martes, 3 de noviembre de 2026

ORGANISMOS DE LA COMUNIDAD INTERNACIONAL

¿LA CUMBRE IBEROAMERICANA DESAPARECE O SE YANQUILIZA?

Por Luis Manuel Arce Issac

https://www.almaplus.tv/,  2 Noviembre

L

a Cumbre Iberoamericana afronta una crisis de protagonismo mientras crece la influencia de Estados Unidos y su agenda sobre América Latina.

Desde principios de este siglo, a los gobiernos de Estados Unidos les han dado urticaria las cumbres iberoamericanas cuando estas comenzaron a perder su perfil neoliberal, con el cual se inauguraron en su primera reunión los días 18 y 19 de julio de 1991 en Guadalajara, México, con Carlos Salinas de Gortari como presidente del país.

El clímax de la oposición de Washington a esos encuentros se produjo en dos etapas. La primera en el mismo inicio de este siglo, cuando coincidieron en los gobiernos respectivos Fidel Castro, Hugo Chávez, Luiz Inácio Lula da Silva, Néstor Kirchner, Cristina Fernández.

Tabaré Vázquez, José Mujica, Evo Morales, Rafael Correa y Michelle Bachelet, época en la que el continente dio un giro a la izquierda y predominaron sobre el conservadurismo neoliberal ibero y norteamericano.

La segunda, mucho más breve y accidentada, tras la victoria electoral de 2018 de Andrés Manuel López Obrador, quien logró equilibrar políticamente la región ante la contraofensiva imperialista para recuperar los espacios perdidos por la derecha en el continente.

Ahora está fortalecida con los golpes blandos propinados a la izquierda en Argentina, Bolivia, Costa Rica, Chile, Colombia, Ecuador, Honduras, Paraguay, Perú, República Dominicana, Trinidad y Tobago, todos los cuales votaron en contra de Cuba o se abstuvieron, en el debate de la ONU sobre el bloqueo de EE. UU.

El triunfo de Lula en Brasil, donde ya el Departamento de Estado daba como ganador a Flávio Bolsonaro, podría hipotéticamente ser el inicio de un tercer retorno del progresismo a estas tierras, y es lo que busca Estados Unidos que no suceda.

En tal sentido, los ojos agresivos de Trump y comparsa están puestos sobre México, al tiempo que harán todo lo posible para entorpecer el nuevo mandato del PT brasileño.

Esta XXX edición tiene características de su género:

1) Se realiza en momentos muy contradictorios para el futuro de la región y del mundo caracterizado por una peligrosa baja popularidad del presidente Donald Trump, quien trata de revertirla combinando acciones efectistas que lo muestren como un hombre victorioso, lo cual es falso. Él es un producto político prefabricado, no un líder.

2) El desarrollo de una política exterior muy agresiva en función de la interior, lo cual lo ha llevado a cometer graves errores estratégicos como la guerra en Irán, su ambivalencia en la de Ucrania, genocidio en Cuba y desaciertos en sus relaciones con la Europa otanista que ha contribuido a crear el cisma agravado por las revueltas populares en Francia, Alemania, España, Polonia, Portugal y otros países.

3) Una crisis económica más grave de lo que parece porque tiene su génesis en EEUU con su creciente deuda pública que debilita al dólar como divisa internacional y, a través de ella, a las economías extranjeras que dependen de esa moneda.

La situación puede derivar en cualquier momento en una insuperable crisis financiera que intensificará la de las cadenas de suministros, en especial petróleo, combustibles y otras materias primas, incluyendo tierras raras.

En esas condiciones —que no son las únicas— para Estados Unidos es cada vez más decisivo el control de América Latina, a la cual considera realmente, y no retórica, su patio trasero.

En esta coyuntura, la Casa Blanca no dinamita como antes la cumbre iberoamericana, sino que busca transformarla y convertirla en un instrumento suyo bajo la sombra del Escudo de las Américas promocionado por su secretario de Estado, Marco Rubio, y bajo el amparo de la OEA y su Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, un cadáver político y militar resucitado bajo la inspiración de una readecuación trumpiana de la Doctrina Monroe.

Basta conocer quiénes son los presidentes que han anunciado su asistencia cuando en ediciones anteriores ni siquiera mencionaban ni les interesaba la cumbre iberoamericana. Son todos los impuestos en elecciones o que han sido doblegados, como la presidenta en funciones de Venezuela, mientras ejercen presión, según algunos medios de prensa, para que asistan otros mandatarios fuera de ese círculo que justifiquen la reunión.

Todos saben que, después del retroceso circunstancial del progresismo en América Latina, esa cumbre ha perdido fuelle y protagonismo internacional por múltiples factores, como la existencia de bloques latinoamericanos que prometían más ventajas y valores que la iberoamericana, entre estos CELAC, UNASUR o la Alianza del Pacífico. En la última de 2024 en Ecuador participaron solamente tres presidentes.

Ahora no hay equilibrio en esa cumbre, ni España es su protagonista real, más allá de que ese país está también en llamas. Es Estados Unidos quien lo ejerce tras bambalinas y no da espacio a ninguna opción o compromiso fuera del contexto de patio trasero. De allí que sectores de la izquierda vean este XXX encuentro como una caja de resonancia de la política y ambiciones hemisféricas de Washington.

Al ver la lista de presidentes asistentes —las publicadas hasta el momento de redactar este artículo—, más bien parece una enumeración de mercenarios, no de mandatarios, y ellos justifican el título y la pregunta de este análisis: “La Cumbre Iberoamericana, ¿desaparece o se yanquiliza?” ¿Quién y cuándo la contesta? <> 

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