9 de enero de 1821 se produciría el motín de Aznapuquio contra el virrey Joaquín de la Pezuela.

En medio de esta crisis política, una escasez de alimentos, una epidemia sobre la capital y el accionar de las montoneras, el nuevo virrey José de la Serna decidió abandonar Lima el 6 de julio rumbo al Cusco junto a todo el ejército realista. En ese momento, el pánico invadió a una población que fue abandonada a su suerte. Los vecinos de Lima empezaron a desconfiar del otro, oír rumores de saqueos, presenciar casos de violencia y esperar lo peor con la llegada de tropas extranjeras conformadas por la plebe y esclavos.

Según el historiador Gustavo Montoya en el libro El pueblo de Lima durante el proceso independentista [Munilibros, 2022], una epidemia azotó la capital del Virreinato del Perú cuando se registraban altas temperaturas a causa de un Fenómeno El Niño. Refiere que la insalubridad era tal que los hospitales de la ciudad estaban llenos de enfermos y algunos con casos terminales.

Además, destacó que en los valles alrededor de Lima grupos de montoneras patriotas, “compuestas por esclavos y grupos subalternos de mestizos y castas”, atacaban a partidas del ejército español y hacían suyas “la propaganda e intensa retórica patriota”.

Un ejemplo del terror que vivieron en esos días los vecinos de Lima lo da el marino y viajero inglés, Basil Hall, quien en su relato El Perú en 1821 señaló que el retiro del virrey La Serna de Lima provocó la “fuga inmediata” hacia la Fortaleza Real Felipe en el Callao por “miedo” y “puro pánico”.

“Grupos de gente a pie, en carros, a caballo, pasaban presurosos; hombres, mujeres y niños, con caballos y mulas y numerosos esclavos cargados con equipaje y otros valores, transitaban confundidos, y todo era gritería y confusión En la ciudad misma la consternación era excesiva; los hombres vacilaban en la terrible duda de lo que habría que hacer; las mujeres se veían por todas partes correr hacia los conventos; y las callejuelas estaban literalmente atestadas con carros y mulas cargadas y con jinetes. Toda la noche continuó la confusión y, al venir el día, el virrey salió con sus tropas, no dejando ni un solo centinela en el polvorín (…) un terror vago de alguna terrible catástrofe era la causa de este pánico universal”, escribió en su diario recogido en la Colección documental de la Independencia del Perú, tomo XXVII, volumen 1.

Rugendas: Lima en esos tiempos
Para Arnaldo Mera, el miedo de los vecinos de Lima de un eventual levantamiento de la plebe desaparecerá cuando el general San Martín ingresó a la ciudad pacíficamente y garantizó a un sector de la sociedad realista la seguridad de las calles y que no habría una “ruptura completa” con el establecimiento de una República como, por ejemplo, el respeto a títulos nobiliarios.

"Es un miedo frente a la ruptura de lo que de lo que se estaba viviendo. No se sabía qué podía pasar. Entonces, esa tranquilidad se la va a dar San Martín cuando ocupa pacíficamente la ciudad. Cuando el marqués de Montemira, a quien el virrey La Serna deja como gobernador de la ciudad -un anciano aristócrata de casi 80 años-, invita a San Martín y éste acepta su invitación, se va a perder el miedo a la plebe", explicó el historiador.

Miedo fuera de Lima, el caso Trujillo

El miedo que se sentía en Lima con el desembarco del general José de San Martín también existía en otras ciudades. El historiador de la Universidad Nacional de Trujillo, Juan Castañeda Murga autor (con Isaac Trujillo Coronado) de la investigación “Un acercamiento a la experiencia del miedo: la independencia en la ciudad de Trujillo, Perú”, analiza el temor de una eventual incursión armada en el norte del Virreinato del Perú “que permitió a la élite criolla comenzar a cuestionar su lealtad al rey y buscar otras alternativas de gobierno”.

En conversación con RPP, Juan Castañeda sostuvo que “hay varios niveles de miedo” de la población de Trujillo que inician con los procesos independentistas en Río de la Plata y Chile. Indicó, por ejemplo, que hay un temor a convertirse en súbditos de la monarquía inglesa y caer en el anglicanismo y dejar de pertenecer al reino de España.

Precisó que son tres las etapas de cómo el miedo se acentúa en la población de la Intendencia de Trujillo a través de expediciones navales: En 1816, con la expedición de Brown al virreinato, el asalto del puerto de Santa en 1819 por parte de Cochrane y, finalmente, con la presencia del general San Martín al norte de Lima en 1820.

“Estos insurgentes son vistos como piratas, porque también atacaron Paita, Santa y el mismo Huanchaco (…) y claro estas noticias llegan a Trujillo y la gente pues siente miedo”, afirmó.

Juan Castañeda señaló que los temores tienen su culmen con la presencia del general San Martín en el Perú y la élite trujillana comienza a pensar que es hora de optar mejor por la independencia “en salvaguarda de los intereses”.

“San Martín llega al país en septiembre de 1820 y el cabildo dejó de sesionar. Claramente se nota que están pensando en optar por la independencia (…) optar por la independencia porque quieren proteger sus negocios. Además, porque la independencia de Chile significó la pérdida de un mercado”, aclaró.

"Plebe"
¿Miedo a la plebe?

La historiadora de la PUCP y editora del libro El miedo en el Perú Siglos XVI al XX, Claudia Rosas Lauro, explicó en conversación con RPP que el miedo a la plebe, que así se llamaba en el siglo XVIII a los sectores populares, era un "temor estructural" que venía de años atrás. Afirmó que era un grupo al que “siempre se veía como algo potencialmente amenazante” sobre todo en coyunturas de crisis.

"Lo que pasa es que en el siglo XVIII las ciudades, no solo en el Perú, sino en América; tenían un componente multiétnico muy grande que era superior a los criollos y españoles. Y estos sectores populares están constituidos por población indígena que vivía en las ciudades. Castas, que eran las llamadas mezclas étnicas donde estaban mestizos, libertos, afrodescendientes; y todo este conjunto era un conjunto numeroso de personas, según el censo 1790", precisó.


