viernes, 29 de mayo de 2026

PROCESO ELECTORAL PERUANO: LA HORA DE LOS OPINOLOGOS

KEIKO PRESIDENTA

César Hildebrandt

En HILDEBANDT EN SUS TRECE Nº 784, 29MAY26

E

stamos ante el peligro inminente de caer plenamente en las manos de la mafia fujimorista. Empleo el adverbio plenamente con deliberada justeza. Porque ya estamos parcialmente en manos del lumpen. El triunfo electoral de la jefa de esa organización que reclama la herencia de Alberto Fujimori significará la ocupación de todo el aparato del Estado y la instauración de un régimen que nos hará maldecir haber nacido en el Perú.

Han vuelto y están aquí. Tienen la sonrisa del triunfo, la avidez en la mirada, la angurria precoz de quienes saben que, si es necesario, matarán mejor que nadie y que, como es su hábito, robarán como ninguno. Seremos, por fin, esclavos sin intermediaciones del humor de una psicópata obsesionada con mandar sobre nuestras vidas y tratamos como lo hizo su padre. Y estaremos a merced de una maquinaria que ama la grisura, alienta la sumisión, organiza el oportunismo.

Gobernarán para sus dadores y crearán alianzas clientelistas que dependerán del presupuesto público y del grado de obedien­cia que demuestren alcaldes y gobernadores. Una vasta red de agradecimientos maliciosos volverá a prevalecer mientras que el empresariado dado al parasitismo -no el que crea, no el que innova, no el que pelea cada día para mantenerse formal y diur­no- pagará a sus lobistas congresales.

Seremos otra vez el país que Alberto Fujimori pu­drió hasta el tuétano y habrá los que abran champa­ñas cuando su hija lo recuerde apologéticamente en Palacio. Será la recaída.

Yo, como tantos, viví esa época en la que la Corte Suprema se trasladó a la oficina del Servicio de Inteligencia, donde Montesinos decidía quién ganaba y cuánto y cuál era la causa prioritaria y el vocal clave en la dirimencia decisiva. Vi el susto en la cara de los periodistas, el disimulo en los pronunciamientos de los gremios, el susurro de los abogados cuando admitían -sólo en privado- que lo hecho por el régimen era inaceptable. Fui testigo de las disenterías que producía el pánico y de las complicidades del racismo limeño cuando de tratar al cholerío se trataba. Vi a mi país con su peor alma bajo el brazo y pensé: este es el país que hizo huir a Vallejo, el que mató a Arguedas, el que hizo más triste aún a Juan Gonzalo.

Ese era el país de Alberto Fujimori. Y ahora su hija está probablemente a punto de ganar la presidencia que su padre convir­tió en shogunato. Volveremos a ser el Perú donde el orgulloso Manuel Delgado Parker, fundador de RPP, iba a dar consejos políticos y a concertar políticas informativas con Montesinos y donde su hermano, el orgullosísimo Genaro Delgado Parker, le pedía al jefe del SIN que torciera a su favor el juicio por millones de dólares que mantenía con parte de su familia. Y Montesinos aceptaba, a cambio de que Genaro me borrara de la pantalla, cosa que sucedía de modo inexorable. Volveremos a ser el país en que los militares robaban en cada tajada de suministros y donde las mayorías del Congreso podían obtenerse chantajeando a quienes previamente se había grabado -en video o en audio- en circuns­tancias comprometedoras.

Pese a los agoreros, el triunfo se acerca
-Pero ahora no hay Montesinos- me dirá alguien.

Keiko Fujimori no necesita a Vladimiro Montesinos, que sigue llamándola, familiarmente, “la chica”. Ella es su padre y Montesinos a la vez. Lo demostró cuando liquidó a su herma­no, cuando gobernó inconstitucionalmente desde el Congreso, cuando ordenaba a su bancada darle “aplausos protocolares” a Vizcarra, cuando denunció un fraude inexistente creyendo que el JNE la secundaría. Ella es Alberto y Vladimiro en una sola entidad revuelta y dominada por el odio. Y, claro, los tiempos han cambiado. Tampoco necesita prensa chicha porque con la que cuenta es más que suficiente. Y tampoco requiere comprar contenidos en las televisiones porque las televisiones se acuestan con ella de un modo tan voluntario como ardoroso. De igual modo, ya no necesita convocar a una Blanca Nélida Colán porque tiene a Tomás Aladino Gálvez, alias Fiscal de la Nación. Ni requiere asustar al Tri­bunal Constitucional con eso de “la interpretación auténtica” porque el TC actual salió de su sistema digestivo. Ni está en la obligación de buscar al chino Rodríguez Medrano porque la Junta Nacional de Justicia es antro de su pertenencia. Hasta se dará el lujo de no poner dólares en el bolsillo de algún parlamentario porque, con los votos de su porcino aliado, ya tiene mayoría en el Senado (que será su comparsa).

De modo que allá vamos. Estamos a punto de elegir a la heredera del crimen y a hacerle monumentos y solemnes desagravios al hombre que huyó del Perú, renunció por fax y quiso ser senador japonés. El Perú se casará en segundas nupcias con el más vulgar de sus verdugos. <->

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