miércoles, 12 de agosto de 2026

ALGO EN LA VIDA DEL MAYOR VATE PUNEÑO

 PRESENCIA DEL POETA PUNEÑO CARLOS OQUENDO DE AMAT EN HUANCANE

ALGUNOS DATOS BIOGRAFICOS

Por: Leónidas Cuentas Gamarra

En su libro PUEBLOS SIN NOMBRE, Huancané 1988

E

l calendario marcaba el año de 1929, cuándo hizo su aparición por esta comarca, el Señor Carlos Oquendo de Amat aún no se sabía cómo ni de dónde venía. Era un personaje misterioso de estatura regular casi alto, de ojos grandes y negros como las profundidades del Titicaca, de mirada escrutadora y penetrante; de hombros enjutos y cabello lacio vestido de plomo de pantalones anchos en el bota píe a la moda de esa fecha, cubierto con un abrigo también plomo, que le caía sobre Ies pantorrillas, muy largo para protegerse del gélido frío de las punas, cubierto con un sombrero gacho y alón que hacía juego con su atuendo, cubriéndole la cabeza hasta media frente. Se distinguía el cintillo negro que lo contorneaba. Llevaba puestos zapatos de Charol lastimados por el tiempo. Tiene su andar era lento pero cadencioso como el péndulo de un reloj de pared que no se cansa de marcar el tiempo que pasa.

¿Quién era y de dónde venía?. Solo lo sabían sus amigos. Los lugareños decían que lo había transportado el "Payi", (leyenda de los bohemios noctámbulos que estando en un sitio, inconscientemente se aparecían en otro lugar a veces muy lejano de sus lares), hermosa leyenda larga de describir, pero no era así, era precisamente el personaje de nuestra modesta descripción.

LA CASA DONDE VIVÍA

Era una casona solariega en donde por las noches solo se oía el bronco y atronador ladrido de un gigante mastín, en cuya puerta principal de entrada se leía hasta no hace mucho un pequeño letrero en madera tallada que decía "Ricardo Villalba". Más en esa fecha ya pertenecía a don Manuel E. Cordero, por haberla heredado al contraer matrimonio con la viuda del lustroso tallado.

La Casa está ubicada en el crucero de las Calles Lima y Arica, a una cuadra de la plaza de Armas, techada toda ella de teja, podía decirse que era la Casa Rosada, ocupando un cuarto de manzana. Tiene cuatro tiendas sobre la Calle Lima, dos a cada lado del zaguán una de ellas destinada a la venta de abarrotes en general, la que le seguía a la venta de telas de toda clase e importadas de todas partes del mundo; luego entrando el pórtico, a mano derecha otra tienda para la venta de menudencias provenientes de las haciendas del gamonal y seguidamente, otra más pequeña que guardaba licores de toda clase, desde el wisky más apetecido hasta el tremebundo alcohol de cuarenta grados para emborrachar a la indiada, cuyas tierras iban a pasar a la propiedad del patrón por una cuartilla de licor y un puñado de coca. El portón de pino oregón o puerta de calle es el mismo que aún luce en la actualidad, pero con el deterioro del tiempo que nada perdona.

La casona se cerraba a las seis de la tarde y no se abría, para nadie sino para sus dueños. Servía de portero el llamado (Pongo) uno de los "esclavos" de la gleba, cuya obligación era pernoctar en el llamado "zaguán" sobre cantos rodados sin más colchón que unos viejos pergaminos y una cobertura de remiendos que semejaban un mapa de los tiempos virreinales. Se abrían las puertas a las cinco de la madrugada, girando pesadamente sobre sus herrumbrosos y chirriantes goznes de acero, para dar salida a la caballería del, patrón que ocupaba las caballerizas del pesebre ubicado en el fondo de la casona. A la misma hora salían los "muleros" con la caballada y los demás "esclavos" portando latas vacías de alcohol para llenar el barrigudo tinajón con las cristalinas aguas de la "Pajjcha" (vertiente). Entre tanto la vestal cenicienta "Mitani" encargada de mantener el fuego sagrado en la mugrosa cocina enhollinada con telarañas se aprestaba a preparar el desayuno para la familia extensa. Churrascos, huevos fritos, café con leche, pan, mantequilla y queso en abundantes porciones.

Seguidamente se abrían las tiendas con sus respectivos dependientes y mancebos. Transponiendo el zaguán se Llega al primer patio (las casonas antiguas tenían hasta tres y cuatro patios). El principal, rodeado de inmensas habitaciones que servían como dormitorios, salones, escritorio y comedores, sin faltar el famoso "cuarto de alojados" que por algún tiempo le serviría de dormitorio a nuestro personaje. Indudablemente por razones de amistad el dueño de la casona tenía relaciones con el poeta, por tanto tenía su lugar para convivir con ellos y participar de todas sus costumbres.