Claudia Rosas
, integrante de la Academia Nacional de la Historia, aseguró que en ese entonces existía un temor a estos grupos porque "había una visión negativa", ya que se pensaba que eran "proclives al hurto, no tenían temor de la autoridad, que les gustaban los juegos de azar, el alcoholismo, y eran poco dados al trabajo".

"Esta visión desde la Ilustración se afirmó en el siglo XVIII. Y a estos sectores que habían ganado en presencia en la ciudad se buscaba controlarlos. Si nosotros pensamos desde 1780 con la rebelión de Túpac Amaru II, luego el impacto de la Revolución Francesa en la década de 1790 sobre todo, y los posteriores sucesos de la independencia, hay muchas coyunturas de un temor muy grande a desmanes, a las conspiraciones, a la movilización social de estos grupos que pudieran amenazar a los grupos de poder, a las clases altas en la ciudad", dijo.

"Los miedos no vienen solos"

Ante la consulta de qué temor imperaba más durante el proceso emancipador, Claudia Rosas aclaró que, al analizar la historia de la independencia del Perú y la del continente, que trata en el libro Los miedos sin patria. Temores revolucionarios en las independencias iberoamericanas [Madrid, 2019], observa que “los miedos no vienen solos” citando al historiador francés, Jean Delumeau, quien trató el estudio sistemático del miedo en Occidente en la época moderna.

“Es lo que él llama el tren de miedos. Entonces, el miedo a la violencia, al atentado frente a la vida, pero también a las propiedades venía de la mano con el temor a las nuevas ideas, a la inversión del orden social, político y religioso, incluso económico, del statu quo. Esos temores vienen juntos y en determinadas coyunturas se mezclan. A veces cobra más importancia alguna, pero un temor también está vinculado a otros temores”, expresó.

Negros en independencia
“Por ejemplo, el miedo a la patria, a la independencia, venía con esos otros temores que acabo de mencionar. Es más, incluso el miedo a la intromisión considerada extranjera en la independencia, el miedo a figuras de autoridad, que fueron los libertadores como San Martín y Bolívar. Pero a la vez estaba el miedo a la anarquía, y por eso posiciones fuertes”, manifestó.

Es así, que Claudia Rosas remarca que se debe entender que la independencia es “un periodo diverso, complejo, con coyunturas diferenciadas” donde no podemos decir que un miedo específico primó más que otro en todo el proceso emancipador.

"Una cosa es la década de 1810 y otra cosa va a ser, por ejemplo, la década de 1820. Mientras en una hay movimientos con reivindicaciones sociales a nivel regional y grandes movimientos como el del Cusco de 1814 y 1815; en la década de 1820 es un contexto de guerra, de revolución más fuerte, con los ejércitos libertadores que vienen con San Martín primero y después con Bolívar. Y es un momento donde la contingencia de la guerra y de la política está pesando. Entonces, ahí los temores funcionan de manera diferente; pero además hay un temor diferenciado, porque una cosa es lo que temen los sectores populares, los indígenas, y otras otros temores son aquellos de las élites sobre una inversión del orden. En cambio, para estos otros sectores, no todos claro, era una posibilidad de poner en el tapete sus reivindicaciones”, finalizó.

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COMENTARIO.- El miedo es un sentimiento de inseguridad producido por una causa identificada. En el contexto de las independencias, dicha causa la protagonizó un tren de miedos como el impacto de los movimientos sociales y políticos con las nuevas ideas que los inspiraron, caso de las revoluciones francesa y haitiana; la amenaza de la movilización de la población indígena, esclava o de castas o, simplemente, los rumores, con o sin fundamento, producto de la instrumentalización de los miedos por parte de los poderes constituidos.

Las revoluciones de independencia iberoamericana fueron el proceso revolucionario de mayor envergadura en la primera mitad del siglo xix y constituyeron un proceso histórico dinámico, continental e interconectado de los miedos a la Revolución.

Se hace necesario analizar ese complejo y apasionante proceso desde una nueva perspectiva, la de los temores colectivos, enfocando el origen, la naturaleza y las dinámicas de esos temores en un contexto de crisis, guerra y revolución.

domingo, 28 de julio de 2024

PARA LA HISTORIA DEL PERIODISMO EN PUNO

 110 AÑOS DEL PERIÓDICO PUNEÑO

"LA VOZ DEL OBRERO".

Escribe: Eduardo Hipolito Paredes Chukiwanka

H

oy 28 de julio, se cumplen 110 años de la edición del primer número de "La Voz del Obrero", y habría que conmemorar tan significativo acontecimiento para el desarrollo cultural de Puno.

En el Editorial de dicho periódico y como primera palabra se dice "Hace tiempo que se dejaba sentir la necesidad de fundar un órgano de publicidad que se ocupara de defender los derechos de la clase obrera y propendemos a la unificación y mejoramiento del obrero y la publicación que hoy nace al calor de los sentimientos nobles, laborará en ese sentido, sin salir del marco de la ley, pero con pie seguro y firme a fin de salvar las vallas que pretendan destruir su camino... ".

Su Director fue don J. Eduardo Fournier Barionuevo, que a la vez era Presidente del Club " Sport Juventud Obrera ". El cuerpo de redacción estaba constituido por: Alejandro Cáceres (Dronaleja), Manuel Z. Aragón (Leunam), Aurelio Martínez (Aumares): José Manuel Sierra (Coquelicot). Arturo Peralta. (P), Jacinto Gamero. (Wilmore), Daniel Franco Serruto (Observador), Modesto Flores. (M. F.)

Toda una pléyade de obreros que desde sus talleres que momentáneamente se convertían en mesas de redacción, laboran con ahínco por el desarrollo material e contextual de Puno.

