EN UN CALLEJÓN (CASI) SIN SALIDA
Por Gustavo Espinoza M.
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decirse -y es verdad- que en política no hay situaciones sin salida. Siempre
hay una salida. Lo que ocurre es que no siempre la salida es la esperada y
tampoco es la mejor. Al contrario, casi siempre resulta inesperada y suele ser
peor. Lo que sucede es que las fuerzas en pugna se valen muchas veces de
herramientas obscenas para imponerse en una circunstancia y al lograrlo, ponen
a luz muchas de sus propias debilidades. En otras palabras, muestran todas sus
impudicias.
Esto
queda más en evidencia cuando las fuerzas en pugna son afines, separadas de
modo coyuntural por ambiciones, egoísmo, pequeñas mezquindades o simple
angurria. Incurren entonces en falacias, truhanerías de poca monta y pujas
ridículas muchas de las cuales colocan a trasluz el frágil sustento de las
ataduras que los ligan y muestran la fealdad de los roles que aparentan.
Los
sucesos ocurridos en la capital de La Libertad pusieron en negro sobre blanco
las debilidades de un régimen absolutamente precario e improvisado: un ministro
del Interior que por “razones personales” no pueden estar donde debía estar
para cumplir con su deber; un ministro de Defensa que no sabe lo que dice ni
tiene idea de lo que hace; un grupo de gentes que nadie sabe si son
delincuentes disfrazados de policías o policías disfrazados de delincuentes
-para los efectos da lo mismo-; armamento de guerra y uniformes oficiales que
nadie dice de dónde salieron ni cómo llegaron a ese destino; y un cúmulo de
versiones descabelladas que se contradicen entre sí y que nadie sabe cómo
aclarar; y una Mandataria que calla varios días para terminar diciendo nada,
como es su estilo.
De
todos modos, lo que queda claro del tema es que hubo un secuestrado que no
fue “liberado” por la policía como lo sugirió el gobierno,
sino puesto en libertad por sus captores como lo reconoció la familia, a cambio
de “acuerdos” no revelados; y cuatro muertos, asesinados por un tirador
experto. Después, un grupo de capturados que habrían incluso firmado
autoinculpaciones pero que evidentemente no tenían nada que ver con los hechos,
y un conjunto de fotos del Grupo Operativo y de Unidades Móviles que
participaron directa o indirectamente en los hechos luciendo placas
oficiales. Todo permitió que muchos volvieran los ojos a las últimas
décadas del siglo pasado cuando el terror se enseñoreó en el país.
No
es la primera vez que la policía presenta a “culpables” de
delito que no cometieron. Recordemos que cuando mataron a Pedro Huilca también
presentaron hasta cinco grupos de “los verdaderos asesinos” del
dirigente obrero para ocultar a los verdaderos responsables. Y en esa
circunstancia se habló también de “la confesión” de los
acusados, quienes -luego de un “interrogatorio científico”- terminaron
admitiendo su participación en el hecho.
Por
casos como esos la justicia ordinaria terminó señalando que no era válida una
“confesión” extraída en las ergástulas policiacas de la avenida España y
hasta dio al traste con la vieja tesis de considerar “la confesión del
reo”, como “la reina de las pruebas”.
De todo este
desordenado cambalache de acusaciones y “pruebas” insustentables;
lo único que quedó en evidencia es que el gobierno mintió de comienzo a fin y
que el jefe de la policía, el general Arriola está comprometido en acciones de
las que habrá de dar cuenta quiérase o no.
El
otro gran tema tiene que ver con la captura de un asesino en potencia, el
argentino Fernando Cerimedo, asesor ejecutivo del presidente
boliviano Rodrigo Paz, alfil del gaucho Milei y del chileno Katz y hombre de
confianza de Donald Trump. Es decir, un operador del Imperio en esta región del
mundo con todos los recursos imaginables y condecorado en febrero pasado en Mar
a Lago -Florida- con la asistencia de Keiko Fujimori.
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| Fernando Cerimedo |
Para
completar el escenario, cabe referirse al papel que cumple el funcionario de la
embajada de los Estados Unidos revestido ahora como ministro de Relaciones
Exteriores para escarnio de la Cancillería, esa de Raúl Porras y Carlos
Alzamora. El señor Espá anunció la “ruptura de relaciones diplomáticas” con
Irán y luego atacó a la administración de Managua “en nombre de la democracia”.
Es probable que en Teherán se pregunten quién es este Espá, de dónde viene y cómo ha salido. Pero no es previsible que nos envíen un Misil Nuclear para acabar con él. Los nicaragüenses por su parte, le han recordado que no merece siquiera una respuesta. Y es que el Perú, después de 36 años de influencia fujimorista, está con su prestigio por los suelos.
Todos
estos elementos -y algunos más- configuran la crisis que vive el país y que
tiene ya repercusiones en a economía. La inflación aumenta, se disparan los
precios, decae el crédito externo y se incrementa la desconfianza de los
inversores. ¿Será para eso que postuló Keiko? ¿Pretenderá así “gobernar” cinco
años?
Pretender
salir de este callejón podría llevarla a alentar un peligroso “ruido de
sables”. Cuidado, entonces. <>


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