martes, 1 de septiembre de 2026

NUESTRAS LENGUAS ORIGINARIAS: EL QUECHUA

 EL USO DEL QUECHUA

EN EL PERÚ

Theresa Renker(*)

Comentado en YUYAY Nº 20

Resumen

Introducción: el problema del quechua como problema social Renker plantea que el Perú vive una contradicción fundamental. Mientras el país promueve internacionalmente su herencia incaica y la riqueza de sus pueblos indígenas como símbolos nacionales y atractivos turísticos, los propios pueblos indígenas continúan enfrentando cotidianamente racismo y discriminación. La ideología dominante suele asociar la identidad indígena con pobreza, atraso y falta de educación, por lo que hablar quechua deja de ser únicamente una práctica lingüística y se convierte en un marcador visible de exclusión social.

La autora argumenta que en el Perú la discriminación no depende solo del origen étnico, sino también de elementos culturales como la vestimenta tradicional, las costumbres y, sobre todo, el uso de una lengua indígena, lo cual atañe no solo al quechua sino también al aymara y demás lenguas originarias del país. Debido a ello, muchas personas deben decidir entre conservar su identidad cultural o facilitar su integración social y económica en una sociedad “blanca” mediante el uso exclusivo del español. El problema del quechua, por tanto, no puede entenderse aislado de las relaciones históricas de poder heredadas desde la colonia.

El estado actual del quechua

La autora explica que el quechua continúa siendo la lengua indígena más hablada de América, con millones de hablantes distribuidos en varios países andinos. Sin embargo, esa cifra puede resultar engañosa porque la lengua atraviesa un proceso continuo de desplazamiento hacia el español. Renker muestra que el monolingüismo en quechua ha disminuido progresivamente durante el siglo XX mientras aumenta el uso exclusivo del español. El bilingüismo muchas veces representa solamente una etapa transitoria antes del abandono definitivo del quechua. Numerosos padres dejan de transmitir la lengua a sus hijos porque consideran que dominar el español ofrece mayores oportunidades laborales, educativas y de movilidad social.

Otro aspecto importante señalado por la autora es la enorme diversidad interna del quechua. No existe una única variedad uniforme, sino numerosas variantes regionales que, en algunos casos, dificultan la comunicación entre hablantes de distintas zonas. Esta diversidad complica los esfuerzos de estandarización, enseñanza y revitalización del idioma.

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Además, la migración del campo hacia las ciudades modifica profundamente las comunidades lingüísticas. Al trasladarse a espacios urbanos, muchos hablantes abandonan progresivamente el uso cotidiano del quechua para adaptarse a un entorno donde predomina el español. La violencia política, la falta de oportunidades educativas y la crisis económica han acelerado este proceso durante las últimas décadas.

La autora concluye que el debilitamiento del quechua no obedece principalmente a problemas lingüísticos, sino a factores sociales, económicos e ideológicos que favorecen sistemáticamente el español como lengua del progreso.

Discriminación cultural y “performance” del mestizaje

En la parte central de su trabajo, Renker sostiene que el quechua ha sido históricamente asociado con pobreza, ignorancia y atraso, mientras el español simboliza educación, inteligencia y modernidad. Estas asociaciones no son naturales, sino el resultado de una larga tradición colonial que continúa influyendo en la sociedad peruana y subestimando a la población indígena y sus saberes.

Según la autora, durante la colonia el español fue impuesto como la lengua del poder, mientras las lenguas indígenas quedaron vinculadas a posiciones subordinadas. Aunque el colonialismo terminó formalmente con la así llamada “independencia”, su legado ideológico permanece vigente. Muchas personas indígenas han interiorizado esos valores y llegan incluso a considerar que su propia lengua carece de utilidad práctica.

Renker muestra que numerosos quechuahablantes abandonan voluntariamente el idioma, no porque rechacen su cultura, sino porque buscan mejorar sus condiciones de vida. Hablar español facilita el acceso a la educación, al empleo y al reconocimiento social. En consecuencia, el cambio lingüístico representa muchas veces una estrategia de supervivencia.

