DOS MENSAJES EN EL ESCENARIO PERUANO
Por Gustavo
Espinoza M,
4 de abril 2026
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A |
pocos días
del 12 de abril, y cuando comienzan a “calentarse los motores” para los
comicios presidenciales y parlamentarios que se avecinan, bien puede percibirse
en el escenario la existencia de dos mensajes claros y definidos.
Desde la base social asoma una mirada
de preocupación por lo que habrá de ocurrir. El común de los peruanos ve con
desconfianza el accionar de la “clase política” y prefiere tomar distancia
incluso del mismo proceso del sufragio. Cree que el anhelo de contar con un
gobierno eficiente y honrado asoma a una distancia sideral de lo que hoy
ocurre; y, por eso incluso muestra escepticismo hasta de la misma consulta
electoral ya próxima.
Muchos son los que creen que ella no servirá
para encarar certeramente los problemas del país y que, con cualquier gobierno
que emerja de las ánforas, las cosas habrán de seguir tal como están
La ciudadanía sabe que eso no solamente
sería posible, sino también natural, porque ese es el estado de ánimo que fluye
cada día en campos y ciudades de nuestro país. La reciente “recepción” brindada
a López Aliaga por el pueblo de Puno, y otros aledaños lo confirma.
Como ahora se computan los votos nulos y
viciados y se acumulan en beneficio de quienes sean “los primeros” existe
el temor que esta vez se añadan a los de Keiko Fujimori y López Aliaga para
hacerlos “finalistas” en procura de una segunda vuelta por cierto amañada. .
En realidad, esa es una buena advertencia
que podría servir para que más bien todos vayan a votar y que lo hagan bien ya
que la cédula del sufragio es tan enrevesada, que mucha gente puede marcar mal
sus preferencias de tal modo que sus votos sean considerase nulos o viciados y
sumarse como se ha dicho.
Hay que sobreponerse a esta eventualidad. Hay que escoger entre los candidatos que
representen a alguna tendencia dentro del campo popular, aunque no
satisfaga nuestras expectativas, pero que sí reúna algunos requisitos que lo
hagan elementalmente digerible.
En otras palabras, hay que respaldar a
quien encarne un programa de corte patriótico, popular y democrático,
procurando -con la lucha social en marcha- hacerlo avanzar para que asuma lo
retos de nuestro tiempo y cumpla las tareas más apremiantes.
El otro mensaje que enarbola más bien la
clase dominante fluye con un lenguaje de odio. Sostiene que el país no necesita
democracia, sino “orden”; que lo que hay que hacer no es gobernar, sino
“imponer”; ya que como se sostenía falsamente antaño –“el país ha caído
en manos del terrorismo”- se asegura hoy que la “delincuencia” es
imbatible, porque la toleraron y apañaron ellos mismos desde el Legislativo.
Cínicamente se autodenominan “la fuerza del orden”.
No proponen programas contra el
subdesarrollo, la pobreza, la discriminación o la defensa del medio ambiente,
la lucha por la educación, la salud o los derechos de los trabajadores. No.
Su programa se limita a decir: hay que
construir cárceles. Instaurar la Pena de Muerte, generalizar la Cadena
Perpetua, hacer juicios sumarios, disponer de Jueces sin Rostro, privar a los
presos de comida, ropa y visitas. En otras palabras, hacerles la vida
imposible. Y, para que nadie se queje, retirarnos de los organismos
internacionales que protegen los Derechos Humanos.
Sus principales exponentes -Keiko y López
Aliaga- alentados por encuestas “bamba” se proclaman “ganadores” de la primera
vuelta y procuran hermanarse aún más. Y es que comparten intereses, pero
también formas de acción.
Cuando le preguntan a Keiko qué detesta
responde con presteza que “a la izquierda”. Y es que, para
ella, la Izquierda, son los trabajadores y el pueblo, el pensamiento avanzado y
la lucha, la voluntad de progreso y la defensa de las conquistas sociales. Eso,
es lo que detesta. Ni siquiera percibe que es precisamente por eso que la
detestan. Hasta su hermano Kenyi pide no votar por ella.
López Aliaga, por su parte, asegura que
busca enseñar lo que ha aprendido. Y lo que ha aprendido es muy
simple: conjugar el verbo matar en todos sus tiempos Así quiso
matar a Pedro Castillo y a Cerrón el 2021. Después, a Gustavo Gorriti. Luego, a
Páez, el periodista de La República. Y ahora a Croveto, el funcionario
electoral más antiguo. Pero también le gusta usar el verbo en masa. En su
momento, quiso que pusieran el dólar en órbita, para que los pobres murieran de
hambre ¿Lo recuerdan?
Por eso se dice, no sin razón, que cuando las deformaciones de personalidad se mezclan con el alcohol, los síntomas de demencia asoman evidentes. Se trata entonces de expresiones de locura incompatibles con la gobernabilidad. Debió exigirse un peritaje psiquiátrico a los candidatos, para evitar ese peligro.
Objetivamente en la sierra central, los
contrafuertes cordilleranos y el sur andino -vale decir gran parte del
territorio nacional- Keiko y López Aliaga han recibido el rechazo
multitudinario de la población. Ellos dijeron “terroristas” a los
abatidos en las jornadas de protesta pasadas, y volvieron a decir lo mismo
cuando se refirieron a los familiares de las víctimas de la política asesina de
Dina Boluarte, ¿Qué esperaban?
Y en Lima y otras ciudades, sus
manifestaciones han sido pobres y raleadas. Por eso sus áulicos han tenido que
hacer piruetas para “presentarles” como elementalmente “exitosas”.
El lenguaje del odio, ese que usan de manera cotidiana cuando se refieren al escenario nacional y aluden a la población, simplemente no tiene futuro. <:>




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