Por las noches se le veía en compañía de sus amigos, fomentando tertulias en pequeñas tiendecitas donde no faltaba el añejo pisco de uva. Se supone que allí confabulaban para formar el partido comunista, dentro de cuyos personajes podemos anotar al normalista don Humberto Valencia, de brillante trayectoria profesional, Vicente Mendoza Díaz cuándo aún era estudiante universitario, sin dejar de anotar a don Francisco Cuentas Gamarra, Julio Arce Valencia y otros cuyo recuerdo se pierde en la noche de los tiempos.

Su vida social discurría apaciblemente, aunque con ciertas limitaciones, porque se cuchicheaba que adolecía de una enfermedad, por entonces incurable (T.B.C)

En tanto sus amigos cumplían con sus tareas profesionales u ocupacionales, don Carlos, contemplaba desde los cerros Santa Bárbara y Pocco-Pacca que abrazan tiernamente al poblado, su paisaje pintoresco de paleta de pintor; recostado sobre sus roquedales que le transmitían el perdido mensaje de una tierra olvidada o la sonrisa coquetona de la hermosa mujer lugareña, de negras trenzas que se perdían como caminos de ilusión.

Sus pensamientos se difuminaban en el infinito, columpiados de los picachos andinos, donde solo habitan los cóndores.

Producida la caída del Presidente Leguía, los esbirros del nuevo orden lo encarcelaron vilmente con varios de sus amigos, dentro de una tenebrosa mazmorra ubicada en la Plaza de Armas, bajo el pretexto de que pertenecían al partido comunista. Dicen los testigos de esa fecha que fueron maniatados de pies y manos, amordazados y tirados en el suelo pelado. Crueldad impía por el solo delito de saber pensar. Dizque cuándo uno de los gendarmes le arrojaba su comida, reaccionó el león herido, catapultándolo de un plantillazo en el pecho tirándole al suelo, fuera del calabozo, para luego seguir siendo víctima del sadismo de los guardianes.

Después de una corta permanencia, siguió la ruta de su destino al Poblado de Moho "La Perla del Titicaca "donde fue candorosamente recibido por los familiares y amigos de su señora madre, la gran matrona doña Zoraida de Amat Machicao, de hermosa estampa y distinguido abolengo.

Se dice que allí estuvo alojado en varias casonas de propiedad de los vecinos notables don Abdón Gálvez Olvea, Santiago Machicao, Miguel N. Angles y otras personalidades de ese tiempo que se disputaban el honor de hospedarlo, gracias a sus especiales dotes personales y su talento poético.

En ese hermoso jardín del Altiplano, colgado del cielo cuál verde pañuelo, su inspiración poética seguramente se profundizó mucho más, hasta alcanzar las estrellas y transponer el infinito.

Allímismo se dice que conoció, al amor de sus amores, la hermosa dama doña Angélica Basulto, de alta estatura, de andar cimbreante, piernas contorneadas, tez blanca cabellos rubios coma los de la mazorca del maíz, cintura de rueca y ojos negros azabache. La cabellera suelta sobre sus hombros acariciaba su busto escultural. Vivía esta beldad en la casona del distinguido caballero don Eloy Angles, ubicada sobre la Plaza de Armas, haciendo juego con las flores más hermosas del mundo.

Tuvo la oportunidad de conocer varias "Quintas" (pequeños predios pintorescos aledaños a la población). Tenía preferencia por la Quinta "Milli-Milli",donde inclusive pernoctaba, por su encanto misterioso.

No podía ser menos, ya que desde allí contemplaba el horizonte encendido de fuego, saturado del perfumado ambiente que expelían las rosas, violetas, tulipanes, orquídeas y los gigantes pensamientos de ropaje aterciopelado, rodeado del néctar embriagador de los habales en flor.

No podía ser menos, cuándo despertaba al compás de la sinfonía eterna del trinar de los juguetones jilgueros, huraños gorriones y jacarandosos ruiseñores. Cuánta inspiración para el gran poeta, magnificada por el embrujo de las notas de las zampoñas expectoradas por mil años de esclavitud.

Su estancia por estos lares, obedecía al invalorable deseo de conocer la tierra de sus ancestros. Esto explica su estancia en, Moho, a la par que pretendía detener cuándo menos los estragos de su dolencia, ya que para aquellas épocas era común y corriente comentar a las gentes, que los tebecianos se curaban en las alturas con el gélido frío de sus punas. De allí el dicho popular "a Jauja”

Si Carlos Oquendo de Amat había nacido poeta mártir, todo su cúmulo de experiencias y otros sitios de la República, a través de su corta existencia, apenas sí le dieron la oportunidad de cristalizar su estro en sus "Cinco Metros de Poemas".

Huancané 3 de Marzo de 1993

 

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