domingo, 26 de julio de 2026

OPINION: UN RECUENTO FUGAZ DE LAS ULTIMAS DECADAS

 BREVE HISTORIA DEL PERÚ

César Hildebrandt

En HILDEBRANDT EN SUS TRECE N 792, 25JUL26

N

ací el año que el cachaco Manuel A. Odrìa pateó el tablero y sacó a Bustamante y Rivero de una presidencia legítima.

Nací en el ochenio que fue una época para los agroexportadores y para la minería y una etapa horrible para los apristas y comunistas.

La derecha era feliz porque las cifras eran azules y el país parecía estar bajo control. Lo que crecía en las tripas de ese país desigual era un yacimien­to explosivo de gas natural, un Camisea de descontentos.

Después de Odría vino don Manuel, que simulaba ser francés pero que era hijo de don Mariano Ignacio, el traidor. Don Manuel terminó de domesticar al Apra y a esa muerte la llamaron La Convi­vencia. Fueron los días en que Haya, cansado del verbo que lo conducía a la penuria, probó la pócima del acostumbramiento. Fue un brindis por el Perú. Fue su propia extremaunción. Y el gas natural seguía acumulán­dose. Camisea se asomaba.

Manuel Prado Ugarteche
Entonces todo empezó a re­ventar con las guerrillas, que el ejército combatió breve y radicalmente. Y estaban las universidades insurrectas, los migrantes serranos, los malhe­ridos del salario, los comuneros condenados con un papel de sello quinto: la caldera del dia­blo. Y encima estaba Cuba, tomada por irnos barbudos que parecían salidos de una historieta de justicieros.

Era cadete del Leoncio Prado cuando mataron a Kennedy y lo seguía siendo cuando Hugo Blanco corría la voz de los resarcimientos en el valle de La Convención. Eran los años de Luis de la Puente y Héctor Béjar.

Haya debió ser presidente en 1962, pero los militares se lo impidieron. 

Fernando Belaunde Terry
Entonces llegó el arquitecto de las buenas intencio­nes y los tibios fracasos y más tarde, en 1968, el mayor chasco del siglo XX peruano. Un grupo de militares intentó que el Perú tuviera su revolución francesa y mexicana al mismo tiempo y que los jacobinos se quedaran sin banderas y sin guillotinas. Pero sucedió que las grandes masas no se adhirieron al proceso ni entendieron lo que se quería hacer y fue la izquierda -no la derecha- la que se encargó de que los maestros o los cam­pesinos se enfrentaran a quienes pretendían reivindicarlos.

Fue el desastre. De ese derrumbe, alentado por la clase dominante y po­tencias del extranjero, salió la convic­ción perversa de que el Perú no tenía remedio y que lo mejor que podía pa­samos era que no sacáramos los pies de la justa loseta que el mundo nos había reservado por ser tan idiotas.

Fue el momento en que Morales Bermúdez le gritó al mundo que todo había sido un malentendido y que el país recuperaría su turbia savia. Después vino la segunda y aún más pálida versión del arquitecto y tras esas lentitudes llegó el primer García, que se presentó como el renacimiento de Víctor Raúl y que terminó resumido en una bolsa de leche ENCI y una inflación mágica que desaparecía el vil dinero.

Por debajo de ese escenario, un loco delirante, un kantia­no trucho, un polpotiano con malas traducciones en el tracto digestivo, había empezado una guerra cuya meta era convertimos en esclavos. No era Robespierre ni Emiliano Zapata lo que nos esperaba: era un profe de Huamanga con ínfulas de ser “la cuarta es­pada” del marxismo-leninismo-maoísmo. Era la revolu­ción con arma blanca. Era lo que nos faltaba.

Pero no podíamos que­damos allí. Para enmendar esos rumbos de sangre y extravío llegó el hombre que nos convirtió en cam­pamento. Se llamaba Al­berto Fujimori y nos libró del terrorismo, pero creó el suyo, y nos puso en la cons­telación de las finanzas in­ternacionales, pero nos dejó sin una sola institución que se salvara de su baba. Un país podrido desde adentro le dio las gracias.

Alan Garcìa

Después llegaron Toledo, el que cedió al demonio, y García, que no pudo con los suyos, y PPK, que era el CEO de la traía que se le propusiera. Y después, la mancha de innombrables que hicieron cola en la ventanilla de las deshonras.

Hasta que llegamos a esto. La hija del hombre que corrompió lo más profundo de este país ha sido elegida para que nos gobierne como él. ¿Felices fiestas? Mirémonos en el espejo. Nací en un ochenio de mano dura y ordinariez. He vuelto a mi infancia. <>

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