J. Eduardo Fournier Barrionuevo, el Director de La Voz del Obrero, nació en la ciudad de Puno el 18 de septiembre de 1881 y un 12 de octubre de 1957 pasó a la inmortalidad, su sepelio, en cuyo transcurso se pronunciaron sentidas oraciones fúnebres exaltado las virtudes del ilustre difunto, resaltó el sentido homenaje de un joven periodista y poeta, que aún no tenía veinticinco años, pero ya una trayectoria de intelectual, era José Paniagua (Jospani). Era el último adiós que la sociedad puneña rendía a quien fuera varias veces Alcalde de Puno, periodista, tipógrafo, un hombre de temple de acero para defender los interés de Puno, que forjó e inspiró a diversas generaciones puneñas en el amor al terruño y en el desprendimiento total cuando se trataba de la lucha por el derecho de los obreros. No hay palabras para describir la conjunción de inteligencia, de compresión y firmeza en defensa de los derechos de Puno, de los obreros, de los campesinos, para vivir en un mundo mejor, en una sociedad más justa.

Fournier fue un hábil periodista, inmejorable tipógrafo, excelente investigador. Ahí está su "Historia del Periodismo en Puno", publicada en una Revista del Instituto Americano de Arte. Fournier fue dirigente de muchas instituciones, como la Federación de Periodistas del Perú, Sociedad Fraternal de Artesanos, Juventud Obrera, Sociedad Publica de Beneficencia y muchas otras, fue un brillante intelectual e insustituible vocero de los intereses de la clase obrera, propulsor e impulsor de la cultura puneña.

El primer número de La Voz del Obrero, salió el 28 de julio de 1914, como un homenaje al 94 aniversario de la proclamación de la independencia del Perú y el último el 28 de febrero de 1918, fueron 76 números en 320 páginas impresas con el mayor arte tipográfico.

En sus páginas, además de las notas en defensa del Obrero y del Campesino, había homenajes a la ciudad puneña, a la patria, a ilustres personajes, poesía, deportes, noticias de los distritos del departamento. Tenía una sección de "Plumas Ajenas", donde se publicaba colaboraciones de personas que no integraban la plana permanente de La Voz del Obrero, por ejemplo José Antonio Encinas, decía "El problema del Obrero, a mi juicio, es un problema antes que económico de cultura". Entre otros colaboradores, estaban José Santos Chocano, José Mazzini, Federico Barreto, Celso Briones, Fulvio Carolani, Jaime Martí, Carlos Tudela, Mariano Lino Urquieta, Luis Alberto Sánchez, Edilberto Zegarra Ballón, Manuel Z. Camacho, Leonidas Yerovi, RACSO, Luis Ulloa, Federico More, Abraham Valdelomar, Francisco Chukiwanka Ayulo y muchos otros personajes.

Emilio Vásquez dice "La Voz del Obrero acusa un indeclinable espíritu de combate en defensa de la sociedad, de la política militante tanto local como nacional. Escrúpulos, guardián de los intereses impersonales, sobre todo de aquellos que atañen a la educación (o reducación) de los trabajadores, Fournier quería para sus compañeros un mejor nivel de vida a base del valor personal, valor que solo se conseguiría mediante la auto preparación". Vásquez sigue diciendo... “Sorprende ver como se podía decir tantas cosas, valientes y ponderadas unas y audazmente expresadas otras; aquellas páginas -casi olvidadas- trascienden todavía contenido cívico de altos quilates... "


Emilio Vásquez indudablemente tuvo en sus manos la colección de La Voz del Obrero, pero lamentablemente no correspondió con dignidad, al desprendimiento de mi padre don Hipólito Paredes, yo personalmente iba a reclamarle su actitud, tenía que verlo en su casa de Lima, al siguiente día de su condecoración con la Orden del Sol del Perú, pero en el transcurso me entero de su fallecimiento.

La Voz del Obrero, sufrió atentados, un incendio en los talleres tipográficos y otro en el depósito, donde se guardaban numerosas colecciones de los libros que se imprimieron en la Tipografía Fournier.

En la Tipografía Fournier, se imprimieron "Báquica Febril", "Altipampa", "Tahuantinsuyo", Almanaque por el Centenario del Perú, Alfabeto Quechua, Puno Lírico y muchos libros periódicos y revistas, el famoso "Boletín Titikaka" también se imprimió y editó en la Tipografía Fournier.

Mi papá Hipólito se hizo cargo de la conducción de la Tipografía, hasta que una detestable persona en coordinación y complicidad de un despreciable individuo, a quien el gran poeta Omar Aramayo en uno de sus versos lo menciona como "el venal juez que mató al tipógrafo honrado", provocó su fallecimiento.

Ojalá se cumpla el deseo de mi familia, tal vez con el apoyo del Ministerio de Cultura a través de incentivos económicos para la cultura, de tener una educación facsimilar de La Voz del Obrero, que según entendidos no fue superado no obstante el transcurso de los años.

Da pena y hasta cólera, que ahora en Puno no se imprima ningún diario. <>

sábado, 27 de julio de 2024

¡NUEVO NÚMERO DE ALTIPLANIA!

 Puede descargar el PDF de la revista N°10  

entrando en la página de la revista:   https://altiplania.org/

Llegamos al número 10 de ALTIPLANIA, que viene con una hermosa y significativa portada de JUANDINO, alusiva al tema central de su contenido. Nuestro agradecimiento a este artista, tanto de la pintura, como de la escultura y los murales. 

PARA EL DEBATE SOBRE LA INDEPENDENCIA DEL PERU

 LA INDEPENDENCIA VIRREINAL

VINO DEL EXTRANJERO

Escribe: Milciades Ruiz

C

omo todos los años de la dominación colonial republicana, julio es el mes de júbilo en el que conmemora el aniversario de la independencia del virreinato del Perú. Desde niños, nos han inculcado la única versión histórica implantada por la dominación vigente desde 1821. Pero esta versión, es necesariamente fraudulenta porque fue hecha para conservar el predominio sobre la población autóctona. Para quienes percibimos el engaño, estamos frente al dilema de dejar que, el fraude persista o, esclarecer los hechos.

Disculpen que insista. Solo me anima el deseo de justicia histórica con la verdad. Interrumpir la partitura de la música oficial con notas discordantes, malogra el disfrute. No obstante, asumo lo que me caiga por desmentir versiones falaces. Si les digo que, la independencia del virreinato del Perú, se la debemos al hijo del virrey del Perú, chocaré contra la estructura mental cimentada. Si les digo que esa independencia se la debemos a los chilenos, creerán que estoy desvariando. Pero es verdad. Es que tales afirmaciones son incompletas.

San Martin en la jura de la independencia
El asunto cambia cuando les digo que me estoy refiriendo a Bernardo O’Hoggins, hijo natural del irlandés Ambrosio O’Higgins que fue virrey del Perú en 1796, y destituido por su tener un hijo subversivo. Documentado está que Bernardo, conoció en Gran Bretaña a Francisco Miranda, quien lo incorporó a la logia “Lautaro” y allí empezó su afán revolucionario que lo llevaría a independizar Chile y organizar con endeudamiento chileno, la supuesta “Expedición Libertadora” extranjera que nos llegó gratis como entrega a domicilio.

Lo hizo con el apoyo de San Martín y Juan Martín de pues los tres eran miembros de la misma logia masónica subversiva y postulaban el mismo esquema político. (Hoy serían tildados de terroristas). Pero una cosa es decir afirmaciones incompletas y otra, tergiversar los hechos. No es lo mismo, hablar de la independencia del Perú que, del virreinato del mismo nombre, cuyo objetivo era tener una monarquía propia separándose de la metrópoli, pero sin cambar la estructura de dominación vigente de la cual eran parte los supuestos “libertadores”.

Tampoco lo es, hablar de emancipación del Perú, cuando de lo que se trataba era de emancipar solo a los españoles criollos, sojuzgados por los españoles peninsulares. Los que abrazaban esta causa, se autodenominaron “patriotas” y de ese leguaje hemos tomado nuestra visión histórica engañosa pues, no era asunto de los peruanos ancestrales, ni de afroperuanos esclavizados por esos “patriotas”. Hipólito Unanue y otros próceres “patriotas” eran esclavistas”. Muchos nativos, creyeron que los “libertadores” les iban a emancipar devolviéndoles su patria arrebatada y cayeron en la trampa.

Excluidos en la conducción del proceso
En la mentalidad de los suplantadores “patriotas” de aquella época, los pobladores autóctonos, a quienes se despojó de su territorio, no eran considerados peruanos. Se les denominaba “indios” o “naturales” que no tenían derechos como personas, pues se les calificaba de “salvajes”. Peruanos eran solo los advenedizos de extracción española. Esta ideología aún persiste soterradamente. Ahora mismo ya van 35 líderes indígenas asesinados por defender su territorio ancestral, frente a invasores externos que se apropian de sus recursos naturales, agua, tierra, bosques amazónicos y, depredan la riqueza comunitaria con fines de lucro extranjero y narcotráfico, operando como organizaciones criminales. La impunidad es similar a los depredadores colonialistas. Pero ni el “Defensor del pueblo”, ni las organizaciones políticas dicen nada porque son parte del sistema de dominación.

En la primera constitución republicana se estableció que, para ser ciudadano peruano era requisito saber leer y escribir español, lo cual era prohibitivo para los nativos. Incluso 30 años después de la proclamación de la independencia hacia 1851, los nativos dueños originarios del territorio peruano, estaban obligados a transitar con pasaporte expedidos por los prefectos. Atrocidades como estas son omitidas por la historia oficial.


Pero el fraude se convierte en estafa histórica, si en los textos educativos se presenta a Túpac Amaru II, como precursor de la independencia de sus opresores colonialistas. Tenemos así, una historia tergiversada por la dominación. No tenemos una versión histórica de la otra parte de los protagonistas, los nativos, pues desde los cronistas de la conquista, hasta los historiadores republicanos han interpretado los hechos según su mentalidad condicionada por ser parte del sistema de dominación. Pero hay documentos originales que amparan lo que estoy diciendo.

Después de leer la correspondencia de los diversos protagonistas de la época, conservados en el acervo histórico de documentos originales, y apoyándome en el materialismo histórico de hechos comprobados, puedo opinar lo siguiente:

1.    La independencia del virreinato del Perú, fue gestada en el extranjero y ejecutada por extranjeros mercenarizados o contratados. No lo hicieron por amor al Perú, sino por razones militares de asegurar la sobrevivencia de las provincias virreinales liberadas, anulando la única entrada estratégica que le quedaba a España (en guerra con Francia) para recuperar sus colonias.

2.    En ningún momento, los supuestos “libertadores” pensaron en liberar a los nativos, devolverles su patria arrebatada y que los dominadores colonialistas se vayan dejando libre al Tahuantinsuyo. San Martín, quería a toda costa, implantar una monarquía en Perú, bajo un rey de sangre extranjera. Inusitadamente, fue el representante del virrey el que amenazó con un rey nativo. El historiador Jorge Basadre, en su obra, “Sultanismo, corrupción y dependencia en el Perú republicano” Capítulo: “La fórmula de una monarquía indígena”, presenta como prueba documental el texto del Conde de Torata, sobre las conferencias de paz entre San Martín y el virrey La Serna en junio de 1821:


