domingo, 5 de mayo de 2024

COSTUMBRES DE MI TIERRA

 LA CH’ALLA

Escribe; Guillermo Vásquez Cuentas

Tomado de revista AL DIA, 3 de mayo 224

El término Ch’alla

La Real Academia de la Lengua Española ha incorporado a su Diccionario (Ed.1992) el término Challa (así sin apóstrofe) definiéndolo como verbo “Challar: (de origen quechua) Rociar el suelo con licor en homenaje a la madre tierra o pachamama / 2. Bolivianismo: Festejar con comidas y bebidas la adquisición de un bien”

Sobre la Ch’alla, Luperio Onofre (revista ALASITAS nº 16) hace un excelente análisis de las variantes léxicas del término.  No podemos menos que transcribir el preciso pàrrafo: “…"Ch’alla" (rociar o asperjar), palabra de la que se derivan otras como "ch'allaña" (Idem), "Ch'allasiña" (Idem), "Ch'allkataña" (rociar a alguien o alguna cosa), "Ch'allt'aña" (rociar poquito), "Ch'allaxataña" (rociar encima), "Ch'allanquña" (hacer faltar el agua dando golpes), "Ch'allanqusiña" (salpicarse a sí mismo como recíproco o salpicarse unos a otros) y "Ch'allakipaña" (asperjar al rededor o todo aquel lugar).

Antecedentes

Desde tiempos preincaicos, las culturas asentadas de la Meseta del Collao y áreas adyacentes, a las que nosotros – por efecto del devenir histórico- llamamos ahora como “culturas alto peruanas”. A ellas pertenecen ciertamente, las etnias que en tiempos antiguos dominaron el territorio de lo que ahora conocemos como la región puneña altiplánica. Es en ese medio humano pancollavino donde nació la institución-costumbre llamada ”Anata” que cobraba práctica anual en tiempos de cosecha, sobre todo cuando esta era abundante. Mezcla de juego comunitario y ceremonia, de lo lúdico con lo serio, la Anata, para hacer completo el agradecimiento a la pachamama, demandaba someter a alguna forma de ritualización, protocolo o ceremonia los productos que la naturaleza entregaba generosamente. Allí parece haber surgido el rito de la Ch’alla.

En nuestros tiempos

Después de haber saltado del campo a la ciudad debido al proceso de migración urbana, el tradicional rito de la Ch’alla, se ha constituido en el complemento esencial de la Feria-fiesta de las Alasitas, sobre todo en Puno, en donde es celebrada junto con la Festividad de la Cruz, el 3 de mayo de cada año.

De la “bendición” de los productos vegetales y animales, tal como ocurría en los albores del Siglo XX, en la actualidad el espectro de los objetos entregados a la Ch’alla se ha ampliado hasta límites increíbles. Omar Aramayo (Vive Candelaria 6MAR1919) dice al respecto: “Se challan los objetos nuevos… se challan las chacras, se agradece a la Tierra, se le regala pétalos de flores en días como hoy, tiempo de juego y época de lluvia, de alegría”. Caserita.com precisa que “se ch’allan los objetos en miniatura que se ha comprado con mucha fe e ilusión de alcanzarlos en la realidad futura: casas, carros, títulos, computadoras, muebles, herramientas, utensilios de trabajo, dinero (dólares, euros), "ekeko", sapo, títulos y grados universitarios, escritura o testimonios, huairuros, vajillas, cómodas, alimentos, juguetes de barro, adornos, etc,etc,” refiere Onofre.

El rito

Variantes de simplicidad o complejidad distinguen a los ritos de la Ch’alla según las localidades en las que se realizan. No obstante, todos comparten actos sustanciales, ineludibles en el proceso de realización, pintoresca y ahíta de licores y comida y hasta música. Solo en casos determinados se prescinde de la preparación de la “mesa”, que es un tendido –generalmente “aguayo”, “llijlla”, “inquña” o tejido similar- sobre el que se pone caramelos, especias, cereales, confites, vino, alcohol o pisco, pétalos de flores, serpentinas, un feto de llama. A lo que hay que agregar “coca y hiervas santas, alcohol, y cigarrillos (estos dos últimos introducidos por los españoles), “llamphu” o cebo de llama, junto con incienso y palo santo”.

Aramayo acota refiriéndose al rito en sí dice que “se challa en homenaje a la Tierra y en dirección al Sol. Se asperja (rosea) el licor, chicha, cerveza, aguardiente, o wiski, con energía, con la idea de trazar una línea o un chorro; aspersión que luego es posible de leer. Se leen caminos, florilegios o florecimientos, amoríos y fracasos, dibujados en el suelo”.

 Por lo general, la ejecución del rito, está a cargo y dirigido por “yatiris”, “tucos” o “paccos”, es decir, sabios conocedores, brujos o magos reconocidos en el respectivo entorno social; aunque desde algún tiempo lo realizan excepcionalmente miembros o agentes de la clerecía católica, tal como sucede en la ciudad de Copacabana, Bolivia, cuando se trata de la ch’alla de vehículos automotores.

El yatiri prepara el q’intu de coca, lo eleva dirigiéndose a los apus o achachilas a quienes pide permiso para proceder; rosea en vino en línea y pasa a expresar a media voz entre libaciones, las breves oraciones, invocaciones y suplicas a los espíritus tutelares, hasta finalizar el proceso de la Chálla, nos describe Justino Llanque en su “Religiosidad en la Agricultura Aimara”. <>

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