jueves, 3 de septiembre de 2026

LLAMERADA PARA EL MUNDO

 Omar Aramayo

La llama (lama glama) hace cinco mil años ya era un animal doméstico, sus restos óseos se evidencian en Caral, la civilización más antigua del continente. Y de mucho antes se conoce su existencia extendida incluso en Centroamérica, con las eras se circunscribe a Chile, Perú, y Bolivia. Bolivia tiene una población de dos millones y medio de individuos, Perú millón y medio, Chile un número escaso. No fue siempre así, su número disminuye en el Perú en el siglo XX por las carreteras y la expansión del mercado, que sustituye los productos y servicios que brinda este hermoso animal, y cuyo impacto es menor en Bolivia.

Nos referimos a una pequeña región de Bolivia, porque como se sabe, el oriente boliviano repudia aquello que sucede en el Altiplano que comparte con el Perú. Así que cuando se dice que tal o cual patrimonio pertenece a Bolivia, no solo es arbitrario sino relativo, se habla de una pequeña parte de ese país.

Noble animal de carga usado por el arrieraje
La llama, la alpaca, la vicuña, y el guanaco, camélidos sudamericanos, en su rededor, durante siglos producen una cultura extraordinaria. Sería imposible imaginar el mundo prehispánico, sin la presencia de estos animales. En el caso específico de la llama su aporte no solo es como animal de transporte, sino su áspera fibra, y su carne de contingencia.

Durante milenios la llama, las tropas de llamas, los pastores, y los arrieros, son protagonistas en la construcción de las culturas. Y es tal vez, la más trascendente de esas actividades la del arriero. Los arrieros o caravaneros cruzaron el continente de extremo a extremo con sus productos, tramontaron los pisos ecológicos, surcaron regiones desconocidas y peligrosas, atravesaron anchos y fragorosos desiertos. Y los marcaron. Dibujaron las rutas. Los sorprendes geoglifos que cada día se descubren, a partir del mapa estelar de las pampas de nazca, fueron realizadas por los caravaneros, primero como marca en los caminos y luego como construcción histórica, culto y posesión.

Hace cientos de años grabaron en piedra volcánica, en uno de los pequeños desiertos de Arequipa el testimonio de un pueblo de danzantes, asombroso. Las danzas de llameros en el Perú son numerosas, una de ellas es la llamerada puneña, que los aymaras bolivianos comparten, no por bolivianos sino por aymaras.

De allí, entonces, que un grupo de afiebrados pseudo nacionalistas bolivianos, reclamen la propiedad de algo que pertenece al tiempo, a pueblos ya extintos, a mixturas culturales poco descifradas. No les pertenece. No les pertenece absolutamente nada, es el Perú milenario, la América inédita, virginal. Es, simplemente, cultura humana, donde la fantasía de supuestos derechos de autor, de originalidad, son una farsa, un asco. <>


NOTA DEL EDITOR:  La exhibición de la vestimenta de La Llamerada en un certamen mundial de belleza por nuestra representante Miss Perú Mundo 2026 Josiane Sciotti, ha desatado una ola de protestas en el hermano país de Bolivia. En ellas se exige al Perú reconozca que el origen y practica antigua de esa danza, corresponde al desarrollo cultural auténticamente boliviano. Sin embargo, el cúmulo de argumentaciones no resisten el análisis histórico, puesto que la llamada Bolivia deviene desde el Collasuyo, el virreinato del Perú, la Audiencia de Charcas, conocida como Alto Perú, y culmina con la fundación de la república de Bolivia poco más de 200 años atrás. Antes de ello y tal vez por mil años, existió un ámbito socio cultural común (aimara-altiplánico) desde el que emergieron manifestaciones culturales de diversa clase, entre las que destaca el mundo de la coreografía popular, entre la que se ubica -entre algunas otras- la Llamerada, la misma que no puede reputarse como "boliviana", simple y llanamente porque es muy anterior a la aparición de la República de Bolivia en el continente americano. GVC

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