viernes, 24 de julio de 2026

OPINION. CON MOTIVO DE UN ANIVERSARIO MÀS DEL 28 DE JULIO DE 1821

 LA INDEPENDENCIA DEL PERÚ

Y LA PROMESA INCUMPLIDA (PARTE II)

Por: Jorge Luis Choque

L

a independencia del Perú no fue el nacimiento glorioso de una república plenamente libre, sino el punto de partida de una larga impostura histórica. Se proclamó la libertad, pero se conservaron los privilegios; se enarboló la patria, pero se dejó intacta la desigualdad; se celebró la emancipación, pero el país siguió gobernado por élites incapaces de construir una ciudadanía real.

Conviene decirlo sin rodeos: el Perú independiente nació con una deuda moral y política con su propio pueblo. La ruptura con España no destruyó el orden colonial; apenas lo redistribuyó entre nuevos administradores del poder. Cambiaron los nombres, los símbolos y los discursos, pero la estructura social siguió castigando a los mismos de siempre: indígenas, campesinos, afrodescendientes, mestizos y sectores populares que fueron útiles para la guerra, pero prescindibles para la república.

La historia oficial insiste en un relato limpio, heroico y conveniente. Pero la verdad histórica es menos decorosa: la independencia fue también una negociación entre élites, una salida calculada para evitar una transformación social profunda. Muchos criollos no quisieron liberar al país; quisieron conservarlo bajo su control. Temían más al pueblo movilizado que al dominio español, y por eso prefirieron una emancipación sin revolución, una patria sin redistribución y una república sin pueblo.

Ese es el pecado de origen que todavía nos persigue. La república peruana nació débil no por accidente, sino porque fue concebida desde arriba, para pocos y contra muchos. Desde entonces, el poder político se ha repetido como una maquinaria de exclusión: centralismo, racismo, clientelismo, captura del Estado y desprecio por las mayorías. El problema no es solo que la independencia no cumplió su promesa; es que buena parte de sus herederos nunca quisieron cumplirla.

Tampoco en el terreno económico hubo verdadera emancipación. El Estado republicano terminó convertido en botín de grupos privilegiados que administraron la riqueza pública como si fuera propiedad privada. La corrupción no es una desviación reciente: es una tradición de larga duración, una forma de entender el poder como saqueo y no como servicio. Por eso el país avanza con una mano mientras la otra roba lo que debía sostener a millones de peruanos.

Y mientras tanto, el discurso patriótico sigue funcionando como anestesia. Cada julio se repiten los himnos, los desfiles y los brindis solemnes, pero se calla lo esencial: el Perú sigue siendo un país profundamente desigual. Se habla de unidad nacional, pero se tolera el abandono de regiones enteras. Se invoca a los héroes, pero se traiciona su ejemplo. Se celebra la libertad, pero se convive con la pobreza, el racismo y la impunidad. Ese falso nacionalismo es una coartada para no cambiar nada.

La independencia no fracasó solo por lo que no hizo en 1821; fracasa cada vez que la reducimos a una ceremonia vacía. Una república que no garantiza justicia social, dignidad y representación auténtica no merece llamarse plena. Y un Estado que convierte la memoria en espectáculo mientras abandona a su gente no construye nación: administra frustración.

Por eso hay que decirlo con claridad: el Perú no necesita más patrioterismo de escenario ni más funcionarios que confundan el poder con privilegio. Necesita una refundación ética de su vida pública. Necesita romper con la lógica del abuso, del centralismo y de la corrupción que han deformado la promesa republicana desde su origen. La independencia será una verdadera victoria solo cuando deje de ser una fecha ceremonial y se convierta en una realidad social para todos.

La patria no puede seguir siendo una palabra usada por quienes la vacían de contenido. Si la independencia fue una promesa, entonces la historia del Perú sigue siendo la historia de una deuda pendiente. Y esa deuda no se salda con discursos, sino con verdad, justicia y decisión política. <>

----------------------------------

Referencias

Basadre, J. (1944). La promesa de la vida peruana. Juan Mejía Baca.

Bonilla, H., & Spalding, K. (1972). La independencia en el Perú: Las palabras y los hechos. Instituto de Estudios Peruanos.

Manrique, N. (2006). La participación criolla e indígena en la independencia.

Quiroz, A. W. (1987). La deuda defraudada: Consolidación de 1850 y dominio económico en el Perú. Instituto Nacional de Cultura.

Pontificia Universidad Católica del Perú. (2018). Las élites criollas en la Independencia.

Perú, 24/07/2026

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario