PUNO 358 ANIVERSARIO:
CELEBRA, RECLAMA Y RESISTE
Por: Jorge Luis Choque
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ada 4 de noviembre, se conmemora la fundación española de Puno, villa
de San Carlos establecida en 1668 por el virrey Pedro Antonio Fernández de
Castro, Conde de Lemos. Más allá del debate historiográfico sobre la fecha
exacta de su reconocimiento como ciudad, la festividad no puede limitarse a la
solemnidad protocolar ni al mero recuerdo del surgimiento de Manco Cápac y Mama
Ocllo desde las sagradas aguas del Titicaca debe ser, ante todo, un acto de
afirmación geopolítica e histórica. Puno no es un territorio marginal, sino la
cuna de la matriz cultural andina y un baluarte vivo de la soberanía nacional.
Reconocer su peso estratégico es asumir que la integración y el proyecto
republicano del Perú seguirán incompletos mientras el altiplano permanezca
postergado.
La fuerza de Puno radica en su vigorosa cultura viva, un pilar
fundamental que sostiene la identidad y la memoria colectiva del país. Como
capital del folclore peruano y cuna de pensadores, creadores y educadores de la
talla de José Antonio Encinas, Carlos Oquendo de Amat, Gamaliel Churata, Emilio
Romero Padilla, Mateo Jaika, Teodoro Valcárcel y Rosendo Huirse en la música, y
Víctor Humareda en la pintura la región ha demostrado históricamente una
inagotable capacidad para articular pensamiento crítico, arte y sabiduría ancestral.
No obstante, este incalculable patrimonio intangible no debe servir de fachada
para ocultar la deuda histórica que el Estado tiene con su gente. La riqueza
cultural puneña exige una correspondencia material a la altura de su legado.
Hoy, la dignidad del altiplano se enfrenta al golpe severo de brechas estructurales indignantes e impostergables. Resulta inaceptable que una tierra tan pródiga mantenga a más del 70% de sus niños menores de tres años sufriendo de anemia y enfrente profundas carencias en salud e infraestructura, ocupando los últimos lugares en competitividad nacional. A esta crisis social se suma el flagelo ambiental que asfixia al lago Titicaca, contaminado por la falta de saneamiento adecuado y la demora indolente en la concreción total del proyecto PTAR Titicaca. Atender estas demandas no es una concesión ni un acto de caridad; es un deber básico de justicia distributiva y de salud pública.
Cuando el pueblo puneño sale a las calles y hace uso de la protesta
social, ejerce un derecho legítimo frente a décadas de abandono e indiferencia
institucional. Pretender criminalizar o estigmatizar estas movilizaciones
pacíficas tildando de “vándalos” o “terroristas” a trabajadores, agricultores,
estudiantes y comerciantes es una aberración política que solo profundiza la
fractura nacional. Quienes se movilizan en el altiplano no buscan la
destrucción del país, sino el acceso efectivo a derechos fundamentales:
carreteras transitables, hospitales equipados, agua potable, educación de
calidad y un trato de equidad como peruanos de pleno derecho.
Frente a este escenario, la responsabilidad no recae únicamente en la
capital; exige también un compromiso firme y autocrítico desde el propio
territorio. Las autoridades regionales y locales de Puno deben asumir su rol
con absoluta honestidad, eficiencia y visión de futuro, superando la
improvisación y la corrupción que frenan la ejecución de los recursos públicos.
La gestión descentralizada tiene que traducirse en proyectos de saneamiento,
infraestructura médica y fortalecimiento educativo alineados con el Plan de
Desarrollo Regional Concertado al 2034, demostrando competencia y liderazgo
ético en favor de su población.
En esta encrucijada entre la grandeza de su pasado y la urgencia de su
presente, la ciudadanía puneña está llamada a ejercer un rol activo, vigilante
y propositivo, entendiendo que el verdadero patriotismo no se agota en el
orgullo festivo de sus fechas jubilares, sino en la defensa del medio ambiente,
el fortalecimiento comunitario y la vigilancia constante a sus autoridades. La
histórica fuerza contestataria del altiplano debe madurar hacia una capacidad
organizativa impecable que transforme el descontento en desarrollo integral,
superando la dolorosa contradicción entre ser cuna de nuestra identidad
cultural y padecer indicadores sociales deplorables. Esta transformación exige
un compromiso firme entre el Estado central y los gobiernos locales: un poder
nacional que escuche sin estigmatizar y presupueste con equidad, y autoridades
regionales estrictamente auditadas por un pueblo consciente de su poder
histórico; solo cuando las aguas del Titicaca vuelvan a estar limpias y la
infancia altiplánica crezca sana y con oportunidades, el aniversario de Puno
dejará de ser una promesa pendiente para convertirse en el triunfo de la
justicia social en el Perú. <>
1. Agencia Andina. (2026, 1 de noviembre). ¿Por qué es ideal visitar
Puno en noviembre? ¿Qué tesoros turísticos y culturales posee?
2. Convoca. (s. f.). Lago Titicaca, la cloaca de Puno.
3. INEI / ENDES (2024-2025): Encuesta Demográfica y de Salud Familiar,
Indicadores de anemia y desnutrición infantil en Puno.
4. Instituto Peruano de Economía. (2026). Índice de Competitividad
Regional – INCORE 2026.
5. Ministerio de Vivienda, Construcción y Saneamiento. (2021). PTAR
Titicaca: Inician obras de megaproyecto que contribuirá a la descontaminación
del lago.
6. Perú. (2022, 2 de marzo). Puno: conoce 5 datos curiosos de la
capital del folclore peruano.

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