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Para explicar este fenómeno, la autora recurre al concepto de “performance” desarrollado por Judith Butler. Así como el género puede entenderse como una construcción social representada mediante determinadas prácticas, la identidad mestiza también puede interpretarse como una actuación condicionada por las expectativas sociales.

Muchos indígenas continúan sintiéndose profundamente vinculados con su cultura, pero modifican públicamente ciertos rasgos visibles —como la lengua, la ropa o las costumbres—para ser aceptados dentro de la sociedad dominante. No abandonan necesariamente su identidad interior; simplemente representan una identidad mestiza que les permite reducir la discriminación y ampliar sus oportunidades.

 Desde esta perspectiva, el abandono del quechua no expresa una falta de orgullo cultural, sino la presión ejercida por una sociedad que recompensa la asimilación y penaliza la diferencia.

Autenticidad cultural e idealización del quechua

En la última parte del trabajo, Renker analiza otra forma más sutil de discriminación: la idealización del mundo indígena.

La autora sostiene que tanto el Estado peruano como el turismo nacional e internacional suelen presentar el quechua y las culturas andinas como vestigios gloriosos del Imperio inca. Machu Picchu, las ruinas arqueológicas y la imagen romántica del pasado incaico reciben enorme valoración simbólica, pero esa admiración no se traduce casi nunca en respeto hacia los pueblos indígenas actuales y reales.

Según Renker, esta visión convierte el quechua en un objeto de nostalgia antes que en una lengua viva. Muchas personas afirman valorar el idioma porque representa la historia del Perú, pero no reconocen la realidad contemporánea de quienes lo hablan diariamente en la actualidad.

La autora también analiza el concepto de autenticidad cultural. En numerosos contextos se considera que solamente son verdaderamente indígenas quienes conservan el idioma, la vestimenta tradicional y un estilo de vida rural. Quienes migran a las ciudades o dejan de usar el quechua son percibidos como menos auténticos, aunque sigan identificándose con su cultura.


Esta situación genera una contradicción profunda. Por un lado, la discriminación impulsa a muchos indígenas a abandonar el quechua para acceder a mejores oportunidades. Por otro, cuando dejan de hablar la lengua son cuestionados respecto a su autenticidad cultural. De este modo quedan atrapados entre dos formas distintas de exclusión.

La autora extiende este análisis al turismo en ciudades como Cusco, donde la identidad indígena puede convertirse en una mercancía. Los visitantes buscan experiencias consideradas auténticas, lo que incentiva determinadas representaciones estereotipadas del mundo andino. En consecuencia, muchas personas terminan interpretando públicamente una identidad indígena ajustada a las expectativas del mercado turístico más que a la complejidad de sus propias experiencias culturales.

Conclusiones

Renker concluye que el futuro del quechua depende mucho menos de reformas lingüísticas aisladas que de una transformación profunda de la cultura peruana. Mientras el español continúe siendo considerado el único camino hacia el progreso y el quechua siga asociado con atraso o reducido a un símbolo folclórico del pasado, cualquier política de revitalización tendrá resultados limitados. Desde el punto de vista de la autora, el quechua constituye un componente esencial de la identidad de millones de personas. Incluso cuando muchos hablantes dejan de usarlo cotidianamente, la lengua permanece como parte de su memoria, de su historia familiar y de su pertenencia cultural. Por ello, Renker sostiene que la verdadera revitalización del quechua requiere modificar las estructuras sociales e ideológicas que sostienen la discriminación. El problema principal no es que los hablantes indígenas deban cambiar su comportamiento lingüístico, sino que la sociedad peruana debe abandonar las concepciones coloniales que continúan marginando sus lenguas y culturas originarias. Solo cuando cambie esa conciencia colectiva será posible garantizar la supervivencia y el fortalecimiento del quechua como lengua viva y no únicamente como patrimonio histórico. <>

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(*) Este artículo es un resumen del original de Renker, Theresa A., "Quechua Language Use in Modern Peru: An Investigation of Cultural Authenticity and Identity construction" (2014). URC UNH Restricted. 82. https:// scholars.unh.edu/urc/82 University of New Hampschire

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