Pocos peruanos en la capitulación de Ayacucho

(…) “Al día siguiente recibió Valdez (representante del virrey La Serna) la orden de pasar a bordo del buque que montaba San Martín, en unión con Dn Andrés García Camba, a manifestar a aquel caudillo que ni la diputación provincial, ni el ayuntamiento, ni el ejército, admitían su proposición (La de la monarquía bajo rey europeo); lo que le causó no poca sorpresa, viendo en un todo frustrados sus maquiavélicos designios. Continuaron, sin embargo, las negociaciones, aunque sin esperanzas de ningún resultado favorable, y el virrey creyó conveniente asociar a la Junta Pacificadora al digno conde de Villa-Hermosa, magistrado de la audiencia de Lima, y al coronel Valdez, con cuyo motivo pudo San Martín conocer más de cerca la firmeza de este jefe, puesto que en las diferentes entrevistas que tuvieron más de una vez ocurrieron entre los dos, discusiones acaloradas. En una de estas, manifestando el caudillo enemigo que los españoles no tenían otro medio para salvarse que abrazar la capitulación o tirarse un tiro, le contestó el coronel Valdez que se hallaba muy lejos de creerse en el caso desesperado que suponía; pero que si tal llegase a suceder, es decir que no pudiesen continuar por más tiempo sosteniendo la causa española en aquellos dominios, estaban resueltos a proclamar el imperio de los Incas y ayudar a los indios a sostenerlo, antes de consentir que lo ocupasen unos súbditos rebeldes que no tenían más derechos que los que habían adquirido de sus antepasados los españoles; dijo más Valdez que, con este pensamiento tenía a su lado, en clase de ayudante de campo, al descendiente más inmediato de los incas, a quien proclamaría emperador, dando principio con esto a una nueva guerra y a un nuevo orden de cosas, cuyos resultados no es fácil prever”.

El propio San Martín, al enviar una expedición al sur al mando del rico y aristocrático coronel Domingo Tristán, a quien acababa de ascender a General; y como su segundo al coronel Agustín Gamarra, quien se había pasado a filas libertarias tras ser por años un sanguinario represor de revolucionarios anticoloniales, escribió la siguiente carta.

“Señor general de Brigada, D Domingo Tristán. Lima. Enero 18 de 1822.

Instrucción que deberá observar el jefe del Estado Mayor de la División expedicionaria del Sur

1°. (…)

2°. (…) La atención con los blancos, y la conmiseración con los indígenas, son indispensables para lograr la cooperación de los primeros, y lisonjear ventajosamente a los segundos, en la presente campaña. Conviene dar a estos un impulso general y simultáneo si fuese posible, pero no abrirles margen para la voluntariedad absoluta en la parte hostil, pues ella será muy perjudicial. En el estado actual de su incivilización, debe conducirse a esta casta a la ilustración y felicidad sin permitirle una acción principal e independiente en el plan de la guerra. La sujeción de los Comandantes de sus partidas (guerrillas) y la consideración a sus derechos y quejas, son los dos ejes sobre que debe rodar por ahora la obra de su regeneración. Por lo mismo se hace demasiado interesante la observancia de esta política para el buen suceso del orden militar. Yo espero que US. desempeñará mis intenciones en toda la extensión de sus alcances; pues a US. es a quien está confiada la suerte de la patria en una sección considerable de poder y recursos. -Dios guarde a US. muchos años. José de San Martín.”


3.   
No cabe duda que la guerra por la independencia del virreinato fue entre oficiales realistas y ex realistas. Ambos fueron formados militarmente por España y la defendieron contra la invasión francesa. Se conocían personalmente en algunos casos. San Martín y Bolívar premiaban a los realistas que se pasaban a sus filas ascendiéndoles de grado para continuar la carrera militar con cargos y sueldos mejorados. No fue pues, una guerra entre oprimidos contra opresores colonialistas. Finalmente, la independencia definitiva tras la victoria de Ayacucho, fue conseguida por realistas conversos que derrotaron a realistas leales. Pero no fueron ellos los que derramaron su sangre por la independencia, sino mayormente los nativos y esclavos reclutados a la fuerza en ambos bandos como soldados “carne de cañón”. Así mismo, nativos de las guerrillas y montoneras que voluntariamente participaron en apoyo a los “libertadores”.


Firma de Acta de la independencia

En Cerro de Pasco, el 7 de diciembre de 1821 las tropas realistas fueron sorprendidas en la oscuridad de la noche, por un inesperado ataque de una muchedumbre indígena que, lanzando gritos las aterrorizaron y las dispersaron. Pero aclarado el día, se reagruparon, y contra atacando a esa multitud desarmada, dieron muerte a más de 700 nativos. Esto nos da idea del sector que más derramó su sangre creyendo que llegaría su libertad. No es único caso pues pueblos enteros como Cangallo fueron incendiados, eliminando habitantes.

4.    El historiador Jorge Basadre, nos dice que no tenemos un héroe nacional de esa época. Pero esto, también es cuestionable si dejamos de pensar solo en los peruanos advenedizos y no, en los peruanos ancestrales. Los héroes peruanos nativos se cuentan por miles solo que se omiten siguiendo a San Martín, de “no permitirles una acción principal”.

Hubo cientos de guerrillas y ataques nativos en montoneras masivas en las quebradas estrechas andinas, al ejército realista con solo hondas, palos y enormes piedras desbarrancadas (galgas). Un ejemplo característico entre muchos, es el encuentro en la “Cuesta del Viento”, en Caravelí cuando 20 guerrilleros evitaron el paso de casi un millar de soldados realistas. Por ello, el propio San Martín dispuso la condecoración con medallas de oro y plata para los líderes heroicos de las guerrillas y montoneras que, eran el terror de las tropas realistas. (Claro que lo hacía solo para “lisonjear ventajosamente a los indígenas”, sin permitirles protagonismo principal).

Este bloqueo al protagonismo nativo aún persiste hasta la actualidad. El Perú está orgulloso de su pasado prehispánico, pero no por ello permite que los peruanos ancestrales ocupen altos cargos estatales ni en la oficialidad de la fuerza naval, aérea y ejército. Como soldados sí, pero hasta allí nomás. Como votantes electorales sí, pero no como parlamentarios, ni embajadores, jueces supremos, ministros, etc. Se les trata como “ignorantes”, pero fueron sus sabios ancestros los que construyeron Machu Picchu, maravilla mundial y los que desarrollaron 4,400 especies de plantas de propiedades utilizadas por la humanidad: 787 plantas comestibles, 1,408 especies medicinales, como ningún país en el mundo. ¿Cuánto es lo que ha desarrollado la república de los “mistis”? Solo el bloqueo al desarrollo nativo para que no superen a los “criollos” de la actualidad.

Este bloqueo al desarrollo indígena hasta hoy, no es solo educativo, sino total: Bloqueo económico, político, social, sanitario, laboral, tecnológico, etc.

