lunes, 25 de mayo de 2026

OPTICAS SOBRE EL PROCESO ELECTORAL PERUANO EN MARCHA

 LA DICTADURA DEL CAOS:

EL VERDADERO "ORDEN" DE KEIKO FUJIMORI

Por: Jorge Luis Choque

A

unque cualquiera pensaría que tres derrotas consecutivas en segunda vuelta y sus respectivos berrinches por supuestos "fraudes" convierten a Keiko Fujimori en una perdedora profesional, reducirla a eso es no entender el verdadero negocio de un fujimorismo que no necesita ganar la presidencia para secuestrar y gobernar al país desde la sombra. Así, mientras en campaña sacan a pasear el "orden" y la mano dura como la solución definitiva contra la delincuencia y la crisis económica, su verdadera hoja de vida demuestra que esa supuesta estabilidad es, en realidad, una dictadura del caos fríamente calculada: una demolición institucional diseñada no para salvar al Perú, sino para garantizar que la cúpula del partido jamás termine en Barbadillo.

El mito del orden fujimorista se desmorona en las urnas, donde Keiko aplica una curiosa democracia: si gana, es justicia; si pierde, es un "fraude". Ante el rechazo mayoritario, el fujimorismo activa de inmediato su protocolo del caos: denunciar conspiraciones inexistentes con firmas falsas, incendiar la pradera y polarizar el país hasta hacer temblar la economía.

En el año 2016, la ciudadanía, en un arranque de generosidad, le regaló una aplastante mayoría de 73 congresistas. ¿El Perú obtuvo orden? Por supuesto que no; obtuvo una demolición en vivo y en directo. Uso el Parlamento como su arma de venganza personal, se dedicó a demoler al Ejecutivo hasta que forzó la renuncia de un presidente electo (PPK). Su filosofía es: si Keiko no se sienta en el sillón presidencial, entonces rompamos el sillón, rompamos la sala y que no haya país para nadie.

El libreto fujimorista en el Congreso ya es alta comedia negra. Hay que ser bien hipócrita para llorar por la inseguridad en los medios mientras se aprueban leyes que dejen trabajar tranquilos a los delincuentes. Desarmar a la policía y castrar a la fiscalía es la solución perfecta: si nadie investiga, el crimen no existe. El "orden" de la impunidad. Lo que el fujimorismo vende como "principio de autoridad" es la ley del embudo en su máxima expresión: impunidad total y VIP para los de arriba, y que el ciudadano de a pie se defienda como pueda con su celular en la mano.

El descontrol no es un error de cálculo, sino un diseño. Mientras la ciudadanía vive aterrada por la delincuencia, el fujimorismo aprovecha el pánico para saquear las instituciones y capturar el TC, la JNJ y la Defensoría. Con el país distraído, modificaron la Constitución para imponer la reelección congresal y un Senado que nadie pidió, coronando la faena con amnistías para el ayer y blindajes para el hoy. Al final, en río revuelto, el "Caso Cócteles" se archiva sin hacer ruido.

El romance con Dina Boluarte es el monumento fujimorista al cinismo. Le pusieron un chaleco antibalas judicial a un gobierno que acumulaba cadáveres, demostrando que su concepto de "paz social" encaja perfectamente en una fosa común. Con una empatía conmovedora, la bancada llamó "terroristas" a los caídos para transformar la brutalidad estatal en un patriótico acto cívico. El orden de los cementerios.

Su concepto de estabilidad económica es tener un país sumiso, con la prensa libre arrinconada por denuncias, donde se les niega un sueldo mínimo digno a los trabajadores bajo el sacrosanto pretexto de la "austeridad". Eso sí, la austeridad es para los vulnerables; para el Congreso hay bonos navideños, aumentos de presupuesto y compras de aviones de guerra para combatir enemigos imaginarios. Es el populismo VIP financiado con los impuestos de la gente que ellos mismos empobrecen.

Al final, el voto por Keiko Fujimori es la renuncia voluntaria al futuro. No hay orden en un modelo que carcome el Estado por dentro, ni hay seguridad en un proyecto que históricamente desprecia la vida humana y premia al corrupto. Su verdadera oferta no es el fin del caos, sino su institucionalización. Permitir que esta dinastía recupere el poder supremo sería la rendición definitiva de nuestra dignidad; la prueba trágica de que como país hemos aceptado normalizar el miedo como disciplina y el blindaje criminal como justicia.
<:>

No hay comentarios:

Publicar un comentario