LA ORDEN DE DISPARAR
Por Gustavo
Espinoza M.
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días después de haber asumido la Presidencia de la República, Keiko Fujimori
dio por primera vez a la Fuerza Armada la orden de disparar contra multitudes
congregadas en protesta por el alza de precios de los combustibles.
El
hecho quedó registrado el 7 de agosto en las calles de Pucallpa, uno de los
pocos lugares del interior del país en el que la flamante mandataria alcanzara
una votación mayor que la de su adversario, el sicólogo Roberto Sánchez.
Curiosamente
la vida puso a la hija del dictador contra sus propios electores, porque fueron
ellos los primeros en salir a reclamarle por la adopción de medidas
abiertamente antipopulares en la selva peruana.
Pero
ciertamente también para advertir al país, aunque la advertencia incluyó otras demandas:
Tener paciencia y mostrar confianza, porque las cosas “se habrán de resolver
más adelante”.
La
respuesta, esta vez, fue de los transportistas: debe pedirles paciencia a los
choferes asesinados por el sicariato y la extorsión, y confianza a quienes
votaron por usted creyendo que sobrevivirían a la irresponsable decisión de
apoyarla en los comicios del 7 de junio pasado. Lamentablemente no se podrá
esperar que aprendan la lección y no cometan el mismo error en los próximos
comicios. Ellos, ya no podrán concurrir a las urnas.
Como
era previsible la acción desató la ira de muchos, y en pocos días toda la selva
peruana, hasta Loreto. amaneció paralizada. Hoy, 14 de agosto, la protesta ha
crecido y se extiende a cuatro regiones del país, sumando Arequipa, que recibe
el 486 aniversario de su fundación española en medio de marchas populares,
tumultos y protestas.
Este
agitado escenario no debiera sorprender. La crisis nacional es tan severa que
otros hechos de similar o aún mayor dimensión asoman en el horizonte. Por
lo pronto los estudiosos del tema registran ya un dato preciso: 90 homicidios
en 15 días de gestión gubernativa carga ya Keiko Fujimori en la pesada mochila
que no puede esconder.
Y
ello no obstante la suscripción de un acuerdo de “colaboración” en la lucha
contra crimen con el Buró Federal de Inteligencia de los Estados Unidos, el
FBI, que ya opera en nuestro país con la mayor libertad y a la sombra del
“Escudo de las Américas” que la administración de Lima ha recibido con servilismo
inexcusable.
Algunos
creen que la cifra citada es aún muy baja y que debe aumentar. Por eso,
insisten en dotar de armas de fuego incluso a los Serenos de los municipios,
encargados de velar el orden público.
En
otras palabras, buscan resucitar el oeste norteamericano de siglos pasados en
los que los certeros disparos de Red Reader y Tom Mix exterminaban por doquier
a sus adversarios de entonces.
Aunque
en el Edificio Legislativo los parlamentarios no han llegado aún a deslindar
sus diferencias con duros pistoletazos, si han ocurrido hasta enfrentamientos
físicos en la pelea por la posesión de oficinas y escritorios.
Y
es que Fuerza Popular no se acostumbra aún a considerar que, pese a todo, ya no
es propietaria del Congreso y que tiene no sólo el deber, sino la obligación y
la necesidad de compartir el Establo Parlamentario con otras organizaciones que
juegan un rol diferente en la vida del país. Ni la soberbia ni la
prepotencia tienen cabida hoy.
Lo
que si tiene cabida, y se ha disparado espectacularmente en la última quincena,
es el precio de los productos de primera necesidad. El pollo, por ejemplo, que
se vendía antes de Fiestas Patrias a 8 soles, ahora se oferta tranquilamente a
10.50. El kilo de carne de vacuno, que costaba 23 soles, ahora cuesta 30.
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| Operación "Escudo" |
El
costo de vida se ha incrementado entonces en la última quincena por lo menos en
un 10% sin que se haya producido el menor asomo de incremento salarial alguno,
porque incluso el reajuste del Mínimo Vital, pomposamente anunciado en el
mensaje del 28 de julio está en vías de extinción. Por lo pronto, fue remitido
a la “Mesa de Conciliación” del ministerio del Trabajo para que en torno al
tema opinen los empresarios.
En
el mejor de los casos, en octubre o noviembre se concederá una parte de ese
“aumento”. Y la otra, quedara pendiente “hasta que acabe El Niño”.
Si
con las primeras protestas -las de Pucallpa- la reacción del régimen fue
autorizar el uso de armas de fuego, hay que presumir que cuando la resistencia
popular se generalice y las demandan sociales se incrementen, cuando no se
trata solo de combustible, sino también de alimentos; la posición de Keiko será
más delicada.
Y es posible, en ese contexto, que los disparos no vayan al aire, sino al pecho de los pobladores. Tal vez ahí comprendan los que promueven los disparos; que, con la guerra, no se juega. <>


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