Pero volviendo a la temática, muchos de esos guerrilleros y montoneros murieron creyendo en la independencia del Perú, como es el caso del Comandante Velasco, fusilado por Carratalá, el Capitán Faustino Aliaga, igualmente pasado por las armas, el «Cholo Fuerte», ajusticiado en Moya, y el Capitán Orrantia, decapitado en Tarma. También se registra la acción guerrillera de Marcelino Carreño en la que actuaban hasta 720 negros, teniendo en Abancay, a 26 jefes guerrilleros bajo su mando. Murió combatiendo en la víspera de la batalla de Ayacucho. Son muchos los casos de fusilamiento, prisioneros ensartados del cuello con dogales de fierro; los degüellos, ejecuciones masivas, incluyendo mujeres y niños.

En 1822, los nativos de Jauja reunieron su consejo de guerra y se ofrecieron a pelear a nombre de su padre el Inca. La historia oficial omite las acciones heroicas de José Carlos Chillihuanca, Miguel Uzcanoa Champi, Miguel Cajayanni, Romualdo Cuyabamba, Francisco Mayta, Manuel Chuquiarque, y de José Ignacio Ninavilca, curaca de Huarochirí.

También el caso de Esteban Catacora, cacique de Ilave y comandante de guerrillas en diciembre de 1824, teniendo el mando en Acora, Pomata, Tiquina y Desaguadero.

Resalta el caso del «Batallón Huánuco», cuya organización se encomendó a Francisco de Paula Otero Comandante General de las Guerrillas de la Sierra que llegaba al millar de combatientes.

Otros casos son los de las guerrillas de Juan Evangelista Vivas en Yauyos, las de Quiroz, Orrantia, Vidal, Acuña, y muchos otros caudillos de guerrillas, desde antes de la llegada de San Martin, De modo que son muchos los héroes nativos de la independencia, incluyendo mestizos como el caso de la huamanguina María Parado de Bellido, hija de la nativa Jacinta CCayo que, ni se le menciona en las fiestas patrias.

5. Aunque San Martín anunció la independencia del Perú “por la voluntad general de los pueblos”, no hubo tal hecho, lo cierto es que, el acta de tal independencia no fue firmada por los líderes nativos sino, por la nobleza colonialista. Firmaron esa acta, el Conde San Isidro, el Conde de la Vega del Ren, el Conde de Las lagunas, el Marqués de Villafuerte, el Marqués de Monte Alegre, el Conde de Torreblanca, el Conde de Vista Florida, el Conde de San Juan de Lurigancho, el Marqués de Corpa y, el Marqués de Casa Dávila.

Y también, por otros notables de la dominación colonial como: el sacerdote Xavier de Luna Pizarro, el aristócrata José de la Riva Agüero, Andrés Salazar, Manuel Agustín de la Torre, Tomás e Ignacio Ortiz de Cevallos, Antonio Boza, Hipólito Unanue, José y Miguel de la Puente, Manuel A. Colmenares, Luis A. Naranjo, Mateo de Pro, Lorenzo Zárate, Francisco Moreyra y Matute, Manuel y José Ferreyros, Francisco Xavier Mariátegui, José Antonio de Ugarte, Antonio de Bedoya, José Pezet, Pedro Olaechea, Manuel Tudela, José de la Torre, Agustín de Vivanco, Toribio de Alarco, Manuel Gallo, Carlos de Bedoya y otros, en mayor parte esclavistas y señores feudales.

No sigo en mi perorata, pero queda mucho por aclarar y comparar con la situación actual. Disculpen la molestia.

Julio 20/ 2024

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LAS INDEPENDENCIA DEL PERU EN DEBATE

LA “LEYENDA ROSA” DE LA GUERRA POR LA INDEPENDENCIA

¿HUBO UN PUEBLO PERUANO QUE LUCHÓ CONTRA EL IMPERIO COLONIAL?

por Iván Arenas*

En : 12 de junio de 2024: https://elmontonero.pe/columnas/la-leyenda-rosa-de-la-guerra-por-la-independencia

A propósito del denominado “proceso de la independencia”, un sector de historiadores o divulgadores de la historia “nacional” ha tomado como axioma que lo que hubo aquí fue una “guerra de liberación patriótica”; de un “pueblo” contra un “imperio colonial”.

Vendido así el relato, desde los albores de 1821 hacia adelante, no sería sino durante la celebración del primer centenario de la independencia (1921) que nuestros intelectuales pudieron implantar algunos de los “mitos fundacionales”. En todo caso allí está la historia narrada por Valdelomar y enseñada en los colegios sobre el origen de la bandera peruana. En “el sueño de San Martín” se crea una historia romántica, no obstante la bandera que hoy se iza refiere a los colores de los tercios que fueron el terror en Flandes y Nápoles. De hecho, Francisco Pizarro, un “porquero” como despectivamente se le trata y que estuvo al servicio del “Gran Capitán”, fue un tercio al fin y al cabo.

Toda historia nacional, si se precia de serlo, nace siempre con mitos fundacionales, algunos de ellos “iluminadores” y otros absolutamente oscuros y falsos. Acuérdense lo que le dice Lord Varys a Meñique sobre la mentira fundacional del Trono en el reino de Poniente, en la serie Games of Thrones.

En el “gran relato nacional” se dice, por ejemplo, que hubo un movimiento de liberación patriótico contra el imperio colonial. No obstante, el concepto “colonial” es usado desde 1830 en adelante, y se refiere a la forma y fondo de los imperios franceses, holandeses (provincias unidas) e ingleses. Mas no a la acción de la monarquía católica hispánica, heredera de Roma. De hecho, el título de Emperador de los Romanos (mal llamada Bizancio) le fue concedido a Isabel y Fernando por el propio Andrés Paleólogo a los cuales también los nombraría herederos universales. Así, la Monarquía Hispánica jamás consideró legalmente colonias a las que siempre tituló como provincias. Como imperio se dice de muchas formas, se ha mal acostumbrado a ecualizar al imperio inglés e hispánico en un mismo dial, cuando en la realidad son absolutamente distintos.

