¿LA CUMBRE IBEROAMERICANA DESAPARECE O SE
YANQUILIZA?
Por Luis Manuel
Arce Issac
https://www.almaplus.tv/, 2 Noviembre
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L |
a Cumbre
Iberoamericana afronta una crisis de protagonismo mientras crece la influencia
de Estados Unidos y su agenda sobre América Latina.
Desde
principios de este siglo,
a los gobiernos de Estados Unidos les han dado urticaria las cumbres
iberoamericanas cuando estas comenzaron a perder su perfil neoliberal, con el
cual se inauguraron en su primera reunión los días 18 y 19 de julio de 1991
en Guadalajara, México, con Carlos Salinas de Gortari como presidente del país.
El clímax
de la oposición de Washington a esos encuentros se produjo en dos etapas. La
primera en el mismo inicio de este siglo, cuando coincidieron en los gobiernos
respectivos Fidel Castro, Hugo Chávez, Luiz Inácio Lula da Silva, Néstor
Kirchner, Cristina Fernández.
Tabaré
Vázquez, José Mujica, Evo Morales, Rafael Correa y Michelle Bachelet, época
en la que el continente dio un giro a la izquierda y predominaron sobre el
conservadurismo neoliberal ibero y norteamericano.
La segunda,
mucho más breve y accidentada, tras la victoria electoral de 2018 de Andrés
Manuel López Obrador, quien logró equilibrar políticamente la región ante la
contraofensiva imperialista para recuperar los espacios perdidos por la derecha
en el continente.
Ahora está
fortalecida con los golpes blandos propinados a la izquierda en Argentina,
Bolivia, Costa Rica, Chile, Colombia, Ecuador, Honduras, Paraguay, Perú,
República Dominicana, Trinidad y Tobago, todos los cuales votaron en contra de
Cuba o se abstuvieron, en el debate de la ONU sobre el bloqueo de EE. UU.
El triunfo
de Lula en Brasil, donde ya el Departamento de Estado daba como ganador a
Flávio Bolsonaro, podría hipotéticamente ser el inicio de un tercer retorno
del progresismo a estas tierras, y es lo que busca Estados Unidos que no
suceda.
En tal
sentido, los ojos agresivos de Trump y comparsa están puestos sobre México, al
tiempo que harán todo lo posible para entorpecer el nuevo mandato del PT
brasileño.
Esta XXX edición tiene características de su
género:
1) Se realiza en momentos muy
contradictorios para el futuro de la región y del mundo caracterizado por una
peligrosa baja popularidad del presidente Donald Trump, quien trata de
revertirla combinando acciones efectistas que lo muestren como un hombre
victorioso, lo cual es falso. Él es un producto político prefabricado, no un
líder.
2) El desarrollo de una política
exterior muy agresiva en función de la interior, lo cual lo ha llevado a
cometer graves errores estratégicos como la guerra en Irán, su ambivalencia en
la de Ucrania, genocidio en Cuba y desaciertos en sus relaciones con la Europa otanista
que ha contribuido a crear el cisma agravado por las revueltas populares en
Francia, Alemania, España, Polonia, Portugal y otros países.
3) Una crisis económica más grave de
lo que parece porque tiene su génesis en EEUU con su creciente deuda pública
que debilita al dólar como divisa internacional y, a través de ella, a las
economías extranjeras que dependen de esa moneda.
La situación puede derivar en cualquier momento en una insuperable crisis financiera que intensificará la de las cadenas de suministros, en especial petróleo, combustibles y otras materias primas, incluyendo tierras raras.
En esas
condiciones —que no son las únicas— para Estados Unidos es cada vez más
decisivo el control de América Latina, a la cual considera realmente, y no
retórica, su patio trasero.
En esta
coyuntura, la Casa Blanca no dinamita como antes la cumbre iberoamericana, sino
que busca transformarla y convertirla en un instrumento suyo bajo la sombra del
Escudo de las Américas promocionado por su secretario de Estado, Marco Rubio, y
bajo el amparo de la OEA y su Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca,
un cadáver político y militar resucitado bajo la inspiración de una
readecuación trumpiana de la Doctrina Monroe.
Basta
conocer quiénes son los presidentes que han anunciado su asistencia cuando en
ediciones anteriores ni siquiera mencionaban ni les interesaba la cumbre
iberoamericana. Son todos los impuestos en elecciones o que han sido
doblegados, como la presidenta en funciones de Venezuela, mientras ejercen
presión, según algunos medios de prensa, para que asistan otros mandatarios
fuera de ese círculo que justifiquen la reunión.
Todos saben que, después del retroceso circunstancial
del progresismo en América Latina, esa cumbre ha perdido fuelle y protagonismo
internacional por múltiples factores, como la existencia de bloques
latinoamericanos que prometían más ventajas y valores que la iberoamericana,
entre estos CELAC, UNASUR o la Alianza del Pacífico. En la última de 2024 en
Ecuador participaron solamente tres presidentes.
Ahora no hay equilibrio en esa cumbre, ni España es su
protagonista real, más allá de que ese país está también en llamas. Es Estados
Unidos quien lo ejerce tras bambalinas y no da espacio a ninguna opción o
compromiso fuera del contexto de patio trasero. De allí que sectores de la
izquierda vean este XXX encuentro como una caja de resonancia de la política y
ambiciones hemisféricas de Washington.
Al ver la lista de presidentes asistentes —las publicadas hasta el momento de redactar este artículo—, más bien parece una enumeración de mercenarios, no de mandatarios, y ellos justifican el título y la pregunta de este análisis: “La Cumbre Iberoamericana, ¿desaparece o se yanquiliza?” ¿Quién y cuándo la contesta? <>

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