EL USO DEL QUECHUA
EN EL PERÚ
Theresa Renker(*)
Comentado en YUYAY Nº 20
Resumen
Introducción: el problema del quechua como
problema social Renker plantea que el Perú vive una contradicción fundamental.
Mientras el país promueve internacionalmente su herencia incaica y la riqueza
de sus pueblos indígenas como símbolos nacionales y atractivos turísticos, los
propios pueblos indígenas continúan enfrentando cotidianamente racismo y
discriminación. La ideología dominante suele asociar la identidad indígena con
pobreza, atraso y falta de educación, por lo que hablar quechua deja de ser
únicamente una práctica lingüística y se convierte en un marcador visible de
exclusión social.
El estado actual del quechua
La autora explica que el quechua continúa siendo
la lengua indígena más hablada de América, con millones de hablantes
distribuidos en varios países andinos. Sin embargo, esa cifra puede resultar
engañosa porque la lengua atraviesa un proceso continuo de desplazamiento hacia
el español. Renker muestra que el monolingüismo en quechua ha disminuido
progresivamente durante el siglo XX mientras aumenta el uso exclusivo del
español. El bilingüismo muchas veces representa solamente una etapa transitoria
antes del abandono definitivo del quechua. Numerosos padres dejan de transmitir
la lengua a sus hijos porque consideran que dominar el español ofrece mayores
oportunidades laborales, educativas y de movilidad social.
Otro aspecto importante señalado por la autora es
la enorme diversidad interna del quechua. No existe una única variedad
uniforme, sino numerosas variantes regionales que, en algunos casos, dificultan
la comunicación entre hablantes de distintas zonas. Esta diversidad complica
los esfuerzos de estandarización, enseñanza y revitalización del idioma.
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La autora concluye que el debilitamiento del
quechua no obedece principalmente a problemas lingüísticos, sino a factores
sociales, económicos e ideológicos que favorecen sistemáticamente el español
como lengua del progreso.
Discriminación cultural y “performance” del mestizaje
En la parte central de su trabajo, Renker sostiene
que el quechua ha sido históricamente asociado con pobreza, ignorancia y
atraso, mientras el español simboliza educación, inteligencia y modernidad.
Estas asociaciones no son naturales, sino el resultado de una larga tradición
colonial que continúa influyendo en la sociedad peruana y subestimando a la
población indígena y sus saberes.
Según la autora, durante la colonia el español fue impuesto como la lengua del poder, mientras las lenguas indígenas quedaron vinculadas a posiciones subordinadas. Aunque el colonialismo terminó formalmente con la así llamada “independencia”, su legado ideológico permanece vigente. Muchas personas indígenas han interiorizado esos valores y llegan incluso a considerar que su propia lengua carece de utilidad práctica.
Renker muestra que numerosos quechuahablantes abandonan voluntariamente el idioma, no porque rechacen su cultura, sino porque buscan mejorar sus condiciones de vida. Hablar español facilita el acceso a la educación, al empleo y al reconocimiento social. En consecuencia, el cambio lingüístico representa muchas veces una estrategia de supervivencia.
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Muchos indígenas continúan sintiéndose
profundamente vinculados con su cultura, pero modifican públicamente ciertos
rasgos visibles —como la lengua, la ropa o las costumbres—para ser aceptados
dentro de la sociedad dominante. No abandonan necesariamente su identidad
interior; simplemente representan una identidad mestiza que les permite reducir
la discriminación y ampliar sus oportunidades.
Desde esta
perspectiva, el abandono del quechua no expresa una falta de orgullo cultural,
sino la presión ejercida por una sociedad que recompensa la asimilación y
penaliza la diferencia.
Autenticidad cultural e idealización del quechua
En la última parte del trabajo, Renker analiza
otra forma más sutil de discriminación: la idealización del mundo indígena.
La autora sostiene que tanto el Estado peruano
como el turismo nacional e internacional suelen presentar el quechua y las
culturas andinas como vestigios gloriosos del Imperio inca. Machu Picchu, las
ruinas arqueológicas y la imagen romántica del pasado incaico reciben enorme
valoración simbólica, pero esa admiración no se traduce casi nunca en respeto
hacia los pueblos indígenas actuales y reales.
Según Renker, esta visión convierte el quechua en
un objeto de nostalgia antes que en una lengua viva. Muchas personas afirman
valorar el idioma porque representa la historia del Perú, pero no reconocen la
realidad contemporánea de quienes lo hablan diariamente en la actualidad.
La autora también analiza el concepto de autenticidad cultural. En numerosos contextos se considera que solamente son verdaderamente indígenas quienes conservan el idioma, la vestimenta tradicional y un estilo de vida rural. Quienes migran a las ciudades o dejan de usar el quechua son percibidos como menos auténticos, aunque sigan identificándose con su cultura.
Esta situación genera una contradicción profunda.
Por un lado, la discriminación impulsa a muchos indígenas a abandonar el
quechua para acceder a mejores oportunidades. Por otro, cuando dejan de hablar
la lengua son cuestionados respecto a su autenticidad cultural. De este modo
quedan atrapados entre dos formas distintas de exclusión.
La autora extiende este análisis al turismo en
ciudades como Cusco, donde la identidad indígena puede convertirse en una
mercancía. Los visitantes buscan experiencias consideradas auténticas, lo que
incentiva determinadas representaciones estereotipadas del mundo andino. En consecuencia,
muchas personas terminan interpretando públicamente una identidad indígena
ajustada a las expectativas del mercado turístico más que a la complejidad de
sus propias experiencias culturales.
Conclusiones
Renker concluye que el futuro del quechua depende
mucho menos de reformas lingüísticas aisladas que de una transformación
profunda de la cultura peruana. Mientras el español continúe siendo considerado
el único camino hacia el progreso y el quechua siga asociado con atraso o
reducido a un símbolo folclórico del pasado, cualquier política de
revitalización tendrá resultados limitados. Desde el punto de vista de la
autora, el quechua constituye un componente esencial de la identidad de
millones de personas. Incluso cuando muchos hablantes dejan de usarlo
cotidianamente, la lengua permanece como parte de su memoria, de su historia
familiar y de su pertenencia cultural. Por ello, Renker sostiene que la
verdadera revitalización del quechua requiere modificar las estructuras
sociales e ideológicas que sostienen la discriminación. El problema principal
no es que los hablantes indígenas deban cambiar su comportamiento lingüístico,
sino que la sociedad peruana debe abandonar las concepciones coloniales que
continúan marginando sus lenguas y culturas originarias. Solo cuando cambie esa
conciencia colectiva será posible garantizar la supervivencia y el
fortalecimiento del quechua como lengua viva y no únicamente como patrimonio
histórico. <>
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(*) Este
artículo es un resumen del original de Renker, Theresa A., "Quechua
Language Use in Modern Peru: An Investigation of Cultural Authenticity and
Identity construction" (2014). URC UNH Restricted. 82. https://
scholars.unh.edu/urc/82 University of New Hampschire




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