El imperio de la monarquía católica hispánica (reconocida así) siempre reprodujo, como Roma, sus instituciones y alentó el mestizaje (salvo en los territorios conquistados al sur de España, que son harina de otro costal) como legitimación del buen gobierno. Allí está en todo caso el testamento de Isabel con respecto a las “indias”, acaso una de las primeras evidencias de la forma como operaba la monarquía en suelo conquistado.

El hecho de que existiera en la legislación indiana la llamada República de indios, durante el Virreinato, no fue para “separar” en partes la unidad del imperio, sino todo lo contrario: el objetivo era conservar los fueros, derechos e instituciones indianas. Eso no implicaba que el sistema de “repúblicas” (en el sentido escolástico) no haya sido laxo, sino todo lo contrario. Allí está Dionisio Túpac Yupanqui, hombre gris y diputado en las Cortes de Cádiz, que conocía poco la realidad de estos lugares y del que se inspiró el mismo Marx. Para cerrar este párrafo: hay imperios generadores e imperios depredadores, como dice Gustavo Bueno, acaso uno de los más grandes filósofos de nuestro tiempo. Imperios que desarrollan instituciones (como Roma) e imperios que instalan factorías.

A propósito, la tesis de Robinson y Acemoglu en ¿Por qué fracasan las Naciones?, peca de esa misma vieja pretensión weberiana de considerar que el protestantismo tiene un “talento institucional” para crear riqueza (cosa que refutaremos en otra ocasión).

Se ha dicho también, más como mea culpa que como exposición de razones, que en el Virreinato del Perú el grueso del bando realista durante el proceso de “independencia” estuvo integrado por indígenas y criollos, y no deja de ser verdad. Pero eso no evidencia una actitud sumisa del indio o del criollo hacia los españoles del hemisferio europeo; más bien demuestra que una mayoría no estaba dispuesta a la secesión o a dejar sus fueros y beneficios, que tenían 300 años de vigencia y tradición. El mismo movimiento liderado por Túpac Amaru se alzó no en contra de la monarquía y menos contra el catolicismo, sino contra el “mal gobierno”.

Para redondear la idea, podemos decir que sin los pueblos indígenas (que odiaron a las panacas incas) no habría sido posible la conquista de los “peruleros” en tan poco tiempo; y sin los criollos (herederos españoles) no habría secesión o eso llamado independencia. Dicho sea también que fue el liberalismo y el republicanismo de los primeros días, que hoy algunas derechas defienden, el corpus teórico que hizo posible la secesión.

Se ha intentado romantizar el proceso de independencia en una especie de épica, según la cual supuestamente hubo un pueblo contra un imperio colonial, cuando en realidad fue, sobre todo en el Virreinato del Perú, una novela con grises y matices, donde hubo provincias y no colonias. Solo otro dato: ni Bolívar ni San Martín, a pesar de su traición a la monarquía hispánica, pretendieron volver al antepasado inca, sino regentar ellos mismos el poder.

En el colmo del asunto, la historiografía de izquierda ha logrado ideologizar todo este asunto. Y hoy quienes defienden los hechos objetivos del Virreinato son de derechas, y quienes defienden el gesto de liberación son de izquierdas. Menuda ignorancia. <>

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* ADVERTENCIA: el autor es peruano, se presenta como "analista político", y no debiera confundírsele con el homónimo actor y humorista chileno Sergio Iván Arenas Maturana, famoso en su país como "el profesor Rossa", por el programa infantil de TV de ese nombre, emitido entre 1981-2002 y 2011-2012. 

PUNEÑOS EN LUCHA POR INDEPENDENCIA

 PEDRO OBAYA,

UN CAUDILLO OLVIDADO

Por. Bruno Medina Enríquez

P

edro Obaya fue un personaje que fue partícipe de la Revolución Tupacamarista de 1780, aunque poco conocido en la historiografía oficial de Túpac Amaru, en razón de haber actuado más con Túpac Katari en el Alto Perú.

Apodado “El Tuerto”, en razón a que le faltaba un ojo, fue un líder nacido en la ciudad de Lampa, que se sumó a la sublevación tupacamarista, durante los primeros meses de la llegada del viento revolucionario al Altiplano, hacia diciembre de 1780 y cuando José Gabriel se dirige a Puno en su afán de expandir la sublevación en ese amplio territorio y lo logró, por cierto, y en demasía. Después que fuera descuartizado la revolución continuó en esa región por lo menos un año más, tiempo en el que esa región fue liberada del dominio español en manos de los sublevados.

Es en esa ocasión de la presencia de Tupac Amaru II en el altiplano, cuando éste entabla relaciones con diversos personajes y líderes campesinos, entre ellos Pedro Vilcapaza y otros cabecillas, mientras que Pedro Obaya se suma al liderazgo de Vilcapaza en Azángaro, donde recibe el encargo de dirigirse al Alto Perú, para controlar a algunos líderes de movimiento katarista.

En el Alto Perú  ya se habían sublevado en agosto de 1780 los hermanos Katari en la región de Chayanta, los que fueron fácilmente reprimidos, sin embargo a continuación en los inicios de 1781, es Julián Apaza, con el sobrenombre de Túpac Katari, quien lidera la sublevación en el Alto Perú, de modo independiente y sin mayores relaciones ni coordinaciones con Túpac Amaru II. En estas circunstancias “El Tuerto Obaya”, estando con las huestes revolucionarias en Azángaro (de ahí que la historiografía boliviana lo consideraba azangarino), asume el encargo de acercarse a Túpac Katari, para que este se sume a la lucha tupacamarista, conducida por el Inka/Rey y, en todo caso, controlar las acciones de extremada crudeza en la lucha que los de Túpac Katari empleaban, en tanto que no respetaba a las mujeres, a los niños, ni a los criollos de algún modo aliados de la tendencia tupacamarista.

En cumplimiento del encargo recibido, Pedro Obaya se presenta ante Túpac Katari como si fuera sobrino de Túpac Amaru II con el propósito de apoyarlo y al mismo tiempo controlar la extrema violencia de las huestes aymaras. Como derivación de ese apoyo Tupac Katari se hace llamar Virrey, reconociendo a José Gabriel como el Rey Inka.

En esos meses, la lucha revolucionaria en el Alto Perú es exitosa, sobre todo en la búsqueda del objetivo prioritario consistente en la toma de la ciudad de la Paz, la más importante localidad con presencia y gobierno de los españoles. La ciudad es sometida a sitio prolongado en varias oportunidades, aislándola de su relación con otros lugares del espacio altiplánico. A esa ciudad no podía ingresar ningún tipo de productos ni abastecimientos, lo cual generaba una situación de hambruna atroz en parte de la breves fuerzas españolas. En todo ese proceso de asedio recurrente a La Paz, Pedro Obaya tuvo un papel muy importante.

Mientras tanto, frente a la agresividad mostrada por Tupac Katari contra los criollos, Pedro Obaya, en afán de recuperar algunas anteriores simpatías tupacamaristas, envía cartas y misivas a diversos criollos paceños de alguna influencia y representatividad, mostrándoles el afán y el objeto de lo propuesto por Tupac Amaru II, en su deseo de comprender en esa lucha a los criollos. Misivas que motivaron que finalmente se entablara una entrevista entre los sitiadores bajo la dirección del Tuerto Obaya con representantes de los colonialistas, a quienes les planteó directamente que, para levantar el sitio de la Paz y resolver el conflicto en común acuerdo y suspender las acciones de los sublevados, era necesario -en primer lugar- que reconozcan a Túpac Amaru como el Inca gobernante del Perú, como Rey, luego que hagan entrega de los corregidores para someterlos a proceso judicial por sus acciones, así como de los hacendados explotadores y los aduaneros, quienes cobraban altos montos por alcabalas y aduanajes en tránsito; todos a los que se obligaban a rendirse y entregar sus armas de fuego. Por último, les planteó que se destruyan las barricadas de atrincheramiento que se habían construido en los límites de la ciudad de la Paz.

Por supuesto que esta propuesta de Obaya no fue aceptada por los colonialistas paceños, pero consiguió el alejamiento de algún modo de Tupac Katari del sitio de la Paz. Mientras, Obaya había recibido el refuerzo de Andrés Túpac Amaru (Andrés Mendigure, joven sobrino de José Gabriel) quien venía actuando en la zona de Puno bajo las órdenes de Diego Cristóbal con relativo éxito, como en aquel sitio al pueblo de Sorata, que fue alcanzado previa construcción de diques que fueron desbordados en afán de inundar la ciudad y tomarla por asalto. En esa ocasión los rebeldes obtuvieron apreciables tesoros de oro y plata. Esa misma táctica querían los rebeldes aplicar en el caso de la ciudad de la Paz, dada su ubicación estratégica, lo cual finalmente no pudo concretarse por la situación estacional del clima.

Frente a esta imposibilidad material de inundar la ciudad de La Paz, hacia el mes de abril de 1781, tiempo de pocas lluvias, la estrategia de Obaya consistió en simular la existencia de una carta que hace llegar a los sitiados anunciando la pronta presencia de refuerzos militares venidos desde Buenos Aires. Para dar verisimilitud a ese supuesto hecho, Obaya mandó reunir un numeroso grupo de sus correligionarios vistiéndoles en su mayoría con vestimentas españolas, parte de cuyos uniformes habían sido tomados de los capturados. Obaya al mando de esas simuladas tropas enarboladas con banderas españolas, posicionadas en las alturas de la Paz para ser vistos allí, envía emisarios a la ciudad anunciando esa supuesta presencia de los realistas salvadores. Por supuesto que el hecho causó mucha alegría en las filas de los rezagos colonialistas de la ciudad. Para hacer más creíble la llegada de las fuerzas hispanas, se llegó a simular una confrontación bélica en los altos de La Paz entre dichas fuerzas y los sitiadores, donde menudearon las balas, disparos y supuestos muertos y heridos.

Esta estrategia fue asumida por Obaya en el afán de alcanzar la confianza de los colonialistas, para que ellos descuidasen las defensas y permitieran el exitoso ingreso de ese “ejercito salvador” entre aclamaciones y vivas. Sin embargo, esa alegría no duró mucho tiempo entre los españoles, porque de algún modo, la estratagema de Obaya fue descubierta. Cuando el grupo “salvador” ya estaba cerca de la ciudad, Obaya también se acercó de modo desafiante a retarlos, cuando de pronto su caballo tropieza y él cae de la montura, lo cual es aprovechado por los españoles para rodearlo y capturarlo. Es llevado al centro de la ciudad por orden del Corregidor Sebastián de Segurola.

El sitio y los combates por el control de La Paz continuarían, muy a pesar de la llegada a las cercanías de la ciudad de refuerzos rioplatenses al mando del coronel Ignacio Flores, quien finalmente rompió el cerco a la ciudad ingresando a ella. No obstante, en los siguientes meses lo insurrectos no permitieron mantener la defensa de la ciudad. La inseguridad hizo que el Coronel Flores tenga que retirarse ante la situación crítica de un ejército en el cual se producían gran número de deserciones, sobre todo en razón al hambre y el desabastecimiento de la ciudad. En el mes de agosto se vio obligado a abandonar la ciudad para dirigirse a Oruro, no sin antes mandar a ahorcar a Pedro Obaya, así como a otros rebeldes capturados, entre los que destacó el caso de Bonifacio Chuquimamani, quien fuera secretario de Tupac Katari.

A continuación, el sito a La Paz se intensificaría por parte de Tupac Katari, con mucha insistencia, en los siguientes meses, como luego por parte del joven Andrés Túpac Amaru.

Ese fue el destino del “El Tuerto” Pedro Obaya, poco conocido en la historia oficial peruana, pero si reivindicado inicialmente en las letras por Juan José Vega, cuando trata sobre los Rebeldes del Altiplano durante la Revolución Tupacamarista. <>